Historia principal
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Una sorpresa inesperada
Al día siguiente, ambos se despertaron tan temprano como de costumbre, pero ninguno se apresuró a levantarse, sino que se quedaron bajo el edredón charlando en susurros, hasta que llamaron a la puerta desde afuera y solo entonces se levantaron.
La persona que llegó tan temprano por la mañana era Wang Meizi. Al ver quién estaba al otro lado del portón del patio, Wan Tianning enseguida la hizo pasar.
“Meizi, pasa rápido, ¿por qué no viniste ayer a casa a tomar al banquete?” Wan Tianning todavía estaba emocionado en ese momento, así que no notó que había algo extraño en la expresión de Wang Meizi. La hizo pasar muy contento y luego entró corriendo a la casa para traerle caramelos de boda.
Cuando Wan Tianning entró, Zhuang Yan se quedó atendiendo a la visita, pero como él y Wang Meizi no tenían mucha confianza, no sabía de qué hablar con ella. Así que después de saludarla, se dispuso a preparar el desayuno. Wang Meizi lo detuvo al ver que se iba.
Cuando Wang Meizi acababa de entrar tenía mal semblante, parecía que algo hubiera pasado en su casa, pero ahora en su rostro solo había una enorme sorpresa. En los últimos días apenas había salido de casa, y después de escuchar a la gente de la casa de al lado decir que esos dos iban a casarse, había tenido todavía menos ganas de salir. ¡No esperaba que al presentarse ahora se encontrara con semejante escena!
¿La cara de Wan Tianning se había curado? ¿Cómo podía habérsele curado la cara? ¿No llevaba enfermo todos esos años? ¿No decían que ya no tenía cura?
De repente recordó lo de aquel día. Wang Meizi miró fijamente la entrada de la casa de los Wan, miró a Zhuang Yan que estaba a un paso de ella. Antes no lo entendía, no entendía de dónde sacaba Wan Tianning la seguridad para decir que le gustaba a Zhuang Yan, ¡pero ahora veía que los dos eran unos mentirosos!
Seguro que la cara de Wan Tianning ya se había curado hacía tiempo, y cómo vivían bajo el mismo techo, Zhuang Yan lo sabía de sobra. Él se hacía pasar por un caballero, diciendo que iba a responsabilizarse de Wan Tianning, ¡pero al final solo aceptó casarse con él por su cara! ¡Si Wan Tianning todavía tuviera esa apariencia fea de antes, jamás creería que Zhuang Yan quisiera casarse con un monstruo!
Wang Meizi se había quedado casi paralizada. Viéndola así, Zhuang Yan cayó en la cuenta de que, desde que Wan Tianning se había lavado la cara, Wang Meizi aún no lo había visto, así que era normal que reaccionara de esa manera.
“La cara de Tianning se ha curado, ya hace algunos días, solo que en todo este tiempo no te habíamos visto”. Al hablar de la cara de Wan Tianning, Zhuang Yan no podía ocultar la sonrisa, su alegría era evidente a simple vista.
Al verlo, Wang Meizi pensó que todo lo que había imaginado hacía un momento era cierto, esos dos en verdad se habían confabulado para engañar a todo el pueblo.
Por mucho rencor que sintiera en el corazón, Wang Meizi no podía demostrarlo, así que solo puso cara de disculpa y explicó por qué no había ido el día anterior. “Hermano Zhuang, lo siento mucho. Ayer mi madre se puso enferma, tenía que cuidarla y de verdad me fue imposible ir”.
La madre de Wang Meizi tenía mala salud, pasaba la mayor parte del año postrada en cama. Eso lo sabía todo el pueblo. Si no fuera por su madre enferma, ella no habría llegado a esa edad sin haberse casado.
Si la madre de alguien estaba enferma, no quedaba más que cuidarla. Zhuang Yan, sin darle mayor importancia, hizo un gesto con la mano y preguntó de paso cómo seguía su madre. Luego se dispuso a preparar el desayuno. Justo en ese momento Wan Tianning salió, así que Zhuang Yan se fue tranquilo a la cocina.
Después de que Wan Tianning le entregara los caramelos de boda, la consoló varias veces. Luego, al ver que Wang Meizi seguía con mal semblante y no dejaba de mirarle la cara, se dio cuenta de lo que pasaba. Se tocó la cara sin querer y le sonrió a Wang Meizi.
“Meizi, mi cara ya está curada”. Wan Tianning pensó que seguro que Wang Meizi se alegraría por él. Y Wang Meizi en efecto sonrió, solo que fue una sonrisa algo amarga. Wan Tianning no le dio importancia, pensando que solo estaba preocupada por su madre.
A Wan Tianning, al igual que a Zhuang Yan, nunca se le había dado bien consolar a los demás. Al ver que Wang Meizi seguía con esa expresión de angustia, ya no supo cómo seguir consolándola. En realidad, no interactuaban mucho. Solo que antes, cuando él vivía solo, Wang Meizi había ido a su casa dos veces a llevarle comida, él estaba muy agradecido, la consideraba alguien cercana.
