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Heath sonreía mientras sostenía la mano de su hermano, pero en el momento en que sus manos se apretaron, Luke notó un detalle extraño.

​—…

​Bajo la manga de la túnica de Cairn, la cual se había deslizado ligeramente debido al movimiento de Heath, se asomó una marca oscura. Era una línea negra y delgada que recorría su pálida muñeca, extendiéndose como una enredadera.

​A simple vista, podría parecer una vena o un tatuaje extraño, pero Luke lo supo de inmediato. Era el rastro de la energía mágica impura. El mismo tipo de marca que había visto en Benji y Haye, aunque en Cairn parecía estar contenida o en una etapa distinta.

​Luke sintió un escalofrío. Si el Segundo Príncipe también estaba contaminado por esa magia, significaba que la influencia de Nox no solo rodeaba al Primer Príncipe, sino que había penetrado profundamente en la propia sangre de la Familia Imperial de Wellharun.

​Peor aún, Heath apretaba esa mano con tanta fuerza que los nudillos se le ponían blancos, pero Cairn no mostraba ni un ápice de dolor. Simplemente seguía sonriendo con esa expresión gélida y perfecta, como si fuera una marioneta que ha olvidado cómo sentir.

​Heath, como si hubiera sentido la mirada de Luke, giró levemente la cabeza en su dirección. Sus ojos se encontraron de nuevo, y esta vez, la sonrisa del Primer Príncipe se ensanchó un poco más, cargada de una advertencia silenciosa.

* * *

​—¿Dice que va a salir?

—Sí, hoy no tengo una agenda específica, así que planeo salir a tomar un poco de aire.

​Luke buscó a Dante desde la mañana. Le comunicó su intención de salir y Dante asintió de buen grado.

—Usted ha estado cumpliendo con la agenda sin descanso, señor Luke. Vaya y tómese un respiro con tranquilidad. Hay mucho que ver en la Plaza Saint-Rémy.

—Sí, gracias.

​Al final de la conversación, Dante le preguntó si deseaba que le asignara escoltas, pero Luke lo rechazó con naturalidad. «Voy a salir a investigar, ¿qué escoltas ni qué ocho cuartos?».

​Luke murmuró aquello para sus adentros mientras lanzaba una sonrisa amable de fachada y salía lentamente del Palacio Imperial.

Caminando directamente desde el Palacio por un sendero bien pavimentado, se llegaba a la Plaza Saint-Rémy. Ya había pasado por este camino cuando se desplazaba en carruaje como parte de la delegación.

​Luke se dirigió hacia el centro de la plaza escuchando el bullicio de la gente. Aunque les había encargado la investigación a Paul y a los demás, no habían obtenido nada significativo. Además, se sentía mal por seguir forzando a los miembros del destacamento especial a realizar investigaciones externas de forma extenuante.

​Este era un trabajo que requería mucha energía física, por lo que esta vez planeaba encargarse él mismo sobre el terreno. Luke fingió mirar alrededor como un turista antes de entrar a un restaurante cercano. El interior del local estaba tan abarrotado de gente que apenas quedaban asientos libres, y un aroma delicioso flotaba en el aire.

​Luke se sentó en un lugar adecuado, tomó el menú de papel y lo observó fijamente durante un buen rato. Actuó de forma que pareciera una persona que tenía serias dificultades para elegir qué comer.

​—Oye, ¿es tu primera vez en este local?

​Poco después, tal como esperaba, uno de los dos hombres que comían cerca le dirigió la palabra.

—Ah, sí. La verdad es que es mi primera vez en Saint-Rémy.

—Este y este plato son los mejores. Son cosas que debes probar sí o sí cuando vienes a la capital.

—¿De verdad? Muchas gracias.

​Luke saludó con soltura y llamó a un empleado para pedir esos platos.

—Por cierto, ¿de dónde vienes?

—Ah… de Belian.

​Belian era un pequeño pueblo situado al oeste de Wellharun. En realidad, era el nombre de un pueblo que recordó de repente entre los pocos que había memorizado al estudiar el mapa de Wellharun anteriormente. Decir que venía de otro país resultaba poco natural en este momento.

​Porque, actualmente, Wellharun mantenía sus fronteras estrictamente cerradas. Así que Luke no tenía más remedio que fingir ser un ciudadano de Wellharun.

—¡¿Oh, Belian?! He oído que las manzanas que se cultivan allí son excelentes, ¿es cierto?

—Por supuesto. Ni siquiera en Saint-Rémy podrían igualar a las de nuestro pueblo.

​Ante la actitud jovial de Luke, los dos hombres rieron a carcajadas. Luke sabía muy bien cómo tratar a hombres de cierta edad para ganarse su favor. Aunque era la primera vez que se enteraba de que las manzanas de Belian eran famosas.

​Después de eso, Luke continuó con una charla trivial, concentrándose en derribar los muros de desconfianza con los dos hombres.

—Pero definitivamente la capital es diferente.

—Supongo que sí.

—Vivía en un pueblo pequeño y, ahora que estoy aquí, ¡me dan ganas de mudarme a la capital! Envidio mucho a la gente que vive aquí.

​Al escuchar eso, los hombres intercambiaron miradas y rieron con incomodidad.

—…Bueno, hoy en día no es que la capital sea mucho mejor. La situación del país es un desastre.

​—Están recaudando tantos impuestos que, de verdad… no sé cómo se supone que deba vivir la gente como nosotros…

​Los ojos de Luke se entrecerraron por un instante, pero de inmediato cambió su expresión fingiendo estar abatido.

