Episodio 022

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—Como los zombis no intentan morderme, no sé si soy inmune. —Hanseo se encogió de hombros—. Si somos precisos, ¿no estaría más cerca de ser una “vacuna”?

Al ver a Hanseo responder con tanta sequedad, Junseong sintió por un instante cómo le temblaba el pecho.

En sus sueños, lo primero que se le venía a la mente como solución al apocalipsis zombi era, cómo no, la existencia de alguien inmune. En los dramas o películas de zombis casi siempre aparece, así que cualquiera que hubiera visto algo del género, y no solo él, habría pensado en ello.

Junseong, que también había estado buscando una forma de resolver la catástrofe zombi, pasó varias vagando en busca de un inmune.

Pero encontrar a una persona inmune en Inhan, donde el virus zombi ya se había propagado, no era nada fácil. Aunque se recorriera toda Corea del Sur, se necesitaría mucho tiempo para analizar por completo el virus y, basándose en esos datos, examinar a la población. Incluso después de buscar por todo el mundo, era posible que no existiera ninguno que fuera inmune.

Al final, al chocar contra el muro de la realidad, en lugar de seguir persiguiendo a un valioso inmune, se dedicó a buscar métodos para eliminar o suprimir el virus. Y entonces, en un lugar inesperado, se encontró con uno.

No, tal como decía Hanseo, más que un inmune, él era una vacuna ya completa.

Porque el virus implantado en los zombis lo rechazaba desesperadamente.

Si fuera un simple inmune, aunque un zombi lo mordiera, el virus no se propagaría. Pero, aun así, al igual que cualquier persona normal, seguiría siendo reconocido como presa por los zombis y atacado por ellos.

Es decir, aunque se fabricara una vacuna basada en los anticuerpos de un inmune, eso solo significaría que no se infectaría al ser mordido; el hecho de sufrir ataques físicos por parte de los zombis no cambiaría.

Hanseo, en cambio, era distinto.

Era la vacuna perfecta en sí misma.

El virus ni siquiera se atrevía a tocarlo.

Si se investigara ese “algo” especial que tenía Hanseo y todas las personas recibieran una vacuna completa, ya no habría que temer ser mordidos por los zombis. Incapaces siquiera de mostrar los dientes, los zombis no encontrarían alimento y vagarían sin rumbo hasta pudrirse y desaparecer poco a poco.

Ni siquiera en los innumerables sueños que había repetido había logrado encontrar una vacuna perfecta, y jamás pensó que se toparía con ella así, en la realidad. Ya era sorprendente que estuviera en Inhan, pero que además fuera el superior universitario de su hermana… no podía llamarlo de otra forma que pura suerte del cielo.

Tal vez, gracias a Do Hanseo, esta catástrofe zombi podría terminar mucho más rápido de lo que había previsto.

Hanseo observó a Junseong en silencio y luego dio un paso hacia él.

—Entonces, ahora que sabes que soy la vacuna, será más fácil hablar.

—¿Hablar de qué? —Junseong retrocedió cuando Hanseo se acercó demasiado.

Su espalda quedó pegada a la fría pared del túnel. Sin darle tiempo a apartarlo, Hanseo se colocó completamente pegado a él. De forma deliberada, adoptó la misma postura que antes.

—Lo viste hace un momento, ¿no? No solo los zombis me evitan a mí, sino que te evitan a ti también. —Hanseo alzó la comisura de los labios, mostrando una sonrisa que contrastaba con su mirada fría—. Entonces, si los zombis vuelven a abalanzarse como antes, ¿qué deberías hacer?

La respuesta que Hanseo esperaba era la que él mismo había planteado: “usar cualquier cosa para sobrevivir”. Eso lo incluía todo, ya fuera a él mismo o a otros humanos.

Lamentablemente, Junseong no le dio la respuesta que quería.

—Haré lo mismo.

—¿Incluso sabiendo que ahora soy la vacuna?

—No puedo decir que eso no influya. Pero… —Junseong empujó con la punta de los dedos el pecho de Hanseo, que estaba demasiado pegado a él—. Da igual si eres la vacuna o no, si los zombis te atacan o no. Antes de usarte como escudo, prefiero que me muerdan a mí.

La respuesta de Junseong no le gustó a Hanseo.

—¿No estabas tratando de sobrevivir como fuera? Eso es el camino a la muerte.

—Como mínimo, no soy tan basura como para querer vivir usando la vida de un amigo como escudo.

Los ojos de Junseong estaban claros, sin vacilar. Mientras Hanseo sostenía esa mirada firme, se dio cuenta con retraso de que Junseong lo había llamado “amigo”.

Junseong se apartó de él y añadió:

—Además, ¿quién dice que sea el camino a la muerte? —Junseong recordó el último sueño que había tenido—. Aunque te muerdan y te infectes, si aún no te has convertido en zombi, hay una forma de matar el virus.

—¿Y tú cómo sabes eso?

—Eso es…

No pudo responder de inmediato. Había encontrado ese método gracias a múltiples reinicios a través de los sueños, pero no podía explicarlo.

Al ver a Junseong dudar, Hanseo sacó algo del bolsillo de su chaqueta. Era el reloj que Junseong siempre había llevado puesto.

Junseong, que hasta entonces no se había dado cuenta de que no lo tenía, bajó la vista hacia su muñeca izquierda vacía. Ahora que lo pensaba, justo después de que Hanseo le quitara el reloj en la tienda de campaña, había aparecido el hombre mordido por un zombi, y con todo eso lo había olvidado por completo.

Hanseo hizo girar el reloj con una sonrisa.

—¿Quieres que te diga por qué miras el reloj tan a menudo?

