↞ Capítulo 31: Pacto ↠

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

En la habitación, Tan Mo, con el corazón ardiendo de ansiedad, miró a Chu Xuyun, cuyo rostro permanecía inexpresivo. No sabía por qué Chu Xuyun lo detenía. ¿Acaso había descubierto que dentro del colgante de jade había un gusano Gu y quería exponerlo deliberadamente?

Las mentes de los tres divagaban en direcciones distintas. Yu Cheng clavó su mirada en la mano que Chu Xuyun había posado sobre el hombro de Tan Mo, y sus ojos se oscurecieron un poco más. 

—Yo lo recojo.

Justo cuando se inclinaba para hacerlo, Chu Xuyun de repente agarró su muñeca y, adelantándose, recogió los fragmentos del suelo.

¿Qué colgante de jade era tan importante para él?

Yu Cheng apretó los labios, observando cómo Chu Xuyun recogía con sumo cuidado los fragmentos con sus manos, y murmuró: 

—Déjame a mí.

¿Qué pasaría si se cortaba las manos?

Chu Xuyun hizo oídos sordos, levantó una mano para detenerlo y luego recogió uno por uno todos los fragmentos, colocándolos de vuelta en la mesa.

Finalmente, dejó escapar un largo suspiro de alivio.

Ahora ya no debería tener que recoger nada más.

—Parece que falta algo. Voy a buscar un poco más.— Tan Mo apretó los dientes, decidido a encontrar ese gusano Gu. ¿De qué servía recoger un montón de fragmentos rotos? ¡Si el insecto venenoso seguía arrastrándose por el suelo!

Había pensado aprovechar un descuido de Chu Xuyun para agacharse y buscarlo, pero no esperaba que Chu Xuyun se diera cuenta de sus pensamientos y en un instante, le sellara los puntos de presión.

Tan Mo lo miró conmocionado, completamente incapaz de moverse.

¿Era necesario??

Ahora sospechaba que Chu Xuyun lo hacía a propósito, y que quería matarlos a todos.

—¿Para qué me sellaste los puntos de presión? ¿Acaso escondes algo vergonzoso bajo la mesa?

Las palabras de Tan Mo hicieron temblar a Chu Xuyun. Negó rápidamente con la cabeza: 

—No, no he escondido nada.

Alzó la mirada hacia Yu Cheng, esforzándose por demostrar su inocencia: 

—No he escondido absolutamente nada, de verdad.

Tan Mo: …

La conciencia culpable era demasiado obvia. Era como si los tomara a él y a Yu Cheng por tontos. Si Yu Cheng llegaba a creerle, entonces sí que sería un verdadero idiota.

—Te creo.

La voz de Yu Cheng era suave, con una leve risa: 

—Esta es mi habitación privada, ¿por qué ibas a esconder algo aquí?

¡Resulta que sí era un idiota!

Tan Mo perdió toda esperanza.

Perfecto. Que el gusano Gu los muerda a todos. Si los tres morían juntos, ya no tendrían que pelear por nada más.

Al escuchar las palabras de Yu Cheng, Chu Xuyun liberó un suspiro casi imperceptible, se secó discretamente el sudor de la frente y tomando la taza de té, dio un sorbo.

—Estimado compañero daoísta, ¿podrías ir al campo de entrenamiento y llamar a Fenhe? Tengo algo que decirle—. Yu Cheng, con expresión tranquila y un tono aparentemente despreocupado, añadió: —Te lo agradecería.

Chu Xuyun se quedó atónico por un instante, luego se señaló a sí mismo: —¿Yo?

—Por supuesto que eres tú. ¿Acaso no le sellaste los puntos de presión a este otro compañero daoísta?

Chu Xuyun no tuvo más remedio que asentir con la cabeza y levantarse del asiento con cierta renuencia. Antes de irse, volteó la cabeza repetidamente, temiendo que Yu Cheng de pronto revisara bajo la mesa.

Una vez que Chu Xuyun abandonó la habitación, Yu Cheng giró suavemente el anillo de pulgar en su dedo, bajó la mirada hacia Tan Mo, que seguía inmóvil en el asiento opuesto, y preguntó con lentitud: 

—¿Para qué viniste?

Tan Mo sintió un escalofrío en el corazón, pero fingió no entender sus palabras: —¿Por qué dice eso, Señor inmortal? Yo solo vine para…

—¿Viniste a traerme un gusano Gu?— Yu Cheng soltó una risa burlona y abrió la palma de su mano, donde yacía un insecto venenoso ya aplastado. Su voz se volvió abruptamente fría y cortante: 

—Te advertí que no te acercaras a Chu Xuyun.

El rostro de Tan Mo palideció. Sabía que había sido descubierto. Ese gusano Gu lo había creado con sus propias manos y estaba impregnado de su energía demoníaca.

