Luke buscó un lugar adecuado para hablar con Leo. Sin embargo, en aquel vasto recinto, allá donde fuera, había ojos por todas partes. Tras buscar un sitio donde pudieran conversar a solas y en silencio, no tuvieron más remedio que terminar en la sala de entrenamiento.
Si los soldados sabían que el Capitán Leo estaba usando el lugar, no entrarían fácilmente. Además, la sala de entrenamiento resultó ser una elección acertada. Nada más entrar, Luke tomó una de las espadas de práctica que estaban ordenadas a un lado y se la lanzó a Leo.
—¿Eh? ¿Por qué? Dijiste que querías hablar. ¿Acaso hice algo malo? ¿Vas a pegarme?
—Cállate y agárrala. Solo quiero sudar un poco.
Leo observó fijamente el rostro de Luke y, finalmente, empuñó la espada.
Así, ambos recorrieron la amplia sala de entrenamiento sin descanso, cruzando sus aceros una y otra vez. Cada vez que terminaba un duelo, Luke solicitaba otro. Tras repetir la secuencia varias veces, Leo finalmente se rindió.
—¡Basta! Ya hemos sudado lo suficiente. Si seguimos, moriremos los dos —exclamó Leo jadeando mientras se desplomaba en el suelo.
Luke estaba en las mismas condiciones. Cuando supervisaba el entrenamiento de Dylan, solo se trataba de enseñar, por lo que no necesitaba emplear toda su fuerza; pero contra Leo, había blandido la espada con toda su energía, sin mirar atrás.
El sudor que recorría su frente se deslizaba por su mandíbula hasta caer al suelo con un leve clac. Luke jadeaba con la cabeza gacha. Se quedó mirando fijamente su propio reflejo en el suelo pulido y, al final, se dejó caer sentado.
—No me siento aliviado.
—¿Qué?
—Me siento sofocado.
Pensó que sudar lo haría sentir mejor, pero, por el contrario, la expresión que Theo había mostrado aquel día parecía grabarse con más fuerza en su mente.
—¿Pasa algo?
—…A Theo no le hace gracia que yo sea el líder de este comando especial.
Luke le relató a Leo la discusión que había tenido con Theo frente al Palacio Imperial. Mientras hablaba, el pecho se le oprimía al recordar las palabras y la mirada de Theo.
—Ah… Se ve que está extremadamente preocupado por ti.
—Pero yo, esa preocupación…
—¿Crees que no es necesaria porque eres fuerte?
—…
—¿Crees que el Comandante no lo sabe? Él es quien mejor conoce tu fuerza en todo este ejército.
Luke apretó los labios. Aquella voz preguntándole si su preocupación era una tontería para él seguía resonando en sus oídos.
—Luke, ¿quieres que te cuente algo interesante?
—¿Qué? Yo me estoy muriendo de la angustia y tú sales con esto —Luke frunció el ceño con fuerza cuando Leo comenzó a hablar con esa expresión pícara tan suya. Sin embargo, Leo no tenía intención de detenerse y empezó su relato por su cuenta.
—En este ejército circulan muchísimos rumores y anécdotas, ¿sabes? ¿Tienes idea de qué se decía hace un tiempo? Corría el rumor de que la irritabilidad del Comandante estaba por las nubes.
¿Theo, irritable? Luke trató de imaginar si eso encajaba con él, pero por más que lo pensaba, no le cuadraba. Theo no era de los que mostraban sus sentimientos; por muy grande que fuera el lío que alguien armara, él siempre se limitaba a resolverlo en silencio.
—¿Y sabes cuándo empezó a circular ese rumor?
—¿Estamos jugando a las adivinanzas o qué?
—Desde que te retiraste.
Luke, que estaba a punto de enfadarse con un Leo que parecía no dejar de bromear, se quedó petrificado.
—Tendrías que haber visto la cara del Comandante cuando escuchó por primera vez que te habías marchado.
De pronto, Luke recordó la primera vez que Pale fue a visitarlo a Caelum.
“Incluso en la reunión de capitanes, algunos decían que el momento de su retiro había sido muy irresponsable…”
Estaba convencido de que, tras su partida, Theo habría seguido con su vida con total normalidad, quizás reprochando la falta de responsabilidad de su antiguo rival. Pero lo que decía Leo era algo completamente distinto.
—Dicen que incluso fue a buscarte a tu casa.
Al principio se sorprendió por aquellas revelaciones inéditas, pero lo que siguió fue un leve e inquietante latido en el pecho. Al enterarse de que Theo no lo consideró un irresponsable, sino que fue a buscarlo, sintió que se le secaban los labios sin motivo aparente.
—A ver, lo que quiero decir es que… no creo que la preocupación del Comandante sea simplemente porque vayas a estar en peligro. Eso es lo que pienso.
Luke ladeó la cabeza. Leo soltó una pequeña risa ante esa actitud de no terminar de entender a qué se refería.
—Luke, ¿sabes por qué me resultabas tan interesante, a pesar de que no tenías buena reputación en el Cuartel General?
—Ni idea.
Luke siempre había pensado que era simplemente porque la personalidad de Leo era bastante peculiar y porque era alguien a quien no le faltaba de nada. Nadie hubiera imaginado que hubiera una razón especialmente profunda para ello.
—Hmm, si tuviera que usar una metáfora, diría que eres como el viento. ¿Cómo decirlo? Es como si no tuvieras ni rastro de ese “apego” o arrepentimiento que todos los demás poseen, ¿sabes?
Apego. En cierto modo, aquello era como un grillete con el que los seres humanos nacen por naturaleza. Ya fuera hacia una persona o hacia un objeto, tener un apego genera restricciones en las acciones de uno y le impide actuar a su antojo.
