No disponible.
Editado
Yu Xiaowen soltó una de las esposas, la sostuvo un momento en la mano y levantó la vista para observar de nuevo a la víctima.
Frunció ligeramente el ceño.
—Tú… pareces…
Bajo su mirada fija, Yu Xiaowen bajó la cabeza y se acomodó la ropa.
No llegó a alzarla de nuevo. Algo pesado se apoyó en su nuca. Y al instante oyó, justo tras su oreja, el sonido seco de dientes chocando entre sí. Un escalofrío le recorrió la espalda y se le erizó cada vello del cuerpo.
—¡Lu Kongyun!
No obtuvo respuesta. El bozal metálico golpeó con más fuerza la parte trasera de su cuello, como si quisiera aplastar su glándula en tiras.
—Lu Kongyun, tú… ¿no decías que no eras un perro rabioso? S… Suéltame. ¡Suéltame!
El hombre detrás de él lo aferró con más fuerza, aplastándolo contra la pared.
—¡…!
Yu Xiaowen sintió todo el contorno, con precisión dolorosa, apoyándose contra su cóccix. Las raíces del cabello se le erizaron por completo.
Y aquello venía acompañado del repiqueteo insistente de los dientes mordiendo al aire detrás de su oreja.
Yu Xiaowen siempre había pensado que los bozales que usaban los Alfas servían para impedir deslices “honestos”, pero no auténtica mala intención; que su utilidad era limitada. En ese instante comprendió que su invención tenía razones de peso. Como policía que había visto más de un caso trágico, debió haber mantenido la guardia alta. Se había dejado engañar por la calma y la racionalidad habituales del otro, relajando la atención que debía conservar.
…Aunque este tipo había entrado imponiéndole un brazalete y diciéndole “concéntrate”. Claramente se había controlado bien. ¿Cómo había terminado repentinamente en esto?
La víctima hundió el rostro en la glándula de su nuca y aspiró hondo. Yu Xiaowen se encogió tanto que trepó casi un palmo por la pared.
Él apretó los glúteos como si levantara una muralla.
—…¡Carajo! Lu Kongyun… si no paras ahora, te vas a arrepentir —escupió entre dientes.
Escuchó detrás de sí el sonido metálico de una hebilla desabrochándose. Aprovechó ese instante y estiró el brazo hacia el mueble bajo el lavabo, enganchando las esposas peludas al borde de la barra metálica. Un clic seco anunció que habían quedado cerradas. La víctima, que no estaba preparada para el tirón, se detuvo en seco. Miró hacia el lado y tensó el brazo. La puerta del mueble golpeó con un estruendo. Con los pantalones enredados en los tobillos, Yu Xiaowen se arrastró y rodó lejos de él.
El otro giró para intentar abrir las esposas.
Yu Xiaowen, sin perder tiempo, arrancó su propio cinturón del pantalón tirado en el suelo. Le rodeó la otra muñeca, cruzó las vueltas, y lo tensó sobre el hombro mientras lo arrastraba hacia el grifo del otro extremo.
El hombre resistió en silencio, pero la adrenalina de Yu Xiaowen estaba trabajando a jornada completa. Fue tirando de él como un carretero agotado, paso a paso, hasta acercarlo lo suficiente al grifo. Entonces dio un último tirón y enganchó el cinturón, anudándolo con un nudo firme y apretado.
Se dejó caer contra la pared, respirando a bocanadas.
No habían pasado ni treinta segundos, y aun así sentía que aquella Lu cha había sido más agotadora que… bueno, que la extracción manual de fluidos de hace un momento.
—¿Qué demonios te pasa? —soltó, incapaz de contener su ira al ver a ese hombre que casi le causa un infarto a su cuerpo ya de por sí enfermo. Le soltó una patada en la pierna—. ¿Si querías hacer eso, no podías decirlo desde el principio y hacerlo en la cama? ¿Tienes una maldita fijación con este sitio? ¡Estás loco!
El otro lo miró fijamente, los ojos encendidos, el pecho subiendo y bajando con fuerza. Parecía… enfadado también.
Al cabo de un momento, sin embargo, bajó los párpados, los hizo temblar y murmuró con la voz ronca:
—Usa mi teléfono. Llama al doctor Gao Yuting.
Yu Xiaowen notó que la punta de su nariz estaba ligeramente enrojecida.
¿…Qué?
Se frotó el cabello con frustración y, al final, suavizó el tono.
—¿Dónde está tu teléfono?
—En la sala —respondió él, cerrando los ojos.
