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SUN WENQU A MENUDO se comportaba como un imbécil, diciendo y haciendo cosas imprevisibles que dejaban a la gente sin saber cómo reaccionar, pero a Fang Chi nunca se le pasó por la cabeza que haría algo como eso en el proceso tan serio de escribir una composición de inglés.
El suave y húmedo toque fue como una pequeña tormenta: llegó rápido, apenas se detuvo y ya se estaba yendo con la misma rapidez, arrastrando una ligera brisa.
Pero, de todas formas, Fang Chi fue totalmente derribado por la poderosa fuerza de ese repentino y suave toque.
Se echó hacia atrás con tanta prisa que se llevó la silla con él.
Sorpresa.
Confusión.
Miedo.
Ni siquiera tuvo tiempo de enfadarse.
Con un estruendo, junto con la silla, se desplomó en el suelo.
Sun Wenqu seguía medio recostado sobre la mesa, mirando de lado y sosteniendo el bolígrafo en la mano. Ni siquiera tuvo oportunidad de hablar. En el momento en que Fang Chi tocó el piso, se apoyó rápidamente con las manos y saltó de inmediato, poniéndose de pie junto al escritorio.
¡Qué agilidad!
Luego, no lo pensó más y le dio un fuerte puñetazo en la cara a Sun Wenqu.
¡Qué destreza!
Antes de que Sun Wenqu terminara de ver las estrellas, extendido sobre la mesa, escuchó a Fang Chi golpear el escritorio, patear una silla, chocar con la puerta y salir corriendo estrepitosamente.
Cuando levantó la cabeza, cubriéndose el ojo, escuchó la puerta de la sala de estar cerrarse de golpe.
—Maldita sea —murmuró Sun Wenqu con el ceño fruncido. Se apoyó en un brazo y miró por un momento el lugar por donde se había ido. Suspiró y volvió a recostarse en la mesa, cerrando los ojos.
Fang Chi casi se sintió volar por encima del muro del patio, con apenas ayuda de sus piernas. Esto era lo más rápido que había corrido a casa en años, y eso que venía de un día entero de entrenamiento.
Durante todo el camino, el viento frío se colaba en su ropa por el cuello de su chaqueta, helándole el cuerpo por completo. No oía nada más que el silbido del viento en sus oídos, y solo disminuyó la velocidad al llegar a su edificio.
Mientras subía las escaleras, jadeando con fuerza, sintió que su mente seguía zumbando; todos sus pensamientos habían desaparecido, todos ellos reemplazados por el imprevisto toque de Sun Wenqu.
Al entrar a la casa, aún algo aturdido, se dejó caer sobre el sofá.
De repente, oyó un fuerte chillido junto a su brazo, que fue seguido por un fuerte arañazo.
—¡Ay! —Fang Chi se apresuró a mirar y, sorprendido, se encontró con Sir Amarillo, que estaba atrapado entre su brazo y el respaldo del sofá—. ¡No fue a propósito!
Sir Amarillo lo ignoró, se dio la vuelta y saltó hacia el refrigerador, donde se acomodó como si nada.
—Lo siento, ¿bueno…? Ah… —Fang Chi dejó escapar un largo suspiro y cerró los ojos para aliviar el mareo que llenaba su cuerpo y su cerebro.
No sabía lo que estaba pensando en este momento, ni explicar con claridad sus sentimientos actuales, solo que se sentía un caos.
Estaba hecho un lío, como si hubiera caído dentro de un pajar. Se sentía muy, muy, muy perdido y en trance, sin saber qué hacer. No es como si se hubiera dado un golpe en la cabeza cuando se cayó en la casa de Sun Wenqu…
Tan pronto como pensó en Sun Wenqu, sintió como si innumerables agujas calientes lo pincharan, liberando un estallido ardiente y punzante por todo su cuerpo. Su corazón latía desbocado, acompañado de una sensación de hormigueo.
Sí, aparte de la confusión y el mareo, lo más claro era la taquicardia.
Su corazón latía rápido, por el miedo.
El nerviosismo.
La inquietud.
Fang Chi no recordaba cómo ni cuándo se quedó dormido, pero cuando se despertó por la mañana, se encontró todavía acostado en el sofá y sin haberse movido en toda la noche.
Se incorporó con la cabeza un poco pesada, tanto que tuvo que ahuecársela entre las manos. Después de quedarse en esa posición durante diez minutos enteros, por fin logró despejarse. Fue a bañarse, se cambió de ropa y se preparó para ir a la escuela.
