Extra II: Isla y Viento

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Shanghái

Alrededor de la hora del almuerzo, un joven de camisa blanca y pantalón negro caminaba cerca de la calle Dingxi, alzando la vista en busca de algo. Finalmente su mirada se fijó en un restaurante de cocina local shanghainesa y entró.

Un mesero se acercó a preguntarle si tenía reserva, él respondió que su amiga ya estaba dentro. Apenas terminó de hablar, una chica de pelo corto salió de uno de los salones privados mientras hablaba por teléfono. Al verlo levantó la mano y lo llamó: —¡Ning Yu, por aquí!

Ning Yu sonrió y caminó hacia ella, Yaya avanzó con paso largo a recibirlo y al acercarse, le dio una palmada alegre en el hombro: —¡Vaya, cómo es que te has vuelto aún más guapo!

Ning Yu se río y respondió: —Para nada, sigo igual. Pero shijie, tú sí que has cambiado, ¡cómo te cortaste el pelo tan corto!

Zhou Ya: —Acabo de cortarlo, esta vez que vuelvo quiero empezar desde cero. ¡Empezar una nueva vida!

Ning Yu asintió con aprobación: —¡Te queda bien! Este corte te favorece, te ves muy elegante y genial.

La última vez que Ning Yu vio a Zhou Ya fue durante su doctorado. Después cada quien se dispersó a diferentes lugares persiguiendo sus propias vidas, convirtiéndose en amigos cercanos en línea que de vez en cuando intercambiaban unas palabras. Que esta vez coincidieran casualmente en Shanghái era realmente raro, así que aceptaron con gusto quedar a comer.

Una vez sentados, mientras esperaban los platillos comenzaron a compartir las novedades de sus vidas. A finales del año en que Ning Yu renunció, Yaya fue enviada por su empresa a Reino Unido. Tras años de agotarse por el trabajo, de vivir como bestia de carga hasta enfermarse gravemente, tomó la dolorosa decisión de dimitir. Luego se encontró con una buena amiga que regresaba a China para emprender, y esta vez ella también volvió a ver si surgía alguna buena oportunidad.

Tras contar su propia situación, Yaya preguntó con preocupación: —¿Y tú, qué planes tienes después de graduarte?

Ning Yu sonrió y dijo: —Originalmente pensaba salir a ver si surgía alguna buena oportunidad, pero mi pareja opina que soy más apto para quedarme en la universidad. Me animó a presentarme a plazas de profesor universitario y ahora estoy esperando resultados. Ni yo entiendo por qué le gusta tanto que me quede en la escuela, antes incluso fue él quien me impulsó a aplicar al doctorado.

Yaya repitió: —¿Dices que eres más apto para la universidad?

Ning Yu asintió: —¿Supongo que piensa que el ambiente escolar es relativamente más sencillo comparado con el exterior en todos los aspectos? Al ver lo entusiasmado que estaba, me preparé… En realidad siento que es él quien quiere quedarse en Shanghái para abrir un restaurante, ¡y por eso me anima a quedarme! Últimamente no para de arrastrarme a probar restaurantes populares de internet para investigar el mercado. Es raro, además le encanta este lugar.

Yaya se rio: —¿Entonces, personalmente qué quieres hacer?

Ning Yu reflexionó un momento y respondió: —En cuanto a qué hacer específicamente… para ser honesto, no lo tengo claro. No quiero trabajar tan pronto, quiero tomarme un tiempo para descansar, hacer un año gap1. Lo del futuro ya lo veré después, voy paso a paso. Primero esperaré los resultados de la universidad. Si no paso, ya veré otras opciones.

¿Ir paso a paso? Esta forma de hablar no coincidía del todo con el Ning Yu que Yaya había conocido en el pasado.

Ella se sorprendió un poco: —Antes en la empresa, tenía la impresión de que poseías cierta tendencia al trastorno obsesivo compulsivo, pero ahora… ¡mírate! En un restaurante sigues limpiando sin parar la mesa frente a ti, no soportas ver nada sucio. Ese hábito no ha cambiado nada. ¿No es así? Detestabas profundamente que algo no saliera según lo planeado, odiabas especialmente cualquier bug en los datos o en la vida diaria. Eras una persona con un fuerte sentido del orden. ¿Y ahora dices cosas como “no lo tengo claro” o “ya lo veré después”? ¿Sin planear con anticipación lo que viene? Realmente no pareces tú.

Ning Yu sonrió: —La gente cambia, ¿sabes?

Yaya también sonrió: —¿Por culpa de esa persona?

Ning Yu pensó un momento: —¿Quizás? Yo tampoco lo tengo claro. Sea por lo que sea, de cualquier modo me gusta mucho el actual yo.

Yaya lo observó un momento y no pudo evitar decir: —En verdad has cambiado mucho.

Ning Yu alzó una ceja hacia ella: —¿Te hago sentir un poco extraño?

Yaya negó con la cabeza sonriendo: —No es eso… Solo siento que te has vuelto más alegre, tienes mucha más energía que antes, lleno de vitalidad. Lo de que estás más guapo no fue un halago, tu temperamento y estado de ánimo han mejorado muchísimo. ¡Aigo, esta relación tuya sí que te ha transformado para bien!

