Capítulo 40- Depredador. Parte 4

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En la aldea de tala y quema, se podían observar las antorchas brillantes por aquí y por allá a altas horas de la noche, por lo que parecía que se estaba celebrando algún festival, excepto que los tipos que portaban las antorchas eran crueles bandidos asesinos.

—Nos estamos dividiendo en equipos para buscar, pero su paradero no está claro. A juzgar por la dirección general del movimiento, parece que se dirige hacia la puerta cartaginesa en el norte, pero no estoy seguro.

—No fue fácil rastrearlo porque, en primer lugar, dejaron de usar rápidamente los caminos.

Jerónimo, que escuchaba el informe con un semblante frío, escupió las palabras como si estuviera masticando.

—¿Tiene sentido que todo el equipo de búsqueda haya sido liberado y no hayan encontrado a ni uno solo hasta ahora?

—Estos tipos atacaron a los equipos de búsqueda, jefe. Pero no pasó mucho tiempo después de que se escaparon, por lo que no deben de haber ido muy lejos.  

—También hay un miembro del equipo de búsqueda cuyo paradero se desconoce. Quizás él también fue atacado.

—Ahora está oscuro y es difícil encontrar rastros. Incluso si intentamos enviar rastreadores, tendrá que ser mañana después del amanecer.

Rodrigo se paró junto a Jerónimo, dejó de escuchar el informe y miró hacia un rincón de la cabaña.

Kaien, que estaba más tranquilo que de costumbre, estaba sentado allí, sujetándose la cabeza. Todo aquel, que lo miraba, solo vio a un hijo pequeño que estaba abatido por la muerte de su madre. Sin embargo, Rodrigo, que lo conocía bastante bien, sabía que Kaien no era el tipo de persona que se preocupaba por esas cosas. 

No sabe por qué, pero la condición del niño no era normal en ese momento; y su suposición fue correcta. 

Después de que Marta muriera al pie del acantilado antes, Kaien había estado sufriendo fuertes dolores de cabeza. Ese sospechoso adorador del diablo le había hecho algo al niño.

“Me duele la cabeza…”, se quejó Kaien mientras se mordía los labios.

Simplemente intentó devorar el alma de Marta, de la cual ya se había estado alimentando desde hace mucho tiempo y antes de que ella muriera, ya que las almas de los difuntos eran completamente de mal gusto.

[Ahhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhh Kaien]

[¿Por qué yo? ¿Por qué yo? ¿Por qué yo?]

[Aslan, Aslan, Aslan, Aslan…]

Kaien podía escuchar los extraños gritos que procedían más allá de la montaña. Eran lamentos que solo él podía escuchar.

Por lo general, era divertido escuchar llorar a esas cosas estúpidas, pero ahora solo empeoraba cada vez más sus dolores de cabeza.

Los fragmentos de alma que se derramaron aquí y allá en la montaña eran los restos de su preciosa comida que no pudo devorar por completo. Había decidido no desperdiciar más nada de eso, pero una persona inesperada interfirió.

“¿Qué era ese tipo?”, se preguntó Kaien.

Cuando lo vio por primera vez, pensó que era simplemente un tipo común y corriente, pero su alma apareció de repente ante los ojos de Kaien y esta estaba rodeado por una luz inusual. Kaien nunca antes había visto una luz tan brillante y abrumadora.

Justo después de su aparición, Kaien comenzó a sufrir de un extraño tinnitus y fuertes dolores de cabeza. Sólo intentar interferir con el alma de esa persona, le hizo querer vomitar.

Rodrigo se acercó vacilante al niño que sudaba y gemía. Él ya era una de las almas que Kaien había estado devorando diligentemente de manera reciente.

Con su alma debilitada ya se había convertido en nada más que una marioneta que cumplía las órdenes de Kaien. A diferencia de la sensible Marta, Rodrigo era tan estúpido y aburrido que no reconocia la sensación de malestar.

—…ve a las puertas de Cartago, Rodrigo. —Kaien le ordenó sin siquiera mirarlo a la cara.

No importa por dónde escapen, eventualmente tendrán que atravesar la Puerta de Cartago. Como el anciano sufre de alcoholismo, no podrá permanecer escondido en las montañas por mucho tiempo.

—Mátalos.

Rodrigo, que vio una extraña locura fluir por los ojos del niño, tembló involuntariamente. Era un miedo profundamente grabado en su alma y sin conocimiento.

—Mátalos a todos, Rodrigo.

*** ** ***

Aslan se despertó temprano en la mañana.

Fue porque escuchó algo así como una conversación tranquila a su lado.

—…de acuerdo, ¿ya llegaron? Debes haber tenido dificultades para llegar a tiempo. Por favor, dile a Enrique el lugar de reunión.

—Entonces, ¿cómo está Morres?

—Eso fue un poco apresurado. ¿Había alguna necesidad de hacerlo? 

“¿Qué? ¿De qué estás hablando?”, pensó Aslan.

—El que está en el sótano. Parece que no era tan importante para él, ya que intentó usarlo de inmediato sólo porque no estaba.

