Capítulo 15: Estar con Papá

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Volumen 1: Niño Blanco

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La preocupación de Blake no era infundada.

Tres meses después, ya no quedaba ninguna presa adecuada en su territorio.

Esa vez que vieron al triceratops, más tarde lograron cazar uno. Esta vez, de verdad fue una cacería; la necesidad de alimento los empujó a tomar riesgos extremos, y tanto Blake como Bai se jugaron la vida atacando a una criatura que no era para nada apta para que crías de Kentrosaurus practicaran la caza.

Durante la cacería, Bai resultó herido, mientras que Blake salió ileso. La herida de Bai estaba en los dientes: se le rompieron dos colmillos en forma de daga del lado izquierdo. Fue al morder al triceratops que se abalanzó sobre Blake.

—Mientras a ti no te moleste cómo se ve, todo está bien~ —decía Bai con su habitual despreocupación, muy distinto al ansioso Blake.

Durante los días de recuperación, era Blake quien salía en busca de comida. Gracias a la caza del triceratops, no les faltaba carne por el momento. Sin embargo, Blake aún debía ir a buscar frutas para su cría sin plumas.

Cada vez que Blake salía del nido a cazar, las plumas de la cola de Bai, que normalmente estaban erguidas, se venían abajo por completo. Daba vueltas por el nido, claramente intranquilo. Meng Jiuzhao sabía que, en el fondo, Bai estaba muy afectado:

Los dientes eran armas esenciales para los Kentrosaurus1. Aunque perder dos no pareciera grave, en plena cacería podía marcar la diferencia entre atrapar a la presa o dejarla escapar… o incluso perder la vida.

—Bebé… papá ya no tiene dientes. ¿Y si no puedo volver a cazar para ustedes? —susurraba Bai, mientras sostenía a su cría sin plumas. Louis ya se había quedado dormido. Bai seguía murmurando con tristeza—. Y no es solo eso… ¡Yo como muchísimo! Si Blake tiene que cazar solo, se va a agotar… ¡Y si lo matan por ir solo! ¿Qué hago? ¡Quiero morir para no ser una carga para Blake! Pero si muero, Blake se queda completamente solo…

Lágrimas enormes se formaron bajo los redondos ojos de Bai y empezaron a gotear sobre el cabello de Meng Jiuzhao, que tanto le había costado que creciera.

¡Eh, tampoco es para tanto! —pensó Meng Jiuzhao, con una gota imaginaria deslizándose por su frente.

Se limpió la frente con resignación. ¡Tus dientes van a volver a crecer! ¡Y mejor que antes! ¡En el mundo del que vengo, los Kentrosaurus incluso pagaban fortunas a dentistas para que les arrancaran los dientes viejos y así les crecieran más afilados!

Como ex dentista, Meng Jiuzhao no pudo evitar estirar su pequeña mano y meterla en la boca de Bai para palpar la zona donde se habían roto los colmillos.

Perfecto. Justo debajo del borde roto ya se asomaba una punta nueva. Los dientes que había perdido eran de leche, más blandos. Los nuevos que estaban por salir eran permanentes: los colmillos adultos y afilados de un verdadero Kentrosaurus.

Bai ya estaba creciendo. Aunque ese chiquillo de la adolescencia aún no se diera cuenta.

Meng Jiuzhao salió gateando de la boca de Bai y, sin pensarlo mucho, se limpió la mano babosa en el pecho peludo y suave del otro. Pero al tocarlo… se mojó por completo. Miró hacia arriba y se quedó perplejo.

La escena frente a él era tan absurda como cómica: Bai, con ojos grandes llenos de lágrimas, seguía llorando con la boca entreabierta por miedo a morder a su cría. Había mantenido esa posición tanto tiempo que de las comisuras le colgaban largos hilos de baba.

—Bebé… me asustaste. Los dientes de papá son muy, muy afilados —dijo Bai en cuanto notó que Meng Jiuzhao había salido. Rápidamente se tumbó en el suelo para permitir que la cría se alejara completamente de ese lugar tan peligroso. Ni siquiera notó que el niño se había limpiado la baba en su pelaje.

¡Vas a estar bien! ¡Te revisé!

Meng Jiuzhao alzó la cabeza, mirando esos ojos todavía húmedos por el llanto. Alzó su pequeña mano y, con intención de consolar, intentó darle una palmada en los dientes… pero justo en ese momento, Bai cerró la boca con rapidez, y terminó dándole una palmadita en todo el hocico.

Esta bestia salvaje en crecimiento… realmente lo amaba.

Meng Jiuzhao acarició suavemente el gran hocico de Bai. Bai cerró los ojos, relajado y feliz, disfrutando de esa muestra de cariño.

Notas del Traductor

  1. Al parecer es el nombre científico de “Kantas”, más adelante se explica.
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