Incluso si intentaba entrar a Internet o a las redes sociales, en todas partes aparecía la notificación que decía que no se podía cargar el contenido. Qué desastre. Me parece que esto va en serio.
Sentí un golpe seco y entumecido en la nuca.
Vamos a ver, ¿no era una historia de sanación familiar? Además, el género era romance moderno. ¿Y de repente cambia a un apocalipsis zombi? Entonces, aparte de la palabra clave «moderno», no hay absolutamente nada igual. ¿De verdad es posible que las cosas hayan dado semejante giro de 180 grados? Preferiría que fuera una historia de cazadores o de fantasía; me sorprendería, pero al menos lo entendería.
Si la historia original ya hubiera terminado, sospecharía que esto está ocurriendo porque ya llegó al final o si ocurrió porque yo intervine…, pero, para mi desgracia, hoy es el día en que la historia original apenas comienza. Eso significa que, si surgió un problema, es uno grave de verdad.
—¿Estarán bien mis hermanos…?
Si lo hubiera sabido con antelación, me habría preparado mentalmente o me habría puesto terco para retener a mis hermanos en casa.
Moviendo incontrolablemente una pierna, envié llamadas y mensajes varias veces, pero solo aparecía la notificación indicando que no se podía realizar el envío debido a problemas en la red. No es que hubiera dormido durante días enteros; solo dormí unas pocas horas después de despedir a mis hermanos, pero la comunicación ya estaba completamente cortadas…
—Me voy a volver loco.
Piense en lo que piense, todas las respuestas son malas. Dejé el teléfono cargándose, me levanté de mi sitio y me dirigí a la ventana. Al levantar ligeramente la cortina para mirar hacia afuera, la enfermera que estaba viva hace tan solo unos minutos se había convertido en un zombi y vagaba por el jardín.
Ahora me quedan tres opciones. Primero: guardar la esperanza de que al menos uno de mis hermanos esté vivo y venga a buscarme, y aguantar lo mejor posible. Esta es la opción más estable siempre y cuando sea seguro que alguno de ellos vendrá dentro de una semana. Sin embargo, si pasa de ese tiempo, la cosa se complica.
Incluso si bajo de inmediato a cerrar la puerta y los zombis no vuelven a entrar, las medicinas que me quedan solo alcanzan para una semana. Puede que estar un día sin tomar la medicina no sea un problema, pero si pasan más de dos días, la situación se complicaría aún más. Y, aunque milagrosamente aguantara mucho tiempo, dudo que haya suficiente comida para ello.
—Detesto morirme de hambre…
Segunda opción: salir de la casa.
Ni siquiera vale la pena pensar en esa opción. Con este cuerpo tan débil, ¿qué podría hacer al salir? Si me topo con un zombi, lejos de matarlo, me costaría incluso huir. Si tengo muchísima, muchísima suerte y no me cruzo con ninguno, el problema sigue siendo desplazarme.
Por desgracia, no tengo licencia de conducir y tampoco conozco bien la geografía. Como solo he ido y venido entre la casa y el hospital, es algo natural, pero a eso se le suma que soy un desorientado de primera; así que, aunque fuera un camino conocido, no hay garantía de que vaya a llegar sano y salvo a tiempo. La segunda opción es sencillamente equivalente a «Juguemos a morir con emoción».
Entonces, la última y tercera opción…
¡Rrrrum!
Ante el sonido del motor de un automóvil que provenía de la casa de al lado, el zombi reaccionó con sensibilidad y empezó a correr. A diferencia de lo que esperaba, creyendo que chocaría contra el muro divisor por la enorme pared que había, el zombi la trepó en un instante y pasó a la casa vecina.
Junto con el sonido sordo de un cuerpo pesado al caer, resonó el grito desgarrador de alguien. En cuanto vi a los demás zombis salir corriendo hacia la casa de al lado al oír ese sonido, cerré los ojos con fuerza y dejé caer la cortina que había levantado.
