Prólogo II

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Prólogo

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El lugar al que me llevó fue una sala de interrogatorios en el sexto sótano. Aunque se llamaba “sala de interrogatorios”, la mayoría no eran diferentes a una celda.

Incluso ahora, cada pequeña habitación estaba llena de estudiantes universitarios que habían sido arrestados por actividades antisistema o miembros de grupos rebeldes que se resistían activamente con la fuerza.

Herodes me llevó a una de las pocas salas de interrogatorio reales.

Había dos puertas.

A la izquierda estaba la sala de interrogatorios donde se interrogaba a los sospechosos. A la derecha había una habitación oscura donde se podía observar el proceso a través de un espejo mágico. Herodes abrió la puerta de la derecha.

Estaba oscuro adentro, la única luz provenía de la sala de investigación de color blanco plateado más allá del espejo mágico.

Los exhaustos investigadores miraron en esa dirección, asintieron al Director Herodes y luego miraron hacia adelante.

Lo seguí adentro y miré más allá del espejo mágico. Chasqueé la lengua para mis adentros. Ya me lo esperaba, así que no me sorprendió tanto.

La investigación sobre la víctima de la isla fue asignada al líder de mi equipo, el Equipo 2. El problema fue que, justo ese día, estalló un caso de narcóticos de gran escala. Se trataba de un nuevo alucinógeno llamado Seed Lux… En fin.

Mi jefe, cegado por los resultados, optó por “explotar a sus subordinados competentes” en lugar de tomar la decisión racional y lógica de “abandonar uno de los casos”.

De cierto modo, era un subordinado que, aunque no aceptaba órdenes irracionales incluso bajo amenazas, asumía con gusto el trabajo si se le compensaba adecuadamente por esa irracionalidad.

«No es un mal trabajo y de todos modos, esto también es parte de las responsabilidades de un investigador».

Mi jefe me pasó documentos redactados de manera descuidada (que básicamente eran solo un montón de información registrada al azar) y yo organicé eso y presenté un informe apropiado a la alta gerencia bajo su nombre.

Así que cuando el Director Herodes dijo: «He leído su informe. Es excelente», me sorprendí, pero no me preocupé demasiado. Al menos no había pruebas. Aunque me molestó un poco que el ambiente sugiriera que las cosas se pondrían complicadas.

Contuve un suspiro y me quedé mirando el asunto más allá del espejo mágico.

El joven, con pantalones anchos y una camiseta que le quedaba grande, tenía la cabeza ligeramente gacha y la mirada baja. Su expresión era vacía y, en general, parecía tranquilo.

—¿No se parece esto más a un entorno de interrogatorio para un sospechoso que para una víctima?

Herodes apaciguó la pregunta con su característica sonrisa lánguida. ¿Sabrá él que, en momentos como este, emana una atmósfera peculiarmente decadente?

«Por supuesto que lo sabe».

Era un hombre que no sólo era consciente de su propio encanto, sino que también sabía utilizarlo estratégicamente.

Es alguien que sabe muy bien cómo sus gestos y su sonrisa influyen en los demás. Por eso, incluso una sola acción desconsiderada a menudo evocaba una sensación extraña. Y todavía lo hace.

Herodes, inclinando elegantemente la parte superior del cuerpo, presionó el botón del micrófono.

—C-553.

¿Qué clase de código era ese, tan de repente?

…Apenas pensé eso, el joven levantó bruscamente la cabeza. Él, que había estado mirando el altavoz, desvió su atención hacia el cristal del espejo mágico.

—He traído a la persona que solicitó. Ahora la dejaré entrar, así que, como acordó, debe proporcionarnos información detallada sobre la isla.

El micrófono se apagó. Antes de que pudiera preguntar qué significaba eso, Herodes me pasó una tableta. Era obvio que si encendía la pantalla negra, aparecería un expediente de interrogatorio.

—Señor. Necesito una explicación.

—Identidad desconocida. Edad indeterminada. El punto peculiar es el tatuaje en la clavícula derecha.

Golpeteé la tableta que el Director me había pasado para encender la pantalla. Mis dedos largos y nudosos manipularon la pantalla con ligereza hasta dar con una fotografía.

