Gian: -¿Estará en el baño?
Al darme cuenta, veo que alrededor de la cama, que está al lado del tocador, hay algunos troncos y bolsas de limpieza alineados que algún momento fueron traídos.
Y allí….
Gian: -Ah.
Veo que también está acomodado un traje Australiano en el gancho, recuerdo haber visto ese traje antes, claro es la ropa que llevaba puesta Luchino hace un momento.
Al lado de la cama, se encuentra un cambio de ropa dentro de una cesta. Tanto en el traje y el cambio de ropa, desprenden la temperatura corporal y el olor vivaz de Luchino.
Gian: -¿Se está bañando?
Deambulo por los alrededores de la amplia habitación metiendo en mi boca un chicle.
Resuena el sonido del agua caliente que proviene desde el cuarto de baño.
Regreso hacia el lado derecho dándole la espalda…. Recargándome sobre la pared de la chimenea vacía. De alguna manera no pude mantenerme tranquilo.
Justo cuando estaba echando un vistazo hacia las botellas de vino colocadas arriba de la chimenea, y las que están en la barra de bar….
Luchino: -Fuuuu….
Luchino sale del cuarto del baño con su cabello aún goteando.
Por cierto, se nota que la espalada y los hombros de este tipo son más amplias de lo que se logra apreciar vistiendo su traje.
Por alguna razón, siento que mi humor ha caído….
Gian: -Hey, ¿crees que si bebo este vino, me lo cobrarán?
Con una expresión de asombro y con su cabello mojado deslizándose en su cara, deja escapar una carcajada.
Luchino: -No hay manera que te lo cobren, idiota. No son bebidas de un simple Motel. Todo este edificio está rentado por nosotros ¿sabías?
Gian: -Parece que tendré que agradecerle a la familia. Veamos….
Comienzo a toquetear con mis dedos las bebidas mirándolas como si fueran unas piedras preciosas. Y atrás de mí….
Luchino saca una botella de agua mineral, bebiendo de ella con un impresionante sonido de sorbidos.
Por alguna razón ese sonido hace que literalmente mi humor cambie dejando la bebida. Y de nuevo vuelvo a caminar por los alrededores de la habitación.
Joder, me siento algo incomodo sin poder calmarme.
Gian: -H-hey….
Luchino: -¿Qué pasa?
Para tratar de esquivar mi estado de humor, digo algo que había estado pensando.
Gian: -¿Por qué tú…? ¿Por qué estuviste de acuerdo con compartir habitación conmigo? Si solo querías que aprendiera acerca del trabajo, creo que no hubiera sido problema si estuviera en otra habitación…..
Mirándome, Luchino pone una gran sonrisa.
Luchino: -Es porque esta habitación era la más lujosa. No hay mucha diferencia en que la ocupe una o dos personas. Así que puedo aguantarlo.
Gian: -¿Yo soy una simple diferencia? ¿Soy algo insignificante que puedes tirar?
Luchino: -Si no quieres que te tire, entonces más vale que le eches ganas al trabajo de mañana.
Luchino, sosteniendo su botella de agua mineral, cruza frente de mí con esa gran estatura suya. Whao.. me llega el olor a jabón y perfume.
Luchino: -Esta habitación es la más amplia de todas. Además mira eso, ¿no crees que es bastante agradable?
De repente, señala un lugar con sus dedos, camino hacia la ventana para mirar el exterior. ¡Whooo!
Y allí, se podía apreciar la vista nocturna de Daivan, aunque no se trataba de un millón de dólares, debo de admitir que la vista era bastante deslumbrante.
Luchino: -Desde aquí se puede apreciar la mejor vista nocturna. Aunque en las otras habitaciones se puede apreciar el mar y la puesta de sol.
Gian: -Con que vista nocturna eh….. no tiene chiste el mirar esto con un bastardo.
Luchino: -Eso es obvio. No tengo intención de estar mirando esta vista bebiendo champán contigo.
Sonriendo de una manera refrescante, Luchino se seca su cabello mientras se dirige hacia el tocador.
Luchino: -Puedes beber, pero sé moderado ya que mañana nos levantaremos muy temprano.
Gian: -¿Levantarse temprano? Uwaa…. Vaya manera de desmotivarme.
Luchino: -Tienes que aprender acerca del trabajo ¿recuerdas? Así que estarás por un tiempo viviendo a mi ritmo.
Gian: -Si, si….
Me dirigo hacia mi cama con el ánimo agotado. Luchino se va hacia la otra cama, aunque las dos tienen el mismo tamaño. Dejo caer mi trasero en la amplia cama.
Whou… está muy suave. ¿Las sábanas también son de seda? Se siente muy bien pensar que lo son. Bueno, es hora de dormir.
Luchino: -¡Oye! ¡No te duermas!
Gian: -¿Qué…? ¡¿Qué te pasa?! Me dices que tengo que acostarme temprano porque me levantaré temprano y ahora me dices que no me duerma. ¿Tratas de torturar con intimidaciones a tu compañero?
Luchino: -Te equivocas, idiota. ¡Date un baño antes de meterte a la cama! Mejor dicho… ¡Apestas! No me digas que….
Luchino: -¿No te has bañado durante todo este tiempo….?
Al torcer un poco mi cuello, Luchino señala con su dedo el cuarto de baño con una cara impaciente.
Luchino: -¡Apresúrate a lavar tu cuerpo, bastardo asqueroso! ¡De ahora en adelante te bañarás a diario!
Gian: -Eh…. ¿tanto apesto?
Luchino: -¡Apestas como a un perro que nunca se ha lavado! Esto es una orden, no… ¡es tú trabajo! ¡Si no te aseguras de estar limpio todos los días, te sacaré!
