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Tras la reunión de emergencia, Theo salió de la sala de audiencias con un suspiro de alivio. Si bien la reunión de una hora no pudo haber arrojado un resultado completamente satisfactorio, era evidente que el rumbo a seguir seguía siendo el mismo.
Aun así, nunca esperó que Su Majestad diera semejante orden. Theo caminó lentamente por el pasillo, reflexionando sobre la orden que había oído del Emperador.
Ahora, el plan era regresar a la mansión y llevar a Luke al Cuartel General Imperial. Para los imperiales, Luke aún era considerado un civil, así que sin Theo, ni siquiera podría cruzar las puertas.
—Con el prestigio militar alcanzando el cielo, parece que se les ha subido demasiado la moral.
En el instante en que Theo iba a bajar las escaleras, desde arriba le llegó vagamente la voz de alguien. Theo amortiguó sus pasos y echó un vistazo furtivo al piso superior. Allí estaban el Ministro de Relaciones Exteriores y otros ministros, subiendo las escaleras mientras conversaban.
—P-pero a fin de cuentas, es alguien de habilidades sobresalientes, ¿no?
—Por muy sobresaliente que sea, ¿cómo se atreve a sospechar de una nación amiga sin ton ni son? Por esto es que la gente de acción no sirve. No entienden lo importante que son las relaciones con los países vecinos para la prosperidad propia…
—Pero el Comandante Redrik también es conocido por su extraordinaria inteligencia…
Cuando el Ministro de Finanzas protestó tímidamente, el Ministro de Asuntos Exteriores pareció dirigirle una mirada cómplice.
—A veces me pregunto si no fue un poco apresurado entregar el poder militar al heredero de la familia del Duque.
—Al contrario, Señor Ministro de Justicia. ¿No alcanzó esa posición precisamente por ser el heredero de esa casa ducal? He oído que también influyó la sólida confianza que le profesan los militares, ¿y qué significa eso sino que esos mismos militares también buscan congraciarse con la Casa Redrik?
—¡Exacto, Canciller! Con un linaje respaldándolo y aferrado al poder, ¿acaso no es lógico que actúe con esa arrogancia? Ay, ¿en qué estaría pensando Su Majestad para emitir tal orden…?
En el momento en que este suspiró hondo y negó con la cabeza, Theo, saliendo ya del Palacio, se desabrochó inconscientemente el cuello de la chaqueta.
Theo, después de todo, conocía demasiado bien el carácter de los ministros que dirigían el núcleo del Palacio Imperial. Aunque había alcanzado una posición a la par de la de ellos, sabía que no lo reconocían sinceramente como Comandante, debido a su escasa experiencia práctica y su juventud.
Era natural que, como había dicho el Ministro de Relaciones Exteriores, el prestigio del ejército creciera día a día, y eso les disgustara aún más. Ya estaba acostumbrado a escuchar ese tipo de comentarios a sus espaldas. Dentro del ejército, los veteranos lo cuestionaban; fuera, los ministros lo contenían. Ante esto, no podía evitar sentir respeto una vez más por Bale, quien nunca perdía su amable sonrisa ante cualquier situación.
—Toma, come esto.
Justo cuando se preparaba para teletransportarse rápidamente hacia la mansión del Duque, escuchó una voz familiar bajo un árbol cerca del Palacio Imperial.
—¿No quieres? Lo compré allí mismo para ti.
—…
Bajo el árbol, agachado, el dueño de esa voz familiar se afanaba en algo. En la mano del hombre de cabello plateado ondeante había una lata de comida, y frente a él, un gato tricolor, con el pelo erizado por la desconfianza, se enfrentaba a Luke.
—Tienes hambre, lo sé. No le he puesto ningún veneno, te lo juro.
Su mano, extendiendo la lata hacia el gato, transmitía una genuina súplica. Incluso antes de preguntarse qué hacía Luke allí, una sonrisa se dibujó en los labios de Theo. Sintió que la opresión en su pecho se aliviaba ligeramente.
—Los gatos callejeros son muy desconfiados.
—¡Ah, me has asustado!
Los hombros de Luke temblaron cuando Theo se acercó por detrás. Theo se agachó a su lado y le arrebató la lata de la mano.
—Si haces esto, te lo recibirá.
Theo extendió la mano y colocó la lata a poca distancia del árbol. Solo entonces el gato se dio cuenta, se acercó sigilosamente y empezó a comer.