Ning Yu estaba a punto de responder cuando el teléfono sobre la mesa sonó de pronto, era una llamada. Él bajó la mirada, tomó el dispositivo, le dijo a su shijie que atendería una llamada y se puso de pie para salir a contestarla. Temiendo que el otro colgara por impaciencia, presionó el botón de aceptar justo al poner la mano en la puerta del salón privado. Sin saber cómo sus dedos tocaron algo por accidente, la llamada se activó en modo altavoz y la voz clara del interlocutor salió del teléfono…

—Hi, puppy~— Con un tono alegre, risueño y entonado hacia arriba, —¿Ya viste a tu shijie?

El salón privado estaba muy silencioso, lo suficiente como para que los demás lo oyeran con claridad.

Ese apodo un tanto vergonzoso hizo que Ning Yu se sobresaltara hasta casi tirar el teléfono.

Sintió que su shijie a un lado ya se había quedado paralizada de la sorpresa. En ese instante Ning Yu, avergonzado y con una reacción tardía, cambió apresuradamente al auricular mientras su pie golpeaba sin querer el estante contiguo. Podría decirse que entre más nervioso estaba, más caótico era.

Al no escuchar respuesta, aquel antepasado al otro lado del teléfono comenzó a llamarlo incesantemente: “hello——¿my puppy? ¿Dr. Ning? ¡puppy! ¿Ning Yu? ¿Se trabó? ¿No me oyes?…— Alternando el tono con entonación ascendente y descendente, no paraba de gritar su nombre.

Tras salir a duras penas del salón privado hecho un desastre, Ning Yu, con el rostro completamente enrojecido, dijo al teléfono: —Te oigo, te oigo—. Hizo una pausa, algo avergonzado, y añadió: —¿Podrías no llamarme así en cualquier momento y lugar?

A-Chong  se sintió algo desconcertado: —Ah ¿Cómo es que de día y de noche tienes dos caras distintas? ¡Anoche no tenías esta actitud!

Ning Yu cambió de tema: —¿Ya comiste?

A-Chong : —Antes de salir me comí el pastel que hiciste ayer, por ahora no tengo mucha hambre, ya comeré después. Oh, te llamaba para decirte que estuve dando algunas vueltas al azar por los alrededores de la Academia de Teatro y descubrí una tiendita muy interesante, ¡te compré un conjunto de pequeños cascabeles!

Ya empezó otra vez. Ning Yu: —¿Podrías comprarme menos cosas raras?

A-Chong  se reía sin parar al otro lado: —Tranquilo, tranquilo. Es plata pura, no lastima la piel.

Ning Yu siguió desviando el tema: —…¿Vas a pasear mientras esperas a que termine de comer? ¿Qué quieres comer después? ¿Quieres que cuando llegue a casa te prepare algo?

A-Chong : —Bien, lo preparas para mí cuando llegues a casa.

¿Por qué suena tan raro?

El rostro de Ning Yu se iba enrojeciendo cada vez más: —…Habla correctamente.  

A-Chong dijo con inocencia: —Ah ¿Acaso no estoy hablando correctamente? ¡Hoy por qué eres tan feroz conmigo.

Ning Yu se rindió: —¿Dónde fui feroz? No actúes como un niño mimado. Bueno, tú pasea un rato por tu cuenta, y cuando termine aquí iré a buscarte, ¿sí?

—De acuerdo, puppy—. La voz de A-Chong  seguía llena de risa, —Adiós~

Tras colgar la llamada, A-Chong  miró el cielo; estaba sombrío, como si en cualquier momento se fuera a desatar una tormenta. Cruzó otra calle y efectivamente, comenzó a caer una ligera llovizna. Justo se detuvo frente a la entrada de una tienda, alzó la vista para leer el nombre del local , pero no estaba muy seguro de si el primer carácter era “qiān” (千mil) o “gān” (干seco). La tienda era de color azul, parecía una taberna pequeña. Sin dudarlo mucho, empujó la puerta del local. El viento de la entrada hizo sonar la campanilla colgada del techo, tintineando con cada paso. Entró siguiendo el sonido de las campanillas, pensando: simplemente entraré a sentarme un rato, a resguardarme de la lluvia.

──── ୨୧ ────

Después de terminar la llamada, Ning Yu fue al baño a lavarse la cara. Esperó a que la temperatura de su rostro bajara y luego, fuera del salón privado, se dio un minuto de preparación psicológica antes de entrar de nuevo y sentarse.

Aunque fingía estar tranquilo, le era imposible ocultar el ambiente incómodo. Zhou Ya originalmente pensaba hacer como si no hubiera oído nada para que el asunto pasara, pero al ver a Ning Yu nervioso y torpe intentando tomar comida con los palillos e incluso cayéndosele un trozo… fue realmente divertido.

Zhou Ya le dio una palmada en el hombro: —Aiya, no te avergüences, tu shijie lo entiende todo.

Ning Yu: —…— Ayuda.

