Shh, no hables. Cap. 25

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Capítulo 25. Calor

Yu Xiaowen miró las pequeñas flores carmesí abiertas sobre las sábanas y quedó completamente aturdido.

Luego alzó la vista justo a tiempo para ver cómo en el rostro de la víctima reaparecía esa mezcla de derrumbe, furia y agravio… antes de que su cuerpo se desplomara hacia adelante sin control. Yu Xiaowen lo sostuvo al vuelo.

El alfa apoyó la frente en su cuello. La respiración se le aceleró, el cuerpo empezaba a ponerse rígido. Yu Xiaowen lo sostuvo por los brazos, lo incorporó y, mirándole la cara de frente, preguntó:

—¿Qué te pasa? ¿La medicina de la “comida sustituta” sigue sin ser suficiente? ¿Es eso?

La víctima lo observó fijamente. Quería hablar, se le notaba, pero apenas abrió la boca lo único que salió fue el castañeteo tembloroso de sus dientes. Yu Xiaowen lo tumbó de inmediato sobre la cama. Luego le sacó el móvil del bolsillo y llamó a Gao Yuting. A los dos tonos, alguien contestó.

—[¿Sí?]

La voz era profunda, distinta a la del médico con el que había hablado antes. Yu Xiaowen no abrió la boca. Del otro lado hubo un breve silencio; después, una risa nasal y la misma voz añadió:

—[¿Eres tú el “sustituto”?]

A Yu Xiaowen se le erizó la nuca. Conocía ese tono. Era Lu Qifeng. ¿Pero qué hacía Lu    Qifeng con el médico?

No lo sabía. Y que se mezclara Lu Qifeng, jefe de inteligencia militar, solo podía significar complicaciones. Así que colgó sin hacer ruido.

Frustrado, se despeinó con ambas manos, saltó de la cama y, cogiendo una bola de papel, se la colocó en el protector bucal al alfa antes de limpiarle la sangre bajo la nariz.

—Lu Kongyun, estoy empezando a pensar que te tenía idealizado —refunfuñó—. Resulta que no eres tan brillante como creía. ¿Cómo puedes dejarte caer en este desastre? Si estás así, ¿por qué no descansabas en tu casa? ¿Qué clase de médico eres? Solo sabes crear problemas.

El alfa seguía murmurando algo, palabras pastosas e incomprensibles. Yu Xiaowen se inclinó para escuchar.

—Quiero… co-co… tú…

—¿Ah, sí? —soltó una risa breve y cínica—. Amenázame, anda. Ahora mismo sólo puedes ir de bocazas.

De forma poco delicada, le metió la bolita de papel en la nariz.

—Tranquilo. No voy a contarle a nadie tu ridículo. Fíjate qué considerado soy: acabo de colgar la llamada por tu dignidad. Pero dime… ¿y ahora qué hago yo? Soy un chantajista, no un manantial. Yo puedo “hacer”… pero no puedo darte nada más.

Abrió el cajón y sacó su botiquín. Allí guardaba sus propios medicamentos y algunas inyecciones inhibidoras para omega, todas inútiles para el estado del alfa.

Y estaba también aquel “sedante”, el que había llevado de vuelta desde casa de la víctima.

Como estaba agotado al llegar, solo había retirado el envoltorio y lo había guardado en el botiquín antes de caer dormido sin usarlo.

Probablemente no serviría de mucho con un alfa en plena explosión de sensibilidad. Si funcionara, Lu Kongyun ya lo habría usado.

…Pero el tipo estaba echando sangre por la nariz. Al menos podría ayudarle a calmarse un poco, quizás permitirle dormir.

Yu Xiaowen abrió el frasco, mezcló el contenido y le inyectó la dosis en el brazo.

Pasó un rato. El alfa abrió los ojos. La mirada estaba algo nublada, pero su cuerpo parecía más tranquilo.

—Duerme —susurró Yu Xiaowen—. Solo duerme un poco.

La víctima vio la aguja sobre la mesa, junto con el frasco del polvo disuelto. Sus ojos se agrandaron.

—…Eso… —murmuró. Hablaba despacio, con una voz suave y pesada.

—Acabo de ponértela —dijo Yu Xiaowen—. Para que puedas dormir bien un rato.

El afectado abrió mucho los ojos durante unos segundos, se sacudió la cabeza, se incorporó y agarró el frasquito y la jeringa.

—Quiero volver a casa.

—No armes un drama —lo tumbó Yu Xiaowen—. Te acabo de inyectar un sedante, ¿crees que en ese estado puedes conducir?

Lu Kongyun ya no dijo nada. Sus cejas se fruncieron con fuerza, como si estuviera luchando contra algo desde dentro.

—Mm. Puedo… quiero volver a casa.

Yu Xiaowen captó esa expresión y entrecerró los ojos.

De pronto salió de la habitación y regresó al momento, llevando un cubo de basura.

—Lu Kongyun —lo llamó.

El afectado, al ver el cubo en su mano, mostró una resistencia aún más dolorosa; apretó la boca con tanta fuerza que se le blanquearon los labios.

Yu Xiaowen lo observó en silencio un instante.

—Cuando entraste, viste la caja de medicinas dentro de este cubo, ¿verdad?

El afectado no respondió.

—Contesta.

—La vi… —admitió con dificultad.

—Por eso dijiste esas cosas raras, ¿no? “Interrogatorio”. ¿Qué significaba?

—…El significado literal.

Yu Xiaowen sacó la caja del cubo, la miró y preguntó:

—Ts-4. Ese nombre… ¿Es otro tipo de sedante?

—…No —dijo el afectado.

—Entonces, ¿qué es?

Silencio.

Más silencio.

