Prólogo: Chu Huan (Parte III)

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Al amanecer, Chu Huan barrió las cenizas en un montón, se subió a un banco y se asomó sobre el gran armario. Allí encontró el cadáver ya frío y rígido del gato. Ayer había roto la regla de subir a su cama; al parecer, realmente había ido a despedirse.

Chu Huan se arremangó y se quedó recostado un rato sobre la parte superior del armario, llena de polvo, con una sensación indescriptible en el pecho. De repente, su celular sonó. Lo tomó y vio que era un mensaje de texto de la enfermera: “Llegó la hora, ven a decirme adiós”.

Chu Huan y la enfermera, una señora de más de cincuenta años, no tenían ninguna relación inapropiada fuera de la laboral; ese mensaje sin contexto evidentemente venía de Chu Aiguo. Ese viejo, quién sabe cómo, le había robado el teléfono a la mujer otra vez.

Chu Huan guardó la bayoneta y la pistola, se cambió a un conjunto de ropa negra y preparó un equipaje sencillo. Luego buscó una vieja caja de zapatos, metió al gato dentro y cubrió su cuerpo con las cenizas de papel, dejando solo su cabeza redonda visible, y lo enterró bajo el gran pino que había abajo del edificio. Después, se ajustó el ala del sombrero, paró un taxi al borde de la calle, dio el nombre del hospital y se recostó en el asiento cerrando los ojos para descansar.

Iba a visitar a Chu Aiguo. Sí, para verlo por última vez.

Chu Aiguo era un personaje singular. La gente decía que se parecía al señor Ma Sanli1. De tanto escucharlo, Chu Aiguo se volvió fanático del viejo maestro Ma; en sus ratos libres se abrazaba a una pequeña radio para escucharlo y, con el tiempo, terminó copiando su forma de hablar y su tono, convirtiéndose en un imitador de primera categoría que podía pasar por el original en cuanto abría la boca.

La habitación donde estaba internado era individual. Chu Huan entró y cerró la puerta tras de sí. Justo cuando iba a avanzar, el viejo, seco y delgado como un cadáver viviente sobre la cama, lo detuvo con un grito.

Aunque la voz del anciano era ronca, tenía una parsimonia y una tranquilidad muy propias: —Eh… espera. ¿Y tu disfraz?

Chu Huan detuvo sus pasos. Sacó una servilleta de papel del bolsillo del pantalón, la desdobló y la volvió a doblar un par de veces; luego extrajo una aguja de acero del puño de su manga, la dobló con las manos desnudas y la clavó en la servilleta para fijarla, creando rápidamente una pequeña flor blanca2 improvisada que se prendió en la solapa. Frente al vidrio de la ventana, se acomodó el saco negro del traje y completó su look de “ir a visitar una tumba”. Solo entonces caminó hacia la cama del anciano.

—Señor Chu Aiguo… —empezó Chu Huan. Chu Aiguo abrió sus ojos turbios y, por un momento, logró proyectar una energía intimidante: —¿Qué es esa cara? Tú… Ponte un poco más festivo, más alegre.

Chu Huan bajó la vista hacia su propia vestimenta, se inclinó y le dijo a su padre adoptivo: —¿No estamos a punto de despedirnos de este mundo? ¿Sería apropiado ponerse festivo? 

—Por qué no iba a ser apropiado. Se vive con alegría y se muere con alegría —con cada respiración de Chu Aiguo, su caja torácica emitía un sonido terrible, como si sus pulmones tuvieran fugas. Habló con dificultad, jadeando—. No quiero escuchar ese discurso de “Fulanito vivirá por siempre en tu corazón”. ¿Qué soy yo, un inquilino que se niega a desalojar? ¿Dónde vas a meter a mi nuera en el futuro si yo sigo ahí ocupando espacio?

—Realmente se preocupa usted por un futuro muy lejano, teniendo en cuenta que su nuera todavía no sabemos en la barriga de qué mujer está —Chu Huan hizo una pausa y cedió—: Entonces, ¿qué pasaje planea escuchar? 

