Luchino (Escape) #03 (+18)

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En el momento que llegamos a la cabaña de la montaña ya era bien entrada la noche.

Nos sentimos en alerta máxima, comprobamos la cabaña para asegurarnos que no hubiera nada diferente desde que salimos en la mañana y que el auto todavía estuviera seguro. 

No podemos tener por más tiempo la gasolina abierta así que rápidamente la introducimos en el auto. El indicador de combustible sube. Una cosa menos de que preocuparse. 

Todos estamos llenos así que lo que queda es dormir. La ida y vuelta hacia el pueblo de Bowick nos ha dejado a todos cansados, así que decidimos dejar el orden de vigilancia igual que ayer. 

Todas las personas que van tras nosotros están reunidas en Suncreerk así que no hay de qué preocuparse. 

Me despierto por el sonido de alguien dando vueltas en sueño.

Trato de dormir nuevamente, pero me doy cuenta de que estoy sediento. Ahora que lo pienso, me encantaría beber agua caliente.

Me levanto y abro la puerta para salir. Mientras pensaba que había pocas personas en la cabaña….

Me dirijo hacia el pozo de la parte trasera. Es bien entrada la noche, pero creo que la oscuridad es más clara por la luz de la luna, que como había estado cuando regresamos del pueblo de Bowick. 

Gian: -¿Hnm?

Noto un punto de luz que está flotando en la pared trasera de la cabaña. Inmediatamente me doy cuenta de lo que es.

Luchino está apoyado en la pared fumando solo. 

Gian: -Hey…

Luchino: -……

Al darse cuenta de que estoy ahí, dirige su mirada hacia mí, pero se mantiene en silencio. Dejando a Luchino, me preocupo más por ir a sacar algo de agua para calmar mi sed.

¿Luchino tendrá problemas para dormir? Si es así, entonces tal vez no debería iniciar una charla con él.

Y como siento una fuerte mirada en mí. Me pregunto, si tal vez lo estoy molestando. 

Luchino: -Hasta luego y buenas noches.

Luchino sopla el humo de su boca y comienza a hablarme.

Luchino: -Me basta contigo.

¿Haa? ¿Qué pasa?

Luchino: -Ven aquí. 

Gian: ¿No vas a dormir, Luchino?

Luchino me hace señas con su mano así que comienzo a ir hacia él, y de repente me jala hacia él tomándome por mis hombros.

Gian: -¿Qué estás haciendo?

Me tira más fuertemente de los hombros dándome vuelta para luego ponerme contra la pared de la cabaña

Comienzo a pensar que esto puede ponerse feo al sentir como sus dedos me aprietan los hombros. ¿Está enojado por algo?

Luchino: -Espero que no hayas olvidado la vergüenza que me hiciste pasar hoy.

¿De qué habla?

No, ahora que lo pienso, creo que pasó algo….

Gian: -¿Te refieres a lo del lago?

Luchino: -Hey, ¿se te había olvidado?

Gian: -Es que como no te habías dado cuenta sobre aquello, se me hizo muy divertido. 

A medida que salen mis palabras, pienso “Mierda, ¿acabo de cavar mi propia tumba?”

Luchino: -Tú también estabas bastante frustrado así que estábamos en la misma situación ¿no?

Gian: -Es cierto, pero….

¿Por qué me has tomado por mis hombros para luego empujarme a la pared?

Gian: -Creo que con hacerlo por ti mismo una vez sería bueno. Ya que no sería muy bueno estar frustrado.

Luchino: -Tienes toda la razón, Y debido a eso está haciendo que no pueda dormir. Desde que recuerdo esta es la primera vez que he tenido mis bolas tan pesadas.

No me gusta como dice eso….

¿Y? ¿Qué pretendes hacer con mi cabeza pegada a la pared, señor Luchino?

Gian: -Espera, ya detente. ¿Qué te pasa? ¿Qué planeas hacer teniéndome así?

Luchino: -Mmm…. Tal vez con que intente satisfacer mis placeres a la forma antigua… 

Gian: -Has pensado en eso justo ahora ¿verdad?

Sin embargo, ahora que he entrado en el rango de la jerarquía, no puedo ir en contra de él. Justamente estoy en una situación que no es mi fuerte.

Las manos de Luchino dejan mis hombros. No me atrevo a tomar represalias, así que me quedo recargado contra la pared esperando que diga algo.

Luchino: -A mí me encantan las rubias.

Gian: -¿Haaa?

Luchino: -Date la vuelta tal como estás. Con esto me estoy refiriendo a que quiero hacer una de mis fantasías.

¡¿Qué?!

Luchino: -Tienes un hermoso cabello rubio. Incluso si eres tú, puedo satisfacer mi libido con solo ver la parte posterior de tu cabeza. Al igual que esta tarde.

Gian: -Esas palabras me sonaron masoquistas.

No puede contener mi sonrisa.

Luchino: -Vamos, apúrate a ocultar tu rostro. Y también…. Ah, cierto, muéstrame tu trasero.