Mordía tanto la boca por dentro que ya se había hecho sangrar. Con la nariz todavía taponada por el rollito de papel, como si llevara un tallo de puerro metido ahí, resultaba casi lastimoso. Yu Xiaowen le abrió la mandíbula con la punta de los dedos para que relajara los labios.

—Tranquilo, fui yo quien empezó a chantajearte, usando el vídeo de Lu Qingchuan. Si al final querías envenenarme, pues tampoco sería que yo fuera inocente del todo. Como mucho habría sido que juzgué mal tu sentido de la humanidad. Solo dime la verdad, ya está. Ay… —retiró los dedos, frotándose la marca de dientes.

El afectado humedeció sus labios.

—Uso militar. Suero de la verdad.

Yu Xiaowen se quedó mudo.

Permaneció un momento en la sombra antes de decir:

—Entonces… lo que me pusiste antes, ese “sedante”, ¿también era esto?

—Sí.

La voz de Yu Xiaowen se volvió áspera.

—¿Y lograste sacarme algo? Sobre mí… sobre lo que querías saber. ¿Obtuviste tus respuestas?

El afectado repasó sus recuerdos.

—Dijiste que Yu Xiaowen es un policía excepcional, que ha resuelto muchos casos importantes y ha recibido muchas condecoraciones.

Yu Xiaowen se rascó la cara, incómodo.

—¿Y nada más?

El afectado lo miró.

—¿Qué más?

—¿Por qué te estaba chantajeando?, o lo que siento por ti… eso.

—No. No obtuve información válida. Tienes una fuerza de voluntad muy alta, comparable a la de un espía de élite.

—¿Yo? ¿De nivel élite…? —Yu Xiaowen se sorprendió de verdad—. Venga ya.

Siempre había sabido que era bueno, pero no hasta ese punto. Aunque, pensándolo mejor, tenía sentido. Si el otro hubiese descubierto lo lamentables que eran realmente sus cartas, no habría seguido enredado con él hasta ese momento: lo habría pateado fuera de su vida con la misma facilidad con que se cierra una puerta.

Yu Xiaowen lanzó otra pregunta:

—Pero yo no recuerdo nada. Solo siento que dormía. ¿Por qué?

El afectado volvió a morderse la boca, esta vez con tal fuerza que parecía dispuesto a arrancarse un trozo de carne.

Yu Xiaowen se inclinó; su rostro quedó iluminado por la lámpara. Lo miró fijamente.

—Responde.

El otro bajó la vista hacia su propio cuello de la camisa, luego a la cara de Yu Xiaowen, y apretó los dientes.

—Es… secreto militar.

Yu Xiaowen le frotó los labios, como si estuviera calmando a un niño testarudo.

—Vamos, sé bueno. Militares y policía somos de la misma familia: compartir información ayuda a combatir el crimen. Informa al oficial. Es una orden.

El afectado articuló las palabras con dificultad:

—Ts-4… suero de la verdad de uso militar. El nuevo compuesto que añadieron… hace que, cuando el interrogado se despierta, pierda toda memoria del proceso. Los estudios muestran que este componente nuevo del Ts-4 puede reducir de manera efectiva las defensas del interrogado… y aumentar su grado de obediencia…

—¿Ah, obediencia…? —Yu Xiaowen se dejó caer en la silla, cruzando una pierna sobre el borde de la cama para mirarlo con sorna—. Y el señor oficial pensó que quien estaba dando las órdenes era él. Pero tú, por detrás, te lo has pasado bomba a mi costa. ¿Mm?

¿Qué iba a decir? Los chantajistas no están en posición de recriminar los métodos de autodefensa del chantajeado.

Yu Xiaowen suspiró.

—Lu Kongyun, no actuaste mal. Pero hoy has caído de una forma tan ridícula que ni sé qué decirte.

El afectado bajó los ojos y asintió, admitiendo sin resistencia:

—Soy ridículo.

Yu Xiaowen se inclinó sobre él, le dio un par de golpecitos a la corbata, con un gesto que pretendía ser de consuelo, aunque no lo era:

—El estallido de la fase de susceptibilidad te ha dejado con un coeficiente intelectual de risa. Mi imponente, frío y elegante doctor Lu … convertido en un tontito que puedo manejar como me dé la gana.

—Sí —respondió él con sinceridad—. Por eso te detesto. Tú me convertiste en un perro rabioso sin cerebro. Nunca… me había pasado.

El silencio cayó un instante.

—Con el suero de la verdad tampoco ibas a sacar nada interesante. Total, tú nunca te rebajas a mentirme —dijo Yu Xiaowen—. Pero lo de perder la memoria… eso sí que es interesante.

Entonces, se arrellanó sobre la cama, le acomodó la corbata y, con una sonrisa que parecía una caricia y una trampa a la vez, dijo:

—Te amo. A ver… ¿Qué sientes al oírlo?

El afectado lo observó, sin pestañear.

—Que te encanta hablar tonterías. Y que te gusta jugar conmigo.

—Es que te amo de verdad —insistió Yu Xiaowen—. Antes no tenía nada, no tenía a nadie, no me importaba morir. Pero si pienso que… algún día… podría no volver a verte, siento que el corazón se me parte. Me duele más que el cuerpo, ¿entiendes?

El afectado meditó un momento.

—¿Por qué me amas? No tenemos ninguna relación.

La mano de Yu Xiaowen se deslizó hacia la de él, apoyada en su muslo. La tocó. El otro no se apartó: solo frunció un poco el ceño y movió los dedos, pero no llegó a resistirse.

Gracias al Ts-4. Yu Xiaowen terminó por agarrarle la mano.

—Eres bueno, eres dulce, eres guapo. Eres lo mejor que me ha pasado.

