「 Capítulo 9 」

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Xie Yilu y Qu Feng iban apretujados en una misma silla de manos, brazo con brazo y pierna con pierna, mientras el aroma a benjuí que emanaba de Qu Feng mareaba a Xie Yilu.

—¿Acaso no podías alquilar una silla de manos? —se quejó Qu Feng, aunque su expresión no mostraba la más mínima queja. —Siempre te apretujas en mi silla de manos, la gente va a murmurar.

—¿Sobre qué van a murmurar? —replicó Xie Yilu con desgana, con la mayor parte del rostro hinchado y un aspecto lamentable. —Dije que caminaría, fuiste tú quien insistió en que me subiera a tu silla de manos.

—Bueno, bueno, considéralo un gasto de mi parte, ¿está bien? —dijo Qu Feng, empujándolo con el hombro. —Oye, dime, ¿por qué has estado desanimado desde finales del mes pasado?

—No es nada— Xie Yilu exhaló un largo suspiro. —Me duele, y me siento mal.

Qu Feng arqueó una ceja: —No me digas que… ¿fuiste a ver a ese tal amigo literario otra vez?

Al dar en el clavo, Xie Yilu apartó el rostro con fastidio y Qu Feng, apretujándolo, insistió: —¿Qué pasa, no le gustaste?

La silla de manos se balanceó un par de veces y se detuvo, mientras el sirviente informaba desde el exterior: —Señor, hemos llegado.

Xie Yilu se apresuró a bajar de la silla, seguido de cerca por Qu Feng. Aquel era un callejón situado dentro de la Puerta Sur, llamado Shawo. El callejón estaba lleno de sillas de manos oficiales que iban y venían. Qu Feng ordenó a los porteadores que esperaran en el callejón de al lado y luego, tomó del brazo a Xie Yilu para entrar.

En el callejón se encontraba un patio y, en su puerta, colgaba una placa cuadrada con las palabras “Jardin Tongchun”. En la entrada había una mesa, tras la cual se sentaba un secretario, y a su lado permanecía de pie un eunuco. Cuando Xie Yilu intentó entrar, fue detenido: —¿Y el dinero?

Xie Yilu frunció el ceño: —¿Qué dinero?

El eunuco soltó una risa burlona: —Este es el banquete de bienvenida para el eunuco comisionado imperial Qi Wan, el eunuco Qi. Por supuesto que es el dinero de bienvenida—. Y con profundo desdén, echó un vistazo al buzi de Xie Yilu. —Tú pagas veinte taels.

En la burocracia de Beijing no existía tal norma, por lo que Xie Yilu ignoró su provocación. Qu Feng lo agarró del brazo, sacó cincuenta taels de plata, los dejó sobre la mesa, anuncio sus nombre y lo empujó hacia el interior.

Xie Yilu, indignado, estaba a punto de protestar, pero al rodear la pantalla de sombra y levantar la vista, se encontró con un espléndido paisaje de jardín. En esa época del año, el verde aún no era intenso, matizado con un suave tono amarillento; muros blancos y tejas negras, con los aleros curvándose elegantemente hacia el cielo. Al aguzar el oído, se percibía el murmullo del agua fluyendo bajo el puente de piedra. El anfitrión los invitó a adentrarse en el jardín. En el camino se apreciaban rocas del lago Tai, un seto de peonías, y sobre el enrejado de rosas trepadoras, el humo del incienso parecía flotar con una suavidad embriagadora. Xie Yilu exclamó con admiración: —Después de todo es un Qi Wan, incluso viniendo a Nanjing, todavía mantiene esta gran ostentación.

Qu Feng abrió su abanico plegable y acercándose a la base de su oído, le susurró: —El anfitrión es la Oficina de Manufacturas de Tejidos Imperiales.

Al escuchar las seis palabras “Oficina de Manufacturas de Tejidos Imperiales”, la expresión de Xie Yilu cambió. Se tornó un tanto agria, un tanto áspera, con un leve atisbo de aturdimiento. Qu Feng le preguntó: —¿Cuál es el trasfondo de Qi Wan?

