Prólogo I

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Prólogo

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La isla era famosa entre los investigadores.

Era una isla donde esclavos con placas de identificación en sus pezones, arneses en sus cuerpos desnudos y, todo tipo de cosas metidas en sus agujeros, deambulaban en busca de penes.

Allí, las relaciones sexuales extrañas y actos sexuales que rozaban la tortura eran cosa de todos los días. Se ignoraban los derechos humanos y se abusaba de la vergüenza mientras la dignidad y la moral se impregnaban de semen.

Ninguno de los huéspedes de la isla consideraba a los esclavos como seres humanos. Eran juguetes sexuales palpitantes e inodoros con forma humana.

—Principalmente reciben sujetos adultos criados en ‘fábricas’ fuera de la ciudad, pero de vez en cuando también secuestran a hombres dentro de la ciudad para llevárselos como esclavos. Antes de llegar a la isla, ya han completado una modificación corporal básica, por lo que pueden soportar casi cualquier acto cruel o comportamiento grotesco.

Los hombres eran criados como ganado, obligados a excretar una y otra vez bajo coerción.

Son pisoteados sin piedad hasta ser capaces de lamer, sin dudar, el suelo desnudo y los zapatos con la lengua.

Después de vagar por la isla durante un tiempo, eventualmente, ya fuera vencidos por el dolor o por el placer; terminan moviendo el trasero y rogando por un pene.

—Qué asco —dijo un investigador tan pronto como escuchó la historia.

—No digas tonterías. Esa isla es una verdadera fantasía.

—Así es. Seguro que es increíble.

—Oh, yo también quiero ir.

—¿Como esclavo?

—Mierda. Obvio que como invitado.

El hombre exhaló una larga bocanada de humo de su cigarro y le dio un codazo en el costado a su compañero.

Los investigadores rieron entre dientes brevemente intercambiando miradas. Una risa burlona, silenciosa y siniestra circuló entre ellos. Su objetivo de burla era el único hombre que había expresado una opinión negativa.

El investigador especial detrás de él, que llevaba una pistolera de hombro, sonrió burlonamente e hizo un gesto ridículo con las manos a sus espaldas. Era un movimiento cuya intención de burla y menosprecio era evidente.

—Parece que todos se han metido sus años por el culo.

Los investigadores, que habían estado conteniendo la risa, se quedaron paralizados. Algunos carraspearon. El de la pistolera al hombro maldijo para sus adentros: «Qué montón de aficionados».

El hombre no discutió ni se enojó. Y, sin siquiera volverse para mirar a quienes se burlaban de él, simplemente salió de la sala de fumadores con indiferencia.

Chirrido.

Las viejas bisagras de la puerta de cristal de la sala de fumadores emitieron un sonido desagradable. El ruido de las rígidas suelas de los zapatos del hombre se alejaron hasta desvanecerse. Entonces, los investigadores en la sala chasquearon la lengua, ya tardíamente.

—Ese maldito perdedor.

—Oye, por mucho que te desagrade, no deberías meterte con él.

El de la pistolera se encogió de hombros. El investigador que estaba a su lado golpeó la puerta con el puño, fingiendo dureza.

—Ah, realmente me contuve de decir algo peor.

—Jeje, no debe estar muy lejos. Iré a detenerlo para que puedas decírselo si quieres.

Cuando se dirigió a la puerta como si realmente fuera a ir tras él, su compañero, alarmado, le agarró del brazo. Inmediatamente, estallaron en carcajadas y él, al darse cuenta tarde de que estaban burlándose de él, les dio una patada en las espinillas.

¡Ahg!

El otro investigador, confirmando el cariño que le tenía su colega, abrió los ojos y, lleno del mismo afecto, le pisó el pie.

¡Ugh!

Así, continuaron haciendo tontería tras tontería.

Los investigadores risueños pronto volvieron al tema de la isla.

A medida que los hombres iban conociendo qué clase de hombre era el otro, la conversación se volvía más explícita y pegajosa.

—Escuché que suministran personas como si fueran ganado. Incluso les asignan grados. Por eso, cada esclavo tiene un precio de uso diferente e incluso varía según la parte del cuerpo que se utilice.

—¿Parte?

