SUN WENQU ESTABA sentado en la silla mientras Xiao Ji lo miraba y daba vueltas a su alrededor.
—No te has arreglado el cabello por lo menos en un año, ¿verdad? ¿No lo has cuidado? Ya casi te ves como un hongo. —Antes de que Sun Wenqu pudiera responder, llamó a su asistente—: Amy, tráeme esa bolsa.
—Tres años —dijo Sun Wenqu.
Aunque el estilista no se llamaba Tony o Kevin, ni Andy ni Peter… su asistente todavía eligió de entre Lucy o Selina, Amy o Hellen.
La apariencia de este Xiao Ji no coincidía con su nombre. Era una persona bastante transparente y brillante, tenía bigote, y su cabello estaba rapado en un círculo. También había una pequeña trenza en la parte superior de su cabeza, y su cabello estaba teñido de azul. Tanto sus cejas como sus orejas estaban adornadas con brillantes piercings metálicos.
—Sun-ge. —Xiao Ji se giró hacia él de nuevo, se inclinó y lo miró sin pestañear por mucho tiempo—. Tienes un rostro atractivo, con un estilo bastante occidental, ¿qué te parece si te tiñes el cabello y pruebas un estilo más llamativo y de moda?
Sun Wenqu miró la pequeña trenza azul que tenía sobre la cabeza y se quedó en silencio un momento antes de hablar:
—No.
Xiao Ji se vio un poco decepcionado por la breve respuesta, pero eso no afectó la calidad de su servicio. Después de confirmar con Sun Wenqu que solo necesitaba un corte de cabello corto y que el estilo solo tenía que alejarse del «toque mágico del barbero del pueblo», comenzó a trabajar con seriedad.
—Dicen que los verdaderos chicos guapos son los que se atreven a mostrar su frente. Está bien si muestras tu frente —explicó Xiao Ji sus ideas de diseño mientras cortaba—, pero con tu cara, un poco de flequillo quedaría mejor…
—¿Me hablas a mí? —preguntó Sun Wenqu.
—Sí —respondió Xiao Ji.
—No es necesario que lo hagas, solo corta.
—Oh, bueno —asintió Xiao Ji—. Pero el flequillo no puede ser muy largo…
Sun Wenqu lo miró, pero Xiao Ji miró a su asistente a un costado.
—Estoy hablando con Amy ahora.
—Mmm, si es largo no se verá bien —respondió Amy en voz muy baja a un lado.
El servicio de estilismo de Xiao Ji valía su precio, aunque le tomó más de tres horas dar vueltas y vueltas mientras hablaba y hablaba antes de que terminara. Sun Wenqu incluso se quedó dormido varias veces durante el proceso y casi se apuñala con las tijeras.
—¿Qué tal? —preguntó Xiao Ji—. ¿Te gusta?
Sun Wenqu se miró en el espejo y asintió. A pesar de que este tipo hablaba mucho, era realmente bueno en su trabajo. Su «yo» en el espejo cambió al instante, pasando de «llegado del campo» a «citadino a la moda».
—Sun-ge, sigo pensando que deberías probar un color más brillante —comentó Xiao Ji mientras empacaba sus cosas—. No siempre vistas de negro. Con tu tipo de piel, puedes usar ropa más colorida.
Por alguna extraña razón, Sun Wenqu se imaginó a sí mismo usando una camisa y medias rosas… Tosió.
—Oh.
Después de terminar de empacar sus cosas, Xiao Ji clavó sus ojos en él y dio un para de vueltas a su alrededor. Después de salir, se aferró al marco de la puerta y agregó:
—Cuando tu cabello vuelva a crecer, recuerda llamarme para que venga a arreglarlo. —Solo entonces bajó las escaleras.
Sun Wenqu tenía un poco de sueño, pero no tuvo tiempo de dormir mucho, ya que Li Bowen lo llamó solo después de media hora.
—Estoy en tu puerta, ¿entro a esperarte o…?
—Ya salgo —respondió Sun Wenqu. Se puso de pie y fue al dormitorio. No quería dejar que Li Bowen entrara más a su casa.
Con tu tipo de piel, puedes usar ropa más colorida.
