Volumen 1: Niño Blanco
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Si nada salió mal en el proceso, ahora mismo debería estar dentro de una “Cápsula Espaciotemporal”. Estas cápsulas fueron creadas originalmente con fines militares, y no hace mucho tiempo comenzaron a venderse al público civil. Solo los ricos de los sistemas estelares más avanzados podrían permitirse una. Los anuncios prometían un dispositivo de supervivencia todo en uno. En resumen: si lograbas meterte dentro, ya no había forma de morir.
Podías quedarte oculto en la cápsula hasta que alguien viniera a rescatarte. Y si no llegaba nadie… tampoco era el fin del mundo. Si morías dentro de ella, el sistema comenzaba a registrar automáticamente tu información genética. Después, el equipo de clonación incorporado generaría un nuevo cuerpo para ti. Si tu cadáver entero, mejor dicho, si todo tu cuerpo quedaba completamente conservado dentro de la cápsula, la inteligencia artificial también almacenaría tu memoria y la reinsertaría en el cerebro del clon.
Una tecnología que desafiaba todo límite.
Meng Jiuzhao, un pobre don nadie de la Tierra, solo había visto ese anuncio una vez. Y no por falta de interés, sino porque nadie se molestaba en vender estas cosas en la Tierra. Ni siquiera publicitarlas.
Y aún así, Meng Jiuzhao logró sobrevivir gracias a una de ellas.
Sabía con certeza que había pasado mucho tiempo. Eso era lo único de lo que estaba seguro. ¿Cómo lo sabía? Porque ya había “muerto” una vez.
Después de aquel desastre terrible, su cuerpo fue encerrado dentro de la cápsula. Podía oír los ruidos del exterior, pero nunca llegó el rescate. Lo recordaba bien: murió de hambre.
Y justo ahora, hablando de hambre…
Meng Jiuzhao sintió un vacío feroz en el estómago. Trató de mover los brazos; Todo parecía estar en su sitio. Estaba entero. No pudo aguantar más: empezó a golpear con todas sus fuerzas las paredes internas de la cápsula.
Lo tenía decidido: ¡lo primero que haría al salir se daría un festín!
En esta vida, pensaba comer todo lo delicioso que existía. Si tenía que morir, sería de un atracón, ¡pero jamás de hambre!
Mientras Meng Jiuzhao golpeaba como loco la cápsula, al otro lado, Blake se sentaba con dignidad sobre “el huevo”.
Como encargado de incubarlo, era muchísimo más confiable que Bai. Sentado con las piernas cruzadas, colocó el enorme huevo blanco entre sus muslos. Para mantenerlo caliente, lo cubría con una gruesa manta de felpa. Era la piel de un teriylon recién nacido que Bai había cazado justo después de saber que había un huevo: nada más cálido que eso.
Este método tan poco ortodoxo para incubar no era su primera opción, pero no había alternativas. El huevo había llegado hace un mes, y en ese tiempo pasó de ser pequeño a… bueno, a un tamaño que entumecía el trasero.
Las formas tradicionales de incubación ya no servían. Sin experiencia previa, a Blake se le ocurrió este método para mantener el calor.
El origen del huevo era lo que más le dolía la cabeza.
Había tenido una gran discusión con Bai por eso. Ambos eran machos. Sí, en la larga historia de su especie existían registros muy raros de machos que lograban reproducirse. ¡Pero vamos! Bai era quien siempre lo montaba a él. ¿Cómo podía ser Bai el que puso el huevo? Si alguien iba a ponerlo, ¡tendría que ser él mismo! (囧: ¿¡Eso es lo que te preocupa!?)
Pero bueno, pensar de más no servía. Lo importante ahora era el enorme huevo entre sus piernas. Después de todo, como machos, ambos tenían instintos naturales para incubar. Al elegir estar juntos, ya se habían resignado a una vida sin crías.
O bueno, intentaban resignarse, pero en el fondo… En el fondo siempre quedó esa esperanza. Prueba de ello era que cada año acudían al Territorio de la Vida, donde toda la especie se reunía.
Los Kantas eran una raza poderosísima, con una capacidad de caza abrumadora. Si se juntaban muchos, no habría presas suficientes para todos; por eso normalmente vivían en soledad, con enormes territorios propios. Solo en temporada de apareamiento se reunían: para buscar pareja, reproducirse y tener crías.
Blake y Bai eran un caso muy peculiar dentro del grupo.
¿Peculiares por qué? Porque vivían juntos.
Y además, eran… una pareja.
Los Kantas no tenían el concepto de “familia”, ni tampoco palabras como “esposo” o “esposa”. Los padres criaban a sus crías hasta que estas alcanzaban la madurez y luego se separaban. La temporada de apareamiento era la única época en que vivían en comunidad.
Blake y Bai nacieron en la misma camada. Tras separarse de su padre, se apoyaron mutuamente y crecieron juntos. Luego, en un día donde el celo les llegó antes de tiempo, hicieron cosas que los hermanos no deberían hacer.
Y cuando quisieron darse cuenta, ya no podían estar el uno sin el otro.
Técnicamente, ya no tenían por qué presentarse en la temporada de apareamiento.
Pero cada año, sin falta, hacían todo lo posible por llegar.
Nunca hablaron del tema, pero ambos sabían lo que el otro pensaba:
Tal vez este año podamos robar un huevo…
Y si no lograban robar uno, siempre cabía la posibilidad de que alguien muriera durante la caza y pudiera adoptar un huevo huérfano.