Capítulo 161- Tormenta. Parte 2

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En algún pie de monte al suroeste de Delcross.

Bajo la lluvia que caía sin cesar, una joven estaba sentada tranquilamente, observando la capital imperial envuelta en un tenue resplandor. Inmóvil, parecía más una escultura tallada por el viento y la lluvia durante siglos, como si hubiera nacido de una roca desde un principio.

Su cabello dorado, trenzado en dos largas coletas, le daba un aire antiguo, y la oscura túnica que cubría su pequeño cuerpo era similar a la que usaban los monjes errantes antes de la era imperial.

Swaaa.

Aunque la lluvia comenzaba a intensificarse, ni una sola gota alcanzaba el cuerpo de la chica. Era la negra energía demoníaca que se desprendía de ella la que rechazaba cada gota de agua.

—…

La chica no era otra, que una alta monarca demoníaca con el nombre de Codicia.

Un demonio que, desde hacía siglos, aguardaba pacientemente la destrucción de este mundo.

Poco después, un joven apareció entre los arbustos. Llevaba a la espalda una mandolina rota y tenía un aire amable. Al ver a la chica, le saludó con la mano con gesto amistoso.

—¡Hey, [Codicia]!

Era irónico que mientras la joven parecía una capa sedimentaria de eones de tiempo, el joven parecía tan fresco y verde como una planta anual recién florecida.

—…Siembra. —Codicia frunció el ceño.

Que el joven rebose de energía vital no era solo una impresión: evidentemente, había cambiado de contratista. 

Lo único que conservaba del anterior era la energía demoníaca negra que emanaba de su cuerpo, y ese extraño destello verde que a veces brillaba en sus ojos.

—¿Otro contratista nuevo? Que apariencia tan patética.

—Los contratistas están para que sean cosechados y vuelvan a cultivarse. La rara, eres tú lleves mil años sin cambiar el tuyo.

Siembra respondió así mientras se dejaba caer pesadamente sobre el suelo. 

—Ah, cierto. Codicia, tengo algo que advertirte. Tú conoces al Narrador Dimensional, ¿verdad? Dile a ese desgraciado: ¿por qué anda seduciendo a los niños inocentes de mi Iglesia para que hagan tonterías inútiles? 

Se refería al caso en donde Romain, había intentado esparcir huevos de monstruos por la capital controlando a los miembros del culto de Siembra.

—Que patético, él ya no es un narrador. —se burló Codicia con frialdad.

—¿Cómo que ya no lo es?

—Quiero decir que, alguna vez, fue Sigurd Sigurdson.

—¿Qué? ¿Mis chicos fueron engañados por un simple títere? ¿Y por qué te relacionas con alguien así? —Siembra chasqueó la lengua

—Porque sé lo que ese ser anhela verdaderamente. —Sin apartar la mirada de la capital, Codicia sonrió con una expresión torcida. 

Ella continuó:

—¿Qué crees que sea? Quizás busca eliminar a Sigurd Sigurdson y convertirse en el verdadero narrador dimensional. Romain es, de hecho, el único títere que ha estado cerca de lograrlo. Incluso ha conseguido la Llave del Laberinto. Vale la pena observar un poco más.

—¡Ja! Así que por eso lo mantienes cerca. —El joven soltó una risa burlona—. Cuando ese títere se convierta en el único Sigurd Sigurdson, planeas arrebatárselo todo, ¿verdad?

—…

Codicia no respondió. 

No lo necesitaba. Era una verdad que no requería confirmación. Así era su naturaleza: devorar todo, ya fuera de inmediato o a sorbos. 

Al final, era alguien que arrebataba todas las cosas. 

—En cualquier caso, así que últimamente la orden de [Arrepentimiento] está tranquila porque has estado jugando con ese tipo. ¿Ya te cansaste de jugar con las cosas de los demás? 

—Aquello que su dueño ha abandonado no es diferente de algo mío. 

—Si es así, debiste fundar tu propia orden desde hace mucho tiempo. En lugar de intentar manipular de un lado a otro las fuerzas de Arrepentimiento. ¿No es molesto moverse de esa forma? 

—Qué tontería.

Codicia no creaba ni cultivaba nada. Solo robaba lo que ya existía. 

No por pereza, sino por su propia esencia. Donde pasa, solo deja hambre extrema y una carencia absoluta. Por eso, su otro nombre era [Hambruna].

Que haya estado devorando poco a poco el culto que Arrepentimiento dejó en abandono desde hace mil años es lo más natural del mundo.

—Pero sinceramente, esta vez me sorprendiste. No esperaba que me pidieras cooperación.

—Hace poco envié a un subordinado inútil como prueba, y apenas regresó con vida. El rey de Delcross es demasiado peligroso para enfrentarlo solo.

—O tal vez solo tienes miedo de que yo te apuñale por la espalda, ¿eh?

Siembra entrecerró los ojos y miró a la chica. 

Otra verdad que tampoco necesitaba confirmación y Codicia no respondió.

Originalmente, Delcross estaba destinado a ser destruido por el descenso de los cinco grandes monarcas demoníacos.

