Theo tenía una intuición bastante buena. Tras varios años de servicio militar, su ya buen instinto había mejorado mucho, y a menudo lograba resultados sobresalientes basándose únicamente en él. Y esta vez, su presentimiento apuntaba en una dirección específica.
Theo subió a la montaña detrás de donde se decía que había aparecido el monstruo. Según la información que recibió de los soldados de la rama occidental, parecía que no había mucha gente viviendo en los montes que rodeaban la aldea. Por lo tanto, cuando el monstruo apareció, hubo pocas víctimas.
Al subir la montaña y adentrarse un poco más, vio que los árboles circundantes se habían derretido y podrido. Había escuchado decir que el monstruo atacó escupiendo sustancias ácidas, así que, probablemente el lugar tardaría bastante tiempo en recuperar su estado original.
A cada paso, los destrozos del terreno dejaban claro que había sido una batalla feroz. Si allí hubiera habido un pueblo, o si aquel monstruo hubiera logrado bajar de la montaña directamente hacia las casas, los daños habrían sido incalculables. Fue gracias al mercenario que se evitó tal catástrofe.
—¿Quién eres?
En ese momento, un chico se acercó desde lejos. El muchacho, que tenía el cabello naranja oscuro y pecas prominentes, miraba a Theo. Su expresión era a la vez cautelosa y curiosa.
Pronto, vino a su mente el informe de investigación que Calon le había leído: solo una pequeña familia había estado a punto de sufrir daños por el monstruo que apareció en esta montaña. Rubén, uno de los pocos en el pueblo que vivía en las faldas del monte, y su abuela.
—¿Eres Rubén?
Theo se agachó con las rodillas ligeramente dobladas para quedar a la altura de sus ojos.
—Sí, soy yo.
Cuando relajó la voz e hizo contacto visual, la guardia del niño se volvió menos alerta que antes.
—¿No es incómodo vivir en una montaña así?
Theo continuó la conversación después de explicar vagamente que había venido a la ciudad para encontrarse con alguien que conocía.
—No pasa nada porque ya estoy acostumbrado. Mi abuela odia el pueblo porque es muy ruidoso.
Theo le acomodó el cuello de la camisa a Rubén. Era la única persona que había tenido contacto con el mercenario sin rostro. En aquel entonces, su abuela había perdido la conciencia debido a la niebla venenosa que el demonio esparció por la zona.
—Escuché que un monstruo apareció aquí recientemente.
Entonces, de repente, los ojos del niño cambiaron.
—L-La verdad es que no lo sé. Un mercenario me salvó, pero no me acuerdo bien.
—¡Ni siquiera le vi la cara! —respondió el niño, agitando las manos. Coincidía con lo escrito en el informe de la investigación. En ese momento, tras atender al niño, Calon preguntó qué había sucedido, y Rubén respondió que estaba inconsciente y que no lo recordaba, y que alguien lo había salvado, pero que no lo había visto con claridad.
¿Pero por qué le sonaba a una respuesta inventada? Se sentía igual que cuando escuchó a Pale ayer.
—Debió haber sido aterrador, pero me alegro de que no hayas resultado gravemente herido.
—Sí…
El niño asintió. Theo sentía que intentaba evitar esta conversación. Definitivamente ocultaba algo. Si le hubiera preguntado directamente, habría sido contraproducente porque el niño se habría asustado y habría evitado aún más la pregunta.
Theo pensó un momento. ¿Cómo podría obtener una respuesta real del niño? De repente, le vino a la mente la parte del «testigo» en el informe de la investigación. Se escribió que, en ese momento, el mercenario rescató a Rubén y a su abuela, pero que un aldeano que vivía allí sacó personalmente a los dos heridos antes de toparse con la unidad militar. El mercenario llamado Sebastián fue quien mató al monstruo, según la declaración del aldeano.
—Alguien más te salvó en aquel entonces. Además del mercenario, alguien te entregó a los soldados.
—¿Eh?
En ese momento, el niño respondió inesperadamente sorprendido, como si fuera la primera vez que escuchaba sobre eso. Las palabras “no sé nada de eso” también estaban escritas en su rostro.
—Ah, me equivoqué. ¿Fue un soldado quien encontró a tu abuela y a ti desmayados aquel día y los llevó con él?
—¡Oh, es cierto!
La respuesta del niño convenció a Theo. Ese día no hubo testigos. El mercenario sin rostro y el testigo eran la misma persona. En otras palabras, la persona que mató al monstruo quería ocultar su identidad por alguna razón y le mintió a Calon, quien estaba en una misión en ese momento.
Matar a alguien con tus propias manos y fingir no haberlo matado.
Ciertamente era algo que un mercenario normal nunca haría.
—En realidad, hay una razón por la que vine a verte.
Theo, aunque eso no le entusiasmaba demasiado, decidió añadir algunas mentiras más.
—La verdad es que conozco muy bien al mercenario que te salvó del monstruo.
—¿Eh? ¿En serio?
Theo asintió y abrió la palma de la mano. Allí, una flama ardía con fuerza, creando un lindo patrón de llamas.
—También soy un mercenario. Si no, ¿cómo habría sabido los detalles de este incidente?
El niño empezó a relajar lentamente la tensión en sus ojos. Podía ver cómo su guardia se desmoronaba poco a poco. Theo lo observó atentamente y luego pensó en algo para recalcar el punto.
