× Capítulo 66: La verdad ×

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Chi Cheng cerró la puerta con una patada. El sótano, sofocante como una cesta de vapor, estaba impregnado del olor a hormonas masculinas.

Su teléfono sonó, y Wu Suowei lo sacó para estrellarlo contra el suelo con furia.

Golpeó a Chi Cheng con el pecho, empujándolo contra el marco de la puerta, y lo besó con fuerza. Era la primera vez que se mostraba tan proactivo, incluso el propio Wu Suowei no entendía el origen de su propia pérdida de control. Gotas de sudor se ensartaban como hilos y caían frenéticamente, pero Wu Suowei no se molestaba en limpiarlas, y como un niño hambriento que no elige qué comer, hurgando sin método alguno dentro de la boca de Chi Cheng.

Chi Cheng se dio cuenta que esta vez, Wu Suowei estaba realmente ansioso.

Tras una breve pausa, Chi Cheng agarró la mejilla de Wu Suowei con su gran mano y se burló: 

—Realmente eres un pequeño burro—. De esos que solo avanzan con un latigazo; si no los azotas, se quedan con el culo levantado tomando el sol.

—¿Yo soy un burro?— Wu Suowei resoplo y rio. 

—No me atrevería a arrebatarle su título.

Chi Cheng entrecerró los ojos: 

—Entonces, dime, ¿por qué soy un burro?

—Tu gran pájaro parece el pene de un burro—. Qué niño tan honesto.

Chi Cheng rió sin piedad, pene de burro… saboreando esas dos palabras, arrastró con fuerza la mano de Wu Suowei y la presionó contra su propia entrepierna, mientras sus penetrantes ojos quemaban a Wu Suowei.

—Si sigues diciendo tonterías, ¿crees que no usaré este “látigo” para azotarte el trasero?

Wu Suowei esquivó el delicado tema: 

—Tengo hambre.

Chi Cheng miró su reloj; efectivamente era hora de comer. Sin importar qué hicieran, llenar el estómago era la prioridad absoluta. Así que dio una palmada en el hombro a Wu Suowei y dijo: 

—Espérame aquí, bajaré a comprar algo de comer—. Luego le confió sin preocupaciones a Xiao Cu Bao a Wu Suowei.

Wu Suowei colocó a Xiao Cu Bao alrededor de su cuello y comenzó a pasear de un lado a otro por la habitación.

Hablando de eso, no era fácil para Chi Cheng criar una serpiente. Para que su amada mascota viviera cómoda, prefería sacrificarse viviendo en este lugar sofocante y húmedo. Al parecer, tener dinero y estatus no siempre garantiza comodidad. Todos tienen su forma de mortificarse, sin excepciones.

Aunque era su segunda vez allí, Wu Suowei aún sentía la habitación ajena. Dos camas, una pared, una simplicidad extrema. Intentó buscar rastros de Yue Yue, pero no encontró nada; solo el aura de un animal de sangre fría impregnaba el lugar. Aunque, comparado con su última visita, ahora había un refrigerador adicional, probablemente para guardar bebidas frías y aliviar el calor.

Wu Suowei abrió el refrigerador.

La escena ante sus ojos lo hizo estremecerse.

En el refrigerador no había bebidas frías ni helados, solo una pequeña caja de madera llena de figuritas de azúcar. Algunas las había regalado Wu Suowei, otras las había tomado el propio Chi Cheng. Probablemente, por miedo a que el calor de la habitación derritiera las figuritas, Chi Cheng había ideado este método y las guardó todas en el refrigerador.

Así que no le había regalado las figuritas de azúcar a Yue Yue.

La cobra estaba ahí, el excremento estaba ahí, los crisantemos también estaban…

Todas permanecían vivas y expresivas, mirando hacia arriba a Wu Suowei.

Wu Suowei las contó una y otra vez, y no faltaba ni una.

Una emoción inexplicable surgió en su corazón y sin querer, se filtró por las comisuras de sus labios.

Chi Cheng, de pie en la entrada, observaba cómo el mentón de Wu Suowei se movía ligeramente, contando las figuritas con cuidado y seriedad. Cuando llegó al final y comprobó que no faltaba ninguna, sonrió con complicidad. Luego, volvió la cabeza y las contó al revés. Al confirmar que realmente no faltaba ni una, esa expresión conmovida le resultaba irresistiblemente atractiva. Nunca había imaginado que, para él, Chi Cheng, sin depender de autos, ni casas, ni dinero, ni siquiera de su propio pene, bastaran unas simples figuritas de azúcar no entregadas para dejar a alguien tan… radiante.

Al ver la figura de Chi Cheng, Wu Suowei retiró al instante la sonrisa de su rostro y adoptó una expresión de total indiferencia.

—¿Has traído la comida?

Comparado con el simple malatang que Wu Suowei le había ofrecido, el trato que Chi Cheng le daba era como el cielo y la tierra. Chi Cheng había salido y casi vaciado el supermercado entero con todo tipo de comidas preparadas, bocadillos, frutas, bebidas… Luego fue a un restaurante y pidió diversos platos de carne, vegetales y especialidades de la casa. Solo de guarniciones encargó varias, por miedo a que Wu Suowei fuera quisquilloso.

A Wu Suowei se le cerró la garganta y el pecho le ardía, sin saber por dónde empezar.

—Este año solo he entrado tres veces en un supermercado; la primera vez fue cuando vi a cierto alguien con calzoncillos llenos de agujeros, la otra fue yendo a tu casa, y la última ha sido ahora—. Chi Cheng no exageraba, ya que su vestir, comer, vivir y viajar siempre eran atendidos por otros, rara vez tenía que comprar algo con su propio dinero.

No he oído nada, no he oído nada… Wu Suowei se auto hipnotizaba, hundiendo la cabeza en el tazón de arroz.

Traducido por 21Rb_BINGQIU
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