Pero desde hace mil años que descendió [Arrepentimiento], se ha estado escondiendo bajo tierra y no ha vuelto a salir.  [Pasión], quien debía de traer guerra, estaba distraído con otras cosas. Mientras que [Descanso], que debía de traer la muerte, era precisamente quien estaba durmiendo un sueño eterno. Así que ahora, el único aliado con el que Codicia podía contar para enfrentarse al rey de Delcross era [Siembra]. 

Y al mismo tiempo, si Avaricia llegaba a sufrir algún daño, el único que aprovecharía la oportunidad para golpearlo por la espalda también sería Siembra. 

Lo mismo aplicaba al revés, por supuesto.

—Bueno, está bien. Compartir el riesgo también nos da seguridad mutua. —El joven asintió y se puso de pie. 

—[Entonces…]

Sus ojos brillaron con un resplandor verde sobrenatural, y en ese instante, una corriente de negra energía demoníaca estalló como una ola desde la ladera, elevándose hacia el cielo.

—[¿Empezamos ya?]

¡Ruuum!

Un trueno sacudió la tierra y rayos azulados cayeron en hilos hacia el suelo.

♦♦♦ ♦♦♦

“¡Definitivamente, este hombre está tardando demasiado!”

Al parecer, algunos de los presentes en el salón también empezaban a notar que algo no iba bien, por lo que se podía escuchar algunos murmullos.

Seong-jin atravesó la multitud y salió del salón de banquetes a medida que las voces aumentaban.

Quizás era solo su imaginación. 

Aunque las luces brillaban intensamente, el pasillo se sentía extrañamente oscuro. Debería haber sirvientes yendo y viniendo atendiendo a los invitados, pero el pasillo permanecía extrañamente silencioso y desierto. 

Mientras observaba a su alrededor y se dirigía lentamente hacia las escaleras que llevaban al segundo piso, el eco de unos tacones siguiéndolo resonó tras él.

—¡Morres!

Como era de esperarse, Amelia también había notado que algo iba mal. Junto a ella estaba Sisley, con una expresión claramente preocupada.

—¡Ah, aquí estaban! ¡Definitivamente hay algo extraño! —Logan llegó poco después, acompañado de Cadmus visiblemente tenso.

Como resultado, los cuatro hermanos de la familia imperial estaban ahora reunidos al pie de las escaleras.

—Desde el segundo piso, en dirección a la oficina, se percibe una energía muy extraña. No parece energía demoníaca, pero… —dijo Logan.

Tal como él decía, cuanto más subían la vista hacia las escaleras, más evidente era la anomalía, aunque las luces del descanso brillaban con normalidad, el pasillo del segundo piso estaba completamente envuelto en una oscuridad tan densa que parecía cubierta por un manto negro.

—Esto es muy extraño. No recuerdo que algo así ocurriera antes… —murmuró Amelia, repasando rápidamente sus recuerdos de su vida anterior, con una expresión inquieta.

—De cualquier modo, tenemos que subir. Padre seguramente está allá arriba —dijo Morres.

La oscuridad densa parecía cortar la respiración sólo con observarla. Sin embargo, no había ni la menor vacilación en los ojos de su hermano menor que estaban fijos en lo alto de las escaleras.

Tomando una decisión, Amelia organizó rápidamente la situación. 

—Hablaré con la Emperatriz Madre y le informaré lo que está ocurriendo. Mientras tanto, Sisley y el señor Cadmus podrían organizar un pequeño evento para bendecir a los invitados. También averiguaré si la orquesta puede improvisar alguna actuación. Eso debería calmar bastante la inquietud de los asistentes 

Luego, se volvió hacia Seong-jin y Logan.

—Por ahora, sólo puedo confiar en ustedes dos. Iré llamando a los caballeros de la guardia. Mientras nos encargamos de mantener el ambiente en el salón, ¿podrían ustedes ir a la oficina y verificar cómo está Su Majestad?

Seong-jin asintió y salió disparado escaleras arriba.

—¡Ten cuidado, Lee Seong-jin! Esto no es normal —advirtió Logan, siguiéndolo de cerca, aunque Seong-jin no respondió.

Al llegar al oscuro pasillo del segundo piso, vieron por todos lados a los sirvientes desmayados en el suelo.

—¿Qué demonios pasó aquí?

Podían sentir rastros de aura, por lo que estaban vivos, pero su energía era apenas perceptible. Se miraron brevemente y corrieron hacia la oficina al final del pasillo. Frente a la puerta de la oficina, yacía el jefe de los sirvientes, Lewis. 

Por suerte respiraba, pero su rostro estaba completamente torcido, como si estuviera teniendo una pesadilla. 

Bloqueando la entrada de la oficina, cuyas puertas estaban completamente abiertas, estaba la comandante de los Caballeros de San Aurelio. 

—Comandante Katrina…

Era la única persona que aún conservaba la conciencia. Sin embargo, su estado no era precisamente óptimo. 

Se apoyaba en su larga espada como si fuera un bastón.