Sun Wenqu pensó en las palabras de Xiao Ji, miró la ropa oscura y gris en el armario y chasqueó la lengua, luego sacó una chaqueta negra, se la puso y salió.
Habían pasado tres años desde la última vez que se vieron, y Li Bowen había engordado. Pasó de ser delgado como una aguja de tejer a parecer palillos chinos, pero no hubo muchos otros cambios significativos.
Cuando Li Bowen lo vio, gritó de manera exagerada y corrió hacia él para darle un fuerte abrazo. Sun Wenqu tuvo que empujarlo un par de veces antes de poder liberarse de su agarre. Según el estilo de Li Bowen, era capaz de plantarle un beso si no lo apartaba.
—Mírate, has perdido tanto peso. —Li Bowen dio un paso atrás y le dio una fuerte palmada en el hombro—. ¡Tendrás que comer más carbohidratos esta noche!
—Sube al coche. —Sun Wenqu se acercó al auto y abrió la puerta del copiloto, quedando atónito.
Una chica estaba sentada dentro, sonriéndole, un poco avergonzada.
—Ella es mi novia, Zhao He. —Li Bowen se acercó para presentarlos—. Este es mi mejor amigo, ya te he hablado de él, Sun Wenqu.
—Sun-ge —saludó Zhao He.
—Hola. —Sun Wenqu le devolvió el saludo, abrió la puerta del asiento trasero y subió al auto.
La tal Zhao He se veía promedio, pero parecía bastante tranquila. Muy del estilo de Li Bowen; una chica buena de su casa. Probablemente la ropa que encontró en el armario era suya.
Era solo que, al recordar el miserable uso de los artículos de tocador dejados en su baño —y que no parecían coincidir con la apariencia de esta chica— volvió a sentirse algo incómodo.
Ni siquiera se molestó en decir una palabra en todo el camino.
Pero su mal humor se disipó después de llegar al restaurante. Li Bowen y él fueron los últimos en llegar; dentro del palco privado ya había una docena de personas que gritaron tan pronto como abrieron la puerta.
En el momento en que esas voces golpearon su rostro, Sun Wenqu encontró esa inexplicable sensación de seguridad mezclada con la pereza e irritabilidad perdida hace mucho tiempo.
Aunque le mencionó este sentimiento a Ma Liang antes, él lo atribuyó a su falta de motivación.
Fuera de la vista, fuera de la mente.
No sabía bajo qué circunstancia sería visto como alguien motivado. Según su familia, sus viejos amigos y todos en general, su motivación tendría que ser seguir a su padre como alfarero.
Debido a que su padre era un Maestro, el hijo de este seguramente tendría una comprensión más allá de lo que la gente común pudiera ser capaz de entender. Así que debía seguir ese camino hasta el final.
Sun Wenqu no recordaba cuándo comenzó a odiar la alfarería. Casi desde el inicio seguro… Quizás fue cuando tenía diez años, al hacer esa vasija que hizo que todos pensaran que había nacido para eso.
A partir de entonces, la relación con su padre parecía haberse deteriorado.
Sintió un poco de irritabilidad incontrolable al pensar en ello, sobre todo cuando se sentó y Luo Peng se inclinó contra él, pasándole un brazo por los hombros y sosteniendo un teléfono frente a sus ojos.
—Wenqu, mira esta tetera…
—Piérdete. —Sun Wenqu de repente se enojó un poco cuando vio la tetera de arcilla morada en la pantalla del teléfono, que no tenía ningún valor apreciable, y empujó a Luo Peng lejos.
—¿Es que eres estúpido? —Li Bowen se acercó y tomó el teléfono de Luo Peng, lo miró y luego lo regañó—: Mierda, sabes perfectamente que le molesta esto, ¿y justo cuando acaba de regresar le enseñas esto? ¡¿Tienes agua en el cerebro?!
Luo Peng suspiró y chasqueó la lengua varias veces.
—Wenqu, tu mal genio no ha cambiado ni un poco.
—Y tú, sin un poco de tacto, como siempre —dijo alguien entre risas.
—Maldita sea. —Luo Peng volvió a suspirar.
