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Chen Jian observó cómo Lu Kongyun se quitaba el bozal de mordida y lo dejaba sobre la mesa.
Era la primera vez que Lu Kongyun visitaba la Casa S y, nada más llegar, ya pedía algo “intenso”. A ojos de Chen Jian, aquello no parecía del todo serio. Por la forma en que se lo quitaba, daba la impresión de que Lu Kongyun quería demostrar que no estaba allí solo para “mirar”.
Así que Chen Jian sonrió con respeto y se limitó a esperar a ver qué hacía.
Lu Kongyun fijó la mirada un rato en un cliente que estaba molestando a un camarero. Luego apartó su bebida a un lado, se sirvió una copa llena y se la bebió de un trago. Después volvió a servirse otra.
… Ajá. Así que se quitó el bozal solo para beber más cómodamente.
Chen Jian cruzó los brazos y se recostó en el sofá.
Muchos clientes tenían los ojos puestos en aquel bellezón excepcional que se había sometido a una cirugía glandular. Pero nadie se atrevía a llamarlo; todos parecían pensar lo mismo: ese está reservado para el invitado más importante del lugar.
—Director Lu, si usted no dice nada, los demás tampoco se van a atrever a tocarlo —lo animó Chen Jian.
Lu Kongyun le lanzó una mirada y, acto seguido, le hizo una seña al bellezón. Este se acercó de inmediato, se sentó a su lado y apoyó el cuerpo contra su brazo.
—En periodo de recuperación no deberías recibir clientes —dijo Lu Kongyun mientras retiraba el brazo para servirse más licor.
—… Gracias por su preocupación, señor Lu —respondió el bellezón, sorprendido. Luego bajó la mirada—. Ya he recibido antes. No pasa nada.
—Si pasara algo, ya estarías muerto —dijo Lu Kongyun.
El bellezón se quedó sin palabras.
Lu Kongyun volvió a vaciar la copa de un solo trago, sin mostrar expresión alguna.
Mientras tanto, el cliente que estaba molestando al camarero intentaba bajar la cremallera de sus pantalones. Como era de esperar, no se movía ni un milímetro. Algunos a su alrededor estallaron en risas.
—Vaya, el joven Ding sale de fiesta con pantalones que ni se suben ni se bajan. Le sirve tanto para quedar bien con los amigos como con la esposa. Aprendido, ¿eh?
—¡Jajajaja!
Que lo ridiculizaran así, y encima delante de alguien de la familia Lu, empezó a irritar al tal Ding. Tiró varias veces con fuerza, pero la cremallera seguía apretada como las fauces de un cocodrilo, sin moverse lo más mínimo.
—¿…Fuiste tú el que hizo esto? ¿Eh?
El camarero arrodillado, sin embargo, parecía estar mirando hacia el otro extremo del sofá.
—¡A dónde coño estás mirando! —Agarró la cara del camarero y lo obligó a mirarlo. Luego le soltó una bofetada— ¡Te estoy hablando!
Esta vez el camarero no se disculpó; permaneció en silencio, con la cabeza gacha y Lu Kongyun volvió a llenar la copa.
—Tómeselo con calma. Este licor pega fuerte al final. —Gao Yuting le advirtió.
Pasó un momento antes de que el camarero levantara la cabeza con una sonrisa suave.
—…Mis disculpas, señor. Saldré un momento a buscar una herramienta. Le arreglaré la cremallera. Se la dejaré perfecta y luego podré continuar “atendiéndolo”.
Aún de rodillas, se inclinó con respeto y se levantó para salir de la habitación.
El joven Ding lo pensó un instante, sonrió y se puso de pie, dispuesto a seguirlo. Por supuesto, nadie lo detuvo. Solo hubo quien bromeó:
—Joven Ding, con la cantidad de bellezas que saben atender aquí, vas y decides jugar con el que sirve las bebidas.
El joven Ding, humillado por las burlas acerca de su cremallera, tomó la firme decisión de “darle su merecido” a ese Omega de baja categoría que le hacía de camarero. Con una sonrisa llena de burla, dijo:
—Voy a tomarme un aperitivo primero. Luego vuelvo a disfrutar del plato principal.
—Detente —dijo Lu Kongyun.
El joven Ding se quedó congelado. No esperaba que Lu Kongyun le dirigiera la palabra.
