Capítulo VIII

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Capítulo VIII

Ye Yuzhen estaba tan furioso que terminó riendo.

—Muy bien. Si esta vez ocurre algo inesperado, me aseguraré primero de volarte la cabeza. Mejor pájaro en mano.

Zeng Yusen sonrió apenas. Sus ojos centellearon.

De pronto, Ye Yuzhen lo empujó con fuerza y comenzó a arrastrarlo hacia la salida. Le presionaba la pistola contra la espalda, con el cuerpo pegado al suyo.

Del cuerpo de Zeng Yusen emanaba un leve olor limpio, a jabón.

Sin saber por qué, Ye Yuzhen sintió un mareo fugaz.

Era como si hubiera regresado a su infancia, al estudio de la familia Ye. Cuando se acercaba demasiado a aquel niño desaliñado, también percibía ese olor limpio, y no podía evitar preguntarse, desconcertado: ¿cómo podía oler a jabón alguien tan sucio?

Si en aquel entonces hubiera aceptado a Zeng Yusen como amigo… ¿en qué clase de Ye Yuzhen se habría convertido hoy?

En ese instante oyó el sonido seco de un arma al quitar el seguro.

Su reacción fue inmediata: se lanzó al suelo.

Él y Zeng Yusen cayeron pesadamente.

Zeng Yusen dejó escapar un quejido.

—El joven Ye está bien entrenado —murmuró con dolor—. Si ya me tienes como escudo, ¿qué necesidad había de tirarte al suelo?

Ye Yuzhen quedó desconcertado un segundo, pero no tuvo tiempo de reflexionar.

Frente a ellos, una fila de hombres árabes empuñaba ametralladoras pesadas. No hubo alternativa: todos los presentes tuvieron que entregar sus armas.

Zeng Yusen se incorporó. Al ver al hombre que encabezaba el grupo —vestido con una túnica negra— abrió ligeramente la boca, como si algo no encajara.

Andrew suspiró, se arrancó la barba postiza y dijo con sequedad:

—Si creen que soy Bin Laden, están muy equivocados.

Al ver que incluso en una situación así Andrew seguía haciendo bromas estúpidas, Ye Yuzhen soltó un bufido y preguntó en árabe perfecto:

—¿Quiénes son ustedes?

El hombre de túnica negra no respondió. Se limitó a resoplar con arrogancia y, con un gesto de la mano, ordenó a sus subordinados que los ataran. Luego les cubrieron la cabeza con capuchas negras.

Tras un trayecto lleno de golpes y sacudidas, mareados por tantas vueltas, los empujaron finalmente dentro de un patio rodeado de muros de barro amarillo. En el centro, un hombre de piel oscura, vestido con túnica blanca árabe, estaba arrodillado rezando.

Al verlo, el rostro de Andrew cambió de color. Susurró:

—¿Así que hiciste todo lo posible para impedir que trajera guardaespaldas… solo para que él nos capturara?

Zeng Yusen observó los alrededores y respondió con una sonrisa amarga:

—Esta vez te equivocas. Esto no estaba en mis planes.

Andrew rechinó los dientes, furioso.

—¿No calculas hasta la hora exacta para mear?

Después de hacerlos entrar, los árabes descargaron culatazos contra sus rodillas, obligándolos a arrodillarse. A Ye Yuzhen lo golpearon varias veces, pero se negó a hincarse. Xu Anlin cayó al suelo, apretó los dientes y volvió a levantarse. Cayó y se levantó varias veces, hasta quedar de pie junto a Ye Yuzhen.

El hombre de negro no pudo evitar mostrar cierta sorpresa ante tanta obstinación.

Zeng Yusen no dijo una palabra. Fingió no haber visto nada.

Andrew, en cambio, se arrodilló erguido y comentó con una sonrisa torcida:

—¿No dicen ustedes los chinos que el héroe no pelea cuando la situación es desfavorable? Si les rompen las piernas, luego ni aunque haya oportunidad podrán escapar.

Ye Yuzhen ni siquiera parpadeó.

El hombre de negro iba a golpear de nuevo, pero el árabe que rezaba hizo un gesto con la mano y se levantó. Tomó el pañuelo blanco de su cabeza, se limpió las manos y preguntó:

—¿Saben quién soy?

Andrew y Zeng Yusen negaron con la cabeza al instante.

Ye Yuzhen soltó una carcajada fría.

—El rey del contrabando de diamantes negros africanos… Fide.

Andrew puso cara de querer vomitar sangre.

—Dios mío… ¿no podías esperar a que él mismo lo dijera?

Ye Yuzhen volvió a sonreír con frialdad.