El papel que tenía metido en la nariz, empapado en sangre, resbaló y cayó sobre la colcha: un rojo vivo, casi alarmante.

Yu Xiaowen quedó en silencio un instante.

—…Bueno —murmuró, incapaz de decidir si reír o llorar.

El afectado dijo en voz baja:

—Me chantajeaste, así que tienes mi WeChat.

Yu Xiaowen retiró el papel ensangrentado del mordedor y lo reemplazó por uno nuevo.

—…Carajo, ¿cómo puede seguir saliéndote tanta sangre? Si sigues así, de verdad me vas a espantar.

—Si tienes mi WeChat, entonces no será que no volvamos a vernos nunca —dijo el afectado, mirándolo con una especie de pregunta en los ojos.

Yu Xiaowen se acomodó sobre el borde de la cama, a horcajadas.

Apretó las sábanas entre los dedos.

—Yo… puedo ayudarte, ¿sabes? Total, cuando despiertes lo olvidarás. Podemos fingir que no ha pasado nada.

—¿Qué? —El afectado parecía ir un paso detrás de la conversación, como si la cabeza aún estuviera aturdida por la medicación; seguía clavado en la pregunta anterior.

—Puedo ayudarte a sobrellevar la fase de susceptibilidad —dijo Yu Xiaowen, mirando hacia un punto del techo—. Solo como un favor.

El afectado lo observó. Giró la cabeza hacia la izquierda, se quedó dos segundos congelado; la giró hacia la derecha, otros dos segundos. Un movimiento lento, retardado, que terminó siendo una negativa.

—…¿No decías que el suero aumentaba la obediencia? —gruñó Yu Xiaowen—. Y aun así sigues siendo un cabezota.

—Entonces, si es una orden… ¿vendrías? —Le sujetó la punta de la corbata y tiró un poco, tanteando—. ¿Es que no quieres sentirte normal otra vez? Mírate: estás atontado, tu imagen de tipo frío está hecha trizas, llevas un cebollín en la nariz, y encima te drogaste a ti mismo. A mí no me molesta, pero dudo que tú pienses que esto es adorable.

El afectado bajó la mirada un instante.

Detrás del mordedor, su lengua rozó uno de los colmillos antes de repetir:

—Orden.

—Ajá —Yu Xiaowen le soltó la corbata. El otro no intentó apartarlo, pero seguía igual de inexpresivo, con esa mirada neutra que daba ganas de darse por vencido antes de empezar.

Yu Xiaowen tensó la sonrisa y apagó la lamparita de la mesa. La habitación quedó a oscuras.

—Bien. Entonces me pongo un parche inhibidor. Así yo no entro en celo y tú no tienes que oler algo que no te guste mientras… hacemos eso.

El afectado tardó unos segundos en responder:

—No me disgusta.

—Qué educado eres. De verdad: eres buena persona.

En la oscuridad, él preguntó:

—¿Me ordenas porque tú lo quieres? Dijiste que me amabas.

—…No puedes preguntar. Formular preguntas es privilegio del oficial.

El afectado guardó silencio.

Las manos de Yu Xiaowen temblaban. Las palmas le sudaban. Tardó varios intentos, casi torpes, en deshacer la hebilla metálica del cinturón del otro. Luego, entre roces de tela, retiró lo que sobraba y se acurrucó contra él.

Por distante que fuera una persona, su cuerpo siempre era cálido.

Yu Xiaowen lo abrazó un rato largo sin sentir ninguna respuesta; solo el calor ardiente que desprendía el cuerpo del afectado por la explosión de la fase de susceptibilidad.

Aquello de estar dándolo todo contra un muro frío lo hizo sentirse ridículo. Así que ordenó:

—Abrázame tú también.

Pasó un momento antes de que la mano del afectado se deslizara, liviana, por su espalda.

Demasiado liviana. Le erizó la piel. Yu Xiaowen se tensó involuntariamente y arqueó la espalda. La mano del otro se detuvo y se retiró.

—¿Me amas? —preguntó el afectado con una calma serena.

Yu Xiaowen no sabía por qué volvía a la carga con eso. La pregunta le provocó un nudo en la garganta. Lo abrazó más fuerte, intentando que su voz lo convenciera:

—Te amo. Te amo. Te amo.

—¿Me amas? —repitió el otro.

Era la misma frase, dicha dos veces.

Como si le pareciera un chiste. O una broma cruel del destino.

…Qué vergüenza. Haberse despojado tan deprisa y por completo le dejaba ahora una sensación de frío en… bueno, en la parte baja. A Yu Xiaowen le entraron de golpe unas ganas tremendas de huir. Apoyó una mano en el borde de la cama para darse la vuelta y escabullirse.

El afectado preguntó:

—¿A dónde vas?

Yu Xiaowen no respondió; tanteó a ciegas hacia un lado de la cama para alejarse, pero terminó chocando con el brazo que el otro tenía apoyado allí.

El brazo lo rodeó de inmediato, tirando de él hacia atrás. Toda su espalda chocó contra una fuente de calor abrasadora, acompañada de un latido contundente.

…En la oscuridad, el otro incluso había acabado abrazándolo por completo.

—¿A dónde quieres ir? —esta vez la voz le rozó el oído—. Te encanta jugar así conmigo. ¿No es cierto?

Yu Xiaowen quedó en blanco.

—¿Eh? ¿Yo… qué?

—Puedo.

—¿Qué…? ¿Qué puedes?

Pobre Yu Xiaowen, que ya casi se moría solo con que el médico lo tocara un poco; su fuerza de voluntad tambaleaba.

—Mira, mejor voy al baño y te traigo un poco de agua…

—¿Es que hay que prepararlo antes? —El afectado parecía no haber entendido lo que decía, y lo interrumpió sin querer—. ¿Quieres usar primero la mano?