—¿Benetum?

—Comienza con V, pero la pronunciación correcta es Venetus. En latín significa ‘azul’. Tú también tienes un tatuaje en una posición similar, ¿verdad? En la clavícula izquierda. También está en latín.

¿Cómo diablos supo eso?

Por un momento, mi mente se nubló, pero no era el momento de quedarse paralizado.

—…Como bien sabrá, Señor, la mitad de los veinteañeros que residen en Koranest tienen un tatuaje en la clavícula.

—Exactamente eso es lo que intento decir. A juzgar por su apariencia y sus tatuajes, es de aquí y tiene veintitantos años. Es todo lo que puedo deducir de él.

Decidí no sentirme patético por mi reacción de pánico ante la posibilidad de estar involucrado. El apuesto y joven Director siempre lucía una suave sonrisa amable en su rostro, pero aun así, tenía algo que intimidaba a la gente. Herodes, que había apagado la pantalla de la tableta, la deslizó hacia mí con el dedo índice.

—Ese joven te señaló a ti. Dijo que no diría una palabra sobre la isla si no eras tú. No sé si lo has oído, pero en la tarjeta SD que presentó había videos de varios actos ilegales cometidos dentro de la isla. Sin embargo, la mayoría de los grabados son víctimas llevadas a la fuerza a la isla y los clientes o empleados suelen estar cortados o borrosos. Así que, por favor, cálmalo y obtén tanta información como puedas.

—¿Eh? No, espe-…

Antes de que pudiera decir algo, me echaron. Me quedé paralizado frente a la puerta cerrada, entendiendo la situación demasiado tarde. Me pasé la mano por la nuca. Sentí que me iba a estallar la cabeza. Pero no tuve el valor de volver a abrir la puerta. Finalmente, abrí la puerta de la izquierda y entré.

—Hola. Soy el investigador Han Yoon-seo del Equipo de Investigación 2.

—…

El joven no respondió. Estaba completamente quieto e inexpresivo. Me aclaré la garganta y me senté. Golpeteé la tableta y lo observé fingiendo indiferencia.

Cabello suave de color castaño claro y una impresión refinada. Una belleza increíble. Aunque estaba oculto por ropa holgada, sin duda también tenía buen cuerpo… ¿acaso esos son pezones?

Me concentré aún con mi cabeza dando vueltas. Desde ese momento, una sensación desagradable e incómoda comenzó a punzar mi espalda. No era solo por sus pezones de tamaño anormal, que ni la ropa holgada podía ocultar.

«No parece humano».

Era como algo más, algo que llevaba piel humana. Me miró sin mover un músculo, solo sus ojos, desprovistos de emoción, se movían analizándome.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

«Me siento exactamente igual a cuando revisaba los vídeos de interrogatorios a psicópatas».

Que no saltara sobresaltado cuando el joven de repente me habló en esa situación se debió enteramente al entrenamiento que había recibido previamente para mantener la calma en la sala de interrogatorios.

—Usted es el investigador Han Yoon-seo.

Hice una pausa, dejando de golpear combativamente la pantalla de la tableta. Era algo extraño. ¿No me habían dicho que me había señalado específicamente a mí? Pero por su forma de hablar, parecía estar tratando con un completo desconocido.

—No, más bien ¿Cómo es que me eligió en primer lugar?

Tragué secó. Con la cabeza enterrada en la tableta, solo alcé la vista para mirar al joven. Definitivamente era un desconocido. Al fin y al cabo, creo que sería imposible olvidar a una persona tan atractiva como él. Pronto, él habló como si hubiera leído mis pensamientos.

—Soy la ‘Invitación humana’ enviada por el dueño de la isla.

—¿Qué?

—Él dijo que sería aburrido invitarte de manera normal.

—…¿Eh?

Fwish.

Se puso de pie. Pensé que estaría sujeto como normalmente hacían, pero no. Claro. Al fin y al cabo, era una víctima.

Emití un estúpido “Ah”. Presionado por la atmósfera, no pude mover un solo dedo. Sin ninguna resistencia, él rodeó el escritorio, se acercó y se inclinó hacia mí, entonces una voz tan brumosa como el humo fluyó hacia mis oídos.

