VII. QUÉ ANSIOSO POR FIRMAR UN CONTRATO DE VENTA…

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MUY ALIVIADO, SUN Wenqu se echó hacia atrás en el sofá para recostarse, subió el volumen del televisor y luego puso las piernas cómodamente sobre la mesita de café para esperar la entrega de la comida.

Si lo hubiera sabido, habría pedido una sola porción…

Tendría que darles el platillo extra a los gatos callejeros más tarde.

Sun Wenqu soltó un bostezo. Ni siquiera había cenado, pero ya tenía mucho sueño, bastante cansado después de un largo día de ocio.

Para ser honesto, no era demasiado sorprendente que Fang Chi cambiara de opinión y se fuera sin mirar atrás. Aunque de acuerdo con la desvergüenza de esa persona, había tenido que negociar con él de todos modos, solo entonces este se negaría… Solo con ver la expresión del chico cuando mencionó la homosexualidad, estaba casi seguro de que no estaría de acuerdo.

Sería bueno que hubiera dicho que sí. Atormentarlo cuando estuviera libre sin duda habría sido más divertido que hacerlo solo una vez.

Después de ver las noticias durante diez minutos, el timbre sonó.

Suponiendo que esta vez debía ser el repartidor de comida, Sun Wenqu se levantó para abrir tanto la puerta del patio como la de la casa. Sin embargo, cuando vio a las personas que entraban desde fuera, se quedó atónito.

Uno de ellos era claramente el repartidor de comida, uniformado y cargando dos pilas de cajas, y el otro… era Fang Chi.

—Tú… —Sun Wenqu no pudo evitar resoplar.

Fang Chi no habló, bajó la cabeza y pasó por su costado para entrar en la casa.

—Señor, ¿usted ordenó la comida? —El repartidor sacó una factura y esperó a que le pagara.

Luego de que el repartidor se fuera, Sun Wenqu cerró la puerta y colocó las cajas de comida en la mesita de café. Fang Chi había vuelto a pararse en el mismo lugar de antes.

—¿Vas a comer? —Sun Wenqu lo miró. Luego abrió una caja y echó un vistazo dentro, pero tan pronto como olió la comida, sintió que perdía el apetito.

—¿Por qué tengo que firmar un pagaré… y todo ese otro lío? —preguntó Fang Chi.

—Porque nunca confiaría en Fang… tu madre. —Sun Wenqu volvió a cerrar la caja de comida y se recostó en el sofá—. Ella seguramente aceptaría cualquier término y condición y firmaría miles de pagarés, pero luego desaparecería por arte de magia.

—Yo también podría hacerlo. —Fang Chi lo miró.

—Como sea, hazlo. —Sun Wenqu se rio, miró el televisor y dejó de hablar.

Uno podía saber en qué tipo de cosas estaba metida Fang Ying sin que se lo dijeran, pero con Fang Chi era diferente. Bastaba una mirada para saber que su estilo de vida era mucho más normal que el de ella. Y en cuanto a por qué estos dos se asociarían, Sun Wenqu era demasiado vago para pensar en ello.

Ahora, Fang Chi vino a «pedir prestado» dinero para Fang Ying, quizá por el profundo amor entre madre e hijo, o tal vez porque… Si Fang Chi no se hubiera ido y regresado, podría haberlo adivinado, pero ahora se preguntaba si el chico podría estar también en problemas si no conseguía el dinero.

—Entonces, las condiciones que mencionaste —comenzó Fang Chi después de un rato—, ¿por qué son?

—No hay razón. —Sun Wenqu frenó su sonrisa y su voz se volvió un poco fría—. Solo para enseñarte a comportarte como un ser humano.

Después de sentir la mirada desagradable de Fang Chi, volvió a reírse con alegría.

—Estoy actuando en nombre de Dios y eliminando el mal de la tierra, atormentando a los timadores. Fang Ying ya es un caso perdido, pero es posible que tú todavía puedas regresar a la luz y brillar si vertemos algún tipo de agua bendita sobre ti.

Las cejas de Fang Chi se torcieron.

—¿Qué, no estás de acuerdo? —Sun Wenqu se estiró—. Soy una persona bastante justa y desinteresada.

—Podría tomar el dinero y luego negar haberlo hecho —dijo Fang Chi.

—Puedes intentarlo —replicó Sun Wenqu con una sonrisa.