Gian: -¡¿Qué?!

Con un jalón mis pantalones caen. El aire frío golpea mis nalgas desnudas. Siento la tensión de Luchino deslizándose en mí mientras estoy sorprendido. 

¿Por qué no estoy huyendo? ¿Por qué no grité? Perdí completamente la noción del tiempo.

Solo puedo orar por que alguien no venga aquí. Nunca podría vivir con orgullo si alguien me viera así.

He visto muchas veces este tipo de cosas en la cárcel. Tipos prestando sus manos a otros dejando que miren sus traseros mientras se masturban.

La mayoría de ellos en esa pose eran delgados, hasta lindos pareciendo como una mujer. Pero nunca pensé que terminaría haciendo eso también.

Gian: -Oye… ¿vas en serio?

Luchino: -La voz de hombre me desanima. Trata de hacer una voz linda.

Gian: -Aan, an.

Luchino: -Mejor quédate callado.

No puedo ver allí, pero siento un cambio en el aire justo detrás de mí trasero. Luchino bombea su propia cosa detrás de mí. 

Luchino: -Y pensar que llegaría el día que tendría que consolarme por mi mismo. 

Escucho suspiros viniendo detrás de mí, pero soy yo el que realmente quiero dar un suspiro.

Durante un rato, solo los sonidos de caricias rítmicas llegan a mis oídos. Cuanto más rápido termine mejor para mí. Pero no hay rastro de que esté acelerando o tratando de recuperar su aliento.

Luchino: -No me es suficiente.

De la nada, Luchino tira uno de mis brazos hacia atrás. Tengo un mal presentimiento sobre esto. Siento una sonrisa posándose detrás de mis orejas.

Luchino: -Vamos, tómalo. Quiero que me des un servicio manual.

¿Así que hemos llegado a este punto? Me esfuerzo para no voltear mi cara y estirar mi brazo por detrás de mí.

Gian: -Pero la mano de un hombre solo provocará que se sienta asqueroso.

Luchino: -Pero no puedo venirme con mi propia mano.

Eso también es algo que he escuchado muchas veces en la cárcel. Y yo que pensaba que nunca me involucraría en este tipo de cosas…

Me fugo de la cárcel y esto es lo que consigo. Pensé que tenía mejor suerte que otras personas.

Gian: -Hgh…

Agarro lo que me han dado y lo aprieto. Esta caliente, húmedo y es bastante grande.

Mientras maldigo las reglas de mostrar obediencia absoluta a los de mayor rango en la familia, comienzo a mover mi mano. ¿Qué hay de bueno al ser masturbado por otra persona?

Me concentro en los movimientos de la mano. De algún modo no puedo acostumbrarme al ritmo en que lo estoy tocando, esto solo va a prolongar lo inevitable.

Luchino: -Bien hecho, si…..Muy bueno…. Continua. 

Me siento aliviado y a la vez avergonzado al oír la voz de satisfacción de Luchino. 

Luchino: -Hnm…. Para ser un hombre, tienes un trasero muy bueno. 

Con su mano libre, Luchino toquetea mi trasero apretándolo. 

Gian: -Deja eso….

Muevo mi mano en puño para tratar de alejar a Luchino de mi trasero, pero me da un manotazo. Después siento que él está deslizando su mano por mi trasero mientras él mismo se masturba. 

Luchino: -Muy bueno…. Tocándote parece que puedo correrme.

Al regresar mi mano a él, siento el líquido resbaladizo deslizarse desde su punta. Se desliza hacia abajo, donde su glande va creciendo con cada movimiento. Escucho sonidos obscenos de parte de él.

Su pene está cada vez más caliente y su cuerpo se mueve más.

Luchino: -¿Hnm? ¿Por qué estás moviendo tanto tu trasero?

Luchino: -Oh…. También te has estado aguantando. ¿Te estás excitando provocando que te pongas duro?

Escucho su risa, y aunque sé que no puedo verlo, cierro mis ojos. ¿Qué puedo hacer? No es como si pudiera controlar mi propia cosa.

Justo al otro lado de esta pared, los demás están durmiendo. Al pensar sobre eso, algo en mi interior se revuelve.

Gian: -¿Cuánto tiempo vas a estar…?

Luchino: -¿Qué? Ya mero termino….

Luchino comienza a empujarse a sí mismo en mi mano.

Luchino: -Apriétame bien, porque ya mero me correré.

El pene de Luchino se hincha más.

Luchino: -¡Hmmm…..!

El toque de un calor que todavía no ha desaparecido del todo, envía estremecimientos o algo parecido al miedo por mi columna vertebral. 

Su semen sale de su pene a borbotones junto a un gemido sensual. Siento recorrer pequeños estremecimientos por mi cuerpo mientras el líquido sale. 

Las gotas caen al suelo. La fuerza de su corrimiento caliente va apagándose paulatinamente, dejando colgando su pene en mi mano.

Luchino: -Oh… y yo que pensaba correrme encima de tu trasero.