—Te voy a mostrar lo que significa tener tacto. —Li Bowen le dio una palmada en el hombro y caminó unos pasos—. ¿Dónde están?
—¡Aquí! —Alguien le entregó una gran caja larga de madera.
Li Bowen la tomó y la puso en la silla al lado de Sun Wenqu.
—Esto es para ti.
—¿Qué es? —Sun Wenqu movió los dedos sobre la caja y la miró; era de un marrón oscuro y estaba tallada con flores. La mano de obra era impecable.
—¿No lo reconoces? —Li Bowen sonrió.
Sun Wenqu también sonrió.
—Gracias.
—Ni lo menciones. Mi papá lo encontró, no sé dónde fue para conseguirlo. —Li Bowen se sentó junto a él y se estiró—. Hasta pareces su verdadero hijo… realmente te envidio.
—Ve y trata de ser el «verdadero hijo» de mi padre durante unos días antes de envidiarme —replicó Sun Wenqu con voz apagada.
—No lo entiendes. —Li Bowen hizo un puchero y lo miró—. No entiendes cómo se siente.
—Lo que no entiendo es mucho —contestó Sun Wenqu. El comportamiento de Li Bowen no era normal, pero no tenía muchas ganas de tratar de averiguar qué le pasaba—. Si es así, entonces tengo que ir a ver a mi «verdadero padre». ¿Estará tu papá en casa los siguientes dos días?
—Sí, e incluso si no estuviera, con solo una llamada, él volvería a casa para esperarte. —Li Bowen levantó la cabeza y miró las luces en el techo de la habitación.
El padre de Li Bowen y su padre se conocían desde jóvenes, por lo que Li Bowen y él crecieron prácticamente juntos. La relación entre las dos familias había sido muy buena durante décadas.
Debido a esta relación, Sun Wenqu mostraría una apariencia neutral incluso si a veces estaba molesto con Li Bowen. Le agradaba mucho el tío Li, no era tan estricto y duro como su padre. Solía ser amable con los niños, especialmente bueno con él, por lo que siempre le había gustado charlar con él. [1]
Cuando todos estuvieron presentes, el camarero comenzó a servir la comida en el palco privado. La comida que eligió Li Bowen se adecuaba mucho a su gusto, varios de los platos incluso eran sus favoritos.
Sun Wenqu le dio unas palmaditas a Li Bowen.
—Qué considerado.
—Apresúrate y come algo —dijo Li Bowen—, serás torturado en un momento.
Sun Wenqu sonrió, sabiendo a lo que se refería Li Bowen.
Y, en efecto, apenas había conseguido comer algunos bocados cuando el grupo se reunió a su alrededor con las copas en la mano.
—¡Tres años sin vernos, al menos tenemos que beber unas cuantas copas juntos!
La resistencia al alcohol de Sun Wenqu era promedio; por lo que solía beber solo vino tinto, pero hoy cada copa que le ofrecían era de licor blanco. Después de beberse unas cuantas de golpe, su estómago comenzó a arder, sintiendo náuseas.
Por suerte, estas personas sabían cómo medir hasta dónde podían llegar. Todos entendían que, si presionaban demasiado a Sun Wenqu, este era capaz de voltear la mesa ahí mismo. Después de una ronda, volvieron a sus asientos y empezaron a comer y charlar tranquilos.
—Wenqu, cuando terminemos de comer, vamos a caminar un rato para bajar la comida y despejar la mente —dijo alguien desde el otro lado de la mesa.
—¿Eh? —Sun Wenqu se quedó perplejo. Según lo que solían hacer, al acabar la comida iban a otro lugar a seguir bebiendo, o a jugar a las cartas, generalmente al bar de Li Bowen. ¿Desde cuándo lo de «bajar la comida» implicaba algo diferente?
—Ahora tenemos un nuevo estilo de vida. —Luo Peng hizo un gesto con la mano para señalar a las personas en la mesa—. Todos ellos están a punto de entrar en la mediana edad…
—¡Tú eres el de mediana edad! —Zhang Lin, que había estado sonriendo a su lado, le dio un manotazo en el brazo—. ¡No eres quién para hablar!
