XII. ¿CUÁNTOS AÑOS LLEVABA SIN DESARROLLARSE EL CEREBRO DE ESTA PERSONA?

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XU ZHOU LLEVÓ A FANG Chi hasta la intersección. Desde allí, tendría que girar en otra dirección para ir a la casa de Sun Wenqu, que todavía estaba bastante lejos. Pero Fang Chi no le permitió seguir acercándolo, sino Xu Zhou no tendría tiempo de ir comer.

—Ey, ¿qué estás haciendo? —preguntó Xu Zhou.

—Cocinar —respondió Fang Chi—, limpiar la casa, lavar la ropa…

—¿Servicio doméstico…? ¿No ganas bien en el club? ¿Por qué conseguiste un trabajo de medio tiempo? —Xu Zhou lo miró. Todos en su clase sabían que Fang Chi vivía solo en la ciudad y que sus gastos diarios dependían de los premios de competiciones y de su trabajo como guía. También sabían que sus ingresos eran bastante buenos.

—Es difícil de explicar. —Fang Chi suspiró y le palmeó el hombro—. Me voy.

Fang Chi estaba muy interesado en el dibujo que pintó Sun Wenqu y accedió a ir en primer lugar para verlo, aunque no sabía qué tipo de ilustración de él y Sir Amarillo habría hecho. Si fuera como su caligrafía, entonces sería realmente bueno. Podría enmarcarlo y colgarlo en su casa.

A veces le sorprendía pensar que un tipo de la naturaleza de Sun Wenqu en realidad pudiera estar relacionado con cosas como la pintura y la caligrafía. Además, el hecho de que hiciera dibujos para otras personas lo conmovió un poco por alguna extraña razón, más allá de las cosas que no podía aceptar de él.

La puerta del patio de Sun Wenqu estaba abierta y el Beetle de ese día estaba estacionado afuera.

Entró al patio y llamó a la puerta. Había invitados, así que no saltó por la ventana para darle un poco de cara a Sun Wenqu.

Alguien se acercó y abrió la puerta; era Ma Liang.

Fang Chi no sabía cómo llamarlo, ¿hermano o… tío…?

—Hola. —Después de dudar unos segundos, omitió el título.

—Oh, es mi sobrino —respondió Ma Liang con una sonrisa—. Te he estado esperando durante mu-mucho tiempo.

—Acabo de salir de la escuela. —Fang Chi entró en la casa y dejó su mochila en el piso junto a la pared—. No hay víveres, ¿verdad?

—Hay. Fui a comprar con tu tío Liang-zi. —Sun Wenqu salió del estudio con un rollo de papel de arroz en la mano, donde se podían ver trazos de tinta—. Solo tienes que cocinar.

—Oh —contestó Fang Chi, mirando el papel en su mano. ¿Sería de verdad un gato en tinta?

—Esto es para ti. —Sun Wenqu le pasó el rollo—. Me tomó todo el día pintarlo.

—Incluso e-stá firmado —añadió Ma Liang, sonriendo.

—Oh. —Fang Chi tomó el rollo y lo abrió sin prisa.

Tal vez porque había estado pensando que se trataba de una pintura en tinta, sobre todo artística, elegante y con un estilo especial… cuando desplegó la pintura con cuidado y vio que el contenido no coincidía en absoluto con el tamaño del papel, se quedó congelado durante medio minuto, incapaz de reaccionar.

La pintura era muy buena y, de hecho, estaba hecha con un pincel. Además, era muy clara y vívida. La cara seria de Sir Amarillo como todo un lord fue muy bien capturada en el papel. De un vistazo, era evidente que se trataba de Sir Amarillo. En cuanto al siervo encargado de palear la mierda a su lado…

—Hiciste… —Fang Chi sonrió sin poder evitarlo—. ¿Hiciste una versión chibi?

—¿Por qué, no te gusta la versión chibi? —preguntó Sun Wenqu—. Invertí mucho tiempo en hacerte este dibujo.

En efecto, esta seguía siendo una pintura, dibujada con un pincel sobre papel de arroz que debía medir dos metros de largo. Los tonos de tinta eran consistentes y la composición, equilibrada. La jerarquía  entre amo y sirviente también era clara. Lo imaginario y lo real en contraste y armonía…  pero del tamaño de una palma.