Gian: -Ya para, pervertido.

Luchino sacude su pene de nuevo mientras frota su punta en contra de mi trasero

Luchino: -Pensándolo bien, debería de hacerlo de nuevo mirando tu cara.

Sus palabras sonaron como un foco apagándose en mi cabeza. Luchino me hace girar para terminar con mi espalda pegada a la pared.

Luchino guía mi mano, la cual todavía no había usado, a su pene nuevamente. Me siento perdido al sentir su dura carne nuevamente en mi mano. 

¿Esto quiere decir que quiere que lo masturbe nuevamente pero ahora estando enfrente de mí?

Gian: -¡Ya estate satisfecho con una sola vez!

Luchino: -Todavía siento que puedo correrme más. Ah, y de paso puedes alivianarte también. 

Mi propio pene está expuesto erecto. Luchino tira de mi otra mano hacia él, haciendo que la ponga en mi pene

Ahora tengo dos penes en mis manos. El de Luchino está en mi izquierda y el mío en la derecha. 

¿Cómo es que llegué a esto? Siento como si llorara estas palabras mientras comienzo a mover mis manos.

Sólo la sensación de estar empujado y el estar moviéndome de esta forma, me hace sentir que ya no quiero hacer esto. 

Luchino: -Hazlo más fuerte. Agarra bien la base.

No sé si eso fue una orden o fue un consejo sobre cómo hacer mejor el trabajo, pero el movimiento de mis manos se vuelve más audaces y fuertes.

Tiro más fuerte los movimientos de mis manos apretando aún más el eje de Luchino. Golpeo la piel y el vello que cubre su pene. No hay palabras para describir la sensación que persiste en mis dedos.

Gian: -……….. ¡Ah! Espera, ¡¿Qué carajos estás…?!

De repente, siento un pellizco en mi pezón haciendo que soltará un grito agudo. 

En un instante, la sangre fluye hacia mi pene, y casi al mismo tiempo el pene de Luchino se hace más grande.

Gian: -¡Ah…! Hnm… como te he dicho, ¿Qué carajos estás haciendo? ¡fuaaa!

Luchino: -Simplemente deseaba disfrutar de la vista de un lindo perrito rubio jadeando ante mí. ¿Algún problema con eso?

Dice esto como si nada con ese hermoso rostro suyo casi haciendo que me sofocará.

Luchino:- Veo que también tus bellos de abajo son rubios.

Gian:- Ya deja de decir esas cosas.

Luchino: -Solo el ver tus ojos llorosos hace que me excite más.

Gian: -Ni que lo hiciera adrede, idiota.

Si volteo mi cara me dirá algo. Me armo de valor y miro directamente hacia sus ojos. Sé que mi rostro está ardiendo por esto.

Maldita sea, me está mirando tranquilamente… a pesar de que bebería estar algo sensible después de haberse corrido una vez. Aunque él está goteando casi tanto como yo

Gian: -¡Ttmm…! ¿Si alguien nos llegará a ver, que excusa pondrías?

Luchino: -Vaya que puedes poner una expresión tan erótica como una mujer. 

Esto es malo, con solo verte hace que quiera correrme enseguida.

No me estás respondiendo a mi pregunta. Muerdo mis labios en molestia.

Luchino: -En verdad que eres un buen hombre, Gian.

No sé si está bromeando o realmente está hablando en serio. La expresión de Luchino es de total tranquilidad a pesar de estar en esta situación, de alguna manera me frustra un poco.

De los dos miembros calientes en mis manos, no puedo negar que el mío es el más palpitante.

Luchino: -¿Hnm? ¿Estás por llegar pronto a tu clímax? 

Gian: -No estés mirando. 

La vergüenza se extiende por todo mi cuerpo al ver como Luchino posa su mirada abajo. Inconscientemente aprieto mi agarre.

Gian: -¡Ah…!

Siento las contracciones, pareciera que con solo la mirada de Luchino me estimulara de forma directa, ya antes de que me diera cuenta llegó a mi límite 

Gian: -¡Hmmm! ¡ahhh!  ¡uhnm!

El estremecimiento de mi clímax, hace que un escalofrío recorra a través de todo mi cuerpo hasta llegar a mis pies.

Aprovechando que he apretado más mi mano, Luchino comienza a embestirse en ella

Luchino: -Hnm….

Siento palpitar la erección de Luchino, lo suficientemente potente como para sentir como crece en mis manos para luego correrse menos que antes.

Mientras expulsa un suspiro, siento el líquido caliente gotear de mis manos.

Luchino: -Ah…siento que mi cadera se ha quitado un peso de encima.

Siendo el único de buen humor, me suelta para luego acomodarse su ropa

Me atrapa mirándolo, encoge sus hombros sonriéndome. 

Luchino: -Mantente tranquilo, no le diré a nadie.

Lo miro un poco más, tratando de pensar si puedo creer en él o no, y luego me dice:

Luchino: -Ya no lo volveré hacer. Incluso puedo jurarlo. 

