× Capítulo 56: ¡Vete tranquilo! ×

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Al día siguiente, Jiang Xiaoshuai llegó tarde al trabajo. Ya había una fila de personas frente a la clínica. Jiang Xiaoshuai se sintió bastante avergonzado y no paraba de explicarles a los pacientes que anoche me quedé despierto hasta muy tarde, y esta mañana no había escuchado el despertador…

Después de atender a estos pacientes, Jiang Xiaoshuai se dio cuenta de que, desde que entró, no había visto a Wu Suowei.

¿Acaso alguien lo había recogido?

Con esa duda en mente, Jiang Xiaoshuai abrió la puerta del dormitorio.

Ahí estaba, un hombre perfectamente sano y salvo, tirado en la cama.

—¿Por qué no te has levantado todavía?—

Jiang Xiaoshuai estaba bastante desconcertado. A esta hora, Wu Suowei ya habría desayunado e ido al criadero de serpientes.

Wu Suowei respondió débilmente: 

—No tengo ganas de levantarme

—¿No tienes ganas?— El corazón de Jiang Xiaoshuai latía a toda velocidad. Con dos enormes ojeras, se acercó de un salto a la cama de Wu Suowei y preguntó, temblando nerviosamente: 

—¿Por qué no quieres levantarte?

Wu Suowei miró fijamente hacia la pared opuesta con ojos desenfocados y dijo con voz monótona: 

—Quiero morir.

El corazón de Jiang Xiaoshuai cayó instantáneamente en un abismo helado. Agarró la mano de Wu Suowei con fuerza, apretándola con desesperación.

—¿Él te hizo eso?

Los labios de Wu Suowei temblaron, pero no pronunció ninguna palabra.

Los ojos de Jiang Xiaoshuai se enrojecieron: 

—Entonces… ¿sangraste?

Wu Suowei recuperó un poco de lucidez y preguntó con voz ronca: 

—¿Alguna vez te has masturbado hasta sangrar?

—¿Masturbado?— La expresión de Jiang Xiaoshuai se congeló levemente.

Al mencionar esa palabra, las comisuras secas de los labios de Wu Suowei se retorcieron un poco, con una expresión de agonía insoportable.

—Anoche, se masturbó frente a mí y me obligó a mirar.

Al terminar de hablar, no pudo evitar estremecerse. Se cubrió la cabeza con la colcha y se encogió como un camarón.

Jiang Xiaoshuai exhaló un suspiro frío por la comisura de los labios y golpeó la colcha con fuerza un par de veces.

—¡Mierda! ¡Pensé que había pasado algo grave! Tanto alboroto para esta estupidez, ¡qué maldito desperdicio de sentimientos!

Dicho esto, silbando, salió caminando con paso ligero.

Una hora después, Wu Suowei aún no salía y Jiang Xiaoshuai empezó a preocuparse, ¿en serio le había pasado algo a este tipo?

Al entrar de nuevo al dormitorio, Jiang Xiaoshuai descubrió que, en pleno junio sofocante, Wu Suowei se había envuelto completamente. Se acercó, le quitó la colcha y vio que el tipo tenía el rostro enrojecido, el pecho ardiente y todo el cuerpo empapado en sudor frío.

—No es… Dawei, no es para tanto.  ¿No fue más que masturbarse delante de ti? Tómalo como si hubieras visto una película porno.

Pero la realidad demostró que, cuando se trataba de Wu Suowei, sí era para tanto.

Jiang Xiaoshuai tomó el termómetro y lo miró: 39.5°C.

Solo entonces se dio cuenta de la gravedad de la situación. Jiang Xiaoshuai se sentó al borde de la cama y se dedicó a consolar a Wu Suowei: 

—¡Discípulo mío! En nuestro círculo, estas cosas realmente no son nada. No las midas con pensamiento convencional. Que lo hiciera delante de ti no necesariamente significa que quisiera insultarte, simplemente siente algo por ti.

Pero estas palabras llegaron demasiado tarde. Si las hubiera dicho unas horas antes, quizá habrían funcionado.

—¿Qué tal si… lo dejamos aquí? —Aunque Jiang Xiaoshuai lo sentía un desperdicio, realmente no podía soportar ver a Wu Suowei forzándose a sí mismo.

—Con tu mentalidad, sinceramente no eres apto para ser gay. ¡Dedícate con firmeza a criar tus serpientes! Cuando salgan al mercado, véndelas a buen precio, abre un local, haz algún negocio. Seguro que no faltarán chicas interesadas en ti.

Wu Suowei, con sus débiles brazos, logró incorporarse con dificultad. Su mirada seguía siendo obstinada.

—En mi diccionario no existen las palabras “abandonar a mitad del camino”

Jiang Xiaoshuai habló marcando cada palabra: 

—Tu perseverancia me da ganas de llorar.

Wu Suowei se puso de pie y con pasos vacilantes, camino hacia la puerta. 

—¿Adónde vas?—preguntó Jiang Xiaoshuai apresuradamente.

—A casa a recuperarme un par de días

—No puedes, todavía tienes fiebre— Jiang Xiaoshuai detuvo a Wu Suowei.

Wu Suowei miró a Jiang Xiaoshuai con una mirada tenaz e indomable: 

—Esta es una enfermedad del corazón. Ni las inyecciones ni las medicinas pueden curarla. Solo podré superarla con mi voluntad inquebrantable.

—¿Aunque sea deberías tomar alguna medicina?— dijo Jiang Xiaoshuai.

—No es necesario—. Wu Suowei sacó su teléfono y se lo entregó a Jiang Xiaoshuai: 

—Por ahora no quiero verlo. Si viene a buscarme o me llama, ayúdame a lidiar con él.

La mirada de Jiang Xiaoshuai era bastante desolada: 

—Vete tranquilo, aquí estoy yo.

Wu Suowei asintió con la cabeza, giró resueltamente y se marchó. Su figura debilitada, pero espíritu indomable, se fue alejando gradualmente de la vista de Jiang Xiaoshuai.

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