—¿Acaso crees que él no conoce nuestros antecedentes?

—Directo al grano. Digno de la estrella de la Interpol —dijo Fide, cruzando frente al pecho sus manos adornadas con enormes diamantes, mientras paseaba la mirada por sus rostros—. El agente internacional Ye Yuzhen. Zeng Yusen, hijo de la familia Zeng del Reino Unido. Andrew, el rey del dinero negro del norte de Europa… Y este… debe de ser Xu Anlin, el infiltrado de la Interpol que desmanteló a la familia Zeng.

Al oír aquello, el rostro de Xu Anlin palideció. Sin poder evitarlo, lanzó una mirada hacia Zeng Yusen.

Éste permanecía arrodillado, inexpresivo.

Andrew, al ver revelada su identidad, y siendo ahora obligado a arrodillarse ante alguien que hasta entonces era su igual, no discutió. Cruzó las manos sobre el pecho, murmuró una bendición a Alá y se levantó con total naturalidad.

Tras tratar con él durante un tiempo, Zeng Yusen sabía que Andrew era alguien que no toleraba la menor pérdida. Si hoy lograba salir de allí, más tarde sin duda buscaría problemas a Fide. Era despiadado y lleno de artimañas; probablemente Fide no sería rival para él.

Fide abrió las manos con gesto amplio.

—Ya que todos somos personas con estatus… Mi objetivo son los cuatro mil millones en diamantes de Taylor. Sé que ya han caído en sus manos. Si cooperan conmigo, lo juro por Alá, no se irán con las manos vacías.

Al ver que ni Andrew ni Zeng Yusen decían palabra, que Ye Yuzhen solo sonreía con frialdad y que Xu Anlin mantenía la cabeza baja, ausente, volvió a sonreír.

—Bien. De esos cuatro mil millones, les cederé quinientos millones a la familia Zeng y otros quinientos a la organización de lavado de dinero del norte de Europa. A este agente de la Interpol también le daré cien millones. Y además, Zeng Yusen… he capturado a tu enemigo. Puedes hacer con él lo que quieras. ¿Qué te parece?

Zeng Yusen se levantó, se sacudió el polvo de la ropa y sonrió levemente.

—¿Disponer de él cómo?

Al oír ese tono tan indiferente, el corazón de Xu Anlin se contrajo de pronto, como si se le cortara la respiración.

Fide sonrió.

—¿Cómo vamos a permitir que un traidor como este siga vivo campando a sus anchas? —Al ver que Zeng Yusen tenía los párpados entrecerrados, añadió—: Yo me encargo de darle su merecido por ti. Cuando se te ocurra cómo acabar con él, ya lo harás.

Dicho esto, hizo un gesto con la mano y varios fornidos árabes se abalanzaron sobre Xu Anlin, derribándolo al suelo. Ye Yuzhen, demudado, intentó detenerlos, pero también recibió un culatazo. Varios hombres lo inmovilizaron contra el suelo.

Los árabes rodearon a Xu Anlin y comenzaron a patearlo y golpearlo.

Zeng Yusen comentó con una ligera sonrisa:

—Si siguen pegándole así, temo que no tendré mi turno. Lo matarán antes.

Fide alzó la mano y los hombres se detuvieron.

Xu Anlin jadeaba, encogido en el suelo.

Zeng Yusen se acercó, le agarró el cabello con fuerza y le obligó a levantar la cabeza para mirarlo. Con voz fría, preguntó:

—Xu Anlin, ¿te arrepientes de haber sido un traidor?

Xu Anlin alzó el rostro. Un hilo de sangre corría por la comisura de sus labios, pero su expresión era obstinada, orgullosa. Pronunció cada palabra con claridad:

—No. Me. Arrepiento.

—¿Ah, no?

—Aunque pudiera elegir otra vez, volvería a hacerlo. ¡Tú me enseñaste a disparar! Si sé disparar, el único oficio posible es ser policía. El hijo de mi madre jamás será un ladrón. Caminará por una senda luminosa. Y aunque muera, morirá bajo el sol.

Su voz resonó con furia contenida frente a Zeng Yusen.

Zeng Yusen no mostró emoción alguna. Solo lo miró en silencio.

Andrew suspiró y murmuró:

—Todo un héroe… Al final, ser policía no es más que un trabajo…

Ye Yuzhen, inmovilizado en el suelo, intervino con urgencia:

—¡Fide, olvida los cien millones! ¡A cambio de la vida de Xu Anlin, yo te daré otros cien!

