Capítulo 8: Este mundo está loco

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Capítulo 8: Este mundo está loco

El abogado Liu levantó la muñeca para mirar el reloj por cuarta vez. Cuando vio a Lu Jingxian bajar las escaleras, por fin dejó a un lado la taza de café aromático que sostenía entre las manos.

—Señor Lu, ¿no ha dormido bien? Lo veo con mal aspecto.

Lu Jingxian esbozó una sonrisa.

—Es que me cuesta adaptarme a camas nuevas.

—Ya se acostumbrará con el tiempo —dijo el abogado Liu, agarrando su maletín—. ¿Podemos irnos ya? Tengo una reunión por la mañana.

Lu Jingxian tomó la chaqueta y se fue. A diferencia de él, que no tenía obligaciones, el abogado Liu era socio de un prestigioso bufete y cobraba sus honorarios por horas. Había sacado tiempo de donde no podía para andar de un lado a otro por él, ya era imperdonable hacerle esperar más.

Antes de subir al coche, el administrador Cao salió a toda prisa para entregarle una bolsa con el desayuno para llevar. Lu Jingxian abrió la bolsa térmica, dentro había bollos recién horneados, calientes, crujientes por fuera y tiernos por dentro. Al morderlos, descubrió un relleno de carne de vacuno, estaban tan buenas que casi se tragaba la lengua.

—El señor Cao rara vez hace algo así por iniciativa propia. Parece que tiene una buena impresión de usted —dijo el abogado Liu, ajustándose las gafas—. Esta noche volverá el joven amo. Espero que también consiga ganarse su aprobación.

Lu Jingxian se terminó el bollo de dos o tres mordiscos, se limpió la boca y preguntó:

—Abogado Liu, ¿cómo es el hermano de Xu Lingzong? ¿Es fácil llevarse bien con él?

—Eso depende de con quién se lleve —respondió el abogado Liu con una leve sonrisa—. Para el señor Xu y la señora Xu, es un hijo maduro, fiable y digno de confianza. Para Xu Lingzong…

Ese punto suspensivo era tan elocuente como intrigante.

Lu Jingxian suspiró para sus adentros. Rencillas entre ricos, hermanos enfrentados. ¿No sería que Xu Lingzong no podía con su hermano mayor y por eso lo había creado a él para que ocupara su lugar?

Alto ahí. ¿Por qué se empeñaba en atribuirse la identidad de personalidad alternativa? Había que despejarse.

La Administración de Gestión Judicial de Sustitutos Vitalicios de Jiangzhou estaba en el número 37 de la calle Qingjiang. Desde fuera parecía un imponente edificio de oficinas. Hace siete años, era un organismo público desierto, donde no se veía un alma. Pero en los últimos años, con el aumento constante de los transmigradores, la Administración estaba tan abarrotada que más parecía un gran almacén en rebajas que un edificio oficial.

Lu Jingxian acababa de abrir la puerta del coche cuando vio a un grupo de gente alborotando. A la cabeza, un hombre con un megáfono; a su lado, otros dos con tambores y platillos; detrás, una quincena de personas sosteniendo pancartas. Menudo escándalo.

—¿Qué está pasando?

—Una protesta. Donde hay seres humanos, hay conflictos. Ya estamos acostumbrados —el abogado Liu se dirigió a su asistente—. En media hora, contacta con el director Li y recuérdale que traiga toda la documentación. A las once nos vemos en el departamento de asuntos jurídicos.

Bordearon a la multitud. En el vestíbulo principal, el bullicio era ensordecedor, como un estanque lleno de patos. Lu Jingxian seguía al abogado Liu.

—¿Por qué hay tanta gente? ¿Son todos transmigradores?

—Aunque cada vez hay más transmigradores, no son como las coles en el mercado, que las encuentras en cualquier esquina —el abogado Liu señaló con la barbilla la cola más larga de todas—. La mayoría ha venido a hacer el reconocimiento ético-familiar. «Un transmigrador, caos en toda la familia». Cuando termines los trámites básicos, obtengas tu certificado de sustitución vitalicia y completes tu ficha de identidad, el siguiente paso será hacer el reconocimiento ético con los familiares de los Xu.

Llegaron al ascensor y se quedaron esperando. Lu Jingxian no preguntó a qué planta iban; total, siguiendo al abogado Liu era como llevar un peaje electrónico, la eficiencia estaría garantizada.

Cuando el ascensor estaba a punto de llegar a la primera planta, un hombre con chaqueta de trabajo irrumpió de repente por la puerta principal de la Administración de Gestión Judicial. Con ambas manos sostenía un gran bidón de hierro y empezó a rociar el contenido como un loco por todas partes.

—¡Que salga Xu Shu! ¡Si no, quemo este maldito lugar!