Se ríe débilmente como si tratara de tranquilizarme.

Luchino: -Olvídalo como si hubiera sido un mal juego.

Con un aire de tranquilidad total, Luchino se dirige hacia la parte delantera de la cabaña.

Si ese es el caso, entonces no lo hubieras hecho en primer lugar. Recargado todavía en la pared, me deslizo hacia abajo hasta que mi trasero tocó el suelo…

Tercer día 

Llegó la mañana.

Gulio: -Buenos días. 

Nosotros cinco nos vamos a lavar la cara en el pozo de atrás. El agua fría me despierta de inmediato.

Pero por alguna razón, todavía me siento adormilado. Todavía estoy cansado. Froto mi frente hasta el punto de pellizcármela. 

Gian: -Haaa.

Iván: -Oye Bernardo, ¿A qué hora vendrán por nosotros? 

Bernardo: -A las 10:00, vendrán cerca de la entrada del bosque al norte

Las plantas que nos rodean son rociadas con el agua que usamos para lavarnos, en combinación con el rocío sobre la hierba. Se ve resbaladiza, así que debo de tener cuidado. 

Gian: -Antes de que el sol comience a brillar, debemos de…. ¡Duahhhh!

Y justo cuando pienso en eso, me resbalo y caigo quedando mis pies debajo de mí. 

Cuando terminé en el suelo, llamo a Bernardo que está delante de mí. En ese momento una grieta se hace en el aire. 

Algo rasga a través del aire, y a la derecha por donde la cabeza de Bernardo y la mía estaban caen astillas de una rama, trazando en un contorno irregular el árbol viendo una bala que quedó incrustada. 

Nos toma un segundo para comprender la situación. Rápidamente agarro a Bernardo por un lado y lo tiro al suelo. 

Luchino: -¡Al suelo! ¡Es un arma! 

Bernardo: -¡¿Nos atacan?! 

Gian: -¡Al suelo!

Nuestros gritos se mezclan con la segunda ronda de disparos, que van sonando al mismo tiempo que nuestras voces. 

Ruedo por el suelo, siento que mi cuello se estrecha, pero no estoy herido en ninguna parte ¡Se han desviado! 

Ni siquiera tengo tiempo de comprobar el estado de los demás, así que me levanto rápido para ponerme entre los arbustos. Rápidamente, salto hacia un lado. 

Hojas flotan en el aire, esparcidas por la perforación de plomo a través de los arbustos. 

Los árboles de aquí son escasos. No es el lugar para esconderse. Aun así, trato de hundirme en las sombras como pueda mientras avanzo hacia adelante. 

Escucho algo, pero no veo a nadie. No importa, tengo que huir rápido. 

Paz y tranquilidad se apoderan en el bosque después del clamor repentino. Las aves que habían estado piando antes han desaparecido. Me lanzo lejos, solo en el silencio. 

Me detengo, pero parece que nadie me está persiguiendo. ¿Cuál es el objetivo? 

Rodeo la cabaña acercándome desde la parte delantera. 

Oigo una voz que no reconozco. Respiro profundo y observo desde las sombras. 

El tirado se muestra así mismo, de pie junto al pozo. 

Es un tipo con ropa oscura. Impaciente levanta su arma, da una expresión rígida teniendo su arma a un lado. 

Hombre: -¡Ríndete y sal de ahí! Oye, Benpar ¡Regresa aquí! ¿Dónde estás? 

Entrecierro los ojos y miro alrededor, pero no veo ninguna señal de nadie más… Parece que todo el mundo llegó bien al bosque. 

¿Benpar?… ¿Ese sería el nombre de su amigo? 

Gian: -Parece que tiene miedo…. ¿Será un novato? 

Tomo un puñado de tierra y se la echo por encima al tipo. El reacciona, girando rápidamente su arma…  Ahora es mi oportunidad. 

Había planeado abordarlo por la espalda, pero antes de que pueda moverme, Luchino sale de su escondite atacando al hombre desde su espalda. 

Luchino: -¡!!Toma esto ¡!! 

Él le da una patada por su punto ciego. La patada larga de Luchino abruma el estómago del hombre. 

Hombre: -¡Guaah! 

Al darme cuenta demasiado tarde, el hombre me ataca. Me tuerce el brazo, repentinamente el tira un grito como un cerdo desgarrado en el suelo mientras tira el arma y me avienta lejos. 

Como pensé, Bernardo sale de las sombras el cual se escondió de igual manera que yo aventándose al hombre manteniéndolo bajo el piso.

Bernardo: -No te muevas…. Ustedes, ¿están bien? 

Bernardo nos mira con una cara de preocupación. 

Luchino: -¡Estoy bien! ¿Iván y Giulio? 

Gian: -No lo sé, pero parece que él tiene un compañero.

Oigo pasos a la derecha así que volteo. Es Iván. El tímidamente sale de los arbustos donde se escondía y mira a nuestro atacante. 