Tanto él como Sir Amarillo estaban pintados de manera muy adorable y, de hecho, la firma de Sun Wenqu estaba al lado. Esta situación inesperada hizo que Fang Chi no pudiera contener una risita mientras miraba la pintura.

—El dibujo de verdad le to-tomó buena parte del día… Creo que ca-casi media hora. —Ma Liang también se rio desde un costado.

—¿Te gusta o no? Dime algo. —Sun Wenqu lo miró con los brazos cruzados.

—Me gusta mucho. —Fang Chi volvió a enrrollar la pintura—. Gracias.

—De nada. —Sun Wenqu curvó los labios en una sonrisa—. Más que nada, quería ver si podías sonreír, aunque no esperaba que tuvieras hoyuelos.

Fang Chi se quedó helado un momento, pensando en cómo se había reído antes, y se sintió algo avergonzado. Se dio la vuelta, dejó la pintura sobre la mesita de café y se dirigió a la cocina.

Los víveres que Sun Wenqu y Ma Liang habían ido a comprar estaban todos apilados en la encimera de la cocina, junto con un montón de condimentos con nombres en idiomas extranjeros. Fang Chi no podía reconocer qué eran, así que abrió uno y lo probó para adivinar.

—¿E-es suficiente? —preguntó Ma Liang, desde la puerta de la cocina.

—Sí, suficiente para una semana. —Fang Chi miró los víveres—. ¿Ustedes solían manejar una pensión?

—Así no tienes que andar co-correteando tanto. —Ma Liang sonrió—. Gracias por tu arduo trabajo, sobrino mío. Hazlo su-suave, a tu padre le gusta así, la comida.

Fang Chi le devolvió la mirada.

—Es tu querido padre, ¿no? —Ma Liang se rio tanto que sus ojos casi habían desaparecido, luego se dio la vuelta para volver a la sala de estar.

Fang Chi sacó las verduras y los otros ingredientes. Sí que era verdad: Dios los hace y ellos se juntan. Ma Liang, aunque con esa boca tartamuda suya, todavía era capaz de lanzar espinas punzantes en cuanto la abría.

—Ah, comeremos juntos en un rato. —Ma Liang volvió a aparecer—. Tu querido pa-padre tiene un bu-buen vino aquí.

—Oh… —dijo Fang Chi.

—¿Cuánto ti-tiempo te llevará pintar esto? —preguntó Ma Liang al entrar al estudio.

Sun Wenqu estaba mirando una pintura sobre la mesa; apenas un boceto de Sir Amarillo.

—No sé, unos dos días quizá. Estoy un poco oxidado.

—¿Por qué de repente te tomas esto ta-tan en serio? —Ma Liang lo miró.

—Por aburrimiento. —Sun Wenqu sonrió. La pintura aún no estaba terminada, pero para hacer que Fang Chi viniera, había hecho una versión chibi a último minuto—. Ayer intenté escribir algo para Luo Peng, pero pasó una eternidad y todavía no pude hacerlo. Tenía las manos muy agarrotadas. Así que me puse a dibujar y escribir al azar para soltarme.

—¿De verdad va a colgar junto, a su cama «Viejo… pero muy vigoroso»? —Ma Liang se rio.

—Hum, también podría ser algo como «Una vaca vieja puede tirar mejor de un carro», o «Un caballo viejo conoce todos los caminos». —Sun Wenqu pensó un momento—. ¿También irás con ellos a escalar la montaña?

—Iré, si tú vas —dijo Ma Liang—. Con Bowen no te-tengo de qué hablar.

—Sin contexto, cualquiera pensaría que estamos metidos en un triángulo amoroso o algo así. —Sun Wenqu chasqueó la lengua.

—¿U-un desperdicio inútil co-como tú? —Ma Liang lo miró de reojo—. No eres mi-mi tipo.

—¡Vete a la mierda! —Sun Wenqu le lanzó una mirada desdeñosa. Solo Ma Liang podía hablarle así sin que se enojara de verdad.

Este era un punto sensible para él. Si alguien más se atreviera a empujarlo así, podría terminar con la piedra de entintar en la cara.

Aunque Fang Chi sabía cocinar, es probable que no estuviera acostumbrado a preparar platos demasiado complejos. Sun Wenqu había estado sentado en la sala de estar solo media hora y ya lo había escuchado dejar caer la espátula cuatro veces y un tazón una vez.

—¿Mi espátula sigue viva? —gritó.

