III. NUNCA SE SINTIÓ TAN ANSIOSO COMO AHORA

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AUNQUE SUN WENQU pasó tres años en el barranco, sus estándares alimenticios no se redujeron en absoluto, incluso si la comida de cada día eran solo grandes ollas de arroz que compartía con los excavadores.

En ese momento, no estaba satisfecho con el restaurante al que lo llevó Ma Liang, porque vio el dibujo de un pimiento en el letrero.

—No como picante —dijo Sun Wenqu.

—No es tan picante, puedes… puedes soportarlo —repuso Ma Liang.

—Dibujaron un pimiento tan grande… —insistió Sun Wenqu, sin querer bajar del auto—. ¿Qué no hay otros lugares?

—¡Dios mío! —Ma Liang volvió a encender el auto a regañadientes—. Tantos requisitos, algo tu-tu-tur…

—Tú eres el burdo —dijo Sun Wenqu.

—¡Turco! —Ma Liang golpeó el volante con fuerza—. ¡Comida turca! ¿Quieres comer… o no? [1]

—Quiero —asintió Sun Wenqu.

En realidad, la comida en el sitio de construcción no era tan mala; la carne y las verduras nunca faltaban, así como las frutas. Era solo que esa gran olla de comida era solo una, con todos los ingredientes revueltos dentro sin una pizca de consideración por el sabor. El solo pensarlo te haría sentir un poco desesperanzado.

Pero si no fuera porque el cocinero era un nativo de Hunan y había hecho que sus últimos tres años estuvieran llenos de pimientos muy picantes, Sun Wenqu no se habría revelado tan pronto como vio el pimiento en el letrero.

Ahora que lo pensaba, se admiraba mucho a sí mismo. Frente a la tiranía de su padre, fue valiente y tenaz… comiendo pimientos por tres años.

Nunca antes había probado este plato de gallina criolla que Ma Liang lo llevó a comer. El sabor era bastante bueno y el ambiente muy agradable. Sun Wenqu se sumergió en devorarlo todo.

—¿Cu-cuáles son tus planes… ahora que regresaste? —preguntó Ma Liang mientras comía.

—No tengo planes —respondió Sun Wenqu con simpleza.

—¿Te gustaría visitar, mi estudio?

—Luego. —Sun Wenqu se reclinó en su silla—. Primero tengo que disfrutar de mi vida unos cuantos días más.

Ma Liang era dos años mayor que él y discípulo de su padre. Había estado aprendiendo cerámica desde que tenía diez años y, aunque sus aptitudes eran promedio, era bastante honesto y sensato, por lo que su padre lo apreciaba mucho.

Sin embargo, al final, eligió a su compañero entre las disputas y el conflicto entre éste y el Maestro. En su enojo, su padre «lo expulsó de la Puerta del Maestro». Ahora había montado su propio estudio por su cuenta y le iba bastante bien.

—Wenqu —comenzó Ma Liang, encendiendo un cigarrillo—, ¿cuándo piensas, que volverás a estar, en forma?

—¿No estoy muy bien ahora? —Sun Wenqu lo miró—. Apariencia física saludable y en buena forma. Tampoco tengo hijos.

—Estoy hablando, en serio. —Ma Liang se inclinó hacia él—. Tienes un talento, natural…

Sun Wenqu no dijo una palabra y continuó comiendo su comida.

—Sé que no te gusta, no te gusta… hacer cerámica —dijo Ma Liang—, pero ya no, ya no eres un niño, tienes que madurar, un poco.

Sun Wenqu siguió sin decir nada.

—No me digas que todavía pla… todavía planeas ir-ir neciamente a casa de Li Bowen a perder el ti-tiempo. —Ma Liang frunció el ceño.

—Cállate y come, y no tartamudees al pagar la cuenta. —Sun Wenqu por fin soltó algunas palabras.

Ma Liang hizo una seña para llamar al camarero.

—Piensa… en lo que te dije.

Después de la cena, Sun Wenqu le pidió a Ma Liang que lo acompañara al centro comercial, donde compró algo de ropa de arriba para abajo y de aquí para allá.

—Mierda, ¡qué, derrochador! —exclamó Ma Liang cuando pasó la tarjeta. Había arrojado esa tarjeta a Ma Liang antes de irse y ya no podía recordar cuánto dinero tenía.

