Día 2.
Junseong, que se había despertado tras dormir profundamente, tuvo que tragarse el aliento ante el grito que su cuerpo entero lanzaba.
—Ugh…
Hombros, brazos, manos, piernas, hasta las plantas de los pies.
No había ni un solo lugar que no doliera.
«Debí haber hecho algo de ejercicio también en la realidad».
En lugar de quejarse por el dolor muscular que se apoderaba de todo su cuerpo, Junseong se reprochó a sí mismo por haber sido perezoso con el ejercicio, poniendo como excusa que había estado viviendo intensamente en sus sueños.
«Pero de verdad, esto no es un sueño».
Lo había pensado, por si acaso.
Incluso mientras atravesaba estos eventos de la vida real, se había preguntado si volvería a tener ese sueño que se reiniciaba. Si eso ocurría, pensaba ajustar el tiempo de forma intencional para intentar encontrarse con Do Hanseo. Habría sido una oportunidad para probar qué ruta debía seguir para poder enviarlo de forma segura al lugar donde investigaban la vacuna, pero resultó ser una pena.
Aun así, quizá gracias a no haber soñado, sentía que había dormido profundamente por primera vez en mucho tiempo. Aunque el cuerpo le dolía por completo, su mente estaba despejada y fresca.
Junseong decidió darse primero una ducha rápida y luego organizar al menos en su cabeza lo que debía hacer hoy.
Había salido dejando a su hermana y a sus amigos en el refugio, y además una horda de zombis se había dispersado por el túnel. Probablemente la mayoría estaría reunida en el túnel del depósito de trenes de la estación Gaean, pero podían ampliar su radio de acción y deambular, o surgir otras variables que hicieran que los zombis corrieran desenfrenados por todas partes.
Lo único medianamente tranquilizador era que había alejado a los zombis bastante del refugio. A menos que ocurriera algo fuera de lo común, el refugio donde estaban su hermana y sus amigos seguiría siendo seguro.
«Ojalá ese señor logre traer bien a los chicos».
Aunque los caminos que él había recorrido eran claramente distintos a los del sueño, las circunstancias externas probablemente estarían desarrollándose de la misma manera. Así que, dentro de seis días, el señor calvo que partiría desde el exterior y llegaría al refugio del túnel llevaría a las personas que estuvieran allí al hospital, tal como en el sueño.
Aun así, siendo honesto, era inevitable sentir pena.
«Si hubieran llegado hoy como estaba previsto, al menos Chaeyi y los chicos podrían haber subido de inmediato al helicóptero de rescate».
Hoy era el día en que el primer helicóptero de rescate llegaría al Hospital de la Cruz Roja de Inhan. Junseong pensaba enviar originalmente a tres personas en ese helicóptero. Justo iban a quedar libres tres asientos.
«No hay otra opción. Más bien, hoy debería decidirme y subir a Do Hanseo al helicóptero…».
—Mmm…
Mientras organizaba sus pensamientos, de pronto se oyó un pequeño gemido a su lado. Junseong miró hacia allí con los ojos muy abiertos.
No sabía en qué momento se había subido a la cama, pero Do Hanseo estaba acostado justo a su lado. Y, además, desnudo.
«¿Y este tipo qué…?»
Estaba seguro de haber dicho que usaran camas acordes a su tamaño y de haberle cedido la habitación grande, así que no entendía por qué no dormía allí y en cambio estaba acostado a su lado.
Por eso, Junseong estaba atrapado entre la pared por un lado y Do Hanseo por el otro. También influía que la cama fuera originalmente para una sola persona.
—Do Hanseo.
Pronunció su nombre en voz baja, pero lo único que recibió como respuesta fue un gemido. Tenía una expresión tranquila y dormía plácidamente, así que le dio pena despertarlo más y decidió simplemente bajarse de la cama.
Apartó la manta e intentó incorporarse para sentarse, cuando de repente el brazo de Hanseo voló hacia él y lo rodeó por el pecho, obligándolo a volver a tumbarse.
—¡Ugh!
El impacto del colchón balanceándose hizo que sus hombros y brazos volvieran a gritar de dolor. Frunciendo el rostro, giró la cabeza, y los ojos de Hanseo, medio desenfocados, parpadearon lentamente.
—No te vayas… —Era una voz más baja y ronca de lo habitual.
«Así suena cuando se le pone ronca la voz».
Pero eso era una cosa, y la cama era otra.
—¿Qué estás haciendo?
—Mmm… ¿No ves que estoy durmiendo?
—Es demasiado estrecho, sal de mi cama.
Hanseo, mirándolo, sonrió levemente y lo atrajo hacia su pecho, abrazándolo. Junseong quedó de lado, recibiendo sin querer un abrazo por la espalda.
—Qué mezquino.
Ya sería raro abrazarse incluso vestidos, pero uno estaba con bata de baño y el otro desnudo, así que para Junseong era una situación tan embarazosa que le daban ganas de gritar.
—Antes de llamarme mezquino, tu cama está perfectamente bien. Duerme allí. Y ponte algo de ropa.
—Mmm…
Junto a su oído se oyó la respiración baja de Hanseo. El calor de su aliento, junto con la voz, le hizo cosquillas en la oreja y Junseong se estremeció involuntariamente.
—Dormir desnudo da frío.
—Ponte ropa.
—No quiero dormir con la ropa sucia.
—¿Eres un niño?
Junto a su oído se escuchó un susurro bajo y cariñoso, claramente hecho a propósito.