Yu Xiaowen se incorporó con esfuerzo, se subió los pantalones y salió del baño. Se plantó frente a la mesa del salón, se despejó la cabeza sacudiéndola con rabia y, mascullando insultos, tomó el coco abierto que había por ahí para beber un trago largo y frío que lo calmara por pura mecánica. Luego agarró el teléfono del hombre y regresó.
El otro abrió ligeramente los párpados y alzó los ojos.
—Deja que el doctor Gao te diga qué hacer.
Yu Xiaowen acercó el teléfono a la muñeca que colgaba del cinturón; lo desbloqueó con la huella. Lu Kongyun dio una orden de voz:
—Llamar al doctor Gao Yuting.
El móvil marcó automáticamente al contacto llamado Gao Yuting — Doctor.
—¿Hola? —respondió enseguida el hombre al otro lado—. ¿Puedes hacer una llamada? ¿Entonces quiere decir que lo del objeto del sujeto susceptibilidad funcionó? ¿Tan rápido? ¡Felicidades!
—Todavía no —respondió Lu Kongyun, con los párpados temblando y apretando la mano suspendida—. Tengo… un problema. Dile a él qué debe hacer.
—¿Eh? ¿Qué problema? —preguntó el doctor, alarmado.
—Hola, doctor —dijo Yu Xiaowen cuando Lu Kongyun le indicó con la mirada que acercará el teléfono—. Yo soy… el, bueno, el donante de fluidos. El doctor Lu ahora mismo no puede moverse. Dígame simplemente qué tengo que hacer.
—Ah… ah, bien —respondió el doctor, dudando un instante, pero sin hacer más preguntas—. Gracias por el esfuerzo. ¿La cantidad de fluidos es suficiente?
—Sí —respondió Yu Xiaowen.
El doctor Gao dijo:
—Bien. Primero hay que mezclar el extracto de reacción feromónica, la modilina, el neutralizador y los fluidos frescos, todo en proporciones exactas… El doctor Lu debería haberlo preparado de antemano, ¿no?
Yu Xiaowen miró al víctima. Este asintió.
—¿Dónde están esos medicamentos? —preguntó él.
Pasó un momento antes de que Lu Kongyun respondiera en voz baja:
—En mi botiquín.
—¿En la caja donde guardas los “sedantes”? —preguntó Xiaowen aún más bajo.
El otro se quedó un instante paralizado y respondió, todavía más suave:
—…Sí.
Yu Xiaowen echó un vistazo a lo que había producido hacía un rato: por suerte, la pelea no había llegado a tocar nada, y todo seguía allí, ordenado en la jarra medidora dentro del maletín de herramientas.
Tomó el maletín para ir a la habitación, pero el hombre lo detuvo:
—…Espera. ¿Puedes dejarme la pulsera?
Por supuesto, Yu Xiaowen accedió. Se la quitó y volvió a colocársela cuidadosamente. Luego volvió a pegarse en la nuca el parche inhibidor que había usado antes, presionándolo bien contra la piel. Tomó el maletín y entró en la habitación. Lo dejó sobre la mesa, fue directo al compartimento donde Lu guardaba su botiquín y lo sacó.
En el teléfono, el doctor preguntó:
—¿Tú eres… el sujeto susceptible del doctor Lu ?
El final de su frase subió de tono, casi curioso.
Está interesado en el sujeto susceptible.
Así que Yu Xiaowen respondió:
—Ah, no. Soy el sustituto.
El doctor Gao guardó silencio.
Al poco rato envió varias fotos de los envases de medicamentos.
—Son estos. Te explico cómo mezclarlos en proporción. Es sencillo.
—Bien, ya los vi. Gracias, de verdad. Qué molestia, doctor.
El doctor soltó una risa breve.
—¿Cómo que “gracias”? Estas cosas son obra de la mala fortuna… y te han metido en medio. Eres tú quien nos está haciendo un favor a mi paciente y a mí. Soy yo quien debería agradecerte.
A quién debía agradecer quién era, en realidad, algo delicado; dependía de con quién tuviera más confianza Lu Kongyun. El otro pasaba automáticamente al bando “molestado”.
Yu Xiaowen lo pensó un instante y dijo:
—Ay, nada, doctor Gao, no hace falta. Es una tontería.
Siguió las instrucciones al pie de la letra y terminó de preparar el “medicamento”.
—Muy bien —dijo el doctor Gao—. Dale la mezcla al doctor Lu y luego puedes irte de su casa.
Yu Xiaowen se quedó quieto.
—¿Y entonces se recuperará? ¿Puedo dejarlo solo?
La voz del médico se suavizó.
—Si se trata de fluidos del sujeto susceptible, el efecto será rápido. No conozco tu situación, pero debería aliviar gran parte de los síntomas. No te preocupes demasiado. Al fin y al cabo, él es un Alfa de nivel superior.