Un olor acre invadió al instante todo el vestíbulo. Lu Jingxian se tapó la nariz y la boca, ¡era gasolina!

—¿Qué está pasando? ¿Cómo es que alguien rocía gasolina?

—¡Llama a la policía, rápido! ¡Si prende, va a explotar!

—¡Cielos! ¡No te metas, busca la manera de salir de aquí!

El vestíbulo se convirtió en un hervidero, un caos absoluto. El hombre sacó un mechero, con los ojos inyectados en sangre, y bramó:

—¡Que nadie se mueva! ¡Si no quieren morir, cállense!

Al ver el mechero, los gritos de terror se sucedieron entre la multitud, pero pronto se apagaron por la fuerza. La gente se tapaba la boca, temblando, aterrada ante la idea de provocar al hombre de rostro amenazador.

—¡Señor, cálmese! ¡Suelte el mechero, hablemos con calma!

—Sí, esto está lleno de gasolina. Si prende, usted tampoco podrá escapar. ¡Siéntese y hablemos despacio!

Dos guardias de seguridad, uno a cada lado, se acercaban con cautela. El hombre gritó: «¡Lárguense!». Ellos no tuvieron más remedio que retroceder, mirando con el corazón en un puño aquel mechero rojo.

—¡Quiero ver a Xu Shu! ¡Que salga Xu Shu ahora mismo!

—¡El director Xu no está hoy en la Administración, no podemos localizarlo!

—¡Mentira! ¿Creen que me pueden engañar? ¡He visto su coche aparcado fuera! —el hombre hizo ademán de encender el mechero—. Si no lo veo, le prendo fuego. ¡Morimos todos!

—¡Espere, espere! ¡Voy a avisar a los superiores!

Los guardias se lamentaban para sus adentros. Vaya mala suerte, a primera hora ya había aparecido un grupo con pancartas para protestar, y antes de haberlos despachado, ahora les salía este loco aún más radical. La gasolina estaba derramada por todas partes, con esa concentración tan alta, si prendía, incluso podría explotar.

La multitud se apiñaba en un rincón formando un arco. Algunos, sin saber a dónde ir, se metieron en el ascensor y subieron a las plantas superiores para resguardarse. Lu Jingxian y el abogado Liu estaban pegados a la pared, ocultos entre la gente. Sabían muy bien que subir no era una decisión inteligente. Si hubiera un incendio o una explosión, cuanto más alto, más difícil sería el rescate.

—Señor Lu, no se preocupe —dijo el abogado Liu en voz baja, con la expresión aún tranquila—. Mi asistente ya ha llamado a la policía. Esto se resolverá pronto.

Lu Jingxian también bajó la voz.

—Abogado Liu, parece que tiene experiencia en esto.

—He vivido situaciones similares antes. Un loco de verdad que no teme por su vida ya habría prendido fuego.

—…

Lu Jingxian siguió observando, la única petición de aquel hombre era ver a Xu Shu. A su alrededor, la gente se juntaba en pequeños grupos y cuchicheaba sobre quién era Xu Shu, y qué había hecho para provocar la venganza de un extremista. Un hombre mayor reveló con tono misterioso que conocía al hombre, su hermano había sido condenado a cinco años por malversación de fondos, y había muerto en la cárcel el mes pasado.

—¿Muerto en la cárcel? ¿Fue culpa de Xu Shu? Pero si el hombre trabaja en la Administración de Gestión Judicial de Sustitutos Vitalicios.

—¿Y qué crees que tiene que ver con un perfilador? ¿No se te ocurre?

—¡Bah, ya decía yo que las nuevas leyes son perjudiciales!

Lu Jingxian también podía imaginarlo, seguramente ese hermano había sufrido una «sustitución vitalicia», pero no superó la identificación, y al morir, su familia se lo achacó a Xu Shu.

Pensando en la forma de ser y en el carácter de Xu Shu, no era de extrañar que alguien con mal genio acabara así de mal.

Afuera sonaron sirenas. Cuatro coches patrulla se detuvieron en la esquina, y un grupo de agentes bajó apresuradamente.

—¡Primero, extiendan la cuerda de seguridad y acordonen el perímetro, rápido! El grupo de intervención se divide en dos equipos. Uno con Gao Lei va a rodear por detrás, allí hay un almacén de carga que comunica con la puerta trasera de la Administración, busquen la manera de abrirla para evacuar a los rehenes —Han Yin desplegó rápidamente las tareas sobre el terreno, y luego se giró para preguntar—. ¿Han averiguado ya los datos de identidad?

—¡Ya lo tenemos! —Su Yao le entregó un montón de documentos—. Se llama Li Longyuan, 35 años, mecánico de coches, soltero. Sus padres han fallecido. Su hermano, Li Longcheng, cumplía condena en la prisión de Meishan, en Jiangzhou. Desde enero del año pasado hasta abril de este año, solicitó en cinco ocasiones ser evaluado como presunto transmigrador, pero no superó ninguna de las pruebas. El 11 de mayo se ahorcó en la ducha de la cárcel.