Yaya siguió animando el ambiente: —¡Lo entiendo, lo entiendo todo! Te cuento algo gracioso. Antes en el Reino Unido conocí a una chica bastante divertida; después de charlar un rato, un día de pronto me preguntó si me gustaba el S&M. Le respondí que ¿acaso el trabajo no es S&M? De todas formas, a mí no me gusta trabajar. Me contestó “ nonono” , que para la mayoría el trabajo solo trae sufrimiento, pero hacer eso es un dolorcito pequeño con una felicidad grandota…

Ning Yu explicó débilmente: —Shijie, no te equivoques, nosotros no somos…

Zhou Ya: —Y aunque lo fueran, ¡no importa! ¡Te entiendo y respeto mucho!

Ning Yu se llevó la mano a la frente: —¡De verdad que no! A él solo le gusta ponerme apodos absurdos porque le divierte provocarme, y ahora te hizo ver esta broma a ti. 

Zhou Ya: —¡Me encantan este tipo de chistes! ¡Quiero más, jajaja! Además, ustedes son muy dulces.

Ning Yu le sirvió más té: —El dulce es solo un sabor, la vida siempre tiene de todo: ácido, dulce, amargo, picante y salado.

—Ahora pareces estar experimentando más el sabor dulce.

—Parece que sí, supongo que he tenido suerte con él—. Ning Yu sonrió, asintió de acuerdo y de pronto suspiró: —Sin darme cuenta, ya ha pasado tanto tiempo.

La primera vez que Zhou Ya escuchó la historia de amor de Ning Yu había sido hace mucho tiempo, el año en que él acababa de graduarse y empezaba a trabajar. Aún recordaba que, al enterarse de que Ning Yu planeaba cruzar el país para buscar a esa persona, en su interior había imaginado el final de esa historia: como polilla atraída hacia la llama, no tendría un buen desenlace. Pero el desarrollo de la historia la sorprendió; ellos estaban juntos y aún lo están.

Qué inconcebible.

—Todavía recuerdas que antes de que fueras a Tailandia tomamos una copa juntos y me contaste el asunto entre tú y él.

Ning Yu sonrió: —Lo recuerdo. Ese día me emborraché y solté un montón de sentimentalismo.

—En ese momento pensé que ir no tenía sentido. Enfrentándote a una persona así, ibas a fracasar estrepitosamente.

—No estoy de acuerdo con eso, ¿por qué tenía que fracasar estrepitosamente?— Ning Yu reflexionó un momento, —Tomemos la teoría más simple de la teoría de probabilidades: si la probabilidad de fracasar en algo cada día es del 90%, la probabilidad de fracasar 30 días seguidos sería el producto de treinta 90%, aproximadamente un 4%; entonces la probabilidad de éxito sería 1-4% = 96%. La probabilidad de éxito equivale a la probabilidad de que no fracases 30 días consecutivos, es un 96%… Siguiendo este razonamiento, ¿acaso mi probabilidad de éxito en aquel momento no era bastante alta?

Zhou Ya soltó una carcajada: —¡Ya basta! Todavía usas las matemáticas para explicar el amor.

Ning Yu extendió las manos: —Precisamente en las matemáticas hay muchas cosas contra-intuitivas que parecen ilógicas, pero existen objetivamente.

Pero al pensar en Ning Yu y su novio tan impredecible… Zhou Ya seguía sintiendo que aquello parecía un milagro. Quizás el amor en sí mismo es un milagro. Sin embargo, ¿qué es exactamente lo que mantiene unidos a dos personas tan radicalmente diferentes durante tanto tiempo? Tenía mucha curiosidad.

Así que preguntó: —¿Qué crees que es lo que los ha mantenido juntos tanto tiempo?

──── ୨୧ ────

Al entrar, primero hay que atravesar un largo pasillo en forma de L. Esta distribución… A-Chong  ya había analizado mentalmente cómo este tipo de diseño afectaba el flujo de clientes. Era relativamente nicho e íntimo, ideal para restaurantes gourmet exclusivos, locales creativos o pequeñas tabernas, con una propuesta conceptual del tipo que atrae clientela. Al salir del pasillo, el espacio se abría de golpe. La barra era muy ancha; mesas y sillas sueltas de estilo vintage estaban dispersas por el lugar, y las paredes estaban cubiertas enteramente de óleos abstractos. La música flotaba en el aire, en un jazz suave que servía de fondo, pero además había otro sonido, tintineante, claro, etéreo, como campanillas de plata agitándose. Dentro del local estaba muy silencioso, iluminado con una luz azul tenue. Un hombre estaba sentado tras la barra, abrazando un instrumento cuya parte trasera se curvaba ligeramente en forma de semicírculo, parecida a media pera partida al medio. A-Chong reconoció el instrumento: era una mandolina. El hombre tenía el pelo un poco largo hasta cubrirle los ojos, y en ese momento inclinaba la cabeza mientras dejaba salir una secuencia desordenada de notas musicales. Era extraño, no se podía decir si era agradable o no de oír. La primera impresión de A-Chong  fue que esta pieza musical encajaría perfectamente en alguna escena ambigua, de intimidad y distancia simultáneas.

No había otros clientes en el local; quizás porque aún era de día, pero A-Chong  supuso que era un establecimiento dedicado a una clientela habitual, así que probablemente tampoco tuviera muchos comensales ni siquiera por la noche.