—¡Eso, no eres quién! —rugió un grupo de personas.
—Zhang Lin, si vivieras en mi edificio, sin duda serías la reina del vecindario —dijo Sun Wenqu mientras tomaba un sorbo de té—. ¿Cómo que de mediana edad?
—Eso, exactamente… —Zhang Lin sonrió, aunque luego lo miró con curiosidad—. Espera, ¿qué significa eso de reina del vecindario?
—Es el título más alto en mi edificio —explicó Sun Wenqu, levantando los dedos mientras enumeraba—. Ahora mismo en mi edificio vivimos tres hogares: yo, una pareja de ancianos y un viejo viudo… Si tú vivieras allí, serías sin duda la reina del vecindario.
—¡Sun Wenqu, eres un idiota! ¡Ve a sentarte en una esquina! —le gritó Zhang Lin entre risas, señalándolo.
A Sun Wenqu le costó mucho comprender que este grupo de personas había transformado el palco privado con karaoke en un foro para discutir cómo mantenerse en forma. Pasaron del placer y el hedonismo al deporte, pero los gimnasios eran demasiado agotadores y, a fin de reflejar su naturaleza intrínseca a la moda, que no entonaba nada con la zumba, generalmente irían a clubes de actividades al aire libre.
—En un rato, iremos a un club campestre que queda en la parte trasera de la entrada del parque —informó Li Bowen—. Ahora siempre vamos allí para practicar la escalada en roca.
—¿Escalada? —Cuando Sun Wenqu escuchó esto, se reclinó en su silla al instante—. Paso.
—Vamos, tienes que probarlo, es bastante entretenido —dijo Luo Peng—. Yo voy seguido, y a veces hasta salgo con su grupo de senderismo…
—No voy —repitió Sun Wenqu. En lugar de colgar de una cuerda para escalar una pared justo después de comer, hasta preferiría beber junto a Li Bowen en su bar.
Sin embargo, su resistencia no sirvió de nada, ya que luego de la comida, este grupo de personas lo arrastró a la entrada trasera del parque. Ni siquiera tuvieron que manejar.
El club era enorme. Resultó ser la sede, y se decía que tenía varias sucursales más. Como la sede estaba cerca de las pequeñas montañas en el parque, había lugares al aire libre para practicar la escalada en roca. En comparación con los que solo contaban con instalaciones artificiales en el interior, aquí acudía muchísima más gente.
Hoy no era fin de semana, pero era de noche, así que todavía había montones de personas. Tan pronto como entró por la puerta del club, vio a algunas personas colgadas en la ladera de la montaña; y más adentro, había unos siete u ocho moviéndose de un lado a otro en las rocas, entre ellos, niños.
—Ay… —Sun Wenqu sintió un ligero mareo. Podía ir al gimnasio todos los días, pero este tipo de deporte no le interesaba en lo más mínimo—. Con solo colgarme ahí cinco minutos, seguro que vomito todo lo que acabo de comer.
—¿No quieres intentarlo? —le preguntó Li Bowen.
—No. —Sun Wenqu sacudió la cabeza con firmeza—. Con mirarlo me basta.
Había entre seis y siete personas dispuestas a participar en esta «actividad de fitness». Todas las chicas querían probar, así que fueron juntas a cambiarse de ropa. Sun Wenqu y otros cuantos que habían bebido un poco más se quedaron a un lado, observando.
El instructor era un hombre de mediana edad con buena figura, y parecía estar bastante familiarizado con algunos de ellos. Quizá realmente venían aquí a menudo.
Sun Wenqu se sentó, miró a su alrededor por un rato y, sintiendo que no había nada fuera de lo común, se levantó para recorrer el lugar.
La mayoría de los chicos que entraban a este salón estaban vestidos con un equipo de escalada muy formal, y algunos de ellos trepaban por las paredes con bastante agilidad.
Sun Wenqu se detuvo en el borde del área y notó una pared llena de fotografías. servía para mostrar las diversas actividades al aire libre organizadas por el club. Se acercó sin prisa para verlas.
El club había realizado muchas expediciones. Por las fotos, se veía bastante profesional: exploraciones, montañismo, rastreo de ríos… había imágenes de todo tipo.