Como que… se está pasando con estas cosas alocadas que me dice. Refutando, me dirijo al cuarto de baño a regañadientes.
Todavía queda la humedad y el aire caliente del visitante anterior en el cuarto de baño. Y también, aunque es leve, todavía permanece el olor corporal de ese bastardo combinado con su perfume.
Pero, el lavabo así como el cuarto de baño, no está sucio. Está todo muy limpio. ¿Cómo decirlo? Ese tipo es muy meticuloso.
Preparo el agua caliente para verter en la bañera mientras me quito la ropa, cuidando de que no se vaya a mojar.
Gian: -¡Uhgyaaaahooo!
Suelto una voz torpe. Me siento mareado a la vez que siento recorrer el agua caliente desde mi cabeza hasta los pies.
Me quedo de esa manera por un rato. Bueno, creo que no está mal tomarse un baño de vez en cuando para alguien como yo que odia ducharse.
Deteniendo el agua caliente de la ducha, regreso al lavabo. Y allí, en el espejo empañado por el vapor, veo a un bastardo rubio pálido como si tuviera cáncer. Mientras seco mi cuerpo cierro por completo el grifo del agua caliente.
Mientras envuelvo mi cuerpo con una grande toalla, en algún momento al regresar a la habitación, Luchino se había quitado su bata de baño dirigiéndose hacia aquí.
Luchino: -Bien, a partir de ahora te bañarás todos los días.
Gian: -¿El tomar un baño todos los días tiene algo de bueno?
Luchino: -Los tipos que son apestosos, son odiados por las mujeres. No es mi hobby llevar conmigo tipos así.
Luchino, completamente desnudo se acuesta a medio cuerpo sobre la cama, mirando alguna clase de documento…. ¿Es una carta?
Al dirigirme hacia mi cama, Luchino deja de lado esos documentos rodando sobre la cama.
Luchino: -Apagaré la luz. Apúrate a dormir.
Gian: -Waa… espérate, todavía no he terminado de secar mi cuerpo.
Al meterme en la cama secando mi cuerpo y cabello, Luchino apaga las luces de la cabecera haciendo que de repente, la amplia habitación quede envuelta en una tenue oscuridad.
Envolviéndome en las sábanas, más allá de la penumbra, miro la cama del lado. Ve una gran silueta como si fuera una ballena girando.
Miraba la silueta de Luchino envuelto en las sabanas. ¿Ya se durmió?
Es inútil. Mi cabeza no para de dar vueltas…..
Viene a mi mente el sonido de los motores y disparos de cuando nos fugamos… Las imágenes de aquello pasan a través de mi cabeza como si fueran fotogramas de alguna película, y entre ellas aparece el rostro de cierta persona….
Las duras palabras que recuerdo de Luchino mientras este sonreía.
Y entonces, recuerdo el rostro del jefe y su espalda.
Pensando eso, ruedo dentro de las sabanas….
Alguien amable, me hizo el favor de apagar el interruptor de mi cabeza. Caigo profundamente dormido de tal manera que no puedo ni soñar.
Segundo día
Hnm…. Que ruidoso….
Gian:-Uuh…. Hnm…
Al principio pensé que estaba soñando….
Luchino: -Oye…. ¿Qué carajos estás diciendo?
Gian: -Eh…nm…este…hnmm.
Luchino: -Ya despierta. O ¿quieres que te tire de la cama?
Me despierto completamente al escuchar la voz de Luchino. Eh…. Todavía está oscuro fuera de la ventana….. Joder…. Tengo sueño…. ¿Qué hora es, joder?
Gian: -Buenos días…. ¿Qué pasa? Haciendo que me despierte tan temprano….
Luchino: -¿No te lo dije ayer? Te dije que te levantaría temprano para que me acompañaras. ¿No me digas que se te olvidó?
Ah…. Creo que dijo algo como eso….
Me levanto de la cama recordando mientras mantengo mis ojos cerrados. Maldición, si serás bastardo, Luchino. Iluminando de repente la habitación…. Mis ojos se han cegado haciendo que derramen lágrimas.
Gian: -No es que lo haya olvidado…. Maldición… ¿Qué hora es?
Luchino: -Son las 4:30 am.
Gian: -¡¿Haaaaaaaa?!
Lo que logré ver de alguna manera al abrir mis ojos, fue el traje de Luchino y el reloj en su muñeca.
Gian: -¡Dame un respiro! Sé que me dijiste que me tenía que levantar temprano, ¡pero tener que despertarme tan temprano!
Salgo de la cama con las ganas de preferir que Luchino me golpee, a que tenga que levantarme y alistarme. Luchino me arroja una manta al verme sin ropa interior.
Luchino: -¿Qué estás diciendo? Las personas en la ciudad ya comenzaron a trabajar. Además, ¿te lo dije, no? Que vendrías conmigo para enseñarte acerca de mi trabajo.
Gian: -¿Trabajo? ¿De que? ¿Acaso vas a comenzar a cobrar dinero a la iglesia?
Luchino: -Te daré cinco minutos. Lávate esa cara de adormilado y alístate.
Ese Luchino, me mira de una forma maldosa para luego ignorarme y salir de la habitación.
Gian: -Maldito bastardo~
Sin estar convencido, me dirijo al baño a lavarme la cara sin más remedio que susurrar en mi boca maldiciones como: maldito, mierda…..
Para el momento en que me alisté y salí de la habitación, parece que pasaron un poco de los cinco minutos que me impusieron.
Luchino: -Asegúrate de acostumbrarte a levantarte temprano. Eso es muy necesario si piensas seguirme en mi trabajo.
