Capítulo 10: Cuando la suerte se cruza con Huagai, …

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Capítulo 10: Cuando la suerte se cruza con Huagai, tendrás la mala fortuna de conocer a una persona con mal carácter (*)

(*) 运交华盖,遇人不淑 (Yùn jiāo huágài, yù rén bù shū): Huagai es una estrella de la astrología tradicional china y, según la creencia popular, cruzarse con la estrella Huagai trae consigo el desastre y la mala suerte. La frase completa es una forma elegante de decir que alguien tuvo la mala suerte de conocer a la persona equivocada, en este caso, una  persona con mal carácter. También se puede interpretar como “a la mala fortuna se le suma la desgracia de conocer a la persona equivocada”.

En este nuevo mundo, podía ser cualquier cosa, un esclavo moderno o lo que sea, pero no el asistente de Xu Shu.

Lu Jingxian no entendía por qué le había concedido ese «privilegio», pero casi sin dudarlo, rechazó la propuesta de manera tajante.

Dejando de lado la forma de ser de Xu Shu y si podrían llevarse bien como jefe y subordinado, el simple hecho de que “Xu Lingzong seguía vivo” era un factor determinante que lo obligaba a mantenerse alejado de Xu Shu. No podía estar cerca de un perfilador de primer nivel.

Como si lo hubiera esperado, Xu Shu se encogió de hombros sin darle importancia. El abogado Liu regresó y le tendió el teléfono.

—Director Xu, el jefe Zhang quiere hablar con usted.

Xu Shu no lo tomó, sino que le pidió que pusiera el altavoz.

—Xu Shu…

—No.

—Me he enterado de lo de esta mañana. Total, también es culpa nuestra haberles hecho perder el tiempo. Primero…

—No. Si fue un imprevisto, hay que tratar a todos por igual —Xu Shu inclinó ligeramente la cabeza, acercándose al teléfono—. Jefe Zhang, usted se ocupa de las personas, yo de los asuntos. Así lo acordamos al principio.

Esas palabras sonaron tan altisonantes que el jefe Zhang, furioso, colgó el teléfono en el acto.

El abogado Liu se quedó sin palabras por un momento. No era la primera vez que trataba con Xu Shu, pero nunca lo había encontrado tan difícil. Era una cuestión de hacer la vista gorda, pero Xu Shu se empeñaba en seguir el procedimiento. ¿Acaso tenía algún propósito?

En ese momento de incertidumbre, llegó el jefe de sección Sun. Tan pronto como entró, vio a Lu Jingxian, lo agarró de la mano y se la sacudió con entusiasmo, alabando su valentía y soltando un discurso efusivo. Solo al final recordó preguntar su nombre.

—Lu Jingxian —dijo Xu Shu.

—Ah, sí, sí, Xiao Lu. Pues de ahora en adelante, ¡dejamos a nuestro director Xu bajo tu cuidado!

Lu Jingxian se quedó desconcertado.

—Oiga, no, es que yo no… No he aceptado…

El jefe Sun no escuchó lo que dijo, soltó su mano y se dirigió al escritorio.

—¿Qué hay del asunto del traspaso de personal? En la última reunión provincial, el aumento de plantilla se mencionó más de una vez. A más tardar, a finales de año, se hará efectivo. Ahora tenemos buenos recursos, ¡hay que asegurarlos!

—Vaya a ver al jefe Zhang.

—¡El jefe Zhang dice que tú decidas! —el jefe Sun se dejó caer en una silla—. Cuando termines tus asuntos, hablamos despacio.

Xu Shu miró hacia la puerta, con cara de “lárgate y no regreses”. El abogado Liu reflexionó unos instantes y tuvo que conformarse con una propuesta menor.

—Director Xu, seguir alargando esto es perder el tiempo para ambos. Solo quiero una respuesta, que el certificado de sustitución vitalicia se pueda obtener dentro de este mes.

—¿El certificado de sustitución vitalicia? ¿Quién lo necesita? —preguntó el jefe Sun.