—Eunuco de cuarto rango de la Dirección de ritos, el favorito del “Ancestro”, en estos años no ha dejado de salir a exprimir recursos del pueblo.

Mientras caminaban y conversaban, vieron que el banquete estaba dispuesto en el lado norte del jardín, con dos o tres decenas de mesas alineadas a lo largo de la orilla del lago. La mesa principal se encontraba en un pequeño banco de arena que se adentraba en el agua; frente a ella, en el pabellón del centro del lago, se había instalado un escenario. Habían contratado a la Compañía Hualin, que en ese momento ya había comenzado a cantar, interpretando “La historia de la pera roja: Encuentro en el pabellón”.

Xie Yilu y Qu Feng eligieron una mesa en la parte trasera para sentarse. Los de bajo rango llegan temprano, esa era una ley de hierro y cuanto más avanza la hora, más altos los rangos de los oficiales que llegan. Gradualmente, los buzi con gansos salvajes y con pavos reales ya estaban presentes. En ese momento, un oficial con un buzi de faisán, con el cabello y barba canosos se acercó a ellos, observó a Xie Yilu cuidadosamente y le dijo a Qu Feng con voz grave: —Levántate, ve a sentarte adelante.

Qu Feng se levantó de inmediato, sin atreverse siquiera a echarle un vistazo a Xie Yilu, y se dirigió hacia el frente. Xie Yilu se sintió perplejo, pero no sorprendido. La familia de Qu Feng tenía cierto estatus, él ya lo había anticipado, solo que no esperaba que se tratara de un oficial de segundo rango.

La luna creciente ascendió a la punta de los sauces, y solo entonces Tu Yue llegó con un séquito, rodeando a Zheng Xian. El Zheng Xian de hoy parecía por completo una flor cubierta de rocío, una nube que emerge de una cueva. Vestía un traje de satén rojo brillante con nubes y dragones sobre los hombros, con un cinturón de jade atado a la cintura y adornos de borlas de oro y plata. Su rostro ya de por sí llamativo, llevaba además colorete. Allí, bajo la luna y sobre el agua, no hacía falta mirar a nadie más, solo a él.

Se dirigió a la mesa principal, avanzando a lo largo de la orilla del lago. A su paso, los oficiales de alto y bajo rango se levantaban uno tras otro para hacer una reverencia. A pesar de su arrogancia, se detuvo únicamente frente a Xie Yilu y lo llamó por su nombre de cortesía: —Chunchu.

Xie Yilu se apresuró a devolver el saludo, pero no dijo nada. Zheng Xian esperó un momento, pero al no recibir sus halagos, sonrió y siguió su camino.

Los colegas a su alrededor murmuraban. Envidiaban la reputación de Xie Yilu, pero no se atrevían a oponerse abiertamente a la Oficina de Manufacturas de Tejidos, e incluso temían verse implicados si le dirigían una sola palabra de más.

La ópera interpretó acto tras acto, y solo cuando el cielo se oscureció por completo, el invitado de honor del banquete hizo su tardía aparición.

Qi Wan llegó acompañado por Liao Jixiang. Los dos caminaban con los hombros juntos y las cabezas casi tocándose, hablando con gran intimidad. Qi Wan vestía una gran túnica de seda púrpura y dorada con dragones sentados, mientras que Liao Jixiang, en comparación, quedaba muy por debajo. Vestía un yesa de color blanco lunar con hilos de oro y unas pequeñas botas con punta de nube, al caminar daba pequeños saltos, lo que le daba un aspecto un tanto lamentable.