Se acercó y se sentó en completo silencio.

El hombre terminó de tocar, quedó absorto mirando aturdido un rato, y recién después de un buen tiempo reaccionó, levantó la vista y lo vio.

A-Chong sonrió y dijo: —Suena bien, me da la sensación de que podría usarse como la banda sonora de una película.

El otro agitó la mano: —Acabo de empezar a aprender hace poco, solo lo hago por diversión.

A-Chong  preguntó de nuevo: —¿Están abiertos ahora?

El hombre dejó el instrumento, vaciló un instante, —Estamos abiertos…— Hizo una pausa, —…creo. Sí, estamos abiertos. ¿Qué quiere tomar?

—¿Tienen carta de bebidas?

El hombre dejó la mandolina, buscó un buen rato antes de encontrar la carta y entregársela. A-Chong  sintió que este tipo era un mesero recién contratado o un familiar o amigo del dueño. No dominaba bien el trabajo… y además no parecía alguien que trabajara en un lugar así.

El hombre preguntó de pasada: —¿Es usted de Hong Kong?

Siempre le preguntaban lo mismo, qué extraño. A-Chong negó con la mano: —No, nací en la frontera, después pasé mucho tiempo en el sudeste asiático.

El hombre soltó un “ah”: —Conozco a un buen amigo que también nació en la frontera, él es de Wanding2.

A-Chong  asintió: —Es un paso fronterizo importante, estuve allí antes.

Abrió la carta y echó un vistazo, vio un trago llamado “Montaña rusa”. Le dio curiosidad, estaba a punto de pedirlo cuando escuchó un ruido. Alzó la vista.

El hombre sacó desde detrás de la barra una bandeja con un plato de cangrejos gordos aún humeantes y una tinaja de vino, el barro que sellaba la tinaja ya había sido quebrado. Meticulosa y pausadamente, el hombre tomó un cepillo de cerdas para sacudir el polvo y fue desdoblando capa por capa, la hoja de bambú, tapa de barro amarillo, papel encerado, membrana fina como piel de fénix hasta que de pronto, un intenso aroma a licor se desprendió al aire. Luego sacó un pequeño hornillo para calentar, y siguió ocupado consigo mismo, vertiendo y calentando el vino.

Qué aroma tan delicioso desprendía el vino. ¿Para qué pedir una “montaña rusa” entonces? A-Chong  sintió hambre al verlo y no pudo evitar preguntar: —Amigo, ¿me venderías una porción de ese vino y los cangrejos?

El otro alzó la cabeza, lo examinó con bastante detenimiento y sonriendo dijo: —Esto es para mi propio consumo, me da un poco de vergüenza vendérselo a un cliente.

A-Chong  sonrió: —¿Ni siquiera haces un negocio que llega solo a tu puerta? Ponle precio.

—En realidad hoy el dueño no está, yo solo vine a pedir prestado el lugar para prepararme algo de comer. Estas cosas ni siquiera están en el menú, y yo tampoco sé cómo ponerles precio…

—Entonces pon el precio que tú creas justo, no te perjudiques.

El hombre reflexionó con cierta angustia y finalmente negó con la mano: —Ay, la verdad no se me da muy bien hacer negocios, mejor dejemos eso. Ya que el destino nos hizo encontrarnos, si no te molesta te invito directamente a una copa. Tomemos juntos, hoy hace frío, un vino caliente nos calentará el cuerpo.

Ofreces comprar y él directamente te invita, qué persona tan franca. Pero A-Chong dijo: —Me da vergüenza aceptar sin dar nada a cambio. Quien come de la mano ajena pierde palabra3, siempre debo ofrecer algo equivalente a cambio.

Mientras calentaba el vino, el hombre le respondió: —Déjame pensar… mmm…— Hizo una pausa, —Yo te invito el vino y los cangrejos, charlamos un rato, y tú me regalas una historia. Una que hayas escuchado, o que tenga que esté relacionado contigo, algo con significado.

A-Chong  repitió en voz baja: —Quieres una historia.

El hombre asintió: —Quiero una historia. Puede ser ordinaria, puede ser apasionada, puede ser extraña o insólita, pero debe estar relacionada contigo.

—¿Por qué quieres una historia?

—Es algo muy interesante, ¿no crees? En realidad mi trabajo consiste precisamente en presentar historias a otras personas. Desde niño, las historias nuevas y desconocidas siempre han ejercido sobre mí una extraña atracción.

Le gustaban las historias, ¿sería escritor, o quizá guionista o algo así? Pero A-Chong  no preguntó.

Pensó un momento, asintió y dijo: —Bueno, te regalaré una historia.

—Adelante.

—La historia es así, tengo un amigo…

Al decir esto, A-Chong  fue el primero en reírse.

El hombre también se rió, colocó los cangrejos entre ambos y con calma vertió en una taza de porcelana blanca un vaso de vino ya calentado, se lo ofreció con un gesto indicándole que lo probara, y explicó: —Me gusta acompañar el cangrejo con vino Shanniang; el Shanniang no es tan dulce como el Xiangxue, esta bebida entra suave, pero entre más la bebes más pesada se vuelve tu cabeza, e incluso el viento puede tumbarte. Pruébalo, si no es adecuado te lo cambiaré por otro. Disculpa, continúa. Tienes un amigo.