Gian: -No entiendo de qué va esto. Estaba seguro de que trabajabas en la noche…
Luchino: -No desayunaremos, tenemos que irnos. El auto nos está esperando abajo.
Gian: -¡¿Ha?! ¡Espera!
Acomodándose su fina chaqueta y elegante corbata, Luchino se voltea hacia mí señalándome con su dedo diciéndome algo grosero.
Luchino: -No pongas esa cara tan patética. Pon una buena expresión digna del futuro jefe.
Gian: -Entonces, deberías de ser un poco más respetuoso hacia tu futuro jefe.
Maldición…. Siguiendo a Luchino por el pasillo del hotel, sin importar cómo lo mire, parece ser un hermano mayor sin remedio.
Maldito.
¿Eh?
Lo que nos estaba esperando fuera del hotel era… un taxi común que hace paradas por la ciudad, y solo era ese único vehículo.
Frente a ese viejo auto que esta pintado de color amarillo tratando de imitar la moda de los taxis de Nueva York, se encontraba parado un nervioso chofer.
Gian: -¿Y tu auto?
Luchino: -Hoy iremos en este.
Gian: -¿Es enserio? Hahaha, ¿te quitaron tu auto por no poder seguir pagando el préstamo?
Luchino, ante mi broma. pone una sonrisa que ha hecho que alrededor de 100 señoritas de estos alrededores hayan caído por él, me dice:
Luchino: -¿Te lo dije ayer, no? Te mostraré de qué va mi trabajo, así que ya sube.
El chofer, que viene vestido con ropa vieja que pareciera que la tomó de un vertedero, pone una gran sonrisa abriendo una de las puertas del auto.
Por supuesto, que abrió la puerta del lado derecho, solo para Luchino. Maldito…..
Al momento en que Luchino y yo subimos a los asientos de atrás, el taxi comenzó a andar tambaleante hacia una avenida. Seguramente Luchino ya le había dicho cuál era el destino.
Mientras el taxi se deslizaba por la avenida de la torre que se encontraba al lado contrario del hotel según el mapa, me quedé en silencio mirando hacia el exterior de la ventana….
Y entonces, al ver a Luchino sacar un cigarro encendiendolo, decido hablar.
Gian: -Hey, ¿no te importaría al menos decirme hacia dónde vamos?
Luchino: -Primero iremos al puerto de Rock Fort. Después de ahí, iremos hacia el área antigua de la ciudad. Y debido a que alguien se quedó dormido, nos quedamos sin comer.
En silencio, le arrebato a Luchino su cigarro que había estado manteniendo girando entre sus dedos. Ante ese acto, me doy cuenta que el chofer ha puesto una expresión de terror al mirarlo por el espejo retrovisor.
Luchino saca de uno de sus bolsillos un nuevo cigarro encendiendolo, y en el momento en que le da una calada, parece recordar algo y comienza a buscar algo en su chaqueta.
Luchino: -Dale a este tipo la mitad.
Gian: -¿Qué es esto?
Recibiéndolo, me doy cuenta pasado un momento. Lo que acaba de sacar del banco en la zona del Este. Pero….
Luchino sacó de su bolsillo una moneda de 10 centavos. No era una moneda de plata de un dólar.
Gian: -¿Quieres decir que vaya a comprar un cigarro con esta moneda de diez centavos?
Luchino: -Cuando lleguemos al otro lado, estará bien que me imites. Vamos, ya mero llegamos.
El taxi gira hacia la derecha en el cruce del extremo sur, las nubes oscuras y el mar aparecen a la vista…. Que puerta ni que nada, ¿a primera hora de la mañana tenemos trabajo de contrabando?
Hay dos puertos en Daivan…. No, me equivoco, hay dos tipos de puertos.
Uno de ellos es conocido como el puerto de Daivan, este puerto es el que contiene una gran historia acerca de la ciudad, es el puerto más viejo. También es el puerto de comercio más grande que rivaliza en extensión con el de Estados Unidos.
Y el otro puerto…. Es el puerto de Rock Fort, al cual nos dirigimos Luchino y yo en taxi. Es un pequeño puerto pesquero. Esta es la cantidad de puertos que tiene Daivan que incluso se pueden contar con los dedos de las manos.
El olor a pescado podrido llega con la ventisca del mar…
Al igual que este puerto, se encontraban un pequeño, lamentable y sucio grupo de barcos pesqueros regresando del mar grisáceo embarcando en el puerto.
Los pescadores estaban igual de sucios, sin embargo sus voces eran vivaces, y yendo de allí y allá preparaban todo para descargar la pesca.
Luchino: -Es por aquí. Sonríe. Pon una expresión como si estuvieras dando un paseo matutino por el bosque.
Gian: -No digas cosas imposibles. ¿entonces? ¿Por qué hemos venido a este puerto aburrido?
Luchino: -A desayunar.
Gian: -¿Haa?
!Esa no es una respuesta! Antes de dejar salir por mi boca los gritos de mi corazón, Luchino comienza a andar por las piedras sucias sin preocuparse por que sus zapatos se ensucien.
Y entonces, a Luchino….
Pescador 1: -Ah, ¡señor!
Pescador 2: -Muy buenos días, señor.
Los ojos de los pescadores que iban y venían se detienen en nosotros, y entonces mi cuerpo se detiene en un instante. Luego fuimos inundados por saludos y sonrisas. Me quedo desconcertado…..
Luchino: -Buenos días. ¿Cómo sigues de salud, César?
Pescador 2: -Bien, gracias a usted. Estábamos a punto de partir.
Luchino: -Ah, tenga cuidado. Que la señora María y San Peter vayan con usted.
