X. ¿TIENES PARÁLISIS FACIAL?

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FANG CHI MEDIO tiró de Zhang Jian, medio lo arrastró por el piso hasta el pasillo, este se debatía con fuerza, gritando algo de manera confusa.

Aunque Zhang Jian no solía gozar de mucha popularidad en su propia clase, el que Fang Chi, de una clase ajena, hubiera venido a su propia aula para llevárselo hizo que algunos estuvieran dispuestos a dar la cara por su grupo.

Acababa de arrastrar a Zhang Jian cuando varias personas le siguieron fuera del aula, con aspecto de estar dispuestos a ayudar al tipo. Ante esto, Fang Chi no dudó, aflojó su agarre y pateó a Zhang Jian justo en el estómago sin esperar a que se quedara quieto.

No usó demasiada fuerza, pero un pollo desnutrido como Zhang Jian fue derribado al instante y cayó sobre los tipos que tenía detrás. Fang Chi lo siguió y le asestó otro puñetazo en la cara.

Este golpe fue bastante fuerte, mucho más que cuando golpeó a Sun Wenqu ese día. Zhang Jian, que seguía apoyado en los demás y no se levantaba, soltó un aullido al instante, retrocediendo y rasguñando el aire para intentar esquivarlo, su tono mucho más agudo que antes.

—Tienes la capacidad de causar problemas, pero no la de callarte. —Fang Chi empujó a Zhang Jian con el dedo—. Vamos, déjame escucharte decirlo de nuevo. No me tomará ni siquiera un minuto sacarte la mierda.

Con esas palabras, se dio la vuelta y caminó de regreso. Para cuando la gente de la Clase 6 que estaba detrás de él superó el caos y lo siguió, la gente de su clase, que observaba la conmoción, ya había corrido hacia el centro del pasillo.

—¡¿A quién carajos tengo que golpear?! —Xu Zhou fue el primero en correr emocionado. Este chico temía que el mundo no fuera caótico, y su mayor habilidad era causar desastre en la Clase 6.

—A nadie —dijo Fang Chi, y luego siguió alejándose.

En realidad, no quería pelear, y mucho menos con varias personas, al menos no en ese momento.

Fue por eso que eligió ese método de retirarse después de golpear. Cuando la gente de la Clase 6 reaccionó, él ya había regresado al entusiasta círculo de protección de su propia clase.

Después de eso, no había nada de qué preocuparse. Parecía el preludio de una ruidosa batalla, pero cuando las dos clases se encontraron en el pasillo, en realidad solo se trató de una rencilla de gritos e insultos. Había demasiada gente, una multitud de curiosos y objetivos mal definidos para pelear.

En cuanto a si alguien vendría a buscar problemas al día siguiente, eso era otra historia. Pero quizá nadie de la Clase 6 vendría a luchar por Zhang Jian después del período nocturno.

Mientras salía de la escuela, Fang Chi quiso llamar a Sun Wenqu para preguntarle por Sir Amarillo. Pero, tras pensarlo mejor, no lo hizo. Era claro que a Sun Wenqu le gustaban mucho los gatos y Sir Amarillo parecía estar muy contento con él. Así que supuso que no habría ningún problema.

Era solo que se sintió un poco deprimido al pensar en cómo su Sir Amarillo, nada más conocer a Sun Wenqu, pasó de ser un pequeño amo dominante que mostraba las garras y daba bofetadas a la comida para gatos, a un minino idiota que solo buscaba caricias y maullaba con suavidad.

—¡Fang Chi! —lo llamó alguien desde atrás; era Liang Xiaotao.

Fang Chi se detuvo, y Liang Xiaotao se acercó con su pequeña moto a batería.

—Oye… caminas tan rápido. Vi el alboroto y desapareciste en cuanto miré para otro lado.

—¿Qué pasa? —​​preguntó Fang Chi.

—Vamos, te invito a comer malatang[1] —dijo Liang Xiaotao con una sonrisa.

—No tengo hambre —respondió Fang Chi, avanzando con ella.

La casa de Liang Xiaotao estaba en la misma dirección que la suya, y a veces, cuando no tenía ganas de caminar, le pedía a Liang Xiaotao que lo llevara por un rato. Pero hoy solo quería caminar.

—¡Oye! —Liang Xiaotao lo tocó con el brazo—. ¿Es por eso que golpeaste a Zhang Jian?

—¿Qué eso? —Fang Chi le dirigió una mirada.