Al terminar sus compras, Ma Liang lo llevó de regreso al complejo de viviendas, y tan pronto como entraron, Sun Wenqu vio el MINI rojo de Sun Jiayue.

No hacía falta decir mucho, ahora pudo confirmar que el Beetle fue obra de ella.

—Vete, regresa primero —le dijo Sun Wenqu a Ma Liang antes de abrir la puerta y salir del auto.

Después de caminar dos pasos, descubrió que el coche seguía sin moverse, por lo que giró la cabeza y levantó el dedo medio hacia el costado de la cabina. Ma Liang tocó la bocina, giró el auto y se alejó.

Sun Jiayue salió de su auto, se cruzó de brazos y se apoyó contra la puerta.

—Ay, ¿mi hermanito menosprecia el auto que le regalé?

—No lo necesito —respondió Sun Wenqu—. Si no te lo llevas, dejaré que Liang-zi lo use.

—Que lo use, no importa. —Sun Jiayue sonrió mientras lo miraba de arriba abajo—. Estás más delgado.

—¿Crees que hay lugar para gordos en ese sitio? —preguntó Sun Wenqu y también la miró. Ella seguía igual que siempre: hermosa y desenvuelta, completamente diferente de Sun Yao, como si no fueran hermanas—. ¿Solo viniste a ver si estoy más gordo o más flaco?

—Algo así, solo quería preguntarte… —Sun Jiayue hizo una pausa y bajó la voz—. ¿Vendrás a casa para Año Nuevo?

—¿No te cansas? —Sun Wenqu sintió de inmediato una molestia en el pecho, su tono impregnado de fastidio.

—¡Como si quisiera preguntarte! ¡A mí no me importan los problemas familiares de casa! Haz lo que quieras, es Sun Yao quien me pidió que te lo preguntara. —Sun Jiayue frunció el ceño—. Y mira esa cara de burro que tienes, combinada con ese peinado… Anda, ve a arreglarte el cabello. Te puedo recomendar a alguien…

—Date prisa y vete a casa. —Sun Wenqu suspiró, impotente y le dio una palmada en el hombro—. Así tu esposo no empieza a llorar a moco tendido porque nunca estás.

—Toma esta tarjeta. —Sun Jiayue sacó una tarjeta de presentación de su bolso—. Yo siempre me arreglo el cabello con él. Llámalo y que te haga algo. No puedo soportar esa pinta de pueblerino tonto que llevas.

Sun Wenqu tomó la tarjeta de presentación y estaba a punto de guardársela en el bolsillo cuando notó algo extraño al tacto. Al frotarla con los dedos, sintió otra tarjeta debajo.

Quiso decir algo, pero para ese momento Sun Jiayue ya había arrancado el auto y, con un movimiento rápido, lo había echado en reversa, casi rozando su pierna.

—¡Oye! —Sun Wenqu se sobresaltó, mirándola con incredulidad—. ¡¿Tienes aunque sea un poco de sentido común?!

—¡Es un regalo de nuestra hermana mayor para ti! —gritó Sun Jiayue al bajar la ventanilla—. Si lo quieres o no, tú decides. ¡A mí no me molesten, me tienen harta!

Sun Wenqu miró la tarjeta que tenía en la mano y no dijo nada.

El auto de Sun Jiayue estaba a punto de hacer un giro en U, pero la capitana del barco dio una vuelta repentina y navegó para estrellarse de frente contra la acera opuesta, luego volvió a retroceder, y al fin, con una rueda todavía sobre la acera, salió disparada hacia la calle. Después de avanzar unos diez metros, por fin regresó a la carretera y se alejó.

Sun Wenqu se quedó parado en la acera, observando el emocionante giro en U de su hermana. Sun Jiayue —cuyas terribles habilidades automovilísticas eran conocidas en medio universo— condujo su auto en medio de la noche a su vecindario solo para darle una tarjeta. Se sintió muy conmovido.

En medio de la fresca brisa otoñal, sentía que ese gesto lo había conmovido hasta el punto de sudar.

Llevó la tarjeta a casa y la tiró en un cajón.