Fang Chi no respondió, solo extendió una mano y agitó la espátula hacia la sala de estar.

—Se descontará de tu salario si la rompes —agregó Sun Wenqu.

No hubo respuesta desde la cocina, solo un «swish» de los ingredientes cayendo en la sartén.

Para tres personas, Fang Chi preparó cuatro platos y una sopa: costillas de cerdo, pescado, berenjenas con carne picada y ensalada, además de una sopa de pepino con huevos en conserva.

La presentación no era la mejor; los platos estaban amontonados y los bordes de los mismos tenían salpicaduras de salsa, pero el olor era aceptable.

—Este es mi nivel, conformémonos con esto —dijo Fang Chi.

—¿Un poco de vino? —Sun Wenqu sacó una botella de quién sabe qué vino del gabinete, pero cuando estaba a punto de verterla en el vaso frente a Fang Chi, se detuvo—. Oh, no puedes beber, aún eres menor de edad.

Fang Chi lo miró sin decir nada.

Ma Liang le quitó la botella y sirvió el vino para Fang Chi.

—¿Qué tipo de vino es este? —preguntó Fang Chi. La botella estaba cubierta de intrincadas letras de algún idioma extranjero y el diseño era tan abstracto que no se podía entender.

—Erguotou Estrella Roja del 82. —Sun Wenqu señaló su vaso—. Pruébalo primero, o ¿quieres que te dé un poco con los palillos?

—Ba-basta ya. —Ma Liang miró a Sun Wenqu—. ¿Ustedes dos todavía no se-se cansan de ese ju-juego? 

—De todos modos, ¿cuántos años tienes? —Sun Wenqu se sentó frente a Fang Chi—. ¿Ya eres mayor de edad?

—Ten…

Fang Chi apenas comenzó a hablar cuando Sun Wenqu lo interrumpió.

—Te golpearé si vuelves a decir que tienes catorce años y estás en octavo grado. —Lo señaló con el dedo.

—Soy mayor de edad —suspiró Fang Chi con resignación.

—Tercero de prepa, ¿verdad? —Sun Wenqu sonrió—. Solo los de tercero también tienen que ir a la escuela para el autoestudio nocturno.

—Mmm —soltó Fang Chi.

—Eres todo un actor, en serio quiero preguntarte, ¿qué poder divino te empuja a involucrarte tanto? —Sun Wenqu cortó un trozo de costillas—. Mmm, esta costilla no está nada mal, un corazón delicioso debajo de la fea apariencia… ¿Qué relación tienes con Fang Ying?

—Es mi prima. —Fang Chi bajó la cabeza y comió un bocado de ensalada.

—¿Cómo es qué nunca supe que tenía un pequeño pariente como tú? —Sun Wenqu pensó por un momento.

—Cuando ustedes dos salían, yo todavía no iba a la escuela. Tampoco vivíamos en el mismo lugar. —Fang Chi lo miró por un segundo—. ¿De verdad salieron?

—¿Salimos? —Sun Wenqu se giró y le preguntó a Ma Liang.

—Caray… —Ma Liang también estaba comiendo una costilla y habló con la boca llena—. ¿Debería de-decir que sí o que no-no? Ah, ¿lo del chantaje ya está za-zanjado?

—Sí, ya pasó —respondió Sun Wenqu.

—Entonces sí, salieron —asintió Ma Liang—. El primer… amor, ingenuo e i-inexperto.

—O sea que tú… —Fang Chi levantó la cabeza y miró a Sun Wenqu—. Tú…

—No, no la abandoné luego de usarla ni nada de eso —repuso Sun Wenqu de inmediato—. Ella se cambió de escuela y rompimos. Fue ella quien lo decidió, aunque tampoco me afectó mucho.

—Oh. —Fang Chi volvió a bajar la cabeza, sintiéndose un poco avergonzado.

—Vamos, brindemos. —Ma Liang levantó su vaso—. Por… las habilidades cu-culinarias de mi sobrino.

—Por el primer contrato de venta de mi hijo. —Sun Wenqu también levantó su vaso.

Fang Chi se quedó un poco sin palabras, así que solo levantó su vaso en silencio.

—¿No vas a decir nada? ¿Nada por lo que brindar? —​​Sun Wenqu entrecerró los ojos.

—Pues por ustedes —dijo Fang Chi.