—No te hagas el tonto conmigo, la pandilla de Zhang Jian iba por ahí hablando de eso ni bien llegaron a la escuela por la noche. —Liang Xiaotao frunció el ceño—. Cuando los oí pensé que, si vinieras y los escucharas, seguro les darías una paliza.

—¿Me enojo tan fácil? —Fang Chi sonrió.

—Los hechos lo han demostrado, ¿no? —dijo Liang Xiaotao, y luego bajó la voz—. ¿Xiao Yiming dijo algo? Creo que hoy también estuvo bastante decaído.

—Nada, solo gracias, ¿qué más podía decir? —respondió Fang Chi.

—Ay… —Liang Xiaotao suspiró suavemente—. Eran tan unidos antes. Ah… es una pena que ahora sean así.

Fang Chi no dijo una palabra. Él y Xiao Yiming solían tener una buena relación, jugaban a la pelota e iban y venían juntos de la escuela, hablando y chismeando.

—Fang Chi, perdona que me entrometa, ya sé que no te gusta escuchar hablar sobre este tema. —Liang Xiaotao dudó por un momento—. Pero no creo que debas tratar a Xiao Yiming con tantos prejuicios, incluso si no puedes apoyarlo, no deberías odiarlo, de verdad…

—No tengo ningún prejuicio contra él —replicó Fang Chi.

—Pero sí contra la homosexualidad. —Liang Xiaotao inclinó la cabeza para mirarlo—. De hecho, a mí también me molesta mucho la gente como Lin Wei, que se la pasan hablando de personas reales, pero… tu reacción me pareció bastante inesperada. A veces no puedo evitar preguntarme si tú en realidad …

—A mí solo… —dijo Fang Chi, frunciendo el ceño y haciendo una pausa— me disgusta.

—Oh, entiendo. —Liang Xiaotao se acomodó el pelo. Sonrió y cambió su tono, dándole una palmadita en el hombro—. Olvídalo, no hay mucho que decir al respecto. ¿Por qué mejor no me invitas a comer malatang, o tofu picante, o brócoli picante, o bollos de carne picante…? ¡Ay, ya estoy babeando!

—¿A dónde vamos, al que recomendó Xu Zhou?

—Ajá, está justo al otro lado de la calle. —Liang Xiaotao señaló la pequeña tienda de enfrente.

 

 

***

 

 

—¿Sabes por qué te duele el estómago nada más volver? —Li Bowen suspiró en el teléfono.

—Ah, lo sé, es por tomar bebidas mezcladas. —Sun Wenqu estaba junto a la ventana, bebiendo yogur, mientras Sir Amarillo se colgaba de sus pantalones, practicando escalada en roca.

—Ya no haces ejercicio, antes solías ir al gimnasio todos los días —dijo Li Bowen, y su voz se volvió particularmente afligida—. Y cuando estabas en las montañas, al menos seguías activo, pero desde que regresaste, te has estado escondiendo en esa casa todos los días…

—Está bien, solo di lo que quieres hacer —lo interrumpió Sun Wenqu. Agarró a Sir Amarillo, que se había subido a su espalda y se lo puso en el hombro—. Pero no me vuelvas a hablar de ir a escalar, eh, no iré.

—No es eso, esperemos a que mejores. —repuso Li Bowen, divertido—. Ah, escalada, solo te lo mencioné un par de veces. De todos modos, dame un poco de cara, Liang-zi está tan ocupado, pero dijo que vendrá si tú vienes.

—¿De dónde sacaron tanta energía de repente…? —suspiró Sun Wenqu—. Está bien, me rindo.

Cuando Ma Liang vino a recogerlo y lo llevó al lugar, Sun Wenqu se dio cuenta de que esta vez no irían al mismo club de antes. La base al aire libre del club era muy grande y tenía todo tipo de actividades, desde montañismo, trekking por el río, campamentos de aventura, barbacoa y rafting.

Esta vez este grupo de personas vino principalmente para comer, siendo la barbacoa y la cerveza el verdadero propósito. Cuando llegó, una veintena de caras conocidas, tanto hombres como mujeres, ya habían comenzado los preparativos. La escalada en la pared lateral serviría como ejercicio para digerir la comida.

—¡Vaya! Si hubieran dicho que era un juego así, habría venido antes —dijo Sun Wenqu mientras se desplomaba en la tumbona ya instalada junto a la parrilla de barbacoa—. Pensaba que lo siguiente que harían sería conquistar el Everest.

