CUANDO FANG CHI VIO lo que Sun Wenqu le había arrojado, descubrió que era la llave de un auto. Al parecer el hombre bebió demasiado y por esa razón le había pedido que viniera a conducir…
«¡¿Pero qué no puede simplemente tomar un taxi, o llamar a un chofer o lo que sea?!», pensó.
—¿Ti-tienes licencia? —le preguntó el hombre parado afuera del auto, mirándolo.
Todavía recordaba a ese hombre, Fang Ying también le había hablado de él; Ma Liang, el hermano de hierro de Sun Wenqu.
—No —mintió Fang Chi. Sí tenía licencia; la acababa de conseguir el mes pasado. A menudo tomaba prestado el auto de Chen Xiang para practicar, y conducir un Beetle automático no le suponía ningún problema, simplemente no quería conducir para Sun Wenqu.
—¿Qué-qué haces aquí, si no tienes una? —preguntó Ma Liang.
—Observa —dijo Fang Chi, listo para arrojar las llaves del auto que tenía en la mano—. Jódete.
—¡Oh! —Ma Liang estaba encantado—. Tiene mucho carácter.
—¡Deja de decir tonterías! —Sun Wenqu se recostó en el asiento del copiloto, cerró los ojos y frunció el ceño—. Date prisa y conduce, no me siento muy bien.
—Vayan, vayan, vayan. —Ma Liang agitó la mano con resignación—. Den la vuelta, por allí, hay menos policías.
—¿Voy a conducir sin licencia? —Fang Chi apoyó la mano en el techo del coche, sin moverse.
—Tú, tú tienes… una licencia. —Ma Liang lo señaló riéndose—. No finjas ante tu tío, sobrino.
—¡Conduce! —gritó Sun Wenqu desde el auto de nuevo.
—¡Liang-zi! —Alguien en el bar agitó la mano en su dirección—. Ya es hora, ven a encargarte de esto.
—Gracias, conduce despacio por, por la carretera. —Ma Liang palmeó el techo del auto, se dio la vuelta y caminó hacia el bar.
Fang Chi miró las llaves del auto, suspiró y abrió la puerta, luego se subió dentro. Abrió su mochila y rebuscó en ella, asegurándose de que su licencia de conducir estuviera allí, antes de arrancar el auto.
Sun Wenqu ya había inclinado el asiento del copiloto y estaba recostado, con aspecto de haberse quedado dormido, arrugando el ceño con cara de disgusto.
¡La hora nocturna acababa de empezar y él ya había bebido hasta quedar así, no podía creerlo!
¡Borracho!
Fang Chi maldijo en su corazón, se familiarizó con el auto y salió despacio a la carretera. Pero ni siquiera pasaron diez minutos cuando volvió a detenerse a un costado del camino. No conocía bien la zona, y por la noche se sentía aún más perdido, así que abrió el GPS a su lado, luchó un rato con la aplicación y luego volvió a arrancar el coche.
Sun Wenqu estuvo muy callado todo el tiempo, como si se hubiera quedado profundamente dormido.
Esto hizo que Fang Chi se sintiera mucho más cómodo. Encendió el reproductor y, mientras conducía, comenzó a escuchar música. Las canciones que sonaban estaban todas en inglés, se preguntó si fueron elegidas por Sun Wenqu.
Esto hizo que Fang Chi recordara de nuevo ese gravity y no pudo evitar chasquear la lengua. Giró la cabeza para echarle un vistazo y entonces se sobresaltó.
Sun Wenqu seguía recostado en el asiento, pero ahora estaba apoyado en un brazo, observándolo.
—¿Estás despierto? —Fang Chi se sintió un poco molesto sin razón.
—¿Quién te dijo que estaba dormido? —preguntó Sun Wenqu, en voz baja y nasal.
—¿Tampoco estás borracho?
—No bebí hasta ese punto, es solo un malestar estomacal. —Sun Wenqu esbozó una pequeña sonrisa—. En realidad, era más para pasearte y experimentar lo que se siente tener un contrato de venta en mis manos.
—Gente como tú solo vive para matar el aburrimiento. —Fang Chi se rio con frialdad antes de volver su atención a la carretera.
Sun Wenqu no respondió. Después de un buen rato, cuando el auto había pasado por tres intersecciones, soltó:
—Así es.