—Por ejemplo, en el caso de los esclavos ‘instalados’ en la pared, solo hay que pagar el precio por usar su agujero. Son esos que tienen solo las nalgas expuestas en la pared o los muebles y están en un rango relativamente barato. Dan una sensación de producto defectuoso, ¿sabes? La mayoría de los invitados de la isla prefieren alquilar un esclavo completo para divertirse. Pero dicen que incluso el grado más bajo cuesta cientos de créditos por día. Plebeyos como nosotros, ¿creen que podríamos pagar una noche con ellos? Ni para una siesta nos alcanzaría.

Uno de los investigadores, que había estado escuchando en silencio en un rincón todo el tiempo, tragó seco y tomó la iniciativa por primera vez.

—Cuéntame más sobre esos traseros instalados.

—Ah- ¿Entonces esos son tus gustos?

El de la pistolera al hombro se rio burlonamente, pero confesó rápidamente que lo entendía.

—Son una especie de decoración. Normalmente los comunes de grado más bajo y poca demanda se turnan para hacerlo. Es como arte performático: solo tienen las nalgas apretadas contra la pared. Está bien que varias personas los penetren. Incluso si el semen fluye y se acumula en el suelo, lo dejan ahí. Después, alguien más penetra ese mismo agujero y luego otro y otro…

—Ugh. Se debe tener buen estómago para eso.

—Ya lo creo. Ahora que lo escucho, creo que mis gustos son más normales.

—El mundo es amplio, los gustos son diversos y hay muchos pervertidos. ¿No es razonable que haya gente que prefiera agujeros ya usados?

El de la pistolera al hombro le hizo un gesto al otro investigador, quien lo instó a seguir hablando. Su respiración era notablemente entrecortada. Los demás, con rostros serios, se distanciaron.

—Uh… bueno, e-ese podría ser el caso.

—Sí. Exacto.

—Oye, pero ¿soy el único que lo encuentra sospechoso? ¿Cómo es que sabes eso con detalles tan extrañamente específicos?

Oh, cierto… ¿Verdad?

Por aquí y por allá surgieron voces de acuerdo. Aunque vestía de manera informal, al igual que el de la pistolera de hombro, era un investigador especial de estatura alta que se encogió de hombros.

Su cabello pulcramente peinado le sentaba de maravilla a sus rasgos viriles y audaces. Con un segundo cigarrillo en la boca, habló con una pronunciación ligeramente arrastrada:

—Todos saben que la víctima que afirma haber escapado de esa isla llegó recientemente a la sede de investigación, ¿verdad?

Los investigadores se pusieron alerta.

—¿No fue asignado a tu equipo?

—¿Dónde era que estaba? ¿No estaba en el Equipo 1?

—¿Cómo es en persona? ¿De verdad es tan guapo y atractivo como dicen? ¿Tiene buen cuerpo?

—¿Se nota que le han modificado el cuerpo? ¿Has visto su cuerpo desnudo?

—Bajen la voz. Esto no tiene un nivel de confidencialidad precisamente alto, pero el maldito Líder de equipo nos ha prohibido estrictamente divulgarlo. El Director General Herodes incluso nos advirtió sonriendo.

La bulliciosa sala de fumadores se quedó de repente en silencio, como si le hubieran echado encima un chorro de agua fría a cada uno. El investigador, que había preguntado con emoción antes, levantó ambas manos con disgusto.

—No dije nada.

—No digas tonterías. Y tú, maldito loco. Si es como dices, ¿por qué no te lo guardaste para ti?

—Ya todos lo saben, ¿qué tiene? Mientras no me pillen diciendo lo que les dije, está bien. Y de hecho, ustedes también tienen curiosidad, ¿no? Si dicen que no, me iré.

Los investigadores que habían estado vacilando, como si hubieran tomado una decisión, miraron con cautela más allá de la puerta de cristal, escudriñando el pasillo desierto como si buscaran hasta la más pequeña hormiga. El del peinado pulcro, riendo como si lo hubiera esperado, hizo una seña con el dedo.

El investigador señalado apresuradamente acercó con respeto el encendedor Zippo que sostenía en su mano.

El poder temporal obtenido mediante la superioridad informativa se extinguió como el humo.

