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Cheng Jin fue con ellos a sus oficinas. Desde fuera, el lugar parecía una zona militar. Tras pasar por varios controles, entraron en el edificio administrativo. El vestíbulo era amplio y estaba lleno de gente, dividido en varias áreas; todos caminaban deprisa, visiblemente ocupados. Bu Huan condujo a Cheng Jin hasta un asiento libre y le indicó que esperara allí. Wei Qing se marchó.
Wei Qing entró en un despacho.
—Director Xie, Cheng Jin ya ha llegado.
—¿Qué te parece Cheng Jin? —Xie Ming asintió y preguntó.
—Tiene talento, pero es demasiado informal.
—¿Y quién no te parece informal a ti? —Xie Ming sonrió—. Cheng Jin es alguien que sabe adaptarse a las circunstancias. Frente a personas desenfadadas, él se muestra relajado; si Bu Huan no hubiera ido contigo, lo que habrías visto sería a alguien tan serio como tú.
Wei Qing guardó silencio.
—Vamos —dijo Xie Ming—. Cuando estén todos, empezamos la reunión.
En la sala de reuniones se congregaron decenas de personas, algunas sentadas y otras de pie. Era la primera vez que Cheng Jin veía a tanta gente reunida por un solo caso. Pensó que demasiadas personas no siempre facilitaban el trabajo y que, en realidad, no tenía muy claro qué hacía él allí.
Xie Ming se situó al frente y, cuando todos tuvieron en sus manos la documentación repartida, dijo:
—Wei Qing, expón la información que tenemos hasta ahora sobre el caso de intoxicación por medicamentos.
Wei Qing tomó un fajo de documentos y comenzó a explicar.
Cheng Jin, mientras tanto, vio a Bu Huan a su lado hojeando los papeles con evidente aburrimiento; luego miró a Yang Simi, que tenía la cabeza gacha, perdido en sus propios pensamientos. Cheng Jin sintió que quizá se había equivocado al venir, pero aun así se obligó a concentrarse y leyó con atención los documentos que tenía delante.
La situación actual era la siguiente: se habían identificado cinco víctimas, dos de ellas fallecidas. Además de Zhou Hai, que había muerto de forma accidental, la noche anterior había fallecido otra víctima, Song Qiyuan. Él era médico en prácticas en el hospital Huiren, padecía también problemas gástricos y había ingerido el medicamento que contenía el veneno.
Salvo el primer afectado, Liu Chang, que afirmaba haber ingerido un antigripal, el resto de las víctimas se habían intoxicado con el mismo medicamento gástrico. En cada envase, la cápsula envenenada era aleatoria, y los síntomas de intoxicación se habían manifestado en momentos distintos en cada paciente. Los análisis realizados al resto de los medicamentos incautados no revelaron ningún rastro de toxinas.
La noche anterior, todo el personal relacionado con el hospital Huiren había sido interrogado, pero no se había detectado a nadie claramente sospechoso. La mayoría de los medicamentos que seguían bajo análisis eran fármacos gástricos. La víctima más temprana, Zhou Hai, había comprado el medicamento cuatro días antes, el 15 de octubre, mientras que Liu Chang había adquirido el antigripal el 11 de octubre. Tras valorar la situación, se decidió retirar todos los antigripales y medicamentos gástricos vendidos por el hospital Huiren a partir del día 11; el proceso aún estaba en curso.
Las conclusiones provisionales eran las siguientes:
Primero: se dudaba de si Liu Chang había sido realmente una víctima de intoxicación. Hasta el momento, no se había registrado ningún otro caso de intoxicación por antigripales y, además, la concentración de toxina en su organismo no había alcanzado una dosis letal. Por ello, se sospechaba que Liu Chang podría no ser una víctima directa del ataque.
Segundo: de las cuatro víctimas intoxicadas por medicamentos gástricos, tres habían recibido la prescripción del doctor Si Buming. En él no se había encontrado nada anómalo hasta ahora; pero no se descartó que alguien lo estuviera utilizando como chivo expiatorio. Se investigaban sus relaciones personales en busca de posibles sospechosos.
Tercero: el fallecido Song Qiyuan era sobrino de un alto cargo del gobierno. Se consideraba la posibilidad de que el envenenamiento fuera un acto de represalia contra dicho funcionario. Esta línea de investigación seguía abierta.
Cuarto: la toxina no procedía del hospital. Ningún hospital ni laboratorio había denunciado la pérdida de una sustancia similar. Se investigaba la posibilidad de que alguien la hubiera adquirido ilegalmente en el mercado negro.