Iván: -Este bastardo, mira que sorprendernos…. ¿Desde dónde ataco? 

Bernardo: -No lo sé. No bajen la guardia, al parecer tiene un compañero. 

A lo lejos escucho un sonido de forcejeo y gritos… no será…. ¿Giulio?

Hombre: -¡Huye, Bepar! ¡Suéltame, uah! 

Luchino recoge el arma, dándole una patada al tipo apuntándole directamente a la cabeza haciéndolo callar.

Luchino: -Al parecer todavía tiene balas. 

Bernardo: -¿Estará bien Giulio? Que alguien vaya por él. Oye tú, ¿Qué es lo que planean? ¿Quién les ordenó que vinieran? 

Hombre: -Uhgg…

Un sonido de separación de los arbustos se escucha. Luchino apunta rápidamente hacia el sonido.

Giulio: -Disculpen. Maté al otro tipo. 

Giulio aparece con un cuchillo ensangrentado colgando de su mano. Está empapado de rojo oscuro hasta la muñeca.

Gian: -¿Estás bien? ¿Está el otro tipo hacia el otro lado? 

Giulio: -Si…..

Bernardo: -¿Acabaste con él? 

Asintiendo, Giulio se acerca. Parece que él se enfrentó contra el otro uno contra uno y no consiguió ningún rasguño. 

Hombre: -¡! ¡Maldición! ¡¿Lo mataron?! 

El hombre que se encontraba bajo Bernardo da lamentos retorciendo su cara. 

A juzgar por su reacción, parece que el otro tipo era un amigo cercano. 

Giulio se inclina hacia adelante y coloca el cuchillo en la garganta del hombre. Este dejó de luchar. 

Bernardo: -Puedes hacerlo después de sacarle información. Así que aguanta. 

Giulio: -Si…

El olor de la sangre a primera hora de la mañana…. ¡Qué maravillosa forma de comenzar el día! 

Atamos al hombre con un trozo de tela y lo metimos al albergue de la cabaña. 

Estando alrededor de él le dimos unas patadas, al principio gritó y chilló pero finalmente se calmó 

Luchino: -Date prisa en escupirlo, ¿Dónde está el que te mandó? 

Iván: -¡El queroseno está esperando por ti si no lo dices!

El quemar a alguien al borde de la muerte es algo común en la mafia, según los estándares de la mafia, en torturas es lo más común. Aunque no tenemos ningún queroseno aquí, pero… 

Luchino: -Tenemos gasolina. 

Bernardo: -Mejor detente, que explotaría. 

Gian. -¿No hay otra forma más tranquila de torturarlo? 

Giulio: -Mejor ya matémoslo…. Esto es una pérdida de tiempo. 

Nos enfocamos en nuestra conversación, haciendo caso omiso de la expresión de horror del hombre a nuestros pies. 

Después del ataque sorpresa, registramos enseguida la situación en la que estamos. 

Al parecer solo era un equipo de dos. ¿No habrá alguna señal de alguien más?

El Alfa Romeo que escondimos un poco lejos de aquí está seguro, no hay signos de que haya sido encontrado.  

Luchino y yo investigamos el cadáver, el que Giulio mató. 

Había tenido un arma, pero antes de que lograra disparar, Giulio apareció para matarlo.  Puede que no haya sido utilizada debido a esto.

El cadáver, al igual que este hombre, no llevaba ningún tipo de identificación con él. Así que tomamos el arma y algo de dinero que tenía. 

Pero… hay algo que está fuera de lugar. Algo falta. Deben de tener algo pero no lo tienen. 

Bernardo: -¿Llegaste a notar algo Giulio? ¿Dijo algo antes de que lo mataras? 

Giulio: -Nada… Solo que, cerca de ahí vi que él lanzó algo pequeño. 

Iván: -¿Qué significa eso?

Tarde un segundo en darme cuenta.

Gian: -¿Las llaves del auto?

Los demás me miran con expresión de tratar de entender 

Gian: -Me refiero, a que debieron de haber llegado aquí en algún transporte. Seguramente las lanzó para asegurarse de que no le robáramos 

Supongo que no me equivoco por la expresión del hombre. 

Iván: -Ahh, con que es eso. 

Bernardo, golpea con fuerza al hombre.

Bernardo: -Ustedes, ¿en dónde dejaron el auto que usaron para llegar aquí? 

Luchino: -Anda, se sinceró y responde ¿bien?

Hombre: -Wahhh! Paren…!!  Aguahh!!!

Con tantos golpes no podrá hablar, Luchino. 

Luchino: -De alguna manera, a este tipo…. Siento que lo he visto en alguna parte. 

Iván: -¿Qué? Recuérdalo rápido. 

Luchino: -Desde hace rato lo he estado pensando. 

Los golpes de patadas parecen no detenerse.

Realmente esto me hace dudar un poco. No es porque esté acostumbrado a vivir en un mundo de violencia o porque esté lejos de inmutarme. Quiero decir, ¿no te podrías imaginar a ti mismo en sus zapatos? 