La mayoría de las veces, Sun Yao, al priorizar el bienestar general, solía estar del lado de su padre. Ella no le habría dado la tarjeta por iniciativa propia, así que lo más seguro era que hubiera sido idea de su madre.

Sun Wenqu bostezó. No eran ni las diez y ya estaba cansado.

La vida nocturna en la obra consistía por sobre todo en jugar a las cartas. No le apetecía jugar con un montón de personas que podían comenzar a pelear con facilidad después de emocionarse un poco, así que por lo general se acostaba a las diez en punto.

Sin embargo, antes de acostarse, entró somnoliento al dormitorio, sacó toda la ropa del armario y la metió en una bolsa. Luego, se dirigió al baño.

Antes, como tenía prisa por salir a cenar con Ma Liang, no había prestado mucha atención al baño. Esta vez, al mirar con detenimiento, notó que, además de los nuevos champús y geles de ducha que Ma Liang había comprado, en el estante junto al lavabo todavía había algunos frascos medio usados.

Y ni siquiera fueron tratados con mucho cuidado, algunas de las tapas de las botellas estaban dispersas por aquí y por allá.

El humor de Sun Wenqu ya estaba bastante sombrío hoy, pero cuando vio aquel montón de cosas, de repente se sintió extremadamente molesto. Se quedó mirándolas durante mucho tiempo, hasta que al final, sin pensarlo más, retiró el estante y lo arrojó junto con las botellas y otros objetos al basurero.

Después de dar vueltas durante mucho tiempo, cuando por fin se acostó en la cama, ni siquiera tuvo la oportunidad de volver a mirar la hora, ya que se quedó dormido tan pronto como cerró los ojos.

Por lo general, no soñaba mucho. A menudo se dice que lo que piensas por la mañana regresa como un sueño por la noche. Pero si te quedas en las montañas y no piensas en nada todos los días, solo deambulando por las montañas y por caminos de tierra, no podrías guardar material para soñar.

Pero hoy estaba soñando.

Y aquí venía papá.

Huyó.

Y aquí venía la ex novia.

Huyó.

Y aquí venía el hijo.

Huyó.

Y Li Bowen estaba revolcándose en su cama con mujeres que quién sabe de dónde salieron, revolcándose en su armario, revolcándose en su baño… En un ataque de ira, se lanzó hacia ellos y los persiguió por toda la casa.

En todo caso, en el tumulto de la guerra, las tropas corrieron de manera caótica toda la noche.

Al despertar, tuvo la ilusión de haber excavado tierra todo el día anterior, pero el contenido de su sueño no estaba muy claro. Solo recordaba que la última escena fue cuando abrió la puerta del refrigerador y Fang Chi le sonrió de manera despectiva desde dentro.

Papi.

Y así, sus esperanzas de despertar de forma natural desaparecieron por completo.

Aunque ahora ya no escuchaba el sonido de los pasos madrugadores, ni los saludos ni las charlas, ni el alegre cacareo de los pollos, ni nadie llamando a su puerta… Sun Wenqu se quedó tumbado en la cama y miró al techo por un rato, cuando se levantó, fue a la cocina y abrió la puerta del refrigerador.

Por suerte, solo se encontró con unas pocas botellas de yogur que Ma Liang le había comprado.

Sacó una y se la bebió. Sabía bien, pero tenía un sabor un poco extraño y contenía pequeños trozos de fruta. La tomó y echó un vistazo: aloe vera.

Después de beber el yogur, dio varias vueltas en pijama por toda la casa, encendió la televisión y ​​finalmente se paró junto a la ventana.

De repente se sintió un poco nervioso.

Fueron solo tres años, pero había olvidado cómo era su vida antes, o cómo demonios perdía el tiempo todos los días.

En los últimos tres años en las montañas, no había hecho nada más que ir y venir entre el Departamento de Ingeniería y el sitio de construcción todos los días. Comer, aburrirse, dormir. Y si tuviera algo de tiempo libre, subiría a la montaña y se sentaría en una colina para contemplar los árboles durante horas.

Y, sin embargo, nunca se sintió tan ansioso como ahora.

Probablemente era porque, luego de añorar la libertad por tres años, ¿al fin tenía un rayo de esperanza?

Pero ahora que era libre, ¿qué seguía…?

¿Qué debía hacer después?