—Ese que dice “Yies Ai Du”3 —respondió Chu Aiguo.

Chu Huan tardó medio minuto en reaccionar y entender a qué se refería con ese “Yies Ai Du”. Suspiró, sintiéndose muy melancólico, e intentó razonar con Chu Aiguo: —Papá, eso se usa en las bodas. Al oír esto, Chu Aiguo enfureció. Sus puños secos y delgados golpearon la cama haciendo un ruido sordo, y comenzó a lloriquear con un tono teatral: —¿No es… no es esto justo porque me quedan pocos minutos de vida? Ya nadie… ya nadie me hace caso, nadie me quiere, me he convertido en esas hojas viejas de repollo pudriéndose en el huerto…

—Está bien, está bien, boda, será una boda —Chu Huan se rindió apresuradamente y preguntó con humildad—: Entonces, ¿con quién planea casarse? 

—Planeo casarme con el Rey Yama para traértelo de madrastra —dijo Chu Aiguo.

Chu Huan quedó totalmente admirado ante la determinación de su anciano padre de convertirse en un “niño bonito” mantenido incluso después de la muerte: —Papá, viendo su energía, me parece que no se va a reunir con mi madrastra tan pronto; parece que tiene intenciones de pedirle al cielo otros quinientos años prestados.

—A esto se le llama lucidez terminal —Chu Aiguo lo miró fantasmalmente—. Prestados, mis polainas.

Chu Huan acercó una silla y se sentó a su lado, preguntando en voz baja: —¿Por qué no se pueden pedir prestados? 

Chu Aiguo se rió como un fuelle roto, “juf, juf”. Alzó sus cejas escasas y, vagamente, se pudo ver esa rebeldía que ni la vejez ni el tiempo habían podido llevarse: —Tu padre tiene demasiados antecedentes de préstamos morosos, allá abajo me tienen miedo.

Chu Huan lo miró fijamente un rato, se preparó y comenzó a hablar con tono ceremonial: —Señor Chu Aiguo, ¿se encuentra usted aquí, bajo el llamado del Rey Yama, para aceptar este sagrado ritual de agonía? 

Chu Aiguo respondió cooperando: —¿Quién dice que no?

Chu Huan: —¿Prometes abandonar este mundo que te rodea… tan lleno de gente, despedirte de él, no volver a verlo, no sentir nostalgia, tirarlo como si fuera un trapo viejo y roto? ¿Prometes que en los días venideros, ya sea en paz o en guerra, entre cantos y bailes o entre ruinas, nunca más volverás a pensar en él, olvidándose mutuamente, hasta que este mundo también te olvide a ti?

Chu Aiguo estaba bastante insatisfecho con este maestro de ceremonias tan poco serio y maldijo: —¿Acaso no tienes palabras bonitas? ¡Quién carajos querría aceptar eso! 

Chu Huan, inexpresivo, dijo en voz baja: —Papá, me temo que eso ya no depende de ti.

Chu Aiguo escuchó, se quedó aturdido un momento y murmuró: —Es verdad… Abre ese… ese cajón de la mesita de luz. Hay una caja, sácala por mi—. Chu Huan obedeció, encontró la caja que decía el señor Chu Aiguo y, al abrirla, vio un anillo de platino simple—. Tiene letras, ¿las ves? —dijo Chu Aiguo.

En el interior del anillo simple, grabadas con una fuente muy artística, había cuatro palabras que arruinaban cualquier paisaje: “Te tomo el pelo”4.

—¿Te tomo el pelo? —leyó Chu Huan. Chu Aiguo asintió con dificultad: —Te tomo el pelo… Te pregunto, tú… tú últimamente, ¿has tenido ese tipo de sensación?

—¿Qué tipo? —preguntó Chu Huan. Chu Aiguo levantó su mano marchita y agarró la muñeca de Chu Huan: —Que no tienes expectativas de nada, ningún deseo en la vida, que parece que no puedes alegrarte con nada, que te duele la cabeza hasta el aturdimiento, que ni siquiera te dan ganas de hacerte una paja…

Chu Huan fingió estar en shock: —Papá, ya tiene la tierra hasta la coronilla, ¿puede dejar de ser tan viejo verde? 

