Capítulo 123- Las pruebas de Santidad. Parte 3

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**Punto de vista de Seo Yi-seo**

En toda novela se necesita primero una explicación de fondo, ¿verdad?

En Delcross, hay un poderoso gobernante llamado el Santo Emperador, es decir, el representante de Dios. Es el sacerdote más noble que guía a sus súbditos y gobierna su reino en nombre de la voluntad de Dios.

Sin embargo, hace algunos años, debido a los trucos de los Reyes Demonios de alto rango, el Santo Emperador cometió un pecado irreversible.

Y ahora, se dice que el corrupto Santo Emperador está sacudiendo los cimientos mismos de este mundo, que se está convirtiendo en la fuente del mal que amenaza al mundo.

Destruyó el límite entre las dimensiones, expuso a Delcross al riesgo de una posible invasión, y se enfrentó con la Santa, que se suponía debía proteger el mundo, impidiéndole que reencarnara.

Sí, para salvar este mundo, finalmente se debe de enfrentar al poderoso Santo Emperador, pero ¿Cómo puedo luchar contra él si no tengo poder divino? ¿Cómo me opondré ante él? ¿Quién estaría de mi lado, si decido convertirme en Santa?

—Lo primero que debes hacer es pasar las pruebas de la santidad. Mientras logres superarlas podrás encontrar el [El sarcófago del Santo Emperador] que se encuentra en la Iglesia de San Bastián.

El sarcófago del Santo Emperador.

Es una reliquia sagrada que contiene los restos del primer emperador, que era un semidiós. Se dice que cuando una persona digna reza ante ese sarcófago, el alma del primer emperador aparece y le otorga la bendición del poder divino. Solo una persona por generación es considerada digna de recibir esa bendición. Una vez que se le concede el gran poder divino, nadie más podrá recibirlo hasta que fallezca. 

—Uff pero ¿es necesario que pase prueba tras prueba? ¿Qué es eso? ¿son como los juicios de las brujas de la Edad Media? ¿de verdad tengo que hacerlo? Me da un poco de miedo…

—¿Cuál es el problema? Después de todo, la gente en el mundo de las normas puede controlar sus sentidos a voluntad, ¿verdad?

—Claro, puedo desactivar por completo el sentido del dolor, pero esto es un mundo dentro de un libro ¿y si no puedo controlarlo como quiero? Será terrible.

—No te preocupes por eso. Transferiré las reglas del mundo normal para que se apliquen a tu cuerpo.

El hombre con la máscara le explicó que eso también era posible gracias a que el límite de las dimensiones se había debilitado a causa del Santo Emperador.

—Hmm por si acaso voy a guardar muchas pociones en mi inventario, pero tengo curiosidad ¿No se supone que el Santo Emperador es el protagonista secundario?

Aunque es un hombre que está casado y tiene muchas esposas, además de bastantes príncipes y princesas.

—Te acabo de explicar que es la mente maestra que se esconde detrás del peligro que amenaza a Delcross.

“¿esto es dark romance?”

—Pero ¿no es el protagonista secundario bastante importante como para que esté del lado oscuro?”

—…

*** ** ***

Un leve olor a carne quemada llegó a las fosas nasales de todos.

—¡Di la verdad ahora mismo bruja! —gritó el cardenal Benitus. Observaba con ojos fríos al guardia que presionaba el hierro candente sobre el cuerpo de Seo Yi-seo.

Como varios de los inquisidores se habían retirado de torturarla y obligarla a que confesara, el propio cardenal Benitus, que era el actual jefe del Tribunal de Herejía, tuvo que interrogarla de manera directa.

Ya de por sí estaba obsesionado recientemente con erradicar a los restos de la Iglesia Oscura, así que estaba furioso hasta la coronilla con aquella loca que apareció de repente afirmando que heredaría la voluntad de la santa.

—¿¡Qué clase de truco es este!? ¿¡Cómo se atreve un ser malvado sin una pizca de poder divino a imitar a una santa!? ¿No me dirás cuál es tu plan? —gritó furioso el cardenal Benitus.

Su rostro estaba llenó de ira, pero Seo Yi-seo no emitió ni un solo gemido a pesar de la tortura que amenazaba su vida. Ella simplemente cruzó las manos con calma para orar.

—Simplemente sigo la voluntad de Dios, que me habló diciendo: “Una verdadera crisis llegará a Delcross, por lo que todos deben trabajar juntos para poder superar el mal que se avecina”.

—¡Sigues diciendo…!

—¡No busco pasar por las pruebas de la santidad por razones egoístas! ¡Todo es para el bien de Delcross que ha sido bendecido!

Sus palabras tenían una profunda resonancia en ese lugar que conmovió a las personas.

Su actitud devota y piadosa, su preocupación por Delcross en lugar de su seguridad hizo que los guardias, que estaban calentando el hierro, hicieran la señal de la cruz sin darse cuenta. El cardenal Benitus los miró con severidad.

—S-su Majestad ha llegado. —Con voz temblorosa, el guardia anunció desde afuera.