Pero…
No tenía su mochila, ni libros, ni tarea, ni nada.
Todo fue abandonado en la casa de Sun Wenqu. Ayer, lo único que se llevó de allí fue su teléfono, y solo porque lo había guardado en su bolsillo antes.
Fang Chi volvió a dejarse caer en el sofá y suspiró. Los acontecimientos de la noche anterior le sobrevinieron como un maremoto, dejándolo un poco abrumado.
Después de un largo aturdimiento frente al nombre de Sun Wenqu en su teléfono, pensando en si enviarle un mensaje o no, al final se levantó, preparó la comida para gatos de Sir Amarillo y salió.
Ya vería lo de la mochila luego, pensó. Si de verdad la necesitaba u otras cosas, por hoy se conformaría con pedirlo prestado.
Fang Chi balanceó ambas manos vacías mientras salía por la puerta.
Pero cuando ya estaba cerca de la escuela y pensó en desayunar, se topó con un nuevo problema. De repente recordó que no solo había abandonado su mochila, sino también su billetera, que estaba dentro de esta. Es decir, no tenía un solo centavo.
—Mierda —maldijo Fang Chi en voz baja. No le quedó de otra que esperar en la esquina de la escuela, luchando contra el viento frío.
Después de estar de pie por menos de dos minutos, Xu Zhou apareció con su pequeña motoneta eléctrica y estuvo a punto de llamarlo. Justo cuando Fang Chi iba a hacerlo, vio que Xiao Yiming venía detrás, lo que lo hizo dudar.
—¡Fang Chi! —Xu Zhou lo vio primero y lo llamó, deteniendo su motoneta frente a él—. ¿Qué haces aquí?
—¿Tienes dinero…? —preguntó Fang Chi—. Préstame un poco.
—¿Cuánto necesitas? —Xu Zhou se apresuró en abrir su mochila y buscar dinero.
—Doscientos —dijo Fang Chi.
De hecho, bastaban solo diez yuanes para un desayuno, con eso incluso podrías conseguir un desayuno completo y satisfactorio. Sin embargo, teniendo en cuenta que todavía no sabía cuándo tendría el coraje de ir a casa de Sun Wenqu a recoger su mochila…
—¡Mejor mátame! —Xu Zhou se detuvo y lo miró—. O podríamos asaltar a los niños de primaria en la entrada. Esos niños andan con mucho dinero hoy en día.
—Entonces… —Fang Chi pensó un momento si debería conformarse con los diez yuanes para el desayuno.
—Yo tengo —dijo Xiao Yiming desde el asiento trasero. Se bajó de la motoneta.
—Da… —comenzó Fang Chi, pero se detuvo de forma automática. Dame, solía decir eso antes, pero esta vez hizo una pausa y cambió sus palabras—. Préstame.
Xiao Yiming no dijo nada, solo sacó doscientos de su bolsillo y se los entregó.
—Iré a estacionar. —Xu Zhou entró primero a la escuela.
Fang Chi y Xiao Yiming se quedaron en la acera, algo incómodos.
—¿Ya comiste? —preguntó Fang Chi.
—No —respondió Xiao Yiming—. Quería ir a comer wonton.
—Entonces vamos —dijo Fang Chi mientras se preparaba para cruzar la calle. La tienda estaba en la diagonal opuesta; sus grandes wonton de carne eran muy deliciosos—. Yo invito.
—Mm. —Xiao Yiming asintió.
Cuando estaban a punto de cruzar, un taxi se detuvo frente a ellos, bloqueando el paso. Fang Chi frunció el ceño y se preparó para rodearlo, pero la puerta del auto se abrió y alguien salió.
—De verdad viniste a la escuela así, vaya… —comentó esa persona.
Fang Chi se sorprendió, se giró y vio a Sun Wenqu, con un evidente moretón en el ojo, probablemente debido al puñetazo que le dio ayer.
¿Lo había golpeado tan fuerte?
¿Y justo en el ojo?
—Ten. —Sun Wenqu bostezó mientras sacaba su mochila del auto y se la lanzaba.
Fang Chi la atrapó, pero con Xiao Yiming de pie a un lado, se sentía un poco inseguro sobre qué decir… De hecho, no sabría qué decir incluso si Xiao Yiming no estuviera cerca.
—Gracias. —Fue todo lo que dijo al final.
