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Era la primera vez que se sentía tan despejado al despertar. Con una sensación desconocida, levantó los párpados lentamente. Lo primero que pensó fue: «Ah, esta no es mi habitación». Luke miró a su alrededor, contemplando aquel techo que le resultaba familiar pero a la vez ajeno.

​A su lado estaba Theo. El aura de seriedad que desprendía habitualmente permanecía intacta incluso al dormir. Luke se quedó mirando embobado aquel rostro que descansaba en una quietud casi sepulcral.

​De pronto, recordó lo sucedido ayer. Le había confesado sus sentimientos a Theo sin reservas y, de ese modo, se habían quedado dormidos juntos en la misma cama. Luke extendió la mano lentamente y acarició el rostro de Theo. Deslizó sus dedos desde la frente por el puente de su nariz alta y rozó ligeramente sus labios.

​Mientras tocaba aquellas facciones tan bien esculpidas, Luke saboreó plenamente, una vez más, la sensación de estar conectado con alguien por primera vez. Él, que solo pretendía vivir dejándose llevar; él, que tras cumplir la gran tarea de su vida planeaba no pertenecer a ningún lugar… jamás imaginó que nacería en él un apego como este.

​Era una sensación verdaderamente extraña sentirse tan abrumado por la emoción sin haber hecho nada en particular. Luke se acurrucó, deslizándose más profundamente en los brazos de Theo.

​—…Luke, te dije claramente que no me provocaras.

​—¿Eh? ¿Ya estabas despierto?

​Theo carraspeó un “ejem”. Bajo la luz del sol matutino que entraba por la ventana, su rostro se veía inusualmente rojo.

​—Estaba despierto.

​Theo besó los labios de Luke, con una naturalidad que ya parecía habitual. Al mismo tiempo, lo atrajo hacia sí y lo rodeó con un abrazo protector.

​—Oye, tu pecho es tan grande que me asfixio.

​—…¿De verdad tienes que decir las cosas de esa manera?

​—Pero Theo, tengo curiosidad sobre algo —dijo Luke, asomando la cabeza​—. ¿Desde cuándo exactamente te gusto?

Los ojos de Luke brillaron con curiosidad. Al ver sus intenciones tan transparentes, como si se muriera de ganas por saberlo, Theo sonrió sin darse cuenta. ¿Cómo podía ser alguien tan honesto y directo? En comparación con la sinceridad de Luke, Theo se sentía casi avergonzado de su propio pasado, en el que no había podido reconocer a tiempo sus sentimientos y se la había pasado dando vueltas de un lado a otro.

—Eso es un secreto.

Ante esa respuesta, el rostro de Luke se frunció al instante.

—¿Qué? Vamos, dímelo.

—Levántate. Tenemos que empezar a prepararnos pronto.

Cuando Theo se levantó primero, como indicando que no tenía la más mínima intención de hablar, Luke chasqueó la lengua con un “tch”. Por cierto, le resultaba extraño que, estando tan cerca la hora de ir al cuartel, nadie hubiera venido a buscar a Theo. Normalmente, Gwen entraría a esa hora para ayudar al joven Duque con los preparativos.

—¿Y Gwen?

—¿Gwen? Ah, le dije que no subiera hoy. Para ser exactos, le prohibí entrar en mi habitación.

—¿Por qué?

Theo se dio la vuelta para mirar a Luke. Con el cabello ligeramente revuelto, ropa cómoda que dejaba ver un poco de su cuello y el simple hecho de verlo sentado en su propia cama… todo en esa escena resultaba demasiado provocativo.

—Porque no quiero que nadie más te vea así.

Luke, sin embargo, se limitó a ladear la cabeza, como si todavía no terminara de entenderlo.

* * *

​—¡¿Qué demonios cree el Ejército que es el Ministerio de Asuntos Exteriores?! ¡No, más bien, ¿cómo se atreven a pedir permiso al Emperador antes que a mí?!

​Ante el estruendoso regaño que cayó de la nada, Paul esbozó una sonrisa incómoda. Se encontraban en el Ministerio de Asuntos Exteriores del Palacio Imperial, donde los miembros del comando especial que se harían cargo de esta operación habían venido a presentarse ante el Ministro. Luke encabezaba la fila, seguido por Paul, Levi y Jade, todos formidables y en orden.