Cuando Wei Qing terminó su exposición, Xie Ming pidió a los presentes que expresaran sus opiniones. Ya habían debatido el caso unas horas antes y, sin nuevas pistas sobre la mesa, nadie aportó nada diferente.
Xie Ming entonces miró a Cheng Jin.
—Cheng Jin, tú fuiste el primero en detectar y prestar atención a este caso. ¿Cuál es tu opinión?
Todas las miradas se dirigieron hacia él; incluso Yang Simi giró la cabeza para observarlo.
Cheng Jin se levantó con calma. Sentía cierta extrañeza: ¿aquello era una prueba de fuego? Aun así, habló con voz firme.
—Buenas. Mi punto de vista puede diferir un poco del resto. Creo que esta intoxicación se llevó a cabo en dos fases. La primera fue con el antigripal: el envenenador estaba probando la sustancia, calculando la dosis letal. Por eso Liu Chang resultó intoxicado pero no murió. —continuó la explicación—: La segunda fase fue con el medicamento gástrico. En esta ocasión, la dosis se incrementó. Creo que el verdadero objetivo del agresor estaba en esta segunda tanda: una persona concreta que iba a comprar medicamentos para el estómago durante ese periodo.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—El responsable debe de ser alguien que tiene acceso a los medicamentos del hospital y conocimientos médicos. Es posible incluso que haya refinado la toxina por su cuenta. Aunque no conste ningún robo de sustancias, se podrían revisar los registros de uso de instrumental experimental. Por ahora, eso es todo lo que se me ocurre. Solo pretendía lanzar una idea para el debate; espero que no resulte presuntuoso.
Hubo unos segundos de silencio. Entonces Xie Ming sonrió.
—Muy bien dicho. Podemos investigar siguiendo esa línea. ¿Alguien tiene preguntas u objeciones?
Cheng Jin frunció el ceño para sus adentros: ¿todavía tenía que responder preguntas?
Un chico muy joven se levantó.
—¿Entonces crees que Si Buming no tiene nada que ver?
Cheng Jin tuvo la absurda impresión de que aquel muchacho ni siquiera había alcanzado la mayoría de edad. ¿Desde cuándo Seguridad del Estado contrataba a menores? Respondió con serenidad:
—El doctor Si Buming no es el asesino. Su única relación con el caso es que parece el señalado, alguien a quien han querido incriminar. Si el envenenador lo ha utilizado, ha sido solo como daño colateral. El objetivo de esta intoxicación no era él. Sí Si Buming fuera realmente uno de los objetivos, ya sería una víctima o lo sería en la siguiente fase. El responsable es alguien cruel y metódico, sabe perfectamente lo que está haciendo.
El muchacho sonrió.
—Cheng Jin, eres impresionante. Me llamo You Duo.
—Encantado. Gracias —respondió Cheng Jin con una leve sonrisa.
You Duo era la primera persona allí que mostraba abiertamente aprobación hacia él. ¿Alguien les habría hablado de él antes? ¿Xie Ming, quizá? En cualquier caso, para Seguridad del Estado investigar a una persona no debía de suponer ningún esfuerzo.
Entonces se levantó otro hombre joven, de expresión glacial. No tenía la severidad rígida de Wei Qing ni la indiferencia distante de Yang Simi; era un frío que mantenía a todos a distancia.
—¿Consideras —preguntó— que el envenenador no actúa al azar, sino que tiene objetivos definidos, y que esos objetivos podrían ser múltiples?
—¿Por qué no? Con la eficiencia que tiene, si hasta ahora no se ha encontrado a nadie con conductas sospechosas, eso indica que, antes de envenenar, esta persona era un ciudadano ejemplar. Jamás llegaba tarde al trabajo o a clase, cumplía las normas al pie de la letra, era alguien que no llamaba la atención o, directamente, a quien los demás solían ignorar. Pero ahora casi se ha vuelto loco. Sin duda, recientemente ocurrió algo que lo estimuló de manera intensa. Ha empezado a odiar a ciertas personas y, quizá, acabará odiando a todo el mundo. Puede que pierda la razón, pero su inteligencia no ha disminuido. Planea con cuidado, es muy listo. Sabe que ya no hay marcha atrás y no se detendrá.
El joven de semblante frío asintió.
—Estoy de acuerdo. En otra de mis profesiones he sido médico, y he tratado con personas así. —Dudó un instante antes de añadir—: Cheng Jin, soy Han Bin.
Al ver que nadie más se levantaba para opinar, Xie Ming preguntó:
—Cheng Jin, ¿tienes algo más que añadir?
