Capítulo 164- Tormenta. Parte 5

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Logan estaba actualmente sumido en una terrible sensación de incongruencia.

La vista del jardín invernadero azotado por la tormenta se alejaba poco a poco, mientras que el rostro de la otra persona, ahora sin la máscara, llenaba por completo su campo de visión. 

—¿…Benicio?

Mientras retiraba lentamente la punta de su espada que había sido dirigida hacia el asesino, Logan, sin darse cuenta, pronunció en voz alta el nombre de un viejo amigo.

¿Era aquello un sueño?

«Creo que Ortona avanzará en una mejor dirección al hacer realidad el futuro soñado por los republicanos».

El cadete de la Academia cuyos ojos inteligentes resplandecían mientras imaginaba el glorioso futuro de su patria.

«¿Acaso tú también piensas que soy un traidor de la familia real por ser el segundo príncipe que no logró tomar el trono? ¿Tampoco tú puedes creer en mi firme convicción de apoyar un gobierno republicano por el futuro de la nación ?».

Un amigo que, profundamente frustrado por una realidad insuperable, se lamentaba aferrado a una botella y se lamentaba.

—¿Por qué demonios estás aquí…?

Desde que se separaron en la llanura de Andrés, su destino había sido incierto, ni siquiera sabía si estaba vivo o muerto.

¡Bum! ¡Bum!

Un relámpago volvió a caer. En ese instante fugaz, todos los pensamientos invadieron la mente de Logan.

“Desde que volví a la vida, no he dejado de buscarte. He estado buscando a los camaradas republicanos. Nunca tuve intención de traicionar a nuestra patria. Solo que, si abandonara todo y regresará a Ortona, estaría traicionando a mi familia actual…”

—Alteza Logan. 

La voz fría que lo llamó le hizo estremecer.

Las frías gotas de lluvia que le empapaban la cabeza hicieron que poco a poco recuperara la razón. Ahora él era Logan de Delcross. No era Gael Bertran.

—Benicio. ¿Cómo conoce ese nombre?

Ante la pregunta, Logan examinó nuevamente el rostro del asesino.

A primera vista, parecía una copia exacta de Benicio, pero al observar con atención, encontró sutiles diferencias en los contornos faciales. Además, la cicatriz que atravesaba desde la comisura de sus labios hasta la mandíbula, era algo que su amigo no tenía.

Y sobre todo, si su amigo estuviera vivo, ya tendría más de sesenta años. Pero el hombre frente a él parecía demasiado joven.

—…¿Lo conoces? —Logan preguntó con voz ronca.

El asesino, en lugar de responder, miró de reojo hacia Arjuna que seguía apuntándole.

—He querido preguntarle desde hace tiempo, Alteza. ¿Por qué el príncipe imperial tiene la espada del general Gael?

—…

—¿Pretende mostrar así el poder del Imperio que derribó a un maestro de espada sin igual? ¿No les bastó con matarlo, sino que también quieren burlarse de Ortona, hasta el fin que ha quedado destruida?

Un mal presentimiento comenzó a reptar por Logan, haciéndole sentir escalofríos.

Un joven que había reconocido Arjuna de inmediato, conocía a Gael Bertran y era idéntico a Benicio, su viejo amigo, durante su juventud. 

“No puede ser… ¿señor Kike?”

El brazo que sostenía a Arjuna cayó débilmente. El joven, tras mirar un momento el pálido rostro de Logan, frunció el ceño molesto como si algo no le agradara.

—Le ruego que perdone mi insolencia hacia usted, Alteza.

—…

—Me desconcertó que me persiguiera de repente y con tanta urgencia. Parece que existe algún malentendido. 

—Un malentendido…

—Sí. Soy un agente de información bajo las órdenes directas de Su Majestad, enviado por el gremio.

Logan parpadeó lentamente, evaluando el aire revuelto por la tormenta a su alrededor.

Aquello era verdad.

—No entré en el Palacio Imperial con ninguna intención impura. Por tanto, déjeme marchar. 

Aquello era… mentira.

Al no recibir respuesta, el joven dio unos pasos atrás con cautela, manteniéndose alerta ante Arjuna.

A pesar de ello, tras comprobar que Logan permanecía en el mismo sitio como si se hubiera congelado, no tardó en darse la vuelta y desaparecer de un salto al otro lado de la muralla.

—…

Logan tenía mil preguntas para hacerle, pero no fue capaz de seguir persiguiéndolo.