—Oh, es verdad. ¿Eres un experto en gatos?
Luke rio mientras observaba la espalda del gato, que devoraba la lata de comida con bastante desesperación, como si hubiera estado hambriento.
—¿Existe esa profesión? Pero, ¿qué haces aquí? Cerca de aquí está el Palacio Imperial, ¿me estabas esperando?
—Por supuesto. ¿Qué otra razón tendría para venir hasta aquí, si no eres tú?
—…
Fue solo un comentario casual, en broma, pero Luke asintió como si fuera algo natural. Cuando Theo tosió y giró ligeramente la cabeza, Luke se quedó atónito.
—No, lo que quiero decir es… Bueno… No tenías por qué venir hasta aquí a buscarme. Si me esperabas en la mansión, podríamos haber ido directamente al Cuartel General, sería más cómodo.
—¡Por eso mismo he venido! —gritó Luke de repente.
Y, aunque no lo parecía, era una conversación normal.
No, debería haber sido una conversación normal. Pero en este preciso momento, la atmósfera era extrañamente incómoda. Luke miró a Theo con unos ojos llenos de reproche. Todo era culpa de ese tipo. Si él, como de costumbre, hubiera respondido con un “Ah, ya veo”, y lo hubiera dejado pasar, no se habría creado esta atmósfera innecesariamente tensa.
—Mmm, es cierto.
—¿A-ah, sí? Bueno… ¿y la reunión? ¿Terminó bien? ¿Ya informaste de los hechos?
Cuando Luke se levantó, sacudiéndose la ropa, Theo se levantó también.
—Informé de todo al detalle. Parecían bastante sorprendidos, no podían ocultar sus emociones.
—Es natural que lo estuvieran.
Luke soltó una risita burlona. Ya le gustaría haber estado allí para ver las caras de esos ministros, que solo piensan en conservar sus puestos y lo sorprendidos que debieron haberse quedado. Pero de pronto, algo le llamó la atención.
—…Theo, ¿pasó algo dentro?
—¿Mmm? No, la verdad es que no. Escuché una orden confusa, pero… la explicaré en la reunión en el Cuartel General.
Aún así, Luke no apartó su mirada aguda.
—¿Luke?
—¿Escuchaste algo desagradable?
Theo se estremeció.
No eran exactamente comentarios desagradables dirigidos a él, sino que había escuchado por casualidad las mordaces críticas a sus espaldas de los ministros. Sabía que lo más sano para su salud mental era evitar escuchar ese tipo de cosas, pero esas palabras, por alguna razón, siempre terminaban llegando de manera asombrosa a los oídos del interesado.
—Ya me lo imaginaba. Bah, era obvio, es un nido de vejestorios. Diciendo que los mocosos son arrogantes y cosas por el estilo…
—Pero, ¿cómo lo supiste? No me digas que… ¿entraste al Palacio Imperial?
Theo preguntó con un rostro bastante serio. Luke, que no tenía más condición que la de “civil”, no tenía permiso para entrar al Palacio Imperial. Entonces, ¿había entrado a escondidas?
—Oye, ¿qué crees que soy?
Luke entrecerró los ojos y miró a Theo con furia. Aunque estaba atónito, había otra razón por la que notó el estado de Theo. Levantó la mano y señaló el cuello del uniforme de Theo. Más precisamente, el botón desabrochado.
Mientras seguía lentamente la mano de Luke, la mirada de Theo se posó en el botón desabrochado, sorprendiéndose incluso a sí mismo. ¿Lo había desabrochado al escuchar la conversación de los ministros? Aun así, no esperaba que hiciera algo así antes de salir del Palacio.
Fue una suerte que no se encontrara con muchos funcionarios del Palacio al salir, pero si alguien hubiera notado que los botones de su uniforme estaban desaliñados, podría haber habido chismes sobre cómo el Comandante nunca se molestaba en arreglar su apariencia cuando entraba y salía del Palacio.
El Palacio era así.
—No lo había notado.
—Claro que sí. Los hábitos son cosas que suelen aparecer de la nada.
—¿Hábitos?
Theo preguntó con expresión desconcertada. ¿Hábitos? ¿Acaso tenía algún significado el hecho de desabrocharse el cuello?