—¿Te dije que podías irte? —la voz del segundo hijo de la familia Lu no tenía nada de agradable—. Vuelve.
El joven Ding se quedó aturdido. Miró de reojo a Chen Jian y enseguida forzó una sonrisa torpe mientras regresaba, ya preparando un par de frases de disculpa, alguna excusa y las habituales cortesías sobre su falta de tacto. Pero Lu Kongyun volvió a hablar:
—Pensé que el presidente Chen quería que yo eligiera primero.
El joven Ding, también con pasado militar, vio la severidad en el semblante y en el tono de Lu Kongyun, una frialdad que hacía desaparecer de la habitación cualquier asomo de frivolidad. Poco a poco su expresión se volvió seria; ya no parecía un cliente de ocio, sino un soldado presentándose a su superior.
Se cuadró firmemente.
—Disculpe, coronel Lu. Yo pensé que usted no querría a un…
—Tú pensaste —lo interrumpió Lu Kongyun. Le dedicó una mirada, vaciló un instante y luego añadió—: Ven aquí.
El joven Ding caminó hasta colocarse frente a él.
Lu Kongyun se levantó y quedaron cara a cara. Entonces se remangó un poco, alzó el brazo y le soltó una bofetada tan sonora que el eco pareció clavarse en la habitación. El joven Ding se ladeó de golpe, tardó unos segundos en recomponerse y bajó la cabeza para decir, en voz alta:
—¡Perdón, coronel Lu!
Lu Kongyun miró su propia mano un momento y se bajó la manga.
—…Mi estado emocional y físico no es muy estable ahora mismo. Por eso vine a la Casa S —explicó. Luego señaló su bozal de mordida—. Me disculpo por mi comportamiento.
—¡No tiene que disculparse, coronel! El que se excedió fui yo —respondió el joven Ding, firme como una tabla.
Lu Kongyun bajó la cabeza unos segundos y murmuró:
—Ah.
Y con un gesto rápido, le dio otra bofetada; esta sonó aún más limpia, como si hubiera perfeccionado la técnica.
—Entonces fue culpa tuya. ¿No es así? —preguntó Lu Kongyun.
—¡Sí! ¡Perdón, coronel Lu! —gritó el joven Ding.
La sala quedó en un silencio petrificado.
—Vuelve a tu sitio.
El joven Ding regresó obedientemente. Lu Kongyun también tomó asiento y siguió sirviéndose licor.
—Dejen de mirarme. Ocúpense de lo suyo —ordenó.
En el sofá se oyeron movimientos deliberados, una señal de que los demás seguían la instrucción. Pero nadie volvió a conversar. El ambiente estaba hecho trizas. Chen Jian pensó en aligerar un poco la tensión, aunque su instinto le advirtió que, al menos por ahora, no era el momento. Intercambió una mirada con Gao Yuting; el doctor soltó una sonrisa amarga y se encogió de hombros.
Casi todos los presentes eran Alfas de alto nivel; algunos incluso pertenecían a la categoría S. Todos podían sentir aquella amenaza que el propietario del poderoso olor a feromonas estaba tratando desesperadamente de contener. Era una sensación semejante a la presión de un cielo a punto de romperse en tormenta, o al instante en que se abre la jaula de un depredador en la arena de un circo: algo que hacía que todos se sintieran inquietos hasta la médula.
Cualquiera en esa cadena alimenticia AO podía percibir la turbulencia de las feromonas que emanaba de aquel depredador de la cúspide. No importaba la posición, la inteligencia o la fuerza física.
Qué irónico es todo esto, pensó Gao Yuting.
Alzó la muñeca y ajustó en silencio su brazalete. Unos segundos después, los demás, casi como despertando de un trance, levantaron la mano para hacer exactamente lo mismo.
El bellezón que se había sometido a la cirugía glandular temblaba. Sus dobles feromonas estaban siendo perturbadas por dos fuerzas distintas, y el malestar era evidente. Lu Kongyun le dirigió una mirada y dijo:
—Siéntate lejos.
El bellezón se levantó al instante y caminó hasta el extremo del reservado, junto al acuario.
Yu Xiaowen salió del reservado, se frotó la cara y escupió con rabia:
—Maldito hijo de perra.
La operación había salido bien.
Solo que…
¿Qué hacía él en un sitio como este?
Era imposible. Lu Kongyun. Pero parecía no conocer a esa gente.
