Hasta ahora, Do Hanseo solo se había manchado las manos de sangre únicamente por sí mismo.
Había reprimido una y otra vez el extraño impulso que llevaba de nacimiento, y cuando alcanzaba su límite, inevitablemente acababa explotando. Si no lo hacía, sentía que se volvería loco.
Ya sea al cazar animales, cazar humanos o cazar cadáveres, la razón siempre era la misma.
Para no volverse loco.
Incluso para él mismo, era una razón burda.
No había nadie que pudiera darle legitimidad a un motivo así. Como mucho, lo entenderían como un acto impulsivo para satisfacer un deseo, y él tampoco se molestaba en negarlo.
A una conducta que solo tenía razones egoístas, justo hoy se le había otorgado un significado completamente distinto.
Un acto plenamente justificado para que Kang Junseong y Do Hanseo se protegieran mutuamente.
Un deseo que no era más que algo sucio se había transformado por completo gracias a ese único significado.
—Ah…
Un breve suspiro se escapó de entre los labios de Hanseo.
Miró a Kang Junseong, quien había dado un nuevo significado a sus actos y, más aún, a la existencia misma de Do Hanseo.
—Junseong.
Con solo pronunciar su nombre, el pecho le temblaba.
—Supongamos que…
Con ambas manos le sostuvo las mejillas. Los ojos de Junseong, llenos de duda, seguían mirándolo.
—Si en una situación como la de ayer no fueras tú, sino yo quien estuviera a punto de morir a manos de Park Hyeonjae, ¿qué harías?
Los ojos de Junseong vacilaron levemente. Dudó un instante y, al final, dio la respuesta que él deseaba.
—Yo habría matado a Park Hyeonjae.
Aunque esperaba que Kang Junseong respondiera así, oírlo de su propia boca le recorrió la espalda con un escalofrío. La parte baja de su cuerpo se tensó y el pecho le cosquilleo.
—Si yo estuviera a punto de morir, tú me salvarías, ¿verdad?
Al preguntar de nuevo, esta vez respondió sin dudar.
—Sí.
No sabía qué expresión tenía en el rostro. No sabía qué expresión debía poner.
La persona que había otorgado un significado absoluto a sus actos.
La persona que estaba dispuesta a mancharse de sangre por salvarlo.
—…Mierda. —El insulto que ya no pudo contener, se le escapó.
—¿Mmph…?!
Y el deseo, que tampoco pudo contener, se desbordó.
Hanseo atrajo con fuerza el rostro de Junseong que sostenía entre sus manos, y unió sus labios con los de él. No tenía nada que ver cómo aquella vez, que los había juntado para aliviar la hiperventilación.
Sentía que su deseo anormal y su mayor impulso, al dirigirse hacia Kang Junseong, se transformaban en algo completamente distinto.
Introdujo profundamente la lengua entre sus labios. Encontró el pequeño trozo de carne que se escondía en su respiración agitada y lo frotó con suavidad, como para tranquilizarlo. Cuando la lengua rígida de Junseong se estremeció y se relajó, no dejó pasar la oportunidad y la envolvió, sujetándola. La apretó con una fuerza sorprendente y luego la soltó como jugando, para volver a atraparla y tirar de ella con más intensidad.
—¡Hup, uh!
Abrazó con fuerza a Junseong, que se removía inquieto en sus brazos, y le sostuvo la parte posterior de la cabeza para impedir que girara el rostro y escapara. Sintió, a través de su mano, cómo la pequeña cabeza se iba calentando poco a poco.
La lengua de Hanseo, que lo había estado atormentando hasta hacerle perder la razón, esta vez recorrió su paladar. La sensación suave y cosquilleante hizo que el cuerpo de Junseong se estremeciera junto con su lengua. Afiló la punta de la lengua y dibujó círculos, acariciando una y otra vez desde la entrada de la garganta hasta justo detrás de los dientes superiores. Entre la respiración agitada se mezclaron gemidos agradables.