Detrás de ellos venía una gran comitiva de suntuosos séquitos, adornados cada uno con oro y jade. A la cabeza iban Mei Acha y un confidente de Qi Wan. Ambos parecían ser viejos conocidos, que caminaban del brazo mientras conversaban animadamente. Tras ellos venían Jin Tang, Ruan Dian y otros, con sables en sus cintura sujetados con firmeza. Los patrones de serpientes en sus faldones reflejaban las ondulantes aguas, con un brillo tan deslumbrante que resultaba cegador.

Los oficiales civiles y militares se apresuraban a rendir sus respetos. Xie Yilu tampoco pudo evitar mirar, no al eunuco Qi, designado por Su Majestad, sino al delgado y frágil Liao Jixiang. Hasta ahora le resultaba difícil creer que aquella fuera la persona que le enviaba las cartas. Esa caligrafía de trazos robustos y elegantes, esas palabras tan conmovedoras como “Anoche el cielo estaba despejado, la brisa soplaba suave y al recordarte” ¿cómo podían provenir de un eunuco?

¡Estaba equivocado, debía de haber algún error en alguna parte! Lo miró fijamente con ojos ardientes, pero Liao Jixiang mantenía la vista al frente, sin siquiera desviar la mirada un instante hacia él. Xie Yilu lo comprendía claramente, el lugar de aquel hombre estaba en el centro de todos, en una cumbre escarpada y gélida, mientras que él, en cambio, no era más que un grano de arena en el mundo mundano.

Qi Wan tomó asiento, con Liao Jixiang a su izquierda y Zheng Xian a su derecha. Habían acudido todas las figuras con poder real que Nanjing podía contar. El menú consistía en manjares como carne de asno asada y pepinos de mar, y en la mesa principal solo podían sentarse los oficiales más alto rango de cada ministerio.

Qi Wan no era el “viejo” detestable que Zheng Xian había descrito. Tenía poco más de cuarenta años, la piel blanca y un aspecto agradable, aunque estaba algo hinchado y corpulento, además de tener una nariz aguileña con la punta enrojecida de forma poco agraciada.

Tras probar apenas un par de bocados, alzó su copa: —Esta vez, Zanjia ha venido para gestionar el tributo para Su Majestad—. Tenía unos ojos sonrientes y a primera vista, parecía un hombre amable. —Nuestro Emperador, como ya saben, desea beber té de Zhejiang—, continuó parloteando, como si hablara de asuntos cotidianos. —En esta ocasión, este servidor pasa por Nanjing y les molesta con su presencia. Permítanme brindar primero por todos ustedes. ¡Mil años!

En los círculos oficiales, al brindar no se decía “salud”, sino “mil años”. Todos los presentes en la mesa alzaron sus copas al unísono, pronunciando frases auspiciosas de cortesía y tragándose el vino a toda prisa.

Tras dejar la copa, Qi Wan continuó: —Zanjia ha traído seiscientos barcos rápidos; trescientos irán a Zhejiang y trescientos se quedarán aquí—. Su intención no podía ser más clara: exigir tributo a la ciudad de Nanjing. —Este Jinling 1 es un buen lugar…—, pero de repente cambió el tono de su discurso: —¿Verdad, octavo hermano?—. Le preguntó a Liao Jixiang.

—Tranquilo, tercer hermano—, respondió Liao Jixiang con firmeza: —Yo me encargo de tus asuntos en Nanjing.

Qi Wan sonrió y estrechó con su gran mano la palma larga y delgada de Liao Jixiang: —Este hermanito mío lee muchos libros y tiene buen corazón. ¡Que nadie de ustedes se atreva a molestarlo!

Estas palabras dejaron atónitos a todos los comensales, que se miraron unos a otros con incomodidad. Zheng Xian entendió perfectamente que el mensaje iba dirigido a él: —¡Quiero ver quién se atreve! —exclamó, arrojando con fuerza su vasija de vino sobre la mesa. —¡Si la Oficina de Manufacturas de Tejidos necesita gente, yo tengo soldados de sobra!

