DESPUÉS DE QUE FANG Chi se puso en cuclillas frente a la casa de Sun Wenqu por más o menos dos horas, al fin entendió por qué Fang Ying le dijo varias veces que fuera a la casa de Sun Wenqu por las noches.
Un tipo que se había quedado en las montañas durante algunos años sin nada que hacer y que acababa de regresar, ¿cómo podría estar en casa a esta hora? ¿Por qué no saldría a gastar todo el dinero de su familia? Ya era muy bueno que regresara por la noche…
Se puso de pie, bajó un poco el volumen de la música en sus auriculares y salió por la puerta trasera del complejo. Debía comer algo más, tenía hambre.
Ese día no hacía frío, solo una brisa fresca, pero parecía que el clima estaba cambiando; ya era la estación en la que uno tendría hambre tan pronto como oscureciera y volvería a tener hambre en solo dos horas.
Después de comer un tazón de fideos al azar al borde de la carretera, Fang Chi regresó y se sentó en un banco a vigilar el pequeño jardín que había frente a la casa de Sun Wenqu.
De hecho, esto era realmente molesto. Sus planes habían sido regresar a leer algún libro de texto y hacer algunos cuestionarios, pero ahora tenía que esperar —como si fuera un ladrón en cuclillas— a un imbécil.
Pero ya estaba aquí, y si se iba, tendría que volver mañana.
Fang Ying nunca le dijo exactamente para qué necesitaba el dinero y por qué estaba tan preocupada. De lo único que hablaba —y mucho— era sobre el desastre que hizo Sun Wenqu de su vida y cómo al final la abandonó. Tampoco era que Fang Chi tuviera muchas ganas de preguntarle sobre ello. En los últimos años, Fang Ying lo había ayudado con cualquier problema que se le atravesara, así que ahora solo podía morder la bala y ayudarla también.
Pero incluso si la otra persona era un pedazo de basura, y quizá sí había tenido un pequeño enredo con Fang Ying, pedir dinero de esta manera todavía era muy vergonzoso.
El número de personas que salían a caminar después de la cena, en parejas o de a tres, en la urbanización había disminuido gradualmente para este punto.
De hecho, no era un mal vecindario para deambular; el reverdecimiento lucía muy bien cuidado, y los caminos, lisos y limpios. Incluso el banco debajo de sus nalgas estaba bastante pulcro. No había margen de comparación con el entorno del apartamento que alquilaba. No era de extrañar que Sir Amarillo prefiriera mil veces enfrentarse voluntariamente todos los días a la comida para gatos que no le gustaba, en lugar de salir a la calle.
Las personas que caminaban bajo las luces de la calle proyectaban largas sombras al pasar. Cada vez, Fang Chi miraba fijamente la nueva sombra que aparecía, solo para descubrir que no se trataba de Sun Wenqu.
¿Qué estaba haciendo ese bastardo?
Su teléfono sonó un par de veces y lo sacó para echar un vistazo; el chat de la clase estaba activo.
-¿Está Fang Chi por aquí?
-Ja, ja. ¿Lo extrañas de nuevo??
-No digas tonterías, solo quiero preguntarle si puede jugar mañana.
-Llámalo, no debería estar dormido aún, ¿no?
-No me atrevo.
-Solo es una llamada, ¿por qué no te atreves? Qué inútil.
-(Palmada en la cara) Es decir, no se atreve a encontrar a su propio gong…
Fang Chi frunció el ceño y escribió rápidamente en el cuadro de entrada: «¿Estás loca?».
La chica que habló por última vez mandó un emote sacando la lengua y se quedó en silencio. Fang Chi ya no miró lo que decían los demás después y volvió a guardarse el teléfono en el bolsillo.
Después de estar sentado durante mucho tiempo, su trasero ya se sentía un poco entumecido, así que se puso de pie y caminó de un lado a otro por la calle frente a la casa de Sun Wenqu, hasta que al final se detuvo junto a la pared de su residencia.
Su teléfono había detectado una red WIFI.
Lo miró y descubrió que el nombre del WIFI era: «Póstrate, entonces verás la contraseña». Por alguna razón, sintió que debía ser de la casa de Sun Wenqu.