Olvidando incluso cómo manejar el aura, apretó fuertemente la mano que sujetaba a Arjuna, mientras sus dedos se enfriaban bajo la lluvia.

♦♦♦ ♦♦♦

 

—El Dios Principal ha preparado muchas cosas para ti; su gracia llenará y desbordará tu copa. 

Con una voz transparente que recitaba un pasaje sagrado, una luz blanca divina cayó sobre su cabeza. El duque de Cartago, que había sido bendecido, bajó respetuosamente la cabeza profundamente conmovido.

La pequeña santa cubierta con un velo blanco era tan sagrada en cada uno de sus movimientos que parecía haber sido modelada personalmente por el Dios Principal.

Por ese motivo, con tan solo verla, se producía el milagro de que las rígidas articulaciones del cuello de los invitados distinguidos se curaran por sí solas.

—El Dios Principal responde a tu firme fe…

Sisley pronunciaba esto mientras bendecía la cabeza de otro invitado.

La joven santa, que había adquirido experiencia tras varios años de servicio y visitas pastorales, conocía perfectamente cómo debía comportarse para conseguir que las personas se volvieran aún más devotas. 

Gracias a ello, los invitados distinguidos hacían fila unos tras otros para recibir la bendición de la pequeña santa. 

Recibir simultáneamente la bendición de una santa durante la celebración del natalicio era algo sumamente inusual. Normalmente, las santas cuidaban de quienes se encontraban en los lugares más bajos, por lo que rara vez se reunían con miembros de la realeza o invitados distinguidos. 

La otra santa, Seo Yi-seo, permanecía al lado de Sisley sin hacer nada, y aun así los invitados se sentían satisfechos. En modo Cadmus, Seo Yi-seo brillaba con ojos dorados y su sola presencia era imponente.

—El ambiente en el salón se ha calmado. —susurró la emperatriz Tatiana a la consorte imperial Melody mientras se abanicaba con movimientos nobles.

Desde hacía rato estaba preocupada ya que el Santo Emperador se retrasaba, pero, aun así, mantenía la calma sin olvidar su posición. El simple hecho de que la emperatriz permaneciera tranquilamente en el asiento de honor contribuiría a apaciguar la agitación de los presentes. 

—Sí. Todo esto es gracias a la princesa Amelia. —respondió Melody con una sonrisa cálida.

Tal como dijo, Amelia controlaba hábilmente el ambiente, identificando a los inquietos y, con una habilidad experta, los conducía nuevamente para que se dejaran arrastrar por el ambiente de la celebración. 

Incluso ella, que ya contaba con una experiencia considerable viviendo en el Palacio Imperial, no pudo evitar admirar aquellas respuestas tan oportunas. 

—No sé cómo puede ser tan confiable. Pensaba que era una niña delicada, pero ya ha crecido hasta convertirse en alguien tan digna. ¿No es esa una actitud digna de la princesa imperial mayor del Imperio? 

—Así es… 

La emperatriz Tatiana dejó sus palabras inconclusas. En el fondo, había deseado que Logan desempeñara aquel papel. 

Entonces vio a la primera consorte imperial rodeada de gente, sonriendo resplandeciente, vestida con joyas y accesorios ostentosos. Hasta el punto de que parecía haberse cubierto todo el cuerpo con joyas de oro rojo. 

No permanecía en el asiento de honor, pero tampoco parecía tener la más mínima intención de preocuparse por el ambiente del salón de banquetes. 

“Lizabeth…”

Tatiana conocía bien sus ambiciones desde el principio. Si el Emperador no hubiera controlado las luchas políticas y conspiraciones, ya habría habido problemas con ella muchas veces.

Pero algo extraño sucedía. Cuando su hijo era conocido como un rebelde, hacía todo por nombrarlo príncipe heredero, pero ahora que había cambiado y se había convertido en alguien extraordinario, ni siquiera le dirigía adecuadamente una sola mirada. 

“¿Qué estará pensando esa arrogante mujer ahora?”

—¡Oh! ¡La princesa Herna y el príncipe Gadeth parecen muñecos! ¡Míre cómo están sentados y tiene sus manos entrelazadas con fuerza! —Melody exclamó desde un lado.

“Esta otra también es un problema por ser demasiado dócil”.

