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En toda su vida, Jiang Tian nunca había sufrido una tortura semejante.
En plena luz del día, un chico de metro ochenta y siete, alto y recto, estaba parado a mitad de la montaña —un lugar con un paisaje hermoso— pero por dentro estaba lleno de pánico, temiendo que, de un momento a otro, un pervertido apareciera por detrás para pegarse a él y toquetearlo.
Sentía todo el cuerpo como si miles de hormigas le treparan encima, incapaz de quedarse quieto. La botella de agua que tenía en la mano, más de la mitad, ya se la había terminado sin darse cuenta.
Maldito pervertido…
Jiang Tian lo maldijo en silencio, pero aun así tuvo que fingir calma y sacarle una sonrisa forzada al desgraciado en la ventana de chat.
KIRA: Hermano.
KIRA: Ni siquiera es de noche.
KIRA: emoji del frijolito llorando.jpg
Los stickers que usaba eran los que venían con la propia aplicación: nada coquetos, más bien llenos de un aire tonto y sin gracia. Incluso si una pareja recién confirmada en plena fase de luna de miel se los enviara, probablemente la mitad del romanticismo se les apagaría.
Té de la Tarde: ¿No lo vas a mandar?
Té de la Tarde: Entonces te elimino.
KIRA: …
¿Por qué siempre lo amenazaba con esas cosas?
Jiang Tian no pudo soportarlo más. Apretó con fuerza la botella hasta aplastarla y la lanzó hacia un basurero lejano. ¡Duang! Sonó al caer, entrando justo en el centro.
El guapo casi ni tenía aire para suspirar; solo podía decirse a sí mismo que ya había llegado demasiado lejos con ese plan como para abandonar a mitad del camino. Todo lo que había aguantado antes no podía ser en vano.
La luz del sol ni siquiera era tan fuerte, pero igual lo deslumbraba. La palma le sudaba y, al ver que el desgraciado tardaba en responder, tuvo que tantear con cautela.
KIRA: Hermano.
KIRA: No es que no quiera enviarlo.
KIRA: Estoy en la montaña. Hay otros turistas. Me da miedo que me tomen por un pervertido.
Y era verdad: si se quitaba la camisa a plena luz del día para tomarse una foto, los guardias del parque lo reportarían como exhibicionista y lo bajarían de la montaña cargado. ¿Dónde quedaría su dignidad?
Té de la Tarde: Cámbiate de lugar.
KIRA: Está bien.
KIRA: Voy a buscar.
KIRA: Dame un poco de tiempo.
Según su personaje inventado, él era un rico joven despreocupado, que debía ir montado en su moto de lujo a donde quisiera: el chico más llamativo de todo el parque.
La realidad era que Jiang Tian había llegado a la montaña a puro esfuerzo de sus piernas. Y ahora tenía que bajarla andando. Ni siquiera un atleta soportaría esa tortura.
“…”
Él mismo cavó el hoyo… y ahora le tocaba tirarse dentro.
Sacó el teléfono para buscar el paradero del transporte turístico más cercano, decidido a tomar el siguiente carro y huir de ese parque lleno de cacas de pájaro.
Para que el desgraciado no lo eliminara y siguiera creyendo en su personaje inventado, debía encontrar rápido un lugar donde tomarse la primera foto de abdominales de su vida.
Recordó que había un gran centro comercial cerca de la salida trasera del parque. Al bajar del transporte, solo tendría que cruzar una calle. Pensó en meterse en un probador de una tienda de ropa: cualquier otro sitio sería imposible.
Por suerte, tenía buena condición física. Corrió y alcanzó justo a tiempo un carrito que bajaba la montaña.
El conductor pensó que tenía algo urgente al verlo jadeando, así que bajó la montaña como si fuera una montaña rusa. Pero Jiang Tian, con la cabeza llena de preocupaciones, ni siquiera se mareó.
Solo aquel hombre en la ventana de chat podía alterarlo tanto.
Té de la Tarde: ¿Cuánto te falta?
Té de la Tarde: No tengo mucha paciencia.
KIRA: Hermano.
KIRA: Estoy siguiendo el GPS.
KIRA: No será rápido.