—Lo sé, solo temía que te engañara. Chu Xuyun, como el Señor Inmortal de Taiqing, debe tener una mente profunda…— Tan Mo no pudo seguir inventando excusas. Era evidente que Chu Xuyun no se parecía en nada al frío y distante Inmortal Taiqing del que hablaban los rumores.

Yu Cheng, sin cambiar de expresión, alzó la mano y desbloqueó sus puntos de presión, diciendo con frialdad: 

—En consideración a la amistad que alguna vez tuvieron tu madre y la mía, hoy no te mataré. Lárgate.

Tan Mo lo miró incrédulo y, tras un largo silencio, murmuró con voz temblorosa: —¿Solo… por mi madre?

—Por supuesto—. Yu Cheng entrecerró los ojos, su expresión volviéndose aún más peligrosa, y arrojó el insecto venenoso sobre la mesa. 

—Esta es solo la primera advertencia. Si hay una próxima vez, no te dejaré ir.

Tan Mo se obligó a calmarse y, apretando los dientes, dijo: —A Li Fenhe lo mataste sin más, ¿por qué proteges incluso a su discípulo?

—Su discípulo es mi discípulo— Yu Cheng respondió sin inmutarse. 

—¿Para qué lo mataría? No solo no lo matare, sino que además lo instruiré debidamente.

Al escuchar esto, el corazón de Tan Mo se hundió por completo en el abismo.

Esa apuesta, en realidad la había perdido.

Había subestimado la paciencia de Yu Cheng y sobreestimado la amenaza que ese inútil de Li Fenhe representaba para él. Quizás, si hubiera sido el Inmortal Espadachín de Sansheng, habría tenido alguna posibilidad.

—Dejando eso de lado, ¿por qué no me informaste de tu matrimonio? ¿Acaso, en todos estos años, no he sido para ti diferente de los demás cultivadores demoníacos?

Yu Cheng lo miró perplejo: —¿Diferente?

Todos estos años, si no fuera por su madre, ¿qué relación tendría con Tan Mo?

El corazón de Tan Mo sangraba. Sabía que si no decía ciertas palabras ahora, quizás nunca tendría otra oportunidad: 

—Yu Cheng, te lo digo en serio, en realidad yo…

Yu Cheng alzó una mano para interrumpirlo:

 —Tengo asuntos más importantes.

Tan Mo se atragantó con sus propias palabras y entonces, vio cómo Yu Cheng se inclinaba hacia abajo: 

—Escúchame primero, lo que tengo que decir es más importante.

Yu Cheng lo ignoró y, con la mirada recorriendo bajo la mesa, frunció ligeramente el ceño.

¿Cómo era posible que solo hubiera una manzana podrida?

¿Qué tenía de especial esa manzana para esconderla así?

—Yu Cheng, estoy enamorado de ti— Tan Mo ya no podía contenerse, ni un segundo más. 

—Desde que me salvaste la vida en el Reino Demoníaco, supe que eras diferente a los demás cultivadores demoníacos…

Yu Cheng hizo oídos sordos y tras buscar un buen rato bajo la mesa, alzó la vista y sus ojos brillaron repentinamente.

¡Bajo la mesa había un pequeño anillo de almacenamiento atado con una tela!

Extendió la mano para tomar el anillo, mientras las palabras interminables de Tan Mo seguían sonando en sus oídos.

—Yu Cheng, ¿entiendes lo que siento? Sin duda te admiro más que Chu Xuyun, te trataré mejor que él. ¿Prefieres retorcerte bajo él antes que estar conmigo?

Yu Cheng: —¿?

¿Quién se está retorciendo?

La comisura de su boca se torció levemente, pero no tenía ganas de discutir con Tan Mo. Debía aprovechar que A-Xu no había regresado para echar un vistazo rápido al tesoro secreto que había escondido.

Yu Cheng introdujo un hilo de energía demoníaca en el anillo de almacenamiento, el cual fue violado fácilmente por el poder demoníaco. De su interior cayó un rollo de bambú envuelto en seda.

Se quedó paralizado por un instante, comprendiendo casi por instinto que este era el retrato atesorado del que había hablado el padre de A-Xu.

Su corazón latió más rápido sin razón, y su nuez de Adán se movió ligeramente mientras abría el rollo de bambú con lentitud deliberada.

Tras un largo momento, extrajo una pintura del rollo. Sus dedos temblorosos la desenrollaron, y de pronto se quedó petrificado en el lugar.

La persona en el retrato no se apellidaba Li ni Ji, sino que era la más familiar para él: Chu Xuyun.

Cada trazo, cada matiz de color, le resultaba extrañamente familiar, porque lo había pintado él mismo a los trece años. Durante incontables noches, se había dormido contemplando la sutil sonrisa en los labios de Chu Xuyun en esa pintura.

¿El retrato atesorado por A-Xu… era de sí mismo?

Las cejas tensas de Yu Cheng se relajaron de golpe, y una inexplicable risa brotó de él. No sabía cómo describir su estado de ánimo en ese momento. Había imaginado innumerables posibilidades, pero jamás la más absurda de todas.

