XXIV. TU TRASERO YA DEBE PESAR UNOS VEINTE KILOS

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HOY, FANG CHI FUE MUY eficiente en la redacción de su tarea, y aunque todavía tenía problemas con algunas cosas, seguía escribiendo de todos modos. Si estuviera en la escuela, era posible que se detuviera luego de responder un par de preguntas para charlar un rato, o incluso para tomar una siesta. Y si estuviera en su casa, era todavía más probable que se distrajera para molestar a su gato o cocinar fideos; entonces caería la noche y no habría hecho nada.

Un entorno desconocido parecía hacer que uno se concentrara mejor. Por otro lado, era sorprendente que Sun Wenqu, «la gárgola aburrida, arrogante y ansiosa con mucho tiempo libre», no hubiera venido a atormentarlo en todo ese tiempo.

Dejó los ejercicios que no sabía hacer y resolvió primero todas las que podía. Así, si realmente tenía que consultar a Sun Wenqu, no iría a hacerlo a cada rato, sino solo una vez.

No había reloj en el estudio y había dejado su teléfono en la sala, así que no tenía idea de cuánto tiempo llevaba peleando con su tarea en el escritorio. Aun así, tenía la sensación de estar luchando duro.

Después de un tiempo desconocido, la puerta del estudio fue golpeada suavemente dos veces. Sun Wenqu la abrió un poco y asomó la cabeza.

—Llevas una hora. Tómate diez minutos de descanso.

¿Solo una hora? Fang Chi estaba un poco sorprendido. ¿Solo había pasado una hora después de tanto tiempo?

Sin embargo, el hecho de que Sun Wenqu le recordara tomar un descanso lo sorprendió aún más. Pero antes de que pudiera levantarse, Sun Wenqu agregó:

—Estar demasiado tiempo sentado hace que el trasero engorde.

—Oh… —Fang Chi de repente ya no quería moverse. Esa persona simplemente no podía ser normal por más de un segundo.

—Compré chocolate —continuó Sun Wenqu—. ¿Puedes prepararlo?

Fang Chi ya había llegado a la puerta del estudio y se detuvo después de escuchar esto.

—¿No me dijiste que descansara?

—¿No es eso descansar? El descanso se puede dividir en descanso activo y descanso pasivo. —Sun Wenqu sonrió y se dejó caer de nuevo en el sofá—. Preparar chocolate caliente se considera descanso activo.

—Entonces se puede decir que tú te la pasas en descanso pasivo, deberías practicar descanso activo y moverte un poco, ¿no crees?

—¿No puedes aprender nada bueno de los demás? —Sun Wenqu chasqueó la lengua.

—Te pasas el día tumbado en el sofá como si fueras un bonsái. —Fang Chi fue a la cocina. Aunque no se perdió la cena, ahora que Sun Wenqu mencionó el chocolate, estaba realmente hambriento de nuevo—. Si es verdad lo que dices, tu trasero ya debe pesar unos veinte kilos.

Cuando Sun Wenqu escuchó eso, se echó a reír muy fuerte y durante mucho tiempo.

—No sabría decirte, ¿quieres comprobarlo?

Fang Chi cerró la puerta de la cocina.

Cuando terminó de preparar el chocolate, la administración de viviendas finalmente había enviado a un trabajador para que sustituyera los vidrios de las ventanas. La ventana fue reemplazada muy rápido, pero Fang Chi estaba un poco nervioso e hizo guardia a un lado, temeroso y por si acaso alguien preguntaba cómo es que la ventana ya estaba forzada antes de que llegara el ladrón.

Mientras tanto, Sun Wenqu estaba sentado dentro bebiendo chocolate, sin mirar siquiera por encima del hombro. Cuando el trabajador terminó de arreglar la ventana y le pidió el pago, simplemente sacó el dinero y se lo entregó, sin preguntar nada más.

—Tienes un corazón realmente grande y despreocupado —dijo Fang Chi.

—Es muy grande, sí. —Sun Wenqu miraba la televisión—. Bienvenido a la pradera.

—Iré a barrer esos vidrios rotos. —Fang Chi llevó el biombo de vuelta al estudio.