Saludando al lamentable viejo pescado el cual no le queda para nada su nombre, le da su mano para estrechar la mano escamosa del pescador sin duda alguna.
No me quedó más que mirar como idiota a ese Luchino. De igual manera, se voltea dando círculos para a saludar a la esposa del viejo pescador y a los demás pescadores.
Esposa: -¡Señor! ¡Don Gregoretti!
Pescador 3: -Señor, ¿Qué le trae por aquí hoy?
Pescador 4: -¡Señor, coma de nuestra langosta!
Whaau… que popular es. Los ojos de Luchino se movieron hacia mí, que desde antes ya me encontraba distraído sin saber si eran por celos o por ser testarudo.
Luchino: -Giancarlo. ¿Verdad que es un buen lugar?
Ha…. ¿Quieres presumir de tu popularidad?
Mientras Luchino mecía sus dos manos con una sonrisa en su rostro, se movía del sitio donde estaba con los pescadores, y por alguna razón, se dirigió hacia mi. Entonces, colocando su mano en mi hombro….
Luchino: -Claro, vayamos a comer, Giancarlo. Hay un excelente lugar.
Gian: -¿Eh?
Finalmente me doy cuenta de que Luchino me llama Giancarlo; por lo general no me llamaría así. Siento que está planeando algo…..
Entiendo que eso no es alguna clase de plan malicioso.
Me mostraba una mirada como algún familiar, pero… también como si fuera mi mejor amigo…. No, es diferente….. es como si me mostrara algo de respeto…..
Sin dejar que me adelantara, puedo entender que está tratando de caminar a mi lado. Y entonces, fui llevado por Luchino.
Nos dirigimos a una zona rodeada por algunos pequeños puestos de comida en la avenida del puerto. Desde los puestos, fijamente salía humo formando una neblina blanca. El humo de la comida se desprendía.
Gian: -¿Te referías a esto cuando dijiste que desayunaríamos?
Luchino: -Si. ¿Estás hambriento, verdad?
Es cierto que mencione que quería comer cuando estábamos en el hotel… pero, como que el humo de este pescado grasiento… hace que se forme un nudo en mi estómago.
Luchino: -Es verdad, hoy….
Luchino camina enfrente de los puestos de comida poniendo cara como tratando de elegir a cual ir. Ya veo, con solo hacer eso los dueños de los puestos ponen una cara reluciente.
Si será astuto. Ya entiendo, ahora comienzo a entender….
Luchino me lleva hacia al puesto que eligió, el cual contenía una gran olla de frituras.
Luchino: -Julian, ¿Cómo va la situación económica? Ah, hoy te pediré dos raciones.
Viejo del puesto: ¡-Oh, señor! Si, Si, espere un momento.
Mientras que el viejo se inclinaba varias veces con su cara roja, pone a freír algo en la malla, luego pone eso entre las rebanadas de pan que había rebanado. Y allí, agrega ensalada.
Y no fue todo, comienza a exprimir un limón. Con solo mirarlo, el morrión comienza a derretirse…. El viejo, al mismo tiempo que muestra una gran sonrisa de felicidad….
Luchino pone sobre la mesa del puesto grasiento, una moneda. Era una moneda de plata de un dólar
Viejo del puesto: -¡Cómo cree, señor! Dejarme esa cantidad…
Luchino le responde al viejo alterado con una sonrisa….
Luchino: -Con solo el olor, me abre el apetito. ¿Qué te parece, Giancarlo?
Gian: -Qué que me parece….
Luchino: -Cómetelo. No dejes nada
Al momento en que la comida del puesto le fue entregada, Luchino me susurra unas palabras en inglés teniendo cuidado de no llamar la atención. Y entonces, me doy cuenta.
Desde que llegamos a este lugar, Luchino se la ha pasado hablando en italiano. Con que este lugar es un puerto italiano…. Como había estado comportándose muy natural, no me había dado cuenta hasta ahora.
Gian: -Con que era eso…..
Por eso nos fuimos del hotel sin haber desayunado…. como si tuviera un guante de béisbol, tomó una porción rajándola en dos y luego la trago abriendo mi boca.
El sabor del pan no es como el que sirven en el hotel…. Y en ese momento… el aceite caliente…. ¿Esto es algo frito de algún molusco? Y… el fuerte limón
Luchino: -¿Qué tal? ¿Está bueno, verdad?
Gian: -Si, es un increíble pan.
Moviendo mi mandíbula, suelto esas palabras medio hechas. Luchino me susurra en inglés:
Luchino: -No vayas a escupirlo si no puedes comértelo. Si no puedes entonces escóndelo en tu bolsillo.
Gian: -Lo puedo comer…. Lo estoy comiendo…. Pero, qué pasa con este limón… su sabor es fuerte….
Después de todo traía el estómago vacío. Misteriosamente enseguida, la comida no identificada comenzó a caer suavemente en mi estómago.
Luchino y yo comenzamos a deambular frente a los mercados de pescados. Comienza a susurrarme en italiano para que nadie más a los alrededores no pudiera escuchar.
Después de un rato… un grupo de niños harapientos nos rodean.
Luchino, tomando la moneda de diez centavos de hace rato, les paga a los niños por su labor de limpiar sus zapatos sucios. Tratando de imitarlo, saco una moneda.
Gian: -Hahaha… veo que todos están muy animados.
Jugando con la reluciente moneda entre las puntas de mis dedos, los niños, uno por uno, comenzaron a extender sus sucias manos para que se la diera. Y pensar que esta pequeña moneda los alborotara dando gritos de júbilo.
Los ojos de los niños brillaban como si hubieran ganado una medalla al recibir las monedas que Luchino y yo les dimos.