—… No, no los evite a propósito…

—… Lo lamento. Definitivamente no me escapé porque no quería jugar al ajedrez.

“Ah, esta era la voz de Bart”.

Pero en lugar de tener una conversación, estaba hablando con él mismo.

—Sí, supongo que sí. Por el momento, jugaremos dos veces por semana al ajedrez…

—…quiero decir, no es que no me guste…

En realidad, parecía que a Bart no le agradaba mucho la idea, ya que su voz se hacía poco a poco más fuerte.

Aslan abrió los ojos y lo llamó confundido.

—… ¿Bart?

Lo pudo ver apoyado contra la entrada de la cueva y obviamente estaba solo, pero, ¿con quién estaba hablando?

Sin embargo, todavía estaba medio dormido y vio algo extraño a través de su visión borrosa. Frente a Bart, brillaban dos formas vagas, parecidas a humo.

“¿Es un fantasma?” Sombras de color rosa claro y azul claro.

Aslan parpadeó y, antes de darse cuenta, las extrañas sombras habían desaparecido. Se frotó los ojos nuevamente para ver, pero Bart era el único en la entrada de la cueva.

“¿Acaso estaba viendo cosas porque estaba cansado?”

Pero aparte de eso, hubo algo que llamó más la atención de Aslan que los fantasmas de colores que vio entre sueños, y eso fue el rostro de Bart.

El rostro de Bart, que lo miraba en silencio, le pareció increíblemente desconocido.

—Hola, Bart. ¿Tu cabello era de ese color originalmente? Creo que es un poco más oscuro… —preguntó Aslan en voz baja.

Su cabello, que pensó que era castaño definitivamente luce más oscuro que ayer, incluso bajo la tenue luz del sol de la mañana.

Sintió como si su cara hubiera cambiado ligeramente, antes, pensó que era un hombre guapo con rasgos faciales rectos, sin embargo su impresión era un poco borrosa, ahora en cambio, su percepción se volvió más clara y sentía que de alguna manera se veía mejor. 

Lo único que no era diferente de antes eran los ojos grises plateados que ocasionalmente tenían un brillo extraño.

Bart se tiró del cabello y miró a su alrededor ante las palabras de Aslan, luego asintió.

—Porque llevo aquí bastante tiempo. La tasa de sincronización aumentará gradualmente.

“¿Tasa de sincronización? ¿Qué significa eso?”.

Mientras lo miraba sin comprender, el viejo Max, que había estado dando vueltas detrás de él, abrió los ojos y bostezó.

—Dios mío, dormir a la intemperie a esta edad. De todos modos, de alguna manera no me duele mi espalda como todas las mañanas y es más fácil de soportar.

“¿No pareció notar nada inusual en Bart? ¿Es porque es un cambio tan sutil?”

Sólo Aslan inclinó la cabeza, Bart se puso de pie, se dio unas palmaditas en el dobladillo de la bata.

—A partir de ahora, es una carrera contra el tiempo. Eventualmente nos perseguirán hasta la Puerta de Cartago por lo que ahora intentaremos llegar lo más rápido posible sin preocuparnos de dejar rastros  —dijo.

“¿Hasta ahora había estado al tanto de las huellas? Pensé que simplemente estábamos huyendo a ciegas”.

Cuando Aslan abrió tontamente la boca, Bart levantó ligeramente una comisura de la boca.

—Tal vez sí intenten seguir nuestros rastros, pero van a perderse un poco. ¿Nos vamos?

Pronto, una cascada de poder divino, se derramó sobre las cabezas de las dos personas.

Para su sorpresa, alrededor del mediodía pudieron llegar a un pasadizo en buen estado. Cruzaron la escarpada cima de la Cordillera Occidental en un solo día, acompañado por un anciano. Por supuesto, fue el final de una marcha infernal de masticar comida seca mientras caminaban y usar frecuentemente el poder divino.

Sus cuerpos continuaban recuperándose y estaban bien, el problema radicaba en que era difícil soportar con su agotado poder mental. Si seguían avanzando por el camino, llegarían a la Puerta de Cartago en tan solo unas horas. Una mirada de alivio apareció en los rostros de Aslan y el viejo Max.

—Aún es demasiado pronto para estar tranquilos. Si han estado montando a caballo por el camino desde ayer, es posible que logren alcanzarnos. —dijo Bart, que estaba pálido.

Aslan lo miró ligeramente preocupado. Su cuerpo no podía usar el aura, por lo que Aslan estaba ansioso ya que no sabía en qué momento Bart podría llegar a colapsar, además la tela de sus esposas que se habían estado balanceando desde ayer, estaban empapadas de sangre.

Por supuesto, si retiraba la tela vería que sus muñecas estaban bien, pero no podía evitar preocuparse y sobre todo ¿estaba bien que gastara tanto poder divino?

Bart caminó hasta el costado del camino, se sentó en una piedra grande y habló.

—El tiempo es un poco escaso, pero tenemos que esperar aquí a nuestro punto de contacto.

—¿Un contacto?

—No podemos colarnos simplemente por la puerta, ¿verdad?

—¡Ah!

—¡Ah!

Las expresiones de Aslan y el viejo Max se volvieron solemnes.

