Jiang Tian estaba de pie bajo la sombra moteada de los árboles. Las luces que se filtraban entre las hojas saltaban sobre su rostro y, al caer justo en sus ojos, lo devolvieron de golpe a la realidad.
Té de la tarde: Tú de por sí nunca te portas bien.
El chico saboreó esas palabras; el calor en su rostro solo se intensificó. Casi podía imaginar al señor Chu, al otro lado de la llamada, usando esa voz baja y peligrosa para decirle: “Hace tiempo que sé que eres un pequeño mentiroso”.
Jiang Tian se dio cuenta de que, cada vez que hablaba con él, siempre había algo en sus palabras que le desordenaba los límites, que le revolvía los planes que creía poder controlar.
Té de la tarde: ¿Por qué no hablas?
Té de la tarde: ¿Todavía te duele?
Jiang Tian miró los mensajes recién enviados, junto con ese “cariño” sobre ellos. Tragó saliva, intentando recuperar su compostura.
KIRA: Ya estoy mejor.
KIRA: Ya no duele tanto.
Té de la tarde: ¿Qué dijo el médico?
KIRA: Un esguince grave.
KIRA: Yeso por más o menos un mes.
KIRA: ¿Mañana aún nos veremos?
Al enviar el mensaje, el sudor frío le resbaló desde la sien por su rostro pálido.
Estaba nervioso. Temía que el joven presidente le pidiera detalles, como ver un diagnóstico médico o algo así.
De hecho, sí tenía un diagnóstico real… solo que había alterado la fecha y algunos datos con un programa, todo para usarlo como excusa y retrasar el encuentro.
Té de la tarde: Entiendo.
Té de la tarde: Cuida bien tu lesión.
Té de la tarde: [Transferencia: 500,000 yuanes]
Jiang Tian inhaló bruscamente. “…”
Otra transferencia. Ya le resultaba imposible descifrar si esos quinientos mil eran para el tratamiento o si formaban parte de algún tipo de… ¿ánimo reconfortante?
KIRA: Hermano…
KIRA: Es demasiado.
Hacía calor; el verano había llegado sin avisar. Su cara estaba tan caliente que parecía insolado y hasta le daba vueltas la cabeza.
Él no tenía pensado pedir dinero. Pero si lo rechazaba ahora… ¿cómo iba a mantener su fachada de “chico rico de último año que estafa por dinero”?
Té de la tarde: ¿Te da vergüenza aceptarlo?
KIRA: Sí…
KIRA: Emoji: frijolito llorando.jpg
Té de la tarde: Tómalo.
Té de la tarde: Mi paciencia es limitada.
KIRA: …
La sangre se le subió de golpe a la cabeza y, sin pensarlo, aceptó el dinero. Sus dedos temblaban ligeramente mientras intentaba convencerse de que algún día se lo devolvería.
Tal como ocurrió con los doscientos mil anteriores. No había tocado ni un centavo; seguían ahí, intactos en su cuenta, y pensaba regresarlos con intereses.
Pero si ahora no demostraba intención de “sacar dinero”, el otro podría empezar a sospechar… y quizá adivinar que él no era ningún estafador, sino la hermana.
KIRA: Gracias, hermano.
KIRA: Voy a cuidarme.
Té de la tarde: Mándame un sticker.
KIRA: …
KIRA: Emoji: frijolito confundido.jpg
Té de la tarde: ¿?
Le dolía la cabeza. Con las emociones alborotadas, buscó de prisa un sticker aún más tierno.
Una caricatura de un border collie haciendo puchero y lanzando un besito, rodeado de corazones. Se lo envió a ese joven y poderoso presidente del que tanto se hablaba.
Pareció funcionar. El hombre se puso de buen humor e incluso continuó la conversación con tono amable, pero volvió a preguntarle cómo se había lastimado.
Era como si hubiera confesado la mitad: era un estafador que iba por dinero; ¿de dónde iba a sacar una motocicleta? No podía seguir inventando.
KIRA: Me caí jugando fútbol.
Té de la tarde: ¿Por qué no dices la verdad?
KIRA: No lo hice a propósito.
KIRA: Solo… me daba pena que pensaras que juego mal.
Al enviar el mensaje, Jiang Tian se frotó la nuca, recordando cómo el año pasado también le ocultó a su hermana una lesión por miedo a preocuparla.
Nunca había tenido adultos cercanos. Desde pequeño, los parientes los veían a él y a su hermana como una carga.
Por eso era tan independiente. Aparte de los maestros, ningún adulto lo había cuidado de verdad.