Andrew contuvo la respiración y farfulló para sus adentros:

—Vaya, vaya… qué profesión tan cara…

Fide respondió, vacilante:

—Pero aquí tengo cuatro mil millones…

Zeng Yusen soltó a Xu Anlin, se sacudió las manos y esbozó una sonrisa cruel.

—Muy bien. Prepárenme una habitación. Ya sé cómo castigarlo —dijo, y se volvió hacia Fide—. Cuando termine con el traidor, te diré dónde están los cuatro mil millones.

Fide comprendió al instante. En su rostro oscuro apareció una expresión de júbilo.

—¡Bien, bien! ¡Excelente idea!

Zeng Yusen señaló una de las habitaciones del patio y se burló:

—Esa me servirá. Y además…

Apuntó hacia Ye Yuzhen.

—Nuestra familia quedó arruinada y deshecha. Él también tuvo parte de culpa. Métanlo en la habitación de al lado.

Ye Yuzhen forcejeó con todas sus fuerzas y rugió:

—¡Zeng Yusen, no eres humano!

Zeng Yusen sonrió. Sin importarle las patadas desesperadas de Xu Anlin, le agarró el tobillo y dijo con indiferencia:

—Joven señor Ye, ¿recuerdas el regalo que me hiciste? Hoy te devolveré el favor. Denle dos botellas de whisky. Quiero que disfrute despacio del espectáculo entre su amante y otro hombre.

Ye Yuzhen se quedó helado y sostuvo la mirada de Zeng Yusen durante un instante.

Fide estalló en carcajadas y ordenó:

—¡Vamos! Llévenle a este agente dos de las mejores botellas de whisky y enciérrenlo en la habitación contigua.

Xu Anlin no había soltado un solo quejido mientras lo golpeaban brutalmente; ahora, en cambio, las lágrimas corrían sin control por su rostro. Zeng Yusen lo arrastró hacia la habitación sujetándolo por una pierna. Él forcejeaba y gritaba:

—¡Mátame de una vez, Zeng Yusen…! ¡Te odio, Zeng Yusen!

Andrew, al ver que los árabes arrastraban a Ye Yuzhen hacia la otra habitación, se apresuró a decir:

—¡Yo me voy con este agente!

Fide sonrió.

—Este agente es guapo, sí, ¡pero vaya potro salvaje!

Andrew respondió sin dudar:

—¡Precisamente me gustan los potros salvajes!

Apenas los empujaron al interior, descubrieron que era un cuarto trastero, abarrotado de objetos.

Ye Yuzhen apenas se había incorporado cuando, al volverse, lanzó una patada giratoria directa a la entrepierna de Andrew. Andrew, asustado, dio un salto atrás y se estrelló contra unos bidones de plástico apilados.

—¡Alto, alto! —gritó sin aliento.

Ye Yuzhen, con los ojos inyectados en sangre, lo fulminó con la mirada.

—¿Qué le regalaste aquella vez a Zeng Yusen? —preguntó Andrew, jadeando.

Ye Yuzhen resopló con desdén. Se acercó a los bidones, destapó uno y olió su contenido. Sus ojos se iluminaron. Luego, con indiferencia, respondió:

—Un libro.

—¿Un libro? —insistió Andrew, impertinente.

El pulgar ardiente, de Fabre —respondió Ye Yuzhen con fastidio.

—¿Un libro de química?

Ye Yuzhen soltó una risa sarcástica.

—No sabía que alguna vez habías leído algo.

—¿Por qué le regalaste un libro de química?

—¡Él mismo lo pidió! —respondió Ye Yuzhen con impaciencia.

—¿Y para qué quería Zeng Yusen un libro de química en un momento como este?

Ye Yuzhen volvió a reír con sorna.

—Explosivos. Líquidos.

Andrew puso cara de lástima.

—¿Vas a usar este whisky tan bueno para hacer volar a alguien? Pero a nosotros nos quitaron los mecheros.

Ye Yuzhen resopló con desdén:

—No he dicho que haya que usar fuego. Zeng Yusen debió de ver estos bidones de lejía apilados aquí hace rato.

Hizo una pausa, leyó la etiqueta impresa en el bidón y añadió, pensativo:

—No esperaba que también supiera árabe.

—¿Se pueden hacer bombas con lejía? —Andrew estaba maravillado.

—¿Acaso no sabes que mezclando cloro con alcohol se puede fabricar una bomba de explosión por gas? —dijo Ye Yuzhen con indiferencia.

Andrew se quedó pasmado un buen rato antes de soltar una exclamación.