Qi Wan volvió la cabeza y por primera vez en la noche, lo miró directamente a los ojos: —Noveno hermano, no puedo elogiarte por todo lo demás, ¡pero si por ser tan directo y decidido!—. Con gran franqueza, levantó su copa y haciendo una reverencia con las manos juntas hacia la multitud, exclamó: —¡Vamos, dos mil años!

Todos levantaron sus copas temblando de miedo y se tragaron de un trago esta segunda copa de vino. Qi Wan le guiñó un ojo a su capaz y leal confidente, y al instante se presentó una lista de tributos, la cual fue entregada directamente en las manos del Ministro de Hacienda: cuarenta y cuatro cargas de carpas, veintiséis cargas de cisnes, ciento veinte cargas de peras fragantes conservadas en hielo, doscientos recipientes de verduras encurtidas, setenta recipientes de cerezas confitadas, veintitrés mil jin de pescado seco, doscientos mil jin de té de primavera…

—Esto…— El Ministro de Hacienda se sorprendió ante esa cifra, pero antes de que pudiera pronunciar palabra, Qi Wan arrancó algo de su cintura y lo arrojó con fuerza sobre la mesa. Era una placa de oro con una inscripción a puño y letra del Emperador.

La mesa quedó repentinamente en silencio. Qi Wan levantó sus palillos, comió un poco y esperó con calma. Al ver que, tras esperar y esperar, nadie decía nada, entornó los ojos con una sonrisa y señalando las copas de todos, exclamó: —¡Tres mil años, beban!

Nadie se atrevió a negarse. Se tragaron el vino a la fuerza, ardiéndoles la garganta. Posteriormente, los cientos de oficiales se alinearon por orden de rango para ofrecer sus brindis. Xie Yilu estaba entre ellos y como estaba cerca, vio a Zheng Xian tomar la lista de tributos de las manos del Ministro de Hacienda. Al echarle un vistazo, sonrió: —Tercer hermano, estas peras fragantes de Jinling…

Qi Wan, sin entender a qué se refería, preguntó: —¿Qué pasa?

Zheng Xian, con una sonrisa contenida, dirigió su mirada chispeante hacia Liao Jixiang: —Eso tendrás que preguntárselo a la Oficina de Manufacturas de Tejidos Imperiales.

Sin esperar a que Qi Wan preguntara, Liao Jixiang respondió directamente: —Yo tale los árboles.

Qi Wan se quedó perplejo por un momento: —¿Cuántos talaste?

Liao Jixiang respondió: —Los talé todos.

El rostro de Qi Wan se enfrió al instante. Probablemente, debido a que ambos estaban bajo el mando del “Ancestro”, no estalló en ira, pero su expresión era evidentemente incorrecta, mostrando nerviosismo e irritación. De reojo, vio a Xie Yilu en la larga fila. Aquel rostro lleno de cicatrices era demasiado llamativo y miraba fijamente hacia este lado. Qi Wan distinguió que, en realidad, a quien estaba mirando era a Liao Jixiang.

—¡Maldito perro, ¿qué estás mirando!—. Agarró al azar una pequeña copa de la mesa y la arrojó contra Xie Yilu. La multitud se dispersó con un murmullo. No era mucho vino, solo le mojó el frente de la túnica, pero aquellas miradas inquisitivas eran insoportables. Xie Yilu levantó la cabeza con angustia, encontrándose justo con la mirada de Liao Jixiang. Parecía que había algo en esos ojos que Xie Yilu no podía definir. Solo vio que sus labios, semejantes a los de un Bodhisattva, parecían estar a punto de moverse. En ese momento, Zheng Xian se adelantó: —Tercer hermano, no te enojes, ven, ven, déjame presentarte a alguien.

Esto era para salvar a Xie Yilu de un apuro, pero Xie Yilu actuó como si no lo hubiera oído. Fijó la vista en Liao Jixiang, queriendo saber si iba a decir algo o si había visto mal. En cuanto Qi Wan giró la cabeza hacia Zheng Xian, Liao Jixiang desvió la mirada completamente impasible.