El lugar no estaba cerca de la casa de Sun Wenqu, además Fang Chi todavía era un conductor novato que estaba conduciendo un auto desconocido en una carretera desconocida, por lo que tardó una eternidad en recorrer solo la mitad del camino.
—Para un rato. —Sun Wenqu golpeó la ventanilla.
—¿Por qué? —Fang Chi pisó el freno.
—Tu padre quiere inspeccionar ese supermercado. —Sun Wenqu señaló un supermercado abierto las 24 horas al costado de la carretera.
—¿No puedes inspeccionarlo mañana? —Fang Chi miró el borde de la acera. Aún tenía una sombra psicológica sobre el aparcamiento lateral, que solo aprobó en su segundo intento—. Aquí es complicado estacionar…
Sun Wenqu no habló, solo volvió a golpear la ventanilla del auto.
Fang Chi frunció el ceño; discutir con alguien medio borracho no tenía sentido. A regañadientes, estacionó el auto al costado de la carretera a una velocidad extremadamente lenta, quedando a casi un metro de la acera.
Sun Wenqu abrió la puerta del auto con mucha lentitud, echó un vistazo y comentó:
—Hasta podrías poner una pista de caballos aquí, ¿por qué no estacionaste más lejos? Podías haber frenado en el carril rápido y listo…
—Si no vas a ir, cierra la puerta —le espetó Fang Chi.
—¿Quién dijo que yo iría? —Sun Wenqu entrecerró un poco los ojos—. Ve tú y cómprame una botella de agua.
—¿Yo? —Fang Chi frunció el ceño—. ¿No dijiste que querías inspeccionar?
—Entonces, ¿me vas a sostener mientras entro? —Sun Wenqu levantó el brazo—. ¿O me vas a cargar?
Fang Chi apagó el motor, abrió la puerta y salió. Dio unos pasos hacia el supermercado, pero se detuvo. Miró a Sun Wenqu, que acababa de abrir la puerta del copiloto y estiraba las piernas fuera del auto.
—¿Qué marca de agua quieres?
—Cualquiera —respondió Sun Wenqu sin levantar la mirada.
—¿Fría o natural? —preguntó Fang Chi de nuevo—. ¿De manantial está bien?
—Fría, fría, fría, está bien, está bien, está bien. —Sun Wenqu lo miró de reojo—. Creía que tenías solo catorce años, ¿por qué eres tan problemático?
—Agua fría de manantial, si después de que la compre cambias de opinión, tomaré un taxi y me iré —advirtió Fang Chi.
Sun Wenqu se quedó boquiabierto por un momento, luego se rio y apoyó la cabeza en el costado de la puerta del auto.
—Qué nivel de desconfianza.
Fang Chi entró rápido al supermercado y fue directo al congelador, tomó una botella de agua de manantial y trotó hacia la caja. Por suerte, a esa hora el lugar estaba prácticamente vacío.
Había una razón para el por qué actuaba con tanta prisa. El rostro de Sun Wenqu estaba muy pálido y tampoco sabía cuánto había bebido o qué tan borracho estaba. Tenía miedo de que, si era lento, esa persona se fuera a dar un paseo por la carretera y se metiera en problemas.
Al salir del supermercado con el agua, pudo ver de un vistazo el auto estacionado al costado de la carretera y a Sun Wenqu de cuclillas a un lado.
—Toma, aquí tienes… —Fang Chi le entregó el agua, pero Sun Wenqu no la aceptó, seguía apoyado en el auto con ambas manos sin moverse. Se puso nervioso de inmediato cuando vio esta postura—. No vomitaste de nuevo, ¿verdad? ¡¿Por qué siempre vomitas cuando bebes?!
—No vomité, solo es dolor de estómago. —Sun Wenqu se tomó un tiempo antes de volver a levantarse, se apoyó en el auto y tomó el agua de su mano, inclinó la cabeza hacia atrás y bebió un par de sorbos, entrecerrando los ojos para mirarlo—. Además, la última vez, ¿vomité porque había bebido?
—Si ya te sientes mejor, sube al auto, ya son más de las once. —Fang Chi miró su teléfono—. No puedo llegar tarde mañana.
Sun Wenqu bebió dos sorbos más y arrojó la media botella de agua al bote de basura cercano.
—Vamos.
