—Hace mucho que no sales a divertirte—. Ba Xiong le pasó una bebida, —¡Qué visita tan rara, qué visita tan rara!
A-Chong tomó la botella de cerveza, sonrió levemente y dijo: —No tengo tiempo, necesito ganar dinero, no soy como tú que puedes estar ocioso, yo tengo que mantenerme.
El bar estaba muy bullicioso, e incluso sentados cerca tenían que gritar para conversar.
—Vamos, no es que no sepa cuántos bienes tienes—. Ba Xiong le dio una palmada exagerada en el hombro, —Pero ¿cómo es que oí que vas a dividir ganancias con Pa Song y los demás? ¿Ya no quieres seguir con la tienda de Bangkok?
Esta vez A-Chong solo respondió con una frase: —Más o menos, quiero intentar hacer algo distinto.
Ba Xiong, al ver que respondía de forma vaga, ya no insistió, y como si recordara algo, con expresión exagerada preguntó: —Ah, por cierto, ¿y su Ningning? ¿Hoy no vino?
Cada vez que escuchaba a los tailandeses pronunciar “ningning”, a A-Chong le parecía muy gracioso.
—Mejor no lo llames así frente a él, se enojará —dijo A-Chong, —debe estar aún en la escuela ocupado con sus asuntos, últimamente parece que tiene mucha carga académica.
—Ah, sí, su Ningning es un estudiante sobresaliente—. Tras decir esto, llegaron unos cuantos amigos más a su mesa. Ba Xiong le dio una palmada en el hombro a A-Chong, se puso de pie y fue a saludar a sus amigos.
A-Chong les sonrió desde lejos a esas personas, sin ganas de acercarse y sentarse con ellos, no eran conocidos.
Ciertamente hacía mucho que no venía a divertirse. Hoy tampoco sentía mucho entusiasmo. Se recostó al borde del asiento en la cabina y observó con atención el bullicio en la pista de baile. Ese grupo de hombres a la derecha, de apariencia extraña y deformada, probablemente estaban borrachos; se habían quitado la camisa, retorciéndose amontonados unos contra otros, algunos incluso ya se estaban besando.
A-Chong desvió la mirada. El teléfono en su mano vibró, bajó la vista y vio que Ning Yu le había escrito: “Ya casi llego a casa, ¿quieres que te lleve algo?”
A-Chong miró la hora, tsk, eran casi las diez. A-Chong inclinó la cabeza y con una sola mano tecleó la respuesta: “No estoy en casa, estoy en XXX.”
La respuesta llegó enseguida…
Ning: ¿?
Ning: ¿Por qué no lo dijiste antes? Si lo hubieras dicho antes, al salir de la escuela habría ido directo a buscarte, queda muy cerca de la escuela.
Oh, pero tú tampoco me preguntaste, pensó A-Chong.
Alguien llegó con bebidas para saludar. A-Chong brindó y terminó una cerveza con esa persona, luego tomó el teléfono y vio que ya tenía un montón de mensajes.
Ning: ¿Puedo pasar por allá?
Ning: Hoy tuve una actividad, y al terminar me llamaron unos compañeros. Te lo había contado la vez pasada, vamos a participar en ese concurso de ACM, últimamente estamos preparándonos para eso.
Ning: ¿Ya comiste? Si no has comido no tomes alcohol, la última vez te dio dolor de estómago.
Ning: ¿Tomo un taxi para ir a buscarte? ¿O prefieres quedarte a divertirte solo?
Ning: ¿Con quiénes estás?
Tan hablador. A-Chong no pudo contener una sonrisa y solo respondió una frase: “Hoy vine en bicicleta”.
Ning Yu al otro lado entendió al instante y respondió de inmediato: “Voy para allá enseguida, toma menos, yo me encargo de manejar la bicicleta después”.
A-Chong dejó el teléfono. El DJ cambió a una canción muy ruidosa. Su mesa estaba demasiado cerca de los altavoces, el sonido lo sacudía y le causaba cierta incomodidad, así que simplemente se puso de pie, fue hacia la barra exterior a tomar aire, y de paso ver si encontraba a algún conocido.
Este bar tenía la mitad al aire libre, la barra estaba justo en el área exterior. A-Chong salió balanceándose al ritmo de la música, las luces multicolores del techo se movían con la bola de espejos, proyectándose sobre los rostros de la gente.
A la izquierda estaban los baños. Al pasar, A-Chong vio de reojo a tres extranjeros rodeando a una chica, la chica fruncía el ceño intentando avanzar, parecía que no conocía a la otra parte.
Originalmente no quería meterse, pero entonces de reojo vio que aquel europeo algo gordo comenzaba a manosearla.
Sin pensarlo demasiado, A-Chong se acercó.
Separó a la chica de los otros tres, y también apartó con un golpe seco la mano del tipo que no paraba de tocarle la cintura, con calma dijo en inglés: —Disculpen, esta es mi amiga.
La chica usaba un perfume dulzón y empalagoso, mezclado con el olor a alcohol. A-Chong no soportaba ese aroma, frunció ligeramente el ceño, tomó la cadena de su bolso y la jaló hacia afuera sin volver a hablar.
Pero apenas llegaron a la salida, la chica de inmediato se soltó de su brazo sin cooperar y dijo muy descortésmente: —¡¿Y tú quién eres?! ¡¿Quién te conoce?!
Ay, te salve y todavía te comportas así, ¿A esto no se le llama “derribar el puente después de cruzar el río” (ser desagradecido)?
Ella hablaba en un tailandés mediocre, llevando un poco de ebriedad en su tono. A-Chong observó con atención sus rasgos faciales y preguntó con cautela: —¿Eres china?
La chica alzó la vista y al ver su rostro pareció sorprenderse por un instante, pero inmediatamente su expresión se ensombreció y dijo con ferocidad: —¡¿Y qué si lo soy?! ¡Yo tampoco veo que tú seas una buena persona!
Bueno, mi error, me metí en asuntos ajenos. A-Chong extendió las manos: —Solo quería ayudarte un poco. si no, esta noche esos extranjeros iban a estar acosándote por un buen rato.