Tras eso, ambos se quedaron en silencio. En la habitación solo podía escucharse el sonido del televisor.

Sun Wenqu lo ignoró, fue a la cocina y tomó sus propios palillos. Cuando regresó a sentarse en el sofá y se preparaba para comer a regañadientes algunos bocados, Fang Chi finalmente habló:

—Está bien.

—¿Aceptas? —preguntó Sun Wenqu.

—Mm, pero tú… no puedes ir demasiado lejos.

—Ya veremos —dijo Sun Wenqu con simpleza.

Fang Chi se agitó. Sun Wenqu lo miró de reojo y sintió que, a juzgar por los ojos del niño, este quería abalanzarse sobre él y darle un par de puñetazos, sin embargo, después de contenerse durante mucho tiempo, solo dijo una frase:

—¿Cuándo me darás el dinero?

Sun Wenqu sacó un bolígrafo y papel del cajón y lo arrojó sobre la mesita de café.

—Escribe el pagaré.

***

Después de salir de la casa de Sun Wenqu, Fang Chi estaba tan enojado que no sabía cómo liberar su ira. En el camino, pateó cuatro o cinco botes de basura, pero ni así logró liberar la rabia que le oprimía la garganta.

Si no fuera porque esas personas podrían esperarlo en la puerta de su escuela e incluso conseguir su dirección si no lograban contactar a Fang Ying, o si no temiera que causaran un gran alboroto, haciendo que esto llegara a los oídos de su abuela y que su cuerpo no pudiera soportarlo, o si no fuera porque Fang Ying seguía rogándole sin parar, diciéndole que tenía una manera de obtener el dinero pero que le tomaría tres meses… era imposible que hubiera venido a buscar a Sun Wenqu.

La expresión triunfal de Sun Wenqu hizo que sintiera ganas de golpearlo directamente en la cara con un palo al menos unas dieciocho mil veces.

Cuando su teléfono comenzó a sonar, Fang Chi ya había pateado otro bote de basura.

Xiao-Chi… —Escuchó la voz de Fang Ying tan pronto como respondió la llamada.

—Te daré el dinero mañana, debes firmar un pagaré. —Fang Chi reprimió el fuego en su corazón—. Si no pagas en tres meses, irás a la cárcel.

—¡¿Te prestaron?! —gritó Fang Ying, sorprendida—. ¡Sabía que encontrarías una manera! ¿Quién te prestó?

—No te preocupes por eso. —Fang Chi apretó los dientes—. ¿Escuchaste bien lo que dije?

—Muy bien —respondió Fang Ying con rapidez—. Escribiré y firmaré un pagaré de inmediato, te lo entregaré mañana cuando vengas. No, mejor te lo llevo ahora mismo.

—Dámelo mañana —dijo Fang Chi—. Recuerda, si no pagas en tres meses, irás a la cárcel. Si te atreves a escapar, será mejor que te lleves a Xiao-Guo contigo, o yo…

La niña quizás era la única debilidad de Fang Ying.

—Definitivamente te pagaré, definitivamente, definitivamente te devolveré el dinero —respondió ella de inmediato—. Xiao-Chi, estoy muy agradecida. Tu sangre podrá ser cualquier cosa, pero nunca ha engañado a su propia familia, definitivamente te pagaré…

—Está bien —dijo Fang Chi y colgó.

A la mañana siguiente, antes de las siete, Fang Chi ya estaba en la casa de Sun Wenqu. Tenía que firmar ese maldito contrato de limpiar la casa, barrer, lavar la ropa y cocinar si quería conseguir el dinero.

Era probable que fuera un poco temprano. Tocó el timbre durante casi diez minutos, y solo cuando los perros en los patios de los vecinos ya habían ladrado hasta quedarse sin aliento, Sun Wenqu se dignó a salir a abrir la puerta, sin camisa y solo con los pantalones del pijama.

—¿Qué hora es? —Todavía había un tono nasal cargado de somnolencia en la voz de Sun Wenqu—. Qué ansioso por firmar un contrato de venta[1]

—Tengo que ir a clases —dijo Fang Chi.

—¿Clases? —Sun Wenqu curvó los labios y preguntó casualmente cuando se dio la vuelta—: ¿Qué grado?

—Octavo —respondió Fang Chi sin siquiera pensarlo.

—¡Vaya! —Sun Wenqu miró hacia atrás—. Qué rápida respuesta.