A-Chong se bebió la taza de un trago, era suave y espeso. —Buen vino, me gusta mucho—. Giró un poco la copa y continuó: —Mmm, tengo un amigo.

—Él…

»Fue criado por una mujer que de día era muy feroz, pero que al llegar la noche siempre terminaba derramando lágrimas sin ningún motivo. Era una mujer muy hermosa, pero de pésimo carácter, que a la menor provocación te golpeaba.

»Desde pequeño aquella mujer le repetía que en realidad vivimos en un enorme zoológico, que el ser humano es un animal más, y que para sobrevivir hay que seguir la ley del más fuerte, hay que ser astuto, ser de sangre fría. No confiar en nadie, ni siquiera en ella.

»En sus recuerdos, parecía mudarse constantemente de un sótano a otro sótano, de un barrio miserable a otro aún peor. Ah, incluso vivió en edificios en ruinas a punto de ser demolidos, ¿los has visto? En esos bloques abandonados se amontonaba la gente más aterradora del mundo: ladrones, asaltantes, estafadores, locos, idiotas, adictos… El lugar donde vivía no tenía puerta, las ventanas estaban rotas, no había cama, y en sus momentos más pobres solo tenía una manta sucia, con la que se cubría como fuera y se dormía, pero sin atreverse a dormir profundamente, temiendo que alguien le arrebatara esa manta. ¿Qué crees que podía aprender en un sitio así? Solo a robar, a asaltar, a engañar. Creció en un caldo de cultivo del mal para sobrevivir, abandonado la moral.

Los ojos del hombre frente a él brillaron con intensidad.

»¿Este tipo de historia te parece un buen material? Entonces voy a contarte un poco más de esta parte. Una vez, en aquel edificio en ruinas a punto de desplomarse, él se encontró con dos niñitas que parecían un poco menores que él. Llevaban vestidos blancos de princesa, en el pelo tenían horquillas brillantes y en las manos sostenían pequeñas cestas trenzadas con flores y ramas. Él supuso que acababan de jugar a las casitas, pero mientras caminaban, de pronto descubrieron aquel edificio ruinoso. Debían de estar curiosas, él también era un niño entonces y entendía esa psicología: la curiosidad. Quizás habían tomado aquel edificio en ruinas por un parque de diversión desconocido donde podrían hallar tesoros. Apenas pusieron un pie en aquel lugar, alguien fijó la vista en ellas. Un viejo con malas intenciones se les acercó con ojos codiciosos, les dirigió la palabra y dijo: “Pequeñas meimei4, ¿qué hacen ustedes aquí? ¿Ah? ¿Alguien les dijo que aquí hay cosas divertidas escondidas? Yo sé dónde están, las llevaré”.  Él sabía que no debía entrometerse, en un lugar así la primera lección era volverse indiferente, meterse en asuntos ajenos puede costarte la vida. Además, eran dos niñas desconocidas, ¿qué relación tenían con su propia existencia? ¿Acaso ayudarlas le daría de comer o lo mantendría abrigado? No. Pero al mirar los limpios vestidos blancos de aquellas niñas, pensó: si se ensucian ya no serán bonitos, qué lástima, no dejes que se ensucien. Corrió hacia ellas, empujó al viejo asqueroso que solía acosar a las mujeres sin hogar, agarró a cada niña de una mano y las sacó de aquel infierno. Les advirtió con ferocidad: “¡Nunca vuelvan a un lugar así! ¡Váyanse, rápido! ¡Lárguense!”. Ellas salieron corriendo asustadas, olvidando recoger la pequeña cesta de flores que se les había caído al suelo. Él recogió aquella pequeña cesta de flores y regresó; aquella noche el viejo y sus amigos lo acorralaron en un rincón y lo golpearon hasta casi matarlo, luego lo arrojaron a un estanque apestoso donde lo dejaron remojando toda la noche. La mujer que lo criaba también fue implicada por su culpa, y fueron expulsados de aquel viejo edificio en ruinas.

A-Chong  desmenuzaba el cangrejo con calma; hablaba despacio, los movimientos de sus manos eran lentos, y en su mirada no había emoción.

El hombre, inesperadamente, se emocionó al escucharlo: —¿Y después?

—Después…

—Después conoció a una buena persona, un monje anciano. Ese hombre cambió su vida, y en cierto sentido, estableció ciertos criterios sobre cómo vivir de ahí en adelante. Qué se puede hacer y qué no, orientándose hacia el bien en el sentido universal, convirtiéndose en un llamado “ser humano normal”. ¿Sería esto suerte? Tras encontrar a ese benefactor, sus días mejoraron un poco e incluso, sin saber cómo, obtuvo una suma considerable de dinero… es difícil de describir, pero empezó a sentir que todo era absurdo. Ya no veía el mundo como un zoológico, sino más bien como un absurdo teatro al aire libre donde todos eran simplemente actores. Al tomar conciencia de esto, se exigió a sí mismo olvidar ese descubrimiento, experimentar la vida mediante la inercia de seguir viviendo, y repetir días aburridos una y otra vez. Se obligó a no revelar lo que ya había comprendido, a representar su papel lo mejor posible.