—Vaya a la isla. Él lo quiere a usted, investigador.

Debería haber sentido vergüenza ajena al escuchar esas palabras en persona, pero en cambio sentí un escalofrío.

Fue similar a esa pequeña desesperación de dar un paso en falso y caer, sólo para darse cuenta de que ya era demasiado tarde.

«¿Dueño de la isla? ¿Esa isla tiene dueño? …Y si de verdad lo tuviera, ¿por qué de repente me quiere a mí?»

Mi mente se paralizó. Parpadeé estúpidamente, sin poder hacer nada más. El joven regresó a su asiento como si nada hubiera pasado. Como si se le hubiera acabado la energía, bajó la vista con docilidad. Tarde, le pregunté con urgencia:

—¿Qué significa eso?

—…

—¡Te pregunté qué significa eso!

El joven mantuvo una expresión impasible, ejerciendo su derecho a guardar silencio.

Creo que al final entiendo por qué los sospechosos sentados aquí volvían la cabeza hacia el espejo mágico. Era un acto inconsciente nacido de la frustración, la ansiedad y la impaciencia.

En el reflejo del cristal, un hombre de rostro pálido y demacrado, con gruesas gafas, me miró fijamente. Detrás del espejo mágico, cualquiera podría pensar que el sospechoso era yo.

¡Bam!

De repente, la puerta se abrió. Como estaba tenso, di un respingo y luego, tardíamente, me ruboricé. Sin importarle eso, Herodes entró sonriendo levemente, agarró mi brazo abruptamente y me sacó a rastras.

—Gracias por su cooperación. Dejaré al Sr. C-553 a cargo de un nuevo investigador.

Después de un momento, mientras el sudor frío corría por mis sienes, entendí que el código era el nombre del joven.

«¿No escuchó eso? …No, imposible. Fue un susurro».

Incluso si hubiera habido un micrófono oculto, no lo habría oído. Así es como tenía que ser así. Algo más complicado era impensable. Tan solo el papeleo y los informes asignados ya se me hacían estresantes.

—Dejaste la tableta. No importa. De todos modos, el nuevo investigador a cargo entrará ahora.

En cuanto terminó de hablar, un investigador salió del cuarto oscuro y entró en la sala de interrogatorios. Sus movimientos eran tan naturales como el agua fluyendo.

La actitud de Herodes hacia mí se mantuvo tranquila. No sentí ninguna sospecha ni recelo particular por su parte.

Él agarró mi hombro con fuerza, lo que me hizo sentir algo de alivio por dentro.

—Buen trabajo. Ahora, vuelve a tu puesto.

Incliné la cabeza mecánicamente y casi corrí hacia el ascensor, cuando él se unió naturalmente a mi lado. Al voltearlo a ver con curiosidad, él volvió a sonreír.

—Ya que yo te traje aquí, al menos debería acompañarte. 

—No, está bien…

—¿Qué tal si pasamos por la cafetería del primer piso y nos tomamos un café de camino? Yo invito.

Ya no me molesté en negarme. Mi cuerpo, exhausto, se balanceaba como un calamar semi-seco. Asentí vagamente con la cabeza y subí al ascensor con él.

Tan pronto como se cerró la puerta, Herodes habló en un tono extraño.

—Infíltrate en la isla.

—…¿Disculpe?

La sospecha de que había escuchado la conversación de antes volvió a resurgir de repente en mí y mis piernas temblaron. ¿Lo escuchó? ¡¿Lo escuchó todo?! Mi mente estaba completamente enredada. Aunque reflexioné frenéticamente por un corto tiempo, la información que tenía era demasiado poca. Además, seguiré más tiempo aquí también… Ah, no lo sé.

—Por favor, reconsidérelo. Yo… no soy la persona adecuada para tal misión.

La reacción de Herodes fue serena.

—¿De verdad? Si no quieres, entonces no puedo hacer nada.

—¿…?

Había adivinado todos los patrones posibles, pero esta reacción no fue la que esperaba. Mis circuitos se enredaron momentáneamente. ¿Realmente se había rendido tan fácil?

