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Al día siguiente estaba nublado y la suave y gentil brisa dejaba sentir un ligero frío. Temí que quedarse todo el día en la habitación sería agobiante para Tianshu y su enfermedad regresaría, por lo que lo acompañe al patio a tomar aire fresco.
Las pocas sirvientas que iban con nosotros eran astutas. Luoyue nos llevó un juego de ajedrez, así que este señor inmortal jugó una partida con Mu Ruoyan en la mesa de piedra.
Dos partidas.
Tres partidas.
Tan aburrido.
La llamada diversión de jugar ajedrez consistía en competir con el otro jugador por la pérdida o ganancia de una o dos piezas y por obtener una ligera ventaja en la partida. Tú te alegras, yo me irrito. Tú sonríes con complacencia, yo frunzo el ceño con amargura. Tú juegas, a veces rascándote la cara, otras veces sudando frío, apurado por hacer un movimiento. Esta era la diversión que nosotros, como jugadores, buscábamos.
Pero cuando Mu Ruoyan jugaba ajedrez, no mostraba ninguna expresión. Permanecía imperturbable cuando yo conquistaba una de sus piezas, y seguía igual de impávido cuando él conquistaba una de las mías. Ganara o perdiera, su expresión no cambiaba. Este señor inmortal se sentía profundamente irritado.
Este señor inmortal había jugado algunas partidas con Tianshu Xingjun en el Reino Celestial, pero no era así en absoluto. Cuando lo acorralaba, él fruncía ligeramente el ceño mientras reflexionaba. Cuando caía en su trampa, aunque no mostrara abiertamente su alegría, el rabillo de sus ojos delataba una leve sonrisa. Puede que no fuera mucho, pero había algo de emoción. Ahora que los comparaba de esta manera, Mu Ruoyan –la escultura de madera– era ligeramente distinto del Tianshu de antaño.
Aún recordaba la vez que nos encontramos por casualidad en la residencia del Viejo del Polo Sur. Este señor inmortal jugó una partida con Tianshu, y esa partida fue sumamente desfavorable para mí; estaba acorralado por todos lados, y aun dando todo de mí, no logré inclinar la balanza a mi favor. Así que, con tristeza, solté mi pieza de ajedrez y suspirando, concedí la derrota. Tianshu, que había estado golpeando suavemente el tablero con una pieza blanca que sostenía entre los dedos, sonrió al ver mi rendición. Sus dedos largos y delgados recogieron las piezas del tablero y las devolvieron a sus respectivas cestas. Tianshu Xingjun solía ser una persona fría, pero con esa única sonrisa, ya no parecía tan distante.
Miré al Mu Ruoyan frente a mí. Con esta reencarnación, se había despojado por completo de cualquier rastro del calor que alguna vez quedaba en él. Mu Ruoyan era como la brisa de hoy: suave y apacible, pero fría hasta lo más profundo.
Mu Ruoyan alzó sus ojos claros para mirarme, con una mirada que me sobresaltó. Estaba tan absorto en mis pensamientos que tardé un momento en darme cuenta de lo que había pasado. Con una sonrisa avergonzada, me apresuré a decir:
—Estaba perdido en mis pensamientos y olvidé por completo hacer mi jugada. —Entonces, sin pensarlo, coloqué la pieza que tenía en la mano.
La expresión de Mu Ruoyan finalmente cambió.
—El joven señor Li está jugando con las blancas. ¿Por qué ha colocado una pieza negra?
Sentí cómo se me encendía el rostro. Había ganado varias piezas de Mu Ruoyan antes y las había estado recogiendo, cuando, distraído por una mirada furtiva a su expresión, me perdí en mis pensamientos. En ese estado de confusión, había colocado la que tenía en la mano: una pieza negra.
Mi vergüenza no hizo más que aumentar. Recogí la pieza.
—Estaba confundido.
Una voz pausada habló desde la distancia:
—No confundido, sino «embriagado como el viento al contemplar las flores».
Este señor inmortal soltó una tos y observó cómo aquella figura vestida de azul celeste entraba.