—De nada. —Sun Wenqu los escudriñó a ambos con la mirada, luego se dio la vuelta y volvió a meterse en el auto, que se alejó unos segundos después.
—Pensé… que ya habías dejado tu mochila en el aula. —Xiao Yiming miró en la dirección en la que se alejaba el taxi.
Fang Chi no respondió, se colgó la mochila y metió los doscientos yuanes en el bolsillo de Xiao Yiming.
Cruzaron la calle en silencio, entraron en la tienda en silencio, ordenaron dos grandes tazones de wonton y se los comieron en silencio. Xiao Yiming levantó la cabeza varias veces como si quisiera decir algo, pero al final no lo hizo.
Fang Chi no sabía lo que quería decir, pero a los ojos de Xiao Yiming, esto sería un caso de pasar la noche en casa de algún hombre y olvidarse de su mochila. Si hubiera sido otra persona, no sería gran cosa, pero era Xiao Yiming.
Y si aún tuvieran la relación de antes, Xiao Yiming ya habría preguntado hace mucho.
La clase de esa mañana fue poco menos que un tormento. No tenía sueño, no estaba cansado, tampoco mareado, y mucho menos hambriento; simplemente se quedó mirando al maestro, mientras una oleada de nerviosismo cruzaba y dividía su mente de vez en cuando y, en ocasiones, incluso su corazón latía desenfrenado.
Esa constante oleada de desasosiego que seguía brotando desde lo más profundo de su corazón hizo que se mantuviera despierto incluso en la clase de inglés, solo mirando al profesor, con el alma a punto de abandonar su cuerpo.
Cuando el profesor estaba corrigiendo los exámenes, Liang Xiaotao tomó la hoja de Fang Chi sin pensarlo. Ese simple gesto lo asustó tanto que casi saltó de su silla.
—¿Qué te pasa? —susurró Liang Xiaotao, también sorprendida—. Solo quiero mirar tu tarea.
—Mira. —Fang Chi tiró del cuello de su camiseta.
Liang Xiaotao lo miró un par de veces con rareza, luego bajó la vista a su hoja y, cuando llegó a la parte de redacción que había al final, volvió a mirarlo de repente.
—¿Quién te hizo la tarea? ¡Qué bonita letra!
—¿Mmm? —Fang Chi ladeó la cabeza para mirar la hoja.
Entonces se quedó atónito luego de un solo vistazo. La composición ya había sido escrita, llena de círculos redondos y gorditos. No había necesidad de adivinar, esto fue escrito por Sun Wenqu. No dijo nada, sacó sus otros trabajos prácticos y tareas de su mochila, y descubrió que las preguntas que Sun Wenqu no había tenido tiempo de explicarle ayer estaban todas resueltas en el papel.
—¿Alguien te hace los deberes? —Liang Xiaotao chasqueó la lengua. Ella era muy buena en inglés; luego de mirar su composición un momento más, volvió a chasquear la lengua—. Y es un cerebrito además, ¿no?
Fang Chi no respondió.
No fue a comer después de la escuela al mediodía, en cambio se acostó sobre su escritorio y se esforzó por dormir un rato, pero no lo consiguió.
Por obra divina, tampoco tuvo sueño durante el autoestudio nocturno, y estaba más que despierto cuando el profesor vino a resolver dudas. Se mantuvo alerta todo el tiempo, aunque no prestaba atención a lo que decía. Solo miraba en silencio las preguntas que Sun Wenqu había respondido.
No odiaba a Sun Wenqu. Por supuesto que al principio sí, pero luego dejó de hacerlo. Hasta llegó a pensar que Sun Wenqu debía ser muy inteligente, solo que emocionalmente inmaduro. Y, a pesar de lo infantil que era, de cómo disfrutaba adiestrando a los demás y buscando problemas, tenía un buen corazón.
Un huevo solitario de serpiente, del tipo que te ayudaba a hacer la tarea.
Pero no importaba cuán buena fuera su impresión de Sun Wenqu, esto era algo que no podía tolerar ni aceptar, incluso el mero hecho de pensar en ello le hacía sentirse mal por todas partes.
En la última clase de autoestudio, lo pensó con mucha seriedad y planeó decirle a Sun Wenqu de una vez por todas que no volviera a hacer ese tipo de cosas.
Tan pronto como sonó el timbre, cargó su mochila fuera del salón de clases, trotó hasta la calle menos concurrida y sacó su teléfono.
Cuando marcó el número, sus manos temblaron un poco por alguna razón que no entendía.