Aunque entrecerró los ojos como si sospechara, Herodes sonrió y me dijo que no me preocupara.

—No puedo obligar a alguien que no quiere ir. La voluntad está directamente relacionada con la eficiencia. Mi oferta fue sincera y mi decisión de no enviarte también lo es.

¿Era una trampa? No, ¿qué ganaría esta persona tendiéndome una trampa a mí, un simple investigador de bajo rango? Sólo es sincero. Y, al ver su rostro imperturbable, me sentí aún más seguro.

El Director General Herodes era bastante famoso. Además de ser la persona más joven en ocupar el cargo, también era un hábil paracaidista y tenía muchas anécdotas de aquello. En resumen, era un tipo guapo y loco.

Eso lo sabía gracias a los rumores, pero como no tenía trato con él, no lo había experimentado personalmente. Vacilé por un momento y, por si acaso, probé su reacción como si estuviera sondeando un terreno.

—Desde el principio, se equivocó al proponérmelo a mí. Soy personal administrativo. Asuntos como el de ahora deberían ser analizados por investigadores especiales.

—Está bien. Dejémoslo así.

El ascensor se detuvo en el tercer sótano. La puerta se abrió, pero nadie subió. Parecía que alguien había pulsado el botón y se fue. En ese breve interludio, Herodes habló de nuevo.

—¿El tatuaje en latín en tu clavícula lo elegiste tú mismo?

—Así es, pero solo lo elegí porque me pareció bonito, así que no sé qué significa. De hecho, me enteré de que era latín porque me lo dijo usted, Señor.

—Tu elección fue bastante buena, aun viniendo de la ignorancia.

…¿Está burlándose de mí?

Entrecerré los ojos, pero aunque de verdad se estuviera burlando, no podía hacer nada. Mi oponente era el Director General. Tal vez si fuera un amigo cercano, le habría dado un golpe en la nuca o en la mandíbula.

—¿Cómo supo que tenía un tatuaje en la clavícula, Señor?

Me miró deslizando suavemente la mirada, como si mi pregunta lo hubiera sorprendido.

—¿Por qué me mira así?

—Pensé que me preguntarías sobre el significado del tatuaje.

Honestamente, eso también me daba curiosidad. Pero simplemente tenía más preguntas. Después de responder con honestidad, Herodes se rio suavemente.

—¿Fue el año pasado? ¿Te acuerdas de cuando bebiste tanto que te desmayaste en la cena del departamento?

Claro que la recuerdo. Fue el evento que actualizó mi historial oscuro, ¿cómo podría olvid… Espera un momento.

Con ansiedad, miré a Herodes preguntándome si hablaba en serio. Entonces, su sonrisa se amplió hasta mostrar sus hoyuelos.

—¿Quién crees que te llevó al hotel esa vez? Adivina.

—…

Parece que soy yo quien debe invitar el café ahora.

* * *

Y realmente estaba a punto de hacerlo.

Pero Herodes, al escuchar mi opinión, se rio a carcajadas y dijo: —No soy un superior tan desesperado como para exprimir el salario miserable de un investigador de bajo rango. —Mientras agitaba una tarjeta negra grabada con “VVIP de Winchester Bank” entre sus dedos índice y medio. Su rostro apuesto se veía momentáneamente menos atractivo debido a lo irritante que era.

—Pide todo lo que quieras. ¿O tal vez debería comprarte todo el café?

—Incluso sus chistes son de nivel Director General.

—Jaja. Hablaba en serio, pero ya que no quieres.

Me dio un ligero golpecito en el hombro y luego, como si hubiera recordado tarde algo, buscó en sus bolsillos y sacó algo.

—Ten. Toma esto también.

Era una revista de crucigramas extrañamente deteriorada.

—Te será útil cuando tengas algo de tiempo libre antes de salir del trabajo y no tengas nada que hacer.

Luego, se fue sin ningún remordimiento incluso antes de que llegara lo que había ordenado. Como me quedé solo, abrí la revista. Entendí por qué estaba tan desgastada. El interior ya estaba lleno de marcas de bolígrafo. En cada espacio en blanco de las páginas, todas las respuestas estaban escritas.