​—Ah… es verdad. De hecho, la situación en mi casa también es muy mala. Nos dedicamos a suministrar manzanas a los mercaderes que vienen de otros países, pero como dicen que últimamente no abren las fronteras con facilidad…

​—Vaya, tú también debes estar pasándolo mal, muchacho.

​—¿Acaso no es todo esto por culpa de ese maldito Príncipe Heath?

​En ese momento, uno de los hombres dejó caer su copa con un golpe seco. Luke celebró internamente; la conversación fluía mejor de lo esperado.

​—Disculpen, ya que ustedes viven en la capital, ¿deben de haber oído muchas cosas sobre el Príncipe Heath, no?

​Los dos hombres intercambiaron miradas con rostros dubitativos.

​—Bueno, algo así.

​—¿Por qué creen que el Príncipe tomó esas decisiones de repente?

​Luke soltó un gran suspiro, interpretando a un joven ingenuo, mientras vigilaba atentamente a los dos hombres. La expectativa de que por fin escucharía algo nuevo sobre el príncipe floreció en su interior.

​—Quién sabe. ¿Cómo vamos a saber nosotros lo que pasa por la cabeza de esa gente? ¿No es cierto?

​—Así es. Aguanta un poco más, ya vendrán días mejores.

​Sin embargo, ante esas palabras, los hombros de Luke se desplomaron por la decepción. Los hombres cambiaron rápidamente de tema y empezaron a parlotear sobre otras cosas, como si intentaran evitar a toda costa seguir hablando del Príncipe Heath. Luke les siguió la corriente un poco más, pagó la cuenta y salió del restaurante.

​Incluso después de haber hecho una actuación que nunca en su vida pensó realizar para no levantar sospechas, no hubo cosecha. Pero Luke no se rindió fácilmente. Después de eso, continuó su investigación usando métodos ingeniosos, oculto tras la máscara del joven ingenuo para derribar la desconfianza de los ciudadanos de Wellharun.

​“¿Cómo vamos a saber lo que piensa el Primer Príncipe la gente humilde como nosotros?”

“¿El Primer Príncipe? Pues… no sé nada en particular.”

“Hum, yo tampoco sé qué tendrá en mente.”

​Pero todas las respuestas eran prácticamente iguales. Al conversar con ellos, era evidente que sentían hostilidad hacia el Príncipe, pero en cuanto intentaba acercarse al núcleo del asunto, todos daban un paso atrás. Cuanto más sucedía esto, más crecía su curiosidad por el Primer Príncipe.

​—A los chicos tampoco les debe haber resultado fácil investigar esto.

​Luke soltó un largo suspiro. Por él, habría agarrado a cada persona que pasaba para preguntarles, pero era seguro que alguien terminaría pensando que era extraño. Parecía que por hoy lo mejor sería regresar. Aunque había avisado que saldría, no sería bien visto que se quedara fuera demasiado tiempo. Además, de tanto elegir cuidadosamente a quién preguntar, Luke se encontraba ahora en el rincón más apartado de la plaza.

Justo cuando estaba a punto de dar media vuelta, vio a un anciano que atendía un puesto callejero en un lugar cercano. Luke volvió a mirar a su alrededor. No parecía que fuera a tener ingresos vendiendo en una zona como esta, por donde apenas pasaba gente.

​El abuelo vestía ropas muy harapientas. Luke tuvo el vago presentimiento de que, tal vez, otros comerciantes lo habían empujado hasta este sector desolado.

​La mirada de Luke recorrió el lugar. Vio a un niño pequeño durmiendo con la rodilla del anciano como almohada. El aspecto del niño no era muy diferente al del abuelo.

​—Abuelo.

​Luke caminó lentamente hacia el puesto y le dirigió la palabra. El anciano, que acariciaba la cabeza de su nieto, abrió mucho los ojos al descubrir a un cliente.

​—Oh, b-bienvenido.

​Unas hermosas piezas de bisutería captaron su atención. Desde pulseras hasta collares; de cerca, Luke notó que eran accesorios de una belleza y sofisticación asombrosas.

​—Son todos hechos a mano por mí.

—¿Usted mismo hizo esto?

​Ante la pregunta de asombro de Luke, el anciano asintió con una sonrisa benevolente. Los objetos eran tan refinados que costaba creer que hubieran sido creados por manos humanas. ¿Cómo era posible que alguien con tal talento hubiera sido relegado a este rincón? ¿Acaso no había ni una sola persona en este lugar capaz de reconocer el valor de estas artesanías?

​Un suspiro de frustración por el egoísmo humano estuvo a punto de escapársele, cuando de pronto una pulsera le entró por los ojos. Una gema de un misterioso color esmeralda, sujeta por una fina correa de cuero, era de una belleza excepcional.

​—Esta pulsera es preciosa.

—Tiene buen ojo. Esa piedra es famosa por atraer la buena suerte, es una pulsera muy popular para regalar.

—¿Ah, sí? Entonces me la llevo. Casualmente tengo a alguien a quien quiero hacerle un regalo.

​Luke sonrió mientras observaba la pulsera con satisfacción.

​—¿Es un regalo para un familiar?

—No, es para mi pareja. Recibí algo de su parte pero no pude darle nada a cambio antes de venir, así que me sentía un poco mal. Esto es perfecto.

​Luke acarició el botón de Theo que guardaba en su bolsillo mientras pensaba en él.

​Y en ese instante, detrás de la pared de un edificio a lo lejos, una silueta vigilaba atentamente a Luke mientras este sonreía con ternura, como si lo estuviera acechando.

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