—¿La mano…? ¿La tuya? No hace falta… —A Yu Xiaowen se le atascó el cerebro, y por instinto intentó escabullirse.

Le atraparon por el cuello. No llegó muy lejos.

Hundió la cara en la almohada, como un avestruz, para amortiguar cualquier sonido. Pero, al cabo de un rato, no pudo contenerse y dejó escapar un gemido ahogado.

Los movimientos del otro se detuvieron un instante, antes de continuar.

Pasó un rato más. Yu Xiaowen, con la cara ardiendo, murmuró mientras giraba la cabeza:

—Oye, Lu Kongyun… ¿no puedes decir algo?

—¿Qué?

La voz del afectado siguió siendo inexpresiva. Esa frialdad, en contraste con la situación, solo aumentaba la vergüenza de Yu Xiaowen, que ya estaba hecho un trapo.

—Hmph —dijo Yu Xiaowen—. ¿Es que no piensas nada?

Eres virgen, pensó. Y así reaccionas tu primera vez… Igual no se te da muy bien.

No se atrevió a decirlo. Y ahora que el otro tenía encima el suero de la verdad, si soltaba algo hiriente, Yu Xiaowen temía que perdería el control y… quizá terminaría golpeándolo.

Pasó otro rato.

—¿Qué quieres que diga? Dímelo —susurró el otro, acercándose.

Yu Xiaowen permaneció callado.

El Ts-4 era realmente una maravilla.

…Aunque “quiero que lo hagas” no era, precisamente, lo que deseaba oír obedecer en ese momento.

Así que guardó silencio.

Al cabo de un momento, sorbió por la nariz, se rio bajito y, con un aire misterioso, dijo:

—Kongyun, cariño… toca mi mano.

Como Omega mediocre y condenado a la soltería de por vida, tenía una habilidad especial. Tal vez podría hacer que todo eso pareciera menos como aprovecharse de la situación; hacer que la víctima que estaba siendo tratado no se sintiera tan… aburrido.

En la oscuridad, movió la muñeca para guiarlo:

—¿Quieres probar? Soy muy bueno en esto…

Lu Kongyun estaba en excelente forma. No había nada de “no puede”. Un alfa de primera, sin duda.

A Yu Xiaowen le temblaban hasta los brazos. El otro seguía comportándose como un camarero diligente, mientras él perdía la noción de sí mismo. Sentía vergüenza… aunque ya no tanta.

—Lu Kongyun —sollozó, llamándolo por su nombre.

—¿Mm? —respondió el otro.

—Mm… yo… te quiero… a ti.

En cuanto Yu Xiaowen dijo aquello, sintió que los movimientos del otro se volvían más intensos.

Y entonces lo estrecharon con fuerza.

Yu Xiaowen había visto en un programa de cocina cómo asaban un cochinillo: la varilla atravesaba el cuerpo desde abajo hasta salir por la boca, y luego lo ponían sobre el fuego.

Él quería gritar como un cerdo, pero se contuvo. Porque  la víctima no estaba haciendo ningún ruido. Mientras Yu Xiaowen soportaba el tormento del cochinillo, aguzó el oído, empeñado en captar alguna reacción, cualquier indicio, en aquella oscuridad.

Quería saber qué estaba sintiendo el otro.

Pero aparte de un leve crujido en la pata de la cama, no escuchó nada más.

—Muy estrecho —murmuró por fin la víctima, después de un rato.

No se le oía ninguna emoción. No sonaba a un halago. El conducto reproductivo estrecho era una dolencia secundaria de los problemas glandulares; un médico debería saberlo.

¿Ahora, hoy, tenía que hablar como médico? Pero si yo…

No pudo contenerse.

—Lu Kongyun… ¿de verdad no sientes nada?

—¿Qué? —Pasaron varios segundos antes de que el otro, con reflejos lentos, le devolviera esa única palabra.

Yu Xiaowen apretó los dedos, cerró los ojos y se cubrió la cara con un montón de mantas. Quiso volver a esconderse… pero la víctima lo agarró, le apretó la mandíbula y le metió los dedos entre los dientes para mantenerlo abierto.

Yu Xiaowen se vio forzado a echar la cabeza hacia atrás y soltar un quejido de dolor.

La cama volvió a crujir con más fuerza.

Llevaba todo el día agotado de fuerzas y energía; y después de un rato más de aquello, Yu Xiaowen ya era solo un cuerpo vacío, flojo como trapo. Empujó el peso del otro y se sentó al borde de la cama para recuperar el aliento. Quiso encender un cigarrillo y alargó la mano hacia la mesita.

Escuchó movimiento en la cama. La víctima también se había incorporado.

—¿Qué pasa? —preguntó él.

Yu Xiaowen se volvió hacia su silueta.

—Nada, solo… quiero respirar un poco.

Pensó que él, estando desnudo, ya estaba sudando, así que el otro, que todavía llevaba ropa, debía de estar pasándolo peor. Así que dejó el cigarrillo y, en cambio, extendió la mano hacia él para desabrocharle el cuello de la camisa. Su dedo rozó la glándula en el lateral de la tráquea de la víctima. Debajo, la arteria palpitaba con fuerza, empujándola hacia fuera.

Un estremecimiento subió por los dedos de Yu Xiaowen, y hasta sus pies se encogieron un poco bajo las sábanas.

El otro no se movió. No dijo nada.

Yu Xiaowen pestañeó, tembloroso, y siguió desabrochando el siguiente botón. Más abajo… solo lo había visto en sueños. Así que, movido por un deseo egoísta, tocó esa parte.

Lisa. Firme. Elástica. Ardiente.