Bernardo: -No tienes buen aspecto, Gian.

Gian: -Pues si…. 

No es porque toda esta tortura me de pesimismo y fatalidad. Yo realmente no quiero pensar en la situación en la que estamos.  

La razón por la que estos sicarios aparecieron en la cabaña…. Parece que ya pronto Iván hará un escándalo por esto… será mejor que diga lo que pienso antes que él. 

Gian: -¿Por qué creen que estos tipos, más bien el tipo que les ordenó que vinieran aquí sabía donde nos encontrábamos? 

Todas nuestras miradas se fijan en Bernardo. 

Así es. Si alguien que nos conoce y sabía que nos quedábamos en esta cabaña y entablo conexión por medio del teléfono al exterior… el único que pudo haberlo hecho es Bernardo.

Es imposible que los habitantes del pueblo de Bowick se dieran cuenta de que realmente somos los que se fugaron. 

Siempre y cuando no nos hayan seguido anoche, aunque si fuera así, debido a la oscuridad hubiera sido imposible que lo descubrieran. 

Gian: -¿No habrá alguna fuga en la información? 

Luchino: -¿Otra vez? Eso es malo. 

Con un suspiro, Luchino le da una gran patada al hombre.

Iván le dirigió a Bernardo una mirada sospechosa.

Iván: -No me digan que estos tipos eran los que vendrían por nosotros ¿verdad? 

Bernardo: -Eso sería imposible. 

A pesar de que él lo niega, Bernardo parece como si se hubiera comido algo amargo. 

OPCIONES:

  1. Es la responsabilidad de Bernardo
  2. Defender a Bernardo

 

Elegir la primera opción 

Elegir es la responsabilidad de Bernardo.

Gian: -Pero…, eso es lo único en lo que puedo pensar 

Bernardo: -Gian…..

Bernardo me mira con expresión de sorpresa, pero aun así debo de establecer la verdad de manera clara 

Gian: -En primer lugar, no vino el tipo que prometió que vendría a recogernos a las afueras de la cárcel, después se descubrió que cambiaríamos de auto en Suncreerk y por último los tipos que llegaron a esta cabaña.  

Gian: -Lo siento, pero no pienso ir a lugar donde quedamos en ir para que nos recogieran. 

Veo a Luchino y a Giulio que dan una pequeña inclinación de cabeza. 

Gian: -Hace un momento puede que tu suerte haya sido algo mala y no creo que nos hayas traicionado. Pero te conozco y lo entiendes ¿verdad, Bernardo? Esto es tu responsabilidad.

Bernardo me mira en silencio. De alguna manera siento como si el tiempo se hubiera detenido. 

Giulio: -Si no vamos a ir al lugar prometido, entonces tenemos tiempo. ¿Qué deberíamos hacer con este tipo?

Con la pregunta de Giulio, la tensión desaparece de repente.

Luchino: -Es cierto. Deberíamos de sacarle toda la información que podamos. 

Luchino y Bernardo se agachan y recogen al tipo que estaba sentado en el suelo.

Bernardo: -Hay que vigilar fuera de la cabaña. No creo que haya problema, pero deberíamos ocultar el cuerpo como sea posible. 

Iván, que había estado mirando a Bernardo, resopla.

Iván: -Tomemos tiempo para relajarnos, solo media hora. Luchino, mantenga los ojos bien abiertos y vigile a este tipo y por si acaso a Bernardo también. 

Iván saca una pistola que mantenía en su cinturón. La otra arma la tiene Luchino. 

Iván sale, supongo que con intención de ir a deshacerse del cadáver. Giulio también sale en ese momento. 

OPCIONES:

  1. Acompañar en la tortura
  2. Salir de la cabaña

 

Elegir la primera opción

Me quedo con Bernardo y Luchino para ver la interrogación del hombre. Por lo cual decido quedarme en la cabaña.

Bernardo: -Pensé que no eras bueno con estas cosas, Gian. 

Gian: -Es cierto que no lo soy.

Pero quería escuchar la información que sacara el tipo. 

Luchino: -Dijimos que en 30 minutos ¿verdad? Entonces apresurémonos a comenzar.

La cara roja del hombre de repente se vuelve blanca como si toda la sangre no estuviera. 

Hombre: -¡Espera! Si hablo, me dejarán libre ¿verdad?

En el momento en que el hombre me grita, rápidamente miro hacia los otros

OPCIONES:

  1. Ver a Bernardo
  2. Ver a Luchino

 

Elegir la segunda opción. 

Veo lo que parece ser una expresión exasperada en Luchino, con sus ojos medio cerrados.

Es posible que haya algo de desprecio en ellos. Al mismo tiempo, sé que va hacer que el hombre derrame hasta el último secreto, pero de alguna manera también siento como si estuviera defraudando un poco mis expectativas.

Noto algo extraño en la cruel y fría mirada de Luchino, es como si su mirada tuviera una mezcla de miedo y confianza.