—El servicio de limpieza se encargará mañana. Por cómo barres tú, parece más probable que termines cortándote la mano —respondió Sun Wenqu con una sonrisa.

—Entonces yo… —Fang Chi vaciló antes de servirse una taza de chocolate—. Seguiré haciendo mi tarea.

—¿Hay algo que no entiendas? —Sun Wenqu lo miró de reojo.

—Sí —dijo Fang Chi—. Te preguntaré más tarde, cuando termine.

—Voy a explicarte los problemas, no a hacerlos por ti —aclaró Sun Wenqu.

—Ya sé. —Fang Chi tomó su teléfono y regresó al estudio.

Estos trabajos prácticos y varios cuestionarios, que dejaba para más tarde, por lo general Fang Chi no podría terminar de hacerlos todos en una noche, pero milagrosamente, casi lo logró hoy.

Para ser honesto, le gustaba mucho el escritorio de Sun Wenqu, que parecía no coincidir en absoluto con la personalidad de su dueño, y que de alguna manera hacía que uno calmara su mente.

Al ver la hora, notó que aún faltaba para el final del horario habitual del autoestudio nocturno, entonces recogió las hojas con los ejercicios que no pudo hacer y salió del estudio.

Sun Wenqu estaba sentado en el sofá, pero ya no estaba viendo la televisión. Había bajado el volumen al mínimo y ahora jugaba un videojuego de carreras. Cuando lo vio salir, solo lo miró por un segundo antes de regresar su atención a la televisión.

—¿Terminaste?

—Ajá. —Fang Chi miró la pantalla. Hacía mucho tiempo que no jugaba a nada. En casa evitaba encender la computadora lo más posible para no caer en la tentación. Pero ahora que veía jugar a Sun Wenqu, sintió un ligero cosquilleo en las manos.

—Si es así, ayúdame a encender el sonido —pidió Sun Wenqu.

Fang Chi subió el volumen y la habitación se llenó de inmediato con el sonido de la música, mezclado con el de los neumáticos derrapando en el pavimento, creando una atmósfera emocionante.

—Te explicaré después de esta vuelta —dijo Sun Wenqu mientras manipulaba el control.

—Oh. —Fang Chi se sentó en el sofá.

A pesar de que Sun Wenqu parecía una persona perezosa que no tenía energía para hacer nada, era bastante bueno jugando. Se veía muy concentrado y sus manos se movían con agilidad y destreza al manejar el control.

Fang Chi lo observó por un rato, incapaz de evitar que sus ojos se posaran en sus manos.

Tenía manos delgadas, de piel clara y dedos largos…

De repente, Sun Wenqu soltó el control con la mano derecha y levantó dos dedos en señal de victoria. Fang Chi se quedó perplejo por un momento.

—Bonitas, ¿no? —preguntó Sun Wenqu.

Nunca antes, como en ese preciso momento, Fang Chi había querido enterrarse tanto en el sofá, así que agarró la hoja de ejercicios que tenía al lado y la dejó sobre el regazo de Sun Wenqu.

—Dime… Explícame sobre eso.

—En el estudio, aquí no se puede —respondió Sun Wenqu con un bostezo.

Fang Chi volvió a recoger los ejercicios y entró como una rayo al estudio.

Sun Wenqu lo siguió por detrás, despacio, y se apoyó en el escritorio.

—¿Qué no puedes hacer?

—Física, ¿puedes ayudarme con eso? —Fang Chi abrió el conjunto de ejercicios de física.

—Mmm, veamos. —Sun Wenqu se inclinó sobre el escritorio y revisó los ejercicios que ya había hecho—. Eres mucho mejor en física que en química.

—Más o menos, doy en el clavo más seguido. —Fang Chi se rascó la cabeza.

—Ven, papi te ayudará con este problema primero. —Sun Wenqu tomó el bolígrafo. Sacó una hoja de papel blanco del cajón y comenzó a escribir mientras explicaba el problema.

Fang Chi rara vez le hacía preguntas al profesor. Uno, porque le daba pereza; y dos, porque incluso cuando le explicaban, a veces no entendía.