En noches lluviosas como aquella, Yu Xiaowen normalmente no encendía el aire acondicionado para ahorrar energía. Prefería dejar la ventana abierta y permitir que la brisa húmeda y fresca se llevara el bochorno del cuarto.

En ese momento, la lluvia fuera de la ventana parecía caer aún más fuerte que antes. El sonido continuo, denso y susurrante, llenaba con mayor claridad el aire; la cortina se movía suavemente. Por eso, Yu Xiaowen creyó alcanzar a ver, aprovechando la luz que el viento arrancaba de la noche al levantar la tela, el rostro recto, frío, inocuo y hermoso de la víctima… y el pecho desnudo que él mismo acababa de dejar al descubierto.

No siguió mirando hacia abajo. Algo le subió de golpe por el pecho.

Quiso ponerse de pie, pero una mano atrapó su muñeca.

—¿Adónde vas? —preguntó Lu    Kongyun.

—…Por un poco de agua. ¿No tienes sed? Te puedo traer.

El superviviente lo soltó.

—Mm.

Yu Xiaowen salió del dormitorio, sacó del bolsillo una pastilla para el dolor y se la metió lo más al fondo posible, tragándosela con un vaso de agua.

Alzó la vista hacia el impermeable negro, colgado junto a la puerta, y recordó aquella noche de lLu   via en la que había entrado en celo… y el rostro tan sereno y distante como la muerte misma de Lu   .

Su cabeza no estaba del todo despejada.

En sus brazos parecía tener un gato que trepaba solo al regazo del dueño. Pero ese gato había dado una orden:

—Tú también abrázame.

Lu    Kongyun había extendido los dedos. El pelaje del gatito era suave.

Primero pidió un abrazo y después empezó a temblar, como si algo lo asustara.

—¿Me quieres? —preguntó Lu Kongyun.

Ts-4. Por eso podía hacer preguntas como esa.

Al cabo de un momento, el gatito se acercó con esa voz densa y pegajosa tan suya, diciendo:

—Te quiero. Te quiero. Te quiero. Te quiero tanto…

El latido acelerado del gatito llenó todo el aire entre ambos.

Bajo el efecto de Ts-4, Lu Kongyun confiaría en cada palabra de su interrogador. Él lo sabía.

Muchos omegas creían estar enamorados de un alfa de élite… hasta que caían al fondo del abismo. Lu Kongyun no podía decirle al otro, dentro de ese sueño, que el verdadero engañado era el chantajista, no él.

Solo pudo repetir, esperando que despertara:

—¿Me quieres?

Pasó un rato. El gatito no volvió a emitir ningún sonido.

De pronto, un peso desapareció de sus piernas y el borde de la cama se hundió; parecía que iba a saltar. Solo la cola rozó la rodilla de Lu Kongyun. Él reaccionó al instante, estiró la mano y atrapó aquella cola.

Tras un trueno lejano, preguntó:

—¿Adónde vas?

Tenía la mano apoyada sobre la ropa del otro. El gatito no se soltó; en cambio, subió un poco más, buscando su tacto. Los dedos de Lu Kongyun sintieron la almohadilla suave, tibia, con un leve gesto de rechazo.

Los feromonas ardían en su cuerpo.

Atrapó el pelaje del gatito; la sensación entre sus dedos era como hilos de agua deslizándose. Entonces apretó un poco y lo empujó hacia abajo, hundiéndose con él en aquel río.

—¿Adónde vas? —repitió—. Te encanta jugar conmigo así. ¿Verdad?

—¿Qué? —dijo el gatito. Su voz empezaba a cambiar.

Los cachorros de perro también escucharon esa fina y tensa voz de gato. Les pareció bien convertirse en una nueva especie, así que se apresuraron a tender el puente.

Lu Kongyun acarició la cola del gatito. Ya le había acariciado la cola una vez, en su propia casa. Cuando se le acariciaba la cola, el gatito arqueaba el lomo, una y otra vez, tanteando como si quisiera comprobar si el puente detrás de él estaba listo para cruzarse.

Ese recuerdo hizo que los cachorros reforzaran el puente.

Está bien —dijo él.

—¿…Qué? —repitió el gatito, como si solo supiera decir esa palabra y la emoción se le escapara por la entonación.

Lu Kongyun respondió:

—Ámame.

Pasó un largo momento.

Me-mejor… yo voy al baño y te traigo un poco de agua… —dijo el gatito, tartamudeando.

Lu    Kongyun presionó el mordedor contra la nuca y la espalda del gatito. No había entendido lo que el otro acababa de decir. 

No podía atrapar del todo aquella cola ágil, así que la sostuvo con más fuerza. Entre sus dedos, sintió el agua primaveral correr, húmeda y viva; hasta los pequeños cascabeles del gatito estaban empapados.

Él mismo se sentía ardiendo, como si fuera a chamuscar el pelaje del pobre animal, y por eso el gatito emitió ese sonido inquieto, suave y dulce.

Lu Kongyun se incorporó de rodillas. Tras un leve tintineo metálico, calmó en silencio a esos cachorros impacientes que querían cruzar el puente para lanzarse a nadar.

Lu Kongyun recordó de pronto aquella camada de perritos que antes solo podían nadar dentro de la bañera. Si tan solo los hubiera traído también a este lado. A todos. Podrían venir todos juntos.

—Lu Kongyun. ¿No crees que yo…? —El pequeño gato extorsionador lo llamó por su nombre, pero esta vez el tono era distinto; parecía que quería decir algo. Su cuerpo incluso se escurría hacia el otro lado.

¿Qué pasa?

El gato volvió a intentar hacer lo de siempre: escabullirse y desaparecer. Así que Lu Kongyun lo sujetó, lo mantuvo abajo y dejó que su respiración le rozara las orejitas felinas a modo de consuelo.

