Historia principal
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Construir la casa y arreglar el camino
Apenas pasada la mitad del duodécimo mes, el Año Nuevo ya estaba a la vuelta de la esquina. El asunto de arreglar el camino aún no se había decidido, así que Zhuang Yan se puso a hacer otras cosas.
Después de haber recogido todos los camotes de la tierra, Zhuang Yan apartó los que servirían de semilla y se dispuso a convertir el resto en comida. Con tantos camotes en casa, pensaba hacer camotes secos, también probar con fideos de camote y con melaza de camote. Pero como estas dos últimas cosas no las había hecho nunca personalmente, primero debía experimentar un poco; ya se vería luego si lograba hacerlas o no.
Antes, para secar la levadura de vino, ya habían tejido bastantes esteras de bambú y ahora justo les servían para secar los camotes.
Los camotes secos eran lo más fácil de hacer, solo había que cocer los camotes al vapor, cortarlos en la forma deseada y luego simplemente secarlos al sol. Zhuang Yan apartó los camotes más pequeños de casa y los puso a secar enteros directamente, para luego comerlos tal cual como bocadillo. Los más grandes los cortó en rodajas para secarlas. Las rodajas de camote seco se podían freír en aceite, y una vez fritas quedaban dulces, aromáticas y crujientes, realmente deliciosas.
El clima del pueblo de Shanghe se parecía mucho al del pueblo natal de Zhuang Yan. Las cuatro estaciones del año estaban bien marcadas, en invierno casi nunca llovía, o estaba nublado o hacía un sol radiante. Justo ese día era uno de esos días de sol radiante. Mientras Zhuang Yan se ocupaba de secar los camotes, Wan Tianning estaba sentado bajo el alero haciendo sus labores de bordado.
Cuando una olla de camotes al vapor ya estuvo lista, Zhuang Yan la sacó afuera y se sentó al lado de Wan Tianning a trabajar. Mientras cada uno hacía lo suyo, charlaban y de paso discutían diversos asuntos de la casa, cómo cuándo les entregarían los ladrillos de piedra, si debían sacar a pastar al buey de casa, o el hecho de que los lechones de la familia Luo, a la entrada del pueblo, estaban a punto de dejar la camada y cuántos comprarían.
Justo cuando ambos estaban más ocupados, llegó una visita a casa. No era otro que Zhou Hu, que venía a buscar a Zhuang Yan para subir a la montaña a cazar.
Zhuang Yan no esperaba que Zhou Hu tuviera tanto valor. La última vez casi pierde la vida y aunque por suerte había salvado el pellejo, ¿acaso no había pasado todo este tiempo recuperándose de las heridas? Ahora resultaba que todavía se atrevía a subir a la montaña.
Al ver la mirada de Zhuang Yan, Zhou Hu también entendió lo que le pasaba por la cabeza. Se apresuró a coger un taburete y a sentarse al lado de Zhuang Yan, mientras le ayudaba a colocar las rodajas de camote ya cortadas, le explicó el motivo.
“Es que no me queda otra. En casa hay algo de dinero, pero no mucho. Ya tengo edad para casarme y no me da el corazón vaciar los ahorros de la familia solo para que yo forme la mía, haciendo sufrir a mis padres y mis hermanos pequeños. Así que decidí aprender el oficio de mi padre y subir a la montaña a cazar. Al fin y al cabo, la caza da más dinero que la agricultura”. Todos esos días Zhou Hu había estado dándole vueltas a lo de la última vez que subieron a la montaña. Le describió a su padre con detalle lo que pasó aquel día y su padre se lo analizó así.
El cazador Zhou opinaba que su hijo tenía talento, fuerza y buena puntería, pero le faltaba cuidado y no tenía suficiente experiencia. Zhuang Yan, en cambio, además de tener esas virtudes, era lo bastante cuidadoso y parecía conocer muy bien muchas cosas del bosque y la montaña. Si los dos pudieran subir juntos a la montaña, no solo tendrían una mayor seguridad personal, sino que además seguro que conseguirían buenas presas.
A Zhuang Yan, naturalmente, le atraía la idea de volver a adentrarse en la montaña, pero también pensaba que el fin de año estaba cerca y no quería que ocurriera ningún problema, solo deseaba pasar un buen Año Nuevo tranquilo.