—Qué desperdicio. —Fang Chi se dio la vuelta y subió al auto—. De haberlo sabido, te habría comprado una botella pequeña.
—Vaya, sí que es un gran desperdicio. —Sun Wenqu pensó por un momento—. Entonces, ¿por qué no vas a recogerla?
Fang Chi lo ignoró y arrancó el coche.
Después de beber media botella de agua, Sun Wenqu pareció sentirse mejor, ya que se acomodó en su asiento y comenzó a moverse de un lado a otro sin parar.
Fang Chi era un novato en la conducción, por lo que ya estaba bastante nervioso. Cada vez que notaba un movimiento de Sun Wenqu en su visión periférica, se sentía todavía más nervioso, siempre con la sensación de que le iba a chocar el brazo.
—¿Tienes pulgas o qué? —preguntó sin poder evitarlo.
—Me duele la cabeza —respondió Sun Wenqu.
—¿Con este estado sigues bebiendo? —Fang Chi no podía entenderlo.
—Está bien si solo bebo un poco. —Sun Wenqu frunció el ceño y se retorció de nuevo, presionando su mano sobre su frente—. El problema hoy es que la bebida estuvo mezclada. No sé qué borracho vertió licor blanco en mi copa de vino tinto.
—Con la actitud que tienes, ni siquiera tendrían que estar borrachos para adulterar tu vino.
—¿En serio? —Sun Wenqu cerró los ojos y, después de un rato, sonrió—. Bueno, tal vez tengas razón.
Supuso que Sun Wenqu se sentía mal de verdad, ya que no habló más el resto del camino. Solo fruncía el ceño, con una mano sobre el estómago y la otra en la frente, girando de un lado a otro.
Solo cuando estaban a punto de llegar a su casa, finalmente dejó de moverse, aunque no estaba claro si se había dormido de verdad o solo estaba descansando con los ojos cerrados.
Después de conducir el automóvil hasta la entrada del patio de Sun Wenqu, descubrió que no había un lugar para estacionar ni dentro ni fuera. Entonces, solo pudo adivinar y aparcar al costado de la acera como todos los demás.
—Oye —dijo, empujando a Sun Wenqu con el codo—, ya llegamos.
Sun Wenqu no se movió.
—Despierta, ve a dormir a tu casa. —Fang Chi lo empujó de nuevo—. Oye, me iré si no te levantas.
Sun Wenqu todavía no se movió, seguía frunciendo el ceño.
Fang Chi, tras un momento de impotencia, salió del auto, lo rodeó para llegar al lado del copiloto y abrió la puerta, asomó medio cuerpo dentro y tiró del brazo de Sun Wenqu.
—¡Despierta! ¡No duermas!
Sun Wenqu siguió sin moverse.
—No creas que voy a cargarte, eh. Si no te levantas, hoy dormirás en el coche. —Después de que Fang Chi se cansara de mirarle, todavía en esa posición inclinada por un minuto entero, y viendo que Sun Wenqu seguía dormido y no se movía en absoluto, abrió una pequeña rendija en la ventanilla del auto, salió y cerró la puerta con seguro—. ¡Me voy!
Lanzó las llaves del auto por la rendija. Estas cayeron directamente en la mano de Sun Wenqu.
Después de darse la vuelta y caminar unos pasos, Fang Chi se detuvo, giró la cabeza para echar un vistazo al auto y vio que Sun Wenqu todavía no se había movido, por lo que siguió caminando a grandes zancadas hacia la puerta trasera del complejo residencial.
El clima no era demasiado frío hoy, así que no había problema si el hombre pasaba toda la noche en el auto. Pero justo cuando salía por la puerta trasera, su teléfono comenzó a sonar. Al revisar, vio que era el número de Sun Wenqu.
Suspiró y contestó la llamada con algo de resignación:
—¿Ya despertaste?
—¿Acabas de dejar tirado a tu padre en el coche? —La voz de Sun Wenqu todavía era nasal.
—¿Qué más se suponía que hiciera? —Fang Chi se detuvo.
—Vuelve —pidió Sun Wenqu—. Me siento fatal, no puedo caminar.
Cuando regresó al auto, Sun Wenqu seguía recostado en el asiento del copiloto con el ceño fruncido debido al dolor.
—Te ayudo a entrar. —Fang Chi abrió la puerta.