Después de dudar por unos segundos, se le ocurrió una contraseña y la ingresó.
12345678… Funcionó.
Fang Chi no podía imaginar el sentido de configurar este tipo de contraseña, pero como el límite de datos de este mes de su teléfono ya estaba casi agotado, se conectó al WiFi.
No sabía dónde estaba ubicado el router en la casa, pero supuso que no muy cerca del patio delantero, ya que había tenido que pegarse a la pared para recibir la señal. Por lo tanto, no podía alejarse, porque tan pronto como se despegara de la pared, perdería la señal.
Soltando un suspiro, se bajó la gorra y presionó la frente contra la pared antes de comenzar a jugar con desgana.
Cuando Sun Wenqu bajó del auto, sintió que se tambaleaba un poco al caminar; que las cosas frente a él daban vueltas en círculos y que parecía haber bebido demasiado.
Tan pronto como entró en la urbanización, recibió una llamada de Li Bowen.
—Wenqu, ¿ya estás en casa?
—Mmm —respondió Sun Wenqu, concentrándose en caminar sin prisa hacia adelante.
—De verdad no tenía otros motivos hoy… —dijo Li Bowen.
—Está bien, no quiero hablar más de eso —lo interrumpió Sun Wenqu, su entrecejo frunciéndose—. ¡No te molestes en volver a hacer este tipo de estupideces en el futuro!
—Yo… está bien —contestó Li Bowen—. Entonces, descansa temprano.
Sun Wenqu no respondió y colgó.
En los últimos dos días, Sun Wenqu apenas se había quedado en casa. Su antiguo grupo de amigos parecía estar tratando de compensar los últimos tres años perdidos, invitándolo a cenar todos los días.
Esta era la vida a la que Sun Wenqu estaba acostumbrado, y se sentía bastante bien.
Se suponía que solo el grupo se reuniría en el bar de Li Bowen hoy, pero a la mitad, Li Bowen de repente apareció junto a un chico que no parecía muy mayor. No dijo nada explícitamente, pero tan pronto como entraron, el chico se sentó junto a Sun Wenqu y se le pegó.
Sun Wenqu lo entendió en su corazón. Para ser honesto, en circunstancias normales no se habría enojado por ese tipo de cosas, e incluso podría haberlo tocado un par de veces después de beber un poco de alcohol.
Pero ese chico podría pasar más como su hijo que el «hijo» que Fang Ying puso en sus brazos, y al mirar la cara de Li Bowen de nuevo, aunque no dijo nada, todavía podía entender a la perfección su expresión. Sun Wenqu sintió como si hubiera comido un cubo de mierda.
Ya se había molestado mucho por la actitud de Li Bowen en el club campestre antes, y ni siquiera había tenido la oportunidad de preguntarle cómo se había enterado Fang Ying de la hora específica de su regreso. Ahora, después de eso, no pudo contenerse más y perdió los estribos. Arrojó su copa al suelo, se levantó sin decir una palabra y se fue en un taxi.
¡Maldito imbécil!
Sun Wenqu pateó la farola a su lado. Con la velocidad de su patada, su bota hizo un ruido sordo al chocar contra el poste, y entonces se tambaleó unos pasos hacia atrás debido al mareo.
Por el rabillo del ojo, vio con sorpresa una sombra oscura moverse repentinamente. Ya era muy tarde y no había visto a nadie más caminando por el vecindario, pero esa sombra estaba justo fuera del patio de su residencia.
Cuando pudo ver que la sombra pertenecía a una persona pegada a la pared de su casa, Sun Wenqu se puso aún más nervioso.
—¡¿Quién está ahí?!
Su primera reacción fue pensar que era alguien enviado por Fang Ying. Ella no era el tipo de persona que dejaba a medias algo luego de comenzarlo. Él había estado esperando alguna novedad en estos días, pero no había visto nada de momento…
—Yo. —La sombra se dio la vuelta. Su rostro, oculto en la penumbra, fue iluminado por la luz de una farola—. Fang Chi.
—¡Vaya! Si es mi querido hijo, ¿qué haces ahí? —Sun Wenqu lo miró con sorpresa, pero ya lo había previsto.