Luchino: -Si lo vomitas todo, podríamos hacer la vista gorda. Pero eso pasaría si sueltas todo sinceramente ¿de acuerdo?

Haciendo caso omiso del hombre vacilante, Bernardo se pone en cuclillas hacia abajo y quita los calcetines del hombre, primero quitándole sus zapatos.

Bernardo: -Fracturemos sus dedos. Comenzando con los del pie izquierdo desde el dedo meñique yendo uno por uno. 

Bernardo suena como si estuviera hablando del clima mientras agarra el dedo meñique izquierdo del hombre.

Hombre: -Deten… ¡!!Ahhhhhhhhhhhhh!!

El dedo es estrujado entre los dedos de Bernardo para luego con la palma de su mano, muestra cómo queda el dedo en un ángulo imposible. 

Me las arreglo para borrar el grito del hombre a medio camino, pero el sonido inquietante del hueso rompiéndose permanece en mis oídos… no es una buena sensación. 

Luchino: -Ya cállate y deja de estar de escandaloso, o te meteré basura en la boca. 

Bernardo: -Si haces eso ya no podrá hablar.

Los dientes del hombre se aprietan fuertemente debido a la agonía, sus lágrimas fluyen libremente. El pie de Luchino se clava entre sus entrañas.

 

Bernardo: ¿Qué tal si vamos por el segundo dedo? 

Hombre: -Espera, hablaré…

Sin piedad, Bernardo rompe el siguiente dedo. Auch, parece doloroso con solo mirar…. 

Hombre: -¡Dije… que hablaría…!

Bernardo: -¿Tú, de dónde eres? Viniste por orden de alguien. 

Hombre: -Yo….

Luchino: -Ve por el tercer dedo, Bernardo.

Hombre: -¡!Gyaaaaaahh!!

De repente, debido al dolor, el hombre comienza a gritar todo lo que sabe.

Hombre: -¡Grave Digger! Fue el ¡Grave Digger! ¡Ya paren por favor! ¡Hablaré! 

Luchino: -Hou, ¿con que eres uno de los del GD? Entonces… no hay por qué contenerse.

Ante las palabras de Luchino sin emociones, el hombre comienza a temblar.

Hombre: -¡Yo no sé nada! ¡Un superior llamado Eins solo dijo que los capitanes del CR5 se encontraban aquí! Y que le lleváramos sus pelotas, eso nos lo dijo por teléfono.

Hombre: -Dijo que estaban en una pequeña cabaña cerca del pueblo de Bowick… así que tuvimos una idea aproximada de donde estaban. 

Bernardo: -Eins… es un nombre que no conozco. ¿Has venido aquí desde Daivan en auto? 

Hombre: -¡No! Soy del barrio de Queen.

No es de extrañar por que no se ve ágil. No se ve como si fuera alguien de la ciudad.

Gian: -Entonces, viniste desde el barrio de Queen en auto. ¿En dónde has aparcado? 

Viéndolo ya un poco tranquilo, decido también interrogarlo. 

Hombre: -Tú….

El hombre dice eso con una voz patética al mirarme. Probablemente pensó que yo podría simpatizar con él. 

Hombre: -Por favor, ya detenlos…. Yo solamente soy un subordinado. No sé nada.

Luchino:- Solo basta con que nos respondas con sinceridad. Sí que no eres muy rápido en captar eh… Ha de ser por eso que nunca pudiste subir de posición. 

Bernardo se mueve hacia el próximo dedo del pie.

Bernardo: -Si para el momento en que ya no tengas los dedos de tus pies o de tus manos y no has soltado todo, entonces comenzaremos con tus rodillas y codos.

Gian: -Supongo que en último lugar será ¿el cuello? 

Desalentado por dentro murmuro esto y noto que hay algo que comienza a salir en la entrepierna del hombre. Ahhg, se ha orinado… apesta. 

Luchino: -Vamos, continuemos. ¿No te hemos preguntado tu nombre, verdad?

Después de eso, le preguntamos cada duda que pudimos pensar para extraer la información, pero para esto se requiere torcerle otros dos dedos más. 

En realidad, no había nada que pudiera hacer allí, así que minutos antes de que el tiempo límite de 30 minutos se terminara, decidí retirarme del lugar. 

Luchino y Bernardo salen de la puerta justo a tiempo. Todos nos reunimos al frente. 

Iván: -¿Terminaron por matarlo?

Bernardo: -No, solo lo dejamos inconsciente. Terminé por fracturarle todos los dedos de sus pies. 

Giulio: -¿Revisaron todo el cuerpo de ese tipo?

Luchino: -¿Eh? 

Giulio: -El cadáver de allá… encontramos quemaduras en el interior de su brazo, parece que eliminó su tatuaje. 

Dice esto sin expresión, pero todos entendemos que se refiera al tatuaje del CR5 que se otorga cuando entras. 

Bernardo y Luchino se miraron como si recordaran algo particularmente repulsivo. Los dos van hacia la cabaña de nuevo y sacan arrastrando al hombre.