Pero justo ahora, en la pantalla apareció un largo “escribiendo…” y al final recibió un sticker igual al que había mandado: el mismo border collie llorando, pero esta vez con una mano grande y cálida acariciándole la cabeza, como un gesto silencioso de consuelo.
“…”
El ruido de los autos afuera se mezcló con su mente en blanco. Jiang Tian estaba aturdido, sintiendo una calidez ajena e inesperada de parte de ese hombre mayor.
Y más aún, porque sabía que ese hombre había sido el jefe que siempre cuidó de su hermana… lo que hacía sus emociones todavía más confusas.
Té de la tarde: No te desprecio.
Té de la tarde: Cuando sanes, nos veremos.
KIRA: …Está bien.
Al terminar la conversación, Jiang Tian quedó mareado, como si hubiese estado hablando por puro instinto.
Las fotos que había tomado a propósito resultaron inútiles. Era impresionante cómo el presidente era tan indulgente con él. Aunque fuera lento para las emociones, cualquiera podría notarlo.
Y eso no era algo bueno. Si se veían cara a cara, todo explotaría.
Regresó a casa. El bullicio de la noche anterior había desaparecido; solo estaban su hermana y Lu Yang.
Lu Qiao ya había sido arrastrado a clases de refuerzo. Sin el más ruidoso del grupo, solo cenaban Jiang Tian y las dos hermanas.
Ambos hermanos desprendían una especie de aura fúnebre, que hacía que Lu Yang —energética y brillante actriz— sintiera lástima.
—No estén tan deprimidos.
Le sirvió sopa sonriendo.
—Además, ese señor Chu no salió perdiendo. Al final obtuvo la foto exclusiva de tus abdominales, ¿no?
Jiang Jing: “…”
Jiang Tian: “…”
El chico casi metió la cara en la sopa. Tan guapo y tan reservado… lo que solo incentivó a Lu Yang a seguir molestando.
—Lo digo en serio. Se lo conté a mi novio, y tiene un amigo con un estatus parecido al de ese presidente.
—La gente de ese círculo siempre tiene manías raras. Es difícil que alguien se les acerque. Que nuestro Tian les dé un poco de “calor humano” debe ser una experiencia nueva que un gran presidente apreciaría.
—No pienses que hiciste algo malo.
“…”
Jiang Tian solo podía ver, en su mente, las decenas de fotos privadas que le había enviado al jefe de su hermana… y que ahora también habían visto ella y su amiga.
Miró a su hermana. Su rostro, bello y serio, no mostraba emoción, pero sus ojos revelaban una preocupación silenciosa, como si estuviera a punto de llorar por él.
Jiang Jing ya se sentía culpable; ahora tenía que evitar que su amiga siguiera hablando, así que empezó a atiborrarle el plato y darle bebida. La atmósfera, por lo menos, dejó de parecer un funeral.
Después de cenar, Jiang Tian se encerró en su cuarto y trató de calmarse resolviendo problemas de olimpiadas matemáticas.
No podía dejar de pensar en algo que escuchó durante la cena: Lu Yang riéndose y diciendo:
“Tian es nuestro hermanito. Si algo sale mal, lo bloqueas y te desapareces. Es mejor que verte cara a cara con tu jefe y que te regañe.”
Los hermanos Jiang pensaban igual. Y hasta su mejor amigo ya le había sugerido “desaparecer”.
Era como una semilla malvada brotando. Una vez nace, no deja de tentar.
Ya no podía concentrarse. Tomó su teléfono y, por primera vez, estudió seriamente el perfil del presidente.
El “momento” estaba vacío, solo una raya. Quizá tenía las publicaciones limitadas.
Le parecía una persona con límites muy firmes. Justo por eso era increíble que él hubiera logrado acercarse y atraparlo con su engaño.
Pero él tampoco había hecho nada especial.
Revisó todo el chat, buscando alguna técnica ingeniosa… y solo pudo aceptar la verdad: había sido pura coquetería barata.
“…”
Suspiró. Iba a salir del chat cuando, por accidente, tocó la foto de perfil.
“La opción ‘Le diste un toque a Té de la tarde’ apareció en la pantalla.”
Se apresuró a borrarla.
Tan inteligente para todo… excepto cuando trataba con este hombre. Ahí siempre fallaba.
Té de la tarde: ¿Qué borraste?
Té de la tarde: Lo vi.
KIRA: …
Se volvió a sentir extraño.
¿Cómo podía el presidente verlo justo en ese momento? ¿Acaso él también quería hablar?