—Ya tenía capacidad para comprar cosas que antes no podía permitirse y ya no necesitaba mudarse constantemente, pero aún así no le gustaba quedarse mucho tiempo en un mismo lugar, no podía dedicarse a un solo trabajo de forma permanente ni le agradaba repetir un mismo estilo de vida. Consciente de ello, se permitía atravesar este mundo lleno de colores y luces, encontrándose sin cesar con extraños para luego despedirse de ellos.

Al llegar aquí, guardó silencio un momento.

Los cangrejos estaban muy gordos. Comiendo y charlando acompañados de vino amarillo caliente, sin darse cuenta sus cuerpos comenzaron a calentarse. El hombre frente a él se inclinaba ligeramente hacia adelante, escuchando en silencio, pensando, muy concentrado.

El jazz que sonaba al entrar había terminado y ahora cambiaba a un pop-rock. La melodía era muy pegadiza, A-Chong  escuchó con atención un par de versos y alcanzó a oír una frase: “Dicen que cada persona es una isla, pero yo siento que tú eres el viento”. Qué bonita era esa frase.

A-Chong  sonrió de pronto: —Y después, después mi amigo conoció a su isla.

El hombre frente a él no reaccionó al principio: —¿Qué?  

A-Chong sonrió: —Digo que conoció a su isla pequeña—. Su tono era muy suave, muy pausado.

El hombre lo entendió, pero realmente se sorprendió: —¿¡Eh!? ¿Así que en realidad es una historia de amor? ¿Todo lo que contaste durante tanto tiempo era solo para preparar el encuentro con esa “isla”?

A-Chong  sonrió: —¿Acaso odias las historias de amor?

El hombre dijo: —Haciendo una suposición desde mi perspectiva personal, me parece que tu amigo no suena como alguien capaz de enamorarse de nadie. Un pájaro sin patas muere al tocar tierra; el viento no se detiene por ninguna isla. Envejecer solo, vagando toda la vida, sería su mejor desenlace. ¿Cuál es su punto de aterrizaje? ¿Cómo me convences?

A-Chong  lo miró, pero su mirada se fue alejando poco a poco.

—Su punto de aterrizaje es esa isla. Aterrizó, no murió, y ahora vive bien instalado en aquella isla.

—¿Es muy hermosa esa isla?

—Es muy cálida y agradable para vivir.  

El hombre observó la expresión de A-Chong, desconcertado durante algunos segundos, aún dudando un poco de su propia existencia: —No, no lo entiendo, ¿Así de repente y ya? Bueno… bueno, acepto que el amor es repentino. Pero, ¿qué impulso llevó a tu amigo a aterrizar en esa isla?

A-Chong pensó durante mucho tiempo y luego sonrió suavemente.

—Quizás…— Hizo una pausa, —¿Intuición?— Otra pausa, —Presentimiento, y…

──── ୨୧ ────

Ning Yu le dijo a Yaya: —Instinto.

Zhou Ya se sorprendió un poco: —¿Instinto?

—Mmm, desde la primera vez que lo vi hasta ahora, siento que siempre me he acercado a él guiado por el instinto. ¿Nunca has sentido eso? Esa necesidad de estar cerca de alguien, de sentirte feliz nada más verlo, de gustarte su aroma… ¿No dicen que cuando alguien te gusta mucho percibes en él un olor muy especial? Hasta hoy sigo adorando olerlo, ese aroma nunca se ha disipado. Si me pides que lo explique, solo puedo decirte esto: es un instinto del cuerpo.

Zhou Ya guardó silencio de repente durante mucho tiempo. Miró los platillos frente a ella, miró la lámpara del techo y sin motivo ni razón, comenzó a decir: —Qi Na y yo… tú lo sabes, ya te lo conté; no hubo ningún conflicto grave entre nosotras, pero nos faltaba algo, yo siempre lo supe. Cuando rompimos en Reino Unido, me preguntó si creía que en el mundo existiera un amor incondicional. Le devolví la pregunta: ¿Entonces tú lo crees? Me respondió que no. Sentí que preguntaba lo que ya sabía y le dije: entonces ¿para qué me lo preguntas? Me separé de ella porque éramos demasiado parecidas, estar juntas se sentía como una cooperación. Hoy mucha gente dice que en realidad una relación es eso, una cooperación, que al final del amor solo queda la conciencia… En el fondo estoy de acuerdo con esa idea, pero ahora al mirarte a ti, me confundo un poco. ¿Tú todavía crees en eso? Yo quiero creer, pero no tengo fuerza para hacerlo, ya no me quedan energías—. Hizo una pausa, —Eres más valiente que la mayoría.

Ning Yu sonrió con ligereza: —Cada quien es distinto, todos tenemos ideas diferentes, circunstancias distintas; es completamente normal. Yo sí creo que en este mundo existe un amor incondicional, creo en ese tipo de cosas puras y genuinas.