Tomó su teléfono y miró los contactos. Todos eran sus amigos, pero ahora nadie despertaba en él el deseo de hacer una llamada para charlar un rato. Aunque justo cuando estaba a punto de dejar su teléfono a un lado, este comenzó a sonar.

Era Li Bowen.

Sun Wenqu frunció el ceño y atendió la llamada.

—¿Oh? —dijo Li Bowen en el teléfono—. ¡Pensé que no contestarías el teléfono a estas horas!

—Me levanté temprano. —Sun Wenqu abrió la cortina, todavía de pie junto a la ventana.

—Te recogeré por la noche —dijo Li Bowen—, ya reservé las mesas.

—¿Quiénes más? —preguntó Sun Wenqu.

—¿Quiénes más podrían ser? Solo ese grupo de personas que lleva mucho tiempo esperando a que salieras —respondió Li Bowen—. Al principio, quería pasar por ahí, pero seguía sintiendo que no podía ser tan casual, tengo que invitarte a una buena cena de…

—Sí lo dices así, cualquiera pensaría que me pasé los tres años escondido aquí —suspiró Sun Wenqu.

—No hay mucha diferencia, ¿no? —Li Bowen se rio—. ¿Sigues usando este número? Es que les dije a los demás que mejor no te llamaran, temía que el Maestro te lo hubiera confiscado.

—Ya regresé —dijo Sun Wenqu, luego pensó en la ropa que encontró ayer y en los artículos de tocador medio usados—. ¿Hay alguna cosa que quieres que te lleve?

 

—¿Que me traigas? —Li Bowen estaba atónito, y luego de una pausa de dos segundos, volvió a reírse—. No es necesario, solo tíralo.

—Oh —respondió Sun Wenqu.

—Déjame decirte, si no hubiera pasado por allí a menudo —comenzó Li Bowen con cierto disgusto—, no sé cómo hubiera dejado Ma Liang tu casa.

—Oh. —Sun Wenqu no dijo nada más.

—Entonces… —Li Bowen parecía un poco avergonzado—. Te llamaré cuando vaya por ti por la tarde.

—Mm —respondió Sun Wenqu de nuevo.

—Entonces, así quedamos. —Li Bowen colgó.

Sun Wenqu se cambió de ropa y salió para desayunar algo. Sin embargo, desde que salió, su teléfono no dejó de sonar, con llamadas de hombres y mujeres, todos viejos amigos que preguntaban si ya había regresado y proponían reunirse.

Probablemente ya habían sido informados por Li Bowen.

Todo el tiempo que estuvo en las montañas, esas personas no se habían puesto en contacto con él.

Cuando lo dejaron en  ese lugar, su padre le confiscó el teléfono, y el gerente Zhang le entregó un teléfono fijo local, que solo tenía señal dentro del pueblo. Fuera de ahí no servía para nada, era incluso peor que los de los obreros que trabajaban en la excavación.

El único número que podía recordar, sin usar la memoria del teléfono, era el de Ma Liang.

Aunque no sabía qué truco usó Ma Liang para conseguir recuperar su teléfono confiscado, cuando lo hizo, Sun Wenqu no le pidió que le enviara los contactos que tenía. En ese momento, su entusiasmo por competir con su padre fue avivado por la vida en ese lugar apartado.

«¿Que vaya a las montañas? Pues voy a las montañas».

«¿Tres años dices? Pues tres años serán».

«¿Que no contacte a mis amigos? Pues no los contacto».

¿Acaso se moría de aburrimiento?

Desayunó en un local frente al complejo de viviendas y al mismo tiempo respondió una docena de llamadas que iban y venían, lo que lo salvó de su estado de ánimo infeliz debido a Li Bowen.

Al mismo tiempo, también fue rescatado de su anterior estado de vacío. Esas personas y voces conocidas, junto a sus formas familiares de hablar, le hicieron recuperar pronto sus antiguos sentimientos. Aunque no podía considerar un «amigo cercano» a ninguna de esas personas, no le importaba, para Sun Wenqu, esto no era nada más regresar a la vida a la que estaba acostumbrado.

La cena se organizaría por la noche, pero no se habían visto en algunos años, por lo que Sun Wenqu estudió su imagen en el espejo con detenimiento y, finalmente, decidió llamar al estilista que Sun Jiayue le había recomendado para que le arreglara el cabello.