El abogado Liu señaló a Lu Jingxian, el jefe Sun comprendió de inmediato, así que era un transmigrador. Pero si aún no tenía el certificado, estaba claro que había sido “puesto a trabajar a la fuerza”.

Era un zorro viejo. Para hacerle un favor a Xu Shu, hizo un gesto amplio con la mano.

—Eso es sencillo, yo mismo lo llevaré a hacer los trámites internos para crear su ficha. No hace falta que tramite el certificado, cuando termine el período de supervisión, firmaremos el contrato directamente.

Los ojos del abogado Liu brillaron con astucia. Lu Jingxian, presintiendo el desastre, se apresuró a agarrarlo del brazo.

—¡Abogado Liu, no se precipite! Yo puedo esperar por los trámites. ¡Y no he aceptado ser su asistente!

—Señor Lu, me parece una excelente propuesta —el abogado Liu se ajustó las gafas—. De todas formas, durante el período de supervisión, tendrá que venir a la Administración de Gestión Judicial de Sustitutos Vitalicios a firmar su asistencia todos los días.

—¿…?

—Cuando un transmigrador completa el cambio de su información de identidad, comienza un período de supervisión. Durante ese período, debe asistir a cursos de integración en la Administración de Gestión Judicial de Sustitutos Vitalicios y someterse a evaluaciones. Solo cuando alcance la puntuación requerida, podrá obtener el carné de identidad oficial, ser reconocido por el Estado y gozar de la protección de la ley. Este período varía según la persona, los más rápidos lo superan en un mes, los más lentos pueden tardar medio año o más. ¿Acaso nadie te había informado de todo esto?

«¿Quién iba a informarme? ¿Quién sabe estas cosas?» ¡Lo único que él quería era evitar a Xu Shu, y vaya que le estaba costando!

Xu Shu estaba allí, con los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos entrecerrados, disfrutando del espectáculo. No es de extrañar que antes hubiera rechazado su oferta con tanta indiferencia, resulta que estaba esperando este momento. Era como un Buda todopoderoso que tenía a Lu Jingxian firmemente atrapado entre sus manos.

—Director Xu, si seguimos el procedimiento interno, ya no harían falta todos esos trámites, ¿verdad?

—Mmm.

El abogado Liu no dijo más. No había que perder el tiempo, ¡a trabajar desde ya!

El jefe de sección Sun regresó a su despacho, Lu Jingxian llevó al abogado Liu al pasillo.

—¡Realmente no quiero trabajar aquí!

—Lo sé, pero… por el momento, no hay otra opción —el abogado Liu bajó la voz—. ¿No te has dado cuenta de que el director Xu se ha fijado en ti? ¿Prefieres ofenderlo, que te retrase los trámites y el período de supervisión un año o dos, o seguirle la corriente, pasar el período de supervisión, obtener el carné de identidad y luego buscar una excusa para dimitir?

—¿Se puede dimitir?

—¿Acaso crees que si finges una enfermedad o faltas al trabajo, Xu Shu irá a buscarte a la mansión de los Xu? Una vez superado el período de supervisión, ya no podrá hacer nada contra ti —el abogado Liu le dio una palmada en el hombro—. Eres inteligente. En lugar de atormentarte aquí, más te vale pensar en cómo vas a convivir pacíficamente con Xu Shu.

Poco después, ambos regresaron al despacho. Xu Shu tenía la mano derecha apoyada sobre un montón de documentos.

—Antes que nada, te lo advierto, como mi asistente, tendrás que trabajar duro, estar disponible cuando te necesite y hacer todo lo que yo diga.

Lu Jingxian esbozó una sonrisa fingida.

—Antes que nada, yo también te lo advierto, esto no es lo mío, no entiendo nada. Si hago algo mal, no te desquites conmigo.

Xu Shu deslizó los papeles hacia él.

—Rellena los formularios y firma.