—… ¿Cómo han llegado hasta aquí, altezas? —Katrina habló con esfuerzo, estaba cubierta de sudor frío.

—¿¡Comandante!? ¿Qué está ocurriendo? 

—¿Y padre? ¿Está dentro?

Ella sonrió débilmente al mirar a Seong-jin.

—No se preocupen, altezas. No es raro que se abra una [Grieta] dentro del Palacio Imperial. Solo que esta vez ocurrió tan repentinamente que Su Majestad no tuvo tiempo de retirarse a la sala de oración. 

“¿Una Grieta?”

—Todos los que han caído inconscientes se recuperarán una vez que la grieta se cierre, así que, por favor no se angustien.

Su rostro pálido indicaba que apenas podía mantenerse en pie. Pero esto significaba que el Santo Emperador también estaba involucrado en todo esto. 

–…Katrina, ¿y mi padre? —preguntó Seong-jin con el rostro tenso.

—Se está retrasando un poco en su regreso, pero probablemente esté bien. Altezas, si se quedan demasiado tiempo aquí, podrían perder el conocimiento como los demás. Por favor, ambos regresen al salón y esperen allí a Su Majestad.

Era cierto. Seong-jin empezaba a sentir un dolor de cabeza opresivo, acompañado de un zumbido molesto, pero ¿Se suponía que debía marcharse y dejar todo esto atrás? ¡Si esa persona estaba justo en el centro de este caos!

Seong-jin dio un paso hacia ella, mirando directamente a la puerta.

—Entonces está ahí dentro, ¿verdad? Apártate ahora mismo.

—Es peligroso, alteza. Por favor, regrese al salón…

—Voy a entrar. Ahora mismo, comandante. 

Cuando Seong-jin la interrumpió gruñendo casi como una bestia, Katrina lo miró intensamente.

Sus pupilas temblaban finalmente, reflejando una enorme agitación emocional. 

—…¿Es esa su voluntad, alteza? ¿De verdad lo siente así?

—Sí. 

Katrina suspiró y, tambaleándose, se hizo a un lado.

—Uf… No sé qué regaño recibiré de Su Majestad después de esto pero…

Clac

¡Thunk!

Con un fuerte ruido y aun apoyada en su espada, cayó de rodillas. 

“¿Por qué se obstinaba tanto estando en ese estado?”

Seong-jin le echó un último vistazo y entró con paso firme a la oficina y dentro, vio a su padre.

Estaba recostado en el sofá, con los ojos cerrados. Ni siquiera se movió cuando Seong-jin se le acercó. 

Era muy diferente de las ocasiones anteriores, cuando siempre lo detectaba primero y lo recibía. 

Definitivamente estaba en el centro de todo esto. Cuanto más cerca estaba Seong-jin, más agudo se volvía el dolor de cabeza.

—El ritmo de su corazón es anormalmente lento. Pero sigue vivo.  —dijo Logan, frunciendo el ceño por el dolor—. Sin embargo, es extraño. Está justo frente a nosotros, pero su presencia se siente… distante. Como si estuviera en otro lugar. ¿Por qué?

Seong-jin también lo estaba sintiendo: como una imagen reflejada en un espejo roto, fragmentada, inconexa. Aunque lo veía allí mismo, su presencia se sentía como una imagen lejana, como si lo observará a través de un telescopio o una cámara.

Cuando Seong-jin estaba por extender la mano para tocar al Santo Emperador, Logan, sorprendido, miró por la ventana.

—Seong-jin. Hay alguien sospechoso en el jardín. Está emitiendo intención asesina hacia aquí.

—¿Alguien sospechoso?

—Sí. Está ocultando completamente su aura. Probablemente sea un asesino. Y justo en un momento como este… 

Alguien que usa Ocultación de Aura, seguramente debe ser un asesino, pero con el dolor de cabeza y los sentidos alterados, Seong-jin no lograba percibirlo bien.

Eso también significaba que se trataba de un asesino hábil.

En este momento, probablemente sólo Logan, un ex caballero Decaron y un Maestro de la Espada, podía localizarlo con precisión.

Y, como si pensara lo mismo, Logan observó con preocupación a Seong-jin y al Emperador. 

—No puedo dejarlo suelto. Iré a capturarlo. Volveré pronto. No te excedas y, si tu cuerpo se siente mal, regresa al salón.

—Entendido.

Logan desenvainó Arjuna y saltó por la terraza, cruzando el jardín y desapareciendo entre las sombras.

Seong-jin lo siguió con la mirada un instante, luego volvió su atención al sofá donde yacía el emperador. Al menos tenía que intentar despertarlo, aunque dudaba de si podría siquiera moverlo.

Y en ese mismo instante…

“Podré alcanzarlo de alguna manera”.

Seong-jin con una confianza repentina e inexplicable extendió lentamente la mano hacia él. En el momento en que tocó su túnica sacerdotal…

¡Fwhoosh!

De repente, la figura ante sus ojos se distorsionó bruscamente. Su visión se elevó violentamente, como si su cuerpo estuviera siendo succionado hacia algún lugar.

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