—Mmm…
Un sonido adorable.
Quería oírlo un poco más.
Para sacar aún más ese sonido que subía desde la garganta de Junseong, Hanseo tocó con ligeros golpecitos su pequeña lengua caída. Cuando esta se alzó un poco, como sorprendida, la frotó sin piedad de un lado a otro. Luego, giró alrededor de la lengua y la frotó con insistencia. Al deslizarse por la superficie resbaladiza de la lengua y tocar la parte frágil y roja intensa que había debajo, el sonido surgía inevitablemente.
—Hh, uh, mmph…
Ante una reacción que claramente mostraba que le gustaba, la frotó y la masajeó varias veces, mimándolo. Se deslizó profundamente por la lengua como si fuera a entrar en la garganta, y luego volvió hasta la punta, frotando suavemente las puntas de ambos.
La lengua de Hanseo se frotó contra la dentadura bien alineada de Junseong. Al recorrer con la punta de la lengua los dientes superiores e inferiores, pensó que eran tan ordenados y bonitos como el propio Kang Junseong.
Ese pensamiento le vino de repente.
«No estaría mal que me mordiera así».
Imaginó su lengua aplastada entre la dentadura bien alineada de Kang Junseong, sangrando. Era un estímulo tan fuerte que le erizó la espalda. Al pensar en la boca de Junseong llena de su sangre, la parte baja de su cuerpo ya empezaba a hormiguear.
Giró ligeramente el rostro y presionó los labios con más profundidad. La lengua, que ahora podía entrar un poco más, tocó la entrada de la garganta dentro de la boca de Junseong. Su boca era tan pequeña como su lengua, así que no resultaba tan difícil alcanzar la entrada de la garganta.
Le hizo cosquillas en el interior de la lengua y la garganta con la punta, como si estuviera nervioso por la sorpresa. Las manos de Junseong, que solo podía estremecerse sin poder escapar de sus brazos, se apoyaron en la espalda de Hanseo. No se atrevía a clavar las uñas, y solo rascaba suavemente con la parte blanda de las yemas. Si hubiera llevado ropa, seguramente se habría aferrado a ella con ambas manos.
—¡Hup, mm-!
A Do Hanseo le gustó el gemido ahogado que salía de la garganta de Junseong. Quería tragarse cada uno de ellos, junto con su aliento.
Empujó, frotando y pinchando la garganta de Junseong, como si intentara animarlo a hacer más ruido. Por mucho que empujara con fuerza, la punta de la lengua apenas alcanzaba la parte delantera de la garganta. Aun así, cada vez que la tocaba con insistencia, estallaban gemidos tragados. Le quedó la pena de que, si su lengua hubiera sido un poco más larga, quizá habría podido oír gemidos aún más intensos.
Sacó la lengua lentamente y lamió con esmero la saliva que se había extendido por la comisura de los labios de Junseong. Llevó la lengua desde el hilo de saliva que caía por su barbilla hasta arriba, y chupó los labios rojos, brillantes y suaves como si fueran una fruta dulce.
—Uh…, Do Han…seo, hup.
«Ah, no deberías decir mi nombre… Si lo dices en este momento, no podré soltarte».
El beso de Hanseo, que parecía haber terminado, continuó una vez más. Un beso intenso y áspero, que no le dejaba ni respirar, dejó a Junseong completamente aturdido.
Más tarde, era como si hubiera recibido otra dosis de anestesia; no podía reunir fuerzas en el cuerpo. Las manos que antes lo golpeaban suavemente para que se detuviera ahora colgaban flojas y solo se estremecía.
Entre los labios de Junseong, mordidos y chupados hasta el punto de preocupar si se habrían hinchado, se oyó su voz exhausta.