En el lujoso piso junto al lago, el presidente Chu Xiuyu, recién despierto y en bata, estaba de pie frente al ventanal. Sí estaba mirando el teléfono. Había visto el aviso justo antes de que lo borraran.
¿No era eso un intento de hacerse el interesante?
Té de la tarde: Deja de enviar puntos suspensivos.
KIRA: …
KIRA: Está bien.
Té de la tarde: ¿?
KIRA: Sí, sí.
KIRA: Hermano, no lo haré más.
Chu Xiuyu sonrió. Vaya… por apenas cincuenta mil, ahora es mucho más obediente. Interesante.
No tenía prisa por verlo. Con la edad, ya no estaba tan desesperado como otros hombres.
Si era un pequeño estafador, seguro tenía trucos inesperados.
Y él no tenía nada mejor que hacer. Retrasar unos días el encuentro no cambiaba nada.
Se dejó caer en el sillón y miró el lago. El viento movía los sauces, y el sol formaba ondas sobre el agua. La vista, de repente, parecía más agradable de lo habitual.
Té de la tarde: Cariño.
Té de la tarde: ¿Cuánto tiempo sin enviarme fotos?
KIRA: Eh…
KIRA: He estado muy ocupado.
KIRA: Se me olvidó.
Parecía un intento de “tira y afloja”, pero en realidad Jiang Tian estaba al borde del colapso.
Casi había olvidado que, mientras esta loca relación no terminara, debía mandarle fotos todos los días.
Y fotos no precisamente inocentes.
Como hombre completamente heterosexual, Jiang Tian estaba horrorizado. El discurso de los hermanos Lu resonaba en su cabeza: “Si no puedes más, ¡huye!”
Aunque también era posible que el presidente solo quisiera molestarlo. Sería imposible que realmente tuviera… otros intereses.
Había tres simulacros de exámen antes del oficial de ingreso.
Jiang Tian también quería hacer una “prueba”: tantear los límites del presidente. Si aun sabiendo que era un estafador no lo soltaba… Entonces sí tendría que borrar la cuenta y desaparecer.
Él era heterosexual. Nada de esto tenía sentido. Era un enorme malentendido. No podía dejar que siguiera creciendo.
Pensando eso, respondió:
Que le dolía la pierna, que las fotos saldrían mal…
Que si podían hacer una llamada.
Él nunca pedía llamadas. Así que, al otro lado, Chu Xiuyu lo tomó como una buena señal y llamó enseguida.
—Cariño.
Su voz grave y magnética llenó el silencioso dormitorio.
Era, prácticamente, la primera vez que Jiang Tian lo escuchaba después de saber quién era realmente. Abrió la boca, pero no le salió la voz.
El hombre solo dijo, con calma:
—¿Por qué no hablas?
—…Nada.
Apretó el teléfono, tragó saliva seca.
—Hermano… estaba pensando qué decir.
Era la primera vez que lo llamaba así sin resentimiento ni intención de venganza. Más bien, con culpa. Al fin y al cabo, había involucrado a un inocente en su lío.
Pero Chu Xiuyu lo entendió de otra manera, creyendo que era un gesto cariñoso, y sonrió.
—¿Y qué quieres decirme?
—En realidad… nada.
Su voz tensísima. Necesitaba probar sus límites, pero al mismo tiempo temía delatarse.
—Solo… tú siempre me llamas “cariño”.
—Ajá —respondió él.
—¿Podrías… usar otro nombre?
—…
Era raro que él propusiera “jugar”. Chu Xiuyu, que nunca había tenido una relación, tampoco sabía mucho. Entrecerró los ojos.
—¿Qué quieres que te diga?
Jiang Tian pensó. No era que quisiera oír algo… quería saber hasta dónde llegaría él.
Las palabras se pueden malinterpretar. Pero la voz… la voz no miente.
Y entonces recordó un apodo que una vez le dijo un tipo desagradable en un bar: “bebé”. Casi vomita aquel día. Estaba seguro: a menos que estuviera profundamente involucrado, el presidente jamás lo llamaría así.
Sin embargo…
Al otro lado escuchó una respiración profunda, como conteniendo algo. Luego, una voz ronca y peligrosa, rozándole el oído:
—¿Quieres que te lo diga así?
Jiang Tian tragó saliva.
—…Sí.
—Bebé.
Chu Xiuyu bajó aún más la voz, saboreando cada sílaba, provocador al extremo.
—Entonces dime… ¿cómo vas a llamarme tú?
Chu Zong: Llámame esposo, pequeño dulce.
Tian-Tian: Debería escapar ya (llora).