Lo despertamos a la fuerza dándole palmadas en la cara. En realidad no luchó, debido a que no tiene ni idea de lo que está pasando. 

Ayudo a Luchino a descubrir al tipo… Me parece que hay una quemadura aún sin cicatrizar en su muslo. 

Gian: -Aquí está. Es esto. 

Ambos tienen una, entonces no es una coincidencia. 

Luchino: -Realmente esto se parece a nuestros tatuajes. 

Bernardo: -Dirás que se parecían… Son unos traidores. 

Una vez que eres parte de la familia, no podrás traicionarla, al igual como los lazos de sangre que nos unen. 

Acerca de la única manera en que se puede abandonar la familia y si llegas a estar demasiado enfermo. El que hayan quemado el tatuaje para ocultarlo equivale a declarar que abandonaron la familia.

Luchino: -Es por eso que se me hacía conocido. Oigan, ¿hay alguien que sepa a qué escuadrón pertenecían? 

Ninguno de nosotros puede decir algo sobre estos sicarios. 

Bernardo: -Ellos actuaron como si supieran quién éramos nosotros. 

Gian: -Pero, parece que ellos no me conocían. 

Iván: -Oye, tú, ¿de qué escuadrón eras? ¡Escúpelo claramente! 

No sé si este tipo haya quedado inconsciente nuevamente, ya que no responde nada. Hasta que susurra algo de manera baja. 

¿Tal vez es un hombre normal? A veces aparecen idiotas asociados o seguidores que simplemente creen que tener un tatuaje es genial. 

Gian: -Oye, habla más fuerte. No te escucho. 

Hombre: -Por favor, sálvame. 

Luchino: -El nombre que nos dijiste hace rato ¿es falso? ¿Mentiste acerca de que eres parte de GD? Aunque esto ya no importa realmente llegado a este punto. 

Hombre: -Es…. Verdad… déjenme, regresar a casa.

Siento algo de pena por este hombre. Pero no sé lo que realmente esté ocultando. 

Gian: -En verdad que es un idiota… El ponerse ese tatuaje.

Por el código de Omerta no se puede confundir a los miembros de la familia. Aunque algunos me miman un poco, yo sé hasta qué límite se puede llegar. 

Luchino excava con sus dedos los restos del tatuaje del hombre, rozando de ida y vuelta.

Luchino: -Por el código…

Bernardo: -Los traidores deben morir. 

Hombre: -Por favor paren, tengo una esposa embarazada, si no regreso… ellos….

Luchino: -No te preocupes. De seguro, ella encontrará un nuevo hombre mejor que tú. 

Suspirando al ver al sicario luchando con todas sus fuerzas rogando por su vida, Luchino me entrega la pistola. 

¿Quiere que lo mate? Siento asco al sentir el peso de la pistola. 

Gian: -¿Yo? 

Luchino:-Es una de las tareas de capitán. Consigue experiencia. 

Hombre: -Salvarme, por favor… 

OPCIONES:

  1. Jalar del gatillo 
  2. Hacer que Giulio lo haga 

 

Elegir la primera opción 

Coloco la pistola en la cabeza del hombre.

Suspiro… y jalo el gatillo. 

Siento una ligera resistencia en mi dedo, pero disparé. 

Gian: -Hasta nunca… 

La sangre fluye desde el agujero de su frente. Señalo la pistola hacia abajo mientras observo al hombre muerto. 

Sin decir una palabra, Giulio se acerca al hombre tocando con una de sus manos su cabeza.

Comienza a cortar la oreja del hombre desde la base hasta la parte superior. 

Gian: Giulio, ¿Qué estás haciendo? 

Los demás no dicen nada. 

Giulio: -Le quito su oreja. 

Bernardo: -Una muerte espantosa le espera a los que traicionan… pero este tuvo una muerte bastante fácil. 

Luchino: -No podemos relajarnos. Solo quítale una oreja, Giulio.  

Justo en ese momento observo…. Y….

Me doy cuenta en como Giulio trabaja. Sus ojos muestran un inusual brillo. Está encendido.

No puedo mirar más, así que me doy la vuelta y veo que los otros tres estan como si nada.

Después de que termina de cortar una oreja iba a comenzar a cortarle la otra, pero Bernardo lo detiene agarrándolo por el hombro. 

Giulio: -Todavía….

Bernardo: -Giulio, ya déjalo así. Cuando regresemos a Daivan podrás jugar todo lo que quieras. 

Giulio: -¿Con los tipos de GD?

Bernardo: -Si 

Giulio, sonrió con felicidad. Sacude la oreja, enviando gotas de sangre al piso después se guarda la oreja en uno de sus bolsillos. 

Bernardo: -Dejemos el cadáver como está, como una advertencia. 

Me doy cuenta que me muero de sed mientras sigo a los demás. 

Gian: -Entonces vayamos hacia donde está el auto. No tiene sentido el quedarnos aquí.  

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