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FANG CHI SE QUEDÓ mirando a Sun Wenqu, quien mantuvo esa familiar sonrisa desdeñosa y burlona en su rostro en todo momento mientras hablaba, lo cual era bastante molesto, pero también fue esta actitud suya que nunca cambiaba lo que hizo que creyera que le estaba diciendo la verdad.
Sun Wenqu en verdad nunca golpeó a Fang Ying.
En realidad, después de estos últimos encuentros, Fang Chi comenzó a pensar que no parecía ser el tipo de persona que usaría la violencia contra alguien así porque sí. De hecho, si le dijeran que fue Ma Liang quien lo hizo, eso sonaría más creíble.
—Yo… ahora lo sé —dijo Fang Chi con voz apagada, luego se dio la vuelta para regresar a la cocina.
—¿Y ya está? ¿Eso es todo? —gritó Sun Wenqu, recostado en el sofá—. ¿Así de fácil estás pasando página después de golpearme y patearme?
—Lo de patearte no fue por eso. —Fang Chi volvió a salir de la cocina y lo miró—. Ya sabes muy bien por qué te pateé, ¿no? Y lo de golpearte… Si quieres, golpéame de vuelta.
—Me duelen las manos —dijo Sun Wenqu, sacudiéndolas. Era cierto; estuvo escalando un buen rato ese día y luego incluso había aumentado la dificultad. Ahora sus manos estaban muy adoloridas.
—Entonces, ¿cómo quieres resolverlo?
Sun Wenqu lo miró de frente durante mucho tiempo, luego sonrió.
—Dejémoslo por ahora. Ya pensaré en algo. Ah, por cierto, no como calabaza amarga rellena.
—La calabaza amarga que hago no es amarga. —Fang Chi frunció el ceño.
—Aunque no sea amarga, no la quiero. No es que le tenga miedo al sabor amargo. —Sun Wenqu se estiró con pereza—. No me gusta el sabor y ya.
—Entonces, ¿qué quieres comer? —preguntó Fang Chi.
—Déjame pensarlo. —Sun Wenqu se apoyó en la sien con los dedos y reflexionó un rato—. ¿Gluten de trigo?
—¿Gluten? —Fang Chi lo miró—. No creo que el supermercado de enfrente tenga.
—Los supermercados solo tienen gluten seco, ¿quién come eso? No sabe nada bien.
Fang Chi guardó silencio un momento.
—No estarás sugiriendo que haga gluten casero, ¿verdad?
—Esa es una muy buena idea —dijo Sun Wenqu de inmediato.
—¿Qué cosa? —La respuesta de Fang Chi salió un poco fuerte.
—¡Ay, qué susto me diste! —Sun Wenqu se echó a reír—. Relleno de carne con champiñones también sirve, supongo.
Fang Chi se quedó mirándolo durante un largo rato antes de dirigirse hacia la puerta.
—¿Te vas a declarar en huelga? —Sun Wenqu lo persiguió con la voz.
—Voy a comprar champiñones. —Fang Chi abrió la puerta y salió.
Al escuchar sus pasos alejarse, Sun Wenqu se sintió de buen humor sin razón aparente. Después de flexionar las muñecas un poco, se puso de pie y rascó la cabeza de Sir Amarillo.
—Ven, ¿qué tal si te escribo algo?
Sir Amarillo maulló dos veces, saltó al suelo y lo siguió al estudio con la cola erguida.
—¿Sabes? —Sun Wenqu encendió la luz del estudio y miró el papel de arroz sobre el escritorio—. Lo que más odio es la música, el Go, la caligrafía y la pintura. Y, por supuesto, la cerámica. Pero justamente esas son las cosas que mejor sé hacer, lo que otros consideran mis virtudes.
Sir Amarillo trepó por sus piernas, luego saltó sobre la mesa y cayó al lado del soporte para pinceles.