Wan Tianning no sabía de qué más hablar con ella, así que pensó en invitarla a pasar a la cocina. En el patio todavía hacía algo de frío a esa hora tan temprana y no quería quedarse a soplar el viento helado.
“No, Tianning, entra tú, yo también me voy. Solo vine a explicarte por qué no vine ayer, para que no lo malinterpretes”. Wang Meizi forzó una sonrisa y ya se iba mientras decía esto. Wan Tianning la acompañó hasta el portón del patio y, después de cerrarlo, regresó adentro.
Al oír el sonido del portón que se cerraba a su espalda, Wang Meizi volvió la cabeza para mirar. Viendo el portón bien cerrado, se le arrasaron los ojos de lágrimas y estuvo a punto de arrojar lejos los caramelos que llevaba en la mano, pero al final no fue capaz de deshacerse de ellos y terminó guardándolos en el bolsillo.
De camino de vuelta, Wang Meizi lloró todo el trayecto. Pensaba que su suerte era demasiado mala, que nunca en su vida había conocido a nadie que realmente se preocupara por ella. Antes creía que por muy desdichada que fuera, todavía existía Wan Tianning, que estaba peor que ella, pero ahora Wan Tianning ya lo tenía todo y ella seguía sin nada.
Al pensar que en todo el día de ayer Wan Tianning no había ido a su casa a invitarla a comer, y que esa mañana al presentarse ella solo le había dado unos cuantos caramelos para despacharla, sintió rabia y también pensó que Wan Tianning era un hipócrita y un desagradecido. Antes, cuando todo el pueblo lo maltrataba, solo ella se compadecía de él y lo ayudaba. Pero ahora que le iba bien en la vida, se había olvidado por completo de ella.
Con el odio que sentía en el pecho, Wang Meizi no miró bien el camino y chocó sin querer con los hermanos de la familia Zhou que venían de frente, especialmente con Zhou Xiaoxing que iba delante, y ambas se toparon directamente.
“¡Wang Meizi, ¿estás ciega?! ¿No ves que me estoy apartando? ¡Y tú vienes y te chocas contra mí, qué fastidio!” Zhou Xiaoxing se frotaba el hombro y miraba con furia a la Wang Meizi que tenía enfrente. Wang Meizi ya había reaccionado, pero al ver la actitud de Zhou Xiaoxing sintió una pena aún más grande. Las lágrimas le corrieron a raudales y se fue corriendo a toda prisa.
Wang Meizi fue llorando; lloraba con tanta aflicción que Zhou Xiaoxing se quedó mirando la silueta de Wang Meizi que huía a toda prisa con el rostro lleno de asombro. La señaló con el dedo y durante un buen rato no pudo pronunciar palabra.
“¿Y esa por qué llora? ¿Yo qué le he hecho? ¿Por qué se ha puesto como si fuera la víctima? ¡Si era ella la que me ha chocado a mí!” Zhou Xiaoxing le gritó a la silueta de Wang Meizi furiosa, aunque las palabras iban dirigidas a sus dos hermanos.
Los dos hermanos Zhou también encontraron inexplicable el comportamiento de Wang Meizi. Consolaron un poco a su hermana y luego siguieron camino hacia la montaña.
Cuando Wang Meizi llegó a su casa, se arrojó junto a la cama de su madre y rompió a llorar desconsolada. Pensando en Zhou Xiaoxing, que hacía un momento le había gritado con esa soberbia; pensando en Wan Tianning, que ahora tenía casa, tierras y un esposo que lo protegía; y mirando luego a su madre postrada en la cama, que necesitaba cuidados y solo le suponía una carga, todo el dolor que guardaba en el pecho ya no pudo contenerlo más. Estuvo llorando sin parar durante un buen rato.
Wang Meizi lloraba con tanta amargura que su madre, por más que intentaba consolarla, no conseguía calmarla. Su madre, muy preocupada, estaba a punto de levantarse para ir al pueblo a preguntar qué diablos había pasado, quién había maltratado a su hija, cuando Wang Meizi por fin dejó de llorar. Tiró de su madre para tranquilizarla: “Madre, no ha pasado nada. Al que me ha maltratado ya le devolveré yo el daño, no voy a dejar que me maltraten así porque sí”.
Wan Tianning no tenía ni idea del duro golpe que había supuesto para Wang Meizi el que su cara se hubiera curado. Él estaba desayunando muy contento junto con Zhuang Yan en ese momento. Después del desayuno todavía tenían que cavar dos hoyos junto a la casa para almacenar los camotes. Ahora mismo no tenían tiempo libre para pensar en otras cosas.
La casa de Wan Tianning ya tenía hoyos, pero solo dos. En principio no pensaban que fueran insuficientes, pero Zhuang Yan dijo que cavaran uno más grande, que además de para guardar las semillas de camote también serviría para otras cosas.