Zhou Ya: —Ese tipo de amor altamente purificado, solo lo he visto en libros y películas, en el mundo real no creo que exista. Si dijera que sí lo creo, incluso temería que otros se rieran de mí.

Ning Yu: —¿Entonces soy muy raro? Me parecen ridículos aquellos que se ríen. Yo sí creo en esas historias que suenan exageradas, incluso en sentimientos que solo existen en la imaginación. Me dan curiosidad, y además me niego a aceptarlo, ¿por qué yo no podría lograrlo?

Zhou Ya: —No me esperaba que hasta hoy siguieras a este nivel de obsesión5.

Ning Yu: —No sé por qué de pronto recordé ese experimento mental de “El cuarto de Mary6”, shijie, ¿lo has oído? Una persona nace encerrada en una habitación en blanco y negro y aprende el concepto de los colores mediante libros y la televisión. Sabe la definición de “rojo”, pero solo al ver realmente una manzana roja comprende qué es el rojo de verdad, experimenta esa sensación. Saber algo y sentirlo realmente no es lo mismo—. Hizo una pausa, —Shijie, él es mi manzana roja.

──── ୨୧ ────

—Él no creía en el amor sin motivo, para él todo tenía un precio —dijo A-Chong  al hombre frente a él, —Pero su isla… era distinta. El cariño de esa isla no tenía condiciones adjuntas, y eso en algún momento destrozó sus valores, ¡no era justo! Él era un hombre de negocios, desconfiaba profundamente de las ofertas que, como trampas, prometen ganancias seguras sin pérdidas. ¿No es extraño? Resulta que en este mundo sí existen personas así. Que piden muy poco, o simplemente te miran, te acompañan, sin exigir nada a cambio. Él había pasado junto a mucha gente, pero solo al llegar a esa isla descubrió que su comprensión del “amor” parecía incompleta; que aún podía tener nuevas interpretaciones.

—Justo en ese momento, ese cansancio inexplicable y silencioso hacia el mundo se desvaneció un poco. Se quedó a vivir en la isla y comenzó a observarla en secreto, esperando encontrar una respuesta.

El hombre preguntó: —¿Y el resultado de esa observación?

A-Chong  respondió: —Sigue en observación y estudio; esta historia aún no ha terminado.

El hombre se agarró la cabeza y se lamentó: —¡Al principio creí que era una historia de crimen y suspenso, pero mientras la contabas se convirtió en una historia de amor gritando al centro del mundo! ¡Creí que la historia ya había terminado, y ahora me dices que continuará!

A-Chong soltó una carcajada: —¿Acaso no te parece muy hermosa esta palabra: “continuará”? A veces el final no es realmente un final, solo es un nuevo comienzo.  

El hombre dijo: —Es cierto, también tiene sentido.

Terminaron el vino y los cangrejos, la historia llegó al final de una parte. Haber contado una historia con principio, pero sin final dejó a A-Chong con cierto remordimiento, así que quiso pagarle al otro. El hombre rechazó con firmeza y añadió: —Aunque aún no tiene final, es una buena historia, yo salí ganando. ¡Si es posible, me encantaría saber el final!

A-Chong  asintió, no lo pensó demasiado, se quitó del brazo una pulsera de cuentas budistas y se la entregó: —Si en el futuro la historia sufre un cambio importante, volveré aquí a buscar a la persona a quien le regalé esta pulsera de cuentas. ¿Te parece bien?

El otro la recibió, la palpó, la olió con desconfianza y al darse cuenta de que era algo de calidad, nada barato, se apresuró a rechazarla: —¡Amigo, esto es demasiado valioso! ¡Cambia de objeto simbólico7!

A-Chong ya había tomado su abrigo y se dirigía hacia afuera. Sin voltear la cabeza, agitó la mano: —¡Son cosas externas al cuerpo; no son nada! Es en agradecimiento por tu vino, yo no acepto cosas gratis. ¡Hasta luego!

Sin preguntar nombres, sin intercambiar información de contacto. Un encuentro casual como hojas flotando en el agua8. Comieron unos cuantos cangrejos, vaciaron una tinaja de vino con un extraño y dejaron atrás una historia. A-Chong  salió de aquel local.

La lluvia ya había cesado. El suelo estaba mojado y brillante, el aire muy fresco y húmedo.

No había caminado ni unos pasos cuando sonó el teléfono. Lo contestó, al otro lado le preguntaron: —Ya llegué según la ubicación que me diste, ¿estás dentro de ese local?

A-Chong  giró el cuerpo. A través de casi toda la calle divisó a Ning Yu parado frente a la puerta de aquel local, sosteniendo un paraguas. Le indicó a Ning Yu: —A la izquierda—. Ning Yu miró hacia la izquierda.

Al verlo, Ning Yu originalmente quería colgar el teléfono, pero A-Chong, mirándolo fijamente, de repente e inexplicablemente susurró hacía el teléfono: —Pequeña isla.

Ning Yu, mientras caminaba, acercó de nuevo el teléfono y preguntó: —¿Qué?

A-Chong sonrió y repitió: —Pequeña isla.

—…¿Qué pequeña isla? ¿Has estado bebiendo?

—Estoy hablando de ti.