—¡Salud!—Ma Liang tomó un sorbo de vino con una sonrisa—. Puedes brindar por tu pa… tu pa… tu pa…

Fang Chi lo miró, frunciendo el ceño.

—¡Tu particular vida! —terminó Ma Liang—. Llena de altibajos.

—Ay… —Fang Chi casi se ríe.

Cuando estaba con Ma Liang, Sun Wenqu se comportaba de manera más normal que de costumbre. No era raro al charlar ni al hablar, y tampoco se burlaba de él.

Fang Chi se sintió en verdad tan conmovido que enterró la cabeza en su comida y se la terminó en dos o tres bocados.

—Los jóvenes sí que son diferentes. —Sun Wenqu lo miró—. Es como alimentar a un cerdo, sin tener que preocuparse por nada más.

—¿Esa boca tuya en serio nunca ha hecho que te golpeen? —preguntó Fang Chi.

—Lo ha hecho… —Sun Wenqu comió otro bocado de su comida—. ¿No fuiste tú?

Ma Liang no pudo contenerse y se echó a reír por un largo rato.

—Está en la me-menopausia. Antes no era así.

Después de comer, Fang Chi recogió los platos y fue a lavarlos mientras Sun Wenqu y Ma Liang charlaban en la sala de estar. Se notaba que, aunque Ma Liang todavía tartamudeaba un poco, su tono era distinto al de la comida: aunque no se escuchaba bien lo decía, sonaba más serio.

Sun Wenqu permaneció en silencio todo el tiempo, como si Ma Liang estuviera recitando en soledad; lástima que tuviera algunas pausas titubeantes.

Ese contrato de servicio incluía lavar, cocinar y limpiar la casa. Después de que Fang Chi terminó con los platos, también metió a lavar la ropa que Sun Wenqu había dejado junto a la lavadora.

—Me voy, tengo que ir a la escuela. Ayer no fui y me cayó una buena reprimenda. —Fang Chi caminó hacia la sala de estar, donde Sun Wenqu estaba preparando té con un juego de porcelana.

—¿Una taza de té? —preguntó él—. Para que no te de sueño más tarde.

—No, no bebo té, me causa insomnio. —Fang Chi recogió su mochila.

—¿Caminando de nuevo? —Sun Wenqu lo miró—. Oh, ¿tanto tiempo como chantajista y todavía no conseguiste un vehículo? Una bicicleta al menos…

—Tengo una —replicó Fang Chi mientras se ponía los audífonos y abría la puerta—. Es solo que me gusta caminar.

Fang Chi tenía una bicicleta que se compró hace unos años, pero apenas la usaba. Prefería caminar.

Caminar podía hacerle sentir con los pies en la tierra además de que servía como ejercicio. Tal vez, en parte, también le recordaba su infancia, los días en que solía correr por montes y colinas siguiendo a su abuelo.

Ah, los recuerdos de la niñez de verdad se grababan a fuego en la memoria.

Xu Zhou solía decir eso. Él pasó toda su infancia jugando videojuegos, así que ahora nadie podía moverlo de su nido cuando jugaba uno.

Fang Chi creía que tenía algo de razón. Incluso en sus sueños, a veces podía encontrarse con verdes paisajes y, en ocasiones, hasta creía oler la humedad de la tierra.

—¡Hello! —De repente, tras terminarse la canción que sonaba en sus auriculares, se oyó una voz.

Fang Chi se sobresaltó y, por un momento, no supo si el sonido provenía de los auriculares o si alguien había gritado a su lado.

Mientras miraba de izquierda a derecha, la voz volvió a sonar:

—Esa música que escuchas es aburridísima. ¡La próxima vez te paso algo con más ritmo!

Esta vez, Fang Chi reconoció la voz. Era Sun Wenqu.

—¿Qué mierda? —Sacó el MP3 de su bolsillo. ¡Era una grabación!

Seguramente, cuando dejó el aparato sobre la mesa para ir a cocinar, Sun Wenqu lo tomó y…

Se quitó los auriculares, borró la grabación y revisó que no hubiera más archivos de audio, para no llevarse otro susto a mitad del camino.

¿Cuántos años llevaba sin desarrollarse el cerebro de esta persona? Aunque lo miraras desde 360 grados, o incluso 3600 grados, ¡jamás pensarías que está en sus casi treinta!