A Yu Xiaowen aún le daba vueltas en la cabeza la imagen de Lu Kongyun llamando a aquel bellezón para que se sentara a su lado. Incluso se había quitado el bozal de mordida.
Así que ¿por qué? ¿Era que, nada más oírle decir que era virgen, ese tipo decidió buscar dónde estrenarse?
¿De verdad yo tengo tanta influencia?
¿Tan aterrado está de que me “aproveche” demasiado de él?
Ja.
Yu Xiaowen quiso reírse, pero no pudo. Sentía un ahogo punzante en el pecho, náuseas incluso; quizá el analgésico estaba empezando a perder efecto. Sacó dos pastillas que ya tenía preparadas, se las metió en la boca y, con esfuerzo, las tragó por la garganta tensa.
Se alejó del reservado y se detuvo frente al lavamanos del baño común.
Abrió el grifo y empezó a lavarse las manos. Junto a él se acercó otro Alfa camarero a hacer lo mismo. Era Xu Jie. En el equipo de operaciones todos llevaban microauriculares, así que podían oírse entre sí. Xu Jie sabía lo que había pasado dentro.
Su expresión estaba llena de preocupación.
—Hermano, ¿te duele?
—Estoy bien —respondió Yu Xiaowen.
—¿Funcionó? —Xu Jie bajó aún más la voz.
Yu Xiaowen lo miró a través del espejo y asintió apenas, sin decir palabra.
Xu Jie sonrió, aliviado.
—¿Nos retiramos?
Yu Xiaowen negó con la cabeza.
—Tengo que volver. Si desaparezco de golpe, levantaré sospechas.
—Pero ese tipo hace un momento quiso… eh… contigo. Si vuelves…
—¿Y qué si quiso? —Yu Xiaowen curvó una sonrisa, escondiendo la voz bajo la música suave del salón—. ¿Con querer ya puede tenerme? Yo también quiero acostarme con Li Datou, ¿y qué? Por lo menos ya resolvimos las horas extras.
Al otro lado del auricular varios compañeros aspiraron aire de golpe.
—Hermano Xiaowen… El director está en el canal.
Un carraspeo torpe y maduro sonó:
—[ …No te preocupes. Nadie te va a descontar nada. ]
Yu Xiaowen quedó en silencio unos segundos.
—Ah. Muchas gracias.
Algunos compañeros soltaron carcajadas, y la tensión se aflojó de inmediato.
La voz de Chen Zihan resonó por el canal:
—[ Wen’er, el informante reconoció la voz. Es la misma persona, sin duda. Ya que hemos localizado al objetivo, no hace falta precipitarse. Busca la primera oportunidad para salir de ahí. Y no se te ocurra jugarte la vida tú solo otra vez. ¿Me oyes? ]
—Puedo manejarlo —respondió Yu Xiaowen. Con la lengua palpó la hinchazón de su mejilla y se limpió la sangre del labio con el dorso de la mano.
Mientras regresaba al reservado, ya había decidido cómo seguir lidiando con el objetivo durante un rato más antes de retirarse con seguridad. Se plantó un instante ante la puerta, respiró hondo y volvió a entrar en la habitación.
—[ Hermano, estoy cerca. Si pasa algo, te cubro] —dijo la voz de Xu Jie en el auricular.
Yu Xiaowen no respondió. Se quedó aturdido y, por reflejo, miró el número del reservado. VIP001. No había duda.
Luego levantó la vista hacia los clientes.
Lo que vio dentro no tenía nada que ver con la escena de hacía un momento. Parecía haber entrado, sin querer, en un universo paralelo.
El aire estaba silencioso; no había música, ni risas, ni conversaciones exuberantes. Los clientes estaban sentados en los sofás con la espalda recta, sujetando las copas con gesto solemne, bebiendo con corrección. Los asistentes seguían atendiendo a los presentes, pero sus movimientos eran sobrios, sin coquetería alguna: parecían todos gerentes de hotel impecablemente entrenados.
Como si hubieran lanzado una reunión militar dentro de la Casa S. Una versión infernal.
El bellezón que antes estaba al lado de Lu Kongyun también había desaparecido; quedaba un espacio vacío.
Y el objetivo de Yu Xiaowen, aquel tal Ding, en apenas unos minutos parecía incluso más robusto.
