꧁ Capítulo 1 ꧂

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Shan Ming intentó varias veces prender el cigarrillo que tenía en la mano, pero la humedad en el bosque era demasiado alta. Los fósforos parecían remojados en agua, imposibilitando que el fuego prendiera. Furioso, arrojó al suelo la caja de fósforos, empapada y blanda por la humedad, pero después de pensarlo un momento, la recogió de nuevo.

Si lograba salir de esta tierra pantanosa y húmeda, tal vez al secarlos al sol aún servirían. No quería pasar los próximos días comiendo carne cruda.

Hace dos días, habían estado en una misión en la frontera entre China y Myanmar. Un poderoso narcotraficante local les ofreció veinte millones de dólares para garantizar la seguridad de un intercambio de drogas con unos estadounidenses. El dinero no fue en vano; cuando el trato fracasó y los estadounidenses lanzaron un ataque sorpresa, perdieron a tres hombres. Para un grupo mercenario de élite internacional como los “Halcón Peregrino”, esto ya era una pérdida considerable. Pero, por supuesto, protegieron al cliente y salvaron su propia reputación.

En esa batalla, Shan Ming primero recibió un culatazo en la cara que lo dejó cubierto de sangre, luego un corte de daga en el brazo izquierdo. Aunque logró retorcer el cuello del que lo atacó por sorpresa, esos pocos minutos de demora fueron suficientes para que se separara de su equipo. Huyó solo hacia la selva virgen de la frontera entre China y Myanmar, un verdadero territorio del demonio, pero ya no tenía retirada. Debía encontrar rápidamente un lugar habitado y contactar a su grupo mercenario para que lo recogieran.

La herida en su brazo izquierdo comenzaba a inflamarse. El olor a sangre aquí era una invitación a la muerte, así que no tuvo más remedio que envolver apretadamente la herida, mal tratada, con su ropa. Sabía que, sin ventilación, la herida se pudriría, pero no se atrevía a dejarla expuesta. El tiempo que le quedaba era menos del que había calculado. Debía salir cuanto antes y recibir tratamiento; de lo contrario, incluso una herida que normalmente menospreciaría podría dejar inútil su valioso brazo. Perder un brazo ya era un pensamiento optimista. Estar herido en un lugar como este era como entrar con las manos desnudas a una guarida de leones. La muerte no estaría lejos.

Además de cuidar cada paso por el terreno pantanoso bajo sus pies, también debía protegerse de los cazadores en el bosque.

En este lugar, la comida para humanos era escasa, pero las cosas que comían humanos estaban por todas partes. Hasta hormigas del tamaño de semillas de sésamo acechaban su carne fresca. Durante estos dos días, no se había atrevido a dormir ni a descansar en un mismo lugar por más de dos horas. Sabía que si cedía al agotamiento y se quedaba dormido, pronto se convertiría en un esqueleto.

La fatiga de su cuerpo aumentaba exponencialmente. Incluso Shan Ming, de naturaleza arrogante, ahora sentía la amenaza de la muerte.

Se agachó y examinó la humedad del suelo, comparándola con los caminos recorridos en los últimos días. Supo que pronto saldría de la zona pantanosa.

Al salir de la zona pantanosa, estaría mucho más seguro. Prefería enfrentarse a lobos o serpientes grandes antes que a insectos pequeños pero mortales. Al menos podía ver sus objetivos.

Las cosas que Shan Ming podía ver, nunca se las había tomado en serio.

Tras avanzar con cautela durante más de diez horas, la tierra bajo sus pies se volvió más dura. Los árboles que antes bloqueaban el cielo comenzaron a escasear, y poco a poco pudo percibir la luz del sol filtrándose entre las hojas.

Ahora tenía el estómago vacío. Durante todo el camino no había encontrado nada comestible, sino que había tenido que evitar ser comido. El agotamiento mental y físico había consumido sus energías, y cada paso requería una enorme fuerza de voluntad.

De repente, olió un fuerte olor a sangre. El hedor, mezclado con la humedad, era tan intenso que resultaba nauseabundo.

Un olor tan penetrante solo podía provenir de un animal grande. Shan Ming ya no sentía asco; solo pensaba si aquel desafortunado animal había sido devorado por completo o si quedarían algunos restos para llenar su estómago.

Guardó la Browning M1935 que sostenía en su cintura, tomó el subfusil MP5 que llevaba a la espalda y lo empuñó, preparado para disparar a matar si se topaba con lobos, tigres o similares.

Contuvo la respiración y avanzó paso a paso hacia los arbustos, siguiendo el rastro de sangre.

Aguzó los oídos para captar cualquier sonido por mínimo que fuera, con la mirada aguda como la de un halcón clavada fijamente al frente. Con cuidado, apartó los matorrales capa por capa usando el cañón de su arma y avanzó hacia la zona central donde el olor a sangre era más denso.

Lo que vio frente a él lo dejó completamente atónito.

En el suelo yacían los cadáveres de tres lobos, todos con las gargantas destrozadas a mordiscos y vientres abiertos con las entrañas al aire, muertos de manera brutal. La sangre había empapado la tierra, tiñendo las hojas verdes del suelo en un púrpura rojizo.

Los nervios de Shan Ming se tensaron al instante. Giró lentamente sobre sí mismo. Los lobos claramente habían sido atacados por una bestia grande, pero solo habían sido devorados parcialmente. Era demasiado extraño, ¿cómo una criatura capaz de matar tres lobos no tendría suficiente apetito para comerlos? La única explicación que se le ocurría era que el depredador aún estuviera cerca, quizás esperando a compartir el banquete con su manada o crías.