—Joven señor —anunció una sirvienta—, el señor Zhao ha llegado.
«Tonterías —pensé—. El señor Zhao ya está justo frente a tu joven señor. ¿Cómo no voy a saber que él está aquí?».
El «señor Zhao» juntó las manos en señal de saludo.
—Me tomé la libertad de venir a hacerle una visita, y entré directamente en su patio. Tercer joven señor, le ruego no me lo tome a mal.
Le devolví el saludo del mismo modo, juntando también las manos.
—Señor Zhao, por favor, no sea tan formal. Me alegra mucho tenerle aquí hoy.
Hengwen debió de venir porque no pudo contener la curiosidad de ver a Tianshu Xingjun.
Hice un gesto con la mano para despedir a los asistentes. Efectivamente, Hengwen fingió una expresión de incertidumbre y miró a Mu Ruoyan, quién se puso de pie.
Tosí de nuevo.
—Ruoyan, este es el señor Zhao. Señor Zhao, él es…
Hengwen juntó las manos en un saludo cortés hacia Tianshu.
—Este humilde servidor es Zhao Heng, consejero de la mansión del príncipe. Espero que el joven señor Yan no me reproche por interrumpir su partida de ajedrez. —Sus ojos sonrientes no se apartaban de Tianshu.
Mu Ruoyan le devolvió el saludo.
—Señor Zhao, es usted demasiado cortés. Si no le incomoda, puede simplemente llamar a este humilde servidor Ruoyan. No soy digno del título de «joven señor».
Hengwen podía notar que las palabras de Tianshu no llevaban mala intención, pero aun así, dadas las circunstancias actuales de Tianshu, ver a extraños no haría sino avivar la amargura en su corazón.
Una brisa volvió a pasar. Mu Ruoyan soltó un par de toses leves, y debió de hacer un esfuerzo por contener las demás. Con cierta dificultad, le dijo a Hengwen, sonriendo:
—Perdone mi falta de decoro.
—Este humilde servidor tiene un pequeño asunto que discutir con el Tercer joven señor —dijo Hengwen—, así que no lo detendré más de su descanso, joven señor Yan.
Disimuladamente, tiró de mi manga, y lo seguí unos diez pasos más allá.
—¿Por qué estás aquí? —pregunté en voz baja.
Hengwen se acercó y me susurró al oído:
—Nanming Dijun está aquí. Justo en el patio delantero.
Este señor inmortal estaba asombrado.
—¿Eh?
—Shhh —me hizo callar Hengwen—. Tienes que fingir que no sabes nada y dirigirte al patio delantero. Tianshu no se ve bien. Primero deberías llevarlo a descansar a la alcoba.
Me di la vuelta de inmediato. En la mesa de piedra, Mu Ruoyan estaba recogiendo las piezas de ajedrez.
—Deberías volver adentro y descansar —le dije—. Lee un libro. Deja que los sirvientes se encarguen de esto.
Mu Ruoyan no me hizo caso, así que no tuve más remedio que dejarlo en el patio y apresurarme con Hengwen hacia el patio delantero.
En el camino, le dije:
—No puedo creer que Nanming Dijun haya sido tan audaz como para venir descaradamente a la residencia del príncipe de la Comandancia del Este usando su identidad de general de la Comandancia del Sur.
—El general Shan puede estar perdidamente enamorado, pero es astuto —respondió Hengwen con una sonrisa—. ¿Cómo cometería una imprudencia así? Lo entenderás cuando lo veas.
La escena en el patio delantero dejó a este señor inmortal profundamente conmocionado.
Una decena de personas vestidas con chaquetas cortas estaban alineadas en el espacio abierto. El mayordomo principal del patio interior caminaba de un lado a otro frente a ellos, con una mano a la espalda y la otra girando su perilla.
Aquellas personas eran los sirvientes recién reclutados de la residencia, y entre ellos se encontraba una figura fornida, con ropas andrajosas y sandalias de paja: Nanming Dijun, Shan Shengling.