—Tú…, maldito… ah…, qué… estás… haciendo…
Ni siquiera pudo terminar la frase; estaba tan falto de aire y de fuerzas que quedó completamente desplomado. Hanseo miró hacia abajo a Junseong, que respiraba con dificultad, apoyado contra su pecho y con los ojos entrecerrados.
—Me voy a morir de lo bien que se siente, Junseong.
El rostro de Junseong, enrojecido por el beso, le resultaba irresistible. Era la primera vez que se daba cuenta de que, al teñirse de rojo, esa piel blanca que brillaba de forma suave y bonita, tan distinta a la suya, se volvía tan apetecible.
No pudo morderlo y masticarlo como a un zombi, así que en su lugar fue depositando besos por todo su rostro enrojecido. Tal vez le hacía cosquillas, porque, aunque no fueran besos en los labios, se estremecía uno por uno y dejaba escapar gemidos diminutos.
Adorable Kang Junseong.
Hermoso Junseong.
Me gustas tanto que podría matarte.
Hanseo llevó sus labios a los de Junseong y los frotó, como si estuviera coqueteando.
Junseong, que jadeaba como hipnotizado por el beso, reaccionó al final sobresaltado y giró la cabeza. Sus mejillas enrojecidas y los ojos húmedos sobre ellas temblaban visiblemente.
—Tú, tú… ¿Eres gay?
—Quién sabe.
Incapaz de resistir el impulso, Hanseo le giró el rostro hacia sí y besó los ojos que temblaban de forma adorable. Sintió un deseo violento de devorarlo así y lamerle incluso los globos oculares.
Cada vez que reprimía ese impulso, era como si se acumulara el precio de contenerlo.
La parte baja, comprimida dentro del pantalón, dio una fuerte sacudida, como pidiendo salir.
Con los ojos llenos de confusión, Junseong intentó empujar el pecho de Hanseo. Pero su pecho firme no podía ser apartado solo con la fuerza de Junseong. El brazo de Hanseo que rodeaba su espalda tampoco se movió ni un ápice.
—De repente… ¿por qué… estás… así…?
Para Junseong, era inevitable sentirse confundido. De repente, besos tan intensos que no lo dejaban ni respirar, y encima una lluvia de besos cosquilleantes que ni siquiera había recibido de sus padres.
Hanseo sentía cada vez más ganas de devorar a Junseong, cuyo rostro estaba completamente descompuesto, mucho más que de costumbre. Aunque, a decir verdad, le habría gustado más que Junseong se comiera la parte de abajo.
«Ah, ya veo».
De pronto lo comprendió.
Quería metérsela sin piedad a Kang Junseong.
Un deseo sexual que nunca había tenido hasta entonces empezó a hervir.
Al principio había sido una medida temporal para apaciguar un impulso imposible de controlar, pero ahora podía decirse que se había invertido. Un deseo sexual tan intenso que hacía latir el corazón hasta estallar levantaba la cabeza una y otra vez, imposible de reprimir.
«Pero…»
Si se dejaba llevar por su voluntad, sentía que acabaría rompiendo a Kang Junseong hasta dejarlo incapaz siquiera de levantarse. Imaginaba empotrarlo sin descanso bajo su cuerpo en cuanto abriera los ojos, hasta que no pudiera hacer nada más que llorar.
Si eso pasaba, seguramente huiría, aunque tuviera que arrastrarse.
O tal vez se escondería en algún lugar profundo, muerto de miedo.
«Eso no puede ser».
Ignorando el calor acumulado en la parte baja, enterró los labios en la cabeza redonda de Junseong.
«Aguantemos un poco».
Abrazándolo con fuerza con ambos brazos para que no pudiera ni moverse, frotó también sus labios contra la nuca de Junseong.
«Cuando sepa que no tiene a nadie más que lo proteja salvo yo, no podrá escapar haga lo que haga».
Los labios de Hanseo dibujaron una larga curva.
«Entonces bastará con devorarlo. De la cabeza a los pies… sin dejar ni un solo hueso».