***

Sun Wenqu retomó su viejo hábito de hacer ejercicio.

Se levantó de buen humor y, después de casi toda una mañana de trabajo, logró terminar el dibujo que le estaba haciendo a Fang Chi. Luego de un breve descanso, salió de casa.

El gimnasio al lado de la urbanización al que solía ir había cambiado de dueño y ahora tenía un diseño renovado, con un aire casi de club privado. Nada más entrar, se vio rodeado de varios entrenadores personales.

Escogió hablar con uno que, dentro de lo que cabía, le parecía más agradable a la vista e intercambió algunas palabras con él. Los otros, al darse cuenta, se alejaron, dándole la sensación de estar eligiendo compañía en un club nocturno.

El entrenador se apellidaba Yang. Decir que era «más agradable a la vista» tenía su razón de ser: en cualquier otro contexto, el tipo no destacaría. Solo que, comparado con los demás, al menos no tenía un físico exageradamente musculoso, como un triángulo invertido o una figura desproporcionada.

—¿Le gustaría que le explique los programas? ¿Está buscando ganar músculo o…? —El entrenador Yang abrió la carpeta en su mano.

—No hace falta que me expliques, me mareo de solo escucharlo. —Sun Wenqu hizo un gesto con la mano—. Solo quiero una membresía. Dos horas al día. Mi objetivo no es engordar, pero tampoco verme esquelético. Lo demás, lo dejo en tus manos.

—¡De acuerdo! —El entrenador Yang sonrió de inmediato—. Le haré una cotización.

—Mmm. —Sun Wenqu se levantó y recorrió la zona de máquinas. Todo era nuevo y bastante completo.

Solía ​​​​ir al gimnasio no por el ejercicio en sí, sino para matar el tiempo y, de paso, echarle el ojo a gente con buen físico. Pero ahora que regresó, sentía que nada le entusiasmaba demasiado. Solo quedaba la parte de matar el tiempo.

—¿Sun-ge? —Una voz sonó a sus espaldas—. ¿Eres Sun-ge? ¿Sun Wenqu?

Sun Wenqu se giró y se encontró con un hombre sin camiseta. Por el mechón azul que le sobresalía de su cabeza, lo reconoció de inmediato.

—Ah, Xiao Ji. [1]

—¡Qué coincidencia! ¿Sun-ge también viene a ejercitarse aquí? —Xiao Ji se acercó balanceando una mancuerna.

—Vivo aquí al lado. —Sun Wenqu retrocedió.

—Ah, cierto. —Xiao Ji pareció recordarlo—. Vives en el edificio de al lado… ¿Te ha crecido el cabello? ¿Por qué no me llamaste para arreglarlo?

—¿Ha crecido? —Sun Wenqu se miró en el espejo a un costado—. Si puede crecer en tan pocos días, es que debo estar comiendo algunos suplementos de rápido crecimiento.

—Podrías recortarlo un poco o, mejor aún, teñírtelo. Tu cabello es muy negro, se ve apagado. —Xiao Ji se paró a su lado y miró su reflejo mientras balanceaba una mancuerna—. O podrías hacerte reflejos, está más de moda.

Sun Wenqu miró el mechón azul en la cabeza de Xiao Ji y dijo con firmeza:

—No.

—¡Oye, no me tomes de ejemplo! Yo lo hago para enfatizar el sentido del diseño. —Xiao Ji se acarició el cabello—. Si lo hiciera para ti, sería algo completamente diferente.

—Si me decido por algo, te llamaré —dijo Sun Wenqu.

Después de charlar un poco con Xiao Ji, el entrenador Yang se acercó para informarle que ya podía inscribirse y le mostró los precios.

Sun Wenqu no se molestó en revisar y pagó directamente.

—¿Entonces empezamos hoy o…? —preguntó el entrenador Yang.

—Ya estoy aquí, ¿no? Comencemos hoy mismo —respondió Sun Wenqu.

—Perfecto, primero te explicaré el plan de entrenamiento diario. —El entrenador Yang se apresuró a sacar una hoja con el programa de ejercicios.

—No hace falta, solo dime qué tengo que hacer —dijo Sun Wenqu.

No sabía por qué, pero no soportaba que le explicaran cosas. Ya fuera Xiao Ji describiéndole estilos de corte de pelo o el entrenador Yang detallando el plan de entrenamiento; cada vez que alguien intentaba explicarle algo, le ponía de mal humor y era incapaz de escuchar nada.