Había tirado la tarjeta de presentación sobre la mesa sin darle una sola mirada. Cuando volvió a tomarla y estaba a punto de hacer una llamada, vio que el estilista no se llamaba Tony o Kevin, ni Andy ni Peter…

Se llamaba Xiao Ji.[2]

¿Una chica?

—¿Xiao Ji? —preguntó Sun Wenqu al hacer la llamada, sintiéndose un poco incómodo. Tenía la ilusión de que la otra parte comenzaría a cacarear como una gallina en el momento en que abriera la boca.[3]

—Sí, ¿y usted es? —Xiao Ji era hombre; su voz era muy masculina, en nada parecida a un pío-pío.

—Sun Jiayue me dio tu número… —dijo Sun Wenqu.

—¿Un amigo de la hermana Jiayue? ¿Cuál es su nombre? —preguntó Xiao Ji de inmediato. Por su tono, debía estar muy familiarizado con Sun Jiayue.

—Sun Wenqu.

—¿Es Sun-ge[4] quien se va a peinar? ¿Hoy? Tengo tiempo por la tarde —dijo Xiao Ji con entusiasmo—. Oh, su apellido es Sun… Usted es el hermano menor de Jiayue…

—Sí —lo interrumpió Sun Wenqu—. Entonces ven esta tarde.

Después de darle la dirección, enseguida colgó. No soportaba hablar demasiado con extraños que se comportaban de una manera tan familiar.

 

 

***

 

 

—Me engañaste. —Fang Chi estaba sentado en la primera fila del autobús, desde donde había llamado a Chen Xiang. Detrás de él estaban sentados más de treinta señores y señoras que parloteaban entre ellos en voz alta, y algunos incluso habían comenzado a cantar a todo pulmón.

—¿Cómo te engañé? —Chen Xiang se rio.

—Dijiste que era un grupo de tontos, pero obviamente este es un grupo de ancianos.

—También me acabo de enterar, no sabía… Oye, tienen más o menos la misma edad que yo. —Chen Xiang debió escuchar los cantos desafinados y se rio con más ganas—. ¿Qué pasa? Oh, ¿prefieres los grupos de tontos?

—No dije que los prefería. No te burles de mí. —Fang Chi ladeó la cabeza y miró por la ventana—. Solo entré en pánico.

—Esos ancianos están en buena forma. Por lo general, practican senderismo y ciclismo, no te será difícil llevarlos —dijo Chen Xiang—. La próxima vez te presentaré a un grupo de jóvenes.

—Tengo que estudiar después del Año Nuevo, no… —Antes de que Fang Chi terminara de hablar, una señora detrás de él se puso de pie de repente.

—Ay, Xiao-Liiin —gritó.

—Dios mío. —Fang Chi estaba tan asustado que casi se golpea la frente contra el vidrio de la ventana. Miró hacia atrás y descubrió que la señora estaba llamando a otra persona de la última fila. Dejó escapar un suspiro y bajó la voz—. Por poco se me sale el alma.

—También me asustó. —Chen Xiang se rio durante mucho tiempo—. Oye, ¿acabas de decir que ibas a estudiar?

—Voy a dar el examen de ingreso a la universidad el año que viene, solo falta medio año —dijo Fang Chi—. Cuando pedí permiso hoy, el director no dejaba de mirarme como si estuviera viendo a un futuro alumno sin futuro.

—Si no me decías, me habría olvidado que es tu último año —suspiró Chen Xiang—. Diablos, te he visto crecer.

—Y yo te estoy viendo entrar en la vejez. —Fang Chi miró hacia atrás de nuevo—. Oh, colgaré, ya casi llegamos.

Fang Chi no era un guía profesional, pero había estado yendo al club de aventuras al aire libre de Chen Xiang. Y estos lugares eran a los que solía ir a menudo, estaba familiarizado con ellos. Así que, al principio, como Cheng Xiang no tenía suficiente personal, solía pedirle ayuda. Luego, de manera gradual, le pidió que se encargara directamente.

Pero este era un trabajo duro, cansado y nada divertido.