—Lo de la modificación corporal es cierto. Vi su pecho y sus pezones tenían un tamaño imposible para un ser humano. ¿Entienden lo que quiero decir? No es que estuvieran un poco hinchados. ¡Eran tan grandes como un pulgar! ¿Conocen esas camisetas básicas que distribuye la sede de investigación? Cuando lo encontraron, estaba desnudo, así que le pusieron una de esas y unos pantalones de chándal de algún investigador. Aunque la camiseta era dos tallas más grande que su cuerpo, la forma de esos pezones se veía claramente.

—¿Eso… tiene sentido?

—Sí. Como les dije, su cuerpo sí fue modificado. Pero a ese tipo ni siquiera le importó que todos los investigadores le estuvieran mirando el pecho. Sinceramente, eso me pareció más raro que sus pezones.

—¿Qué? ¿Fue porque era demasiado descarado?

—No. Mmm. ¿Cómo se los explico?

El del peinado pulcro, sosteniendo un cigarrillo entre los dedos, se frotaba la nuca con la otra mano.

—Cómo decirlo… Parecía incapaz de avergonzarse de su cuerpo. Era como si hubieran castrado su sentido de vergüenza.

Los investigadores que estaban escuchando estallaron en risas.

—¡Maldición!

—Sabía que algo sonaba extraño desde que comencé a escucharlo.

—Casi caigo otra vez. ¡Pezones del tamaño de un pulgar! Jeje, qué gracioso.

El del peinado pulcro miró a los ruidosos investigadores y se rio con desdén de su incredulidad.

—Sí, bueno. ¿Qué van a saber ustedes?

—Todo es verdad.

Todos los investigadores se quedaron paralizados ante la repentina interrupción. Sus cabezas se movieron, siguiendo la extraña voz.

Sin hacer un solo ruido, alguien había aparecido frente a la sala de fumadores. El hombre que estaba haciendo guardia se puso pálido como si hubiera visto un fantasma. Su expresión mostraba que no tenía idea de cómo había llegado ese hombre hasta ahí.

Un hombre apuesto de unos treinta y pocos años, con un rostro atractivo. El hombre sereno, digno de ser considerado “el hombre perfecto para presentar a los suegros”, miró a los investigadores. Con cada mirada fugaz, sus rostros palidecían. Como una flor que florece alimentándose de la desesperación ajena, el hombre sonrió de manera radiante y lánguida.

—Al entrar a la isla, se someten uniformemente a cirugías de modificación corporal y después, según su grado, parece que son destinados a varios usos. Entre ellos, hay un grado que es ‘dramáticamente desarrollado y modificado’: el Grado B… En la isla, llaman a ese grado “Boggart“.

—S-Señor Director no es de eso de lo que estamos hablando.

—Yo. —Los ojos del hombre que interrumpió se entrecerraron. —¿Acaso te di permiso de abrir la boca?

—¡…!

El investigador de mayor rango se desplomó en el suelo. Los demás investigadores, inmóviles con los brazos a la espalda, ni siquiera podían respirar con normalidad.

Parecían tan disciplinados que no serían criticados incluso si los colocaran en la primera fila de un desfile militar.

El hombre relajó su mirada, que se había vuelto ligeramente tensa y sonrió.

—¿Alguien tiene preguntas?

Su actitud transmite claramente: “Si alguien habla, le plantaré seis balas en la cabeza”. Nadie respondió.

—Entonces lo haré yo. ¿Alguien sabe dónde está el investigador Han Yoon-seo? Vine porque me dijeron que estaba en la sala de fumadores, pero no lo veo por aquí.

Los investigadores, inmóviles como estatuas, alzaron al unísono sus dedos apuntando en la misma dirección. La dirección en la que el “perdedor” había desaparecido.

* * *

Otra vez un dolor de cabeza.

Las voces de la conversación en la oficina golpeaban nítidamente mis oídos.

—¿El caso de Seed Lux de hace tiempo todavía no está resuelto? ¡Te dije que trajeras a alguien, aunque solo fuera un distribuidor! ¿Redada masiva? ¿Sabes siquiera lo que significa esa palabra? ¿Qué poder tiene un simple equipo de investigación para arrestarlos a todos? Francamente, ¿crees que sabes lo que hay detrás de todo eso? ¡Si quieres hacerte el justiciero, lárgate a la sede de investigación del Distrito 13!