Ye Yuzhen arrancó el tapón de la botella de whisky con los dientes, vertió un poco en el suelo y luego añadió lejía. Observó la formación de burbujas, volvió a cerrar la botella con firmeza y se la tendió a Andrew.

—Agítala con fuerza.

—Acabas de decir que va a explotar… —murmuró Andrew, frunciendo el ceño.

—No te haré volar ahora mismo —respondió Ye Yuzhen con frialdad.

Los ojos de Andrew brillaron apenas un instante, pero Ye Yuzhen añadió enseguida:

—Pero tarde o temprano acabaré con tu vida.

Después de eso, dejó de prestarle atención. Se sentó junto a la pared y escuchó en silencio los sonidos procedentes de la habitación contigua.

***

Zeng Yusen ató las manos de Xu Anlin al cabecero de la cama. Observó sus ojos llenos de furia y dijo con calma:

—Xu Anlin, ¿te arrepientes de haberme conocido?

Xu Anlin cerró los ojos, alzó el mentón y respondió:

—Esa pregunta no tienes que hacérmela a mí. Tú mismo sabes la respuesta.

—Quiero oír tu respuesta.

—¡Siempre me intimidabas! ¿Quién podría querer que lo maltraten todo el tiempo?

—¿Y qué más?

—Siempre eras misterioso. ¿Quién querría a alguien que actúa como si ocultara algo todo el tiempo?

—¿Y qué más?

—Nunca eras del todo sincero. ¿Quién podría querer a alguien incapaz de distinguir entre verdad y mentira?

—¿Y qué más?

Xu Anlin lo pensó un instante y estalló:

—¡No tienes ni pizca de autoconciencia! ¿Encima quieres que te lo diga yo?

—Vaya… sí que tengo defectos. No hay comparación con Ye Yuzhen, ¿verdad? —dijo Zeng Yusen, con la voz ligeramente ronca.

Xu Anlin ladeó la cabeza y guardó silencio. Era una forma de asentir.

Zeng Yusen sonrió.

—Por eso no me quedó más remedio que querer con todas mis fuerzas a Da Huang, Anlin… Porque, por más que me esforzara, jamás lograba captar toda tu atención.

La cabeza de Xu Anlin se movió con inquietud.

—¿Desde cuándo tienes tanta conciencia de ti mismo?

—Desde hace tiempo —suspiró Zeng Yusen, aún sonriendo—. Entonces… ¿te gusta acostarte conmigo? No se me da mal, ¿verdad? Al menos tengo alguna cualidad.

El rostro de Xu Anlin ardió.

—¿Quién ha dicho que me guste acostarme contigo?

Zeng Yusen deslizó la mano entre sus piernas y murmuró con una media sonrisa:

—Él lo dice.

Xu Anlin se sonrojó aún más.

—Pa-pa-pa… para. Ya te lo he dicho, no quiero hacerlo contigo…

De pronto, Zeng Yusen bajó la cabeza y lo besó. Con voz áspera, susurró:

—No me quites la única cualidad que me queda.

Mientras hablaba, una mano se deslizó bajo la camisa de Xu Anlin y lo acarició con lentitud, escuchando su respiración entrecortada, sin saber si era un jadeo o un sollozo.

Xu Anlin sentía el cuerpo arder. Pensar que había tanta gente fuera, que podían oír cada sonido, lo llenaba de rabia y vergüenza.

—¡Te odio! ¡Déjame en paz! —gritó.

—Tus palabras ya no hacen daño… —murmuró Zeng Yusen, besando su clavícula, jadeante—. Llevas dieciséis años expresando lo mucho que me detestas… Me he acostumbrado.

—¡Si lo sabes, entonces por qué sigues pegado a mí! —replicó Xu Anlin, furioso.

—Porque tengo que despedirme de Anlin…

Mientras le quitaba los pantalones con aparente tranquilidad, añadió:

—Después de hoy, tú y yo seremos desconocidos.

—¿Desconocidos…? —La voz de Xu Anlin tembló—. ¿Qué quieres decir?

—Que Zeng Yusen y Xu Anlin se convertirán en simples transeúntes, como el peatón A y el peatón B.

—N-no entiendo…

Zeng Yusen lo miró a los ojos y sonrió.

—Significa que, a partir de ahora, podrás ser un buen policía. En tu expediente habrá un prófugo llamado Zeng Yusen. Ese Zeng Yusen y otro criminal buscado llamado Sen Yuzeng no serán distintos. En tu mente, ambos compartirán el mismo código: «delincuente en busca y captura».