De no ser por el Santo Emperador, aquellas jóvenes ovejas probablemente ya habrían sido convertidas de inmediato en alimento en medio de las intrigas del palacio interior. El hecho de que su inocencia hubiera podido mantenerse durante más de diez años era probablemente una demostración de lo estable que había sido el ambiente del Palacio Imperial durante todo ese tiempo. 

Sin embargo…

“Al final, tarde o temprano se producirá una lucha por la sucesión. Es un principio demasiado evidente, algo que no puede evitarse para siempre. Pero, teniendo hijos que ya han crecido de esta manera, Su Majestad todavía no ha nombrado a un príncipe heredero. ¿Qué demonios estará pensando hacer…?”

Tatiana ocultó con habilidad una sonrisa amarga tras su abanico.

Por otro lado, Amelia, que consideró que el salón de banquetes ya se encontraba bajo control, se relajó y miró alrededor con alivio.

Entonces, de pronto, fijó la mirada en una terraza situada en una esquina. Más concretamente, en las espaldas de los gemelos, que estaban sentados frente a la ventana cerrada de la terraza. 

Herna y Gadeth estaban sentados como muñecos en una vitrina, sin moverse, mirando fijamente hacia afuera.

—¿Se están divirtiendo en la fiesta?

Cuando Amelia se acercó, ambos se volvieron hacia ella al mismo tiempo. Después adoptaron expresiones considerablemente adultas y la elogiaron.

—Buen trabajo, hermana Amelia.

—Gracias por tu esfuerzo, hermana Amelia.

—Jeje. Parece que ya dejaron de intercambiarse la ropa. 

Amelia sonrió levemente y les acarició los hombros. Los gemelos, que percibieron la sombra que cubría en parte su rostro, asintieron. 

—No te preocupes por papá Santo Emperador. Morres fue allí, así que pronto regresarán.

—Papá su Majestad estará bien. Cuando Morres se ve involucrado, lo resuelve de una manera u otra. 

Amelia, sorprendida en su interior, miró alternativamente a los dos. Aunque habían permanecido sentados tranquilamente en aquel lugar, ¿acaso no parecían conocer ya el extraño suceso ocurrido en el segundo piso?

“Es cierto. Hay ocasiones en las que estos niños parecen saberlo todo.”

Tras aceptar aquello de esa manera, Amelia preguntó:

—¿Saben qué ha sucedido en el segundo piso?

—Sí. Son las repercusiones de que una fisura se abriera repentinamente. Es difícil de soportar para una persona corriente.

—Solo con acercarse se recibe su influencia. Por supuesto, una distancia como la que hay hasta el salón de banquetes no representa ningún problema.

Aquella respuesta inquietó a Amelia. De repente fue consciente de que había enviado a Logan y a Morres a semejante lugar sin ninguna medida de protección, y solo entonces comenzó a arrepentirse poco a poco.

Como parecía que la situación del salón de banquetes ya se había organizado aproximadamente, ¿debería acudir al despacho, aunque fuera en ese momento? Cuando pensó aquello y se disponía a darse la vuelta, los gemelos le sujetaron los brazos desde ambos lados.

—Está bien. Después de todo, Morres tendrá que acostumbrarse a las fisuras de ahora en adelante.

—No te preocupes. Puede que Morres ya se esté acostumbrado.

—Pero…

Justo en aquel momento, Masain se acercó a ellos con expresión preocupada.

—Sus Altezas. ¿Ha visto por casualidad al príncipe Morres? Desde hace un rato no consigo encontrarlo por ninguna parte.

—¡Ah! Ha venido en el momento perfecto, hermano. Precisamente estaba pensando en ir a buscarlo. ¿Quiere acompañarme al despacho?

Mientras decía aquello, miró de reojo a los gemelos, pero estos, que ya habían soltado las manos de Amelia, se encontraban completamente absortos mirando por la ventana y ya no les prestaban atención.

Aunque experimentó una sensación ligeramente incómoda, Amelia volvió a mirarlos una vez más antes de abandonar el lugar.

Y, poco después, los gemelos…

—¡Oh, es papá Santo Emperador!

—Sí, es papá Su Majestad.

Descubrieron los rayos que viajaban de una nube a otra y exclamaron admirados.

Relámpagos blancos que, sin precipitarse contra la tierra, resplandecían de un lado a otro entre las nubes antes de desaparecer.

—¿De repente parece estar lleno de energía?

—Es verdad, parece estar de buen humor.