Gian: -Y fue ese día, donde recibí algo más importante que el dinero, ¿algo así?
Pude ver la sonrisa habitual en el rostro de Luchino, al mirarme.
Luchino: -La parte que te di hace rato, reparteselos a todos aquí.
Gian: -Qué generoso eres… Viendo como está esto, tendremos que atacar el banco de la reserva federal en el camino de regreso a casa.
Luchino: -Qué buena idea.
Mientras hablábamos en inglés, nos pasamos del camino de los mercados de pescado, y entonces nos dirigimos hacia otro camino distinto para tomar nuevamente un taxi. En medio del escape del gas, los niños dispersados, corren para tratar de seguirnos.
Gian: -Haha, pareciera como si hubiera una boda sucia.
Diciendo cosas estúpidas en inglés, encendimos nuestros cigarrillos.
Luchino: -Al puerto sur de Daivan, hasta el puerto del distrito de Santa Cruz.
Chofer del taxi: -Por supuesto… ah. Gracias….
Después de decirle en inglés al chofer que parece ser español o mexicano, Luchino vuelve a guardar el paquete de billetes de un dólar en el bolsillo de su pecho.
Luego escupe unas palabras en italiano diciendo:
Luchino: -Este chofer tiene un buen trasero.
Gian: -¿Ha?
En un instante el auto queda en silencio. El chofer mirando directamente hacia adelante, suelta un gruñido parecido a una radio rota tratando de sintonizar
Luchino: -No hay reacción. Este tipo no entiende el italiano. Muy bien, ¿Qué te ha parecido tu primera clase?
Gian: -¿No crees que hubiera estado mejor que me lo hubieras dicho desde el principio? Decirme: iremos personalmente al puerto que forma parte del territorio del GD a dar una vuelta para saludar, y asi llamar la atención de la gente.
Luchino: -Solo la mitad es correcta. Y la otra….
Gian: -Lo entiendo. Quieres que piense por mi mismo cual es esa otra mitad ¿verdad?
Luchino: -Buen chico. Te daré una moneda de diez centavos.
Luchino saca una nueva moneda de diez centavos desde uno de los bolsillos de su chaqueta, mostrándola para luego entregarmela.
Luchino: -¿A cual puesto de comida quieres ir en el próximo puerto?
Gian: -¿Quieres comer de nuevo? Todavía siento lo salado dentro de mi boca…
Luchino: -¿Tan mal estuvo al que fuimos?
Gian: -Estuvo deliciosa si la comparamos con la siguiente comida que comimos en la prisión.
Luchino: -¿Y cuál es la siguiente?
Gian: -Los tubérculos que comimos en la cabaña de aquella montaña.
Luchino: -…. Fuh… hahaha.
Sorbiendo un poco del cigarrillo que ha estado fumando, Luchino sonríe. Al mirar esa jovial sonrisa que muestra abriendo grandemente su boca….. me pregunto… ¿Por qué será?
Me dan ganas de sonreír también como si fuera atraído.
El taxi se dirige hacia el otro puerto mientras nosotros hablabamos sobre temas estúpidos en italiano.
…………………………………………………………………………………………
Gian: -¿Este puerto no es pesquero?
Luchino: -Si. Es un puerto dónde hay grúas apiladas. Aunque la mayoría de los comercios de Daivan utilizan este puerto….
Gian: -Parece ser que para ti, este puerto es el más importante
Luchino: -Exactamente. Bernardo es el encargado de manejar los grandes giros monetarios de las mercancías. Yo me encargo de manejar los impuestos de los comercios de aquí.
Luchino comienza a saludar a no se cuantos apestosos marineros y capitanes, para luego hablar sobre temas de transacciones que solo ellos pueden entender.
Mientras tanto, yo…. me colocó al lado de Luchino de tal forma que el viento no me pueda dar, mirando hacia abajo. Me quedo en silencio parado detrás de él.
¿Quiere decir que también ponga ese tipo de expresión?
Luchino, apartándose del embarcadero, mientras camina hacia uno de los puestos de comida, llama la atención de los residentes al igual que en el otro puesto…. Acompañándolo, llegamos a un puesto donde comenzamos a comer algo parecido a ¿hot dogs?,
Gian: -Hnm… esto está muy rico, pero… joder… estoy muy lleno.
Luchino: -Sorprendentemente comes muy poco. Que remedio, ten…
Escondiéndose en la sombra de su propio cuerpo, Luchino extiende su chaqueta, sacando un condimento de comida desde uno de sus bolsillos para luego verterlo en mi hot dog.
Gian: -Parece que tu bolsillo es mágico. Puedes meter lo que sea y sacar lo que quieras de él.
Luchino: -Si, y si te comportas como un buen chico, podría sacar unos dulces para ti.
Después, nos dirigimos hacia otra zona de ese puerto. Luchino y yo caminamos hacia el muelle donde un barco fue azotado quedando solo pedazos de él.
Desde ese barco que parecía una masa de óxido, muy levemente se llega a notar la mezcla de cajas de maderas y contenedores sucios que parecen estar más sucios que los bloques de maderas del orfanato… También había varias personas igual de cansadas y sucias.
Gian: -¿Inmigrantes ilegales? Para decirlo de alguna manera, parece ser refugiados.
Luchino: -Si. La ley de inmigración cada vez se vuelve más y más difícil. Diciendo cosas como: “en este país libre, ya no son necesarios las personas pobres”, o algo así.
Luchino, saca desde el bolsillo de su chaqueta, una especie de tarjeta y unas monedas atadas para luego dármelos.
Luchino: -Reparte esto. Dale a los niños las monedas de la otra vez.