…¿Acaso este tipo me la dio solo porque le dio flojera buscar un bote de basura?

Mientras rechinaba los dientes e intentaba doblarla, noté que quedaban algunas cosas sin hacer: buscar diferencias, acertijos y encontrar objetos ocultos.

—Las bebidas y los tres pasteles que pidieron están listos.

Doblé la revista que estaba hojeando y la metí bajo mi brazo, luego tomé una taza de té con leche caliente y los tres pasteles. Al volver a mi puesto, guardé los pasteles en mi refrigerador personal y, esperando a que el té con leche se hubiera enfriado un poco, me lo bebí de un trago.

Quizás debido a las secuelas de la visita del Director General, el interior de la oficina estaba silencioso, e incluso el investigador que había elevado su nivel de decibelios hace un rato se quedó avergonzado por mi comentario de antes, así que solo se quedó en su lugar observándome.

Sintiéndome un poco mejor, me concentré en mi trabajo. De esa forma, pude terminar el informe en menos de 30 minutos. Y, como era de esperar, un buen entorno laboral es esencial para una mayor eficiencia.

Me estiré y miré la hora. Me quedaban unos 30 minutos para salir del trabajo. Pensé en navegar por internet. Pero no había nada que mirar.

—Mmm —dije, apoyando la barbilla en mi mano. Entonces me di cuenta de que debería haber preguntado por el significado del tatuaje.

«A juzgar por el ambiente, seguro hubiera respondido».

Pensé en intentar buscar el significado en internet, pero la letra del tatuaje era tan desordenada y complicada que no confiaba en poder buscar correctamente.

«La próxima vez se lo preguntaré, qué más da».

El tiempo transcurrió vagamente. Mis ojos se posaron automáticamente en la revista desgastada del Director Herodes, escondida descuidadamente entre los archivos.

«…Qué humano tan diabólico».

Chasqueé la lengua, pero igual tomé la revista y un bolígrafo.

“Buscar las diferencias” fue sencillo. Tan fácil y trivial que me surgió la sospecha racional de que lo había dejado sin resolver precisamente por eso.

Los acertijos consistían en adivinar la respuesta con cinco pistas, pero como lo mío no son los códigos, los pasé por alto. No fue porque no pudiera resolverlos.

Lo que me tomó más tiempo fue encontrar objetos ocultos. Pensé que estaría al nivel de “buscar las diferencias”, pero exceptuando las que Herodes ya había encontrado, la última diferencia simplemente no podía verla.

¿Cómo era posible esto? El área del dibujo ni siquiera es tan grande. Maldición, ¿no estará mal impreso? Por muy mala que sea mi vista, ¿cómo es que no puedo encontrar algo en un dibujo más pequeño que mi palma después de revisarlo tan minuciosamente?

Chasqueando la lengua, finalmente me rendí y cerré la revista. Entre mis dedos, vi una escritura familiar. Era un problema personal, garabateado con un bolígrafo grueso hasta llenar por completo el reverso.

[¿Cuáles son las tres cosas necesarias para que un huevo eclosione?]

…Ni siquiera pude resolver los acertijos de la revista.

Más allá de eso, ¿se necesitan tres cosas para que un simple huevo eclosione? Con un óvulo, una temperatura adecuada y un nido debería ser suficiente… Ah, es cierto. Son tres.

Reí entre dientes y garabateé la respuesta debajo de la pregunta antes de mirar el reloj.

5:01 PM.

No pasaron ni 10 segundos en lo que cerré la revista y salí de la oficina.

Era viernes. Por muy cansado que estuviera, sería una pena ir directo a casa después del trabajo.

Pasé por un bar que solía frecuentar. En cuanto abrí la puerta, vestido con mi uniforme de investigador, capturé la atención de todos. Sinceramente, había ido allí precisamente por eso. Algunos apartaban la mirada con incomodidad o se iban del lugar, pero la mayoría me miraba con una mezcla de simpatía, curiosidad y admiración.

Los civiles no conocen bien la diferencia entre trabajo de oficina y trabajo de campo. Piensan que todos los investigadores son agentes especiales que reprimen a disidentes del sistema. Y todo es porque casi no hay diferencia en los uniformes.