El Santo Emperador entró a la sala de tortura sin previo aviso y como siempre, estaba acompañado por la comandante de los Caballeros de San Aurelion.

 —¡Su majestad! ¿A qué debemos el honor de su presencia aquí…?

Todos en la sala de torturas, incluido el cardenal Benitus, inclinaron sus cabezas sorprendidos.

El Santo Emperador miró la desordenada escena dentro de la prisión por un momento y suspiró suavemente.

—…Estás haciendo algo inútil.

Seo Yi-seo, que solo abrió sus ojos, miró de reojo al Santo Emperador y tragó saliva sin darse cuenta.

“¡Guau, es increíble! ¿Por qué él no es el protagonista masculino?” 

¡Hola querido escritor! ¿me estás escuchando? ¿no podemos cambiar el curso de la historia ahora?

Mientras Seo Yi-seo lloraba silenciosamente por dentro, el Santo Emperador la miró fijamente durante un rato. Parecía que la estaba examinando detenidamente, dentro de esa prisión a oscuras, sus ojos ocasionalmente arrojaban un misterioso brillo plateado.

—¿Dijiste que querías convertirte en una santa?

Después de un rato, el Santo Emperador finalmente preguntó en voz baja.

—¿eh? S-si…así es. —tartamudo avergonzada.

Y el Santo Emperador asintió con la cabeza con calma.

—Muy bien, que así sea.

—¿Qué?

—¿Qué?

Mientras todos en la prisión, incluida Seo Yi-seo, estaban muy impactados, el Santo Emperador se giró hacia Katrina para darle una orden.

—Notifique a la arzobispa Wesker de inmediato. Dígale que la he reconocido y que no se requerirá ningún proceso de confirmación adicional, así que preparen su ceremonia oficial de investidura antes de la fiesta de cumpleaños.

¡Estaba tomando una decisión tan importante de manera increíblemente indiferente, como si estuviera pagando una pequeña cantidad de documentos de gastos!

—¡Ah!

El cardenal Benitus, que estaba anonadado por la sorpresa finalmente recobró el sentido y lo miró con ojos desorbitados.

—¿Qué quiere decir con eso, Su Majestad? ¿Cómo puede santificar a esa bruja?

—Esa mujer no es una bruja. Ella dijo que serviría toda su vida como santa, así que ¿no deberíamos respetar esa firme voluntad?

—¡Pero esa mujer no tiene ni un poco de poder divino!

—Las virtudes de una santa no se limitan al poder divino, sino la fe inquebrantable y la voluntad indomable. ¿No fue Santa Grazie también  una sacerdotisa durante su vida? Esta mujer dijo que soportaría la dura tortura sólo por el bien de sus súbditos. Parece que ya lo hemos confirmado suficientemente entonces ¿es necesario una verificación?

—Pero, pero…las pruebas de la santidad eso… —el cardenal Benitus tartamudeo.

—Tsk ¿sigues insistiendo en esas terribles costumbres? —el Santo Emperador chasqueó la lengua—. De ahora en adelante, no podemos permitir que nadie pase por ese juicio público con el pretexto de demostrar su fe.

El cardenal Benitus se quedó allí boquiabierto, mientras que Seo Yi-seo, que se recuperó del shock, rápidamente negó con la cabeza.

“No, espera un minuto, ¿entonces que pasara conmigo? ¿Qué pasa con mi plan para ser reconocida por los súbditos y la Iglesia Ortodoxa mientras me santifican en medio de aplausos?

—¡Eso no puede ser posible! —gritó Seo Yi-seo.

Todos en la sala de sala de tortura la miraron desconcertados. Le estaban ofreciendo la posición de Santa entonces ¿Por qué se estaba oponiendo?

—¡N-no he probado nada! ¡Si las cosas continúan así, nadie me reconocerá como una verdadera Santa! ¡En ese caso, la voluntad de Dios no se podrá establecer de manera correcta! ¡No podré cumplir con mi misión!

—…

—¡Por ​​favor, considérelo! ¡Por favor, permíteme pasar por las pruebas y renacer con orgullo como sirva de Dios!

—Si, eso es correcto.

El Santo Emperador miró a Seo Yi-seo que no fue capaz de comprender por un momento. El hombre levantó levemente las comisuras de la boca y en ese instante Seo Yi-seo sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo. Cerro la boca incapaz de decir algo más.

—Katrina, un momento.

Con esas palabras, el cuerpo del Santo Emperador se balanceó y se inclinó hacia adelante, Katrina rápidamente lo apoyó desde un lado.

—¡¿Su-su Majestad?!

Inmediatamente, como si sintiera algo, el cardenal Benitus miró al vacío con ojos sorprendidos, luego se arrodillo al suelo inclinado su cabeza.

“¿Qué? ¿Qué está pasando ahora?”

Seo Yi-seo, que no tenía idea de lo que sucedía, miró a su alrededor con expresión perpleja y se sorprendió cuando encontró algo.

“¿Oh? ¿qué? ¿Qué es? ¿Por qué la ventana de control está así? Oye, espera… ¡espera un segundo!”