Té de la Tarde: Date prisa.
Jiang Tian ya no podía más: “…”
Era día laboral, ¿y ese desgraciado estaba urgido por una foto de sus abdominales en pleno mediodía? ¿Con qué cara…?
Jiang Tian deseó que lo destrozaran en la cama hasta hacerlo llorar, pero por fuera tuvo que fingir preocupación.
KIRA: Hermano, ¿no trabajas hoy?
Té de la Tarde: Mm.
KIRA: Pero si es viernes.
Té de la Tarde: Tenía una cena.
Té de la Tarde: Tomé demasiado.
Jiang Tian pensó que seguro había bebido demasiado la noche anterior y decidió faltar hoy al trabajo.
Justo cuando iba a terminar la conversación, el otro envió dos frases extrañas:
Té de la Tarde: Normalmente eres molesto.
Té de la Tarde: Como un cachorro.
KIRA: …
KIRA: ¿Me estás insultando?
Té de la Tarde: Te estoy halagando.
Jiang Tian quedó pasmado. Un rayo de sol atravesó la ventana del carrito, iluminando su nariz recta y sus labios apretados.
Por alguna razón, sintió que el otro aún tenía rastros de alcohol en la cabeza; parecía distinto a su versión habitual.
Se sintió extraño, no sabía cómo responder. Escribió deprisa: “Estoy conduciendo, te hablo en media hora” y fingió desaparecer.
Mientras tanto, al otro lado del mundo…
En la noche de Nueva York, Chu Xuyu estaba en la ventana, mirando la ciudad iluminada como si fuera un cielo estrellado al revés.
Intentó calmarse, pero su corazón latía como un tambor desbocado, retumbándole en el pecho y dándole dolor de cabeza.
En la pantalla seguía abierta la foto que el chico había enviado: una perspectiva desde la moto. El reflejo hacía ver una silueta borrosa y, bajo el casco, el muchacho con chaqueta negra se veía increíblemente guapo, con un aire limpio, fuerte… y extrañamente puro.
Honestamente, la postura no parecía la de alguien que supiera conducir una moto. Pero aun así, se veía bien.
A Chu Xuyu le resultaba divertido. Sus dedos se deslizaron por la pantalla, como si pudiera tocar la piel del chico a través del cristal, como si fuera a agarrarle la cara para exprimirla.
—¿Yo soy el de abajo? —rió entre dientes—. ¿Quién te dijo eso?
Ese círculo era complicado. No todos tenían roles fijos, y él no encajaba realmente en ninguna categoría tradicional.
Esa era su percepción. Pero también era cierto que, aunque muchos lo buscaban, nunca había tenido una relación real, ni experiencia práctica.
Pensando en eso…
El calor en su cuerpo subió. Se quitó la chaqueta y la dejó en el sofá. La corbata colgaba suelta del cuello y la camisa, desabotonada, dejaba ver líneas musculares marcadas y elegantes.
La presencia fría y dominante que tenía normalmente estaba hecha añicos por el alcohol y el dolor de cabeza, revelando una rara fragilidad.
Bip.
Pensó que era el pequeño estafador, y hasta pensó que había respondido rápido. Pero era un mensaje de su secretaria.
Judy: Señor Chu.
Judy: Estoy preparando la sopa para la resaca.
Judy: ¿Quiere que se la lleve?
Chu Xuyu tenía seis secretarias, cada una con funciones distintas. Aunque no siempre lo acompañaba, cuando ella lo hacía, después de los eventos le preparaba su sopa casera.
Él no se emborrachaba fácilmente, pero la resaca le daba dolores de cabeza. Y la sopa de Judy era realmente útil.
Té de la Tarde: Sí.
Té de la Tarde: Gracias.
Al poco tiempo, ella tocó la puerta, dejó la sopa y se retiró discretamente.
Para él, Judy era muy confiable; lamentaba que pronto renunciara. Con el aroma de la sopa flotando en el aire, el siempre frío presidente hizo algo insólito: abrió tema de conversación.
Té de la Tarde: Está buena.
Té de la Tarde: ¿Le pusiste longyan seca?
Ella explicó que sí: su familia tenía la costumbre de usarla, y su hermano menor también la prefería.