—Caminaremos desde aquí en un rato. —Una vez que el automóvil entró en la montaña, se detuvo en un lugar al borde del acantilado que había sido nivelado y pavimentado con escombros. El líder del grupo se aclaró la garganta y continuó hablando—: Primero tenemos que caminar un rato por el camino sinuoso cuesta arriba antes de entrar en la montaña. Traigan sus cosas, revisen sus zapatos de nuevo, el camino no es fácil, tengan cuidado de no tropezar…

Fang Chi se paró debajo de un árbol al costado del camino y los escuchó sin decir una palabra, con su mochila a los pies. Su equipo era mucho más profesional en comparación al de los miembros del grupo. Varias señoras se quedaron mirándolo durante mucho tiempo.

—Este es nuestra guía de senderismo para seguir el río, Fang Chi. —El líder del grupo se giró y lo señaló—. Está muy familiarizado con este lugar y les recordará a todos las ubicaciones especiales…

Fang Chi se acercó a los miembros del grupo y asintió a modo de saludo. Este grupo no estaba mal. Si los miraba mejor, probablemente estaban cerca de los cuarenta y tantos. No eran tan interesantes como los grupos de jóvenes, pero seguía siendo mejor que un verdadero grupo de ancianos. Por supuesto, los verdaderos ancianos, por lo general, no vendrían a pasar la noche aquí.

El líder volvió a explicar brevemente las precauciones, y luego todos recogieron sus respectivos equipajes y comenzaron su viaje por el sinuoso camino en dirección a la montaña.

El líder del grupo y Fang Chi no estaban familiarizados entre sí y no tenían nada que decirse, así que Fan Chi caminó en silencio al frente, escuchando la charla de los miembros del grupo detrás de él.

Los primeros veinte minutos fueron muy animados, pero después de media hora, ya casi no había nadie hablando. Aunque el camino sinuoso era llano, seguía siendo muy empinado y era agotador incluso dar un solo paso.

Fang Chi miró hacia atrás; aunque estaban en silencio, se podía ver que estos ancianos hacían ejercicio con regularidad, ya que todavía caminaban con mucho vigor.

Después de andar durante casi una hora, Fang Chi se detuvo.

—En la siguiente curva… —A mitad de su discurso, su teléfono comenzó a sonar, lo sacó y le echó un vistazo. Era Fang Ying—. Si seguimos a esta velocidad, estaremos en la entrada de la montaña en unos quince minutos.

—Vamos a buscar a Sun Wenqu por la noche, ¿de acuerdo? —dijo Fang Ying en el teléfono—. Creo que hoy cenará con alguien…

—No puedo volver a la ciudad hoy, traje gente a las montañas —repuso Fang Chi.

—¡¿Qué?! —gritó ella—. ¡¿No dijiste que lo buscarías de nuevo en estos dos días?!

—Regresaré mañana. —Fang Chi ya había sabido que Fang Ying le gritaría.

—Mañana… —Fang Ying pensó por un momento—. Entonces mañana, mañana por la noche, pero hay que llegar temprano, para bloquearlo en caso de que vuelva a salir.

—Mmm… —El rostro impaciente y desdeñoso de Sun Wenqu flotó ante los ojos de Fang Chi, haciendo que su humor se hundiera un poco.

 

 


 

Notas:

[1] Lo que Ma Liang quiere decir es al inicio es (土尔其菜 – comida turca), pero se traba en la primera palabra (土), que por sí sola puede traducirse como rústico, burdo, sucio, no sofisticado, etc. Es por eso que Sun Wenqu le responde con «tú eres el burdo». 

[2] Traducido literalmente como «pequeño lamento». También un personaje de ficción: Chii (小叽) es la heroína del manga “Chobits” y sus obras derivadas creadas por el grupo de caricaturistas japonesas CLAMP en 2000.

[3] Aquí Sun Wenqu en realidad está diciendo «pollito», ya que (小鸡 – xiǎojī) suena igual a (小叽 – xiǎojī). ¿Sun Wenqu viendo pollos por todos lados? Nah…

[4] El término “哥” (gē) en chino significa “hermano” y se utiliza comúnmente para referirse a un hermano mayor o como un término amistoso entre hombres. También puede expresar cercanía o camaradería.

 

 

 

 

Traducido por alekmma
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