—Desde el principio, aprender estas cosas no fue por diversión. —Sun Wenqu comenzó a moler tinta despacio—. Por un lado, era para templar el carácter, y por el otro… solo por aprenderlas. Por eso no tienen gracia.
Sir Amarillo no estaba interesado en sus palabras en absoluto; se limitaba a mirar sus manos mientras molía la tinta.
—¿Te gustan? —Sun Wenqu extendió una mano frente a él—. ¿No son mis manos muy bonitas?
Sir Amarillo estiró sus patas para abrazar su mano.
—¿Qué escribo para ti? —Sun Wenqu tomó el pincel y lo sumergió poco a poco en la tinta—. Eres muy feo… ¿Te escribo algo como «Sir Amarillo el Gato es Guapísimo»?
Sir Amarillo el Gato lo ignoró.
Levantó el pincel de la piedra de entintar.
En el momento en que la punta del pincel aterrizó en el papel, se encontró con esa familiar sensación de molestia, frustración, opresión, y un placer casi autodestructivo.
Cuando Fang Chi llamó a la puerta, Sun Wenqu estaba escribiendo la última palabra. No le respondió.
Para cuando terminó de escribir, Fang Chi ya había saltado por la ventana y entrado en la casa.
Sun Wenqu dejó su pincel y cargó a Sir Amarillo en brazos.
—Sir, mire esto, ¿es de su agrado?
—Oye… —Fang Chi lo siguió al estudio y se acercó a mirar con curiosidad—. ¿Estabas escribiendo?
—Ajá —respondió Sun Wenqu. Soltó al gato, agarró el papel y lo sacudió un poco.
—Sir Ama… ¿qué? —Fang Chi solo alcanzó a ver dos palabras antes de que Sun Wenqu arrugara el papel en una bola y lo arrojara a un lado. Se quedó atónito—. Si no querías que lo viera, podías decirlo y ya, ¿era necesario eso?
—Decía «Sir Amarillo el Formidable» —dijo Sun Wenqu mientras le pasaba el gato a Fang Chi y salía del estudio—. No es que no quisiera que lo vieras, es que yo mismo no quiero verlo. Anda, ve a cocinar, tengo hambre.
Una caligrafía realmente buena.
Esto fue lo que pensó Fang Chi respecto a las palabras que alcanzó a ver, Sin embargo, el extraño comportamiento de Sun Wenqu le quitó cualquier interés por lo que decía luego. Se dio la vuelta y se fue a la cocina.
Mientras preparaba la comida, no podía decidir si cocinar solo para Sun Wenqu o también para sí mismo.
¿Comer con Sun Wenqu?
Diablos…
Lo pensó y le resultó incómodo. Decidió que lo mejor sería tomar a Sir Amarillo e irse cuando hubiera terminado.
La carne rellena con champiñones era muy fácil de hacer: carne picada ya preparada, mezclada con huevos y marinada con un poco de condimentos. Solo una cosa, no había tenido tiempo para remojar los champiñones secos, así que tuvo que comprar frescos y no eran tan fragantes.
Al principio, había planeado preparar solo algo simple para Sun Wenqu. Sin embargo, considerando que lo había golpeado sin ninguna razón, decidió hacer también una sopa con tiras de champiñones y albóndigas de carne, como una especie de disculpa.
Cuando llevó los platos listos al comedor, escuchó a Sun Wenqu hablando por teléfono. No captó mucho, pero su expresión no parecía muy buena.
—¡Ya dije que no quiero! ¡Esto no es cuestión de agachar la cabeza y ya está! —Sun Wenqu de repente pateó la mesita de café, muy irritado—. ¡¿Por qué siempre tengo que ser yo el que cede?!
Fang Chi dudó un momento antes de darse vuelta para volver a la cocina. Pensó que sería mejor mantenerse al margen de esa llamada tan desagradable.
Después de quedarse congelado un rato en la cocina, Sun Wenqu apareció con el teléfono en la mano y el ceño fruncido.