El teléfono sonó durante mucho tiempo antes de que Sun Wenqu atendiera la llamada.
—¿Quién?
La voz de Sun Wenqu sonaba algo grave, y cuando salió del auricular, Fang Chi sintió como si le estuviera hablando justo al lado del oído. Tragó saliva antes de decir:
—Yo, Fang Chi.
—Mmm —respondió Sun Wenqu, sin añadir más.
—Bueno, uh… —Fang Chi se mordió el labio—. Hoy… no iré a cocinar.
—Mmm.
—Yo… solo quería decirte… —dijo Fang Chi con cierta dificultad—. De verdad no me gusta cuando eres así. Ya sabes, lo de ayer. Entiendes lo que quiero decir, ¿verdad?
—Mmm. —Sun Wenqu siguió respondiendo igual.
—Entonces, lo que quiero decir es que si sigues haciendo eso, no volveré a ir… Pero te devolveré el dinero.
—Mmm.
Sun Wenqu seguía soltando ese simple «mmm», y Fang Chi no sabía lo que significaba.
¿Estaba de acuerdo?
¿No estaba de acuerdo?
¿Tenía otras ideas?
—Tu cara… —Fang Chi dudó antes de preguntar. Después de haber mirado por la mañana el ojo con un gran moratón de Sun Wenqu, aunque era justificable, seguía sintiéndose un poco avergonzado.
—¿Lo eres? —lo interrumpió Sun Wenqu de repente.
—¿Soy… qué? —Fang Chi fue tomado por sorpresa y, al mismo tiempo que un estremecimiento recorría su cuerpo, aquellos latidos desenfrenados volvieron a aparecer.
—¿En serio debo decirlo? —preguntó Sun Wenqu—. Tengo la sensación de que no quieres oírlo.
Fang Chi no respondió. Frente a sus ojos, las cosas parecían desdibujarse y palpitar al ritmo de los latidos de su corazón.
—Gay —dijo Sun Wenqu con calma—, ¿lo eres?
Aquella única palabra hizo que Fang Chi se apoyara contra el árbol a su lado. A pesar del frío, una capa de sudor cubrió su espalda en un instante.
Se esforzó por controlar sus emociones y, después de unos segundos, respondió:
—No… No lo soy.
—¿De verdad? —Por el tono de Sun Wenqu, parecía estar sonriendo—. ¿Estás seguro?
Fang Chi tomó aliento.
—Sí.
—Siendo así… —Sun Wenqu hizo una pausa—. Entonces no es necesario que sigas viniendo. Ese contrato de venta, quiero decir, el contrato de servicio, queda anulado.
—¿Eh? —Fang Chi estaba atónito.
—La primera vez que mencioné que me gustaban los hombres —continuó Sun Wenqu con el mismo tono indiferente—, tu reacción fue algo… me hizo pensar que tú también lo eras. Pero si dices que no lo eres, entonces no lo eres. Así que no necesitas seguir viniendo.
Fang Chi no respondió, su cabeza seguía en blanco.
—Si no lo eres, ya no tiene gracia burlarme de ti. Dejémoslo así —dijo Sun Wenqu—. Puse el salario de este mes en ese bolsillo con cremallera de tu mochila. Compra algo de buena comida para gatos para Sir Amarillo.
—Oh… —Los pensamientos de Fang Chi eran un desastre en ese preciso momento—. Te devolveré el dinero.
—Aún hay tiempo, no te apresures. —Sun Wenqu soltó una risa breve—. Colgaré, adiós.
Antes de que Fang Chi pudiera decir nada, cortó la llamada.
Fang Chi volvió a guardar el teléfono en su bolsillo. Ya no tenía ganas de correr, así que se dejó caer en un banco de piedra bajo el árbol. La frialdad de la piedra no tardó en subir a través de sus pantalones hasta extenderse por todo su cuerpo.
Sacó una cajetilla de cigarros de su mochila, encendió uno y lo sostuvo entre los labios. Después de unas caladas, buscó en el bolsillo con cremallera y encontró un sobre.
Era un fajo de billetes nuevos sujetos con una delgada tira de papel. Cuando Fang Chi miró de cerca, vio algunas palabras escritas allí.