—De hecho, fue ese hombre quien me pidió venir a verte.
—¿Vienes a verme? No tienes por qué. El hermano Luke va y viene a esta montaña todo el tiempo.
Theo se mordió el labio sin darse cuenta. Se sentía un poco culpable por aprovecharse de la inocencia del niño, pero ahora lo tenía claro.
Finalmente, la incógnita que lo había llevado hasta la Rama de Caelum, la identidad de aquel misterioso mercenario, quedaba resuelta.
Anoche, cuando Pale le habló de Luke, Theo creyó estar soñando. Durante su último permiso, al sentir un impulso inexplicable de seguir a Luke, se había sorprendido a sí mismo, desconcertado. Nunca antes sus acciones o pensamientos se habían escapado de su control, pero en ese momento fue como si hubiera perdido el timón, yéndose a la deriva en un pequeño bote a merced del océano.
Lo desconocido y lo que no podía definir nunca le habían gustado. Así que, tan pronto como terminó su permiso, Theo ató y selló con fuerza todos esos sentimientos y pensamientos. Y, como era de esperar, pronto comenzó a correr la voz en el Ejército Imperial: “El Comandante ha vuelto a ser el de antes”.
Pero jamás imaginó que, justo en una misión asignada, escucharía sobre Luke de boca de un subordinado, y en las circunstancias más inesperadas. En ese instante, su corazón comenzó a latir con fuerza, como si intentara revelarle su propia ubicación. Quizás era solo la sorpresa de la situación, pero mientras absorbía el hecho de que Luke vivía en la aldea Herba, su mente, inexplicablemente, volvió al objetivo original de su viaje: el mercenario sin rostro.
Descubrió dos características del mercenario al leer el informe de investigación. Una era que poseía habilidades que superaban las de un Capitán promedio del Ejército Imperial. La otra era que era extremadamente rápido atacando monstruos y desapareciendo. Y nunca antes han existido mercenarios como estos.
Si hubiera sido mercenario durante mucho tiempo, su reputación ya se habría extendido por todo el Imperio. Sin embargo, los rumores sobre él habían comenzado a circular hace poco tiempo, y el primer incidente en esta montaña había ocurrido apenas hacía ocho meses.
Todo coincidía con el retiro de Luke.
—¡Oh! ¡Es el hermano Luke!
Entonces Rubén gritó con voz emocionada y pasó corriendo junto a Theo. Theo se levantó lentamente. Se sacudió el polvo de las rodillas y giró la cabeza. Allí estaba Luke, jadeando por la subida.
—¡Hermano! ¡Te dije que trajeras a mi amigo!
—…Rubén, ¿no está tu abuela en casa?
—No. Salió a la plaza.
—Ah… —Luke exhaló tan bajo que Rubén no pudo oírlo. Luego le dijo que entrara.
—Parece que corriste bastante.
Theo se dirigió hacia Luke.
Luke entrecerró los ojos y se echó hacia atrás el pelo revuelto. En lugar de su habitual expresión astuta, parecía muy cauteloso, trazando una línea entre él y la otra persona con solo la mirada. Era exactamente la misma expresión que había visto a menudo cuando estaban juntos en la sede de la capital. En ese momento, Theo sintió un escalofrío y un hormigueo en la nuca.
—Eres bastante joven para tener 52 años.
—…
—Creo que ‘Luke’ es un nombre más bonito que ‘Sebastián’.
Luke apartó la mirada y dejó entrar a Rubén primero.
—Deberías agradecer que la abuela de Rubén no esté. Con el carácter que tiene.
—Me alegro de tener suerte.
—¿Es divertido explotar la inocencia de los niños?
—¿Entonces está bien que mientas y causes problemas a la gente equivocada? El monstruo que sometiste fue clasificado como un caso sin resolver, y los soldados de esta rama lo están pasando mal.
Luke giró la cabeza sin molestarse en responder. Él también era de los que evitaban hablar cuando estaba en desventaja.
—¿Pero por qué me estás interrogando? No cometí ningún delito, hice algo bueno.
—¿Si fue tan buena tu acción por qué me la ocultaste? Incluso me mentiste cuando te hice preguntas ayer.
—Ya te lo dije. No quiero involucrarme contigo ni con ningún otro soldado.
Eso fue algo que Luke había dicho muy en serio ayer. No era muy agradable escucharlo decir que no quería involucrarse, y seguía siendo algo que no lograba entender del todo.
El Luke que Theo conocía era una persona dogmática, impulsiva y autopromocional. Debido a esta personalidad, era odiado incluso en el ejército. Pero le pareció un poco extraño que una persona así anduviera por ahí matando monstruos sin buscar ninguna compensación.
—¿No te lo he dicho antes? A veces parece que te entiendo, pero realmente no te comprendo.
—Yo igual. No entiendo por qué haces esto.
—Entonces intentemos conocernos mejor.
¿Qué había dicho? Luke miró a Theo con el ceño fruncido.
—Dijiste que no querías involucrarte, pero es una lástima. Parece que seguiremos involucrándonos en el futuro.
Luke se echó a reír como si lo encontrara ridículo. Fue una actitud increíblemente grosera, pero al ver esa expresión a Theo solo le vino un pensamiento a la mente:
Con esa cara bonita que tiene, hasta el ceño fruncido le sienta bien.