—Yo soy tu vacuna, ¿no? Entonces, ¿no podrías tratarme con un poco de cariño? No solo me regañes.
Dicho eso, lo abrazo fuertemente con ambos brazos, como si lo atara por completo.
Junseong intentó empujarlo tarde, pero fue inútil. Al darse cuenta de que estaba completamente inmovilizado y no podía moverse, soltó un suspiro y relajó todo el cuerpo.
—Sí, sí. Qué bonito.
«¿Dónde se te fue el alma?»
—Guau, qué bonito. Nuestro Hanseo es bonito.
Ante los elogios monótonos de Junseong, quizá despertándose del todo, Hanseo rio suavemente junto a su oído. Junseong también terminó soltando una risa breve.
«No hace ni tanto que nos conocemos, pero ya parece un amigo de toda la vida».
¿Será porque sobrevivimos juntos a una situación mortal? Junseong era consciente de que el muro que tenía al principio se había suavizado por completo, y aun así sentía que esta comodidad era realmente agradable.
—…Pero, ¿por qué tienes una botella de agua atrapada entre las piernas?
—Porque estoy sano. Y creo que es más grande que eso.
—¿Tú eres humano?
*** ** ***
Tras prepararse para ir al hospital, Junseong y Hanseo subieron al ascensor y se dirigieron al vestíbulo del motel.
Hasta ese momento, Junseong no bajó la guardia, temiendo que quizá algún zombi apareciera de repente desde algún rincón del motel.
Hanseo revisó con la mirada las vendas que había cambiado esa mañana y dijo algo para ayudarlo a relajarse.
—Si te refieres a los zombis del motel, ayer ya me encargué de todos.
—¿Te encargaste?
—Mientras dormías, recorrí cada piso y los maté. Y lo de dormir desnudo por la mañana fue porque, al encargarme de los zombis, la bata se me llenó de sangre.
Lo dijo de manera fresca, pero la sensación era escalofriante.
Había un fuerte olor a sangre en algún lugar de la suite, y Junseong pensó que venía de su ropa, pero al parecer el culpable era Do Hanseo.
—¿No había personas? En un motel así, bien podría haber gente escondida en las habitaciones.
De hecho, ayer había visto varias tarjetas llave en el mostrador, y claramente faltaban algunas. Probablemente esas llaves pertenecían a huéspedes del motel.
Mientras esperaba la respuesta de Hanseo, miró de reojo el espejo junto al ascensor. En el reflejo, aunque el rostro de Hanseo mostraba una sonrisa, sus ojos eran tan fríos que parecía que cortaban.
—No había nadie. Nadie.
—Ah… ya.
Justo cuando el ambiente empezaba a tornarse extraño. Nada más bajar del ascensor, Junseong cambió de pronto a una expresión seria y se plantó frente a Hanseo.
—Do Hanseo. A partir de ahora, cuando vayas a algún lado, dímelo o ve conmigo. Ni se te ocurra andar solo.
Ante esa advertencia insistente, como si fuera su madre, Hanseo soltó una risita y, diciendo “ah, ya veo”, habló:
—Es porque soy la vacuna, ¿verdad? Porque tengo que seguir vivo para poder hacer algo con estos zombis. ¿No?
Junseong, que lo miraba sin expresión mientras Hanseo sonreía con autodesprecio, le dio un pequeño golpe en el pecho con el puño, sin hacerle daño.
—Claro que también necesitas sobrevivir por eso, pero yo simplemente estoy preocupado por mi amigo.
Hanseo miró a Junseong con una expresión algo sorprendida.
—No quiero que estés en peligro. Aunque frente a los zombis seas el más seguro de todos… —Junseong frunció el ceño, recordando a alguien que le vino a la mente—. A veces, las personas dan más miedo que los zombis.
Entre las personas que había conocido en el sueño había muchas buenas, sin duda, pero en igual medida también había personas crueles y egoístas. Junseong sabía bien que ellos eran más temibles que los zombis.
Hanseo, que observaba la espalda de Junseong mientras se dirigía fuera del motel, se cubrió la boca con una mano. Sin intentar sonreír a propósito, la comisura de sus labios se alzó extrañamente.
Al salir del motel, Junseong observó con cautela los alrededores. Desde algún punto cercano se oían los aullidos de los zombis, pero quizá porque el motel garantizaba discreción, el muro era bastante alto. Las cortinas del estacionamiento también eran largas, dejando expuestas solo las piernas. Aunque pasara un zombi cerca, parecía poco probable que los viera.
—Podrías simplemente ir abrazado conmigo. —Hanseo, acercándose por detrás, dijo algo vergonzoso.
—Eso funciona una o dos veces.
La distancia desde allí hasta el hospital era bastante larga. Si iban a pie, no podían seguir moviéndose pegados todo el tiempo como el día anterior; después de todo, era una postura incómoda.
—Entonces, ¿qué tal ir en coche?
—¿En coche?
Ayer había visto que las calles estaban bastante despejadas. Aunque fuera difícil llegar hasta la entrada del hospital, quizá podrían avanzar al menos una parte en coche. Claro que los zombis, al oír el motor, se lanzarían en masa.
—No sé conducir.
—Yo sí.
—Aunque queramos, no tenemos coche.
—Sí hay.
Hanseo señaló un coche negro estacionado en el aparcamiento. Siempre bien preparado, agitaba una llave de coche que no se sabía de dónde había sacado.