—¿Las cinco evaluaciones las hizo Xu Shu?

—Las cuatro primeras las hicieron otros perfiladores. Quizá porque Li Longcheng las solicitó demasiadas veces, la última fue el director Xu en persona.

—¿Ocurrió algo especial?

—Eh… hubo un pequeño incidente —Su Yao se tapó la boca con la mano y habló en voz baja—. Ya sabe usted cómo es el director Xu, su aspecto, su figura…

—Ya me lo imaginaba —Han Yin hojeó los documentos, sacó uno y se lo metió en el bolsillo, se puso el chaleco táctico, tomó el teléfono y gritó—. ¡Tú, quédate quieto arriba, no bajes, ¿me oyes?!

Al otro lado del teléfono estaba Xu Shu. No se sabe lo que le dijo, pero Han Yin cambió de expresión de repente, soltó un taco y tiró el teléfono. Su Yao lo alcanzó al vuelo. No hacía falta preguntar, el director Xu iba a liar otra de las suyas.

—Da Su, quédate aquí vigilando. En cuanto lleguen los bomberos, desplieguen el dispositivo —Han Yin levantó la mano—. ¡El otro grupo, con el equipo y conmigo!

—¡Sí!

La llegada de la policía hizo que Li Longyuan pasara de la excitación a la furia.

—¿Quién ha llamado a la policía? ¿Quién demonios ha llamado a la policía sin tener nada mejor que hacer? ¡Si solo quiero ver a Xu Shu! ¿Para qué llaman a la policía?

Todos los presentes se quedaron callados. «Amigo, no has venido solo a “verlo”, con todo este despliegue. Si vamos a calificar las cosas, esto es un atentado».

Han Yin estaba al pie de las escaleras de la entrada principal de la Administración de Gestión Judicial, con un megáfono en la mano.

—¡Li Longyuan!

—¿Qué gritas?

—Tu conducta ya constituye un delito contra la seguridad pública. ¡Tira el mechero ahora mismo! Si causas heridos graves o muertos, la condena será de al menos diez años, ¡y luego te arrepentirás sin remedio!

—Bah, ¿de qué voy a arrepentirme? ¿No será de ir a la cárcel? —Li Longyuan soltó una risa fría—. Total, ya solo quedo yo en mi familia, no tengo ataduras. Así de paso entro y veo qué clase de vida llevaba mi hermano.

El tema derivó naturalmente hacia Li Longcheng. Han Yin dijo:

—El informe de autopsia de tu hermano lo dice bien claro, murió ahorcado, y eso no tiene nada que ver con nadie.

—Si mi hermano hubiera salido de la cárcel antes, no se habría suicidado. Todo fueron las trabas que puso Xu Shu. ¡Él mató a mi hermano!

—¿Sabes de dónde sacó tu hermano la cuerda para ahorcarse? —Han Yin sacó un informe—. ¡Fue una toalla que el año pasado dijo haber perdido y que en realidad había escondido! Eso demuestra que lo venía planeando desde hacía tiempo, que ya tenía intención de quitarse la vida. No es culpa de nadie. Xu Shu solo fue el último en hacerle la prueba. ¿Pretendes culparlo solo por eso? ¿No te parece demasiado?

—¡Qué vas a saber tú! Ese hombre es un rencoroso, que le toquen un poco los muslos no le va a quitar nada. ¡Se vengó con un informe falso, llevó a mi hermano al borde de la desesperación y lo empujó a ahorcarse!

¿Tocarle los muslos? Han Yin escuchó que su amigo de la infancia había sido acosado sexualmente y le dio un tic en la comisura de los labios.

—¡Tu hermano estaba acosando sexualmente a Xu Shu, y encima tienes la cara de echarle la culpa a él!

Li Longyuan lo miró con desprecio.

—Es un hombre, no tiene pecho ni culo. ¿Eso es acoso sexual?

—¿Quién te ha dicho que los hombres no entran en la categoría de acoso sexual? —Han Yin subió un escalón de forma natural—. Ya veo que no tienes ni idea de leyes, te voy a dar unas nociones básicas.

—¿Qué me las des tú? Ya sé… ¡Tú, baja! ¡Si no, le prendo fuego!

Han Yin tuvo que bajar la pierna que había subido. Maldijo entre dientes: «Mierda, qué vigilante es. Todo lo que he dicho ha sido en vano».

La tensión entre ambos era máxima. En ese momento, la puerta del ascensor de la derecha del vestíbulo se abrió lentamente hacia los lados, dejando ver un rostro frío y delicado, de una belleza aristocrática.

Xu Shu había llegado.

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