Indeciso, Zhuang Yan miró a Wan Tianning, queriendo que él decidiera por él. Wan Tianning había estado escuchando la conversación de los dos. No quería que Zhuang Yan volviera a la montaña; el dinero podían ganarlo poco a poco, de verdad que no quería que a Zhuang Yan le pasara nada más.
La postura de Wan Tianning la entendieron Zhuang Yan y Zhou Hu. Pero Zhuang Yan tampoco le dio largas con evasivas, sino que le contó lo que pensaba.
Sabiendo que Zhuang Yan todavía quería volver a la montaña, solo que no antes del Año Nuevo, el semblante de Zhou Hu se relajó de inmediato. Aunque él también quería ganar algo de dinero antes de que acabara el año, la preocupación de Zhuang Yan era realmente razonable, ¿quién querría pasarse el Año Nuevo todo cubierto de heridas?
“Hermano Zhuang, me parece bien lo que dices, entonces lo dejamos para después del Año Nuevo”. Tras decir esto, Zhou Hu se dedicó por completo a ayudarle con la tarea. Al ver que en casa de los Wan los lugares para tender cosas eran limitados, se fue a las afueras del pueblo a cortar varias cañas de bambú largas y las trajo de vuelta. Las apoyó contra la tapia del patio e improvisó un sencillo armazón, de manera que aquellas docenas de esteras de bambú de Zhuang Yan pudieran ponerse directamente sobre la tapia y las cañas.
El plan de Zhuang Yan de adentrarse en la montaña quedó aplazado, pero otro asunto avanzó sobre ruedas. La mayoría de la gente de la aldea había aprobado lo de arreglar el camino y al día siguiente empezarían los preparativos. Cada familia debía aportar al menos un trabajador.
Aunque el jefe del pueblo también estaba a favor de arreglar el camino, como la propuesta la había hecho Zhuang Yan, era natural que él participara. Pero las cosas siempre se acumulaban, justo cuando la aldea iba a arreglar el camino, los ladrillos de piedra de la fábrica ya estaban listos y tenían que construir la casa.
Zhuang Yan y los demás solo iban a levantar un cuarto. Solo había que hacer dos paredes, pero los ladrillos de piedra eran pesados y, aparte del maestro albañil, también necesitaban a varios ayudantes. Ahora, como cada familia tenía que aportar un trabajador para arreglar el camino, a Zhuang Yan y a los suyos, que de por sí no conocían a mucha gente, les resultaba difícil encontrar a alguien.
El maestro albañil tenía todas las herramientas completas, y con tal de que Zhuang Yan encontrara ayudantes, la obra podía empezar de inmediato.
Naturalmente, cuanto antes estuviera la casa construida, mejor. Así que Zhuang Yan decidió buscar a alguien en el pueblo que fuera a trabajar en el camino en su lugar, pagándole treinta monedas de cobre al día, y por todos los días que trabajara. Ya había hecho las cuentas: el camino de la aldea solo necesitaba ser ensanchado, no había que apartar piedras ni arreglar puentes, así que a lo sumo en cuatro o cinco días el trabajo estaría terminado.
Cuando se supo que Zhuang Yan buscaba a alguien para el arreglo del camino, enseguida se presentaron voluntarios y entre ellos estaban los Zhou, padre e hijo. Pero no venían a buscar trabajo, sino a decirle a Zhuang Yan que no malgastara su dinero, que en su casa ya tenían mano de obra.
“Aunque mi brazo no está bien del todo, todavía puedo rendir como medio trabajador. Junto con la madre de Huzi, que cuente como la aportación de mi familia y Huzi ya se ocupa de lo tuyo”. El cazador Zhou ya de por sí estaba agradecido a Zhuang Yan, y además pensaba en que en el futuro sería el compañero de su hijo, que los dos subirían juntos a la montaña confiándose mutuamente la vida, por lo que ayudarse era lo natural.
A Zhuang Yan le daba pena que la gente trabajara para él gratis, pero era evidente que el cazador Zhou no venía a discutirlo, sino que ya lo había decidido. Como Zhuang Yan no logró convencerlo, no tuvo más remedio que aceptar, aunque pensó que cuando estuvieran arreglando el camino, le pediría a Tianning que les llevara algo de comer al mediodía.