«Para los oficinistas como yo, no hay nada mejor que esto».

Aunque los investigadores son vistos con admiración por los ciudadanos, también subyace un sutil temor hacia ellos. En pocas palabras, con solo llevar el uniforme, se filtran automáticamente la mayoría de los problemas potenciales.

A veces, cuando tengo mala suerte y nadie se me acerca, termino bebiendo solo y volviendo a casa sintiéndome miserable.

—¡Hola!

Pero a pesar de todo, parece que no tendría buena suerte. Miré rápidamente al hombre que se me acercó y me saludó. Quedé impresionado. Su confianza era tanta que se había arriesgado a venir.

Era más o menos de mi estatura, pero bastante guapo. Tenía un estilo agradable y, lo más importante, estaba impecable. Miré sus uñas impecablemente cuidadas y sonreí.

—Hola.

—¿Puedo sentarme a tu lado?

El hombre se presentó como “Kybus”. Un nombre peculiar. Pero como si estuviera acostumbrado a ese pensamiento, dijo: —Me gusta mi nombre. Es fácil de recordar para la otra persona.

Internamente estuve de acuerdo, pero así como uno siente la tentación de tocar la última ficha de un dominó, por alguna razón también sentí ganas de provocar a este hombre.

—¿Alguna vez has pensado que es un nombre tan único que es difícil de recordar?

—¿Tú olvidarías esta cara?

Kybus apoyó la barbilla en la mesa sin pudor. Me reí a carcajadas. Aunque solo lo vi brevemente, me gustó bastante.

Era hablador y sociable.

—¿Eres investigador? Qué genial. Cuando era pequeño, también soñaba con estudiar mucho y convertirme en investigador.

—Jaja, ya veo. Entonces, ¿en qué te convertiste? ¿Médico ortopédico? ¡Eso también es muy impresionante!

Mientras continuamos nuestra pequeña charla, de repente se me ocurrió algo y pregunté:

—¿Tienes un tatuaje en la clavícula?

El hombre respondió con un sonoro “sí” y abrió el cuello de su camisa. Abrí los ojos de par en par. Las letras grabadas nítidamente en su piel eran idénticas a las mías. Cuando abrí el cuello de mi uniforme también para mostrarle, el hombre se levantó de un salto. Mientras él se agitaba exageradamente, murmuré:

—Sí que estaban de moda este tipo de tatuajes.

—Pero por muy de moda que estuvieran, es la misma palabra. ¿Podría ser que haya algo destinado entre nosotros?

—¿No estás lanzando una frase demasiado cliché confiando en tu rostro?

—Con una cara como la mía, puedo permitírmelo.

Riendo entre dientes y congeniando, terminamos saliendo del lugar. El cielo ya estaba oscuro y nosotros estábamos lo suficientemente ebrios y teníamos objetivos claros, así que no había necesidad de complicaciones. Solo quedaba decidir si ir al Hotel A con un baño grande y limpio o al hotel B con una cama grande y mullida.

Total, ambos lugares estaban cerca y se encontraban frente a frente, así que comenzamos a caminar hacia la zona. Intercambiamos bromas casuales mientras avanzábamos, no sé cuánto caminamos cuando…

¡Pum!

Con un golpe sordo, Kybus cayó hacia adelante. La sensación de la mano que me rodeaba la cintura retirándose lentamente me erizó la nuca.

Aunque soy personal administrativo, al fin y al cabo soy investigador. Giré rápidamente el cuerpo para evaluar la situación y…

¡Chiss!

…No pude hacer una. Una pistola eléctrica me impactó una descarga cuando se pegó a mi costado.

«¡No hay solo uno!»

Mi cuerpo, convulsionando, colapsó. En mi visión borrosa, pude ver a Kybus inconsciente.

—Veamos.

Una mano gruesa acarició bruscamente mi nuca.

—¿Qué? Está limpio ¿Dónde diablos le implantó el chip ese

maldito?

—Como está en sus veintes, debe estar en la clavícula. Dale la vuelta. Lo sabía, lo sabía. Incluso lo marcaron amablemente de una vez…

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