—El Everest está descartado. —Luo Peng le entregó a él y a Ma Liang dos latas de cerveza—. Pero sí que estamos planeando ir de excursión a una montaña al menos una vez antes de que termine el otoño. ¿Qué te parece, te nos unes?

—¿De excursión a qué, qué montaña? —Ma Liang abrió su lata de cerveza y tomó un sorbo—. Detrás de mi casa, hay… hay una pendiente, pueden ir a subirla si quieren.

—Liang-ge, eso está mal. —Luo Peng se rio—. Debemos animar a Wenqu, ¿bueno? Esta vez, regresó más deprimido.

—Él es como u-una serpiente —dijo Ma Liang—. Dense prisa y dejen, dejen a la serpiente hibernar, ríndanse.

—Vete a la mierda —regaño Sun Wenqu divertido, dejándolo pasar.

Pero esta vez, cuando regresó, sentía que casi nada lograba entusiasmarlo. En otras palabras, actualmente, su única forma para conseguir algo de diversión consistía en hacer correr a Fang Chi.

Cayó tan bajo…

—Oh, ¿a qué montaña? —preguntó.

—Cresta del Cuervo. —Cuando Luo Peng vio que estaba interesado, se acercó de inmediato.

—¿Quieren ir a filmar una película de fantasmas? —A Sun Wenqu se le erizó el pelo cuando escuchó el nombre.

—Se llama cresta, pero de hecho es una montaña y el paisaje es muy bueno. Antes solo había un montón de fotógrafos yendo y viniendo, pero ahora también se puede ver a un montón de hombres y mujeres mayores que hacen senderismo…

—¡No iré! —Cuando Sun Wenqu escuchó «hombres y mujeres mayores», de repente sintió que había coloridos pañuelos de seda ondeando por todas partes en las montañas y los campos—. No voy a ir.

—¡Hombre, escúchame primero! —Luo Peng le dio unas palmaditas—. Si vamos, tomaremos la ruta de aventura, una recién desarrollada que no está en la misma dirección que el grupo de ancianos.

—Oh. —Sun Wenqu lo miró.

—Es hermoso. Fui allí una vez, pero el guía no pudo llegar hasta el final y no vi la cascada ni el cañón por completo. —Luo Peng tenía cara de pesar—. Esta vez voy a encontrar un guía local… ¿Qué tal, vienes?

—Iré, iré. —Sun Wenqu bostezó. Iría, aunque no hicieran nada serio en todo el día, todavía podría animarse—. Llámame por adelantado.

—¡Está bien! —Luo Peng le volvió a dar una palmadita con felicidad—. Dije que no querrías ir, pero Bowen dijo que irías. Déjame decirte, él es quien mejor te conoce.

Sun Wenqu sonrió y miró a Li Bowen, que estaba asando jugosas brochetas con Zhao He.

¿El que mejor lo conocía?

Era cierto que, incluso si él y Li Bowen quisieran conocerse más, no podrían. Ambos se conocían desde hacía veinte años. Y aunque Sun Wenqu deseaba llevar una vida ociosa y perezosa, Li Bowen sabía muy bien que tenía miedo de estar inactivo.

Sun Wenqu no comió mucho de la barbacoa. Su estómago aún se estaba recuperando, por lo que no se atrevió a comer demasiado. Ni siquiera bebió mucha cerveza, así que llevó a Ma Liang a jugar a la escalada en roca.

—¿Lo has hecho antes? —le preguntó Sun Wenqu a Ma Liang.

—Bueno, ya he ve-venido con ellos a-algunas veces. —Ma Liang tiró del arnés en su entrepierna—. Aunque no siempre juego, esta cosa me, me estrangula las pe-pelotas.

El instructor que estaba organizando el equipo para Sun Wenqu era muy joven, de poco más de veinte años.

—Imposible, tendrían que ser unas pelotas muy grandes, ¿no? —dijo este sin expresión, en un tono mortalmente serio.

Sun Wenqu no pudo contener las ganas de reír.

—Son bastante grandes, lo confirmo.

La escalada en roca parecía fácil si eras solo un espectador, pero se ponía un poco más complicado si lo hacías tú mismo.

Sun Wenqu estuvo siguiendo al instructor durante mucho tiempo sin siquiera tomar un turno para escalar oficialmente, lo que significaba que el instructor se veía bien; de lo contrario, ya se habría impacientado.

—También sueles hacer ejercicio. —El instructor por fin terminó de explicar todo lo esencial y le presionó casualmente la pierna—. Está bastante musculosa. Cuando subas en un rato, debería ser más fácil para ti que la primera vez de Luo-ge.