Yu Xiaowen guardó silencio un momento.
—Entonces… ¿Necesito hacer algo más?
—No debería hacer falta —dijo el doctor—. Aunque si hubiese más fluidos en más zonas… esto… cof. No importa. El doctor Lu no lo necesita. Ya está todo.
—Bien… —murmuró Yu Xiaowen, sacudiendo la cabeza.
El parche inhibidor, que ya se había retirado una vez, había perdido parte de su eficacia después de tanto tiempo expuesto a las feromonas. Así que su cuerpo agotado, exprimido y enfermo, por muy poco dispuesto que estuviera, no pudo evitar reaccionar levemente bajo la intensa marea de información química que lo envolvía.
Aquella leve e involuntaria agitación le provocó un cansancio pegajoso, una incomodidad de la que no podía deshacerse. Dirigió la mirada a la fila de “sedantes” del botiquín.
El “sedante” que la víctima le había administrado antes era realmente eficaz. Cada vez que lo tomaba, se sentía tranquilo, sereno. Pasaba la fase de celo sin sobresaltos y dormía de un tirón. Se despertaba al amanecer incluso mejor que cualquier día normal desde que estaba enfermo. El empaquetado era mucho más seguro que el de los otros medicamentos; debían de ser carísimos.
Yu Xiaowen tomó la mezcla inhibidora ya preparada y regresó al cuarto de baño. Allí acercó el teléfono a los labios de la víctima.
—¿Tienes algo más que decir?
—No cuelgues todavía —indicó el doctor Gao al otro lado—. Puedes dejar el móvil a un lado e irte; yo me quedo vigilando desde aquí por si surge cualquier problema.
—Mm —respondió Xiaowen.
—No. Cuelga —lo contradijo la víctima.
—¿…Eh? —Xiaowen lo miró sin entender—. El doctor dijo que no colgaras.
—¿Tan obediente eres? ¿Quieres que más gente escuche cómo hago el ridículo? —Lu Kongyun tiró de los brazos, y la puerta del armario chocó con un estruendo—. Tu objetivo ya está cumplido.
—…Joder —soltó Xiaowen—. ¿Quién casi se come su propio bozal hace un minuto? El doctor solo está preocupado por ti. No escondas la enfermedad por vergüenza.
La víctima lo miró con un rencor silencioso, pero enseguida volvió a cerrar los ojos, resignado, como quien acepta el juicio del cielo.
Yu Xiaowen se quedó mudo un instante.
Al otro lado, el doctor suspiró, aliviado:
—Si crees que puedes manejarlo, procederé. ¿Quieres que desbloquee el bozal?
—Todavía no —respondió Lu .
La llamada se cortó.
La víctima estaba allí, colgado de ambas muñecas, sentado en el suelo como un pájaro atrapado con las alas abiertas. Yu Xiaowen permanecía arrodillado frente a él.
—Yu Xiaowen —dijo la víctima entre dientes—, ¿te has divertido ya? ¿Contento? Me has dejado hecho un desastre. ¿Sabes quién soy yo? Mírame ahora… Ni siquiera parezco una persona. Solo un animal salvaje sería atado así.
A Yu Xiaowen lo dejó pasmado.
—Lu Kongyun, estás enfermo… y tu sistema de atribución también —dijo—. Te tienen atado porque estás en celo, ¿qué tiene que ver conmigo? ¿Qué tengo yo que celebrar? ¿Qué parte de esto crees que me beneficia?
—…¿Estoy en celo por mi cuenta? —La respiración del otro empezó a acelerarse. Parecía esforzarse por no perder el control—. ¿Tengo que reflexionar?
—¿Pues qué, si no? —replicó Xiaowen—. Estabas perfecto hace un rato, entraste de golpe y, sin razón, te descontrolaste.
—¿Dices que fui yo quien se descontroló? —El rostro de Lu perdió todo su color.
—¿Y tú sabes el trauma que tu gran boca de perro puede causarle a un Omega? ¡Yo no salí corriendo, te ayudé a llamar al doctor! Malagradecido… pequeño demonio. Si no te pongo al nivel humano es porque estás inestable —farfulló Xiaowen—. Si no, verías.
El pecho de la víctima se agitaba con violencia.
Parecía incluso un poco desvalido. Yu Xiaowen añadió, algo más suave:
—Ya, ya… Estás enfermo, solo eso. Es un fenómeno fisiológico, no eres un monstruo. Por lo general eres muy normal, no digas esas cosas de ti mismo.
Hubo un silencio.
—Bien —dijo al fin la víctima, volviendo a su tono frío—. Entonces suéltame. Yo mismo me pondré el medicamento.
