Ante la mención de ese nombre clave desde el principio, Luke estuvo a punto de saltar de su asiento sin darse cuenta. Sin embargo, se esforzó por mantener una expresión impasible.
La sed de sangre volvió a brotar en el rostro de Cairn, tal como la vez anterior.
—…Si te lo contara todo, ¿podrías ayudarme?
—Entonces, permítame preguntarle yo a usted. Príncipe, ¿confía en mí?
—Un mago excepcional proveniente de Heinern. Si has llegado hasta este país camuflado en una delegación, es porque tú también tienes algún propósito. —Cairn hizo una pausa antes de continuar—. ¿Ya te has dado cuenta de que en Wellharun se intentaba descubrir varios secretos militares relacionados con Heinern? Es por eso que estás aquí ahora.
Cairn también era una persona de mente ágil. Parecía haber deducido, a grandes rasgos, por qué Luke había venido hasta aquí y por qué había estado actuando de forma sospechosa durante este tiempo.
—Sí. En ese caso, ¿cuál es el propósito de Su Alteza?
—Yo… quiero detener a mi hermano. Quiero evitar que haga sufrir a los ciudadanos, que desate una guerra indiscriminada, y quiero salvar a este país.
Ante la palabra “guerra”, el entrecejo de Luke se frunció ligeramente. Y encima, “indiscriminada”. No eran términos agradables de escuchar. Luke no respondió precipitadamente a ninguna de las palabras de Cairn.
Por el comportamiento de Cairn hasta ahora, sabía que ocultaba algo y que podría ser de gran ayuda en este caso, pero aún conservaba una leve duda sobre si toda esta situación no sería en realidad una trampa.
No podía confiar en su interlocutor a la ligera. Al notar ese rastro de duda, Cairn se frotó el rostro con las manos secas, con un semblante serio.
—Todo esto comenzó cuando la enfermedad crónica de Su Majestad, el anterior Emperador, empeoró y mi hermano tuvo que ocupar su lugar.
Cairn comenzó a relatar la historia lentamente.
—Mi hermano era una persona tan bondadosa que jamás se había enfadado en su vida; alguien que sabía cuidar de su gente. Sin embargo, sufrió mucho bajo el peso de la gran responsabilidad que tuvo que asumir de repente.
Heath era perfecto en cuanto a carácter, pero no había nacido con grandes dotes de Emperador. En esa situación, cuando el Emperador se retiró temporalmente y él tuvo que cargar con todo, vivió cada día como si apenas pudiera soportar la presión que lo aplastaba.
—Durante la regencia de mi hermano, la frecuencia de aparición de monstruos en Wellharun aumentó. Aunque no tanto como en Heinern, contábamos con magos competentes y cierto poder militar, por lo que no había problema en subyugarlos… pero el asunto se agravó porque, en lugar de disminuir, los ataques se volvían más feroces cada día.
Debido a los monstruos que aparecían sin cesar por más que los mataran, los ciudadanos clamaban de dolor al perder sus vidas y sus hogares. En medio de este círculo vicioso interminable, las voces que cuestionaban si Heath tenía la capacidad de ser Emperador ganaron fuerza, sumiendo a Wellharun en el caos.
Mientras escuchaba el relato, Luke pensó en Heath. El hombre bondadoso y abrumado por la presión del que hablaba Cairn parecía ser una persona completamente distinta al Heath actual. Pensó que los rumores de los ciudadanos sobre que estaba poseído por un demonio podrían ser exagerados, pero al escuchar los detalles, comprendió por qué pensaban así.
—En aquel entonces, hubo alguien que se acercó a mi hermano.
Luke agudizó la vista con presteza.
—Un hombre que lideraba una organización llamada Nox se presentó como un grupo de magos que vagaban sin rumbo fijo, y se ofreció voluntariamente para ayudar a Wellharun.
—¿Me está diciendo que el Príncipe Heath aceptó de inmediato las palabras de unos desconocidos sospechosos cuyo origen ignoraba?
Cairn negó con la cabeza, manteniendo el rostro hundido entre sus manos.
—Mi hermano también desconfiaba, por supuesto… pero ellos se lo demostraron directamente con hechos.
Luke se acarició la barbilla al oír que, en cuanto aparecieron, empezaron a deshacerse con facilidad de los monstruos que causaban problemas. ¿Sería realmente una coincidencia? ¿Que los monstruos infestaran Wellharun de repente y que fueran suprimidos tan pronto como apareció Nox?
—Mi hermano empezó a confiar en ellos a partir de ese momento.
Luke quiso preguntar cómo pudo entregarle su confianza tan fácilmente a unos tipos de origen desconocido, pero lo cierto era que no le resultaba imposible de entender.
Para alguien que tuvo que asumir el trono sin estar plenamente preparado y que vivía aplastado por la presión de no poder resolver los problemas que asolaban al país, la aparición de alguien que se ofreciera a compartir esa carga sería tentadora. Incluso si se trataba de una soga podrida, en aquel momento no habría sido capaz de notarlo.
Cairn dijo que él siguió oponiéndose a ellos. Aquellos hombres liderados por un sujeto de rostro medio carbonizado, que aparecieron de la nada para resolverlo todo y ocupar un lugar al lado de Heath, le parecieron peligrosos, demasiado peligrosos.
—Entonces, lo relacionado con Heinern también…
—¡Todo fue instigado por esos tipos! —Cairn golpeó la mesa con fuerza.
Al tiempo que resonaba el golpe sordo, su rostro se contrajo de dolor. Brett, que seguía custodiando la puerta, mantenía una expresión tan desoladora como la de su Señor.