Fang Chi no habló.

Cuando Sun Wenqu entraba en la casa, pudo ver que había un tatuaje asomando debajo de la cinturilla de sus pantalones. Era difícil saber de qué era el tatuaje, pero la piel de Sun Wenqu era muy blanca y el lugar —ligeramente visible— donde se encontraba el tatuaje hacía que resaltara de manera muy llamativa…

Fang Chi apartó la mirada a toda prisa.

Había un documento en la mesita de café. Lo recogió y lo leyó. No había duda de que esta cosa era lo que tenía que firmar, ya que se titulaba «contrato de servicio».

¡Un puto contrato de servicio!

Pero lo que más lo sorprendió fue que la escritura de Sun Wenqu era muy hermosa, con trazos elegantes y llenos de vigor, como si hubieran saltado directamente de un libro de caligrafía.

Cuando Fang Ying le dijo que cada vez que necesitaban escribir algo en su escuela, llamarían a Sun Wenqu, pensó que ella solo estaba fanfarroneando… Que este hombre de poca moral escribiera tan hermosamente era un insulto a esas palabras.

—Listo. —Sun Wenqu se puso la camisa del pijama y salió de la habitación con una bolsa de papel en la mano—. Firma.

—¿Qué pasa con el dinero? —preguntó Fang Chi.

Sun Wenqu arrojó la bolsa de papel que tenía en la mano frente a él.

—Date prisa, tengo que dormir.

Fang Chi se sentó en el sofá, tomó la bolsa de papel y la abrió. Dentro había algunos fajos de dinero, y cuando los contó, vio que eran exactamente diez, así que tomó el «contrato de servicio» y comenzó a leerlo.

No había mucho contenido, principalmente los asuntos mencionados ayer y algunos paréntesis. Entre ellos, estaba escrito que, según las circunstancias, podrían ampliarse los tipos de servicios. Fang Chi frunció el ceño. El siguiente párrafo era sobre el final del período de servicio y detalles similares.

Sin embargo, al llegar a la última línea, se sorprendió de nuevo y miró a Sun Wenqu.

—¿También hay un salario?

—Es un contrato después de todo —respondió Sun Wenqu mientras bebía de su taza—. Si no te pago, estaríamos hablando de un contrato de esclavitud. ¿Quieres cambiarlo?

Fang Chi se quedó en silencio por unos segundos, luego bajó la cabeza, firmó con su nombre y le entregó el papel a Sun Wenqu.

—Vaya letra. —Sun Wenqu tomó el documento y lo miró—. Ni siquiera tengo el coraje de echar un segundo vistazo.

—Pues cierra los ojos —dijo Fang Chi.

Después de que Sun Wenqu también firmara su nombre, entró en otra habitación, que debería ser el estudio. Cuando abrió la puerta y Fang Chi miró dentro, notó que las estanterías en ambas paredes estaban llenas de libros.

Además, vio un soporte para pinceles en el escritorio del centro y algunos escritos enmarcados y colgados en la pared.

¿De verdad practicaba caligrafía?

—Me quedaré con el original y te daré la copia. —Sun Wenqu volvió a salir y le entregó la copia.

—Da igual si la tengo o no. —Fang Chi se quedó bloqueado cuando vio la palabra «contrato de servicio»; no quería tocar ese odioso papel en absoluto.

—¿Te da igual? —Sun Wenqu se inclinó en el sofá junto a él y sonrió—. ¿No te preocupa que cambie el contenido en secreto y agregue que debes hacer de compañero de cama o algo así?

Fang Chi saltó como si lo hubieran apuñalado, agarró el papel y caminó hacia la puerta.

—Oye, déjame un número de teléfono. —Sun Wenqu señaló el teléfono en la mesita de café.

Fang Chi se dio la vuelta y regresó, tomó el teléfono y guardó su número.

—Comencemos mañana, tengo mucho que hacer hoy.

—Ya veremos, depende de mi estado de ánimo. —Sun Wenqu bostezó.

Fang Chi lo miró un momento y luego se dio la vuelta para irse.

—Hijo mío, estudia mucho y supérate cada día… —dijo Sun Wenqu con una sonrisa—. ¡Hazlo por tu padre!