La chica le lanzó una mirada furiosa, se dio la vuelta para irse, pero perdió el equilibrio al tropezar con sus propios tacones altos y casi se cae al suelo. A-Chong solo pudo sostenerla con una sola mano, pero la chica lo empujó con fuerza, luego se agachó de golpe, se cubrió el rostro y comenzó a llorar.
Lloró.
Lloraba con un sonido lastimero, incluso comenzó a murmurar como en trance: —Realmente estoy enferma, no sé beber y aún así vine a beber, no sé usar tacones altos y obstinadamente quise usarlos, estos zapatos son tan difíciles de usar…
Cuanto más lloraba, más fuerte era el sonido.
Mientras escuchaba ese sonido, A-Chong pensaba que las cosas que hacen colapsar a una mujer parecen siempre muy extrañas. Ella parecía estar llorando por un par de zapatos.
O quizás no fuera eso.
De todos modos ya me la encontré, pensó A-Chong.
Se inclinó hacia la chica y le dijo: —Te invito a tomar algo, luego te invito a una bandeja de frutas, y por último te regalo una noche de buen ánimo.
La chica no le hizo caso, y siguió llorando por su cuenta.
A-Chong todavía con paciencia, intentó entablar conversación: —¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives? Te acompaño a casa, ¿quieres?
La chica todavía no le hizo caso. A-Chong simplemente se agachó, sacó un cigarrillo del bolsillo y lo encendió, fumando mientras la observaba llorar.
Cuando llevaba la mitad del cigarrillo, los sollozos de la chica comenzaron a calmarse lentamente.
Ella levantó la cabeza, apoyó la barbilla sobre los brazos y observó a A-Chong fumar el cigarrillo.
Esta chica tenía la piel un poco oscura, pero ojos bonitos. Parecía no saber maquillarse muy bien, o quizás el maquillaje se le había corrido de tanto llorar, en ese momento su rostro lucía bastante cómico. Un segundo antes lloraba, y al segundo siguiente lo miraba fijamente con una expresión ausente. Era una jovencita extraña, con apariencia de estar ebria, y solo sus ojos permanecían muy tranquilos.
A-Chong la miró sonriendo y dijo: —¿Ya terminaste de llorar?
La chica respondió: —Ya terminé.
—Cuando lloras te ves muy fea.
La chica bajó la cabeza: —Oh.
A-Chong apagó el cigarrillo. Preguntó: —¿Cómo te llamas?
La chica guardó silencio un instante y respondió: —Me llamo Anna.
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El hombre frente a ella, quien dijo llamarse A-Chong, dijo: —Si viniste sola, es mejor tomar refrescos. Beber demasiado alcohol es un poco peligroso, y más tarde este lugar se pone muy caótico.
No tuvo tiempo de responder porque este hombre llamado A-Chong ya había girado la cabeza para hablar con un cantinero que pasaba. Al hablar, las comisuras de sus ojos se alzaban, con un espíritu muy vivaz. Desde su posición, podía ver que su pendiente era muy brillante, algo llamativo, igual que su sonrisa.
Pero cuando terminaba de hablar, volvía el rostro y al bajar la mirada, su expresión se tornaba gradualmente seria, algo afilada. Este hombre parecía un poco extraño: frente a otros mostraba una cara, pero cuando estaba consigo mismo adoptaba otra, era difícil de descifrar.
Junto a la mesa había una vela aromática decorativa de estilo retro, la luz de la llama danzaba en sus ojos. A su alrededor reinaba cierto bullicio, ella lo observó sintiendo que este hombre parecía haberse convertido en un cuadro, de esos que se mueven.
Ella se tranquilizó mirándolo y preguntó lentamente: —Siempre me das una impresión de familiaridad, ¿nos hemos conocido antes?
A-Chong sonrió: —Esa frase es muy anticuada, y además parece ser algo que solo dicen los hombres cuando intentan ligar.
Ella preguntó: —¿Tú usas esta frase para ligar con otras personas?
A-Chong reflexionó un poco: —Creo que no. Cuando me gusta algo no lo digo directamente, prefiero actuar.
Ella dijo: —Yo también soy así. De niña, en mi cumpleaños, mi mamá me llevó de compras y me preguntó si quería cierto vestido. En realidad, sí lo quería, sin embargo lo que salió de mi boca fue que no me gustaba ese color. Es muy extraño, obviamente lo quería, pero insistí en decir que no lo quería.
A-Chong asintió, sacó una cajetilla de cigarrillos y dijo: —Parece que yo también tengo ese defecto. Anna, ¿fumas?
Ella negó con la cabeza: —No fumo, fuma tú.
Ella no se llamaba Ana, solo era Ana cuando salía fuera. En realidad se llamaba Tana. Era de etnia mongola, y este nombre significa “perla”. Afuera tenía que protegerse, así que frente a desconocidos era una Anna extraña incluso para sí misma.
Ella le preguntó: —¿Te gusta mucho venir a bares a rescatar chicas que tienen problemas?
A-Chong encendió un cigarrillo. La miró y dijo: —Entonces, ¿no temes que yo tenga malas intenciones contigo?
Ella negó con la cabeza y dijo: —Desde niña he tenido mucho valor. Aunque no hubieras venido hace un momento, no me habría dado miedo; en mi bolso tengo spray de pimienta y una navajita que escondí. Si alguien me provoca, también sé defenderme.
A-Chong sonrió: —Muy bien, tener conciencia de prevención es bueno. Ahora te ves muy tranquila, ¿por qué llorabas hace un momento?
Ella fingió estar un poco molesta: —¿Por qué me hablas de esto?
—¿De qué más pueden hablar dos desconocidos? —dijo A-Chong, —Supongo que es porque me da curiosidad saber por qué alguien de repente se echa a llorar.