Después de dos horas de ejercicio y de sudar a mares, Sun Wenqu se sintió muy revitalizado. Sin embargo, al llegar a casa, se dio una ducha, se dejó caer en el sofá y entonces notó el cansancio. No tuvo fuerzas ni para ir a la cama; simplemente se acurrucó en el sofá y se quedó dormido.

La calidad del sueño siempre era muy buena después de una ronda de ejercicio. Ni siquiera soñó y tampoco supo cuánto tiempo durmió, hasta que alguien empezó a empujarlo varias veces. Medio aturdido, fue despertando poco a poco.

Luego, pegó un salto del susto —asustado al darse cuenta de que había alguien en su casa tocándolo— y se despertó del todo.

—Soy yo. —Fang Chi estaba frente a él, con la frente empapada de sudor.

—Espera… ¿no había cerrado la ventana? —Sun Wenqu se levantó y miró hacia ella. Seguía cerrada—. ¿Cómo entraste?

Fang Chi suspiró y levantó la mano, donde sostenía un juego de llaves. 

—Las dejaste puestas en la puerta. ¿De verdad nunca te han robado con lo descuidado que eres?

—No. —Sun Wenqu tomó las llaves y las arrojó sobre la mesa—. Hoy con algo rápido basta, fideos o algo así. Hice demasiado ejercicio en la tarde y no tengo hambre.

—Deberías estar muriéndote de hambre si hiciste mucho ejercicio, ¿no? —Fang Chi se quitó los auriculares y los puso sobre la mesa. Cuando sacó su MP3 para dejarlo también, miró a Sun Wenqu—. No vuelvas a grabarme cosas en esto. Ayer casi me da un infarto.

—Tienes el coraje del tamaño de una semilla de sésamo… —Sun Wenqu se rio—. Es que tu música es aburridísima. En mi computadora tengo montones de canciones buenas, puedes elegir algunas.

Fang Chi recordó el gravity de Sun Wenqu ese día y las canciones en inglés en el auto. Negó con la cabeza.

—No entiendo lo que escuchas. Mejor sigo con mi música aburrida.

—Uno aquí tratando de refinar tus gustos. —Sun Wenqu chasqueó la lengua—. No tienes aspiraciones.

—Sí, porque tú eres muy aspiracional —replicó Fang Chi sin pensar mientras iba a la cocina—. ¿Te hago unos fideos fríos…?

—Repítelo si te atreves, carajo. —La voz de Sun Wenqu se enfrió de repente.

Fang Chi se detuvo, sorprendido. Cuando se giró, vio que la expresión de Sun Wenqu era muy fea. Se sintió muy confundido, sin saber cuál de sus colas había pisado esta vez.

—¿Qué pasa? —preguntó.

Sun Wenqu lo miró en silencio unos segundos. Luego frunció el ceño e hizo un ademán con la mano.

—Nada. Haz los fideos.

Fang Chi preparó una salsa sencilla, la sirvió sobre los fideos y le llevó un tazón a Sun Wenqu.

—No puedo comer tanto. —Sun Wenqu miró los fideos—. Lo preparaste según tu apetito, ¿verdad?

—No. —Fang Chi volvió a la cocina, tomó un tazón más pequeño y apartó un poco de los fideos—. Si lo hubiera hecho según mi apetito, serían dos tazones. Como dijiste que no tenías mucha hambre, te reduje la porción a la mitad. Ahí tienes.

Sun Wenqu probó un bocado.

—Oye, tus fideos están a años luz de tus otros platos.

—Como fideos todo el tiempo, cocino cientos de tazones al año, así que ya los perfeccioné —dijo Fang Chi. Bajó la cabeza y, en solo dos bocados, se terminó la porción que había apartado.

—Comes tanto y no engordas. —Sun Wenqu lo miró mientras comía—. ¿Es porque caminas mucho o porque siempre estás huyendo por tu vida?

—No es que siempre esté huyendo —replicó Fang Chi—. Corro cuando no estoy entrenando.

—¿Entrenando? —Sun Wenqu enarcó una ceja—. ¿Entrenando para qué?


 

Notas:

[1] Aquí Sun Wenqu en realidad está diciendo (小鸡 – polluelo, pollito) en lugar de (小叽 – Xiao Ji), pero ambos suenan igual.

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