De hecho, no tenía muchas esperanzas de que una persona tan descuidada y despreocupada como Sun Wenqu pudiera explicarle la pregunta con tanta claridad. Sin embargo, al estar frente a frente escuchando la explicación, no le quedaba más remedio que concentrarse en observar la punta del bolígrafo.

—Yo hablo y tú escuchas, pero si no entiendes algo, tienes que decirme —dijo Sun Wenqu—. Porque si termino de hablar y todavía no entiendes, voy a patearte el trasero.

—Ah… Hum —asintió Fang Chi.

Sun Wenqu estaba recostado sobre la mesa en una postura muy perezosa, pero cuando hablaba, su expresión era diferente a la habitual, bastante seria. Fang Chi nunca lo había visto así antes.

Mientras le explicaba, Sun Wenqu rompió temporalmente la impresión que Fang Chi tenía de él en su mente. No hubo burlas ni locura repentina; escribió y habló de manera clara y coherente.

La escritura hermosa y su tono de voz, calmado y diferente al usual, hicieron que Fang Chi tuviera un momento o dos de trance mientras escuchaba.

—¿Entendiste? —Una vez que Sun Wenqu terminó de hablar, dejó el bolígrafo y ladeó la cabeza para mirarlo.

—Sí, entendí —asintió Fang Chi.

—Entonces ahora hazlo tú. —Sun Wenqu tomó la hoja de ejercicios de física que estaba al lado—. Hay un problema aquí que es similar. Resuelve estos dos.

—Mmm. —Fang Chi tomó el bolígrafo y comenzó a trabajar.

Sun Wenqu lo observó durante un rato antes de preguntar:

—¿Qué es ese olor?

—¿Ah? —Fang Chi levantó la cabeza, confundido.

—¿Huele bien? —preguntó Sun Wenqu otra vez.

—¿Qué? —Fang Chi seguía sin entender.

—Esto, esto. —Sun Wenqu golpeó con el dedo el grupo de ejercicios que tenía delante—. Has estado recostado sobre ese papel casi medio día, debe oler muy bien, ¿no? ¿Después también vas a querer darle un bocado?

Fang Chi finalmente reaccionó y enderezó la espalda.

—¿No puedes hablar claro y ya?

—Qué aburrido. —Sun Wenqu chasqueó la lengua—. ¿Acaso eres miope?

—No —dijo Fang Chi.

—Solo has comenzado a esforzarte más en el último semestre del último año, ¿verdad? —Sun Wenqu sonrió.

—Algo así —suspiró Fang Chi. Luego, mirándolo con cierta curiosidad, preguntó—: En la escuela, ¿eras el tipo de estudiante que estudiaba mucho?

Sun Wenqu soltó una carcajada, estirándose mientras se levantaba.

—¿Cómo crees? Solo soy inteligente…

Sun Wenqu dedicó casi una hora en explicarle todos los problemas que Fang Chi no entendía, y al final los completó ese mismo día. Esto era algo raro para Fang Chi, que por lo general dejaba de lado las preguntas difíciles y esperaba a que el maestro las explicara al día siguiente. Y si lo entendía, bien, y si no, también.

—Gracias —dijo Fang Chi mientras guardaba sus cosas en la mochila—. Creo que serías un buen maestro, explicas muy bien.

—Ni lo digas. —Sun Wenqu volvió a acurrucarse en el sofá—. ¿Un montón de carne fresca que solo puedo ver, pero no…?

—¡Solo olvida lo que dije! —Fang Chi se apresuró a levantar la voz para interrumpirlo.

—Anda, vete ya. Estoy muerto de sueño. —Sun Wenqu agitó una mano.

Cuando Fang Chi se puso los auriculares y estaba a punto de salir, Sun Wenqu lo llamó de nuevo:

—Oh, cierto, mi herida..

—¿Mmm? —Fang Chi se volvió para ver a Sun Wenqu subir de un tirón el pantalón, mostrando una pierna muy blanca, y luego apoyarla sin cuidado en la mesita de café.

—¿Ya puede mojarse? Anoche cuando me duché, levanté la pierna para que no se mojara y casi me resbalo y termino haciendo un split.

Fang Chi suspiró y se acercó para mirar la herida que ya estaba cubierta de costras.