Fang Chi también lo miró, como si estuviera buscando una razón para estar pegado a la pared.
—Pis —contestó después de un tiempo.
—¿Qué? —preguntó Sun Wenqu, sintiendo que, de hecho, había bebido demasiado.
Fang Chi no respondió; primero lo miró fijamente durante un rato, luego inclinó un poco la cabeza y miró a un lado.
Cuando Sun Wenqu sintió que esta inexplicable escena de silencio cara a cara no podía continuar y quiso abrir la puerta del patio de una vez, Fang Chi se precipitó repentinamente hacia él en dos pasos.
Entonces, Sun Wenqu sintió que se le dificultaba respirar y que su cabeza daba vueltas y vueltas. Cuando se recuperó, descubrió que Fang Chi lo había tomado por el cuello de la camisa y lo presionaba contra la pared.
—¿Qué estás haciendo? —Sun Wenqu frunció el ceño, mirando a Fang Chi, quien estaba cara a cara con él de nuevo.
—Hay tres tipos de personas que detesto. —Fang Chi lo miró sin pestañear, bajando la voz—. Uno, los libertinos como tú; dos, los hijos de puta que golpean mujeres como tú; y tres…
Fang Chi se detuvo a mitad de sus palabras.
Sun Wenqu entrecerró los ojos, y una sonrisa estiró las comisuras de su boca.
—¿Los homosexuales como yo?
Fang Chi no respondió.
Sun Wenqu no continuó con el tema, porque, aunque estaba un poco mareado después de beber, no estaba borracho ni confundido. No le importaba lo de libertino u homosexual. Pero no creía que hubiera fundamento para lo segundo; en sus casi treinta años de vida, nunca le había puesto un dedo encima a una mujer.
Cuando este libertino todavía estaba interesado en las mujeres, eso era lo mínimo que se esperaba de su comportamiento.
—¿A qué mujer golpeé? —preguntó, mirando la nariz recta de Fang Chi.
Esta vez fue el turno de Fang Chi de fruncir el ceño. Ni siquiera era capaz de ocultar el disgusto que se reflejaba en sus ojos.
—¿Tratas de hacerte el estúpido otra vez?
Las palabras «otra vez» hicieron que el mal humor de Sun Wenqu, que ya de por sí estaba bastante alterado, se multiplicara por diez.
Este lunático descarado ni siquiera se había esforzado por crear una historia lógica para extorsionarlo antes, ¿y ahora incluso estaba soltando tonterías al azar para hacer avanzar a la fuerza la ridícula trama?
Sun Wenqu miró a este apuesto deportista que tenía enfrente y del que, en una situación normal, podría haberse sentido muy atraído. Pero ahora solo sintió un estallido de irritación en el pecho. Chasqueó la lengua y lo miró.
—¿Estás diciendo que golpeé a Fang Ying?
—¿No lo hiciste…? —Fang Chi seguía reprimiendo su voz, pero el agarre en el cuello de su camisa se aflojó, como si dudara.
—Lo hice. —Sun Wenqu arqueó las cejas—. La golpeé, y la golpeé muy fuerte. Un par de bofetadas, luego patadas, y después una combinación de todas mis artes marciales, ¿cómo…?
No pudo terminar la oración, ya que sintió su estómago contraerse, seguido al instante de una oleada abrumadora de dolor que le hizo difícil respirar.
Ni siquiera supo en qué momento Fang Chi le había dado un puñetazo. De repente, se inclinó y cayó de rodillas con las manos apoyadas sobre el suelo. Todo parecía dar vueltas a su alrededor.
El hijo golpeó a papi.
¿Es que ya no existían leyes en esta tierra?
Fang Chi no lo golpeó muy duro. Sabía cuáles serían las consecuencias si usaba toda su fuerza, por lo que solo le dio un golpe simple.
Sun Wenqu se sentiría mal después de ser golpeado, no había duda, pero ¿no era un poco exagerado terminar en el suelo? Él pensaba que bastaba con encorvarse y cubrirse. Por eso, cuando lo vio caer directamente de rodillas, se sorprendió mucho. Su plan inicial de darle una patada en la rodilla para derribarlo quedó alterado por completo.