—¿Cómo pretendes que coma si no sacas los platos y cubiertos?
—Estaba esperando a que termines tu llamada. —Fang Chi sacó un juego de vajilla y lo puso sobre la mesa del comedor.
Sun Wenqu se sentó a la mesa y lo miró.
—¿Solo un juego?
—Voy a comer en casa, solo cociné para una persona —dijo Fang Chi mientras levantaba a Sir Amarillo y lo metía en el trasportín para gatos.
Cuando fue a recoger su mochila, que había tirado antes al suelo, Sun Wenqu, de repente, barrió el plato y los cubiertos al suelo con un movimiento brusco.
Fang Chi miró hacia atrás y vio el tazón partido por la mitad sobre el suelo, luego miró a Sun Wenqu.
—¿Qué te pasa?
—¿Cómo voy a comer solo? —Sun Wenqu pateó el tazón roto con una expresión infeliz.
—Yo como solo todos los días. —Fang Chi no podía entender si él estaba buscando pelea o solo estaba descargando su frustración.
—Come conmigo —ordenó Sun Wenqu, frunciendo el ceño.
Fang Chi se acercó a recoger el tazón roto y los cubiertos del suelo, los arrojó a la basura y luego fue a la cocina. Después de buscar durante mucho tiempo, encontró un tazón de plástico de color verde con pequeñas flores rosadas… Lo lavó y lo puso sobre la mesa.
—No me siento cómodo comiendo aquí. Además, que me estés mirando todo el tiempo tampoco me hace sentir cómodo, ¿sabes?
—¿No puedes tener un poco de espíritu de servicio? —Sun Wenqu todavía tenía el ceño fruncido.
—El contrato no tiene ninguna cláusula que diga que debo acompañarte a comer. —Fang Chi contuvo su disgusto. Después de todo, todavía se sentía culpable por haberlo golpeado antes.
—Ya se mencionó que el contrato puede ajustarse según las circunstancias —replicó Sun Wenqu con impaciencia—. Ahora mismo se ajusta. Hoy comes aquí.
—¿Podrías… dejar de actuar así? —Fang Chi también frunció el ceño.
Sun Wenqu no dijo una palabra, levantó la mano y volvió a barrer con la mano el tazón al suelo, sin embargo, esta vez no se rompió.
Fang Chi lo miró un momento, luego se dio la vuelta y se cargó la mochila a la espalda. Recogió el trasportín, abrió la puerta y salió.
Cuando la puerta se cerró, Sun Wenqu volvió a arrojar sus palillos al suelo.
Después de sentarse a la mesa durante unos minutos, dejó escapar un suspiro. Luego se levantó, recogió el tazón y los palillos, los lavó y encendió la televisión.
La miró mientras comía.
Las habilidades culinarias de Fang Chi eran promedio. Aunque para tratarse de un niño común, no estaba nada mal. Al menos era mucho mejor que la comida que preparaba la señora en el sitio de construcción antes. Pero para gente con gustos exigentes como Sun Wenqu era solo regular.
La carne no era lo suficientemente tierna, los champiñones estaban demasiado aguados, las cebollas verdes no estaban bien cocidas y la sopa estaba un poco salada…
Sin embargo, a pesar de sus críticas internas, se comió rápidamente toda la comida. Después de todo, tenía hambre.
***
Fang Chi se sentía muy, muy disgustado. Había comido dos tazones de fideos en el camino, pero no logró calmar la irritación que llevaba dentro.
La escuela ya lo había puesto de mal humor y, después de escapar de los problemas de allí, todavía le esperaba el impredecible y cambiante Sun Wenqu teniendo un arrebato de ira repentino. Además, Fang Ying, quien fue quien lo empujó sin descanso a las garras de Sun Wenqu, nunca volvió a contactarlo después de recibir el dinero.