—No puedo caminar, estoy mareado. —Sun Wenqu cerró los ojos.
—Entonces… ¿cómo se supone que te lleve adentro? —Fang Chi frunció el ceño, el auto ya estaba lleno del olor a alcohol y comenzaba a resultarle insoportable.
—Cárgame —dijo Sun Wenqu.
—¿Qué? —Fang Chi se quedó helado y su voz se elevó de manera inconsciente.
—Déjame buscar… el contrato. —Sun Wenqu palpó sus bolsillos con los ojos cerrados y, sorprendentemente, sacó ese «contrato de servicio» del bolsillo de su pantalón. Lo desplegó y se lo tendió a Fang Chi—. ¿Quieres leerlo?
Fang Chi apartó su mano de un manotazo y tiró el contrato a un lado, luego lo agarró del brazo para levantarlo.
—Solo esta vez.
—Ya veremos.
Si no fuera por lo realmente mal que sonaba la voz de Sun Wenqu y su expresión tan trágica, Fang Chi no podría haberse quedado ni un segundo más.
Se dio media vuelta y se agachó junto a la puerta del auto.
—Sube —dijo con voz hosca.
Sun Wenqu se levantó y apoyó en su espalda, abrazando sus hombros.
—No te muevas —le advirtió Fang Chi mientras le sacaba las llaves de la chaqueta. Luego se levantó y cerró la puerta del auto con una patada.
—Buen físico —susurró Sun Wenqu junto a su oído, descansando la cabeza en su hombro.
El sonido barrió detrás de su oreja como la caricia de una pluma y la mitad del cuerpo de Fang Chi sintió un incómodo cosquilleo. Aceleró el paso hacia la puerta del patio, resistiendo el impulso de arrojar a Sun Wenqu por encima de la cerca.
—¡No hables! —le dijo mientras abría la puerta.
—¿Por qué? —preguntó Sun Wenqu con una risita. De repente, sopló aire hacia el cuello de Fang Chi—. Solo te estoy halagando.
Esta acción casi hizo que Fang Chi dejara caer a Sun Wenqu al suelo, sin embargo, apretó los dientes y se obligó a calmarse.
—Te lo advierto…
—Voy a vomitar —dijo Sun Wenqu de repente.
—¡Espera! ¡Aguántate! —rugió Fang Chi, sacó las llaves y apuñaló a toda prisa la cerradura de la puerta del patio. Nunca en su vida había abierto una puerta con tanto empeño.
Después de entrar al patio, corrió hacia la puerta de la casa con Sun Wenqu en la espalda y apuñaló otra vez de todo corazón la cerradura. Por suerte, las llaves del patio y de la casa eran relativamente diferentes y no perdió tiempo probándolas.
Al entrar, dejó a Sun Wenqu recostado contra la pared y comenzó a palparla, buscando el interruptor de la luz.
—¿Dónde está el interruptor? —preguntó con cierta ansiedad—. ¿Y el baño?
Sun Wenqu no respondió enseguida, pero unos segundos después Fang Chi escuchó su risa.
—Tú, de nuevo… —Antes de que Fang Chi terminara de hablar, Sun Wenqu encendió la luz de la sala de estar desde algún lugar.
En el momento en que las luces se encendieron, Fang Chi vio la sonrisa feliz en su rostro y de repente sintió un impulso casi irrefrenable de arrastrarlo afuera y dejarlo tirado en plena calle.
—Verte siendo tan filial me hizo sentir mucho mejor —dijo Sun Wenqu entre risas, levantando la mano.
El gesto hizo que Fang Chi, por reflejo, se cubriera el trasero con las manos.
Al ver esto, Sun Wenqu se rio con más ganas.
—Hoy no voy a tocarte el trasero.
Fang Chi no podía describir cómo se sentía en ese momento. Se quedó apuntándolo con el dedo, tratando de decir algo, pero las palabras no salieron. Al final, salió cerrando de un portazo junto al oído de Sun Wenqu.
Sun Wenqu soltó un par de carcajadas más antes de doblarse por el dolor en el estómago. Corrió hacia el baño, se inclinó sobre el lavabo e intentó vomitar, pero no salió nada.
Le ardía el estómago como si estuviera en llamas, y su cabeza, que al principio era leve, comenzaba a intensificarse hasta sentirse como si fuera a estallar. Todos sus amigos sabían que no podía beber vino mezclado, ¡así que, ¿quién había sido el imbécil que lo puso en su copa?!