—¿Cuánto bebiste?

Inclinó ligeramente el cuerpo, río suavemente hacia aquella persona no muy lejana y dijo: —¿Corres hasta aquí y me abrazas? Me emborraché, parece que voy a caerme.

—…Espera—. Ning Yu aceleró el paso dos veces y se echó a correr.  

A-Chong seguía sosteniendo el teléfono, observando cómo aquella silueta corría hacia él paso a paso, murmuró en voz baja: —One for the money, two for the show…… three to make ready, and four to……9

Lo abrazaron. Era un abrazo familiar, cálido, tierno. A-Chong  entregó todo el peso de su cuerpo al otro, cambió la última palabra, cerró los ojos, apoyó la cabeza en el hombro ajeno y susurró suavemente: “love”.

──── ୨୧ ────

Jìng’an Lu 1 Hao:

Archivando una copia para guardar.

El radiodrama está en Mao’er~


୨୧ Nota del traductor:  City of Angels 全一季 – 猫耳FM https://m.missevan.com/drama/87409 

Notas del Traductor

  1. Año gap: año sabático. Está originalmente en inglés.
  2.  Wanding ( chino simplificado :畹町镇; chino tradicional :畹町鎮; pinyin : Wǎndīng Zhèn ; Tai Nüa, lit. “el sol brillando sobre nuestras cabezas”), anteriormente romanizada como Wanting , es una ciudad fronteriza en la ciudad de Ruili , prefectura de Dehong , provincia de Yunnan , China .  Wanding es una ciudad en el sistema de división oficial, pero hay tres sistemas administrativos en Wanding: la Zona de Desarrollo Económico de Wanding a nivel de condado (畹町经济开发区), el gobierno de la ciudad de Wanding a nivel de municipio y el gobierno de la Granja Wanding (畹町农场).
  3. Quien come de la mano ajena pierde palabra: “吃人嘴短” significa que, si aceptas un favor (especialmente comida o regalos de alguien), quedas en una posición moralmente débil, en deuda o comprometido, y por lo tanto te sientes obligado a ceder o a no contradecir a esa persona. Es como decir: “el que recibe, se ata”, “Comer de mano ajena, cuesta caro”, “No hay comida gratis”
  4. Meimei: 小妹妹 (xiǎo mèimei):  小 (xiǎo) = pequeño / pequeña. 妹妹 (mèimei) = hermana menor
  5.  A este nivel de obsesión: “上头” (shàngtóu)  literalmente “subir a la cabeza”. Coloquialmente significa estar muy entusiasmado, emocionado, obsesionado o “enganchado” con algo/alguien (similar a “estar enamorado” o “estar perdido”).
  6. El cuarto de Mary: “黑白玛丽”  literalmente “Mary en blanco y negro”. El cuarto de Mary, también conocido como Mary la supercientífica, es un experimento mental propuesto por el filósofo autraliano Frank Jackson en 1982, (y extendido en el artículo “Lo que Mary no sabía”, de 1986) para desafiar la teoría del fisicalismo, que afirma que todo lo que existe es exclusivamente físico. Hay muchos documentos sobre el tema, son muy enriquecedores. Aquí algunos artículos a profundidad: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2021-10-26/mary-dilema-mental-mas-increible_3288193/  https://lamenteesmaravillosa.com/cuarto-mary-experimento-mental/
  7. Objeto simbólico: “信物” (xìnwù) = objeto de confianza, prenda, ficha,  símbolo, algo que se da como señal o promesa entre dos personas. Este se refieren a objetos utilizados como prueba. En la antigüedad, se representaban típicamente mediante sellos , fichas de tigre, cartas de amor y nudos de amor. En la actualidad, incluyen joyas, bienes raíces, rosas, anillos y otros artículos. Su aplicación abarca los ámbitos político, militar, económico y emocional. Los sellos se usaron ampliamente como prueba comercial durante los períodos de Primavera y Otoño y de los Reinos Combatientes, mientras que las fichas de tigre se usaban como fichas para el despliegue de tropas y adoptaban un mecanismo de verificación de separación y combinación.
  8. Hojas flotando en el agua: “萍水相逢” (píng shuǐ xiāng féng) es un modismo que se originó en obras literarias. El más antiguo proviene del “ Prefacio al Pabellón del Príncipe Teng” de Wang Bo, de la dinastía Tang. El significado original de “萍水相逢” es que la lenteja de agua flota por todas partes debido al agua, reuniéndose y dispersándose de forma incierta; es una metáfora para personas que son desconocidas entre sí pero se encuentran por casualidad; puede funcionar como predicado o atributo en una oración; también se escribe como “萍水遇见” o “萍水相遭”.
  9. One for the money, two for the show, three to make ready, and four to go: Es una canción infantil inglesa, pero la mayoría de la gente conoce la rima “One for the Money” – como el primer cuplé de la canción de rocanrol “Blue Suede Shoes”. La canción fue escrita y cantada por Carl Lee Perkins en 1955. La cantó Elvis Presley en 1956 y llegó arriba de las listas de éxitos aquel año también. https://youtu.be/HeXnFx7aPOE?si=31-CHNIQ5Vws9j6I
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