Fue solo un cruce de miradas fortuito, pero Xie Yilu sintió que el pecho le dolía como si se lo retorcieran. No entendía por qué no podía dejar de pensar en ello. Si aquella persona fuera una prostituta, tal vez el encuentro habría disipado el interés, pero justamente era un eunuco, y además un gran eunuco cargado de crímenes. Esta inversión ilógica hacía que Xie Yilu no pudiera contenerse.

Zheng Xian presentó a Tu Yue, quien llegó acompañado de varios de sus subordinados oficiales y suboficiales, junto con una fila de jinetes de la guardia, mientras portaban grandes cuencos y se acercaban animadamente para brindar. Además del vino, también ofrecieron como tributo a una joven de dieciséis o diecisiete años. Los ojos de Qi Wan brillaron, aquello le gustaba. Desde sus primeros años en la capital ya tenía antecedentes de gastar una fortuna en prostitutas, Tu Yue había dado justo en el clavo.

La joven era de tez rosada y delicada, pero lo más encantador eran sus pies de loto dorado de tres cun. Llevaba una falda de los Ocho Tesoros, y la punta de su zapato aparecía y desaparecía en el dobladillo. Se acercó a Qi Wan con pasos vacilantes, y él de inmediato la sostuvo como si fuera una flor delicada: —¡Aigo, aigo, mi diosa Chang’e, descansa un momento, no vayas a lastimar tus piececitos!

Hizo que la joven se sentara en su regazo, sosteniéndole la cintura con diligencia y mientras conversaba, deslizaba su gran mano hacia abajo, hasta el interior de su falda. La joven se apoyaba en su hombro riendo entre dientes, él tiró suavemente y le quitó un zapato. El pequeño calzado no medía más de un palmo de largo y estaba completamente bordado con flores de loto entrelazadas. Zheng Xian, que también solía participar en este juego, llenó la copa de vino de Qi Wan y la colocó suavemente dentro del zapato.

A esto se le llamaba la “Copa de Loto Dorado2, un refinado pasatiempo de los clientes de los burdeles. Él le entregó el zapato a la joven para que brindara. Ella, fingiendo timidez, se retorcía sin aceptar, lo cual no era más que una táctica para despertar el apetito, algo que todos los habituales de los jardines de flores comprendían. Zheng Xian hizo un gesto con la mano hacia atrás y tras un canto similar al de una oropéndola, apareció Guo Xiaozhuo, con un ligero maquillaje, balanceando la cintura con gracia al caminar.

“El paisaje primaveral de este año es el más cautivador; lo que falta son los altos muros y las paredes pintadas. Resulta que los sentimientos primaverales pueden volar por doquier; es la rosa trepadora la que atrapa el hilo de su falda, así como las flores se asemejan al corazón humano, atrayéndonos hacia la bondad…”3

Cantaba En busca de sueños. 4 Vestía una túnica de un verde vibrante y llevaba en la cabeza adornos florales brillantes. Con un solo giro de cabeza, parecía como si Du Liniang 5 hubiera bajado directamente de un rollo de pintura. Qi Wan se quedó atónito observándolo. Aunque no le atraían los hombres, no pudo evitar dedicar un momento de codiciosa contemplación a aquel joven.

Todos los presentes habían bebido el vino de Guo Xiaozhuo, pero pocos habían escuchado su actuación. Aquella figura esbelta como una rama de sauce, el rabillo del ojo teñido de color peonía, la voz dulce como la miel… bastaba con que el dobladillo de su túnica rozara la sien de alguien para desatar una ráfaga de viento fragante capaz de quitarle la vida a cualquiera.

Guo Xiaozhuo era consciente de su propia belleza y disfrutaba de la codicia de los hombres. Al ladear la cabeza, vio que detrás de Liao Jixiang había un muchacho de tez oscura y aspecto ingenuo que, con un largo sable a la espalda, lo miraba con absoluta fascinación. Él sonrió de medio lado con picardía ¡ese todavía era un niño que no había terminado de desarrollarse!