—Él está aquí para perder peso, creo —dijo Sun Wenqu, esquivando la mano del instructor. Esa presión involuntaria le causó un hormigueo en una de las piernas.

Han pasado tres años…

Pensando en las palabras de Li Bowen, no pudo evitar fruncir el ceño.

—La razón principal por la que perdió peso son los deportes al aire libre —dijo el instructor mientras se acercaba a la pared de roca oficial—. Ahora inténtalo tú, el más fácil primero.

Esto era lo más fácil para un novato como Sun Wenqu. Pero, incluso siguiendo las indicaciones del instructor, no era tan sencillo; dónde agarrar con la mano izquierda, dónde agarrar con la mano derecha, un paso con el pie izquierdo, otro paso con el pie derecho. En resumen, tardó una eternidad en llegar a la cima.

—Sun-ge. —El instructor levantó un pulgar—. ¡No está mal!

—¿Cómo vuelvo a bajar? —preguntó Sun Wenqu con los dedos un poco adoloridos, enganchados en la saliente de la roca.

—Tal como te enseñé, acuérdate.

—Oh.

«De cara a la pared de roca, abre las piernas en un ángulo de unos ochenta grados. Después de llegar a la cima, si deseas volver a bajar, debes sentarte e inclinarte hacia atrás en un ángulo de aproximadamente cien grados con las piernas…». Estas fueron las palabras exactas del instructor, y Sun Wenqu casi era capaz de recitarlas después de escucharlas solo una vez, pero seguirlas era bastante más difícil.

Después de finalmente bajar, exhaló un suspiro de alivio, sudando incluso en un día fresco. Cuando giró la cabeza, vio la expresión divertida de Ma Liang.

—Eres el buen de-descendiente de, Ha Magong.[2] —Ma Liang le dio una palmada en el hombro—. Espíritu de sapo.

—Sube ya, puedes hacerlo con esa boquita hábil tuya. —Sun Wenqu se quitó el arnés y la cuerda—. Te aplaudiré. ¿Bowen trajo una cámara? También tomaré un par de fotos para ti.

Hablando de fotos, Sun Wenqu recordó la vista posterior de brazos largos y piernas largas en la pared de exhibición del club. Giró la cabeza hacia un lado y recorrió el sitio con la mirada, pero solo vio un montón de instructores que no se parecían a él.

Cuando fue el turno de Ma Liang, Li Bowen y Luo Peng se acercaron y lo animaron desde abajo. Fueron especialmente enérgicos y apasionados en sus vítores, lo que hizo que Ma Liang tuviera el placer de resbalar dos veces.

—La próxima vez compra un equipo adecuado. —Luo Peng miró los zapatos de Sun Wenqu—. Estos zapatos que traes no sirven.

—Ya veremos —dijo Sun Wenqu—. No tienen la capacidad, pero sí una buena estructura.

—Es lo mismo que cuando escribes y pintas. Si quieres hacerlo bien, primero debes afilar tus herramientas —comentó Luo Peng—. Oye, ¿has estado escribiendo recientemente? Si no me dejas ver tus jarrones, ¿puedo pedirte unas pocas palabras?

—Cuatro palabras o menos —suspiró Sun Wenqu—. Hace años que no toco un pincel.

—Cuatro palabras, ¿eh? Mmm… déjame pensarlo…

—Viejo pero muy vigoroso —dijo Li Bowen a un lado.

—¿De acuerdo…? —Luo Peng miró a Sun Wenqu.

—Oh, claro —aceptó Sun Wenqu—. ¿Y luego lo colgarás en la cabecera de tu cama?

—¡Mierda! ¡Eres un malnacido! —exclamó Luo Peng, divertido.

El día fue bastante agitado, comiendo, bebiendo y escalando rocas. Sun Wenqu se quedó dormido en el auto cuando él y Ma Liang regresaron a la ciudad por la tarde.

—Pensé que querías que, quedarte a pasar la noche —dijo Ma Liang.

—Un montón de perros empalagosos en pareja. —Sun Wenqu cerró los ojos—. ¿Qué haría ahí?

—Sí —asintió Ma Liang—. Tú, un perro… solitario.

Sun Wenqu sonrió, pero no dijo nada.

—No, no eres, no eres un perro solitario. —Ma Liang reflexionó un momento, levantó su dedo índice y lo acercó a su nariz, dando golpecitos. Cuando Sun Wenqu abrió los ojos, añadió—: Eres un… perro, un pobre perro soltero.