Cheng Jin reflexionó unos segundos antes de responder:
—Creo que, mientras no tengamos nuevas pistas, podemos investigar a las personas relacionadas con Song Qiyuan. En la segunda tanda de intoxicaciones, el único fallecido fue él. Además, no era un paciente del hospital, sino un médico en prácticas. El envenenador debía conocerlo; es muy posible que él fuera el verdadero objetivo.
Xie Ming meditó un momento.
—Es una línea de investigación válida. Bien, encárgate tú de esa parte. Si necesitas algo, todos aquí colaborarán contigo.
Cheng Jin aceptó, aunque no estaba del todo convencido de que realmente fueran a cooperar.
Xie Ming le asignó un escritorio, justo al lado de Yang Simi. La mesa de Yang Simi, al igual que la suya, estaba completamente despejada. Cheng Jin se preguntó si para Yang Simi trabajar consistía simplemente en quedarse absorto. Finalmente, le preguntó:
—¿En qué estás pensando?
Yang Simi lo miró y respondió:
—Quizá sea de mi misma clase.
Cheng Jin entendió a qué se refería: hablaba del envenenador. Miró alrededor para asegurarse de que nadie los escuchara y bajó la voz.
—No, claro que no. En la vida cotidiana él es un fracasado y ha optado por descargar su odio contra los demás. Tú eres diferente. Solo no sabes qué deseas. Simplemente no eres capaz de generar apego emocional hacia las personas. Él, en cambio, ha acumulado decepción hasta convertirla en odio. Y tú no puedes acabar como él. No quiero que llegue el día en que tenga que pensar en cómo atraparte a ti.
Yang Simi lo observó, parpadeando de vez en cuando, muy despacio. Al final dijo:
—Está bien. No seré como él.
—…Simi, bien… muy bien —sonrió Cheng Jin.
Eso era una promesa: Yang Simi se comprometía a respetar las normas morales de una persona normal. Desde ese momento, Cheng Jin decidió que asumiría la responsabilidad de cuidarlo.
Si confías en mí, jamás te defraudaré.
Bu Huan se acercó con paso despreocupado.
—¿Por dónde empezamos? Yo puedo ayudar.
Cheng Jin se giró hacia él sonriendo.
—Gracias. ¿Tienen la lista del personal del hospital? ¿Está clasificada?
Bu Huan fue a buscar un grueso montón de documentos y regresó con ellos.
—Hay quince estudiantes en prácticas junto con Song Qiyuan; todos son compañeros de promoción en la facultad de Medicina y se conocen entre sí. Muchos médicos del Hospital Huiren también dan clase en la universidad. Si Buming es profesor allí.
—¿Quiénes son los que tenían una relación más estrecha tanto con Si Buming y Song Qiyuan? —preguntó Cheng Jin.
You Duo también se acercó.
—Principalmente cinco personas. Todos asisten a las asignaturas de Si Buming. En cambio, no había nadie especialmente cercano a Song Qiyuan. No vivía en la residencia; siempre alquiló un piso fuera y no tenía una relación muy estrecha con sus compañeros.
—¿Tenemos a alguien que sea especialmente experto en informática? —preguntó Cheng Jin.
Bu Huan dio una palmada en el hombro de You Duo.
—Este es el indicado. Un todoterreno: física, química, biología e informática.
You Duo se rascó la cabeza, algo avergonzado.
—No tanto… En informática, Xiao An es mejor que yo. Voy a llamarla.
Y salió corriendo.
Cheng Jin sonrió.
—Ahora mismo, ¿los médicos y los estudiantes en prácticas están en la universidad?
—Sí, todos están bajo vigilancia.
¿Vigilancia? Eso sorprendió un poco a Cheng Jin. Parecía que el caso había movilizado enormes recursos humanos y materiales.
Al poco rato, You Duo regresó acompañado de una chica que parecía de la misma edad que él, unos dieciséis o diecisiete años.
—Esta es Xiao An.
La chica sonrió con dulzura.
—Hola, me llamo An Xiaoyan. Puedes llamarme también Xiao An.
—De acuerdo, Xiao An. ¿Tienes tiempo para venir con nosotros a la universidad de Medicina? —preguntó Cheng Jin.
—Claro. El director Xie dijo que debíamos colaborar al máximo contigo —respondió ella con una sonrisa.
—Yo también voy —dijo enseguida You Duo.
Cheng Jin miró a Bu Huan.
—¿Pueden venir todos?
Bu Huan sonrió.
—Ahora eres tú quien manda.
Cheng Jin hizo un gesto a lo lejos a Han Bin, que se abrió paso entre la gente hasta acercarse.
—¿Tienes tiempo? Vamos a la universidad de Medicina. Dijiste que habías trabajado como médico; seguro que tendrás temas de conversación con ellos.
Han Bin asintió y aceptó sin más.