Las miró sin demasiado interés, aunque parecía que la escalada era su especialidad, pues había muchas fotos relacionadas. Incluso contaban con un equipo profesional, y algunos entrenadores del club eran parte de él.
Todos tenían muy buen físico.
Sun Wenqu pasó la vista por las fotos y se detuvo en una en particular.
Esta era una imagen de espaldas, con alguien colgado en un acantilado cuyo lugar no podía identificar. No se veía el rostro del escalador, pero la postura enérgica y fluida con la que trepaba llamaba la atención. Tenía brazos y piernas largas.
Sun Wenqu se quedó mirando un buen rato.
—¿Quieres hacerte miembro? —preguntó Li Bowen. No sabía en qué momento había llegado a su lado.
—¿Por qué demonios haría eso? —Sun Wenqu le dirigió una mirada.
—¿Por diversión? —Li Bowen sonrió y puso una mano en la pared. Quién sabría si fue intencional o no, pero el lugar donde se apoyó fue la foto que estaba mirando—. Si vienes los fines de semana, muchos de estos entrenadores estarán aquí, ellos también enseñan.
—No me interesan estas cosas —dijo Sun Wenqu y salió del salón.
—¿Quién está diciendo que lo intentes de verdad? —repuso Li Bowen caminando detrás de él—. Han pasado tres años…
Sun Wenqu se detuvo en seco y se giró para mirarlo a la cara. Aunque no había un espejo aquí, supuso que la expresión en su rostro no era nada buena.
—Yo… —Li Bowen lo miró—. No dije nada.
Sin decir una palabra, Sun Wenqu regresó al sector al aire libre y se sentó junto a Luo Peng.
—¿Hay algo para beber aquí?
—Sí. —Luo Peng se puso de pie al instante, fue al congelador cercano y le trajo una botella de té negro helado—. Esto está bien, ¿verdad?
—Sí, gracias. —Sun Wenqu tomó un sorbo—. ¿Por qué no estás jugando?
—Acabo de volver de una ronda —respondió Luo Peng, tamborileando los dedos—. Esta cosa requiere mucho esfuerzo físico. ¿No vas a intentarlo? Te gustaba hacer ejercicio antes, ¿no?
—Paso. —Sun Wenqu siguió negándose en rotundo—. Esto ya no se trata solo de hacer ejercicio. Y después de beber, seguro me caigo y me ahorco nada más escalar un metro.
Luo Peng se rio con ganas por un largo rato, dándole algunas palmaditas.
—Ahora que estás de vuelta, ¿cuáles son tus planes?
—Ninguno. —Sun Wenqu miró a Zhao He, quien estaba tratando de trepar mientras gritaba que ya no podía encontrar un lugar para agarrarse. Li Bowen estaba bastante nervioso e inclinó la cabeza hacia atrás para animarla.
—En serio te envidio —suspiró Luo Peng—. Vives con tanta libertad.
Sun Wenqu sonrió.
¿De verdad?
***
Pasar la noche en las montañas no era nada inusual para Fang Chi. No era nuevo ni emocionante, y, por supuesto, no tenía nada de aterrador. Además, esta vez ni siquiera tuvieron que quedarse en una tienda de campaña. La cueva natural, que solía ser un buen lugar para acampar, aún no había terminado de ser renovada, así que se quedaron en una granja —que cerró— en la aldea de las montañas.
Aunque no sería exacto decir que cerró. Era solo que la granja estaba ubicada en las montañas y fue mal administrada, por lo que, generalmente, no estaba en funcionamiento. Pero un guía como Fang Chi solo necesitaba hacerle una llamada al jefe para ocupar el lugar.
Fang Chi podía quedarse dormido en cualquier lado, pero cuando fue al baño en medio de la noche, fue atrapado por un señor que no podía dormir y que le habló hasta las cuatro y media de la mañana. Tenía tanto sueño que cuando por fin pudo regresar a su habitación casi entró en la puerta equivocada.
Cuando regresó a la ciudad al día siguiente, tomó un taxi y se fue directamente a casa, sin siquiera pasar por el club para que le pagaran. Recuperar el sueño era más importante.