Cairn explicó que Nox instigó a Heath diciéndole que, si se apoderaba de su aliado, Heinern, Wellharun se convertiría en una potencia que reinaría sobre todo el continente.
—Por supuesto, yo me opuse. Al principio, mi hermano tampoco parecía muy convencido con la propuesta.
Por mucho que Heath confiara en Nox, era consciente de que mantenían una relación amistosa con Heinern y que, al ser una potencia reconocida por su poder militar, no era un objetivo que se pudiera atacar a la ligera.
—Me aseguró… que rechazaría la oferta. Me dijo que no me preocupara… —la voz de Cairn se quebró.
Esa imagen de alguien incapaz de controlar sus emociones no encajaba con la figura pulcra y calmada que solía mostrar. Cairn estaba tan furioso en este momento que su rostro, habitualmente pálido, se había tornado rojizo.
—Pero, de repente, mi hermano cambió.
—…¿Cambió?
—No solo autorizó el plan inicial para la invasión de Heinern, el cual me había dicho que rechazaría, sino que empezó a comportarse como una persona completamente distinta. Antes de ser Príncipe, soy el hermano de Heath. Como por nuestras venas corre la misma sangre, pude sentir al instante que él ya no era el mismo de antes.
Cairn soltó una risa amarga, comentando que, aunque antes no le importaba que Heath le pusiera una mano en el hombro o le estrechara la mano con naturalidad, a partir de cierto momento, esos mismos gestos empezaron a ponerle la piel de gallina.
Luke recordó la expresión cargada de sed de sangre que afloró en Cairn cuando Heath le estrechó la mano hace poco.
—Sin duda, Nox le ha hecho algo a mi hermano. Estoy convencido de que le han lanzado algún hechizo para manipular su mente.
—Magia de manipulación mental… —murmuró Luke para sí mismo.
Era algo que él también había considerado. Si el líder de Nox estaba controlando la mente de Heath como si fuera una marioneta, todo lo que Cairn decía cobraba sentido, pero, aun así, sentía una extraña punzada de incomodidad.
—¿Entonces por qué el Palacio Imperial de Wellharun simplemente los dejó estar?
—Las personas que conocen la existencia de Nox son extremadamente escasas incluso en este Palacio. Mi hermano nunca hizo pública su presencia.
—En ese caso, ¿no podría Su Alteza haberlo denunciado directamente para enderezar las cosas?
Ante esas palabras, el semblante de Cairn se ensombreció drásticamente.
—…Luke, en esa mano derecha tuya parece residir una energía mágica distinta a tu maná original, ¿me equivoco?
Luke se sobresaltó y, por reflejo, bajó su mano derecha bajo la mesa.
—¿Me creerías si te dijera que esa magia siniestra… está amenazando la vida de mi padre?
—…¿Cómo dice?
Ante una declaración tan inesperada, Luke no pudo responder de inmediato y replicó con un lamento ahogado.
—Esa es la razón por la que Su Majestad, el anterior Emperador, está postrado en cama ahora mismo —intervino Brett, quien había permanecido en silencio.
Luke bajó la mirada hacia su mano derecha casi sin querer.
—¿Qué quiere decir con eso…? Claramente, el Emperador de Wellharun estaba enfermo debido a una dolencia crónica…
—Al principio era una enfermedad crónica. Pero la dolencia que padece mi padre no es del tipo que amenaza su vida o que lo obligaría a quedarse postrado de esa manera.
—…¿Me está diciendo que esos tipos introdujeron maná impuro en el cuerpo del Emperador para agravar su enfermedad a propósito?
Mientras decía esto, Luke se resistía a creerlo. Sin embargo, Cairn guardó silencio y Brett evitó su mirada bajando la vista, lo que sugería que no estaba equivocado. Cairn, con su aguda capacidad de detección, había sentido el maná extraño alojado en el cuerpo de su padre. No pudo evitar darse cuenta de que era una energía inusual y que era obra de Nox.
—Con mi hermano bajo el dominio mental de esos tipos y mi padre luchando por su vida día tras día por su culpa, ¿cómo podría yo denunciarlo ante los ministros y enfrentarlos cara a cara?
Además, a partir de cierto momento, Heath limitó incluso la libertad de Cairn. Bajo el pretexto de preocuparse por su salud, comenzó a controlar sus movimientos sutilmente para que no pudiera salir del Palacio Imperial.
—Y en medio de esa situación, Wellharun recibió con total naturalidad a la delegación —comentó Cairn, pasándose la mano por el cabello con frustración.
Parecía estar sumamente indignado por el hecho de que recibieran a la delegación de Heinern como si nada, mientras planeaban traicionar al país aliado.
—Incluso sentí ganas de contárselo todo a los integrantes de la delegación.
Los ojos de Cairn brillaron intensamente. En ellos se vislumbraba furia, tristeza, resentimiento e impotencia. Los ojos de alguien que lo sabe todo pero no puede hacer nada son profundamente tristes.
—Pero… al enterarme de que eres un mago, al ver que posees esa misma magia siniestra que mi padre y al notar cómo intentabas desentrañar lo que ocurre en este Palacio, sentí una pequeña esperanza.
Cairn entrelazó sus manos con fuerza. Se podía ver cómo las venas de sus nudillos resaltaban por la presión.
—Luke, mago venido de Heinern, te ruego… que me ayudes a poner fin a esta desgracia.
Cairn inclinó la cabeza. Ante la imagen de un Príncipe de un imperio postrándose sin vacilar, Brett se sorprendió por un instante, pero pronto se inclinó también hacia Luke.
—Sí, de acuerdo.
Ante la respuesta alegre y sin vacilaciones, ambos intercambiaron miradas de desconcierto.