»Podrás tener una pareja, alguien como Ye Yuzhen. Muchos te envidiarán, te tendrán celos. Ah, y en el Reino Unido ya se permite el matrimonio entre personas del mismo sexo; no tendrán que ir hasta los Países Bajos para casarse. Quizá algún día adopten un niño, lo llamen Xiao An o Xiao Lin, y lo envíen también a estudiar al aristocrático colegio Summerfield…

Xu Anlin escuchaba aturdido. Tras un largo instante de desconcierto, comenzó a forcejear con violencia, sollozando mientras pateaba con todas sus fuerzas a Zeng Yusen.

Zeng Yusen besó sus ojos y suspiró suavemente.

—Perdona por hacerte llorar dentro de la habitación… Los ángeles están afuera.

Las lágrimas de Xu Anlin brotaban sin cesar entre los labios de Zeng Yusen.

—¡Te odio, Zeng Yusen! ¡Te odio, te odio, te odio!

Lo repitió una y otra vez, hasta que su voz se desgarró en un grito ronco.

Sus alaridos provocaron carcajadas entre los árabes en el patio.

En la habitación contigua, Andrew agitaba con fuerza la botella mientras observaba el perfil firme de Ye Yuzhen, levemente ceñudo.

—Oficial Ye, ¿por qué decidió hacerse policía?

—Me gustan las armas —respondió Ye Yuzhen con frialdad—. Sobre todo disparar contra gente como tú.

Andrew sonrió. Al ver que seguía atento a los sonidos del cuarto de al lado, añadió de pronto:

—Zeng Yusen es muy atractivo… pero no es fácil dominarlo.

Ye Yuzhen giró la cabeza, frunciendo el ceño.

—¿Qué estás diciendo?

—Quiero decir que Zeng Yusen resulta muy atractivo, despierta deseo. Pero es demasiado peligroso. A menos que, después de acostarte con él, le pegues un tiro.

Ye Yuzhen soltó una risa helada.

—¿Qué pasa? ¿Tú también sabes lo que es tener miedo?

—No exactamente. Solo creo que Zeng Yusen no me atrae tanto como para acostarme con él una vez y luego vivir perseguido por él el resto de mis días.

Al ver la mirada despectiva que Ye Yuzhen le lanzó, añadió con una sonrisa:

—Oficial Ye, ¿sabe que mira demasiado a Zeng Yusen…?

—Miro a un fugitivo —replicó Ye Yuzhen con tono glacial.

Tras un breve silencio, Andrew volvió a hablar:

—Oficial Ye, ¿alguna vez le han dicho que es muy guapo?

Ye Yuzhen giró lentamente la cabeza y sonrió apenas.

—¿No sabes también que yo tampoco soy fácil de dominar?

La frialdad de su mirada hizo que a Andrew se le erizara la piel. Se apresuró a concentrarse en agitar la botella.

Poco después, Zeng Yusen abrió la puerta y salió, con la ropa desordenada. El rostro oscuro de Fide se iluminó de satisfacción.

—Señor Zeng, ¿ha quedado satisfecho?

Zeng Yusen bajó los párpados y respondió con languidez:

—Más o menos.

Fide, al ver que Zeng Yusen no parecía demasiado entusiasmado, volvió a sonreír.

—¿Qué tal si prueba con el otro agente?

Al oír esas palabras, Zeng Yusen alzó de pronto los párpados y dejó al descubierto sus ojos negros. Sonrió con diversión.

—Claro. Pero ese es un tigre. Cuando un leopardo se encuentra con un tigre… no se sabe quién acabará devorando a quién.

Fide soltó una risa fría.

—Cualquier tigre que llegue aquí termina convertido en gatito.

—Oh… —Zeng Yusen alargó la sílaba mientras se daba la vuelta hacia la habitación. Le guiñó un ojo a Fide y añadió—: Estaré esperando.

Fide hizo un gesto con la mano. Dos árabes armados con fusiles se dirigieron hacia la habitación de Ye Yuzhen. Abrieron la puerta y, desde el umbral, le dedicaron una sonrisa malintencionada.

—El señor Fide quiere que salga a escena, señor.

Ye Yuzhen se puso en pie, inclinó levemente la cabeza y sonrió.

—Me too (NE:Yo también)

Los dos árabes apenas tuvieron tiempo de reaccionar. Ye Yuzhen lanzó con violencia la botella de whisky contra el suelo, a sus pies. El vidrio estalló al instante. La explosión no fue descomunal, pero los fragmentos salieron despedidos e incrustaron esquirlas en la cabeza y los ojos de ambos hombres. Uno murió en el acto; el otro lanzó un alarido desgarrador.

Andrew y Ye Yuzhen actuaron al mismo tiempo y les arrebataron las pistolas.