—No hay problema, ya puedes mojarla. Solo seca bien la zona y desinféctala después. ¿De verdad necesitas preguntarme algo así?

—¿No es negativa mi capacidad para cuidar de mí mismo? —preguntó Sun Wenqu—. Buenas noches.

—Buenas noches —respondió Fang Chi antes de salir.

Durante los dos días que no hubo autoestudio, Fang Chi se quedó en la casa de Sun Wenqu para repasar. Aunque se sentía un poco torpe e incómodo, inesperadamente, era capaz de recordar con mucha claridad las preguntas que Sun Wenqu le enseñaba, por lo que cuando volvía a encontrarse con problemas similares, podía resolverlos sin esfuerzo tras reflexionar un poco.

De esta forma, incluso si toda su familia no tenía expectativas sobre él, si continuaba escuchando las explicaciones de Sun Wenqu —decidió aprovechar al máximo esa oportunidad—, tal vez todo este esfuerzo podría producir algunos beneficios en los exámenes de este semestre…

Sin embargo, seguir yendo a entrenar todos los domingos era su mayor pasión. Y es que también era su mejor arma para lidiar con la nostalgia por su hogar que a veces lo acechaba. Una especie de descanso activo, como decía Sun Wenqu. De todos modos, se sentía más relajado cada vez que entrenaba, realmente lo disfrutaba.

—¿Cómo vas con el estudio? —preguntó Chen Xiang.

—Pues… —Fang Chi estaba subiendo a la parte más alta de la pared de roca, a punto de dar un gran salto, pero antes de que pudiera decir más, su mano resbaló de la punta de la roca y se quedó colgando de la cuerda de seguridad. No pudo evitar soltar un grito de impotencia—: ¡Aaah!

—Sigues sin concentrarte —lo reprendió Chen Xiang, riendo—. ¿Estás cansado? Si lo estás, tómate un descanso.

—Lo haré… —Fang Chi estaba apoyando los pies contra la pared para deslizarse hacia abajo cuando vio a alguien muy familiar sentado cerca de la zona de escalada para miembros. La persona, recostada en una silla, lo observaba con atención.

¿Sun Wenqu?

—¿Qué haces aquí? —Fang Chi se acercó y lo miró con cierta sorpresa.

—Vine a… hacer algo y pasaba por aquí. —Sun Wenqu revisó su teléfono—. Es a eso de las once, como todavía es temprano, decidí esperar aquí.

—Oh —soltó Fang Chi, y ya no supo qué más decir. Pero entonces notó que el aspecto de Sun Wenqu no parecía muy bueno hoy, y lo contempló por un momento—. ¿Estás enfermo o algo?

—Oye, ¿por qué hablas como si quisieras que te den un golpe? —Sun Wenqu se rio.

—No más que tú —replicó Fang Chi, algo avergonzado—. Lo que quiero decir es que tienes mala cara.

—¿En serio? —Sun Wenqu se tocó la cara—. Debe ser la angustia.

—Por estar inactivo, ¿no? —Fang Chi miró la pared de escalada, no había mucha gente hoy. Señaló la pared—. ¿Quieres probar un rato?

—¿Me enseñarás? —preguntó Sun Wenqu con una sonrisa.

—No soy instructor —dijo Fang Chi—. No tengo tiempo.

—¡Vaya, qué arrogante! —Sun Wenqu bebió un sorbo de la bebida en su mano—. Está bien, sigue entrenando, no te preocupes por mí. Me iré cuando sea hora.

Fang Chi dudó un momento, pero al final regresó a la zona de entrenamiento.

—¿Es de la pandilla de niños ricos de Luo Peng? —preguntó Chen Xiang.

—Mmm. —Fang Chi bebió un sorbo de agua y se agachó para ajustarse las zapatillas—. Dice que solo pasó a ver.

—A propósito, ¿cómo vas con el estudio? No me respondiste antes.

—Bastante bien. —Fang Chi sonrió—. O por lo menos ya no me sermonean.

—¿Quieres reducir la carga de entrenamiento? —preguntó Chen Xiang.

—No. —Fang Chi negó con la cabeza—. Esta es mi única diversión.