—¿Necesitas prepararte antes? —preguntó Lu Kongyun.

El gatito seguía inquieto, murmurando para sí, siempre intentando bajarse de la cama.

Lu    Kongyun debería haber dicho: “No tengo prisa”, “No te pongas nervioso”, “No pasa nada”. Pero el Ts-4 no le permitía mentir.

Si decía la verdad directamente, el gato saldría corriendo al baño, cerraría la puerta con llave y no lo vería más en toda la noche. Pero él mismo había dicho que lo quería. Así que no podía dejar que escapara.

—¿Quieres que empiece con la mano? —preguntó Lu    Kongyun.

El gato volvió a intentar reptar lejos. Él lo tomó por la nuca y lo devolvió a su sitio. El gatito parecía adorar los dedos de Lu Kongyun. Si le apretaba el cuello, se estremecía con un ronroneo profundo. Si le llevaba un dedo a los labios, rozando ese colmillito afilado, al cabo de un rato el gato se lo lamía con docilidad. Si le rascaba los pequeños botones del pecho, se apartaba boqueando, sorprendido, como si no supiera qué hacer con su propio cuerpo.

Lu Kongyun lo agarró por las patas traseras y lo arrastró de vuelta, lo mantuvo tumbado y siguió jugueteando con él. No se detuvo hasta que el gato no pudo evitar soltar un quejido, pidiéndole misericordia. Solo entonces su mano avanzó hacia el origen del manantial.

Lu Kongyun organizó esta primera remada contra corriente del pequeño cachorro con la precisión de un médico profesional.

Sabía que, por efecto del Ts-4, se sentía como dentro de un sueño, y por eso tenía que ser aún más cuidadoso con esa pequeña criatura que tenía un problema en el canal reproductivo.

Usó todo el conocimiento que había acumulado sobre gatitos para ayudarlo a relajarse.

Los remos surcaron el agua. El sonido era alegre, tanto que incluso salpicaba el mango del remo, aunque en realidad no había tocado el río.
El gatito le preguntó:

—Oye, Lu Kongyun… ¿puedes… puedes decir algo?

Pasó un momento y él respondió:

—¿Qué quieres que diga?

Yu Xiaowen, dijiste que tu manantial estaba seco. Me mentiste. Tienes todo el interior empapado. Hasta la manga de mi camisa la has dejado hecha agua. Pero decir eso en voz alta sería terrible, casi de delincuente. Aunque fuera verdad.

—¿Es que no tienes… ninguna idea? —el gatito habló con el tono de siempre, como si solo fuera un comentario sin importancia.

Ideas.

Un S-Alfa en pleno periodo de hipersensibilidad disfruta con un canal reproductivo muy ajustado. Porque, si uno es lo bastante cruel, ni un solo cachorrito se queda atrás.

El gato extorsionador, que salía corriendo incluso si le daban un simple beso, saltaría por la ventana si escuchaba algo así.

Él era solo un perro loco llevado al límite por su objeto de deseo durante la fase de susceptibilidad, además de tener una inyección de suero veraz que no le permitía decir falsedades. No sabía qué podía decir. Solo podía esperar la orden de su superior.

—¿Qué quieres que diga? Dímelo. —Se inclinó sobre él y presionó el bozal contra la glándula del gatito.

Tiró una vez más del bozal para ajustarlo.

—…

El gatito, su superior, no dio ninguna orden.

Solo dejó escapar un suspiro suave y se sonó la nariz.

Mi dulce Kongyun… tómame de la mano —dijo al poco rato, con una voz misteriosa y un poco alegre. Se colgó de su brazo y sacó la patita felina.

Lu Kongyun tomó esa patita y presionó el almohadillado de la palma. Descubrió que, en realidad, no era blando.

La palma, el arco entre el pulgar y el índice, y el dedo índice mismo estaban llenos de callos gruesos y duros, producto de tantos años de armas y entrenamiento.

La acarició un rato, hasta que el gato le sujetó la mano, con una voz mucho más débil:

—¿Quieres?… Yo en esto soy muy bueno. Quizá te guste.

Lu Kongyun compartió su calor con el gatito. Su cuerpo estaba tibio, muy tibio, y sus escápulas se alzaban como las alas de una mariposa que acababa de aterrizar, subiendo y bajando poco a poco, temblando de vez en cuando.

Pasó un rato y el gatito murmuró, exhausto:

—Lu Kongyun… ¿tú sientes algo?

Luego de otro momento, Lu    Kongyun, que empezaba a acostumbrarse al calor y a la sensación confusa del cuerpo, creyó que su oído recuperaba algo de audición. Tocó la mejilla caliente del gato con el bozal.

—¿…Qué? —preguntó.

El gato no respondió. Tampoco emitió ningún sonido.

Él le sostuvo la cara. Nada. Metió los dedos bajo su colmillo y saludó a cada habitante de la boquita del gato, luego abrió la mandíbula.

El gatito se resistió, pero Lu Kongyun lo hundió más, bombeando una y otra vez, hasta que el pelaje del vientre del gato quedó empapado por completo.

Los crujidos eran como los de una barca vieja, y combinaban a la perfección con los sonidos del gatito, como si fuera un pequeño náufrago a punto de hundirse.

No podía ver su rostro. Pero al oírlo, Lu Kongyun recordó la primera vez que Yu Xiaowen cayó bajo el efecto del suero de la verdad, sacándole la lengua como un animalillo descarado.

Era tan delgado. Demasiado, de forma poco saludable. Por eso, en medio de su confusión, Lu Kongyun sentía que era una criatura diminuta y ligera, casi irreal.

Pero aun así, muy firme.

Lu Kongyun apretó esa firmeza.

—Cambiemos de posición —dijo Yu Xiaowen, tragando saliva.