Ella reflexiono un momento y dijo en voz baja: —Esta mañana terminé una relación de dos años, al mediodía al volver al dormitorio discutí con una compañera de cuarto con quien nunca me he llevado bien, por la tarde el profesor me dijo que mi tesis estaba escrita como basura sin sentido, y al llamar a mi familia justo me topé con que mis papás estaban peleando por el asunto de que mi hermano menor entrara a la universidad. En realidad, estas cosas han estado ocurriendo en mi vida desde hace mucho tiempo, siempre ha habido este presagio, pero nunca antes había llorado, solo me sentía molesta, pero hace un momento de repente lloré. Parece ser porque me torcí el pie en ese instante, o quizás por otra cosa, no lo sé, es raro.
Al terminar de hablar se dio cuenta… que al parecer decirlo no era gran cosa, que estos asuntos tampoco eran gran cosa, pensó ella.
A-Chong asintió: —Parece que las personas siempre colapsan de repente por cosas muy pequeñas, es normal, no es raro—. En ese momento el mesero trajo una bandeja de frutas, al parecer se le había instruido especialmente, ya que la bandeja estaba dispuesta de manera muy bonita. A-Chong la empujó hacia ella: —Para ti, come más fruta y toma menos alcohol.
Ella dijo gracias, tomó una rebanada de sandía y se la comió.
—¿Viniste a este lugar a cazar presas1?— Al terminar frunció el ceño: —Qué palabra tan cursi, perdón, con que entiendas a lo que me refiero está bien.
A-Chong bebió un trago, y sonrió un poco: —No es así. Antes sí me gustaba salir a divertirme, en aquella época estaba solo así que me daba igual, y salía a beber todos los días. Luego cuando tuve un hogar pasé a salir solo de vez en cuando, simplemente a tomar algo.
Tener un hogar, es una expresión bastante extraña, ¿quién no tiene un hogar? Ella observó el anillo en el dedo anular de aquel hombre, reflexionó un instante y preguntó: —¿Estás casado y aún sales solo a divertirte?
A-Chong dijo: —Es porque mi esposa ha estado muy ocupado últimamente, todos los días llega a casa después de las nueve o diez. Como me aburría en casa salí un rato a divertirme, y de paso espero a que él baje a recogerme para irnos a casa. Sí, puedes entender que el propósito de venir a estos lugares es que mi esposa venga a buscarme.
Ella sonrió: —Suena a que eres un poco pegajoso y bastante astuto.
Él hizo una pausa, esbozó una sonrisa indiferente y añadió: —Tengo el hábito de armar algún lío para que de vez en cuando se ponga nervioso, es un mal hábito.
Hablaba con mucha calma, algo discordante con este lugar.
—¿Hacer que la persona a la que le gustas se ponga nerviosa por ti?— Ella siguió riendo: —Parece uno de esos pequeños trucos que les gustan a los inseguros.
A-Chong asintió, luego negó con la cabeza: —Sí y no. Quizás al principio era así, pero con el tiempo descubrí que a él le gusta que yo me comporte así, con él… ¿raro, no? Hay gente a la que le gusta esa sensación de presión. En realidad, no tiene nada de malo, debemos respetar las preferencias de cada persona, ¿verdad? Ya sabes, en este mundo hay quienes disfrutan ser necesitados y quienes disfrutan dar, es cuestión de naturaleza.2
Ella no entendió del todo y preguntó: —¿Qué le guste que tú con él qué?
A-Chong seguía sonriendo y dijo: —Le gusta que yo sea duro con él. Es decir, eso que todos llaman “ni tan cerca, ni tan lejos3” ¡eso es lo que más le gusta! Tiene una ligera inclinación masoquista.
Ella adoptó una expresión pensativa: —En realidad será porque le gustas mucho, y por eso se pone nervioso.
A-Chong, con tono natural, dijo: —¿Y si no fuera así?
—Parece que la otra persona te ama más.
—Quizás—. Frunció ligeramente el ceño: —Parece que soy algo alérgico a la palabra “amor”, no me gusta mucho ese término, disculpa.
¿No le gusta la palabra amor?
—Todas las personas necesitan amor, ¿no? El amor es algo muy bueno.
A-Chong lucía completamente indiferente.
—En realidad se puede vivir bastante bien sin ese tipo de cosa.
Ella reflexionó un momento y preguntó: —¿Por qué no te gusta esa palabra?
—Tampoco es que tenga una objeción a la palabra en sí, simplemente no me gustan las relaciones derivadas del amor. Son como grilletes, un poco problemáticas —dijo A-Chong, —Además… la Coca-Cola siempre sabe mejor en el primer sorbo. Creo que el estado más perfecto de convivencia entre personas es justo cuando se conocen, como ahora, como… tú y yo en este momento.
Su corazón se estremeció inexplicablemente, sintió que el tono del otro la había pinchado por un segundo, dejándola en un estado de leve aturdimiento.
Este hombre tenía mucho talento para eso, parecía algo innato. Era un tipo de aura que invitaba a dejarse atrapar, que surgía de vez en cuando en cada gesto—en los movimientos, las palabras, las miradas, en todo.
Pero el estremecimiento duró solo un segundo, porque al instante siguiente el anillo en el dedo anular del otro brilló con un destello, deslumbrante.
—Ya veo —asintió ella—, pero si te gusta tanto la novedad, ¿cómo soportas la relación con tu esposa?
Había algo incorrecto en sus palabras, parecían carecer de lógica.
—¡Cómo puedes decir “soportar’!— A-Chong soltó una risa involuntaria. —En realidad él y yo rara vez tenemos conflictos, probablemente porque mi esposa es muy hábil resolviéndolos, es una máquina perpetua que tritura dificultades, le gusta enfrentar problemas complicados.
…¿De verdad?
—¡Pero dos personas viviendo juntas es imposible que no tengan conflictos!— Cambió de ángulo para cuestionarlo, —Los asuntos cotidianos son los que más desgastan. Hay tantas cosas por las que discutir, quién cocina, quién lava los platos, quién hace los quehaceres de la casa…
—No dije que no tengamos conflictos, —A-Chong intervino oportunamente—. Solo que en la vida diaria no discutimos mucho. Al fin y al cabo en casa yo no hago quehaceres… ¡¿Por qué me miras así?! Mi esposo tiene manías de limpieza y trastorno obsesivo-compulsivo, él mismo no me deja hacer esas cosas.
Ella guardó silencio y preguntó: —¿Y en otros asuntos también es él quien cede contigo?