Con todo ya decidido, todos se pusieron manos a la obra. Wan Tianning también estaba tan ocupado que no le quedaba tiempo para bordar. Menos mal que en esta ocasión no había agarrado ningún modelo del taller de bordado, ni había acordado un plazo de entrega. Solo cuando sus bordados estuvieran listos podría entregarlos y esperar a que se vendieran para recibir su parte.
“Hermano Yan, voy a llevarle la comida a la familia Zhou”. Después de preparar el almuerzo para los de casa, Wan Tianning tomó la cesta con la comida que había preparado para los Zhou y salió por la puerta. Zhuang Yan había estado toda la mañana haciendo trabajo físico y estaba agotado. Si no, también le habría gustado darse una vuelta por el pueblo para ver cómo iba lo del camino, si era tal como él pensaba.
En el pueblo había más de cien familias en total. Las pocas que vivían justo a la entrada en principio no querían arreglarlo, pero el jefe del pueblo sentenció: de acuerdo, que no lo arreglaran, pero que luego no usaran el camino recién arreglado. Dicho esto por el jefe, los que vivían a la entrada naturalmente se negaron. Tenían camino de carros para ir a la ciudad, ¡pero para ir a sus tierras al pie de la montaña no! Si no les dejaban usar el camino nuevo, ¿cómo iban a llevarse a casa las cosas del campo?
Sabiendo que el jefe del pueblo pretendía que todo el pueblo aportara mano de obra a la fuerza, aquellas familias que no habían aceptado no tuvieron más remedio que enviar a alguien y así los trabajadores del camino aumentaron.
Al ser tanta gente, no podían amontonarse todos a cavar en el mismo sitio. El jefe del pueblo decidió dividirlo en tramos siguiendo el principio de cercanía, cada quien arreglaba el camino frente a su propia puerta. De esta manera, el tramo que conectaba la entrada de la aldea con la casa de los Wan quedó más o menos cubierto. En cuanto al camino desde casa de los Wan hasta el pie de la montaña, lo harían todos juntos.
Cuando Wan Tianning llegó frente a la casa de los Zhou, vio desde lejos a muchas otras personas además de a los Zhou. Y cómo no, por los alrededores de los Zhou había muchas otras familias, era natural que estuvieran todos apiñados.
“Tío Zhou, tía, descansen un rato y coman algo”. La comida que Wan Tianning les llevó a los Zhou era la misma que comían en casa. Como los de casa estaban haciendo un duro trabajo físico y estaban agotados, tenían que preparar muy bien la comida, para que quienes trabajaban repusieran fuerzas.
Wan Tianning llevó grandes bollos al vapor rellenos de carne curada y verdura seca, además preparó un plato de gruesas lonchas de carne frita con verdura salada, cocinó una sopa agria de verduras y puso al vapor camotes y calabaza para quitar lo grasiento. Cuando fue sacando las viandas una por una, la madre de Zhou Hu hasta se sintió avergonzada.
“Pero chico, si no estamos en fiestas, ¿cómo has preparado tantas cosas buenas? Si solo es cavar un poco de tierra, con cualquier cosa bastaba”. La madre de Zhou Hu en principio no estaba muy dispuesta a ayudar a otros gratis. Sabía que su familia realmente le debía un favor a Zhuang Yan, pero ¿acaso no le habían dado ya la mayor parte de la carne de jabalí? Se suponía que el favor ya estaba devuelto, no podía ser que tuvieran que seguir así para siempre.
Sin ganas en el corazón, el trabajo no salía con empeño. Pero al ver a Wan Tianning llegar con la cesta, la madre de Zhou Hu ya había supuesto que venía a traerles comida y se sintió bastante más consolada. Al ver que encima les traía una comida tan abundante, se sintió avergonzada y pensó que con unos camotes, una calabaza y una sopa agria de verduras habría bastado.
Wan Tianning le sonrió y le explicó que no era nada preparado especialmente, que mientras cocinaba para los de casa simplemente había hecho un poco más, y que no le había llevado mucho tiempo.