Se sentía cansado por todas partes. Sin ganas de volver a casa, paseaba lentamente con Sir Amarillo por el sendero. Después de caminar un rato, sacó su teléfono y marcó un número.
El tono sonó unas veces y un hombre contestó:
—¿Hola?
—Señor Zhang, soy Fang Chi —dijo él—. ¿Está ocupado? Quisiera hablar con mi abuelo.
—Claro, claro, espera un momento. Iré a su casa —respondió el señor Zhang con alegría—. Justo hoy por la tarde me estuvo hablando de ti.
El señor Zhang era vecino de sus abuelos, alguien que prácticamente lo había visto crecer. Como sus abuelos no sabían usar teléfonos, Fang Chi siempre tenía que llamar al número del señor Zhang para comunicarse con ellos.
—¡Xiao-Chi está en el teléfono! —Se podía escuchar al señor Zhang gritar mientras caminaba—. ¿No seguías hablando de él esta tarde? ¡Y ahora ya está llamando!
—¿Ah, Xiao-Chi? —La voz de su abuelo llegó desde allí.
—Abuelo —dijo Fang Chi—. ¿Ya cenaste?
—Ya cené. Hoy tu abuela cocinó —respondió el abuelo en voz baja—. ¡Ay, estuvo demasiado mal!
—¿Y por qué no cocinas tú? —Fang Chi se rio.
—Ella no me deja, ah. —El abuelo también se rio—. Tu tía vino ayer y le dije que yo cocinaría, pero tu abuela se empecinó en hacerlo ella misma. A tu tía se le llenaron los ojos de lágrimas mientras comía.
—Ten cuidado de que mi abuela te escuche. —Fang Chi se sentó en el borde de la jardinera en la acera—. ¿Están bien de salud?
—Tu abuela está dormida, no puede oírme. Los dos estamos sanos, no tienes que preocuparte por eso —le dijo el abuelo—. Solo, cuando tengas tiempo, ven a visitarnos, ¿o ya no trabajas de guía turístico?
—No soy guía turístico, solo guía —lo corrigió Fang Chi—. No es que ya no lo sea. Si hay alguien que necesita ir a nuestra zona, claro que iré, y de paso puedo ir a verlos.
—¿Qué has querido comer estos días? Puedo hacer algo —ofreció el abuelo—. El señor Zhang dijo que iría a la ciudad en unos días, le pediré que te lo lleve. Será rápido.
—No, no hace falta… —lo rechazó Fang Chi con una sonrisa—. Quiero comer salsa de berenjena, ¿cómo me la traería? Mejor voy yo y la como allá cuando tenga tiempo.
—Bueno, entonces avísame cuando vengas, porque si vienes de repente no me da tiempo de preparar nada —dijo su abuelo con alegría.
—Mmm. —Fang Chi sonrió.
Después de conversar un rato más con el abuelo, por fin sintió que el malestar en su corazón retrocedía. Levantó los brazos, se estiró y luego recogió el trasportín para gatos.
—Vamos a casa.
Sir Amarillo no hizo ruido dentro de la bolsa. Fang Chi suspiró; una cosa tenía que admirar de Sun Wenqu: ¿cómo podía tener una relación tan buena con los gatos…?
Cuando llegó a casa, sacó la comida para gatos y sirvió medio cuenco para Sir Amarillo, pero el señor no se movió en absoluto y solo le devolvió la mirada. Aunque esta vez no tiró el cuenco al suelo, como mostrando algo de consideración.
Fang Chi lo miró por un momento y al final no pudo evitar tomar una croqueta y llevársela a la boca.
—¿Hay alguna diferencia? ¿No es toda la comida para gatos igual? ¿No actuabas como una niñita? ¿Por qué ahora no?
Sir Amarillo estiró su pata y empujó el cuenco. Fang Chi se apresuró a agarrarlo, tomó la comida enlatada que había sobrado antes y la mezcló con la comida para gatos. Esta vez, Sir Amarillo la olió y luego finalmente bajó la cabeza para empezar a comer.