Los disparos resonaron con fuerza en el patio. Ye Yuzhen empujó hacia afuera al árabe que aún seguía con vida, usándolo como escudo. Se volvió con total naturalidad hacia Andrew y le ordenó:

—¡Cúbreme!

Andrew se quedó desconcertado un instante. Vio cómo Ye Yuzhen ya había salido disparado de la habitación. Su esbelta silueta se movía con agilidad, esquivando y sorteando los disparos. Cada vez que sonaba su rifle, un árabe caía. Andrew contuvo la respiración y murmuró:

—¡Menuda puntería!

Xu Anlin, con los ojos enrojecidos, se arregló la ropa. En cuanto puso la mano en el pomo de la puerta, Zeng Yusen lo detuvo.

—Deja que Ye Yuzhen y Andrew se encarguen de eso.

La expresión de Xu Anlin ya se había calmado. Miró a Zeng Yusen y preguntó:

—Zeng Yusen, si sabías desde el principio que tarde o temprano tendrías que soltarme, ¿para qué te empeñaste entonces?

Zeng Yusen mantenía los párpados caídos. Su flequillo siempre había sido largo, por lo que a menudo pasaban desapercibidas sus largas pestañas. Pero cuando Xu Anlin quiso ver la expresión de sus ojos, se dio cuenta de que era imposible distinguir nada bajo aquellas pestañas.

Xu Anlin esperó un momento, alimentando una esperanza, aunque no sabía bien qué esperaba. Pero Zeng Yusen no dijo ni una palabra. Entonces, Xu Anlin, con esfuerzo, fue separando uno a uno los dedos de Zeng Yusen de su brazo. Tras echar un vistazo furtivo por la puerta, salió disparado.

Para entonces, el tiroteo en el patio estaba llegando a su fin. Andrew apuntaba con su pistola a Fide y le decía con una sonrisa:

—¿Tan feroces son los gatos en casa del señor Fide?

El oscuro rostro de Fide se contrajo. Se arrodilló rápidamente, cruzó las manos sobre el pecho y suplicó:

—¡Por Alá, perdóneme la vida! ¡Los cuatro mil millones en diamantes son suyos!

—Vaya, sí que sabes hacer cuentas —Andrew se giró el cuello y sonrió—. Te propongo algo: primero te quito la vida… y luego te la devuelvo. ¿Qué te parece?

Ye Yuzhen le sostuvo la mano y dijo con voz grave:

—¡No puedes matarlo!

—Inspector Ye, usted también ha matado a unos cuantos…

—Según la legislación internacional, no puedo matar a un sospechoso que se ha rendido.

—Inspector Ye… —Andrew lo miró un instante con sus ojos grises, observando su atractivo rostro, y luego sonrió—. Si no lo matamos, en cuanto salgamos de Tarfaya, él nos matará a nosotros.

—Eso es cosa tuya —replicó Ye Yuzhen con una sonrisa fría.

Apenas habían intercambiado unas palabras cuando Xu Anlin, a un lado, gritó de repente:

—¡Cuidado!

Sin que nadie se diera cuenta, Fide había sacado una pistola y apuntaba directamente a Andrew y a Ye Yuzhen.

Sin volverse siquiera, Andrew disparó varias veces seguidas. Fide cayó muerto al instante. Andrew sopló el humo del cañón y sonrió a Ye Yuzhen.

—Oficial Ye, la Ley internacional permite la legítima defensa, ¿no?

Ambos se miraron un segundo… y, de repente, alzaron sus armas apuntándose mutuamente a la cabeza.

Xu Anlin recogió un arma del suelo y la dirigió hacia Andrew.

—Contaré hasta tres. Si no bajas el arma y te entregas, dispararé.

—Quien te provocó fue Zeng Yusen, conejito…

Andrew no había terminado su burla cuando Xu Anlin le golpeó con fuerza la cabeza con la culata. Entre dientes, escupió:

—¡Uno!

—¡Zeng Yusen! —La sangre comenzó a correr por la sien de Andrew. Suspiró—. Parece que no dejaste satisfecho a tu novio, por eso ahora está tan irritable.

—¡Dos! —Xu Anlin volvió a golpear sin vacilar.

Andrew no esperaba tanta dureza. Aspiró bruscamente y, aun así, sonrió a Ye Yuzhen.

—Yuzhen… cuando llegue a tres, dispararé. Nos vamos juntos, ¿qué te parece?

Ye Yuzhen soltó una risa fría.

—No vamos por el mismo camino.

—Yuzhen, los ángeles no tienen órganos sexuales. Se pierden muchos placeres. Mejor ven conmigo al infierno.