Sus ojos se abrieron con horror y luego…

—¡Aaaaaaaah! 

Un grito desgarrador resonó en la cámara de tortura. 

—¡Duele! ¡Duele mucho! ¡Kee! ¡por favor! ¡No lo toques! ¡No ajuste arbitrariamente los niveles sensoriales! ¡Aaaaaaaaaah!

—…

—¡Aaaah! ¡Poción! ¡Una Poción! ¡Puaj! ¿por qué? ¿Por qué no funciona la tecla de acceso directo? ¡Puaj! ¡Duele!

Seo Yi-seo, que había mantenido una actitud digna hasta hace unos momentos, de repente se volvió loca y comenzó a rodar por el suelo. 

Todos en la sala de tortura la miraron confundidos, sin comprender como una persona podía cambiar tan abruptamente.

—¡No! ¡No! ¡Argh! ¡Basta! ¡No debe exceder el 50%! ¡Deja de moverlo! ¡Aaaah!

Seo Yi-seo estaba aterrorizada, los mocos y las lágrimas corrían por su rostro mientras suplicaba que parara.

—¡Por favor! ¡Me equivoqué! ¡Por favor al menos déjame beber una poción! ¡Todo es una mentira! ¡No soy ninguna santa! ¡Lo siento mucho, me equivoque!

—…

—¡Puaj! ¡Duele mucho! ¡Por favor para! Por favor… 

—…

—¡Snif! ¡Hic! ¡Hic!¡No lo haré otra vez! ¡Se que estuvo mal! ¡Lo lamento mucho! ¡Por favor basta!

La silenciosa sala de tortura se llenó únicamente con los gritos de Seo Yi-seo y cuando sus sollozos comenzaron a disminuir lentamente, el Santo Emperador que estaba apoyado en Katrina, abrió sus ojos. Se incorporó y lentamente se acercó a Seo Yi-seo que estaba acurrucada en el suelo y temblaba.

—El sarcófago del Santo Emperador. Eso es lo que quieres, ¿verdad?

—¡…!

El Santo Emperador que notó como el cuerpo de Seo Yi-seo se estremecía se inclinó lentamente y le tocó la cabeza. Inmediatamente, una luz blanca sagrada salió de su mano y las numerosas heridas en ella, comenzaron a sanar sin dejar rastro.

—No hay necesidad de preocuparse. Te haré una santa apropiada y te presentaré frente al público, solo… —susurró suavemente al oído de Seo Yi-seo, que todavía temblaba y no podía levantar la cabeza—. Permanecer en silencio y vivir como un ratón. Seguir la voluntad de la Iglesia Ortodoxa. Vivir como si estuvieras muerta. Esto significa que no debes ir por ahí pretendiendo querer pasar las pruebas de la santidad ni servir al pueblo.

—…

—¿Lo entiendes?

—¡Hip! —Seo Yi-seo hipó y asintió frenéticamente.

Tras darle un par de palmadas descuidadas en la cabeza, el Santo Emperador se puso de pie y salió de la sala de torturas tan rápido como había llegado seguido por Katrina que estaba en silencio.

—… ¡Su majestad! 

El cardenal Benitus, que había quedado aturdido por la repentina serie de acontecimientos, tardó en recobrar el sentido y salir corriendo de la sala de tortura.

—¡Su Majestad, se trata del sarcófago del Santo Emperador! ¡De ninguna manera! —Siguió detrás del Santo Emperador que caminaba delante de él a paso rápido—. ¿De verdad está diciendo que le va a dar a esa bruja la bendición de la familia imperial? ¡Eso es ridículo!

No todos los emperadores sucesivos nacieron con fuertes poderes divinos como Nate. En algunos casos, cuando una persona sin poder divino se ve obligada a suceder, el sarcófago del Primer Santo Emperador, era el tesoro más importante, ya que les otorgaba el poder para ser un digno representante de Dios.

—¡Su majestad! ¡Debe haber un dueño más adecuado para esa bendición!

—Cardenal Benitus —el Santo Emperador se detuvo por un momento y continuó hablando sin mirarlo—. Quizás estabas planeando usarlo en Masain.

El cardenal Benitus, fue tomado por sorpresa y cerró la boca con el rostro pálido.

Benitus tenía un profundo respeto por el Emperador actual que era más digno de ser el representante de Dios que cualquier otro. Sin embargo, es cierto que le preocupaba la sangre siniestra que heredó de su madre.

Entonces, Benitus siempre pensó que lo correcto era que Masain, que fue el primogénito del legítimo sucesor al trono, fuera el próximo emperador, ¿Y ahora resulta que Su Majestad ya conocía sus intenciones?

El Santo Emperador miró la expresión de Benitus, que pasó de la vergüenza a la culpa y de nuevo a la vergüenza. Los ojos fríos de Nate se detuvieron en el cardenal por un momento y luego añadió en voz baja:

—Sin embargo, debe de quedarte esto claro. Eso no es una bendición, es una maldición.

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