A-Chong no estuvo de acuerdo con ese comentario: —¿Cómo puedes decir que él cede conmigo? Si yo no soy de los que causan alborotos sin razón. Mejor di que yo soy quien recibe cuidados, y que a ella también le gusta cuidarme.
Su tono era muy casual, pero aun así se percibía un toque de alarde. Ella pensó: este hombre realmente… se nota a simple vista que lo han mimado demasiado.
—Siento que su relación no es muy justa—. Suspiró, pero al terminar se contradijo a sí misma: —Aunque entre personas parece que siempre es así, no se puede hablar de justicia o igualdad, al final todo se trata de consentimiento mutuo4.
A-Chong dijo: —Si, ¿cómo va a ser justa una relación de dos personas? ¿Acaso vamos a poner los sentimientos en una báscula y calcular cada gramo de quién da más y quién menos? No es como comprar verduras. Ser demasiado racional no está bien, los sentimientos son algo muy emotivo.
Ella reflexionó un momento y dijo una frase que parecía poco apropiada: —Tú pareces el tipo de persona que nunca se casaría.
—¿Ah, sí?— A-Chong sonrió, —En realidad tampoco es que esté realmente casado, no me gusta ese tipo de relación. Puedes… entenderlo como que tengo un hogar al que necesariamente debo regresar.
Repentinamente sintió curiosidad por este hombre.
Pero no preguntó de forma brusca. Pensó que entre desconocidos, para conversar primero hay que intercambiar sinceridad, quizás debía empezar contando algo de sí misma.
Pero parecía que no tenía nada bueno que contar.
—Quizás suene un poco ofensivo, pero al principio no fui muy amable contigo porque te pareces un poco a mi exnovio —dijo ella, —Mi exnovio era una persona muy extraña, siempre siento que ustedes dos tienen ese aire de personas del mismo tipo. Era muy inteligente, pero parece que usaba su inteligencia en todo menos en estudiar. En realidad tampoco era guapo, desde luego no tan guapo como tú, pero aún así muchas mujeres le gustaban, y quizás también algunos hombres.
A-Chong asintió y añadió una frase: —Entonces yo también puedo decirte que la razón por la que elegí venir a hablarte es porque tus ojos se parecen a los de mi esposa.
Ella sonrió levemente, pensando que este tipo hablaba con cierta agudeza, sin ceder ante las personas. Ella continuó diciendo: —Estuve con esa persona mucho tiempo, esta mañana terminamos. Fui yo quien lo dejó, porque descubrí que se acostó con una chica que yo conocía. En realidad… en realidad tampoco me importa tanto eso, a veces incluso siento que no estaba con él porque me gustara, sino porque simplemente tenía que seguir adelante con eso. ¿Me entiendes?
Mientras hablaba se dio cuenta de que estaba muy serena, y A-Chong frente a ella también estaba muy tranquilo. Parecían ser simplemente narrador y oyente.
Frente a este hombre, de pronto se sintió aliviada—una historia que en el pasado la había roído segundo a segundo, al contarla a un desconocido, ella misma se había convertido en una extraña en esa historia.
A-Chong asintió y dijo con mucha paciencia: —Parece que puedo entender un poco.
Ella continuó hablando, esta vez con una expresión un poco triste.
—No entiendo por qué podía tratarme tan bien y aun así acostarse con otras personas—. Bebió un trago de alcohol, —Parecía capaz de dividir su amor en muchas porciones, ponerles distintas etiquetas y entregárselas a diferentes personas. Pero yo no soy así, no puedo aceptar solo poseer una de las porciones que él repartía.
A-Chong reflexionó un momento: —Quizás no tengo mucho que aportar sobre este tema. Soy bastante pesimista respecto a los sentimientos, y siempre he sentido que todas las relaciones construidas con el amor como premisa… probablemente terminen de forma desastrosa, así que prefiero no discutir este asunto contigo.
Ella se sintió contrariada: —¿Entonces por qué te casaste?
—Ya te lo dije, no estoy casado—. A-Chong se rió, —Llamarlo esposa es solo un hábito, me parece muy tierno. También puedes entenderlo como… él es mi excepción.
No está casado, pero le dice esposa al otro… qué raro, un poco cursi… y hasta infantil. Probablemente esté engañando a la gente y era, ¿un hombre casado haciéndose pasar por soltero?
Aun así sintió curiosidad: —¿Tu excepción? ¿Qué tipo de excepción?
—La mayor parte del tiempo lo considero familia—. A-Chong giró la copa de vino, —Es decir, cuando siento que me gusta, él es mi amado. Cuando me siento aburrido de nuestra relación, es mi familia. Con la familia uno discute mucho, surgen muchos conflictos, pero nadie está todo el día pensando en abandonar a su familia, ¿verdad? Con el amado no es así, el amor es algo liviano, efímero, que puede desaparecer, es algo frágil.
Ella sonrió: —Qué término tan anticuado, “amado”.— Es cada vez más cursi.
A-Chong se quedó un instante aturdido, también sonrió y dijo: —Parece que las generaciones anteriores solían llamar así a sus parejas, ¿no? Bueno, quizás estoy viejo comparado contigo.
—No, al decirlo así me parece que esa palabra suena muy bonita, no tan casual, sino muy tierna y caballerosa—. Lo elogió sin pensar y preguntó: —¿Cómo empezaron a estar juntos? Si quieres contarlo puedes decírmelo, tengo curiosidad.
A-Chong reflexionó un momento y dijo: —Él me persiguió, me compraba mucha comida, me enviaba mensajes, me regalaba cosas… nada muy especial, todo bastante anticuado—. A-Chong volvió a pensar y sonrió: —En aquella época todos los días fingía ser muy educado, pero yo siempre tuve la sensación de que en el fondo planeaba usar algún método cruel para que yo aceptara; su mirada, en fin, daba un poco de miedo… Mi esposa es algo terco5, de ideas fijas. Ah, sí, también me leía en voz alta, muy cliché6 eso también.
—La mayoría de las historias de amor son bastante clichés.— Ella cambió de expresión, extrañada: —¿Te leía en voz alta?