Xu Anlin no sabía si Andrew, con el rostro cubierto de sangre, estaba divagando o si realmente dispararía cuando él pronunciara el tres. Dudó. La palabra se le quedó atascada en la garganta; no se atrevía a decirla a la ligera.

En ese instante de vacilación, los dedos largos de Zeng Yusen se cerraron suavemente sobre el cañón de su arma.

—Joven señor Ye, ¿no sería más interesante atrapar a Taylor que perseguirnos a nosotros? —preguntó con una sonrisa.

—¿Taylor? —Ye Yuzhen frunció levemente el ceño.

—Exacto —dijo Zeng Yusen—. Vamos juntos. Cuando encontremos a Taylor, veremos si tú logras capturarnos… o si nosotros escapamos con los cuatro mil millones en diamantes.

Ye Yuzhen sostuvo su mirada unos segundos y, de pronto, bajó el arma.

—De acuerdo.

Andrew, sorprendido por aquella decisión tan directa, tardó un momento en reaccionar antes de soltar una carcajada.

—Bien, bien… ¡policías y criminales colaborando!

—Yo no estoy colaborando contigo —aclaró Ye Yuzhen con calma—. Me sentaré a observar cómo se despedazan. Cuando terminen, bajaré a arrestar al que quede en pie.

Dicho esto, se dio la vuelta y echó a andar.

Andrew, alzando la voz hacia su esbelta espalda, gritó:

—¡Estoy dispuesto a actuar para ti!

Xu Anlin guardó el arma y, en silencio, siguió a Ye Yuzhen. Zeng Yusen observó su figura alejarse durante largo rato sin decir palabra.

Andrew se volvió hacia él.

—Zeng Yusen, ¿qué demonios estás tramando?

Zeng Yusen retiró por fin la mirada y sonrió con parsimonia.

—¿No es evidente? Es por los cuatro mil millones en diamantes.

Ye Yuzhen se inclinó ligeramente hacia Xu Anlin y preguntó en voz baja:

—¿Estás bien, Anlin?

Xu Anlin esbozó una sonrisa amarga.

—Senior, tranquilo. No pasa nada. Él siempre ha sido así, le gustan las bromas pesadas. No me haría daño de verdad.

Ye Yuzhen pasó un brazo por sus hombros. Al tocarlo, notó que su piel estaba helada, sin el menor rastro de calor. Lo estrechó con más fuerza.

—Oh, oh… —rio Andrew—. Zeng Yusen, tus dieciséis años no valen ni dieciséis segundos de otro.

Zeng Yusen no respondió. Los seguía sin prisa, con calma. Parecía no prestar atención a los pequeños gestos entre Andrew y Ye Yuzhen; sin embargo, al cabo de menos de una hora, todo tipo de personas comenzaron a seguirlos.

Por la noche cenaron en un pequeño local de cuscús, donde servían el plato tradicional marroquí.

La cocina marroquí solía ser ligera: un trozo de pan crujiente recién horneado, algo de carne y una taza de té verde con limón. Por fortuna, el establecimiento estaba junto al mar. A través de la ventana se veían las olas golpeando las rocas, levantando espuma tras espuma, y en la bruma grisácea del atardecer el lugar adquiría un encanto especial.

Los cuatro comieron en silencio durante un rato. Andrew frunció el ceño y rompió la quietud:

—¿De verdad vamos a desperdiciar así el tiempo que pasamos juntos? No es común que la Interpol y criminales internacionales compartan mesa.

Ye Yuzhen soltó una risa fría.

—No te preocupes. También te acompañaré en tu última cena.

Los ojos gris plateado de Andrew se posaron en él mientras desgarraba el pan con elegancia.

—Ye Yuzhen, de verdad despiertas ganas de conquistarte.

Ye Yuzhen alzó la vista, dispuesto a responder, pero Zeng Yusen, que percibía la chispa entre ambos, lo interrumpió:

—Joven Ye, ¿por qué no cantas una canción?

Ye Yuzhen se quedó perplejo. Zeng Yusen sonrió y señaló el pequeño escenario del restaurante. Allí había un armonio de pedal y un micrófono.

—Yo te acompaño.

Ye Yuzhen dudó un instante. Solo un instante. Luego arrojó la servilleta sobre la mesa.

—De acuerdo.

Zeng Yusen probó unas notas. Ye Yuzhen se sentó en el escenario, permaneció un momento en silencio, aclaró la garganta y comenzó a cantar en inglés:

This lonely road I am walking on.
Where did it begin? Where will it end?
And when the dark night comes,
Who will save my soul?
On my lonely road will I walk alone? (3)

Zeng Yusen sonrió levemente al escucharlo. Pulsó unas notas suaves y se acopló a su tono, sumando su voz a la de él.