—…Es solo un hábito. Cuando estoy ansioso, suelo mirar mucho el reloj.

—Entonces, ¿por qué hace un momento ni siquiera te diste cuenta de que no lo tenías? Con una horda de zombis viniendo hacia nosotros.

—…

No tenía nada que decir.

El incidente de atraer a los zombis esta vez, y más aún, que se rompieran las puertas de la estación Inhan, era algo que no había ocurrido ni una sola vez en todos sus sueños anteriores.

Si hubiera sido algo previsto, habría comprobado la hora, recordado qué ocurrió a tal hora y minuto, y habría reaccionado en consecuencia o usado algún método. Pero este suceso no permitía nada de eso desde el principio. Si nunca lo había vivido, ¿para qué servía el tiempo?

Al ver que Junseong guardaba silencio con el rostro tenso, Hanseo sostuvo su mano izquierda.

—Miras el reloj tan a menudo porque sabes de antemano lo que va a pasar, ¿no?

Junseong reprimió sus emociones e intentó no dejar que se notara en su rostro.

—¿Por qué piensas eso?

—Gracias a que te mueves con una precisión exacta, como si conocieras el futuro, incluso esos tipos tan torpes siguen vivos sin una sola herida. ¿O no?

Mientras le colocaba directamente el reloj en la muñeca izquierda, Hanseo levantó la mirada y lo observó.

—Sabes dónde van a aparecer los zombis, por dónde hay que ir para sobrevivir, a dónde ir para encontrarte con alguien. Solo alguien que lo sabe todo puede hacer eso.

Después de ajustarle el reloj, Hanseo dio unos golpecitos con la punta del dedo en el cristal que marcaba la hora actual.

—Pero esta vez, ni tú lo sabías. Fue un nuevo evento en el que algo como la precognición no funcionó. Por eso no hacía falta mirar el reloj.

Junseong no sabía cómo responder a eso. Podía negarlo sin más y tratarlo como a un loco, pero Hanseo no era alguien a quien eso le funcionara. Estaba presentando las pruebas una tras otra, sin dejarle escapatoria.

—Creo que tu habilidad para prever el futuro es tan precisa que llega a predecir minutos y segundos, pero tiene algunos grandes agujeros. Por ejemplo, lo que tiene que ver conmigo. —Hanseo dijo esto señalándose a sí mismo—. Sabías todo con precisión de segundos antes incluso de experimentarlo, y aun así recién ahora te diste cuenta de que la vacuna importante soy yo.

Junseong sintió cómo su mente se volvía un caos.

«Me equivoqué».

Hanseo era perspicaz, pero él también debería haber sido más cuidadoso.

Para rematar, había llegado a decir algo tan concreto como “si es antes de convertirse en zombi, hay una forma de matar el virus”. Nadie diría algo así a la ligera sin una enorme certeza.

«¿Qué hago ahora?»

Por la forma en que lo miraba, parecía que Hanseo no tenía intención de dejarlo pasar sin más. Era como si, después de darle la información crucial de que él era la “vacuna”, esperara algo equivalente a cambio.

Junseong recordó las reacciones de quienes habían escuchado su historia sobre los sueños. Entre las personas que se burlaban y decían que no bromeara, solo unos pocos le habían creído de verdad. Y aun esos pocos habían terminado mal después de conocer su habilidad, así que no quería volver a contarlo.

No había nada bueno en que otros lo supieran.

De pronto, un pensamiento cruzó su mente.

«Do Hanseo era una variable entre variables».

Alguien a quien su habilidad…, sus sueños, no habían logrado tocar. Y además, la vacuna.

«¿No estaría bien decírselo a alguien así?»

Al fin y al cabo, para sobrevivir a los zombis, no tendría que venderse a sí mismo.

Tras pensarlo, Junseong abrió la boca lentamente.

*** ** ***

—¡Ugh!

—Aguanta un poco más.

—¿A quién se le ocurre echar desinfectante de esa forma tan bruta…! ¡Ah! —Junseong no pudo seguir hablando por el terrible dolor en su mano derecha.

Era tan intenso que apenas podía gritar. No era mentira: dolía varias veces más que cuando lo habían mordido, hasta el punto de sentir que se iba a morir.

Aunque Junseong se retorcía de dolor, Hanseo le sujetó con firmeza la mano derecha y le vació por completo un frasco de peróxido de hidrógeno. Junseong, encogido y apretando los dientes, lo miró con ojos llenos de resentimiento.

—Lo haces a propósito, ¿verdad?

—Quién sabe.

Hanseo mostró una sonrisa claramente fingida, sacó una pomada antibiótica de la mochila, la extendió en una capa fina, colocó una gasa encima y luego la envolvió con una venda.

Cuando por fin logró recuperar la compostura tras el brutal dolor de la desinfección, Junseong observó su mano derecha, ya perfectamente tratada, y la admiró sinceramente.

—¿Dónde aprendiste a hacer esto?

—Hay que saber al menos primeros auxilios básicos. Cuando haces deporte, te lesionas de mil formas distintas.

Hanseo volvió a guardar los medicamentos sobrantes en la mochila de Junseong y se la colgó a la espalda. Aunque habían dejado la mayor parte de las provisiones de emergencia en el refugio, aún tenía un peso considerable.

—¿Por qué la llevas tú?

—Hasta que se te cure la mano, la llevaré yo.

Sinceramente, a Junseong no le desagradaba la consideración de Hanseo. Para cuando se dio cuenta, la imagen que tenía de él se había convertido en la de un buen amigo, hasta el punto de sentir remordimiento por haberlo comparado con un asesino en sus sueños.

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