—Mierda. —Se lavó la cara, regresó a la sala de estar y se dejó caer en el sofá. Con una mano presionada contra su estómago, la otra buscó a tientas su teléfono y marcó el número de Ma Liang—. Liang-zi, ven aquí.
Cuando Ma Liang entró en la casa, Sun Wenqu todavía estaba sentado en el sofá viendo la televisión mientras abrazaba una almohada y sudaba frío por todas partes.
—¿Dó-dónde está tu hijo? —preguntó Ma Liang mientras sacaba unas cajas de medicamentos del bolsillo y vertía agua en un vaso.
—Se fue —respondió Sun Wenqu. Luego, tras pensarlo, se rio—. Saltando como un conejo.
—Te ries… peor que si-si lloraras. —Ma Liang frunció el ceño y le entregó el medicamento junto con el agua—. ¿Por qué no lo pediste que te co-comprara algo de medicina?
Sun Wenqu lo miró sin decir una palabra, se metió el medicamento en la boca y bebió el agua de un trago. Después cerró los ojos y dejó escapar un suspiro.
—Qué vergüenza.
—Te ofrecí llevarte a ca-casa, pero no quisiste —dijo Ma Liang, mirándolo—. Insististe en que ese ni-niño te trajera y ahora di-dices que te da vergüenza.
—Cállate. —Sun Wenqu le mostró el dedo medio—. Solo quería molestarlo un poco. Ese chico… ¿no lo notaste?
—¿Mmm?
—Me odia…
—Eso lo noté.
—¡¡No respondas tan rápido!! —Sun Wenqu se acomodó, abrazando el cojín de nuevo—. ¿Sabes cuál es la razón principal por la que me odia? ¿No te diste cuenta?
—No, pero ya que hablamos de eso, la mayor razón po-por la que te odio… es porque de-desperdicias tu talento —dijo Ma Liang—. Eres como barro que no se puede moldear.
—Vete a la mierda. —Sun Wenqu volvió a reírse, pero a la mitad de su risa, se sintió un poco adolorido de nuevo, hizo una mueca y tosió un par de veces—. Me gustan los hombres. Eso es lo que él odia.
Sin decir una palabra, Ma Liang se acercó y lo tomó del brazo, lo arrastró hasta el dormitorio y lo arrojó sobre la cama. Luego sacó una bolsa de agua caliente y se la puso en las manos.
—Ay… me duele el estómago. —Sun Wenqu se dio la vuelta y se tumbó boca abajo, con las cejas casi retorcidas de dolor.
—¿Te pondrás el pi-pijama? —preguntó Ma Liang mientras abría el armario.
—No —gruñó Sun Wenqu, con la mitad de la cara enterrada en la almohada.
—Du-duerme entonces. —Ma Liang miró el reloj de la pared—. Estaré aquí, ma-mañana temprano.
—Mmm, ya vete. —Sun Wenqu hizo un ademán con la mano—. Regresa a abrazar a tu esposa.
—No seas envidioso —dijo Ma Liang.
Sun Wenqu se rio a medias mientras volvía a abrazar una almohada.
—Duerme de una vez. —Ma Liang tanteó en busca de su cajetilla de cigarros, caminó hasta la ventana de la sala y fumó uno mientras miraba hacia afuera. Se quedó un rato de pie en silencio. Finalmente, volvió al dormitorio, se aseguró de que Sun Wenqu estuviera quieto y ya no se quejaba, apagó la luz y se fue.
***
Fang Chi sintió que después de solo un día, estaba a punto de sufrir una crisis nerviosa por causa de Sun Wenqu. No había dormido bien la noche anterior y esta mañana se despertó sintiéndose mareado.
Era probable que luego de esos tres meses, o Sun Wenqu lo terminaba matando, o él mataría a golpes a Sun Wenqu.
Al principio, había pensado en recuperar el sueño perdido durante la clase, pero la atmósfera del último año era como estar en un campo de batalla. Tan pronto como entró al aula, vio las pancartas, grandes y pequeñas, colgadas en las paredes con palabras de aliento escritas en ellas.
El sueño se le fue de repente.