Y mientras dudaba entre maldecir esta situación o marcar el plan como un éxito, Sun Wenqu vomitó de repente.
¡¿Eh?!
Era la primera vez que veía a alguien vomitar por solo recibir un puñetazo. Fang Chi dio un paso atrás de forma instintiva. Aquello fue realmente inesperado. Se quedó allí, viendo a Sun Wenqu dar fuertes arcadas, y luego volvió a acercarse con algo de preocupación.
—¿Estás bien?
—Impresionante. —Después de escupir dos veces, Sun Wenqu lo agarró con mano firme del pantalón y habló con cierta dificultad—: Hijo de puta… Ahora el estafador también tiene… habilidades de combate…
Antes de que Fang Chi pudiera reaccionar, Sun Wenqu, ya fuera intencional o no, tiró con fuerza de su pantalón, como si intentara usarlo para levantarse.
—¡¿Qué haces?! —rugió Fang Chi. Sun Wenqu le había deslizado el pantalón hasta los muslos. Saltó de inmediato hacia atrás mientras se los subía de nuevo—. ¡Chiflado!
Al perder el apoyo, Sun Wenqu se tambaleó hacia atrás, chocó contra la pared y resbaló lentamente hasta quedar sentado en el suelo. Allí, presionó en silencio su estómago con ambas manos, solo frunciendo el ceño.
Fang Chi se quedó mirándolo.
El olor a alcohol que emanaba del cuerpo de Sun Wenqu era muy obvio. Ahora que lo miraba, Fang Chi no sabía si se debía a la luz o a su borrachera, pero no se veía muy bien. No pudo decir nada en mucho tiempo.
En ese momento, no había nadie caminando por las calles del complejo; solo ellos dos permanecían en silencio bajo las luces de las farolas. En tal situación, Fang Chi no podía pensar en cómo pedir el dinero y, además, con la actitud de Sun Wenqu, de verdad no sabía cómo manejarlo.
—Vine a darte una lec… —Señaló a Sun Wenqu, pero no encontró nada que decir. Se limitó a seguir señalándolo antes de darse la vuelta para marcharse. Ya no podía seguir con esto, no quería quedarse ni un segundo más.
—Oye… —comenzó Sun Wenqu, y se escuchó el sonido de algo cayendo al suelo.
Fang Chi se volteó y vio una billetera negra junto a sus pies.
—Es agotador, tómalo tú mismo —murmuró Sun Wenqu, la expresión de su rostro todavía era fea—. Llévame adentro.
Fang Chi vaciló durante medio minuto entre la billetera en el suelo y el rostro pálido de Sun Wenqu. Al final, se acercó, recogió la billetera, la abrió y miró dentro. Descartando todo tipo de tarjetas, encontró un montón de efectivo. Era difícil calcular la cantidad, pero sin duda era mucho más que el dinero en el sobre rojo que Fang Ying recibió ese día.
Se mordió el labio, sacó el dinero sin contar cuánto era y se lo metió en el bolsillo. Luego fue, le abrió la cremallera del abrigo y metió la billetera dentro.
No importaba cuánto necesitara ella el dinero, no quería seguir ayudándola en esto. Al principio, pensó que, ya que la otra parte era una escoria, tal extorsión fraudulenta era un bien para la humanidad. Pero ahora, por no hablar de continuar, hacerlo dos veces ya había hecho que se sintiera lo suficientemente avergonzado.
Sun Wenqu le arrojó un juego de llaves. Parecía mareado, y la dirección en que las tiró fue especialmente errada. Si Fang Chi no hubiera reaccionado con rapidez, estas habrían terminado sobre el montón de vómito.
—¿Puedes mantenerte de pie o no? —Cuando Fang Chi soportó las náuseas y levantó a Sun Wenqu del suelo, este se tambaleó varias veces.
—¿Puedes mantenerme de pie o no? —Sun Wenqu frunció el ceño.
Fang Chi abrió la puerta de la entrada y lo arrastró por el jardín, luego abrió la puerta de la casa y lo arrastró al interior…
Sun Wenqu era delgado y esbelto, y no parecía pesar demasiado, pero los pocos minutos que Fang Chi tardó en arrastrarlo a la casa… se sintieron como si arrastrara un cerdo decapitado del matadero.