Chu Aiguo hizo oídos sordos y lo miró intensamente con sus ojos turbios: —¿Te pasa?

Chu Huan respondió sin parpadear: —Absolutamente no. 

La mano de Chu Aiguo apretó con más fuerza: —Di la verdad.

Chu Huan: “…” Esta vez guardó silencio durante un largo rato. La mirada tras sus lentes no se distinguía bien, solo se veía muy oscura y profunda. Pasó un buen tiempo hasta que curvó la comisura de la boca y dijo con frivolidad: —Solo de vez en cuando. Nadie se la hace todos los días, hace daño a la salud.

Chu Aiguo exhaló un largo suspiro de aire viciado: —Una vez te vi parado frente a la ventana, parecía que ibas a saltar… 

Chu Huan soltó una risa burlona: —Imposible. Estamparse contra el suelo contamina mucho el medio ambiente, ¿parezco alguien con tan poca conciencia cívica?

Chu Aiguo ignoró su broma y lo miró sin decir una palabra. Finalmente, bajo la mirada agresiva del viejo duende, Chu Huan se dio por vencido, desvió la vista primero y su sonrisa se desvaneció: —…Solo fue esa vez.

—¿Por qué no saltaste después? —preguntó Chu Aiguo. 

—Porque todavía no habíamos atrapado a las “Dos Fantasmas” —respondió Chu Huan.

Chu Aiguo cerró los ojos: —Si todavía puedes pensar en eso, significa que aún tienes salvación. Tú… recuérdalo: Huan significa pilar del país5… 

Chu Huan lo interrumpió, incapaz de soportarlo más: —Córtela ya, busqué en el diccionario y esa cosa solo significa un poste de madera grande.

—¿Y qué tiene de malo un poste de madera grande? Si te tatúas las “Montañas y Ríos” alrededor del cuerpo, puedes sostener el cielo y la tierra —Chu Aiguo abrió los ojos desorbitados—. Pero sostener el cielo y la tierra… no significa que tengas que tener tu propio “pilar” levantado todo el tiempo apuntando al cielo.

La esquina del ojo de Chu Huan se crispó levemente: —Papá, toda esa energía de gamberro que tiene y no sabe dónde gastarla, ¿decidió descargarla conmigo, verdad?

Chu Aiguo tomó aire, miró de reojo el bolso que Chu Huan había dejado en la puerta de la habitación; su voz temblaba levemente y su aliento era un hilo: —Hijo de puta, realmente el lascivo solo ve lascivia… Lo que quiero decir es que tienes que salir más a ver el mundo exterior. No pienses siempre en cumplir con tu deber y que una vez hecho eso ya no importa si vives o mueres. Ahora nadie te pone cargas sobre los hombros, no te encierres en tus obsesiones. Si realmente no puedes soportarlo, ve al médico, toma medicinas, no es ninguna vergüenza. No lo cargues todo tú solo hasta morir… ¿eh? De ahora en adelante yo no estaré, ya nadie podrá controlarte… Ay…

Chu Huan no dijo nada. Parecía haber escuchado, pero también parecía haber tomado la decisión de obedecer en apariencia y desobedecer en la práctica.

Chu Aiguo lo miró con inmensa preocupación: —¿Te vas a ir de viaje lejos? 

Chu Huan asintió: —Sí, me voy en unos días. Primero tengo que arreglar unos asuntos.

—¿Y qué vas a hacer con Da Mi cuando te vayas? ¿A quién se lo vas a dejar? 

Chu Huan hizo una pausa: —Da Mi murió de viejo, en paz.

—Uy —Chu Aiguo chasqueó la lengua con pesar—, qué mal, pecado, pecado… Al morir terminé arrastrando a una gatita para que muriera por amor conmigo. —Chu Huan miró su rostro cubierto por la sombra de la muerte y sintió que decirle la verdad en ese momento sería un poco cruel, así que ocultó el hecho de que Da Mi era un gato macho castrado, preservando la fantasía romántica interespecies del viejo.