Era la letra de Sun Wenqu, probablemente hecha con un pincel fino. De un tamaño similar al de la escritura con una pluma estilográfica, e igual de ordenada y hermosa. Se leía: «Pago por cocinar, pago por las compras, pago por trapear, pago por barrer, pago por saltar el muro, pago por desmontar la ventana»…
¿Qué más había? Fang Chi ya no quiso seguir leyendo. Dobló la nota y se la guardó en el bolsillo. Esa lista detallada volvió a traerle a la memoria varias imágenes de su estancia en casa de Sun Wenqu.
No fue muy agradable.
Después de terminar el cigarrillo, se puso los auriculares y se levantó, caminando lentamente de regreso.
Desde hoy ya no tenía que cocinar, ni hacer la compra, ni limpiar. De pronto, el tiempo parecía sobrarle, así que caminó por la calle sin ninguna prisa.
Cuando llegó a la entrada del vecindario, se detuvo en la tienda de mascotas de al lado para comprar dos bolsas del mismo tipo de comida para gatos de Sun Wenqu. Luego fue al minisúper a comprar un paquete de fideos. Hacía mucho que no cocinaba para sí mismo en su pequeño apartamento.
Cuando llegó a casa, se sorprendió al ver que Sir Amarillo no había torturado su cuenco de comida. En cambio, estaba durmiendo hecho bolita en sus pantuflas junto a la puerta.
—Qué bien te has portado hoy. —Fang Chi lo recogió, lo ahuecó en su mano y lo acarició—. ¿Por qué sigues tan chiquito?
Sir Amarillo agitó una pata con desgana.
Después de alimentar al gato y limpiar su caja de arena, Fang Chi se sentó frente a su escritorio, listo para repasar.
Ese escritorio ya estaba allí cuando le alquilaron el piso, era más o menos del mismo tamaño que su escritorio en la casa de sus abuelos, y por su aspecto, quizá también tenía la misma antigüedad.
Sobre la mesa había pegatinas por todas partes. Comparado con el escritorio negro, amplio y limpio de Sun Wenqu, con su acabado mate y elegante, este realmente dificultaba la concentración.
Se inclinó sobre la mesa y comenzó a hacer su tarea, pero después de escribir durante una media hora, el hambre lo distrajo, por lo que dejó el bolígrafo y fue a prepararse un tazón de fideos.
Los fideos le quedaron bastante bien. Añadió unas gotas de aceite de sésamo que desprendieron un aroma delicioso. Mientras los comía, viendo televisión, el calor le hacía sudar la punta de la nariz.
En ese momento, un pensamiento inexplicable cruzó su mente: no sabía qué estaba comiendo Sun Wenqu.
Seguro pidió comida, o salió a comer.
Pero al pensar en ello, sintió que se estaba preocupando por cosas inútiles. Ese era un señorito que lapidaba el dinero sin ninguna consciencia, ¿acaso tendría que preocuparse por qué comer? Además, antes tampoco había nadie le cocinara y, aun así, ¿no había crecido… bastante bien?
Después de comer, Fang Chi regresó a su escritorio para continuar resolviendo ejercicios. No le fue del todo bien, se distraía constantemente. Sin embargo, con esfuerzo, logró terminar, dejando en blanco los que no sabía cómo resolver.
Después de levantarse a tomar un poco de agua, volvió al escritorio y miró los ejercicios sin responder. Tras quedarse pensativo un rato frente a la hoja, dejó escapar un largo suspiro. Si no podía hacerlos, pues no podía, y punto. Ya no había un Sun Wenqu que lo ayudara.
De repente, se sintió algo desanimado.
Fang Chi frunció el ceño y se recostó en la silla, sintiéndose aún más desanimado por su propio desánimo, ¡¿qué demonios le pasaba?!
Pasaron las horas. Cerca de la medianoche, Fang Chi se forzó a completar los ejercicios que no sabía, sin preocuparse demasiado por si estaban bien o mal, con tal de llenar los espacios en blanco. Al menos, al verlo todo completo, se sintió un poco mejor.
Soltó el bolígrafo y bostezó. Después de una ducha rápida, se metió en la cama. Dado que aún se sentía lleno de energía como si fuera un maniático, se puso los auriculares, decidido a escuchar música para relajarse y cultivar el sueño.
Puso la reproducción en aleatorio, luego apagó las luces y cerró los ojos.
Las canciones en su dispositivo eran tranquilas, perfectas para correr, pasear o simplemente calmarse.
Con los ojos cerrados, Fang Chi ralentizó la respiración y se permitió inhalar y exhalar con lentitud al ritmo de la música. Fue un día agotador y largo, y si no lograba dormir por la noche, tendría que olvidarse de ir a clase mañana.