Fang Chi fue a la cocina a prepararse un tazón de ravioles. Sin embargo, solo cuando recogió la olla, recordó que ya había comido.
¿Por qué se sentía como si no hubiera comido nada? Salió de la cocina mientras se palpaba el vientre. Se acercó a la computadora y quiso encenderla, pero después de pensarlo, retiró la mano y se sentó en su escritorio.
Era mejor estudiar.
Además, tenía un montón de deberes.
A las nueve, su madre le envió un mensaje preguntando cómo estaba.
Fang Chi respondió que estaba bien y preguntó a su vez cómo estaban ellos.
Su madre contestó que todos estaban bien y que siguiera estudiando.
Oh.
Fang Chi se quedó mirando su teléfono durante mucho tiempo, sintiendo que ya no había nada más que decir. Aunque después de dejarlo a un lado, siguió pensando. No sabía por qué, pero era como si nunca fuera capaz de encontrar nada de qué hablar con sus padres. No es que no los quisiera o no fuera filial, era solo que no tenía nada que decir. Y sentía que su madre tampoco encontraba nada que decir.
Era diferente con sus abuelos, podía hablar con ellos por horas y no sentirse incómodo, incluso sin decir nada en particular.
Tal vez porque, desde la infancia hasta ahora, el tiempo que pasó con sus padres no fue mucho, solo los años de secundaria. Eso hacía que, aunque quisiera acercarse, se sintiera extraño y torpe.
Justo cuando estaba a punto de continuar con la tarea, su teléfono volvió a sonar. Esta vez era una llamada de Liang Xiaotao y tan pronto como contestó, ella preguntó sin rodeos:
—¡Estás bien, ¿verdad?!
—¿Eh? —Fang Chi estaba atónito.
—Me acabo de enterar de que la Clase 6 te bloqueó, ¿es cierto? —preguntó ella con preocupación—. Y yo que pensé que no viniste al autoestudio porque aceptaste otro trabajo.
—¿Qué tipo de trabajo puedo tomar por la noche? —Fang Chi se rio—. Estoy bien, me escapé.
—¿Por qué no los acaban de una vez? Xu Zhou me estaba diciendo por teléfono que si se fueran a pelear, no habría problema en ganarles. ¡No son nada si estamos juntos! ¡Esos tipos son realmente desagradables! —Liang Xiaotao estaba un poco molesta—. No, en realidad no nos necesitas, tú solito puedes con ellos, ¿no?
—Mira cómo te emocionas —dijo Fang Chi—. La próxima vez que haya una pelea en grupo, dile a Xu Zhou que te lleve.
Liang Xiaotao resopló con fastidio.
—Te dejo, ya sé que estás bien, y todavía tengo un montón de tarea que hacer.
—Xiaotao. —Fang Chi pensó por un momento—. Mañana por la mañana, ¿me traes dos de esos buñuelos que venden abajo de tu edificio?
—¡Ah, otra vez quieres los buñuelos de allí! Está bien, te llevaré también un vaso de leche de soja —respondió Liang Xiaotao riendo.
—Mmm.
No es que los buñuelos del puesto debajo del edificio de Liang Xiaotao fueran buenos —en realidad, casi todos sabían igual—, pero Fang Chi a menudo le pedía que le llevara algunos. El anciano que los vendía se parecía mucho a su abuelo, incluso en su sonrisa y su forma de hablar.
Fang Chi se recostó sobre la mesa y empezó a golpear la punta de su nariz con el bolígrafo. Al pensar en sus abuelos, inevitablemente comenzó a extrañar el campo.
***
Sun Wenqu no se levantó hasta la tarde, y fue solo cuando Ma Liang lo llamó fuera de su casa que se despertó. Cuando se levantó, sentía que casi se desmayaba del hambre.
—Tú —dijo Ma Liang, señalándolo—, vendrás a mi-mi casa mañana.