Sin embargo, después de haber visto la escritura de Sun Wenqu, esas palabras que antes parecían bastante bien escritas, ahora cayeron varios puestos…
Cerca del final de su segunda clase, Fang Chi comenzó a bostezar, pero este período estaba a cargo del profesor Li y este estaba tan ansioso por aprovechar al máximo también los recesos que ni siquiera pareció escuchar la campana y siguió explicando el tema de pie al frente.
Era probable que las otras clases tampoco hubieran salido, ya que solo había unos pocos estudiantes deambulando fuera de sus aulas, probando que, de hecho, era el receso.
—Eres de la Clase 6, ¿no? ¿Qué haces aquí? —susurró alguien a un lado. Su clase y la Clase 6 siempre habían estado enemistados y este tipo de comportamiento, similar a una demostración, despertó de inmediato la insatisfacción.
La Clase 6 y ellos estaban en el primer piso del edificio, pero ambos ocupaban los extremos opuestos del pasillo. Para llegar hasta el otro, uno tendría que hacer un largo viaje; ese tiempo incluso sería suficiente para bajar al quiosco.
—¿Pasa algo? —El profesor Li también había notado a los estudiantes de afuera y los miró desde el podio.
Hubo un estallido de abucheos y gritos en el aula.
Varios de ellos se apresuraron a irse, no sin antes echar una última mirada alrededor del aula.
Sus expresiones eran muy dramáticas y feroces. Fang Chi siguió la dirección de su mirada y se dio cuenta de que estaban observando unas filas detrás de él, pero no pudo ver quién era su objetivo.
Sin embargo, era natural que, bajo la presión de la escuela preparatoria, las peleas entre estudiantes ocurrieran de vez en cuando; como si aprovecharan cualquier oportunidad para desahogarse: «Si me tocas, te miraré», y luego era posible que pasara de las palabras a la acción.
Por la tarde, Fang Chi finalmente no pudo aguantar más el sueño. El período de autoestudio fue tomado por el profesor de inglés e ignorando su mirada feroz, se recostó sobre el escritorio antes de quedarse dormido.
No fue hasta después de la escuela que recuperó las energías.
—Oye, ya pregunté por ti. —Liang Xiaotao se apoyó en su escritorio—. Tu Sir Amarillo ya es apto para la esterilización. Si tienes tiempo, llévalo hoy sin falta. Les dije que irías.
—Mmm —respondió Fang Chi—. ¿Es el veterinario que mencionaste la última vez?
—Ajá, no cambiaste de opinión, ¿verdad? —preguntó Liang Xiaotao con una sonrisa.
—Sir Amarillo ya me mira feo, si hago que lo castren, tengo miedo de que me asesine. —Fang Chi sonrió y se colgó la mochila en la espalda—. Lo llevaré más tarde para probar.
Fang Chi siempre caminaba de la escuela a casa, como una forma de hacer ejercicio. Detrás de la escuela había un sendero pequeño, de un solo sentido, con pocos coches y muchos árboles plantados. Con los auriculares puestos, caminar por ese camino de regreso era bastante agradable. A veces, incluso corría de regreso a casa.
Después de caminar un rato, dos motos eléctricas lo adelantaron a gran velocidad y doblaron hacia un pequeño callejón a un costado.
Ambos eran de su escuela. Fang Chi notó que eran esos de la Clase 6 que habían estado rondando su salón hoy.
Dudó por un momento antes de seguirlos de prisa. Se quitó los auriculares y, mientras se acercaba, comenzó a escuchar ruidos de pasos desordenados y sonidos de golpes provenientes del callejón, junto con algunas amenazas.
—¡Tú te lo buscaste! ¡Hace tiempo que papi vio lo asqueroso que eres!
Fang Chi frunció el ceño. Si era alguien de su clase, tenía que ayudarlo. Metió la mano en su mochila de manera instintiva, pero no encontró nada útil como arma. Solo tenía un descensor y una clavija de roca. La clavija era demasiado peligrosa, así que colocó el descensor entre los dedos y se acercó a la entrada del callejón.
—¡Puto homosexual! ¡¿Te crees muy grandioso?! —maldijo alguien de nuevo, seguido por el sonido de un puñetazo.
Fang Chi se detuvo de golpe. Al mismo tiempo, también vio con claridad a las personas en el callejón. Los agresores eran cuatro o cinco tipos de la Clase 6 y la víctima, Xiao Yiming.

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