La habitación estaba a oscuras. Fang Chi tanteó la pared durante mucho tiempo sin alcanzar el interruptor, por lo que sacudió a Sun Wenqu.
—¿Dónde está el interruptor de la luz?
Sun Wenqu no respondió. Después de un rato, se apoyó contra la pared y sonrió levemente.
—No es tan malo tener un hijo…
—¡Te pregunté por el interruptor! —Fang Chi retiró la mano y dejó de sostenerlo. Luego de escuchar la voz de Sun Wenqu, estimó que no debería haber ningún problema con él.
Justo cuando estaba a punto de abrir la puerta y salir, de repente recibió una nalgada. Y antes de que pudiera recuperarse de la conmoción, Sun Wenqu agarró su trasero una vez más y lo pellizcó. Acto seguido, se escuchó el roce de las ropas contra la pared, y Sun Wenqu se desplomó hacia un lado.
—Buen trasero. —La voz de Sun Wenqu provenía de la oscuridad, con un toque de embriaguez y obvia burla.
En ese ese instante, las emociones de Fang Chi eran tan intensas que podrían haber llenado un depósito, una rabia abrasadora que ardía como fuego.
No dijo nada y pateó en la dirección del sonido.
Esa patada fue muy fuerte; no supo a qué parte le asestó, pero escuchó el gemido sordo de Sun Wenqu.
Fang Chi abrió la puerta y, en su prisa por salir de ahí, se golpeó el hombro contra el marco. Fue tan doloroso que casi gritó y cerró de un fuerte portazo.
Sun Wenqu se recostó en el sofá sujetándose las piernas y se rio un buen rato antes de por fin poder detenerse. Quería bañarse, pero estaba muy mareado. La incomodidad causada por el puñetazo de Fang Chi en su estómago no había disminuido. Dolía y sentía náuseas.
Después de acostarse por unos minutos, se quedó quieto. Su cabeza seguía dando vueltas y un montón de estrellas aparecieron frente a sus ojos, por lo que decidió limitarse a quedarse así.
Tenía un problema con el alcohol. No podía vomitar, ya que tan pronto como lo hiciera, le dolería la cabeza de manera terrible.
Cuando recibió el puñetazo de Fang Chi y se sintió a punto de vomitar, Sun Wenqu ya sabía que las cosas no irían bien. Y, en efecto, ahora, con la cabeza aturdida, empezó a sentir un dolor punzante que lo mareaba aún más…
Cuando se despertó al día siguiente, ya era mediodía, y el sol brillaba con intensidad a través de las cortinas. Seguía en la misma posición, acostado en el sofá con una pierna en el suelo. Lo único que sintió al momento de abrir los ojos fue un mareo, y al parecer el dolor de cabeza seguía presente.
Incluso después de una noche de sueño, su cabeza todavía palpitaba de dolor.
Se incorporó en el sofá con algo de esfuerzo. Estaba a punto de levantarse cuando vio la alfombra frente a él. Suspiró de nuevo; había vuelto a vomitar en algún momento de la noche…
Frunció el ceño y rebuscó su teléfono en su cuerpo por mucho tiempo. Cuando lo encontró, marcó el número de limpieza que le dio Ma Liang y pidió que alguien viniera para ayudarlo a limpiar la casa.
Al intentar levantarse después de colgar, sintió un pequeño dolor en la pantorrilla izquierda que le impidió ponerse de pie. Se dejó caer de nuevo en el sofá, paralizado durante mucho tiempo y tratando de recordar lo que hizo la noche anterior.
Mientras reunía poco a poco sus confusos pensamientos, se reclinó en el sofá y cerró los ojos.
—Carajo —maldijo en voz baja.
Entonces recordó algo y volvió a rebuscar en su cuerpo hasta que encontró la billetera metida en su abrigo. Al abrirla, se sorprendió y se rio al ver que no la había vaciado por completo; todavía quedaba algo dentro.
—Vaya, sí que te atreviste a robarme. —Sun Wenqu tiró su billetera en el sofá.
***
Los domingos no había clases de refuerzo, sin embargo, todavía había muchos estudiantes en el aula con la cabeza enterrada entre pilas de libros.