—¡Largo! —Sun Wenqu no sabía si reír o llorar—. ¡Maldito, qué boca más dañina tienes!

 

 

Cuando llegó a casa, eran poco más de las seis. Ma Liang tenía una cena por la noche, por lo que no lo acompañó para comer, así que cuando entró en la casa, su estómago, que no había comido nada en todo el día, comenzó a gruñir.

Sir Amarillo estaba durmiendo en el sofá con las patas sobre la cabeza, a la manera de un viejo granjero, y cuando le oyó entrar, saltó del sofá y se frotó contra sus piernas.

—Debes tener hambre, ¿ya terminaste tu almuerzo? —Sun Wenqu miró el cuenco al costado de la mesita de café. Estaba vacío. Y la arena para gatos que compró de improviso esta mañana parecía haber sido usada—. Espera un minuto. Quién diría que el pequeñín sería tan comelón.

Preparó la comida para gatos de Sir Amarillo y luego se dio un baño, tras lo cual se sintió incluso más hambriento. Mirando la hora, Fang Chi debería haber terminado la escuela hace mucho tiempo.

¿Cómo podía ese timador endeudado que firmó un contrato de esclavitud ser tan arrogante? ¡¿Es que había que recordarle siempre para que viniera a cocinar?!

Sun Wenqu marcó el número de Fang Chi y, después de un largo rato, este contestó la llamada. Entonces, escuchó su voz jadeante:

—¿Hola?

—¿Qué estás haciendo? ¿Corriendo por tu vida? —Sun Wenqu estaba atónito.

—Más o menos —respondió Fang Chi.

—¿Cuándo vas a terminar de correr por tu vida y venir a cocinar? —Sun Wenqu frunció el ceño—. ¿No tienes ni un poco de espíritu de servicio? Hay un salario en tu contrato.

—Media hora. —Fang Chi parecía estar corriendo.

—Hoy no tengo ganas de congee, quiero comer verduras salteadas. Ah, sí, también tienes que venir a palear la mierda de tu pequeño amo. ¿Tardarás media hora y luego dirás que debes volver a la escuela?

Sun Wenqu escuchó con atención el movimiento del lado de Fang Chi. Según él, el chico no parecía alguien que se metiera en problemas, pero ahora realmente estaba corriendo, con el viento silbando como si huyera por su vida.

—No iré a la escuela esta noche —dijo Fang Chi mientras jadeaba, luego hizo una pausa antes de agregar—: ¿Qué quieres comer?

Sun Wenqu se congeló de repente.

—Lo que sea —respondió después de un rato.

Tras colgar, entró al estudio y se paró frente a su escritorio.

Esta mañana se despertó más temprano de lo habitual soñando con un gallo que cacareaba de manera enloquecida. Se sentía realmente incómodo cuando estaba inactivo, así que preparó sus pinceles, tintas, papeles y piedra de entintar, pero ni siquiera escribió una sola palabra.

Todavía no lograba escribir nada incluso ahora, pero las palabras de Fang Chi le hicieron sentirse de repente un poco emocional y conmovido.

¿Qué quieres comer?

Estaba bastante familiarizado con esa pregunta. Cuando salía a comer con un grupo de personas, siempre preguntarían: ¿Qué quieres comer? ¿Qué plato quieres? ¿A qué restaurante quieres ir…?

Pero no sabía cuánto tiempo había pasado desde que alguien le preguntó qué comida quería comer para cocinársela.

Aunque fue forzado, dejó a Sun Wenqu aturdido durante mucho tiempo.

Sir Amarillo abrazó las perneras de su pantalón y maulló un par de veces. Se agachó, tomó al gato y lo paseó lentamente por la habitación.

—Aunque desafortunado, una vez fuiste un noble vagabundo después de todo. Además, eres un niño, ¿por qué eres tan llorón…?

Sir Amarillo maulló de nuevo.

—No maúlles, tu esclavo se pondrá celoso cuando venga en un rato, incluso lo arañaste ese día, ¿no? —Sun Wenqu caminó hacia la sala de estar y escuchó los pasos de alguien corriendo afuera.

¿Ya había llegado?

Extendió la mano para desbloquear la puerta del patio, pero antes de que pudiera tocar el interruptor, se oyó un ruido sordo y luego llamaron a la puerta de la casa.

—En serio, ¿ya te volviste adicto a escalar mi muro? —Sun Wenqu abrió la puerta y vio a Fang Chi parado afuera con sudor en la frente.