Después de que el problema del dinero se resolvió, Fang Chi ya no estaba de humor para preocuparse por la mano vendada de Fang Ying, por lo que se dio la vuelta y corrió a la escuela. En el momento en que saltó el muro para entrar, el primer periodo de clases ya había terminado y el segundo ya había comenzado hace diez minutos. El maestro encargado seguía siendo el antiguo tutor de su clase, el profesor Li.

Fan Chi estuvo al acecho en la puerta trasera del aula durante mucho tiempo y, aprovechando el momento en que el profesor Li escribía en la pizarra, se escabulló dentro con rapidez.

—Fang Chi, te veo luego en mi oficina —dijo el profesor Li mientras escribía, sin siquiera darse la vuelta.

—Oh… —Fang Chi se sintió un poco desanimado y caminó lentamente hacia su lugar antes de sentarse.

—¿Te quedaste dormido? —le preguntó Liang Xiaotao en voz baja desde un lado.

Fang Chi se volteó para mirarla.

—¿Qué haces sentada aquí?

—Cambié de lugar. —Liang Xiaotao sonrió y volvió a hacer un puchero—. Tuve una pelea con Lin Wei… Ey, si quieres, aprovechamos el autoestudio para que te muestre lo que te perdiste los días anteriores.

—Está bien —asintió Fang Chi.

Liang Xiaotao había estado en la misma clase que él por tres años y tenían una buena relación. Ella era la única chica con la que pudo entablar una amistad.

Durante la clase, Fang Chi estaba un poco distraído. No dejaba de pensar en ese supuesto contrato que tenía en el bolsillo y en cómo, sin saber bien cómo, había terminado cargando con una deuda de cien mil yuanes que no quería en absoluto.

Realmente, realmente increíble.

Y si Fang Ying no devolvía el dinero en tres meses, su vida sería aún más increíble.

Al terminar la clase, el profesor Li empacó sus cosas y dirigió su mirada hacia Fang Chi.

—Ay, ya voy. —Fang Chi se levantó con impotencia y lo siguió fuera del aula. Pensó que el profesor podría haberse olvidado del asunto después de una clase.

—¿Cómo entraste? —preguntó el profesor Li mientras caminaba.

—Solo entré, ya sabe —respondió Fang Chi.

—Estás usando tus habilidades de escalada principalmente para escalar los muros de la escuela, ¿verdad? —El profesor Li lo miró con severidad.

La escuela solo tenía una entrada y estaba rodeada por edificios de aulas en tres de sus lados. El muro perimetral era alto y, aparte de unas cuantas grietas y un par de ladrillos salientes, no ofrecía muchos puntos de apoyo. Para un estudiante común, saltarlo era bastante difícil, pero Fang Chi no tuvo ningún problema en entrar.

—No —dijo él—, a veces también escalo el muro del parque.

—¿Y te sientes muy orgulloso? El profesor Li lo miró de reojo—. ¿Te gustaría contarle a toda la escuela sobre los puntos clave de la escalada durante la asamblea del lunes por la mañana?

—Es que hoy llegué tarde. —Fang Chi bajó la cabeza.

—¿Qué has estado haciendo estos últimos días? ¿No dijiste que ya no ibas a entrenar por la noche? ¿Cómo es que todavía no te veo en el autoestudio nocturno? —suspiró el profesor Li —. Si sigues así… ¿cómo te irá en el examen de ingreso a la universidad el próximo año?

—Iré esta noche.

—Si tienes algún problema, solo dime. Tus padres no están aquí, y además le prometí a tu padre que te echaría un ojo —dijo el profesor Li—. Si pudieras trabajar duro y enfocarte, tus notas aún podrían mejorar…

—Entendido —asintió Fang Chi.

El profesor Li no tenía mucho que decir. Ambos habían estado hablando mientras caminaban y cuando llegaron a la oficina, la charla casi había terminado.

El profesor Li lo despidió con la mano.

—Está bien, puedes volver a clase.

De hecho, por lo general Fang Chi no sentía nada cuando escuchaba lo que el profesor Li le decía, pero hoy regresó al aula casi en trance y distraído. Sus calificaciones no eran ni buenas ni malas. Estaba en un estado en el que retrocedería si no tenía cuidado, pero podría subir con un impulso, por lo que planeaba estudiar mucho por el momento y dejar para el próximo año el trabajo de guía del club hasta después de terminar el examen.