El joven y el viejo permanecieron en silencio un momento. La fuerza que el anciano tenía para gritar parecía haberse agotado; podía sentir cómo su vida se escapaba rápidamente.

La luz del sol entraba barriendo a través de la ventana; era un día soleado de luces y sombras claras. Chu Aiguo dijo con un hilo de voz: —Tú… ponte el anillo.

El primer anillo que usaba en su vida resultaba venir de su padre calvo. Chu Huan pensó que ese hecho era un poco cruel, pero aun así obedeció y se lo puso en el dedo medio.

El anillo encajaba a la perfección; esas palabras, “Te tomo el pelo”, parecían hechas a su medida.

—Ya casi me muero —dijo el anciano, levantando lentamente la vista.

En ese momento, la mirada envejecida se encontró con la mirada joven. Los ojos del hombre joven eran tranquilos y profundos; al mirarlos, uno no podía evitar sentir un escalofrío en el corazón. Chu Huan guardó toda su actitud perezosa y respondió en voz baja: —Mmm.

—¿Vas a vivir hasta los setenta u ochenta años? —preguntó Chu Aiguo. 

Chu Huan dudó un buen rato antes de responder con prudencia: —Lo intentaré.

—¿Qué harás cuando encuentres dificultades? —preguntó Chu Aiguo. 

Chu Huan pareció asimilar la pregunta, pensó un buen rato y luego, una sonrisa tacaña apareció en su rostro: —”Te tomo el pelo”.

—Bien, bien, tienes que estar bien… —Chu Aiguo agarró la mano de Chu Huan y la sacudió, como si usara sus últimas fuerzas. Poco después, su cuerpo se puso rígido de repente, como si sus asuntos estuvieran resueltos y ya no tuviera preocupaciones. Murmuró varios “bien” seguidos y cerró los ojos por completo.

Chu Huan sostuvo esa mano que acababa de cruzar la frontera entre la vida y la muerte, y que aún no se había enfriado, y también cerró los ojos. Le pareció escuchar el sonido del viento colándose en la habitación desde lejos, oscilante, y su corazón se llenó de una soledad gris y fría como la escarcha.

—Bien —le dijo a quien ya no podía escucharlo—. Adiós.

Sintió un vacío que lo mareaba, como si aparte de las dos “fantasmas” que seguían libres y arrogantes, en el mundo humano solo quedara ese pesado “bien” anclándolo, fijándolo a la tierra bajo sus pies.

Notas del Traductor

  1. Fue uno de los maestros más famosos de Xiangsheng (diálogo cómico tradicional chino). Es una figura icónica conocida por su estilo de humor seco, su voz ronca y sus historias largas con remates inesperados.
  2. En la cultura china, el color blanco es el color del luto. Llevar una flor blanca en el pecho o en el brazo es el símbolo tradicional para los funerales (equivalente a la ropa negra en occidente).
  3. 噎死爱肚 – Yē Sǐ Ài Dù: En el original, el padre usa caracteres chinos que suenan fonéticamente como el inglés “Yes, I do” (Sí, acepto), pero que literalmente significan algo absurdo como “Atragantarse de muerte ama la barriga”. Es una forma cómica de pedir escuchar los votos matrimoniales tradicionales de las películas occidentales.
  4. 逗你玩 – Dòu Nǐ Wán: Esta es la frase más famosa del comediante Ma Sanli (mencionado anteriormente). Proviene de un sketch donde un ladrón engaña a un niño diciéndole que su nombre es “Te tomo el pelo”, para que cuando el niño pida ayuda gritando el nombre, nadie le haga caso. La frase se convirtió en un modismo para “es una broma” o “solo estoy jugando”.
  5. El nombre del protagonista, Chu Huan, usa el carácter 桓 (Huán), que antiguamente se refería a grandes pilares de piedra o madera usados como marcadores o tótems. De ahí el juego de palabras sobre ser un “pilar” de la sociedad.
Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x