A-Chong asintió: —Sí, leer novelas y cosas así. En realidad yo tampoco prestaba mucha atención. Antes, cuando él me leía por las noches mientras hablábamos por teléfono, yo jugaba videojuegos al mismo tiempo que lo escuchaba, además…
Ella sonrió: —¿Entonces ya sé uno de tus secretos?
A-Chong asintió: —Digamos que es a cambio de tu historia.
Ella asintió, notó que los ojos de A-Chong brillaban mucho al contar estas cosas. Pero ¿eran secretos verdaderos o falsos? Parecía no importar, al fin y al cabo solo intercambiaban las historias que cada uno estaba dispuesto a compartir.
Brindaron una vez.
Ella preguntó: —¿Y qué es lo que te gusta de tu esposa?
A-Chong reflexionó un momento y dijo: —No lo tengo claro. A veces parece que no me gusta… pero otras veces me gusta mucho. Él es así: si dices que es tonto, en realidad es una persona bastante sobresaliente, de esas que los demás ven como estudiantes modelos, de los que todos los días suben al podio a dar discursos. Si dices que es inteligente, pues frente a mí se vuelve muy poco inteligente, está todo el día con cara de estar poseído7 por fantasmas, y con solo provocarlo un poco se comporta como un tonto, sin ningún coeficiente intelectual.
Ella sonrió: —Así es cuando te gusta alguien.
A-Chong se encogió de hombros: —Quizás. En realidad no tenemos mucho lenguaje en común, a él le gusta tallar la madera, ¿sabes?, trozos de madera; puede pasarse toda una noche solo con un pedazo de madera entre las manos. Ni siquiera vemos la televisión juntos, y con la comida pasa igual: a mí me gusta lo ácido, lo picante y lo dulce; a él le gustan los platillos muy suaves y ligeros. Da la sensación de que no encajamos… todos los días pienso que mañana nos separaremos de golpe, es ese tipo de incompatibilidad.
Ella guardó silencio un instante y dijo: —Cada palabra que dices es sobre lo mal que encajan, pero no dejas de sonreír, como si dijeras que te parece muy divertido.
—Es muy divertido.
Ya no habló más.
Entonces ella preguntó: —¿Y qué le gusta a él?— Al terminar se dio cuenta y añadió: —Disculpa, sigo preguntando lo mismo. Si no quieres decirlo está bien, solo tengo curiosidad.
—Tampoco es que no quiera decirlo, es que yo mismo no sabría cómo explicarlo —dijo A-Chong, —Quizás estoy con él justamente porque quiero entender esto. O tal vez este tipo de cosas realmente no necesitan ninguna razón, ¿quién sabe? Yo tampoco lo sé.
¿Es así? Ella lo miró y sintió algo dentro de sí—parecía que simplemente no quería decírselo a ella. Quizás, quizás era alguien de quien no se podía hablar.
Ella empujó un par de veces la base de la vela aromática, agitó con la mano aquella pequeña llama, la luz de la vela que iluminaba el rostro de A-Chong también se movió un poco.
El temperamento de este hombre era muy extraño. Al hablar lo hacía con lentitud, su voz contenía una sonrisa en su interior, con cierta sensación de desenfreno. Pero cuando guardaba silencio mirando algún punto fijo, se volvía muy sereno, como si sus ojos albergaran pensamientos profundos.
Era el tipo de hombre que en un bar de alguna ciudad del sudeste asiático invitaría a beber a un desconocido. En él parecía impregnarse también el aroma de esta ciudad, húmedo y caluroso, un calor que hacía que las personas comenzaran a perder la claridad.
Esta noche tenía al alcohol y al viento cargado de calor como actores secundarios, muy adecuado para que ocurriera algo, y conversar con un hombre guapo, misterioso y hablador volvía demasiado fácil dejarse llevar por fantasías.
Lástima que en el dedo anular del otro hubiera un anillo.
A-Chong preguntó de pronto: —¿Estabas pensando en tu exnovio? Tu expresión se volvió un poco triste.
Ella reflexionó un momento, asintió lentamente y dijo: —Mejor no hablar de eso, mis relaciones sentimentales han sido un completo fracaso.
A-Chong dijo: —Nadie fracasa para siempre. Si no te conformas con eso, entonces debes buscar las razones del fracaso. Las tuyas y las de la otra persona, resume y concluye, así la próxima vez no volverás a tropezar.
—¿Razones?— Hizo una pausa, —Creo que quizás hubo problemas en la educación que me dieron mis familiares. Mi mamá siempre fue una persona un poco débil, mi papá le fue infiel y ella fingió no saberlo. Al crecer me convertí en otra versión de mi mamá. ¿Puedes imaginarlo? Incluso temía que mi exnovio supiera que yo ya sabía de su infidelidad, es una sensación muy extraña. Quizás fue por no resignarme; sentía que si seguía arrastrando la situación colapsaría, así que fui yo quien primero dijo separémonos, como si hubiera ganado algo.
A-Chong reflexionó un momento y dijo: —En realidad no puedes culpar a tu mamá por esto, nadie te enseña cómo amar a otra persona.
Ella pensó un momento: —¿Entonces es una habilidad innata?
A-Chong reflexionó de nuevo: —Tampoco es así… este tipo de cosas son difíciles de explicar claramente. Como diría mi esposo… es más o menos como resolver problemas: hay que tener un método y forma. En el amor también hay que resumir la experiencia y luego avanzar juntos.
Ella asintió: —¿Esa es la razón por la que, a pesar de no encajar, aún pueden estar juntos? ¿Siempre resumiendo y concluyendo?
A-Chong mostró una expresión algo impotente y respondió: —¡Claro que no! Estoy con él porque me gusta y yo casualmente también le gustó, incluso cuando no encajas hay formas de convivir con esa incompatibilidad. Anna, en realidad puedes pensar en estas cosas de forma más simple, no te compliques demasiado.
—Bien —ella asintió, —Tu lógica es muy extraña. Pero envidio tu rareza, deberíamos brindar con un trago.
Brindaron. Antes de beber, A-Chong tomó una uva de la bandeja de frutas y la dejó caer en su copa de vino, ella lo imitó y también dejó caer una.