Cuando ambos salieron por detrás de la cocina, Zhuang Yan se puso a observar el terreno. Su cocina tenía solo la mitad de la profundidad de la casa principal, así que en realidad podrían ampliar la cocina y entonces excavar directamente un sótano. Al pensar en construir, Zhuang Yan recordó que todavía no tenían un cuarto de baño, y que cuando lo hicieran podrían abrir una pequeña puerta en su habitación que diera directamente al cuarto de lavarse.
Dicho y hecho, ambos fueron enseguida a la ciudad a contratar a un maestro albañil. El hombre fue muy directo, con tal de que prepararan los materiales y el dinero de la mano de obra, él podía ponerse de inmediato.
En el pueblo, cuando alguien ayudaba a otro se le solía pagar invitándolo a comer, pero eso solo era para los trabajos del campo normales. Cuando se requería una habilidad especializada, se cobraba dinero, como por ejemplo matar o castrar cerdos, o levantar muros y hacer trabajos de carpintería.
Zhuang Yan preguntó cuánto era el salario diario. Lo calculó mentalmente y, pensando que tampoco era un gasto muy grande, aceptó sin dudarlo. Después solo quedaba preparar los materiales.
En aquel pueblo las casas eran básicamente de tres tipos: de paja, de madera y de piedra, y las de madera eran las más comunes.
A Zhuang Yan en realidad le gustaban más las casas de madera, pero en aquel mundo lo mejor era una casa sólida de piedra. Dado que en esa época los ladrones no debían de ser pocos, una casa sólida de piedra, además de proteger de los ladrones, también ofrecía mayor seguridad personal.
Para construir una casa de piedra, los materiales se dividían en dos tipos: los bloques de piedra cortados que se vendían en las canteras y la piedra de río natural. El ladrillo de piedra era caro pero práctico, la piedra de río casi no costaba nada, pero requería mucho tiempo. El tiempo era dinero para Zhuang Yan, así que ir a acarrear piedras de río a la orilla gastando trabajo y tiempo era peor que comprarlas directamente.
Una vez tomada la decisión, Zhuang Yan y su compañero se fueron a la ciudad. Aunque esta vez iban a comprar ladrillos de piedra, volvieron a toparse con cosas buenas, y esta vez la buena noticia fue mérito de Wan Tianning.
Habían ido al taller de bordado a entregar los encargos, y al llegar se enteraron de que las labores de bordado que Wan Tianning había entregado la última vez se habían vendido muy bien, y de entre ellas, dos piezas eran bordadas por el propio Wan Tianning, no seguían los modelos del taller. Precisamente esas dos piezas bordadas eran las que mejor precio habían alcanzado. La señora Qiao estaba deseando que se pasaran por allí y justo entonces aparecieron.
Al verlos, a la señora Qiao casi no le dio tiempo de sorprenderse por cómo se había curado la cara de Wan Tianning, y se apresuró a darles la buena noticia. “Tianning, de ahora en adelante no voy a darte modelos. Borda lo que quieras bordar y además no te pondré un precio fijo. Compartiré contigo las ganancias de tus patrones, sin importar a cuánto se vendan, dividiremos a partes iguales las ganancias”.
“¡No, no, no! Yo prefiero seguir con los modelos”. Wan Tianning no quería depender todo a la suerte, solo quería bordar diligentemente y recibir su dinero. Por un bordado pequeño recibía veinte monedas de cobre y con eso ya estaba más que satisfecho, no ambicionaba nada más.
Lo que pensaba Wan Tianning lo vieron claramente tanto la señora Qiao como Zhuang Yan. Zhuang Yan intentó convencerlo y animarlo. La señora Qiao, sin decir mucho, se limitó a mirar a escondidas el anillo que Wan Tianning llevaba en el dedo meñique izquierdo y sonrió; sabía que ambos ya estaban casados.
El rato que Zhuang Yan pasó convenciéndolo surtió efecto. La señora Qiao, al verlo, volvió a darle un motivo de peso para quedarse tranquilo. “Tianning, no te preocupes. Si tus bordados no se venden bien, puedes volver a bordar los modelos de nuestro taller de bordado. Pruébalo primero”.
“¿Se puede?”
“Por supuesto que se puede”.
La señora Qiao le dio aquella garantía y Wan Tianning dejó de preocuparse. Aceptó muy contento. Tras cobrar lo de esa vez, ambos se fueron muy felices hacia la fábrica de ladrillos.
La fábrica de ladrillos la administraba la corte imperial. Los precios de los ladrillos de piedra siempre habían sido públicos y transparentes, así que no había que preocuparse de que les estafaran. Como la gestionaba la corte imperial, incluso llevaban los ladrillos de piedra a domicilio, lo cual era de lo más práctico.
Zhuang Yan en un principio había pensado que tendría que pedir prestados en el pueblo varios carros de bueyes o de caballos para llevarse los ladrillos a casa, pero no esperaba que existiera el servicio puerta a puerta. Pensando además en lo de los bueyes de labranza de antes, de repente sintió que el soberano de aquel reino, en comparación con los emperadores de las sociedades feudales que él conocía, era muy comprensivo con el pueblo, un monarca realmente sabio y bondadoso.