Había imaginado incontables escenarios en los que Shan Shengling se infiltraría en la mansión. Mingge me dijo que raptaría a Tianshu en plena noche, y yo asumí que lo haría en una noche sin luna, con viento, amparado por la oscuridad. Había considerado todas las posibilidades: trepando por el muro, derribando la puerta, arrastrándose por una madriguera, usando su qinggong para caer sobre el tejado y luego deslizarse hacia abajo… pero jamás imaginé que se haría pasar por sirviente para colarse en la residencia, ¡y en pleno día, nada menos!
Nanming Dijun era, de verdad, un tonto enamorado.
Este señor inmortal suspiró.
Así, sin más, Nanming Dijun entró vendiéndose como sirviente, y así, sin más, el mayordomo principal de la mansión del príncipe de la Comandancia del Este lo aceptó.
¿El mayordomo principal estaba ciego?
La apariencia de Shan Shengling no difería tanto de la de Nanming Dijun. Medía cerca de ocho chi de alto, tenía una figura gallarda, cejas afiladas como finas espadas negras y un par de ojos brillantes, alertas como los de un halcón. Aunque tenía el rostro sucio y el cabello hecho un nido de pájaros, destacaba entre aquel grupo de personas igual que lo haría un jabalí salvaje entre una piara de cerdos flacos. Bastaba una mirada para darse cuenta de que no era un hombre común. ¿En qué circunstancias alguien así podía ser vendido como sirviente?
¿No me digas que esto fue idea de Mingge?
El mayordomo principal sacó el registro de nombres y comenzó a anotar las asignaciones. Este señor inmortal se acercó, y el mayordomo de inmediato bajó las manos e hizo una reverencia.
—Saludos, tercer joven señor.
En cuanto «tercer joven señor» salió de su boca, la mirada de Shan Shengling se lanzó hacia este señor inmortal como un par de cuchillas. Fingiendo no notarlo, asentí.
—¿Estos son todos los nuevos sirvientes de la casa?
El mayordomo principal respondió afirmativamente. Este señor inmortal se acercó al grupo y fingió inspeccionarlos uno por uno. Al llegar ante Shan Shengling, caminé con parsimonia frente a él, evaluándolo mientras meditaba sobre la situación.
Nanming había caído en manos de este señor inmortal. Para estar a la altura de las expectativas del Emperador de Jade, ¿qué tarea debería asignarle? ¿Una que le permitiera ver a Tianshu, pero no tocarlo, y que los condenara a una tortura mutua?
Los encargados de cortar leña, encender fuegos y vigilar las puertas normalmente no podían entrar en mi patio Han, y Nanming era demasiado imponente para hacerse pasar por un joven sirviente. Tras pensarlo un momento, llegué a la conclusión de que solo había una tarea que le permitiría acceder a mi patio y a su amado.
Una vez que terminé de meditarlo, le dije al mayordomo principal que estaba a mi lado:
—Por el momento, que se encargue de vaciar las letrinas de los distintos patios.
Esa noche, abracé a Tianshu entre mis brazos.
—Estos días hace frío. Dormiré contigo bajo el mismo edredón.
A la mañana siguiente, después de asearme, fingí ir al jardín trasero a tomar el aire matutino, pero en realidad me escabullí hasta la habitación de Hengwen. Sin pudor alguno, le pedí que sacara mi forma verdadera del cuerpo de Li Siming. Hengwen accedió de buena gana y regresó conmigo al patio Han, donde nos ocultamos suspendidos en el aire para disfrutar del espectáculo.
En un rincón del patio, Shan Shengling, vestido con ropas de sirviente, hacía el inventario de los orinales. En el instante en que extendió la mano para levantar los orinales, alzó la vista sin querer, justo a tiempo para ver la figura frágil en el corredor. Como si hubiera sentido su mirada, la figura se dio la vuelta. En el momento en que esas dos miradas se encontraron, el cielo y la tierra se detuvieron.
Que empiece el encuentro de los amantes mariposa, Liang Shanbo y Zhu Yingtai.