Se miraron por un segundo y sin saber por qué, ambos sonrieron al mismo tiempo. Mientras observaba la uva hundirse en la copa, su ánimo flotó hacia arriba. De pronto comenzó a sentir que esta noche era muy hermosa.
El alcohol animaba a las personas. Ella alzó las cejas y dijo: —¿Has estado alguna vez en la pradera? Mi familia vivía en la pradera. Mis abuelos, mi papá y mi mamá todos eran pastores, en casa teníamos muchas ovejas y vacas. Luego cuando se divorciaron me fui con mi papá a una gran ciudad, gracias a él tuve la oportunidad de ver un mundo mucho más amplio y de seguir estudiando… por eso no lo odio tanto. Si no hubiera sido por él quizás estaría toda la vida en mi pueblo alimentando ovejas. La pradera es muy hermosa, pero es demasiado grande, tan grande que es un poco solitaria; rara vez se ven cosas nuevas o personas nuevas. Por eso desde muy niña me encantaba hablar con la gente: con quienes pasaban por la pradera, con las vacas, con las ovejas… Quizás por eso hoy te he contado tantas cosas. En ti he encontrado esa sensación que tenía de niña de querer hablar con la gente.
A-Chong escuchó con mucha atención y le hizo una pregunta extraña: —¿Anna es un nombre que te puso tu papá? Suena muy occidental.
Ella se quedó por un instante perpleja, sus ojos giraron levemente y dijo: —Sí, quizás él también quería que yo fuera un poco más cosmopolita8.
—He estado en la pradera, fui en verano, había muchos mosquitos—. Hizo una pausa, —Quiero encontrar tiempo para ir con mi esposa a ver las estrellas en la pradera ¿Tienes alguna ciudad que recomiendes?
Con gran entusiasmo comenzó a presentarle a A-Chong su tierra natal. Habló de los pastizales, de las estrellas sobre la pradera, de la comida típica de la pradera, de las costumbres y tradiciones de su nación. En ese momento, la pradera construida con palabras acortó un poco la distancia entre ellos.
Ya habían terminado dos copas de alcohol y ambos manifestaron querer seguir bebiendo.
Ella preguntó: —¿Tu amado es guapa?
A-Chong giró la copa de alcohol y dijo: —Digamos que es guapo, aunque no es el tipo de rostro que más me gusta, ustedes las mujeres seguramente lo encontrarían muy atractivo.
Ella pensó: quizás a las mujeres les guste, debe ser de esas mujeres con muy buen cuerpo y rasgos muy delicados, que otras mujeres envidiarían. Apoyando la cara con las manos dijo: —Seguro que es muy guapa, tú ya eres muy guapo, el otro tampoco debe estar mal.
A-Chong estaba a punto de hablar cuando notó que la mirada de la chica se había fijado en cierto lugar, con una expresión algo conmocionada.
Bajó la voz y dijo: —Cielos, mira rápido a esa persona… la que acaba de entrar, detrás de ti, a la izquierda… sí, la que lleva uniforme.
A-Chong giró la cabeza y al ver a la persona se quedó perplejo, luego sonrió un poco.
La persona en su campo visual apenas avanzó dos pasos dentro del bar cuando un guardia de seguridad la detuvo, probablemente pensó que era estudiante y quería verificar si ya era mayor de edad.
Ella continuó: —Esa persona es de nuestra escuela.
A-Chong levantó ligeramente las cejas.
Cambió de postura y preguntó: —¿Oh? ¿Lo conoces?
Ella negó con la cabeza: —Solo sé que se llama Ning Yu, es una persona bastante destacada entre los estudiantes internacionales. No lo conozco personalmente, no es de mi especialidad, solo que cuando ingresamos a la escuela él vino a darnos un discurso de bienvenida a los nuevos alumnos.
A-Chong asintió: —Ya veo. ¿Y aun sin ser de tu especialidad todos saben quién es?
Ella frunció levemente los labios: —¡Claro que sí! Las personas muy sobresalientes siempre destacan dondequiera que estén. Él es realmente asombroso, dicen que su promedio académico es perfecto año tras año, y antes incluso representó a la universidad en no sé qué competencia de bádminton y ganó una medalla de oro. Es de esos hijos de los que presumen otras familias, ¿sabes? Escuché que hizo su pregrado en la Universidad X, no sé por qué vino a estudiar aquí.
A-Chong sonrió y también asintió: —Sí, qué raro.
Ella empezó a cotillear: —¿Por qué lleva un uniforme escolar?… En realidad me cuesta mucho imaginar que este tipo de persona venga a un bar a divertirse, resulta que hasta los dioses del estudio pueden sacar buenas calificaciones mientras salen a bares.
A-Chong siguió asintiendo: —Sí, en verdad no se pueden juzgar por las apariencias.
Ella estiró el cuello para mirar hacia allá y añadió: —Todos mis compañeros dicen que es guapo, pero a mí siempre me ha dado la sensación de que tiene algo de… distancia.
A-Chong asintió con mucha seriedad: —Sí, parece una persona realmente muy altiva.
—¡¿Verdad?! —dijo ella, —Es justamente esa sensación de frialdad y distancia.
—Sí, se ve muy engreído, sin un poco de calidez.
Discutieron un rato sobre la apariencia del dios del estudio y luego cambiaron de tema. Después ella comenzó a escuchar a A-Chong hablar sobre los tipos de alcohol, sin volver a mencionar al xuezhang modelo de la escuela.
Extrañamente, vio de reojo que aquel destacado xuezhang9, vestido con uniforme completo y de apariencia heroica, alzó la vista buscando a su alrededor, y luego se acercó lentamente hacia ellos.
Ella se sintió algo incómoda. Encontrarse con alguien de la escuela mientras sales a divertirte, aunque no lo conozcas, siempre genera una sensación extraña.
Ella pensó que el xuezhang solo pasaría de largo, pero entonces vio que él caminó directamente hasta el hombre que dijo llamarse A-Chong, arrastró una silla, colocó la mochila detrás del respaldo y se sentó.