—Está bien. —Chen Xiang se rio y le dio algunas palmaditas en el hombro.

Fang Chi eligió una nueva ruta, y cuando estaba a punto de subir, miró de reojo a Sun Wenqu. Todavía estaba allí, observándolo sin expresión alguna.

Por alguna razón, Fang Chi se sintió algo nervioso. Normalmente, solía haber mucha gente mirándolo durante el entrenamiento, y eso nunca le molestó ni sintió nada, pero ahora que pensaba en Sun Wenqu mirándolo así, lo puso un poco incómodo.

Vaya piernas largas…

No podía quitarse esa vieja frase de la cabeza.

¿De verdad eran largas…?

Sin embargo, a pesar de su nerviosismo inicial, Fang Chi pronto recuperó la concentración y volvió a disfrutar del proceso de escalar.

La ruta nueva era tan difícil que tuvo que detenerse un par de veces en medio del viaje, reflexionando sobre el siguiente paso mientras se sacudía las manos. Y aunque el sudor había empapado su ropa, todo esto le gustaba mucho.

La sensación momentánea de logro cuando alcanzaba la saliente al final de la ruta le producía un gran placer y se quedaba con él mucho tiempo.

Sin embargo, cuando se deslizó hacia abajo y se giró con cierto aire de suficiencia para mirar a Sun Wenqu, descubrió que este, que había estado sentado allí hace solo un momento, ya no estaba.

¿Se fue?

Después de que Fang Chi bajó, volvió a mirar a su alrededor y hasta salió al área exterior para comprobarlo, pero no encontró rastro de Sun Wenqu.

Sí, se había ido.

Fang Chi se sentó en una silla y bebió un par de sorbos de agua, de repente sintiéndose un poco decepcionado.

Inesperadamente, no logró presumir con éxito…

***

—¿Ya llegaste? —preguntó Sun Yao al otro lado de la línea.

—Ya casi. —Sun Wenqu tenía una mano en el bolsillo y la otra en el teléfono, caminando lentamente de espaldas al viento mientras se alejaba.

—¿No te dije que a las once en punto? —Sun Yao parecía un poco disgustada—. Fuiste tú quien dijo que quería hablar con papá antes de que yo hiciera la cita para ti. ¿Cuál es el punto de actuar así ahora?

—Aún no son las once… —dijo Sun Wenqu sin muchas ganas.

—¿Qué quieres decir con eso? ¿Estás viniendo a casa o a una entrevista? ¿Es que acaso tienes que estar a la hora exacta para venir a casa? —La voz de Sun Yao se elevó—. Wenqu, si vas a tener esa actitud hoy, mejor no vengas.

—Entonces no voy —respondió Sun Wenqu.

—¡Sun Wenqu! —Ya había ira en la voz de Sun Yao.

—Ya sé, ya sé. —Sun Wenqu frunció el ceño—. Estaré allí pronto.

Al llegar al complejo residencial, el guardia de seguridad detuvo a Sun Wenqu en la entrada y le pidió que se registrara.

—¿Registrarme para qué? —Sun Wenqu estaba un poco irritado—. ¿Necesito registrarme para ir a mi propia casa?

—¿Su casa? Conozco a todos los residentes de aquí, y puedo reconocer a los visitantes regulares. Pero a usted no lo he visto antes. —El guardia de seguridad lo miró de arriba abajo—. ¿Puede decirme el número de su casa?

—No me acuerdo —respondió Sun Wenqu.

—Entonces tiene que registrarse. —El guardia de seguridad lo miró fijamente.

—No me registraré —dijo Sun Wenqu.

—Entonces tiene que llamar al propietario para…

—No recuerdo el número. —Sun Wenqu se sentó en una silla junto a la puerta de la caseta de seguridad y observó el tráfico que iba y venía en la calle.

—Señor, si sigue así tendré que llamar a la policía. —El guardia de seguridad tomó el teléfono.

—Adelante. —Sun Wenqu sonrió con indiferencia.

El auto de Sun Yao dobló la esquina y entró al complejo. Tocó la bocina, y al ver la matrícula, el guardia abrió la puerta.