​—¡¿A dónde diablos mandaron el protocolo?! ¡Los procedimientos existen para cumplirse! ¡¿Es que acaso no conocen ni lo más básico de lo básico?!

​—Incluso con el protocolo, siempre suele haber excepciones —respondió Luke con una sonrisa radiante.

​—¿Excepciones? ¡Solo los que no saben nada se atreven a parlotear de esa forma! Por eso digo que los militares no sirven. Sus cerebros están hechos de puro músculo…

​¡BAM!

​Fue justo cuando el nivel de la histeria del Ministro estaba a punto de alcanzar su punto máximo. Luke, que había estado escuchando en silencio con una sonrisa, golpeó repentinamente el escritorio del Ministro con la palma de la mano. Ante el estruendo considerable, el Ministro soltó un “¡Hic!” bastante ridículo por el susto y retrocedió.

​Paul y el resto de los compañeros estaban igual de desconcertados. Los tres intercambiaron miradas de sorpresa detrás de Luke por su acción.

​—¡¿Qué… qué ha sido eso?!

​—Ah, es que había un bicho. Pero parece que se me escapó —Luke levantó la palma de la mano y la agitó con aire inocente. —Por cierto, ¿qué decía hace un momento? ¿Dijo que los cerebros de los militares estaban hechos de músculo?

​El Ministro se estremeció ante el tono de voz que, de repente, se había vuelto gélido. Normalmente, los militares con los que trataban los ministros del palacio se limitaban al Comandante, Theo, y a algunos soldados rasos que venían ocasionalmente a hacer recados oficiales.

​Para empezar, Theo no reaccionaba sin importar cuánto él o los otros ministros hirieran su orgullo. Sabían que los ignoraba a propósito, y eso no podía resultarles más molesto. Dejándolo a él de lado, lo natural era que los soldados comunes se arrastraran ante él, el jefe del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Sin embargo, la reacción del hombre de apariencia deslumbrante que tenía frente a él era diametralmente opuesta a la de los demás. El exlíder de la Unidad Especial y un mago tan poderoso que su habilidad era comparable a la del Comandante. Había oído hablar mucho de él e incluso lo había visto un par de veces en eventos oficiales en el pasado.

​—Señor Ministro, ¿cómo podría el cerebro estar hecho de puro músculo? Si así fuera, el Ejército Imperial no habría podido subyugar a los monstruos ni obtener tantas victorias en la guerra, ¿no le parece?

​Había escuchado rumores de que, en sus tiempos en el ejército, su temperamento no era ninguna broma. Aun así, supuso que no sería para tanto; creía que nadie se atrevería a actuar con semejante arrogancia frente a él. Pero la actitud de aquel hombre estaba totalmente fuera de sus expectativas.

​—¿No le parece? —insistió Luke.

​Su voz se volvió más pesada y la sonrisa en su rostro se hizo aún más marcada.

​—Ejem… Bueno, sí, supongo que sí.

​Sintiendo una presión inexplicable, el Ministro no tuvo más remedio que asentir. Al verlo acobardarse al instante sin poder siquiera alzar la voz, el grupo de Paul contuvo la risa a sus espaldas. Era una imagen bastante ridícula ver cómo aquel orgullo tan desbordante se hacía añicos mientras él asentía por puro miedo, incapaz de articular palabra.

​—Así es. Ya que ambos bandos nos esforzamos por el bien del país, cuento con su colaboración.

​—¡No, pero eso también es el colmo! Por mucho que se intente, ¿no es demasiado peligroso infiltrarse en Wellharun a través de una delegación diplomática? Me pregunto de qué cabeza de chorlito salió semejante plan…

​—De la mía. Yo soy el dueño de esa cabeza de chorlito.

​—…

​Un silencio sepulcral envolvió la habitación por un instante.

​—Sé que es una operación peligrosa. Pero el destino del Imperio también depende de esto.

​—¡¿Y qué harás si te descubren?! Si en Wellharun notan algo extraño y nos echan la culpa de todo, ¿qué piensas hacer? ¡En ese momento, todas nuestras relaciones diplomáticas se irán al traste!

​—Basta con que no nos descubran.

​Fue una respuesta contundente. Desde atrás, Paul ya estaba animando fervientemente a Luke mientras este se enfrentaba al Ministro.