Ella sostuvo su copa paralizada.
A-Chong también mostró una expresión de sorpresa, miró a Ning Yu y con tono exagerado dijo: —¡Eh!, ¿y este quién es?!
Ning Yu justo estaba sacando un pañuelo para secarse el sudor. Lanzó una mirada rápida a la chica frente a él, y también sonrió levemente: —Sí, ¿y este quién es?
A-Chong dijo: —Anna, ¿no vas a saludar a tu xuezhang?
Ella se tranquilizó, se armó de valor y dijo: —Hola xuezhang, me llamo Tana, yo… soy de la promoción XX de la facultad XX, usted vino a darnos clases sustitutas.
Ning Yu hizo una pausa breve, pero su tono seguía siendo distante: —¿Ah, sí? Qué coincidencia—. Tomó un trozo de fruta de la bandeja y se lo comió, luego miró a A-Chong: —¿Se conocen?
A-Chong no lo miró a él, giró la cabeza y preguntó a la chica: —¿Oh? ¿Así que en realidad te llamas Tana?
Ella no mostró vergüenza, solo respondió: —Soy yo en ambos casos, puedes llamarme como quieras.
A-Chong no insistió en el tema, giró la cabeza hacia Ning Yu y preguntó: —Xuezhang, esta noche oí que eres egresado de la Universidad X, ¿es cierto?— Su tono era burlón.
Ning Yu miró a la chica y soltó una risa: —¿Quién lo dijo? Debe ser un rumor, mi pregrado lo hice en la Universidad XX.
Ella incómodamente, soltó halagos exagerados: —¡¿En serio?! ¡Qué buena universidad, qué impresionante!
A-Chong apoyó la cabeza, y con desenvoltura, preguntó: —Xuezhang, oí que ganaste una medalla de oro en bádminton, ¿cómo es que yo recuerdo que me dijiste que fue en tenis?
Ning Yu reflexionó un momento, y dudoso dijo: —Realmente fue tenis.
A-Chong la miró a ella, sonriendo con burla: —No creas rumores, no difundas rumores.
Ella sonrió con incomodidad, se obligó a seguir soltando halagos exagerados a Ning Yu: —¡Xuezhang, qué increíble eres!
A-Chong miró un par de veces a esta chica, sonrió y ya no habló más.
Desde que Ning Yu se sentó ella se sintió algo incómoda, levantó la copa de vino y fingió beber.
Hoy Ning Yu parecía llevar el uniforme de su escuela, un conjunto bastante formal con corbata y cinturón, con ese atuendo parecía aún más joven. Además, usaba unas gafas de montura negra, su mirada atravesaba los cristales y proyectaba una imagen muy racional y suave.
A-Chong preguntó: —¿Por qué hoy vas vestido así?
—Por la tarde hubo un evento, había que tomarse fotos con los directivos. No tuve más remedio que ponérmelo y venir directamente sin cambiarme—. Ning Yu no dio más explicaciones, parecía algo avergonzado: —…Se ve algo raro, ¿verdad?
A-Chong le hizo una seña para que mirara a los lados: —Todos a tu alrededor te están mirando, ¿qué más podría decir Ning? ¿Los de seguridad ya te pidieron ver el pasaporte?
Venir a un bar con uniforme escolar… y con esa cara que atrae miradas. Desde que entró, los ojos de la gente a su alrededor no se habían apartado de él.
Ning Yu asintió: —Sí, verificaron mi pasaporte—. No profundizó más en este tema.
A-Chong preguntó de pronto con curiosidad: —¿A qué evento fuiste hoy?
Ning Yu hizo una pausa, reflexionando si era apropiado mencionarlo frente a otros, al final aún lo dijo: —Era la entrega de becas, me pidieron dar un discurso. Yo tampoco quería ir, pero el decano dijo que había que tomarse fotos y además mencionó que soy bastante fotogénico.
A-Chong asintió y no preguntó más.
Ella los escuchaba hablar y con cierta cautela preguntó: —¿Este año también ganaste la beca especial, xuezhang?
Ning Yu giró la cabeza para mirarla. Ella, por instinto, enderezó un poco más la espalda.
—No, no me fue bien en una materia el semestre pasado y no obtuve la beca especial.
Al oír esto sintió algo de pena: —Qué lástima, tenía la sensación de que siempre habías sido el primero lugar.
Ning Yu estaba a punto de responder cuando A-Chong intervino: —¿Quién dijo que tienes que ser siempre el primero? Con estar más o menos bien basta, con esforzarse es suficiente.
Ning Yu asintió en silencio, parecía muy de acuerdo, pero no dijo nada.
Ella observó secretamente a estos dos. Vio que Ning Yu sacó con naturalidad y fluidez un caramelo del bolsillo, lo colocó frente a A-Chong y no habló.
Por ese caramelo, comenzó a sentir que el ambiente entre ellos era extraño, como si…
Luego Ning Yu sacó otro caramelo y se lo ofreció a ella, diciendo: —Se me olvidó darte uno, ¿Ta…na, verdad? Por favor come el caramelo.
Ella dijo gracias, desenvolvió aquel dulce de leche Dabaitu10 y se lo comió. Los dientes mordieron, enredándose con la dulzura suave y pegajosa del caramelo.
Al alzar la vista, vio que A-Chong no tomaba el dulce, fue Ning Yu quien lo recogió, lo desenvolvió y se lo llevó a los labios de aquel hombre. Vio que A-Chong entonces abrió la boca para comerse el dulce, mientras la estaba mirándo a ella.
Mientras lo comía, le sonreía.
Entonces ella también sonrió levemente.
El bar estaba muy bullicioso, pero alrededor de estos dos hombres de auras tan distintas reinaba una calma extraña. Parecían conocerse profundamente, hasta el punto de que ni siquiera necesitaban hablar mucho.
De repente sintió que a su alrededor emergía un aroma húmedo, cálido y ambiguo que saturaba todo el aire. El origen eran ellos, aunque en ese momento guardaban silencio, no hablaban ni hacían gestos innecesarios.
Esta atmósfera hacía imposible permanecer sentado con calma.