Sun Wenqu no se movió de la silla. Cuando el auto pasó frente a la caseta de seguridad, se detuvo y bajó la ventanilla.

—¿Qué haces ahí? —El rostro ceñudo de Sun Yao apareció frente a él.

—No me dejaron pasar —dijo Sun Wenqu.

—¿Conoce a este caballero? —le preguntó el guardia de seguridad a Sun Yao—. No pudo darme el número de la puerta ni informar el número de teléfono del propietario…

—Es mi hermanito. —Sun Yao le sonrió al guardia de seguridad y luego volvió a mirar a Sun Wenqu—. ¡Sube al auto!

Ya ni siquiera recordaba la última vez que estuvo allí, e incluso si el guardia de seguridad no hubiera sido reemplazado, sería difícil que recordara a alguien que llevaba años sin aparecer. Sun Wenqu miró por la ventana; si entraba solo, era posible que no hubiera logrado encontrar su casa.

—Habla con papá como es debido más tarde —dijo Sun Yao mientras entraba en el garaje subterráneo—. Y guárdate esa teoría tuya que solo sirve para hacer enojar a la gente.

—¿Cuál? —Sun Wenqu la miró.

—¡Esa de que eres su hijo y no su obra! —Sun Yao lo miró fijamente—. Ya no eres un niño, no puedes actuar como uno todo el tiempo. Es imposible que todo salga como quieres solo porque haces un berrinche.

Sun Wenqu guardó silencio.

—Si sigues actuando igual, esta vez nadie podrá ayudarte. —Sun Yao abrió la puerta y salió del auto.

Sun Wenqu la siguió hasta la entrada principal de la casa. Su madre parecía haber estado esperándolo desde hace mucho tiempo y, en cuanto se abrió la puerta, lo llamó:

—¡Wenqu!

—Mamá. —Sun Wenqu le sonrió.

—Ay… déjame verte. —Su madre lo sostuvo por los hombros y lo miró fijamente un largo rato—. No has cambiado mucho, solo pareces estar más moreno.

Sun Wenqu no había visto a su madre en tres años, pero no podía identificar lo que sentía al mirarla ahora mismo. Ella seguía igual que siempre: tranquila y elegante, como la recordaba, casi flotando en el aire.

En ese momento ni siquiera podía estar seguro de si ella se alegraba de verlo o no, así que solo la abrazó brevemente.

Su padre no apareció. Seguro lo estaba esperando en el estudio del primer piso.

—Tu padre está arriba. —Su madre le dio una palmadita en el hombro—. Sube y habla con él.

—Tengo hambre. —Sun Wenqu olió la fragancia de las verduras que probablemente se estaban cocinando.

—Todavía no está listo, podemos comer después de que hablen —dijo su madre—. Sube.

Sun Wenqu no quería ver a su padre. Preferiría soportar el mal humor y terminar de comer antes que tener una conversación a solas con él en esa habitación llena de cerámica.

Pero ahora no tenía otra opción que enfrentar la tormenta y subir las escaleras. Además, quería confirmar si su padre de verdad lo había amenazado con un ultimátum.

Al empujar la puerta de la habitación situada al final del pasillo del primer piso, una sensación sofocante lo invadió de inmediato.

La familia se había mudado muchas veces, pero en cada casa siempre habría una habitación reservada como estudio privado de su padre, y el diseño de tal estudio siempre sería exactamente el mismo.

No importaba cuántas veces entrara en uno de sus estudios, los recuerdos de su infancia —confinado en esa habitación opresiva y tediosa— volvían de golpe.

Su padre estaba sentado junto a la ventana, trabajando en un torno de cerámica. Ni siquiera levantó la cabeza al escuchar que entraba.

Sun Wenqu cerró la puerta detrás de él y carraspeó.

—Papá.

—¿Viniste? —Su padre volteó la cabeza.

—Hmm —respondió Sun Wenqu.

—Y pensar que parecías tan prometedor… —dijo su padre con una risa sarcástica—. Oh, ¿es que te preocupa quedarte sin dinero y no poder seguir llevando a tu noviecito a pasear por las montañas?

Sun Wenqu levantó la cabeza de golpe y miró a su padre fijamente.

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