Después, ambos cerraron la boca y contemplaron el paisaje exterior azotado por la tormenta.

—Oye. Si atravesamos una fisura como esa, ¿algún día nosotros también podremos regresar a aquel lugar?

Al cabo de un momento, Herna preguntó mientras tiraba ligeramente del collar de oro rojo que llevaba alrededor del cuello.

—Por supuesto que sí. Las huellas de que el mundo se abrió paso hacia el interior todavía permanecen de esta manera.

Gadeth respondió mientras jugueteaba con los gemelos de oro rojo que adornaban sus mangas.

—Ahora que lo pienso, creo que extraño bastante aquel lugar.

—Solo es nostalgia. Sinceramente, no quiero regresar.

¿Cuánto tiempo continuaron aquella conversación de significado incomprensible?

De repente, los relámpagos disminuyeron como por arte de magia. Los niños, que observaban inmóviles la lluvia, ahora considerablemente más débil que al principio, se estremecieron.

—Ah…

Ambos se miraron y exclamaron al mismo tiempo:

—¡Han regresado!

♦♦♦ ╬     ♦♦♦

Parpadeo, parpadeo.

Cuando Seong-jin abrió los ojos, se dio cuenta de que se encontraba tendido justo debajo del sofá. Intentó levantar el cuerpo sin moverse del lugar, pero…

—Ueeec.

De inmediato se tambaleó con violencia, volvió a tumbarse en el suelo y comenzó a tener arcadas.

“¿Por qué…? ¿Por qué estoy tan mareado?”

No, era un vértigo tan intenso que no podía expresarse simplemente diciendo que estaba mareado. Era como si el interior de sus canales semicirculares estuviera girando simultáneamente en tres direcciones.

Su percepción del tiempo y del espacio se retorcía de manera caótica, hasta el punto de hacerle pensar que alguien había agarrado sus nervios y estaba saltando alegremente a la cuerda con ellos.

—[¡Uaaaah! ¡Lee Seong-jin! ¡Lee Seong-jin! ¡Tú, maldito!] —El Rey Demonio daba saltos descontrolados y gritaba dentro de su cabeza—. [¡¿Qué demonios ha sucedido?! ¡¿Por qué te desplomaste de repente y no respondiste a nada?!]

El tipo prácticamente estaba sollozando.

A juzgar por el escándalo que estaba armando el Rey Demonio, que procuraba no abrir la boca cuando se encontraba junto al Santo Emperador, parecía que realmente había estado muy preocupado.

—“Pero ahora ya estoy bien, así que ¿podrías guardar silencio? ¡Haces tanto ruido que me retumba la cabeza!”

—[¡Uaaah, uaaah! ¡Oye! Pensé que tu alma había vuelto a marcharse a alguna parte. No sabes cuánto…]

En aquel momento, una voz baja llegó desde encima de la cabeza de Seong-jin.

—Qué ruidoso…

—[¡Hup!]

El Rey Demonio cerró rápidamente la boca.

Conteniendo las náuseas, Seong-jin levantó la mirada y vio que el Santo Emperador, que había abierto los ojos sobre el sofá, se incorporaba tambaleándose.

—No te preocupes. Esto se debe exclusivamente a una alteración de los sentidos. No es un problema del cuer…

El Santo Emperador, que había hablado hasta ese punto, se cubrió la boca con una mano. Parecía que incluso hablar le provocaba ganas de vomitar.

Y Seong-jin se encontraba en la misma situación. En cuanto movió la cabeza para mirar al Santo Emperador, una sensación de que todo daba vueltas lo invadió y comenzó a tener arcadas.

Mientras mantenía la cabeza agachada y esperaba inmóvil a que se calmara, la mano del Santo Emperador se posó sobre su cabeza y un brillante poder divino se derramó sobre él.

“Pero ¿no acaba de decir que no es un problema del estado del cuerpo? ¡¿De qué sirve entonces el poder divino?!”

Sin embargo, Seong-jin tampoco podía pronunciar aquellas palabras en voz alta. Era verdad. Ya se encontraba al límite simplemente intentando contener las ganas de vomitar.

—Ueec.

Cada vez que Seong-jin tenía una arcada, el poder divino se derramaba sobre su cabeza. Aunque ciertamente aquello parecía un auténtico desperdicio…

“Parece que este hombre también lo hace porque no tiene nada más que pueda hacer por mí…”

Si aquello le servía de consuelo emocional, bueno.

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