I never feared darkness coming near.
Now I don’t know why I behold the sky
To find the brightest star.
With its brilliant light,
So I pray to thee, will you shine on me? (4)

La voz de Ye Yuzhen era clara y luminosa; la de Zeng Yusen, más grave y profunda. Aquella canción, originalmente pensada para una voz femenina, adquiría en sus bocas un matiz distinto, inesperadamente conmovedor.

Mother Moonlight, fill my scared eyes,
Light up my way with your brightest ray,
Shining on everything through the clouds,
Take my hand till the morning comes. (5)

Xu Anlin escuchaba con la cabeza baja. En la voz clara de Ye Yuzhen se entrelazaba el timbre ligeramente grave de Zeng Yusen.

De pronto, Andrew esbozó una sonrisa torcida y llamó al camarero:

—Suba un poco más las luces, no vaya a ser que alguien no vea el camino. Y tráigame la botella más fuerte que tenga.

This lonely road, you are not alone,
I am walking on when you leave your home.
Where did it begin? And you’re far away.
Where will it end? On a dusty way.
And when the dark night comes I will always care.
Who will save my soul? And I will be there.
On my lonely road every time you call my name,
Will I walk alone? (6)

Xu Anlin cantaba con ellos en voz baja. Al llegar al final de la canción, levantó la vista justo a tiempo para ver a Ye Yuzhen volverse y sonreírle a Zeng Yusen. Sin poder evitarlo, su rostro palideció; le tembló la mano y volcó la copa que Andrew acababa de servirle.

Ye Yuzhen y Zeng Yusen regresaron a la mesa. Andrew conversaba animadamente con ellos, pero, casi sin que se notara, fue llenando una y otra vez la copa de Ye Yuzhen. Este parecía algo tenso y bebió más de la cuenta; al final, tanto él como Xu Anlin terminaron borrachos.

Andrew se encogió de hombros y sonrió a Zeng Yusen.

—Ya te lo dije: los verdaderos talentos se meten en el hampa; lo que queda acaba en la policía.

Zeng Yusen levantó a Xu Anlin en brazos y, antes de irse, lanzó a Andrew una mirada fría.

—No intentes nada.

Andrew esbozó una sonrisa amarga.

—No mataré a este agente Ye, puedes estar tranquilo.

Observó cómo Zeng Yusen se alejaba cargando a Xu Anlin. Solo entonces retiró la mirada y contempló a Ye Yuzhen, inclinado sobre la mesa, profundamente ebrio.

Sonrió con suavidad.

—¿Qué voy a hacer contigo, agente Ye?

Sostuvo a Ye Yuzhen y lo condujo hacia el piso de arriba. De una patada abrió la puerta y dejó al joven, ebrio, sobre la cama. El rubor que le teñía el rostro por el alcohol le daba una humanidad distinta: lejos de su habitual porte aristocrático o de su imagen impecable de élite, ahora parecía más cercano, más real.

Andrew lo contempló un buen rato antes de subir lentamente a la cama. Se arrodilló con las piernas abiertas y dejó a Ye Yuzhen atrapado entre ellas.

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 La canción es: “Night Prayer”, de IRIDIO. Link: https://www.youtube.com/watch?v=2kmlmBnQV6w&list=RD2kmlmBnQV6w&start_radio=1

Traducción: (3)Esta senda solitaria que recorro… ¿dónde comenzó? / ¿Dónde terminará? / Cuando caiga la noche oscura, ¿quién salvará mi alma? / En este camino solitario, ¿caminaré siempre solo?

(4)Nunca temí que la oscuridad se acercara. / Y ahora no sé por qué alzo la vista al cielo, / buscando la estrella más brillante. / Con su fulgor radiante… / te suplico: ¿brillarás para mí?

(5) Madre luz de luna, colma mis ojos asustados; / ilumina mi camino con tu rayo más brillante; / atraviesa las nubes y alumbra cuanto existe; / toma mi mano hasta que llegue la mañana.

(6)En esta senda solitaria no estás solo; / camino contigo cuando dejas tu hogar. / ¿Dónde empezó? Ya te has alejado demasiado. / ¿Dónde acabará? En este camino polvoriento. / Cuando llegue la noche oscura, siempre velaré por ti. / ¿Quién salvará mi alma? Yo estaré aquí. / En mi camino solitario, cada vez que pronuncies mi nombre… / ¿seguiré estando solo?

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