¡Había pensado que A-Xu escondía el retrato de un amor secreto! Qué estúpido había sido. ¿Cómo pudo malinterpretar así a A-Xu?

Pero… ¿por qué A-Xu atesoraba esta pintura? ¿Sería porque le gustaba cómo había quedado?

La sensación de ser aprobado por A-Xu no era mala. Su estado de ánimo mejoró repentinamente, y hasta el rostro de Tan Mo le pareció menos odioso.

—Vete antes de que A-Xu regrese. — Yu Cheng guardó el retrato exactamente como estaba en el rollo de bambú y lo devolvió al anillo de almacenamiento, colocándolo en su lugar original.

A-Xu no quería que lo viera, seguro era demasiado tímido para admitir que guardaba ese retrato.

Yu Cheng tomó una decisión en silencio. En el futuro, no volvería a hurgar en las cosas de A-Xu sin permiso. Si A-Xu no quería que lo viera, tenía sus razones. ¿Para qué sospechar? ¿Cómo podría A-Xu engañarlo?

—Yu Cheng, no me iré.— Tan Mo lo miró terco, intentando agarrar su muñeca, pero Yu Cheng lo esquivó. 

—Ven conmigo. Te prometo que en el futuro seré bueno contigo. Lo juro.

Yu Cheng guardó silencio por un momento, luego alzó la vista para mirarlo: 

—¿Estás seguro?

—¡Lo estoy!— Al ver que cedía, Tan Mo se acercó ansioso. 

—Yu Cheng, no te gustan los cultivadores demoníacos, lo sé. En el futuro, dejaré el camino demoníaco. Haré todo lo posible para hacerte feliz.

Cuando las palabras cayeron en el aire, Yu Cheng entrecerró los ojos y respondió con calma deliberada: 

—No estoy interesado en ti, ni quiero tener más que ver contigo en el futuro. Si quieres hacerme feliz, aléjate lo más posible. Te lo agradeceré mucho más.

Tan Mo lo miró atónito. Tras un largo silencio, se levantó con el rostro pálido como la ceniza y soltó una risa amarga: 

—Tarde o temprano entenderás que somos iguales, Yu Cheng. Por mucho que te niegues a admitirlo, siempre serás un cultivador demoníaco tan malvado como yo, y Chu Xuyun siempre será un señor inmortal sentado en su trono elevado.

¿Qué importa que se hayan casado? Chu Xuyun jamás permitirá que el mundo sepa que se unió a un cultivador demoníaco, porque es el Señor Inmortal Taiqing y carga con la reputación de toda la secta Taiqing.

Yu Cheng no podía ignorar esta verdad. Simplemente había estado huyendo de ella.

Al ver que la expresión de Yu Cheng se volvía aún más sombría, Tan Mo supo que no lo escucharía. Prefirió darse la vuelta e irse, pero antes de partir, murmuró: 

—Ah, sí. Dile a Chu Xuyun que reconozco mi derrota en la apuesta de antes.

Yu Cheng no dijo nada. Solo cuando Tan Mo se desvaneció en una nube de niebla demoníaca, reaccionó y descubrió que había clavado sus uñas en la palma de su mano hasta dejar cinco marcas sangrantes.

Cuando Chu Xuyun y Li Fenhe entraron en la habitación, no encontraron rastro de Tan Mo.

—¿Cómo es que falta alguien?— Li Fenhe palideció de terror, sintiendo que la sangre se le helaba en las venas. 

—¿Qué le hiciste?

Yu Cheng lo miró de reojo y respondió con voz serena: 

—Se fue por asuntos pendientes.

—No te creo—. Li Fenhe, aterrado, puso a Chu Xuyun detrás de sí y susurró: —Compañero daoísta, huye rápido. Yo cubriré tu retirada.

Ante sus ojos, Yu Cheng era la mayor amenaza. Hasta ese desconocido de pocas palabras a su lado le parecía mucho más confiable que él.

El desconocido de pocas palabras miró nerviosamente a su alrededor y preguntó en voz baja: 

—¿De verdad se fue?

—Mmm— la voz de Yu Cheng se suavizó al instante, volviéndose tierna. 

—Te dejó un mensaje: dijo que reconoce su derrota en esa apuesta. ¿Sobre qué apostaron?

Al escuchar esto, Chu Xuyun sonrió levemente, como si ya lo hubiera esperado: 

—No te lo diré.

¡Genial! Por fin Yu Cheng también podrá tener un buen amigo.

Tras una pausa, Chu Xuyun añadió con seriedad: 

—Y además, no era una apuesta, era un pacto entre nosotros.

La sonrisa de Yu Cheng se congeló ligeramente. Tras un largo silencio, respiró hondo y de pronto, sintió un profundo arrepentimiento por haber dejado ir a Tan Mo.

¿Para qué diablos vino ese maldito?

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x