Hablaron un poco y Chu Xuyu, curioso por el hermano del que tanto escuchaba, preguntó. Judy dijo que estaba por graduarse de secundaria, en junio.
Todo lo decía con orgullo: el chico ya tenía un pase directo a una universidad de élite.
Chu Xuyu escuchaba tranquilo, bebiendo la sopa. Tal vez porque pensaba en cierto estafador de la misma edad, pero tan descarado que hasta se atrevía a provocarlo, que aquella comparación le resultaba interesante.
Y cuando supo que la longyan había sido empacada por el propio hermano para su viaje, incluso le pareció que el chico debía ser bien educado y atento.
Clic.
El joven presidente le tomó una foto a la sopa bajo la luz tenue y se la envió… al pequeño “cachorrito” border collie.
Té de la Tarde: [foto]
Jiang Tian acababa de salir del parque, a punto de cruzar la calle cuando la vio.
Reconoció esa sopa.
Y se quedó congelado.
Una rabia inexplicable le prendió fuego por dentro. Tanto así que ni vio que el semáforo había cambiado.
¡Pi, pi!
Los autos lo hicieron volver en sí.
Se disculpó inclinándose y respiró hondo. No podía perder la cabeza. Era peligroso.
Aunque… ese desgraciado estaba usando la longyan que su hermana le había regalado, tomando la sopa que su familia llevaba generaciones haciendo, y encima se la mandaba al ligue de internet.
Tuvo que fingir ignorancia.
KIRA: ¿La preparaste?
Té de la Tarde: Sí.
KIRA: Se ve bien.
KIRA: Ya casi llego.
KIRA: Al centro comercial cerca de Qingxuan Mountain.
Té de la Tarde: ¿No vas a preguntarme algo?
KIRA: ¿Eh?
Té de la Tarde: Si me duele la cabeza cuando bebo.
Jiang Tian: “…”
Ojalá te siga doliendo.
Respiró hondo y cruzó la calle. Seguía nervioso, pero debía mantener su actuación impecable.
También podía sentir que el desgraciado estaba apurado, así que aceleró el paso. Entró en una tienda de ropa deportiva, agarró una chaqueta al azar y se fue directo al probador.
Las empleadas lo miraron sorprendidas: nunca habían visto a un chico tan guapo entrar así de golpe.
Jiang Tian se sentía tan culpable que, por remordimiento, sabía que terminaría comprando esa chaqueta.
Cerró la puerta del probador.
Pero los mensajes no se detuvieron.
Té de la Tarde: Cachorrito
Té de la Tarde: ¿Todavía no?
Tuvo que responder con voz suave:
KIRA: Hermano.
KIRA: Ya entré al probador.
KIRA: Voy a tomar la foto ahora.
Té de la Tarde: Está bien.
Té de la Tarde: ¿Antes le mandaste fotos a alguien más?
¿¡Cómo iba a ser!?
Era la primera vez en su vida que hacía algo así.
Pero el desgraciado no parecía creerle. Incluso le dio un “tap” a su avatar.
¿Eso era… una caricia en la cabeza?
“…”
Las orejas de Jiang Tian ardieron. ¿Por qué se estaba imaginando tonterías?
Sin salida, activó la cámara. Levantó un poco la chaqueta negra, dejando ver su cintura blanca, los músculos firmes… y los ocho abdominales marcándose bajo la luz del probador.
Click.
Se le olvidó poner la cámara en silencio. Afuera las voces bajaron abruptamente.
Quiso enterrarse vivo. Esa expresión avergonzada, casi como un chico inocente obligado a hacer algo turbio, lo hacía ver aún más atractivo… y él tenía que enviarle esa foto a un estafador.
Pero no había vuelta atrás.
KIRA: [foto]
KIRA: Nunca le envié fotos de mis abdominales a nadie.
KIRA: Hermano.
KIRA: Eres el primero.
Nota del traductor:
Longyan o “ojo de dragón”, es una pequeña fruta tropical muy apreciada en la cocina tradicional. Cuando se seca, adquiere un color ámbar oscuro y un aroma cálido que la vuelve indispensable en numerosas sopas y tés herbales.