Tal como decía Leo, era natural que las personas tuvieran al menos un tipo de apego, ya fuera material o emocional.
Sin embargo, Luke no tenía nada de eso. Simplemente había corrido con la mirada puesta en un único objetivo y, tras alcanzarlo, decidió vivir dejándose llevar, tal como le apeteciera. Si le preguntaran si había algún tipo de apego en su interior… bueno, no estaba seguro.
—Como en eso te pareces a mí, me resultaba divertido observarte. Probablemente, el hecho de que te retiraras sin mirar atrás sea una extensión de eso, ¿no? Dejaste el ejército sin el menor remordimiento, a pesar de no haber llegado a ser el Comandante.
Bueno, esa no era la razón exacta, pero el contexto era similar. Era cierto que se había retirado porque ya no sentía apego por el ejército.
—¿No será eso lo que le preocupa al Comandante?
—…¿Qué?
—Es que das la impresión de que podrías marcharte de golpe en cualquier momento. No me extrañaría nada que mañana por la mañana hubieras desaparecido.
Leo se estiró con ganas y se tumbó directamente en el suelo.
“Empiezo a tener miedo de esa libertad tuya”.
De pronto, las palabras de Theo acudieron a su mente. Al principio no entendía por qué ser libre podía dar miedo, pero tras escuchar a Leo, por fin lo comprendía. Sabía con qué sentimiento Theo había dicho aquello.
—Es solo una suposición mía, pero… creo que la razón por la que el Comandante te trajo como colaborador no fue solo porque necesitara tus habilidades, sino porque quería retenerte a su lado como fuera.
¿Cómo no se había dado cuenta? ¿Por qué, cuando Theo le preguntó si tenía intención de volver al ejército, simplemente lo pasó por alto asumiendo que solo quería su talento? Theo lo había llevado grabado en su corazón todo este tiempo: que Luke era alguien que podía marcharse en cualquier instante.1
—Así que lo que quiero decir es que dejen de pelear y vuelvan a estar acaramelados pronto…
—Oye, me voy primero.
—¿Eh?
Para cuando Leo levantó la cabeza, Luke ya había salido de la sala de entrenamiento.
Al salir, el cielo ya se había oscurecido. Entre el duelo frenético con Leo y la conversación, no se había dado cuenta de que se había hecho tan tarde.
Luke se dirigió sin vacilar hacia la Oficina del Comandante. Como era de esperar, nada más entrar, Zion lo recibió con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa.
—¿Ocurre algo?
—Uff… ¿Está… Theo… digo, el Comandante… ahí dentro?
Luke recuperó el aliento mientras clavaba la mirada en la puerta firmemente cerrada de la Oficina del Comandante. Siendo el adicto al trabajo que era, seguramente seguiría allí despachando asuntos a estas horas.
—Ah, el Comandante acaba de retirarse hace un momento.
—¿Qué?
A ver, ¿por qué ese tipo, que siempre era el último en irse del mundo, hoy precisamente tenía que actuar de forma tan impredecible? Luke no pudo evitar tragarse su frustración, pensando que había corrido hasta allí en vano.
—Dijo que hoy no podía concentrarse en el trabajo… —añadió Zion, haciendo que Luke soltara un profundo suspiro.
No pudo articular palabra al sentir que, por alguna razón, él era el culpable de esa falta de concentración.
Al salir de nuevo, Luke estuvo a punto de dirigirse a la zona de preservación de maná, pero se detuvo en seco. Su intención era usar el teletransporte para trasladarse a la mansión del ducado en un parpadeo, pero su mano derecha le pesaba en la conciencia. Por supuesto, usar la magia una vez no arruinaría su cuerpo de inmediato, pero aun así, no quería preocupar a Theo.
—Maldita sea.
Luke apretó con fuerza su mano derecha y corrió fuera del Cuartel General en dirección a la mansión. Aunque ya había sudado de lo lindo con Leo, una carrera de esta distancia no era nada para él; en sus días de soldado, había soportado entrenamientos infernales mucho peores que este.
En cuanto divisó la mansión a lo lejos, aceleró aún más el paso. Luke cruzó rápidamente la gran entrada y el jardín, y sujetó con firmeza el pomo de la puerta de la residencia. Sin embargo, antes de que pudiera girarlo y entrar, alguien tiró de la puerta desde el interior, abriéndola de golpe.
—¿Eh?
Luke estuvo a punto de perder el equilibrio, pero logró estabilizarse a duras penas. Fue en ese preciso instante cuando sus ojos se encontraron con los de Theo, quien sostenía la puerta abierta. Por alguna razón, Theo estaba allí de pie con una expresión sombría, como si estuviera a punto de salir disparado en cualquier momento.
—Theo.
—…Me asusté al ver que no estabas en la mansión.
Solo después de ver a Luke, el semblante de Theo comenzó a relajarse poco a poco. ¿Acaso se había preocupado pensando que se había marchado de nuevo, cuando en realidad Luke solo había perdido la noción del tiempo en la sala de entrenamiento?
Seguramente Theo también sabía racionalmente que Luke no desaparecería de forma irresponsable. Sin embargo, su corazón no era capaz de seguir el ritmo de su razón.
—Ya que estás aquí, está bien. Ve a descansar.
Gwen, que parecía haber captado la atmósfera inusual entre los dos, se mantuvo a una distancia prudencial para no interferir en lo más mínimo.
Theo se dio la vuelta primero y subió hacia su dormitorio. Justo cuando estaba a punto de cerrar la puerta, una mano se interpuso con fuerza y la abrió de par en par.
—…Luke.
Luke entró tras él en la habitación y cerró la puerta de golpe. Un silencio incómodo envolvió el dormitorio de Theo.
—Oye, tenemos que hablar.
jajaja tu si sabés