Después de escuchar algunas canciones y que la somnolencia no llegara como estaba previsto, suspiró y planeó elegir unas cuantas especialmente lentas.
Pero tan pronto como levantó la mano, escuchó una suave tos en los auriculares.
Se sentó de inmediato, casi como si lo hubieran apuñalado y el sudor frío le estalló por todo el cuerpo.
—Te voy a tocar algo, aunque por tu nivel, puede que no lo hayas oído nunca. —La voz de Sun Wenqu sonó en sus oídos—. Se llama La Pastora.[1] Es una de mis favoritas. Ese día en tu casa, quería tocarla, pero pediste Horse Racing.
Fang Chi permaneció inmóvil en la cama.
Después de un breve silencio en los auriculares, empezó a sonar una melodía un tanto melancólica propia del erhu.
Era evidente que el erhu de Sun Wenqu era mucho mejor que el de su abuelo, con un sonido meloso y armonioso. Y aunque la calidad de grabación del MP3 no era la mejor, Fang Chi pronto se dejó atrapar por la melodía.
***
—¿Vas a abrir la pu-puerta o no? —preguntó Ma Liang por el teléfono.
—Estoy muerto de sueño, solo quiero dormir —respondió Sun Wenqu, envuelto en su manta—. Déjame en paz.
—Entonces la abriré yo mi-mismo. —Ma Liang colgó.
—Ah… —Sun Wenqu se dio la vuelta en la cama. Escuchó a Ma Liang abrir la puerta del patio, luego la de la sala, y finalmente entrar en el dormitorio.
—Le-levántate —ordenó Ma Liang, señalándolo.
—¿Qué quieres? —Sun Wenqu yacía inmóvil con los ojos cerrados.
—¿En qué estás pe-pensando? —Ma Liang se acercó y le quitó la manta de encima—. ¿Una co-cosa tan importante pasó y no me lo di-dijiste?
Sun Wenqu suspiró, se incorporó de mala gana, se puso el pijama y se sentó con las piernas cruzadas en la cama.
—¿Qué tan importante puede ser? ¿No tienes nada mejor que hacer que dejar a tu mujer para venir aquí a quitarle el edredón a un caballero en medio de la noche?
—El anciano me… llamó. —Ma Liang se sentó en el taburete junto a la cama y lo miró—. ¿Qué, qué está pasando?
—¿Qué te dijo? —Sun Wenqu bostezó.
—Que no te dé di-dinero, si lo hago, lo la-lamentaré —respondió Ma Liang.
—¿Y tú qué le dijiste? —Sun Wenqu ladeó la cabeza. Su padre se movía bastante rápido, ¿así que ya había comenzado a cortar sus recursos económicos?
—Pu-pues que lo intente. —Ma Liang frunció el ceño—. ¿Qué va a hacer, go-golpearme?
—Si corta a tus clientes, estarás acabado. —Sun Wenqu se rio.
—Mi-mis clientes no tienen na-nada que ver con su estilo —replicó Ma Liang, visiblemente ansioso. Encendió un cigarrillo directamente en el dormitorio—. Sa-sabes que estás a punto de convertirte en una serpiente sin techo, ¿verdad?
—¿Viniste hasta aquí solo para recordarme eso? —Sun Wenqu se giró para mirarlo.
—¿Qué le pasó a tu cara? —Ma Liang se levantó, le tomó el rostro con la mano y, sorprendido, preguntó—: ¿Incluso… te levantó la mano?
—No. —Sun Wenqu apartó su mano—. No fue mi papá.
—¡¿Entonces quién?! —gritó Ma Liang con el cigarrillo en la boca. La ceniza cayó sobre la cama.
—Mi hijo —respondió Sun Wenqu mientras sacudía la ceniza. Luego añadió—: Mierda, ve a fumar afuera, ¿quieres?
—¿Tu… hi-hijo? ¿Fang, Fang, Fang…? ¡Ah, carajo! —Ma Liang lo miró boquiabierto—. Sinvergüenza, ¿acaso te propasaste, con el brotecito?
Notas:
N. del T. Serpiente significa perezoso: ¿Por qué? Porque la serpiente en sí es un animal muy perezoso; básicamente, con una comida puede mantenerse durante mucho tiempo. Su sistema digestivo, cuando no está en movimiento, funciona muy lento, precisamente porque apenas se mueve debido a su pereza.