—…
Tercera opción: simplemente aceptar esta realidad y morir rápidamente antes de sufrir.
En caso de elegir la última opción, se me presentan algunas alternativas más. Ahorcarme, cortarme las muñecas, saltar de cabeza por la ventana, o también podría meter dentro de mi cuerpo los fluidos corporales de algún zombi esparcidos por el suelo de la sala para convertirme en uno también.
La última opción me parece la más aceptable, pero ejecutarla de buenas a primeras me deja una extraña sensación de desasosiego. Tal vez sea por la esperanza de que mis hermanos sigan vivos.
—No quiero morir…
Pensé que esta vez sí podría superar los veinte años. Aunque fuera un poco incómodo por tener un cuerpo débil, era una vida satisfactoria. Me senté tambaleándome en el borde de la cama y me froté la cara desesperadamente.
Los gritos del vecino que venían de afuera cesaron. Entonces, mi cuerpo, que creía haber logrado calmar a duras penas, comenzó a temblar convulsivamente otra vez y, finalmente, la vista se me nubló. Gota a gota, en un instante mis mejillas se empaparon de lágrimas, pero ni siquiera tenía fuerzas para limpiarme el rostro.
¿Qué habrá sido de mis hermanos? ¿Estarán a salvo? No es posible que hayan muerto todos, ¿verdad? ¿Y si están heridos? De haber sabido que pasaría esto, los habría abrazado de buena gana esta mañana cuando me rogaron que los abrazara.
Para mí, ellos no eran simples hermanos. Eran la primera familia que tenía en toda la vida que he vivido, las personas que me dieron un nombre y los únicos seres en el mundo que llenaron de afecto y de múltiples recuerdos a alguien que no sabía nada.
En lugar de temor o pánico, un doloroso sentimiento de pérdida aplastó todo mi cuerpo. Parecía un sueño que hasta esta mañana estuviera emocionado con la idea de ver a la protagonista femenina. Solo cuando llegué al límite de la hiperventilación y terminé botando sangre, pude finalmente contener el llanto.
Al mismo tiempo, todo se volvió vano. No hay nada que pueda hacer alguien como yo, que echa sangre por la nariz de tanto llorar. No tengo una inteligencia sobresaliente, ni una capacidad física superior como para derribar a un zombi de un solo golpe, ni el valor suficiente para ir a buscar a mis hermanos a sus trabajos para comprobar si están vivos o muertos.
A este paso no hay diferencia con mi vida anterior… ¿Acaso me confié demasiado por estar en una novela de sanación? Pero cualquiera actuaría de forma parecida a la mía. De hecho, me parece más extraño pensar que de repente un zombi saldría en medio de una realidad ordinaria y que tendría que prepararme para ello.
—… Me voy a volver loco.
Sé que, por mucho que intente justificarme, nada va a cambiar, pero eso no significaba que al dejar de hacerlo se me fuera a ocurrir otra solución. ¿Qué hago? ¿Qué demonios se supone que deba hacer…?
Fue justo en ese momento en que la desesperación se sumaba a la confusión…
¡Pang!
Se oyó un fuerte golpe proveniente de la ventana. Me sobresalté enormemente, me levanté de mi sitio y retrocedí a trompicones. Desde el otro lado de la cortina de la ventana se filtraba un sonido atascado, como si fuera flema gorgoteando.
Debí haber pensado que, si trepó aquel muro tan alto en un instante, también podía trepar a la ventana de mi habitación en cualquier momento.
¡Pum, pum, pum!
Cada vez que continuaba aquel eco sordo, la cortina no paraba de sacudirse. Aquello con lo que tropezó mi espalda mientras seguía retrocediendo fue la silla y la pila de libros que había colocado bien alto en la puerta.