—Oiga, Líder de equipo, ¿por qué está siendo tan grosero de nuevo?

—Parece que la corporación Winchester dijo algo de nuevo. Por esa droga, el gráfico de acciones recientemente…

—Los agentes de campo van a morir como moscas otra vez.

—Guau, ese idiota es nuevo, ¿verdad? ¿O le crecieron los huevos?

—¿Por qué?

—Aunque precisamente no lo dijo, lo vi maldecir delante del Jefe. Dijo: “Ojalá los traficantes y el Líder de equipo se tomen de las manos y se mueran”.

—Pero tú eras el que se quedaba dormido durante el entrenamiento de lectura de labios, ¿no? ¿Acabas de inventar todo lo que dijiste?

—Incluso una persona común y corriente que no sabe leer labios, podría entender lo que dijo.

—…

Sentí que mi cabeza iba a estallar.

He tenido oídos sensibles desde que era pequeño. Podía escuchar el sonido de un pequeño cuchillo de frutas cayendo en la cocina, incluso desde mi habitación lejana.

Nunca demostré mi sensibilidad. Pensé que no era nada especial, solo una especie de enfermedad. Fui al hospital. Tenía miedo de que pensaran que estaba loco, así que simplemente dije que oía algo parecido a lo que oye alguien con Tinnitus, pero todos los médicos que conocí movían la cabeza con incredulidad y decían que todas las partes de mi oído estaban normales.

Sufrí así solo y con el tiempo me adapté. Mis padres no supieron del secreto de mis oídos hasta que fallecieron.

«Si esto es algo bueno, desearía que al menos mis ojos fueran los beneficiados».

Refunfuñé todo el tiempo mientras me ajustaba las gafas gruesas y pesadas. Ante la sensación de que una ardilla roía mi cerebro como si fuera una nuez; finalmente abrí el cajón.

Tomé un puñado de analgésicos fuertes contenidos en un frasco blanco y me los tragué. Ni siquiera conté cuántas pastillas eran bebí un té con leche ya frío en lugar de agua.

Incliné la cabeza hacia atrás y cerré los ojos, recordando la playa del Distrito 7 que había visitado hacía medio año.

«Mmm».

Al recordar el resort donde las olas rompían en el agua maravillosamente, mi estado de ánimo mejoró considerablemente. Para colmo, el Líder de equipo, que había estado fastidiando todo el tiempo, ya había salido de la oficina.

Sin embargo, la noticia de que el Jefe había salido a realizar trabajo de campo se extendió por la estrecha oficina y los investigadores, que habían estado agazapados durante un buen rato, comenzaron a agruparse y a charlar en pequeños grupos.

Joder, esto me estaba enloqueciendo. Pero era el mismo ruido de todos los días. Y, como si la vida quisiera ponerme a prueba, un grito surgió de la esquina.

—No, joder, todos tienen curiosidad. No soy el único, ¿verdad? ¡¿Pero por qué convierten a las personas en basura?!

Parece que alguien sacó de nuevo el tema de la isla. Estoy hasta la coronilla de eso. Suspiré profundamente, emitiendo un gemido de frustración.

Han pasado cuatro días desde que un hombre que dice ser víctima de la isla apareció ante la sede de investigaciones en el Distrito 2.

Casualmente estaba visitando la cafetería del primer piso en ese momento, así que presencié la escena de primera mano. Al principio, solo pensé que estaba loco.

La víctima fue arrojada desnuda a la entrada principal de la sede de investigación. El SUV que la dejó como si fuera un desecho tenía vidrios tan polarizados que era imposible ver su interior. Incluso la placa que llevaba era falsa.

Entonces, el vehículo desapareció como un fantasma, esquivando las cámaras de vigilancia más numerosas que los árboles alineados en la calle.

¿Qué pasó después? Solo diré que todo el personal de la sede de investigación, sin importar su rango, fue criticado hasta quedar hechos polvo.

De cualquier modo, la víctima era un joven de aspecto delicado y juvenil, quien, tan pronto como se recuperó del shock de haber sido abandonado, gritó con todas sus fuerzas.