—¿En serio nunca lo habías pensado? Cuando estás frustrado, las cosas no salen bien o te sientes mal, siempre te desabrochas el cuello del uniforme. Como si intentaras liberar tu respiración.
Para que una acción se establezca con el nombre de “hábito”, debe repetirse muchas veces en situaciones específicas. Luke había estado con Theo en la misma organización durante mucho tiempo. Por eso había sido testigo de esa acción en numerosas ocasiones.
Al principio le sorprendió un poco ver el uniforme de Theo desaliñado, lo cual era inusual para alguien que era conocido por ser tan minucioso en todo lo que hacía, pero no tardó mucho en darse cuenta de que era solo uno de sus hábitos.
Ocurría cuando los capitanes sostenían discusiones bochornosas frente a Bale, cuando el Emperador lo convocaba para ver ópera, cuando asistía a eventos oficiales del Imperio y era acosado por varios vejestorios, y también cuando la batalla o el trabajo no marchaban bien.
—…Ya veo. No tenía ni idea.
—Por tu expresión, eso parece.
—Luke, ¿cómo lo sabías? Si hasta yo lo ignoraba…
Luke lo miró fijamente por un momento antes de echar a andar de nuevo. Pasó junto a Theo con las manos metidas en los bolsillos.
—No sé tú, pero yo siempre te he estado observando.
Luke miró hacia atrás. La luz del sol, oculta tras las nubes, le iluminaba el rostro, y las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba.
—…Ya te dije que no dijeras esas cosas. Parece que no me haces caso.
—¿Qué dices? Ah, da igual, vámonos rápido. Si no, llegaremos tarde a la reunión.
Luke, desperezándose, comenzó a preparar el teletransporte como si nada.

* * *

Era otro día ajetreado en el Cuartel General del Ejército Imperial. Se podía ver a los soldados, que realizaban su entrenamiento matutino, corriendo diligentemente en formación. El rostro de Leo estaba sombrío mientras observaba la escena.
—¡Capitán! ¡El entrenamiento básico ha terminado!
—Está bien. Pasemos al siguiente. Estaré observando desde aquí.
—¡Sí! ¡Parece que hoy también anda con poca voluntad!
Paul, miembro de alto rango de la 7.ª División y asistente de Leo, lanzó esas palabras que podrían sonar irrespetuosas, pero Leo solo se rio con un “jaja” Y para la 7.ª División, esta escena no era nada extraña. Más bien, era algo habitual.
—La atmósfera de tu escuadrón es increíble, sin importar cuándo la vea.
—Oh, Roena.
Roena se secó el sudor y se acercó a Leo. El entrenamiento de esta mañana se estaba llevando a cabo en colaboración entre la 1.ª y la 7.ª División.
—Por si acaso, no estoy holgazaneando. Aunque no lo parezca, los estoy supervisando con ojo de halcón y de manera diligente.
—El problema es que no lo parece en absoluto.
Cuando Roena habló con ese tono estricto, Leo, al mirarla, recordó naturalmente a Theo. Quizás asignarle la 7.ª División había sido una medida de personal excelente.
—Leo, conozco tu naturaleza libre, pero por hoy, participa con más entusiasmo. Hoy es el día en que el Comandante regresa. Luego hay una reunión.
—Lo sé. Lo sé.
Aunque decía saberlo, en la voz de Leo no se podía encontrar ni un ápice de alma o voluntad.
—Eres realmente…
Roena negó la cabeza de un lado a otro.
—Sabía que siempre has sido así, pero últimamente estás peor. ¿Acaso pasa algo?
—Ah, ¿quieres darme un consejo? Roena puede parecer brusca, pero en realidad es una persona amable.
—Si dices más cosas inútiles, te coseré la boca.
Leo jadeó y se mordió los labios sin razón alguna.
—Gracias por tu preocupación, pero no es nada especial. Es solo que… cómo decirlo… la vida es aburrida…
—¿Qué?
—La vida solo es divertida si hay eventos divertidos de vez en cuando. Últimamente, no tengo nada de eso, así que me siento muy aletargado.
—Ver pelear a Theo y Luke me resultaba entretenido, la verdad. —Cuando Leo soltó esas palabras como un suspiro, ella le lanzó una mirada cargada de desdén.
—Así que es por eso… ¿eh?
Fue entonces cuando Leo, que tenía el cuerpo completamente relajado, tensó su postura y señaló hacia algún lugar.

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