—¿Para qué? —preguntó Sun Wenqu, ajustándose los pantalones del pijama, aún algo aturdido.
—¡Trabajo! —rugió Ma Liang, y le dio otra palmada crepitante en la espalda—. ¡Mírate, cómo estás ahora..! Pa-pareces… ¡Pareces una mi-mierda!
—Pues qué mierda tan hermosa… —Sun Wenqu se rio y se dirigió al baño.
—¡Cállate! —gritó Ma Liang de nuevo.
Solo entonces Sun Wenqu sintió que Ma Liang estaba realmente enojado esta vez.
—¿Qué pasa? —Se giró para mirarlo.
Ma Liang no dijo nada, solo se quedó mirándolo.
Sun Wenqu se sintió un poco incómodo bajo esa mirada, así que se dio la vuelta y entró al baño.
Después de salir de tomar una ducha, Ma Liang seguía mirándolo de frente, pero ahora se había instalado en el sofá.
Sun Wenqu le devolvió la mirada por un rato, casi sin pestañear, hasta que Ma Liang se puso un cigarrillo en la boca y lo encendió, sin apartar los ojos de él en ningún momento.
—Yo —dijo Sun Wenqu, señalándose a sí mismo y hablando con énfasis—, no, haré, cerámica.
—¿Entonces qué, qué harás? —replicó Ma Liang—. Si no quieres hacer cerámica, al menos esfuérzate. Ti-tienes que hacer algo.
—Aún no lo he pensado —contestó Sun Wenqu, cruzando los brazos y apoyándose contra la pared.
—Lle-llevas casi treinta… treinta putos años pensándolo. —Ma Liang lo señaló con el dedo—. Si puedes decidir… cómo será tu a-ataúd antes de mo-morir, eso ya sería un logro.
—¿Es por eso que viniste a buscarme hoy? —Sun Wenqu sonrió.
—Solo pasaba po-por aquí y pensé en invitarte a-a comer. —Ma Liang suspiró con impotencia.
—Claro, pero no saldremos. —Sun Wenqu sacó su teléfono y verificó la hora—. Vamos a esperar un poco, cuando salga de clases, le pediré a Fang Chi que venga a cocinar y comemos aquí.
—¿Fang Chi? —Ma Liang estaba un poco sorprendido.
—Ajá, justo ese hijo mío —dijo Sun Wenqu—. Me pidió prestados cien mil y firmó un contrato de venta del cuerpo.
—¿Xi’er y Huang… Shiren?[1] —Ma Liang seguía sorprendido.
—¡Ey, a dónde voló tu imaginación?! —se rio Sun Wenqu—. Solo le pido que me cocine, ordene la casa y esas cosas, ¡estoy siguiendo la voluntad divina y educando un poco a esa calamidad que es la flor en ciernes de la patria!
—Oh, vamos… —Ma Liang negó con la cabeza—. Estás loco, ¿cómo puedes poner tus o-ojos en ese brotecito?
—¡No, para nada! —exclamó Sun Wenqu dando un respingo mientras reía—. Es en serio, no. Ese niño es tan… no sé, ni siquiera sabe sonreír. Cada vez que lo veo, me pregunto si en otra vida le hice algo imperdonable.
—Te-te pondrá laxantes en la comida —dijo Ma Liang.
—No es para tanto. Aunque, la verdad, su comida no es la gran cosa. —Sun Wenqu se dejó caer a su lado—. Hoy no quiero salir, eso es todo. Mejor, pasemos la noche en casa, tomando algo y charlando en familia.
***
Fang Chi y Xu Zhou estaban de pie en la entrada de la escuela y enfrente estaban los de la Clase 6, pero a diferencia de ayer —ayer fue un ataque furtivo—, hoy estaban cara a cara y además Fang Chi no estaba solo, por lo que nadie se atrevió a acercarse.