—¿…Eh? —Lu Kongyun aflojó un poco y respondió con una sola sílaba al cabo de un buen rato.

—¿“Eh” qué “eh”? ¿En qué estás pensando? —Yu Xiaowen intentó girar la cabeza—. ¿Es que no vas a reaccionar?

Pasaron unos segundos y Lu Kongyun respondió:

¿Qué reacción?

Joder —dijo el gato—. ¿Tu droga también deja a la gente retrasada?

—…No —respondió él.

Para un momento, déjame girarme y abrazarte. Así, sin que hagas ni un puto movimiento, ni siquiera sé quién coño me está follando —murmuró Yu Xiaowen, resentido.

—…

Lu Kongyun lo volteó de un tirón.

El cochinillo asado recibió tres flechas que lo atravesaron hasta el fondo.

Yu Xiaowen tembló mientras se aferraba a él. No era solo dolor: la mente empezó a quedarse en blanco.

De verdad que soy un maldito O defectuoso. En manos de un Alfa de primera… esto es demasiado rápido.

Trató de morderse los labios para no hacer ruido, pero volvió a sentir cómo le apretaban las mejillas.

—¿Quién más podría ser? —preguntó Lu Kongyun.

Yu Xiaowen sintió que el otro, casi sin darse cuenta, liberó una tenue huella de feromonas. Instintivamente, llevó la mano hacia su propia nuca, pero el depredador lo capturó con total precisión por la muñeca y se la fijó arriba, contra su coronilla.

El aliento caliente se acercó. El borde del bozal rozó su nariz, haciéndole daño. Oyó el chasquido del aparato cuando Lu Kongyun volvió a ajustarlo, y luego el calor se retiró.

Aturdido, Yu Xiaowen murmuró:

—Solo tú… solo te quiero a ti. Lu Kongyun.

El ritmo del otro aminoró. Cada vez más lento. Yu Xiaowen abrió los ojos, esforzándose por ver en la oscuridad qué estaba pasando.

El aliento volvió a acercarse.

—Juntos —dijo.

Yu Xiaowen lo rodeó con fuerza. Dentro de su cabeza, pequeñas luces estallaban como chispas.

Entonces lo apartó de un empujón y se sentó al borde de la cama.

Lu Kongyun también se incorporó.

—¿Qué ocurre?

Yu Xiaowen parecía no tener muchas ganas de hablarle. Solo le preguntó si quería agua. Después salió de la habitación.

Lu    Kongyun siguió arrodillado en la cama, con las orejas atentas, escuchando los pasos que se alejaban.

Tras liberar a varios cachorros y con ello algo de lucidez, empezó por fin a percibir la realidad: la habitación desconocida, su propio olor, la lluvia repiqueteando afuera.

Los pasos regresaron al dormitorio y, tras un chasquido limpio, la habitación se iluminó.

Lu Kongyun entrecerró los ojos ante la luz. La claridad trajo consigo la consciencia, y con ella una sobriedad creciente. Al otro lado, Yu Xiaowen estaba envuelto sin cuidado en la manta, como un capullo gordito. Tenía los ojos y los labios enrojecidos, el cabello apelmazado, empapado por la humedad del después.

…Yu Xiaowen.

El que me extorsionaba…

Lo hizo.

Yu Xiaowen dio un paso atrás, esquivando el centro de su mirada. Lu   ego le extendió un vaso de agua con una pajita.

—Toma.

Los ojos de Lu Kongyun siguieron la línea del brazo hasta la mano. Tomó el vaso y lo vació de un trago. Después lo dejó sobre la mesa, se arrancó la camisa húmeda y volvió a atrapar al capullo, aplastándolo otra vez contra la cama.

Yu Xiaowen giró la cara hacia la manta y lo empujó.

—Apaga la luz.

Pasó un momento y Lu Kongyun respondió:

—No quiero apagarla.

—Ve a apagar la luz.

Lu Kongyun dijo:

—Está demasiado oscuro, es incómodo.

—Para follar es el mismo movimiento adelante y atrás, ¿qué incomodidad ni qué hostias…? Eh, ¿no se suponía que esto aumentaba la obediencia? Vaya mierda de medicamento tienen —comentó Yu Xiaowen.

—… ¿Cómo que “mierda de medicamento”? —Lu Kongyun frunció el ceño—. Es un suero militar de la verdad, no una droga para hacerte obediente y ya. Primero garantiza que lo que digo sea verdad; la obediencia viene después. ¿Dónde está el problema en esa lógica?

Yu Xiaowen tiró de la manta hacia arriba y, sin poder contenerse, dejó escapar una risita.

—Vaya funcionario frío y soso eres. Hablas de trabajo y te pones de uñas. Qué mono eres, joder.

Lu Kongyun se quedó en silencio.

—Bah, da igual. Total, mañana no te vas a acordar de nada. Déjala encendida —dijo Yu Xiaowen, con una sonrisa que se hizo más pequeña, más baja—. Cariño, en mis sueños siempre uso una postura con la que puedo llegar hasta lo más profundo. Al sitio donde de verdad se pueden hacer cachorritos. ¿Quieres probar?

—…

Lu Kongyun conocía esa postura.

Yu Xiaowen se la había dicho. Él mismo no lo recordaba… pero lo había dicho.

Los brazos de Yu Xiaowen se enroscaron alrededor de sus hombros, acariciándole la punta del cabello. Pero sus ojos eran los de siempre: los de un policía criminalista, un observador calculador. Lu Kongyun no sabía qué esperaba leer en él.

Así que le respondió con la misma seriedad, porque para él, era un asunto serio. Deslizó los dedos desde la garganta de Yu Xiaowen hacia su nuca y cubrió su glándula:

—Será mejor que, antes del tratamiento, ni se te ocurra pensar en tener cachorritos.