“¡Aunque no lleve tiempo es desperdiciar las cosas! Tú y Zhuang Yan no sean tontos sacando las cosas buenas para los demás. Para el trabajo que se haga, así se come. A la tía le alegra que hayas traído algo, aunque fuera solo un vaso de agua lo agradecería, pero mañana nada de volver a malgastar así, ¿entiendes?”
Wan Tianning sabía que la madre de Zhou Hu era de esas personas que no querían que otros se aprovecharan de ella ni aprovecharse ella de los demás, así que no dijo nada y solo le sonrió. Fuera lo que fuese lo que comieran en casa al día siguiente, él volvería a llevárselo.
Ese día también hacía buen tiempo, y por raro que fuera, no solo brillaba un sol radiante sino que además no había nada de viento. Wan Tianning estaba en cuclillas en el suelo sin nada que lo resguardara y aun así no sentía frío, al contrario, notaba el sol en el cuerpo calentito y agradable. Así que se quedó allí sentado, esperando pacientemente a que los Zhou terminaran de comer para recoger y volver.
Al ver a lo lejos a Wang Meizi y a su madre, Wan Tianning las saludó con la mano, pero la madre de Wang Meizi no le hizo caso, y Wang Meizi se limitó a devolverle una sonrisa y ahí quedó la cosa, así que él no fue a hablar con ellas.
“Ay, esas dos, ¡madre e hija, son un fastidio! ¡Su casa está en el mismo centro de la aldea, tienen un tramo de camino tanto para ir a la entrada como para ir al pie de la montaña! El jefe, teniendo en cuenta que en la casa no había ningún hombre, solo les pidió que hicieran unos días de trabajo simbólico, sin importar cómo lo arreglaran, que luego todos ayudarían a dejarlo bien, y aun así no quisieron. ¿A quién le ponen esa cara? Al hombre de su casa no lo maté yo, y tampoco es por mi culpa que la hija no encuentre marido, ¡caramba!” La madre de Zhou Hu dijo esto en voz alta a propósito para que las dos, madre e hija, lo oyeran y las dos al otro lado naturalmente lo oyeron.
Wan Tianning sabía que una parte de la aldea no había estado de acuerdo con lo de arreglar el camino, también sabía por qué se oponían Wang Meizi y los demás. Seguramente pensaban que ellas tampoco podían permitirse comprar un buey o un caballo y que el camino actual ya estaba bastante bien.
Wan Tianning antes también lo pensaba, pero aunque ellos mismos no pudieran comprarlo, sus futuros hijos quizá sí. La vida siempre hay que mirarla hacia adelante y con el camino ensanchado los niños pequeños andarían más cómodos a diario; no era malo.
Como no compartía la misma opinión, Wan Tianning prefirió no acercarse a buscar un desaire. Esperó a que los Zhou terminaran de comer, luego recogió y se fue a casa.
No muy lejos, la madre de Wang se le puso la cara negra al ver que Wan Tianning, de regreso a casa, todavía le metía dos grandes bollos en la mano a Zhou Hu. Señalando a su hija le dijo: “¿Ves? ¡Lo que sobra no te lo da a ti! ¿Qué te había dicho yo antes? Que no te hicieras la buena persona creyendo que los demás recordarían tu bondad. Mira, ¿de qué sirvió que fueras buena con él? Ahora que le va bien, ¡ya ni se acuerda de ti!”
“Ya lo sé madre, no digas más”. Wang Meizi se sentía terriblemente avergonzada. Ella también se había dado cuenta de que Wan Tianning la tomaba cada vez menos en cuenta. Antes, Wan Tianning era muy efusivo cuando la veía, pero ahora se limitaba a saludarla de lejos.
Wang Meizi solo sentía vergüenza, pero su madre sentía un profundo arrepentimiento. ¡De haberlo sabido le habría dicho a su hija que fuera más dura! Todas las cosas de la casa de los Wan que antes le habían gustado, tendrían que habérselas llevado todas a su casa.
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Nota de la autora:
En realidad, las veces anteriores que Wang Meizi iba a casa a llevar cosas era una tapadera. Muchas de las cosas de la casa de Tianning las robó ella.
[¿¿Qué?? y yo que sentía un poquito de pena por ella, malparida]