—¡Por favor, sálvenme! ¡Vengo de una isla! ¡La misma isla donde la gente es esclavizada!

Los testimonios que surgieron después eran más bien obscenidades extremadamente explícitas que testimonios, por lo que sólo escucharlos hizo que mi corazón latiera con fuerza.

El joven fue inmediatamente sometido y arrastrado al interior de la sede de investigación.

Algunos investigadores dijeron que era un “estudiante rebelde” fingiendo ser un lunático, mientras que el líder del equipo 4, con las venas del cuello hinchadas de ira, gritó que era un “nuevo intento de terrorismo”.

Pero las palabras del joven eran ciertas. Presentó una vieja tarjeta SD que traía consigo como prueba.

La sede de investigación, tras confirmar la situación, se sumió en el caos. Los medios de comunicación, al enterarse del incidente, estaban igualmente agitados. Desde el amanecer del día siguiente, los periodistas se congregaron en torno a la sede. La especialidad de la sede de investigación era el control de los medios, pero la situación y el tema no eran nada favorables.

Al final, el embargo falló y gracias a eso, el jefe del equipo de investigación 3, regañado por sus superiores, regresó y pateó el cesto de basura.

Esa isla era famosa entre los investigadores, pero no solo entre ellos.

Una isla del placer sin nombre definido, sin entidad real, que circulaba solo como un rumor entre la gente.

—Ah, ¡dejen de burlarse ya!

Al escuchar el grito que rasgaba los oídos, me agaché de golpe. Arrugué la frente y apreté los labios con fuerza. Agarré lo primero que tenía a mano y lo lancé. Era el cenicero portátil que había comprado hace poco.

¡Trac!

El investigador, al que había logrado golpear en la sien con el cenicero, frunció el ceño con furia.

—¡Agh! ¡¿Quién fue el bastardo que me golpeó?!

Nuestras miradas se cruzaron. Gruñó y se acercó, golpeando bruscamente la mampara con la palma de la mano.

—Maldito bastardo, ¿estás loco? ¡Oye!

¿Qué? ¿Por qué?

Lo miré sin expresión alguna. Parecía estupefacto y entonces levantó la mano como si fuera a golpearme. Parecía dispuesto a reventarme la sien. Antes de que la mano en alto se moviera, le pregunté con calma:

—¿Sabe tu amante de ese poderoso puesto en el Gobierno que sigues en contacto con la persona con la que tuviste una aventura de una noche en el club hace una semana?

—¡…!

Se me hizo predecible ver cómo se quedaba paralizado con una expresión de haber visto un fantasma. Sin involucrarme más, volví a mirar mi monitor para continuar con mi trabajo.

—¡C-Cómo es que tú lo sab-!

¿Que cómo lo sé? Tú lo dijiste con tu propia boca. Para ser exacto, en realidad fue más bien un monólogo silencioso.

—¿Están teniendo una conversación importante?

—¡Ugh!

El tipo, pálido que antes movía los labios como si fuera a decir algo, se derrumbó por completo. Yo también me sorprendí un poco y miré con incomodidad a la persona que había aparecido de repente.

—¿Qué lo trae por aquí, Señor Director?

Tuve ganas de añadir a la pregunta “siendo una persona tan ocupada”, pero me contuve. Por mucho que lo dijera con amabilidad, sonaría como una burla. Y, de hecho, esa era mi intención.

Luchando contra el dolor de cabeza con pastillas, luchando contra los informes acumulados, luchando incluso con los colegas investigadores… En fin, en medio de esta batalla campal, apareció el jefe de mi jefe.

Mi, ya de por sí, escasa habilidad social parecía a punto de secarse por completo.

Definitivamente necesitaba tomar más medicamentos. Mi cabeza palpitaba. Pero, por supuesto, no podía sostener mi cara frente al mismísimo Director. En su lugar, mordí ligeramente mi lengua y me levanté torpemente.

—¿Qué sucede?

Como si hubiera estado esperando esa pregunta, su rostro apuesto esbozó una sonrisa cansada y afectuosa.

—¿Vendrías conmigo un momento? Necesito tu ayuda, investigador Han Yoon-seo.

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