Gian: -¿Qué es esto? Whou
En las tarjetas dobladas venían impresas con el nombre, y mapa de una iglesia en la cual permite que hiervas el arroz gratis, en lugar de algún hotel barato.
Y, como bono extra…. No, ¿esto de aquí es munición real? Hay dos billetes doblados de cinco dólares. Y también, el contacto y nombre del CR5.
Gian: -¿Está bien esto?
Luchino: -¿El qué?
Gian: -¿Planeas arrojar cerca de 500 dólares aquí? Además, a personas que ni siquiera son italianas. ¿Nuestra organización es así de rica?
Luchino: -Se puede ganar aproximadamente 500 con solo trabajar en un bar ilegal.
Gian: -¿Enserio?. Haha… creo que comienzo a ver la esperanza de ser jefe en el futuro.
Luchino: -Démonos prisa a repartir esto. Porque todavía tenemos más que repartir.
Dejamos ese muelle….
Y luego nos subimos nuevamente al taxi que hemos estado usando desde antes.
Subiendo al taxi, este comienza a correr levemente. En eso, la voz de Luchino resuena desde el asiento delantero.
Luchino: -Primero vayamos al edificio del ayuntamiento frente a la plaza… después…. Ah, dobla esta esquina.
Luchando, rompiendo un pedazo de su caja de cigarros, escribe sobre él algo parecido a una lista. El chofer recibe ese pedazo sonriendo
Gian: -¿Cuánto más vamos a estar dando vueltas?
Luchino: -Tenemos que encargarnos de esto hoy. Mañana iremos a saludar a otros lugares. Nos llevará cerca de la noche dar unas vueltas por los establecimientos de bares.
Gian:- El domingo es un día de descanso ¿no?
Luchino: -¿Qué estás diciendo? Iremos temprano el domingo al culto, para luego seguir con las vueltas de saludos. Luego de que terminemos eso, le encargaré a mis soldados ocuparse de algo…
Gian: -¿Es en serio? ¿Quén fue el idiota que dijo que los mafiosos siempre estan libres?
Luchino: -Si deseas trabajar de nueve o cinco horas entonces deberías de convertirte en un empleado de algún trabajo decente. Luego…. Ahora que lo recuerdo, este es el día de descanso en la prisión.
Gian: -Esto es malo, no puedo ver la esperanza en el futuro.
Lo que significa que…. aunque gane muy bien por ser el jefe, ¿no tendré descanso ni tiempo libre para poder usarlo por estar trabajando?
Sintiendome hastiado, Luchino enciende un cigarrillo para luego tomar una gran calada de él.
Luego Luchino me introduce ese cigarrillo en mi boca. Sin muchas ganas de quejarme por la acción repentina que hizo, fumo un poco.
Gian: -Tsuk… maldición. Ah, es cierto, hace rato que quería preguntarte algo.
Luchino: -¿Hnm?
Gian: -Los inmigrantes de hace rato…. ¿no son italianos, verdad? ¿Por qué es necesario estar dando vueltas para entregarles dinero?
Luchino: -Ah, ¿ellos eran polacos? Como sea, no creo que se conviertan en soldados… pero, ¿Qué crees que pasaría si los dejamos así sin más?
Gian: -Si no se convierten en nuestros soldados…. Entonces, ¿se irán al GD?
Luchino: -¿Planeas hacer que un oso defeque en el bosque? Esa razón es obvia ¿no?
Luchino mira hacia fuera de la ventana, pasando sus dedos sobre su cabello. Aún no puedo entender que es lo que sus ojos miran.
Luchino: -Lo que quise decir con eso, es tratar de hacer que los inmigrantes no se dejen influenciar por el GD, y lograr hacer que se nieguen a querer formar parte de sus soldados. No es como si estuviera haciendo eso por caridad ni nada por el estilo.
Gian: -Heee..
Luchino: -Toma, mantén esto guardado. Sacalo cuando te diga que lo hagas.
Lo que Luchino sacó del bolsillo interior de su chaqueta, fue una libreta de cheques. Son gruesos cheques de las empresas afiliadas al CR5….
Gian: -¡Whaau!
Luchino: -Te mataré si los pierdes.
Gian: -Claro, claro… los cuidaré más que a mi vida.
Antes de llegar al Ayuntamiento, giramos hacia la calle frente a un bazar que ha estado abierto.
Deteniéndonos para pasar a saludar….
Después de eso, Luchino y yo fuimos a hacer una visita al culto en la iglesia católica.
Luchino: -Sería una gran salvación para nosotros si aceptan nuestra petición. Giancarlo, te encargo aquello.
Gian: -Ah… si.
Al entregarle el paquete de cheques que deliberadamente hizo que yo lo trajera, Luchino escribe allí algunos números, y en la parte trasera… ¡¿es enserio?! O eso quería decir…. Ha escrito demasiados ceros.
Oh, es una donación para la iglesia. Ya comprendo, el dinero que me enseñó hace rato eran monedas sueltas.
Ya veo, él hizo que mantuviera esta libreta de cheques, para que así se la entregara cuando él me la pidiera.
Luchino: -Muy bien, el siguiente.
Gian: -Ah…
Después de haber terminado de saludar y otorgar una donación a la iglesia, pasamos a saludar y entregar un cheque a una compañía de comercio situada sobre una pequeña calle.
Para cuando terminamos, ya eran cerca de las doce del mediodía.
Gian: -¿A dónde vamos ahora?
Luchino: -Regresaremos al centro de la ciudad. Como que ya se está sintiendo el hambre ¿no crees?
Gian: -Ah.. si, si. Vayamos a comer. Por cierto, estoy comenzando a entender de qué va tu trabajo.