Shan Ming no se atrevió a acercarse imprudentemente, sino que eligió un lugar seguro para esconderse, con la intención de observar un poco.

Y así se quedó esperando más de dos horas. En este escenario donde los fuertes devoran a los débiles, todo permanecía exactamente igual que cuando llegó. Ninguna bestia regresó.

Shan Ming no pudo contenerse más. Los cadáveres en el suelo eran su comida del día; si no comía carne pronto, no resistiría.

Shan Ming salió con cuidado de entre los arbustos. Sacó la daga que llevaba en la cintura, preparado para cortar una pata de lobo y huir rápidamente. La escena era demasiado extraña; no quería quedarse ni un momento más.

Sin embargo, cuando por fin se acercó a uno de los lobos muertos, sus sospechas se intensificaron.

Al principio solo había echado un vistazo superficial, sin mirar con detenimiento. Pero ahora, que estaba más cerca, descubrió que las heridas desgarradas de los lobos no parecían obra de una bestia grande y feroz.

Las heridas no eran profundas y los desgarrones eran demasiado pequeños. Si hubiera sido un tigre u oso, la fuerza de su mandíbula habría causado mucho más daño. Un tigre podía romper el cuello de un lobo de un mordisco; básicamente, sus bocas no eran tan pequeñas. Que estos lobos terminaran así no fue obra de una sola mordida. Una boca tan pequeña que parecía humana, pero la fuerza de mordida humana era de solo cuarenta kilos. Es imposible matar tres lobos solo con la boca.

Shan Ming continuó examinando y descubrió que sus vientres habían sido abiertos por objetos afilados. Siguió el contorno de las heridas abdominales de los lobos, pero no encontró ningún pelo de otra bestia salvaje alrededor de las lesiones.

Shan Ming estaba completamente desconcertado por lo extraño de todo esto. Según su análisis, estos lobos habían sido asesinados por una criatura con una fuerza de ataque extraordinaria, una boca de tamaño similar a la humana, pero con una fuerza de mordida al menos triple que la humana, garras comparables a las de grandes depredadores y sin pelo alrededor. Además, tras matarlos, solo había comido un poco de su carne, como si el estómago del animal no fuera lo suficientemente grande.

¿Qué diablos era esto? Shan Ming rebuscó en su mente, pero concluyó que esta cosa estaba completamente fuera de su conocimiento.

Aunque sentía un escalofrío recorriendo su espina dorsal, la curiosidad venció a su vigilancia. Se levantó del suelo decidido a inspeccionar los alrededores. El lugar donde murieron los lobos estaba cubierto de hojas, sin huellas ni señales de lucha. Quizás cerca encontraría algún rastro dejado por el animal.

Al avanzar apenas siete u ocho metros, descubrió algo que elevó lo extraño de toda la escena de caza a su punto máximo; entre los arbustos encontró un pie, o más exactamente, un pie humano, y por su tamaño, ¡era el de un niño!

El sudor corría por la frente de Shan Ming. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Lobos asesinados por una bestia desconocida y, cerca, el pie de un niño humano?

Shan Ming se agachó y apartó los arbustos. Siguió aquel pequeño pie sucio hacia arriba y, como era de esperar, encontró a un niño. Pero lo que jamás anticipó fue que, aunque el pequeño estaba cubierto de sangre y lodo hasta ser irreconocible, podía ver el débil pero constante movimiento de su pecho al respirar.

¡El niño estaba vivo!

De no ser por la fuerte fuerza de voluntad de Shan Ming, habría sospechado que se había quedado dormido por el agotamiento y el dolor, y que todo esto era solo un sueño.

Un mercenario de élite con experiencia como él había sido reducido a la miseria por este bosque, pero un niño humano de cinco o seis años podía dormir tranquilamente aquí y seguir con vida. Todo lo ocurrido hoy, superaba la imaginación de Shan Ming, y ya no tenía ganas de preguntarse el porqué.

Agarró al niño por el pie y lo arrastró fuera de los arbustos. El pequeño estaba desnudo, como si lo hubieran sacado de un montón de carne podrida, cubierto de sangre coagulada y trozos de carne, sucio y apestando.

Shan Ming limpió la suciedad de la cara del niño con sus propias manos mugrientas, descubriendo que era un varón de rasgos asiáticos, aunque demacrado. Con un trozo de intestino de lobo colgando de su cuerpo, parecía repugnante y aterrador. Comprobó su respiración, que era estable y palpó su cuerpo sin encontrar heridas graves.

Shan Ming casi sintió envidia.

Este maldito lugar carecía de todo excepto agua. Shan Ming levantó al niño por una pierna, caminó un trecho hasta encontrar un gran charco de agua, y con un movimiento brusco lo arrojó.

El niño se hundió rápidamente. Shan Ming entró al charco y lo sacó de nuevo.

—¡Puaj!— El niño se despertó tosiendo violentamente.

Shan Ming le restregó el rostro con agua de manera brusca. Al terminar de toser, el niño empezó a agitar frenéticamente brazos y piernas, golpeando el agua mientras pateaba el muslo de Shan Ming, gritando aterrorizado como un loco.

Shan Ming, estaba molesto y temiendo que el niño atrajera bestias salvajes, le dio una bofetada en la cara.

El niño se quedó paralizado de golpe, luego alzó lentamente la cabeza mirándolo con ojos desorbitados.

Shan Ming observó sin expresión al pequeño: —¿Entiendes chino?

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