​—¡Escúchame bien, jovencito!

​—No soy “jovencito”, soy Luke. Por cierto, esto es un poco extraño… —Luke se acarició la barbilla y ladeó la cabeza. ​—Pensaba que el señor Ministro se mostraba tan escéptico porque su lealtad al Imperio es tan grande que quería evitar cualquier riesgo…

​El Ministro lo miró desafiante, como preguntando qué quería decir con eso.

​—Pero ahora que lo veo, ¿no parece más bien que está tomando partido por Wellharun?

​Luke curvó los labios en una sonrisa socarrona. Ante eso, el rostro del Ministro comenzó a tornarse rojo gradualmente. Parecía haber captado perfectamente la implicación de las palabras de Luke.

​—¡¿Te atreves a difamarme?! ¡No hay otro súbdito tan leal al Imperio como yo!

​—Sí, lo sé. Por eso le digo que unamos fuerzas por el bien del Imperio.

​El Ministro resopló con fuerza, incapaz de articular palabra. Solo entonces se dio cuenta de que había caído por completo en el juego de Luke y que este lo estaba manipulando a su antojo.

​Al final, el Ministro no pudo soltar ni la mitad de lo que quería decir y no tuvo más remedio que aceptar el saludo de despedida de Luke. Después de aquello, circuló un pequeño rumor por el Palacio Imperial: que el Ministro de Asuntos Exteriores había recibido un buen golpe por parte del militar al que tanto solía despreciar.

* * *

​—¡Ah, ese viejo zorro de pacotilla!

​En cuanto salieron del Palacio Imperial, Luke empezó a expresar su irritación sin filtros.

​—¿Qué? ¿Que nuestro cerebro está lleno de músculo? ¡Qué sarta de tonterías…!

​—Jajaja, bueno, gracias a usted, señor Luke, seguro que le subió la presión arterial considerablemente —comentó Paul con regocijo, mientras Levi y Jade asentían dándole la razón.

​—¿Acaso les parece divertido? ¡A quien le va a dar un patatús de la rabia es a mí!

​—Ah, es que… la verdad es que nosotros también hemos aguantado mucho de ese hombre. Cómo detesta tanto a los militares, cada vez que se cruza con algún miembro del ejército, no pierde oportunidad para soltar algún comentario hiriente —añadió Levi, haciendo que el rostro de Luke se contrajera aún más.

​Definitivamente, debió haberle dado un buen golpe en la nuca al Ministro en lugar de limitarse a golpear el escritorio con la palma de la mano.

​—Cuando vayamos a Wellharun, buscaré la oportunidad de “despachar” también a ese viejo zorro…

​—Eso no se puede. ¡De ninguna manera! —Paul negó con la cabeza espantado ante el murmullo lúgubre de Luke. Es que, viniendo de él, sus palabras no sonaban para nada a broma.

​Mientras caminaban hacia el Cuartel General, Luke se detuvo de repente. Se dio la vuelta y comenzó a observar a los tres, uno por uno.

​Al cruzar miradas con Luke, los tres se pusieron tensos y adoptaron una postura rígida, sin entender qué estaba pasando.

​—Ha pasado tiempo desde la última vez que asumí el cargo de líder de una Unidad —suspiró Luke con complejidad mientras se rascaba la cabeza.

​Ser el líder de un comando especial era algo que hacía casi a diario antes de retirarse. Sin embargo, la situación de entonces y la de ahora eran diferentes.

​En aquel entonces, tenía que actuar como el villano a toda costa, por lo que no le quedaba más remedio que ser implacable y frío con sus subordinados. Por eso, había palabras que, aunque deseaba decir, nunca pudo pronunciar.

​—Oigan, ustedes tres.

​—Sí.

​—Entiendo que no les haga gracia estar bajo mi mando. Además, la operación en sí es bastante complicada. Pero les aseguro que, si todo sale según lo previsto, no habrá ningún peligro. Aun así, si por casualidad…

​Luke, que hablaba con fluidez, vaciló un instante al final de la frase. Los tres esperaron en silencio, respetando que, después de todo, Luke era su superior en esta misión.

​—Si llegara a ocurrir algo peligroso, no se preocupen. No permitiré que salgan heridos. Yo me encargaré de que eso no suceda.

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