El alma de la joven que observaba a Qi Wan había sido completamente cautivada por esta falsa mujer. Con coquetería, se apresuró a llevar la Copa de Loto Dorado a sus labios. Qi Wan la vació de un gran trago, ordenó que la llenaran de nuevo y le indicó que fuera a brindar con Liao Jixiang.

Para los demás, aquello era un honor, pero para Xie Yilu, era sucio y obsceno. Él observaba fijamente cómo ese zapato de prostituta se sostenía frente a la boca de Liao Jixiang, y recordó sus poemas: ” El ciruelo como huésped que perfuma la tierra, el pino como compañero junto al asiento”, “Las nubes y el viento en el cielo son realmente como un sueño, los años y meses entre los hombres fluyen como una corriente “, y esa línea de indignación “Nan Ming6… ¡Cómo podría una persona así soportar la humillación de una prostituta!

Sin embargo, la mano de Liao Jixiang se movió. Contrario a lo que Xie Yilu pensaba, él tomó directamente el zapato y con una leve sonrisa, dijo: —Tercer hermano —. Llevó el zapato a la boca de Qi Wan y añadió con tranquilidad: —Sostengo esta copa para servir el vino del viajero, deseando que en los dientes y mejillas del huésped florezca el loto. Este hermano menor brinda por ti.

Todos los presentes en la mesa quedaron atónitos por un momento. Atónitos por su humildad y docilidad, atónitos por su elocuencia. El corazón de Xie Yilu sintió como si alguien lo hubiera golpeado fuertemente con un martillo: era él, no había duda, el porte y el aura, todo correspondía a esa persona.

Xie Yilu había bebido demasiado ese día, tanto que caminaba con pasos tambaleantes, mareado y desorientado, hasta que cayó borracho en la hierba. Cuando despertó, el banquete ya se había dispersado. A lo lejos, se escuchaban voces tenues. No le prestó atención, se alisó la túnica y se dispuso a marcharse, cuando de repente, desde aquel lado, se escuchó un “Tercer hermano”. Era Liao Jixiang.

—¡Octavo hermano, me has arruinado!— Era la voz de Qi Wan.

Xie Yilu se acercó de puntillas, observando a la luz de la luna. Los dos hombres estaban en el pabellón del centro del lago. Liao Jixiang estaba sentado, mientras Qi Wan caminaba de un lado a otro con inquietud. El viento soplaba intermitentemente, por lo que era difícil escuchar con claridad.

—…Peras, en esta época no hay peras, Nanjing tendrá que compensármelo en plata…

Hablaban de los perales enanos. Xie Yilu se escondió detrás de una roca del lago y escuchó cómo la voz de Qi Wan subía cada vez más de tono: —¡En la lista de tributos está claramente escrito que Su Majestad quiere peras! ¡Cuántas peras puede dar un solo árbol!

Era una extorsión, el mismo método que el de Ruan Dian.

—¿No es poco cobrar un tael de plata por cada pera? ¡Un solo árbol equivale a cientos de taels!

Xie Yilu abrió la boca de par en par, estupefacto. Una pera por un tael de plata, y a cada árbol se le asignaba un mínimo de cien taels. Él había visto ese bosque de perales en la montaña trasera, probablemente había decenas de miles de árboles. Con este solo viaje se recaudarían millones de taels, y los yamen encargados de gestionar el asunto los exprimirían capa tras capa. ¡Esto no solo llevaba a la gente común a la ruina total, sino que los condenaba a morir sin tener siquiera un lugar donde ser enterrados!

—…¿Por qué crees que me desvié específicamente a Nanjing? ¡Jixiang, cuando me vaya te daré el veinte por ciento, con eso tendrás suficiente dinero para tributos de todo un año!

A Xie Yilu le brotaba el sudor por todo el cuerpo. Estaba aterrado por la codicia de Qi Wan y por sus métodos despreciables.