Luchino: -¿Será cierto? Sabías que el pensar que has comprendido algo, puede llegar a ser lo más peligroso.
Gian: -Si, si…. cuando se trata de donar dinero a los pobres, usas monedas sueltas, pero cuando se trata de gente más elevada, utilizas los cheques.
Luchino: -Si, pero hay que tener mucha precaución al hacerlo. Si se comete un pequeño error a la hora de mostrar la contribución…. Puede que lleguen a rodearnos personas más insistentes y aterradoras que los guardias.
Gian: -Ya veo, es por eso que….
Luchino: -¿El que?
Gian: -Cuando se trata de manejar grandes cantidades de dinero, el peligro aumenta con un ¡Bum!. Puede que el crecimiento de tu cabello esté en peligro también.
Después de un momento de silencio…. Luchino con una gran sonrisa y yo subimos al taxi, dirigiéndonos hacia el centro de la ciudad.
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Gian: -Uwaa… que nostalgia…
El taxi hace una parada frente al monasterio de Santa Rita que se encuentra en el centro de la ciudad. Luchino y yo nos bajamos ahí.
Hermana 1: -Ah, ¡Señor Gregoretti!
La hermana que se encontraba justamente parada frente al monasterio, saluda a Luchino, y por un segundo, él esquiva su mirada.
Hermana 2: -Señor, ¿Qué le trae hoy por aquí?
¿Qué pasa con estas hermanas? De seguro Jesús ha de estar sufriendo de celos en el cielo por la atención de estas mujeres.
Luchino: -Buenas tardes, hermanas. Siento mucho venir a molestarlas cuando están tan ocupadas.
Hermana 1: -¡No, como cree! Siempre es un placer recibirlo.
Hermana 2: -Mire hacia allá, gracias a su donación de hace unos días, todos están muy felices.
Allí, se encontraban haciendo fila un grupo de personas sucias. Desempleados, vagabundos, personas que parecen ser cocineros apresurados en su trabajo y también, estaban un grupo de niños sucios rondando por ahí como si fueran pequeños gorriones buscando algo en una chimenea.
Todos estaban disfrutando de su modesta comida en una simple mesa.
Gian: -¿Es arroz hervido, eh? Lo que significa….
Si, si… vamos a comer allí.
Luchino: -Estoy muy agradecido. El que haya podido serles de ayuda con mi trabajo y rezos de esta manera, hace que mi corazón esté lleno de calidez.
Dicho eso, este galán coloca una mano en su pecho dando una profunda inclinación. Este bastardo…. Actuando todo genial…. Yo me vería como un idiota si tratará de imitarlo.
Las hermanas, al ver a Luchino, ponen una expresión atontada a punto de caer desmayadas. Hola, Dios…. Sus seguidoras están por caer en la tentación de perder su castidad….
Directora del monasterio: -Oh, señor Gregoretti.
Gian: -¡Gegh!
Y de repente, aparece frente a nosotros una silueta con una presencia muy pesada. Ha aparecido…. La dueña del lugar, no más bien… la gobernante.
Luchino: -Vaya, si es la querida directora, Teresa. Me alegro verla bien.
Directora del monasterio: -¿Ha venido de barbero como siempre? Y como es de costumbre, sabe muy bien cómo utilizar su lengua. ¿Oh? Y yo pensando quién podría ser…. Gian, ¿pero si es Giancarlo?
Como lo supuse, me descubrió en un instante.
Directora del monasterio: Vaya que ha pasado mucho tiempo, Giancarlo. Como que has vuelto a crecer. ¿Me pregunto cuántos años han pasado?
Gian: -Ah, hola. Cuánto tiempo sin verla, señora directora.
Gian: -¡Dueleeeeeeee! ¡¿Qué carajos estás haciendo tan de repente, maldita vieja bruja!?
Gian: -¡Hay! ¡Duele! Perdóneme.
Luchino: -Jaja, si que te han dado.
Esta maldita vieja dura, ¡no ha cambiado en nada! Y de la nada, un látigo aparece en su mano, el cual usa para reprender. Maldición, soy reprendido a pesar del largo tiempo que ha pasado sin vernos.
Directora del monasterio: -Giancarlo. Te he dicho muchas veces que no uses palabras tan vulgares al momento de hablar. Chico malo. Al menos deberías de aprender a hablar adecuadamente ahora que te has convertido en un yakuza.
Gian: -¿Yakuza?. Al menos llamame mafioso.
Gian:- ¡Ahhh! Si, si, si, soy un yakuza. Soy un yakuza vulgar y sin escrúpulos.
Directora del monasterio: -No debes despreciarte a ti mismo de esa manera. Tal vez para un trabajo no haya clase social, pero para un humano la hay. Toma conciencia de eso, y trata de vivir una vida decente.
Luchino: -Sus palabras son muy hirientes.
Gian: -Joder…. Siempre me trata como un niño.
Qué nostalgia siento al probar el sabor del látigo. No, no es que lo quiera sentir, pero este fue el lugar donde crecí. La persona que me crió en el orfanato del monasterio de Santa Rita, fue la directora.
Mis padres, al ser cortados brutalmente, fui recogido por la directora, la cual me llevó a su orfanato para criarme.
En aquel momento, pensé que era un lugar jodidamente de lo peor.
Pero ahora, después de haber visto otros orfanatos, puedo entender que este orfanato es un lugar dulce y amable en donde puedes vivir felizmente.
A excepción de las viejas brujas que castigaban.
Gian: -¡Duele! ¡¿Por qué me estás pegando?!
Directora del monasterio: -Puedo entender muy bien que ahora estabas pensando en algo perverso.