Este es un hecho que han tratado de ignorar hasta ahora. Incluso si llegan sanos y salvos a Cartago, ¿cómo cruzarán la puerta sin demostrar su identidad?

Afortunadamente, parecía que Bart tenía una solución. 

—Este chico no debería llegar demasiado tarde… —Murmuró Bart en tono indiferente, mirando al vacío.

Al mismo tiempo que dijo esas palabras, alguien aterrizó repentinamente frente a ellos. Fue como si un fantasma hubiera aparecido sin ninguna señal en el camino abierto, fue bastante espeluznante.

Era un hombre vestido de negro de arriba a abajo y, a excepción de la larga cicatriz que iba desde la comisura de la boca hasta la barbilla, era un joven de aspecto tranquilo que parecía un erudito.

El hombre miró a Aslan y al viejo Max, quienes se sorprendieron y dieron un paso atrás, luego caminó frente a Bart y se arrodilló.

—Su Majestad.

Parecía que conocía a Bart.

“¿Su Majestad?” Aslan se quedó paralizado ante el título inesperado y Bart levantó levemente la comisura de la boca.

—Mis sentidos se han vuelto tan embotados que ni siquiera me di cuenta de que llegaste, Enrique.

—Soy número 21. Su Majestad.

—…

Cuando el hombre respondió sin rodeos, Bart, que sintió algo inusual, mantuvo la boca cerrada.

Efectivamente, el hombre rápidamente expresó sus quejas en un tono duro.

—¿Cómo diablos sucedió esto? ¿Sabe lo sorprendido que me sentí cuando me ordenó investigar las aldeas de tala y quema, y ​​que de repente apareció en la sucursal de Asein la noche siguiente? Si espera en silencio como antes, ¿no podré llevarle las noticias por mi cuenta? ¿Qué era tan urgente esta vez?

—Lo siento, Enrique. Por alguna razón, tuve un muy mal presentimiento sobre esto…

—Soy número 21, Su Majestad. ¡Gracias a usted la sucursal de la capital del gremio está sumida en el caos en este momento! Sí simplemente da un montón de instrucciones difíciles y complicadas para luego desaparecer así, ¿qué demonios espera de las personas que trabajan bajo sus órdenes?

—Bien…

—¿Eso es todo?  y ¿Por qué de repente nos notifica que nos unamos a usted desde el otro lado de la frontera? ¡Ni siquiera el informante más rápido del continente puede moverse así! Aún así, he estado corriendo desde Delcross hasta aquí durante los últimos cuatro días sin dormir, ¿sabe cuánto?…

El hombre se calló. Aunque el tono es directo y casual, extrañamente, la ira que surgía de él y que era creciente no estaba totalmente reprimida.

Aslan simplemente parpadeó y miró a las dos personas.

Parece que Bart también sintió su intensa ira. Después de echar un vistazo rápido, extendió su mano hacia la frente del hombre. Inmediatamente, una luz brillante apareció de su mano y los ojos previamente oscuros del hombre se suavizaron instantáneamente, pero lo que el hombre notó fue otra cosa.

Tomó las manos con las esposas frente a él y miró las vendas empapadas de sangre, luego miró a Bart.

—¿Qué es esto?

—Ya estaba así cuando abrí los ojos en Asein. Al inicio también me confundió, pero resultó ser más útil de lo esperado para atacar a las personas en caso de emergencia.

La expresión del hombre se volvió extraña.

—¿No me diga que esto puede ser considerado un arma?

—Mmm.

El rostro de Bart se volvió notablemente deprimido.

—Dígale al líder de la rama de la Asein que, si tiene alguna queja, puede hablar.

—Lo intentaré, pero no lo sé. Hay tantas quejas, entonces, ¿no va a protestar para ir y escucharlas en persona? 

—…

—Ahora que Su Majestad no puede usar aura, ¿hay alguien más por aquí que pueda cortar las esposas de Su Majestad con una espada de aura sin cortarle el brazo?

Pero Bart, que escuchó esas duras palabras, inesperadamente levantó la cabeza con un rostro un poco más brillante.

—Incluso si ese no es el caso, tengo algo en mente. No podía soportar pedirle un favor a ese niño, así que dudé.

Luego, número 21, los ojos de Enrique se endurecieron de inmediato.

—Puedo ver lo que estás pensando. Si simplemente se corta las esposas de manera tosca, el brazo cortado se volverá a colocar. Incluso si el brazo se cae, se puede volver a colocar. ¿Es eso lo que quiere decir? Lo siento, pero no tengo el talento para cortar un trozo de hierro como este con un solo cuchillo 

—No, más bien…  —dudo Bart.

—Estoy seguro de que no me está pidiendo simplemente que le corte el brazo, ¿verdad? Yo no haré eso —dijo número 21.

—….

“Vaya, la forma de pensar es realmente diferente cuando uno tiene el poder de la curación que sobrepasa a los humanos”. Pensó Aslan, que escuchaba su conversación junto a ellos y tragó saliva sin darse cuenta.

♦♦◊♦♦  ♦♦◊♦♦

¡Gracias por la ayuda~!

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