El dulce en su boca era empalagoso. Miró la uva en su copa de vino y con sensatez, dijo: —Creo que ya debo irme.
Ning Yu miró la hora y preguntó: —A esta hora… ¿viene alguien a recogerte?
Ella negó con la cabeza. Ning Yu volvió a preguntar: —¿Vives en algún dormitorio?
A-Chong le dio una palmada en la cabeza: —No te metas en dónde vive la gente.
Ning Yu sonrió, devolvió la mirada y vio que en él había un dejo de sumisión y docilidad: —Bueno, ya no hablaré más.
—¿Y por qué no me cuidas a mí? —dijo A-Chong con tono despreocupado, —Qué desdichado soy, mi esposa siempre está ocupado, nadie me cuida, y todavía tengo que comer fuera… ¡Qué tragedia humana!
Ning Yu sonrió y con voz suave lo engatusó: —Espera a la próxima semana que termine de estar ocupado, si ganó el premio te compraré gelatina para comer.
Empalagoso hasta la muerte. Por fin lo confirmó, y pensó: no quiero comer comida para perros.
Pero sintió curiosidad y preguntó: —¿A qué competencia vas a participar, Xuezhang?
Ning Yu contó brevemente sobre ese ACM que A-Chong no entendía.
Tras escucharlo, lo elogió con sinceridad: —Xuezhang, en verdad eres muy inteligente… incluso yo, siendo de otra facultad, he oído hablar de ti.
Ning Yu parecía no saber cómo responder a ese elogio. A-Chong le ayudó a continuar la conversación…
—Tu comentario no es del todo acertado. Por más inteligente que sea alguien, también debe esforzarse. Tú solo ves sus resultados y dices que es inteligente, ¿por qué no elogias su esfuerzo? Anna, cuanto más te esfuerzas, más suerte tienes; tú crees que esas personas inteligentes son muy relajadas, pero en realidad, por más listos que sean, también deben trabajar duro—. Miró a Ning Yu: —¿Ning no está de acuerdo?
Ning Yu sonrió levemente: —Sí, mi suerte es muy mala, y solo puedo esforzarme.
Ella solo pudo decir: —Sí, hay que esforzarse.
Luego vio que la mano de Ning Yu, bajo la mesa, se movió ligeramente. Quizás pensó que ella no lo notaría, pero ella tuvo la sensación de que acababa de tomar la mano de A-Chong, quien seguía hablando.
No supo por qué, pero suspiró en su corazón. Sentía algo de agria envidia, mezclada con melancolía. Se cuestionó sus propios pensamientos, ¿acaso no soporto ver felices a dos personas que encajan perfectamente? Luego se consoló pensando: no es eso, acabo de terminar una relación, simplemente tengo el corazón algo desolado y perdido, y al ver ser felices a otros sintió ganas de llorar.
¿Volverán a casa tomados de la mano? Ellos tienen un hogar.
Ella se puso de pie para despedirse.
Los tacones altos eran nuevos, incómodos de usar, quizás incluso le habían lastimado los pies. Había bebido bastante, y los rostros de estos dos hombres frente a ella se superponían en su visión, dos sombras enredadas entre sí, inseparables sin poder distinguir cuál era cuál.
En ese instante sintió de pronto un fuerte anhelo por su tierra natal, por aquella pradera.
Al final, igual la acompañaron hasta la salida del bar e incluso le llamaron un taxi. Antes de subir al vehículo, A-Chong le dio una palmada en el hombro y dijo: —Hasta luego, Anna la desconocida.
Él seguía llamándola Anna.
Vio que Ning Yu permanecía al borde de la calle observándolos sin acercarse, y en voz baja preguntó: —¿Él es tu excepción, verdad?
El rostro de A-Chong estaba muy borroso en la noche, ella apenas podía distinguirlo, solo recordaba aquel pendiente brillante.
Pareció asentir.
—Todavía dices que no encajan, pero yo creo que ustedes sí encajan—. Repitió: —Encajan mucho.
A-Chong sonrió: —Gracias.
Por aquella sonrisa, en ese momento, ella fue a bendecir desde el fondo de su corazón a este desconocido que había cruzado brevemente su vida.
—Cuando tengas oportunidad, tienes que ir con el xuezhang a ver la pradera, las estrellas son muy bonitas.
A-Chong dijo: —Lo haré. Ten cuidado, y en el futuro no te tropieces al caminar.
Ella asintió: —Guardaré el secreto.
A-Chong, probablemente pensando que no terminaría nunca, sonrió y dijo:—Si seguimos hablando, él y yo no podremos volver a casa.
—Perdón—. Ella también sonrió: —Gracias por invitarme a beber, y gracias al Xuezhang por el caramelo. Adiós.
—De nada —dijo A-Chong, —Adiós.
Adiós a la historia de esta noche.
A-Chong le cerró la puerta del vehículo.
El coche arrancó y se llevó consigo a la Anna de esta noche. En el vehículo divagó sin rumbo, pero al final no pudo contenerse y miró hacia atrás…
Un hombre que había encontrado por casualidad, un Xuezhang de excelentes calificaciones en la escuela. Ellos estaban de pie bajo la luz de aquel bar besándose, y en ese momento todo lo demás solo era un fondo para ellos.
Esta escena era muy hermosa de ver, no le sorprendió, le pareció natural, como si ese lugar estuviera destinado precisamente para que ellos se besaran.
Aún tenía en la boca el dulzor del caramelo; al ver aquel beso, sintió que incluso el aire era dulce, con un poco de la fragancia del alcohol que habían bebido.
Aquellas dos siluetas se hicieron cada vez más pequeñas en su campo visual, el coche dobló en una curva y ya no pudo volver a verlos más.
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Nota de la autora:
Nota del 21/5: El extra publicado en línea termina aquí. Para información sobre la edición impresa, pueden seguir a @Jing’an Lu 1 Hao Jian. Los extras restantes serán entregados a la editorial. Siguiendo el orden espacial, este extra corresponde a Chiang Mai, los dos restantes son Yunnan y Bangkok. También se incluirán los registros terapéuticos escritos anteriormente para Ning Yu y publicados en Weibo.