Al bajar del auto, todavía recordó comprar una lata de WHISKAS en una tienda de mascotas que quedaba en la entrada de la calle. Si no regresaba en toda la noche, Sir Amarillo se enojaría y había que persuadirlo, de lo contrario no dormiría bien.
El lugar donde vivía era alquilado, la renta era barata, pero el ambiente no era muy bueno; este viejo recinto ni siquiera tenía un portón y mucho menos administración, las alcantarillas incluso habían estado bloqueadas durante los últimos dos días y nadie se ocupaba de ello.
Fang Chi pisó los ladrillos —que solo Dios sabía quién había esparcido entre las aguas residuales como un montón de flores de ciruelo— y saltó sobre ellos hasta llegar a la entrada del pasillo. Estaba a punto de sacar la llave cuando miró hacia arriba y vio a Fang Ying sentada en su vehículo eléctrico, pareciendo perdida.
—Prima —la llamó Fang Chi—, ¿qué haces aquí?
Fang Ying siguió mirando al suelo, ni siquiera el gran movimiento de él saltando sobre las aguas la inmutó. Solo después de escucharlo hablar, levantó la cabeza de repente, con una expresión algo confusa.
—¿Ya volviste?
—¿Por qué estás…? —Fang Chi quería verificar la hora en su teléfono, cuando de repente vio un púrpura azulado en la esquina de los ojos de Fang Ying—. ¿Qué te pasó en la cara?
—No es nada. —Fang Ying se puso de pie—. Te he estado esperando aquí desde a… temprano en la mañana.
—¿Qué te pasó?
Fang Chi quiso inclinarse para mirarla a la cara, pero Fang Ying lo evitó rápidamente.
—Entremos y te cuento, ¿tienes algo para comer?
—Déjame hacerte unos fideos —dijo Fang Chi.
Como siempre, Sir Amarillo estaba sentado todo serio en el gabinete y la comida para gatos había sido esparcida por el suelo, la bolsa hecha pedazos.
Mientras Fang Chi cocinaba los fideos, se tomó el tiempo de abrir la lata de comida para gatos que compró y metió la mitad en el cuenco de Sir Amarillo. Después de comer, el gato soltó un maullido para expresar su satisfacción y luego se quedó mirándolo.
Se quitó la gorra y la tiró en el sofá de la sala de estar. Sir Amarillo corrió y se metió dentro.
—¿Quieres picante? —le preguntó Fang Chi a Fang Ying desde la cocina.
—¿Eh? —Fang Ying estaba sentada en el sofá como si estuviera en trance.
Fang Chi no preguntó más, terminó de cocinar los fideos y luego los puso frente a ella.
—¿Estás bien?
—Hum, dame un minuto. —Fang Ying bajó la cabeza y se comió los fideos.
Fang Chi frunció el ceño cuando vio los moretones en sus manos al sostener los palillos.
—¿Fuiste… a buscar a Sun Wenqu?
—¿Eh? —Fang Ying lo miró, pero volvió a bajar la cabeza de inmediato para seguir comiendo sus fideos, murmurando algo que Fang Chi no logró entender.
—¿Fuiste a buscarlo? —insistió Fang Chi.
Fang Ying frunció el ceño, giró la cabeza y no dijo nada.
—¿Te golpeó? —preguntó Fang Chi de nuevo.
Fang Ying hizo una pausa, pero no emitió ningún sonido.
—¿De verdad te golpeó? —Fang Chi estaba un poco sorprendido. No esperaba que el cabrón de Sun Wenqu en serio se atreviera a golpear así a una mujer—. Si no me lo dices, ¿cómo puedo ayudarte?
—Ah, no preguntes. —Fang Ying habló en voz alta, pero de manera vaga. Fue solo después de un rato que levantó la cabeza y, por fin, salió algo claro de su boca—: Xiao-Chi…
—Iré a buscarlo esta noche. —Fang Chi frunció el ceño.
Notas:
[1] La palabra usada es (叔- Shū) traducido literalmente como; tío. Término de dirección para referirse al hermano menor del padre; tío. O también para un hombre que tiene la misma edad (o más joven) del padre de uno.

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