Sin embargo, ahora se sentía un poco deprimido cada vez que pensaba en ese contrato de venta… No, contrato de servicio. Eso y la actitud de Sun Wenqu le hicieron sentir que su vida podría no ser nada fácil durante los próximos tres meses.

También había pensado en simplemente ignorar esos ridículos términos cuando llegara el momento, pero después de dos encuentros, se dio cuenta de que esa estrategia no sería muy viable.  Primero, Sun Wenqu era rico; segundo, Sun Wenqu era una gárgola aburrida, arrogante y ansiosa con mucho tiempo libre.[2] Si tal persona decidía causarle problemas, era probable que fuera aún más difícil lidiar con la situación.

—Hoy estuviste distraído todo el día —dijo Liang Xiaotao sin poder evitarlo, mientras le explicaba las hojas de práctica en el último periodo de autoestudio—. ¿Escuchaste lo que te acabo de decir?

—Escuché —respondió Fang Chi.

—Y una mierda, si no dije nada. —Liang Xiaotao resopló.

—Tengo un poco de hambre. —Fang Chi presionó su estómago.

—Te lo tienes merecido. —Liang Xiaotao miró hacia la puerta del aula—. Xiao Yiming acaba de salir a comprar un refrigerio nocturno. Te preguntó si querías algo, pero tenías la cabeza en otro mundo.

—Comeré algo más tarde —dijo Fang Chi.

Unos minutos después de que terminara la clase, Xiao Yiming regresó al aula con dos bolsas de bollos calientes.

—¡Oh, has vuelto! —exclamó alguien.

Algunas personas que llevaban esperando durante mucho tiempo se reunieron alrededor de él de inmediato y reclamaron su parte.

Después de que se dispersaran, todavía quedaban dos porciones en la bolsa frente a Xiao Yiming. Miró a Fang Chi.

—Tú…

Fang Chi se puso de pie, metió las cosas sobre el escritorio en su mochila y se la cargó al hombro.

—Ya me voy.

Xiao Yiming tuvo que tragarse las palabras que quería decir.

—¿Te sobra una porción? Dámela, que hace un momento no tenía hambre, pero con este olor me dieron ganas de golpe —dijo Liang Xiaotao.

Cuando Fang Chi salió por la puerta de la escuela, estaba pensando en qué comer y dónde. Después de deambular por las callejuelas cercanas por un tiempo, decidió ir por un plato de fideos; estos siempre eran abundantes y los servían calientes.

Había algunos chicos de su escuela en el restaurante de fideos, quienes habían venido a comer un tazón luego del autoestudio nocturno.

Fang Chi tomó un tazón de fideos y encontró un asiento vacío, pero antes de que pudiera sentarse, su teléfono comenzó a sonar.

Mientras ponía algunas especias en su tazón, sacó su teléfono para echar un vistazo. Era un número desconocido y su primera reacción fue pensar que se trataba de Sun Wenqu.

Se sintió un poco de los nervios e irritable, pero aun así se sentó y contestó.

—¿Hola?

—Ah, hijo. —Como esperaba, la voz de Sun Wenqu salió del teléfono, pero había una clara sensación de embriaguez en su tono, incluso arrastraba las palabras—. Buenas noches.

—Buenas noches. —Fang Chi se quedó algo estupefacto, sin saber qué más decir.

—¿Sabes conducir? —preguntó Sun Wenqu. A través del auricular se oía un fondo ruidoso: música, voces y, al parecer, hasta una discusión.

—Sí —respondió Fang Chi, mezclando los fideos con la cabeza gacha y tomando un bocado—. Pero no tengo licencia de conducir.

—¿Por qué no tienes? —Sun Wenqu parecía estar bebiendo algo.

—Solo tengo catorce años —le recordó Fang Chi con amabilidad.

Sun Wenqu se quedó en silencio durante un par de segundos y luego se echó a reír de repente. Se reía tan fuerte que no pudo parar en mucho tiempo, hasta casi quedarse sin aliento.

—Si eso es todo, colgaré —dijo Fang Chi.

—Ven a recogerme, ahora mismo, de inmediato, estoy en la entrada de gravity, en el Beetle rojo. —Sun Wenqu dejó de reír, dio una dirección y cuando quiso decir algo más, alguien a su lado lo llamó y él se impacientó un poco—. Déjenme en paz, ¿quieren…?

Fang Chi estaba a punto de hacer otra pregunta, pero la llamada se cortó.