—Correr, saltar, correr, es la costumbre. —Fang Chi entró a la casa—. ¿No tienes un sistema de seguridad en tu casa? Entrar aquí es tan fácil como entrar al centro comercial.

—Los guardias de seguridad del complejo patrullan veinticuatro horas al día, además no tengo nada que puedan robar aquí. —Sun Wenqu vio que cargaba una bolsa de supermercado en la mano—. ¿Compraste alimentos?

—Hmm, como dijiste lo que sea, fui a comprar víveres, o tendría que volver a salir, ¿no? —Fang Chi tiró su mochila al suelo junto a la pared y se fue a la cocina—. Haré un relleno con carne, la que sobró ayer.

—Oh, ¿y qué relleno?  —preguntó Sun Wenqu.

—Calabaza amarga. —Fang Chi salió de nuevo y tomó a Sir Amarillo de las manos de Sun Wenqu.

—No como calabaza amarga. —Sun Wenqu frunció el ceño.

—Entonces come arroz —dijo Fang Chi, cortante—. Oh, hoy me llevaré al gato.

—Primero recoge la mierda. —Sun Wenqu señaló la arena para gatos y buscó su billetera—. ¿Cuánto gastaste?

—No mucho, estoy llevando la cuenta de todo, solo devuélvemelo a fin de mes… No voy a estafarte.

—Oh. —Sun Wenqu se rio—. Eso es un poco conmovedor viniendo de un timador.

Fang Chi giró la cabeza y lo miró sin decir nada.

—¿No estás satisfecho? Aguántate. —Sun Wenqu se dejó caer en el sofá.

—Yo no… yo solo… —Fang Chi frunció el ceño—. Yo…

—Pareces un niño normal, ¿cómo es que puedes mezclarte con Fang Ying? —Sun Wenqu cruzó las piernas sobre la mesita de café—. Solo tienes catorce años, no deberías seguir su mal ejemplo.

Fang Chi no dijo una palabra, bajó a Sir Amarillo, fue a la cocina y vació la bolsa de plástico del supermercado para poner dentro la arena para gatos. Luego, la sacó fuera y la tiró.

Cuando regresó a la casa, Sun Wenqu añadió:

—¿De verdad te apellidas Fang?

—Mmm. —Fang Chi sacó una tarjeta de su mochila, se acercó y la agitó frente a él—. Mi nombre es Fang Chi.

Parecía un carnet de estudiante, pero el nombre y el grado de la escuela estaban bloqueados por los dedos del chico, así que Sun Wenqu solo pudo ver el nombre «Fang Chi» junto a una imagen muy seria.

—¿Tienes parálisis facial?

—¿Eh? —Fang Chi lo miró.

—Es esa cara de póquer. —Sun Wenqu también lo miró—. ¿No puedes sonreír?

—¿Sí? —respondió Fang Chi, y tomó la bandeja de arena para gatos antes de caminar hacia el baño—. Es solo que nada más verte, pierdo todas las ganas.

—Dios mío… En cambio, yo, encuentro nuestras reuniones especialmente divertidas —replicó Sun Wenqu con una sonrisa—, quiero reír en cuanto te veo.

Fang Chi lo ignoró, entró al baño y salió un minuto después. Luego, lo miró y le preguntó:

—¿Le pegaste o no?

—¿A quién? —Sun Wenqu abrazó a Sir Amarillo, que había saltado al sofá—. ¿A tu mamá?

—Mmm…

—¿Por qué me lo preguntas tan de repente? —Sun Wenqu pellizcó las orejas del gato.

—Porque siento que eres alguien particularmente justo y razonable.

—Al fin te das cuenta, ¿eh? —Sun Wenqu se rio.  

—¿Le pegaste? —insistió Fang Chi.

—No. —Sun Wenqu le dirigió una mirada—. ¿Te parezco un golpeador de mujeres?

 

 


Notas:

 

[1] (Mala Tang – 麻辣烫) Sopa caliente picante, es un bocadillo similar a la olla caliente que se originó en China y es popular en todas partes, a menudo vendido en puestos callejeros.

[2] Ha Magong, un maestro marcial muy poderoso. Cuando tocaba el gong, se ponía en cuclillas en el suelo, sus manos estaban dobladas a la altura de los hombros y su boca emitía un cloqueo, como una rana grande que lucha sumo. De: «La Leyenda de los Héroes del Cóndor» y «Los Héroes del Cóndor».

Traducido por alekmma
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