Joder, solo falta que pueda saber lo que hay dentro de mi estomago.
Ahora que lo pienso…. Nunca pase hambre ni frío en el tiempo que viví aquí
Pensé que eso era simplemente porque era el perro de la suerte. Pero, ahora….
El haber conocido varias cosas por estar pegado a Luchino, me hace pensar que la razón era otra.
Luchino: -¿Hn? ¿Gian, qué pasa? Ah, es cierto. Si no mal recuerdo, tú….
Gian: -¿Hn? Ah, yo fui un residente de este lugar, mira.
Señaló a los niños bulliciosos que se encontraban alrededor de la hermana que sostenía una olla de nabe.
Gian: -Yo fui uno de esos niños. ¿Pero qué pasa? ¿No me trajiste aquí por que sabías que fui residente de este lugar?
Luchino: -No lo sabía. Si lo hubiera sabido, te hubiera traído disfrazado de payaso y envuelto en una bolsa de regalo.
Gian: -Piérdete, imbécil.
Naturalmente, como el respirar, sacamos unos cigarrillos, y con el encendedor que traía….
Directora del monasterio: -Este lugar es un monasterio, ten en cuenta el lugar en el que estas.
Gian: -Perdoname, mamá.
Luchino: -Joder, hasta yo fui golpeado.
Después de ser reprendidos por la directora, decidimos rendirnos con los cigarros. Y como lo suponía, Luchino me lleva hacia donde están sirviendo la comida.
Luchino: -¿No es un sabor que te trae recuerdos? Come todo lo que quieras.
Gian: -Si. ¿Por qué no tienes cuidado en no derramar lágrimas por este sabor?
Mientras estábamos haciendo fila frente a la olla de nabe, los niños del orfanato estaban haciendo una rueda, corriendo y haciendo alboroto. Pareciera como si fueran a explotar por la curiosidad.
Agarro el plato de sopa que Luchino me paso, y con el ceño fruncido, huelo el aroma que se desprende del vapor. Además, esta sopa tiene encima especias que no me gustan.
Luchino: -Qué buena sopa. Esto esta igual de rico que la comida china que sirven por las mañanas.
Gian: -Hey, Luchino.
Luchino, me voltea a ver con una expresión de ¿hnm?….
Gian: -Sobre esta sopa, ¿no crees que se ve algo parecido a un insecto encima del arroz?
De repente, escucho un sonido de escupir.
Luchino: -Maldito, ¡diciendo ese tipo de cosas mientras estoy comiendo! ¡muérete!
Me río mientras esquivo los zapatazos que Luchino trata de darme en mi trasero. Sonrío como hace diez años cuando era un sucio mocoso y hacía este tipo de bromas sobre la sopa.
Gian: -¿Con que perro de la suerte, eh?
Luchino: -¿Qué te pasa tan de repente?
Gian: -No es nada. Más importante…. Al estar pegado a tu lado, aprendiendo acerca de tu trabajo, creo que me he vuelto más listo, ¿podrías calificarme?
Luchino: -Muy bien. Trata de decirlo. Si aciertas cinco te llevarás una radio, y si aciertas a todas te llevarás una lavadora eléctrica.
Gian: -No necesito una lavadora…. Estamos tratando de recuperar el territorio que nos fue robado por el GD durante nuestra estancia en prisión.
Gian: -El GD no lo ha hecho nada mal, le han ofrecido un apretón de manos a los italianos de estos alrededores, enviando unas lindas tarjetas de navidad sin importar que sean unos desconocidos y de esa manera han estado apoderándose de nuestro territorio.
Luchino: -Si, tú también has visto cómo ha estado yendo la situación en estos últimos días ¿verdad?
Gian: -Parece ser que estoy en lo correcto. Es por eso, que nosotros, los antiguos gobernantes de estos territorios, hemos estado dando vueltas tratando de caerles bien a las personas de los alrededores.
Gian: -Los del GD tambíen son yakuzas, nosotros también lo somos, lo que significa….
Luchino pone una expresión un poco tosca para tratar de contradecir mi postura y pensamientos como yakuza. Pero, aún así continuó.
Gian: -Que los ciudadanos deberán elegir entre los jodidos mafiosos. Elegir a los jodidos bastardos del GD, o elegir a los malditos del CR5. Es por eso que has estado actuando tan amablemente hoy haciendo todas esas cosas.
Luchino: -Te has ganado otro acierto, chico suertudo. Ah, aunque sea nuestro territorio, eso no significa que somos personas que estarán sacando dolarés para las personas como si nacieran del suelo
Luchino: -Si la situación de las personas que residen aquí mejora, nuestro personal aumentará. Hacer que esa situación mejore, y hacer pensar a las personas que fue gracias a nosotros, será aún mucho mejor para nosotros
Gian: -Pero tú, el estar dando vueltas a los alrededores, entregando las donaciones en persona en vez de encargarlo al personal del banco encargados de la contabilidad de impuestos, has hecho que cambien el dinero por cheques para así poder ir a saludar personalmente, donar y también hacer algunas amenazas ¿no?
Luchino: -Van tres correctas, ahora vamos por el bingo. Una vez que les entregamos el dinero, esas personas ya nunca vuelven a fingir ser unos desconocidos, es como si la vergüenza de entregar a una prostituta desapareciera rápidamente.
Luchino: -Es por eso, que lo que yo les entrego es un valor monetario. Haciendo eso en persona, logró hacer que ellos nunca olviden a la persona que les donó dinero. Y así, un día, ellos regresen el favor sin ninguna duda.
Luchino: -Nosotros somos de Cosa Nostra. Bueno, en pocas palabras, somos yakuzas.