La escena era tan extraña y absurda que Yu Xiaowen se frotó el brazo de manera automática. Ni siquiera frente a los delincuentes más violentos había sentido un frío así en la piel. Se quedó inmóvil en la puerta, sin saber cómo reaccionar. El primero en moverse fue Chen Jian, el dueño del club, rompiendo el silencio ceremonial.
—Adelante —dijo con amabilidad.
Yu Xiaowen notaba en el ambiente una feromona inquietante. En un reservado de una fiesta AO, era normal que los olores se mezclaran, así que era difícil distinguir de quién provenía. Además, llevaba el inhibidor de mayor potencia y mayores efectos secundarios del mercado. Podía sentir la influencia, pero no perdería el control.
Se tocó por reflejo la nuca… y no encontró el parche. Estaba bloqueado por el collar.
—Sirve el licor —ordenó Lu Kongyun.
Yu Xiaowen levantó la mirada.
Lu Kongyun lo miraba directamente. Ahora llevaba el flequillo peinado hacia atrás, dejando al descubierto la frente y las cejas tensas.
Yu Xiaowen ya sabía de quién era esa feromona infernal.
En cuanto oyó a Lu Kongyun, Chen Jian agitó la mano para apurar al Omega paralizado en la entrada. El camarero se acercó y se arrodilló a los pies del coronel, sirviéndole la bebida y luego la ofreció con ambas manos:
—Amo.
Lu Kongyun bajó la mirada hacia él, aunque no tomó la copa.
Gao Yuting observó al camarero arrodillado a los pies del joven. Pese al maquillaje cargado, aquel rostro tenía una extraña honestidad, una pureza que desentonaba por completo con el lugar.
Lo observó un poco más y pensó que era lógico que el tal Ding quisiera probar “un aperitivo” primero.
Luego se inclinó hacia Lu Kongyun y murmuró:
—Deja de beber. Tus datos de monitoreo están por estallar. No empeores la situación. ¿O quieres entrar en celo aquí?
Lu Kongyun no le hizo caso. Solo seguía mirando al camarero con el ceño sombrío.
—No me llames así.
—¿Hmm? —El camarero lo sostuvo la mirada unos segundos y luego la bajó lentamente.
Se llevó una mano al cuello.
Lu Kongyun le levantó la barbilla con dos dedos y lo examinó. Después tomó un pañuelo, lo mojó en la copa de licor y comenzó a limpiarle la barra de labial brillante, ya difuminada, junto con la sangre reseca del borde de los labios.
El alcohol le escoció; el camarero frunció el ceño, pero no hizo ruido.
—”Amo” solo puede ser uno —dijo Lu Kongyun—. Solo uno. Tu trabajo no tiene nada que ver conmigo. Pero si ya has llamado amo a otro, no me llames a mí.
Chen Jian, que conocía de sobra todos los rumores sobre el segundo joven maestro de la familia Lu, sintió que aquello no encajaba ni con la versión buena ni con la mala. Ni remotamente.
—Entonces elige solo a uno —intervino enseguida, aprovechando la ocasión para suavizar el ambiente—. Tú, esta noche atiende únicamente al señor Lu. A él solo lo llamarás “amo”.
Lu Kongyun lo miró con expresión indescriptible.
—No era eso lo que quería decir.
Chen Jian palmeó el asiento vacío entre ambos.
—Ven, siéntate.
…
Yu Xiaowen no tuvo opción. Se sentó entre los dos. De pronto, Chen Jian deslizó la mano por detrás y le apretó el trasero, lo que obligó a Yu Xiaowen a girarse a mirarlo.
Chen Jian acercó la boca a su oído; parecía un gesto íntimo, pero era un susurro urgente:
—Hay algo en su bebida.
Yu Xiaowen no respondió.
—Unos juguetitos para ambientar. Enseguida harán efecto —añadió Chen Jian, mirando de reojo hacia una misteriosa puertecita en la esquina del reservado—. Esta noche hay que retenerlo aquí. Cueste lo que cueste. ¿Entiendes?
Yu Xiaowen apretó la mandíbula y sonrió.
—¿No ve que este cliente está en periodo de susceptibilidad? Si encima le da drogas, ¿quiere matarlo?
—[ Yu Xiaowen] —la voz de Chen Zihan resonó en el auricular, seca y severa—. [Sales de ahí ahora mismo. No te metas en problemas ajenos. Inmediatamente. Sales.]