Su teléfono seguía sonando, era la tercera llamada de Sun Wenqu que no se dignaba en responder.
—Te lo pido, si no vas a contestar, apaga ese teléfono. —Xu Zhou estaba a su lado y no pudo aguantarlo más—. Es molesto.
—Vamos. —Fang Chi se guardó el teléfono en el bolsillo—. Llévame hoy, Liang Xiaotao no se irá a casa.
—¿No que el mundo no era lo suficientemente grande para tus pies? —Xu Zhou se rio y palmeó el asiento trasero de su scooter—. Sube.
Cuando entró la sexta llamada de Sun Wenqu, Fang Chi por fin se decidió a contestar.
—¿Por qué no atiendes el teléfono? —preguntó Sun Wenqu, muy insatisfecho.
—¿Pasa algo?
—¡Vaya! De verdad te declaraste en huelga, ¿eh?
—Mmm —soltó Fang Chi en acuerdo.
—No es para tanto, solo rompí un tazón, no es como si te lo hubiera arrojado a ti o roto tu tazón. —Sun Wenqu no podía entenderlo—. ¿Es necesario tanto drama?
—Sí, lo es… —susurró Fang Chi detrás de Xu Zhou, encogiéndose para evitar el viento—. Me disculpo formalmente contigo por golpearte. Solo quiero decir que… si te queda mal y quieres golpearme, adelante, pero no…
—Tengo un invitado hoy, ven y ayúdame a cocinar. —Sun Wenqu pensó por un momento—. Hice un dibujo de ti y Sir Amarillo.
—¿Un dibujo? —Fang Chi se sorprendió un poco. Además de escribir tan bien, ¿Sun Wenqu también sabía dibujar?
¿Sería pintura en tinta?
¿Sir Amarillo y su siervo paleador de mierda en pintura?
—¿Te interesa? Si lo quieres, ven a buscarlo —dijo Sun Wenqu.
—Quiero agregar una cláusula a ese contrato —repuso Fang Chi—. Si estás de acuerdo, iré. Si no, olvídalo.
—¿Ah, sí? ¿Si no estoy de acuerdo, vas a dejarlo? —La voz de Sun Wenqu se volvió de inmediato menos amigable—. Vaya, tienes mucha cara.
—No es que tenga mucha cara —respondió Fang Chi con firmeza—. O aceptas, o lo que pase después es cosa tuya. Si quieres golpearme, insultarme, o hacer lo que sea, da igual, lo aceptaré.
Hubo un silencio del otro lado de la línea. Un rato después, Sun Wenqu preguntó:
—¿Qué quieres agregar? Cuéntame, a ver qué dices.
—Esas cláusulas adicionales «según las circunstancias», tienes que discutirlas conmigo —respondió Fang Chi con el ceño fruncido—. No puedes hacer lo que te dé la gana, no estamos jugando a la casita.
—¿Eso es todo? —Sun Wenqu se rio—. Está bien, está bien, está bien, no hay problema en agregar eso.
—¿Lo prometes? —lo confirmó Fang Chi de nuevo.
El carácter errático de Sun Wenqu, que oscilaba sin previo aviso entre frío y cálido, brillante y oscuro, a veces apresurado y otras veces lento, de verdad lo tenía desconcertado.
—Lo prometo, tienes mi palabra —aceptó Sun Wenqu—. Anda, ven a verte a ti y a tu gato.
Notas:
[1] Son personajes de una ópera llamada «La Chica de Pelo Blanco». Huang Shiren es un hombre nacido en cuna de oro, que desde joven, desarrolló el mal comportamiento de ser un libertino lujurioso. Huang Shiren le prestó dinero al padre de Xi’er. Más tarde, el hombre no pudo pagar el dinero, por lo que Huang Shiren propuso usar a la hija de este, Xi’er, para pagar la deuda. El padre se resistió y fue golpeado hasta la muerte, y Xi’er también fue llevada a la casa Huang… etc.