Contemplando su tazón de fideos, del que apenas había comido un bocado, se sintió un poco deprimido. Tras vacilar, tomó de nuevo los palillos y bajó la cabeza para seguir comiendo.

No sabía qué diablos era ese Gravity, pero basándose en la dirección que le dio Sun Wenqu, casi podía adivinarlo: la calle de bares, clubes nocturnos y karaokes. Solo había estado por ese lugar tres veces, todas ellas por cumpleaños de sus compañeros, pero supuso que era el lugar de residencia permanente de la gente como Sun Wenqu.

Después de terminar sus fideos, caminó hasta la avenida y llamó a un taxi.

No quería ir a recoger a Sun Wenqu. De verdad, estaba muy, muy, muy, muy poco dispuesto a ir a recoger a Sun Wenqu. Sin embargo, lo que quisiera o no en realidad no importaba. Ya había firmado ese contrato de mierda y no deseaba que Sun Wenqu le añadiera «hombre sin palabra» al preexistente «estafador».

Lo que era gracioso, pues un estafador, por supuesto, no tenía palabra.

El taxista no sabía qué era ese gravity ni dónde quedaba.

—Es un nombre en inglés… —Fang Chi frunció el ceño.

—No hay ningún lugar con ese nombre en inglés, ¿bueno? —replicó el taxista, e informó de inmediato varios nombres con su competente chininglish—: Sabiwei, Miosic-keaunter o algo así, y también está ese Andergeraun-glou… ¡pero nada que empiece con eso de «ge», ¿okay?![4]

El inglés de Fang Chi era bastante pobre, pero aun así encontró un fuerte sentido de superioridad ante la retahíla de inglés del señor taxista. Sin embargo, ahora no era el momento para eso.

—Entonces, este… en chino es… —Fang Chi tradujo con vacilación—: ¿Tal vez es gravedad?

—¿Eh? ¿Gravedad? —El taxista parecía haber caído en cuenta de repente—. ¡Oye! ¿Por qué no dijiste gravedad y ya? ¡¿Por qué hablas en inglés si no sabes?!

Cuando bajó del auto y vio el nombre del bar, Fang Chi sintió el impulso repentino de encontrar a Sun Wenqu y darle una paliza antes de cualquier otra cosa. El letrero del bar mostraba tres grandes sílabas escritas: ¡GRA, VE, DAD!

Y él realmente le había lanzado ese gravity, ¡¿en qué demonios estaba pensando?!

Al menos el Beetle rojo fue fácil de encontrar. Aunque era pequeño, era muy visible, pues estaba estacionado al costado de la carretera a veinte metros de la puerta del bar.

El bar era muy ruidoso. Fang Chi echó un vistazo y vio un coche de policía estacionado en la puerta, probablemente porque alguien bebió demasiado y estaba causando problemas.

Pero no se quedó a mirar, caminó hacia el auto, y cuando estuvo frente a él, vio a un hombre parado al lado, agachado y diciendo algo por la ventanilla del copiloto.

—¿Dónde… dónde está la persona, que te llevará? ¿Por qué mejor, no tomas, un taxi? —Al terminar de hablar, el hombre levantó la vista y, al encontrarse con Fang Chi, se quedó atónito. Lo miró por un momento antes de bajar la vista hacia la ventanilla del auto—. Fang, Fang, Fang… Ah, mierda, ¿tu hijo?

—Sí, mi hijo. —La puerta del copiloto se abrió, y Sun Wenqu salió del auto, se apoyó contra este y lo miró, luego levantó la mano y le arrojó algo—. Sube.


Notas:

[1] La expresión “卖身契” (màishēnqì) se traduce literalmente como “contrato de venta del cuerpo” y hace referencia a los contratos que, en la antigua China, se usaban para la servidumbre o la venta de personas, como esclavos o sirvientes contratados de por vida.

[2] La palabra usada es (wǔ jǐ liù shòu – 五脊六兽) Lit. Cinco crestas y seis bestias; se refiere al estado de aburrimiento, infelicidad y deambulación de una persona. Decir que una persona tiene cinco crestas y seis bestias significa que esta persona es como una bestia divina en el techo, sin hacer nada en todo el día y simplemente sentada sin hacer nada.

[3] La pronunciación de Gravity mencionada aquí es de manera más separada y adaptada al chino mandarín, como “Ge-ra-vi-ti”.

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