—…Su Majestad ya está descontento. Si no fuera por el Ancestro… Sin plata, ¿acaso todavía quieres seguir en este puesto de la Oficina de Manufacturas de Tejidos?

Xie Yilu no lograba escuchar ni una sola palabra de Liao Jixiang. Permanecía en silencio, como un mudo.

—…Y en cuanto a Zheng Xian, no intentes competir con él en todo. ¿Qué dijo el Ancestro? Él es el comandante de la guarnición de Nanjing, el ministro de confianza de Su Majestad a tres mil li de distancia.

Xie Yilu no esperó a escuchar el resto, casi huyó despavorido. El corazón de los eunucos era demasiado venenoso. Si Liao Jixiang no hubiera talado los árboles de antemano, toda la ciudad de Nanjing habría… Espera, se fue calmando poco a poco. ¿Por qué había talado los árboles Liao Jixiang? ¿Realmente era porque la fragancia de los perales enanos le impedía conciliar el sueño? La actuación de Ruan Dian en el callejón de las prostitutas, la visita nocturna de Mei Acha al Ministerio de Guerra, el inusual silencio del Ministerio tras la entrada de las tropas de Zhejiang a la ciudad, y aquellas palabras de Zhang Cai en el bosque de perales… Xie Yilu se sintió como si le hubieran arrojado un balde de agua helada, su mente se quedó en blanco.

─── °..:・・:..° ───

A partir de esa noche, acudió al Templo Lingfu todas las noches, y todas las noches regresó decepcionado. No había carta, ¿cómo iba a haber una carta? Se burló de su propia codicia. Al fin y al cabo, había sido él quien se había marchado primero sacudiendo las mangas. El Manantial del Pequeño Anciano, más allá de la colina Liumanpo, aquella ladera acariciada por una brisa suave, y la persona al pie de la colina impregnada del aroma a sándalo. Sus piernas no estaban bien, y con un camino tan largo, ¿cómo había logrado regresar?

Al pensarlo, a Xie Yilu se le humedecían los ojos con una sensación de ardor.

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Personajes

⭑ Guo Xiaozhuo ⭑

过小拙 (Guò Xiǎozhuō)
过 (Guò): Pasar, cruzar, error.
小 (Xiǎo): Pequeño, joven.
拙 (Zhuō): Torpe, poco hábil, simple.
Significado simbólico: “Pequeña torpeza que pasa” o “simple error”. “Zhuō” (torpe/simple) en la filosofía taoísta, “拙” (simplicidad/torpeza) es una virtud, la ausencia de artificios. Su nombre sugiere autenticidad en un mundo de apariencias, pero también vulnerabilidad. “Guò” (pasar/cruzar) puede reflejar su naturaleza efímera.

Notas del Traductor

  1. 金陵 (Jīnlíng): Jinling. Nombre antiguo y poético de la ciudad de Nanjing, frecuentemente usado en contextos literarios o formales para evocar su historia.
  2.  金莲杯 (Jīnlián bēi): Copa de Loto Dorado. Un juego de bebida decadente y fetichista de la antigua China, donde se colocaba una pequeña copa de vino dentro del zapato de una mujer con los pies vendados, y el hombre debía beber de él.
  3. El pabellón de las peonías:En busca de sueños https://www.youtube.com/watch?v=9FQbe818KcI&list=RD9FQbe818KcI&start_radio=1
  4. 寻梦 (Xúnmèng): En busca de sueños. Es una de las escenas más famosas de la obra de teatro clásica china El pabellón de las peonías (Mudan Ting), escrita por Tang Xianzu en la dinastía Ming.
  5. 杜丽娘 (Dù Lìniáng): La protagonista femenina de El pabellón de las peonías. Es el arquetipo de la joven doncella que muere de amor y resucita, representando el deseo y la pasión que trascienden las normas sociales.
  6.  Nan Ming: imposible de alzar la voz.
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