Antes de verme cara a cara con el zombi, quería salir rápido de la habitación y cerrar la puerta. Sin embargo, la silla sin ruedas no se movió ni un milímetro, como si se burlara de mis temblores.
¡Clang!
—¡Kaaak!
—¡Hah…!
Al mismo tiempo que los libros apilados encima se derrumbaban con un estrépito, el zombi finalmente rompió la ventana e irrumpió en el interior. Como había roto el cristal con la cabeza, tenía la cara completamente repleta de fragmentos de vidrio incrustados; sin embargo, lejos de manifestar dolor mientras se revolcaba por el suelo, en cuanto me vio se abalanzó sobre mí como una bestia que ha descubierto a su presa. Ah, maldita sea.
Mi mente no paraba de enviarme advertencias de que debía salir ahora mismo o blandir la silla, pero mi cuerpo, presa del pánico, se quedó rígido como una piedra sin moverse ni un milímetro. Lo único que pude hacer fue cerrar los ojos con fuerza y aceptar la muerte.
¡Por favor, que termine de un solo golpe antes de que me dé tiempo a sentir dolor…!
¡Kwaaang!
Antes de que pudiera concluir mi ferviente plegaria, un estruendo descomunal, indescriptiblemente mayor que el de antes, explotó justo a mi lado. El viento sopló con tanta fuerza que mis oídos se quedaron ensordecidos e incluso las lágrimas, que creía haber contenido, volvieron a brotar a chorros.
¿Qué demonios habrá aparecido esta vez…?
Sin ganas siquiera de comprobarlo, aceptaba mi destino con los ojos cerrados cuando, junto con el sonido de una prenda ondeando, algo descendió y se posó sobre mi cabeza.
—No llores. ¿Es porque este hyung llegó demasiado tarde?
Y, entonces, una voz conocida resonó en mis oídos.
Levanté los párpados de inmediato y parpadeé rápidamente para ajustar mi visión borrosa. Tan pronto como mi vista volvió a la normalidad, lo que apareció ante mí fue a Baek Hyun-woo de pie, exactamente igual a como estaba cuando salió a trabajar en la mañana.
—… ¡Hermano!
Incluso su cabello, peinado con ligereza, permanecía intacto. Conmovido hasta las lágrimas al ver el rostro de mi hermano mayor, que lucía su habitual sonrisa afectuosa, me arrojé a sus brazos a toda prisa. Él sujetó rápidamente el abrigo que se me caía por detrás, me lo volvió a colocar sobre la cabeza y dijo:
—Aquí hay demasiado polvo y está sucio, así que cúbrete con mi ropa. Hay una mascarilla en el bolsillo derecho, póntela también.
Asintiendo por reflejo mientras sacaba la mascarilla del bolsillo, vi la sangre esparcida por el suelo y, recordando al zombi; con retraso, giré la cabeza precipitadamente. ¡Si esto sigue así, nos morderá a los dos…!
—… ¿Eh?
Sin embargo, lo que vieron mis ojos fue una masa deforme de algo que había sido aplastado hasta volverse irreconocible. Antes que una sensación de asco, lo primero que me vino a la mente fue que parecía arcilla roja apelmazada.
Había sangre salpicada alrededor y podían verse restos que presumiblemente eran cabello o huesos, pero no se veía absolutamente nada más aparte de eso, al punto de hacerme dudar: «¿De verdad ese era el zombi de hace un momento?».
—Eso…
—¿Mmh? Ah, esa masa de carne ya no se va a mover. Este hyung se encargó de que no pueda volver a moverse jamás, así que Si-hyeon también debe dejar de llorar.
No, pero ¿qué dijo? ¿Cómo demonios le hizo eso?
Tanto si yo me quedaba con la boca abierta por el asombro como si no, Baek Hyun-woo, sonriendo alegremente como de costumbre, me limpió las mejillas mojadas, tomó la mascarilla que yo tenía en la mano y me la colocó suavemente en el rostro.
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