Yu Xiaowen volvió a mirarlo con atención, observando su expresión calmada, y se acercó otra vez para deshacer las ataduras de sus manos.
—Ni se te ocurra jugarme otra de tus mañas —advirtió—. Si el jefe tiene que volver a amarrarte, lo hará sin despeinarse.
Esta vez, en cuanto lo soltó, Yu Xiaowen se apartó de inmediato, manteniendo la mirada fija en él con evidente cautela, el cuerpo echado hacia atrás. La víctima se frotó las muñecas, sin hacer ningún movimiento sospechoso; simplemente tomó la mezcla ya preparada y la examinó con el ceño fruncido.
Yu Xiaowen no dejaba de vigilarlo.
Vio cómo el otro mojaba el dedo meñique en el contenido del vaso medidor y lo introducía por la abertura del bozal, probando el sabor, como si evaluara su eficacia.
Yu Xiaowen se quedó en silencio.
Se pegó contra la pared. Las orejas empezaron a arderle. Se cubrió los ojos con la mano, dejando entre los dedos una rendija apenas visible para poder observar lo que ocurría.
La víctima no mostró la expresión de asco que él había imaginado.
Frunció apenas el mentón, movió las alas de la nariz y se lamió los labios.
Yu Xiaowen encogió las piernas contra el pecho y estrechó aún más la rendija entre sus dedos.
La víctima lo miró.
—¿Qué tal? ¿Se puede usar?
Pasó un momento antes de que él asintiera. Después, acarició con el pulgar el borde del vaso y alzó la muñeca para inhalar. Su voz sonaba débil, pero ya había un leve respiro de alivio en ella.
—Tu parche inhibidor está a punto de fallar. Pero yo también necesito el brazalete, así que no puedo dártelo.
—No pasa nada. Me pongo en la puerta a ventilarme y aguanto hasta llegar a casa —respondió Xiaowen, soltando un suspiro—. Entonces me voy.
—…Si quieres, puedo darte un sedante. Descansa aquí un rato antes de irte —propuso la víctima.
Yu Xiaowen se negó enseguida, con una sonrisa en la que cabalgaba la burla.
—Anda ya. Si con la puerta del baño cerrada igual entraste como si nada. Ya me viste hasta el culo.
La víctima sintió un tic en la ceja.
—No miré. —Volvió a mojar el dedo en la mezcla y se lo llevó a la boca, esta vez con más calma—. En realidad, no sé si después vaya a necesitarte otra vez.
—El doctor Gao dijo que no. Que lo mejor era que me fuera —dijo Xiaowen, despegando la mirada y apoyándose en la pared, moviendo la punta del pie de un lado a otro—. Dice que puedes manejar mucho más de lo que yo creo.
La víctima guardó silencio.
Al final, le entregó a Yu Xiaowen una “dosis de sedante avanzado” para llevar, explicándole de manera simple cómo usarlo para que pudiera dormir como es debido cuando llegara a casa.
Con la gorra bien calada, Yu Xiaowen salió por la puerta. Afuera, el cielo volvía a estar gris y la lluvia había regresado. La víctima tomó un paraguas y lo lanzó hacia él: el objeto describió medio arco en el aire antes de caer en el suelo mojado, donde la tela resonó bajo el golpeteo del agua.
—Espera —dijo—. Deja que la lluvia se lleve el olor del cuarto. Te pedí un coche; está en la bocacalle al sur del Jardín de los Naranjos.
—¿Tú me pediste un coche? —preguntó Xiaowen—. …No hacía falta.
—¿O es que estabas esperando que viniera alguien más a recogerte? ¿Así como estás ahora? —La víctima sostuvo la mezcla frente a sí, el bozal apoyado contra la naricera—. Llamé un servicio especial con un conductor Beta. No te vayas a resfriar. Entra y dile que suba la calefacción. Y cuando llegues, me mandas un mensaje.
Yu Xiaowen lo miró, atónito, durante un largo segundo.
—Parece que estás saliendo conmigo, doctor Lu.
El estado mental del afectado, que parecía estar mejorando, pareció desmoronarse de pronto.
Yu Xiaowen soltó un resoplido y, con una ligera risa, comentó:
—¿Lo ves? Los feromonas son realmente peligrosos… Procura tener más cuidado en el futuro.
Cruzó el umbral y se adentró en la lluvia para recoger el paraguas; sus pestañas fueron las primeras en empaparse de gotas.
Se volvió y alzó la mano en un gesto de despedida.
—Adiós.
Bajo la luz del portal, los tendones se marcaban con nitidez en el dorso de la mano del afectado mientras sujetaba el vaso. Movió los labios, pero su voz se volvió difusa, tragada por el ruido de la lluvia.
—Nos vemos esta noche.