Fang Chi yacía sobre el escritorio. Había una hoja de trabajo sin terminar debajo de su barbilla, pero el bolígrafo en su mano había estado congelado durante mucho tiempo.
Quería dormir.
Pero no podía dormir.
Aunque muchos de sus compañeros estaban leyendo y estudiando con diligencia, también había otros que charlaban y discutían en voz alta. La conversación del grupo detrás suyo ya se había prolongado por un rato, discutiendo sobre a dónde viajar el próximo verano. Poco a poco, la mitad de la clase se unió a ellos.
—¿Serán unos días, o tal vez una semana? —preguntó una chica.
—¿Sería mejor ir a la playa o a las montañas? —preguntó otra chica.
—Hace demasiado calor en la playa, mejor vamos a las montañas… Oh, Xiao Yiming, ¿por qué no le preguntas a Fang Chi? —Esa voz pertenecía a Lin Wei—. ¿No trabaja como guía a tiempo parcial? Si le preguntas, quizá su relación también mejore…
Tan pronto como Fang Chi escuchó esa voz, sintió una oleada de irritación, junto con una fuerte sensación de querer tomar un libro y lanzarlo a su cara.
—No me molestes —susurró Xiao Yiming.
—Tal vez la mala relación entre ellos sea culpa tuya —comentó Liang Xiaotao con cierta molestia—, tratas de juntarlos todo el tiempo.
—¿Yo los junto? —Lin Wei también se molestó un poco—. A Xiao Yiming le gusta, yo…
Fang Chi se puso de pie abruptamente, la silla fue echada hacia atrás con violencia y la mesa se movió unos diez centímetros. El grupo de personas que estaban hablando se giró para mirarlo.
Fang Chi les devolvió la mirada con una expresión fría. Xiao Yiming pareció avergonzado y se dio la vuelta.
—¿Qué haces? —Tal vez debido a que Lin Wei todavía estaba muy avergonzada por lo del chat de la clase el día anterior, el libro que tenía en las manos cayó sobre la mesa y susurró algo por lo bajo—: Ay, la homofobia, la homofobia es profunda…
Antes de que Lin Wei terminara de hablar, Fang Chi agarró un libro de la pila en el escritorio y lo estrelló contra la mesa.
—Estúpida. —Fang Chi salió del salón de clases.
Había varias personas jugando baloncesto en el patio de recreo. Se sentó en las gradas y miró la cancha perdido en sus pensamientos.
Cuando su teléfono sonó, notó que la pelota había rodado hasta sus pies y las personas en la cancha le gritaban:
—¡Fang Chi, pasa la pelota!
Se puso de pie, sacó su teléfono y agarró la pelota de baloncesto para lanzarla hacia la cancha.
Era Fang Ying. Respondió a la llamada, pero antes de que pudiera decir algo, la voz ansiosa de Fang Ying llegó desde el otro lado:
—¿Estás en tu casa? ¡Iré para allá!
—No. —Cuando Fang Chi escuchó su tono de voz, supo que ella estaba en problemas. Pero, aunque sabía que algo andaba mal, su primera reacción fue evitar que fuera a su casa—. ¿Dónde estás? ¿Qué pasa?
—Estoy cerca de mi casa. —La voz de Fang Ying temblaba, como si estuviera corriendo—. Voy a llevar a Xiao-Guo a casa de mi madre… ¿Tienes dinero? ¡Lo que sea, no importa cuánto!
—Tengo algo… —Fang Chi frunció el ceño. Había metido todo el dinero que tomó de Sun Wenqu ayer en un sobre y se lo guardó en el bolsillo. No lo había contado, ni quería hacerlo. No le gustaba la forma en que lo había conseguido—. Dime la verdad, ¿qué está pasando? ¿Por qué no llamas a la policía?
—¡Llamar a la policía no sirve de nada! —gritó Fang Ying con dureza, y luego cambió su tono a uno de súplica—: Primero, dame algo de dinero, lo que puedas…
Fang Chi dudó por un momento.
—Voy para allá.
—¡Si no estoy en mi casa, ven a buscarme a la de mi madre! —Fang Ying colgó enseguida luego de decir eso.

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