—… ¿Qué? —Durante un instante, Yu Xiaowen se quedó desconcertado, incLu   so un poco nervioso, alzando la mirada hacia él.

El doctor Lu optó por el abrazo más simple. Cuando entró hasta el fondo, vio cómo la expresión de Yu Xiaowen pasaba de la tensión a la dispersión, luego al éxtasis.

Pasado un rato, recordó que debía responder la consulta. Entonces dijo:

—Tu entrada está demasiado estrecha. El problema es bastante serio. En los Omega masculinos el canal reproductivo es más frágil, así que no debes forzarlo antes de intervenir médicamente. Te harías daño.

Yu Xiaowen insistió:

—… Pero el doctor dijo que sí podía abrirse. ¿No quieres…?

—No es que no quiera. Pero ahora no se puede —respondió Lu Kongyun—. En el futuro puedo recomendarte a los mejores especialistas.

Yu Xiaowen guardó un largo silencio.

Al final, solo dijo un llano:

—Gracias.

Pasó otro rato. De pronto, los hombros de Yu Xiaowen temblaron con violencia. Su voz sonó apagada, nasal. Alzó la mano y le cubrió los ojos a Lu Kongyun.

—Mejor apaga la luz, ¿sí?

Lu    Kongyun al fin cedió. Salió de él, apagó la lámpara.

En la oscuridad, cuando regresó a su sitio, Yu Xiaowen permanecía muy callado.

Lu Kongyun murmuró:

—La vez que el comandante usó el suero de la verdad, me apuntó con la pistola a la espalda después.

—¿Qué…? —Yu Xiaowen se sobresaltó, empujándole el pecho—. ¿De verdad? ¿Estás bien?

La pregunta era absurda. Si hubiera pasado algo, él no estaría ahí. Lu Kongyun bajó la mirada hacia la oscuridad de los ojos de Yu Xiaowen y respondió quedo:

—Un poco. Me asusté mucho.

Yu Xiaowen no dijo nada. Pero los dedos que lo empujaban se cerraron un poco, como si fuera una disculpa rara en él.

Lu Kongyun apoyó la cabeza en su hombro. Tal como esperaba, Yu Xiaowen le dio unas palmaditas.

Aunque aún con voz nasal:

—Bien merecido. Por andar planeando cosas conmigo.

—…

Lu Kongyun le sujetó los hombros, fijándolo.

—…

En medio del crujido tenue de la cama, Yu Xiaowen pensó que… ya que era un extorsionador, que lo fuera de verdad.

—Cariño, di —ordenó—. Dime alguna cosa que al escucharlo me haga sentir algo. No sigas nada más dándome con ese tun tun tun, como un cuchillo picando carne, joder.

Pasó un momento antes de que la “víctima” respondiera:

—“Algo que te haga sentir algo”. ¿Qué tipo de cosas te provocan? No lo sé.

Yu Xiaowen parpadeó al vacío en la oscuridad y respondió:

—Algo que me haga saber que tú también lo sientes. Algo que me haga querer morirme si no llego contigo.

El otro se detuvo un instante antes de recuperar poco a poco el ritmo y la fuerza.

—¿Qué tipo de palabras… comandante? —preguntó la víctima. Y recalcó las dos últimas sílabas. 

En otra parte también; quizá reprochándole lo impreciso de la orden, o molesto por lo del cuchillo de picar, o sencillamente queriendo oír esas palabras en voz alta.

Yu Xiaowen contuvo el aliento un instante antes de decir:

—De esas que me seduzcan. No seas tan frío.

—Entonces… ¿está ordenándome seducirle? —respondió el otro.

Yu Xiaowen escondió la cara en su hombro. Tras un rato, preguntó:

—¿Sabes hacerlo?

—No —respondió la víctima y añadió—: Enséñame.

—Yo tampoco sé —dijo Yu Xiaowen.

—¿No sabes? —El otro alargó esas tres sílabas, acompañándolas del movimiento, como si las saboreara—. No sabes…

—¿Qué insinúas? ¿Que soy muy irresistible? ¿Que ya te he seducido alguna vez? ¿Eh, eh… mm…?

Se arrepintió al instante. El otro no dijo nada. Lo calló a base de embestidas.

La mente se le anestesió; la boca se le llenó de saliva. La raíz de la lengua le picaba.

—¿Q-quieres… quieres besar? —farfulló Yu Xiaowen.

El otro se detuvo un momento y dijo:

—Llevo el bozal.

Yu Xiaowen enganchó el borde del bozal con los dedos y sacó la lengua todo lo que pudo. Apenas alcanzó a rozar la rendija de los labios del otro; casi se le acalambró todo intentando llegar un poquito más.

Él era un extorsionador: aunque no pudiera tenerlo, quería tocarlo. Solo un roce lo hacía feliz. Si eso era seducir, ¿cómo lo enseñaba? Ni de broma lo aprendería.

Su cabeza chocó contra el cabecero.

Soltó un quejido. El otro lo atrajo de vuelta.

—Otra vez —ordenó la víctima.

Yu Xiaowen vaciló, pero volvió a sacar la lengua. La nariz aplastada, seguro con un dibujo ridículo de cárcel sobre la cara. Como un preso blando intentando fugarse, estirándose más allá de las barras para alcanzar el lado feliz. Esta vez, el otro alargó su propia lengua y la rozó.

Yu Xiaowen perdió el control. Su respiración se volvió ligera. Pasó un largo rato antes de oír la voz del otro, cumpliendo por fin la orden:

—Yu Xiaowen, yo no me acuesto con cualquiera.

Yu Xiaowen se quedó inmóvil, sorprendido. Luego sonrio.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x