Lu Jingxian agarró un bolígrafo negro y, de nuevo, se sintió atrapado en una lucha interna. Involuntariamente, pensó en lo que le pasaría si descubrían que tenía múltiples personalidades, las puertas de la cárcel y del psiquiátrico se abrían para él. De repente, una voz surgió de su mente:

【Escribe ya.】

¡Paf! 

El bolígrafo cayó sobre la mesa. Lu Jingxian palideció, levantó ligeramente la cabeza y su mirada se encontró con la de Xu Shu. Y bajó la vista de inmediato.

Tranquilo.

—¿Qué te pasa? —Xu Shu se puso de pie, apoyó las manos en el borde de la mesa e inclinó un poco su cuerpo hacia delante. La distancia entre sus frentes era de apenas diez centímetros. 

Lu Jingxian se recompuso y volvió a agarrar el bolígrafo—. Se me cayó.

Empezó a rellenar los formularios, firmar y poner sus huellas dactilares. Página tras página. Las palabras, un maremágnum ante sus ojos, no eran solo los trámites de un transmigrador, sino el contrato que lo ataba a una pérdida temporal de libertad.

Los datos tardarían un tiempo en cargarse en el sistema, Xu Shu arrancó una hoja y se la entregó.

—Ve al hospital que te indico a hacerte el reconocimiento médico de ingreso. Vuelve mañana por la mañana.

Al salir de la Administración de Gestión Judicial de Sustitutos Vitalicios, el pálido sol no podía competir con la palidez del rostro de Lu Jingxian. Su cuerpo y su mente estaban invadidos por una sensación desoladora de incertidumbre.

Vaya suerte la suya. Sin saber cómo, había encontrado un trabajo que no conocía y, además, bajo la atenta mirada de Xu Shu. Los días que le esperaban iban a ser duros.

A las cuatro de la tarde, Lu Jingxian regresó a la mansión de los Xu, y tan pronto como entró, notó que el ambiente era extraño. El administrador, el chófer, los sirvientes, el jardinero, todos formaban una fila, erguidos y con expresión severa, como si estuvieran recibiendo una reprimenda de los amos de la casa.

En el sofá estaba sentado un joven, su esbelta figura estaba envuelta en un traje negro hecho a mano, su apuesto rostro y su peinado estaban cuidadosamente arreglados. No solo su ropa estaba impecable, sin una sola arruga, sino que incluso sus zapatos de color caoba relucían de limpios. Todo en él era brillante y espléndido, como el protagonista de un cartel publicitario.

Tenía las piernas elegantemente cruzadas, la mano izquierda apoyada en el respaldo del sofá y la derecha descansando sobre la rodilla. Los gemelos de la camisa, asomando ligeramente, estaban tallados, junto con el pasador de la corbata, en un único zafiro de un azul intenso y puro, que se convertía en el único toque de color en medio de aquella gama de tonos apagados.

Sin duda, ese debía ser el joven amo de la familia Xu, Xu Juncai.

Lu Jingxian se quedó pensativo, ¿debía saludarlo? Al fin y al cabo, vivía bajo su techo, y lo correcto era mostrarse amable. Pero este “hermano mayor” no parecía nada fácil de tratar.

Mientras dudaba, Xu Juncai hizo un gesto para despedir al personal, se levantó lentamente y caminó hacia él.

Tap, tap.

Los pasos se acercaron y se detuvieron a dos metros de distancia. Lu Jingxian esbozó una sonrisa cortés y adecuada.

—Señor Xu, buenas tardes, es un placer conocerlo, Soy Lu Jingxian.

—¿Me llamas “señor Xu”?

Xu Juncai tenía las manos metidas en los bolsillos de los pantalones, su postura altiva y recta era la de un director general que había atravesado la barrera de la realidad. Aunque era unos centímetros más bajo que Lu Jingxian, su presencia lo eclipsaba por completo.

—Director Xu.

—Hum.

—¿Jefe Xu?

—Ja.

—¿Hermano… Xu? —Le resultaba terriblemente difícil pronunciar esas dos palabras.

Xu Juncai arqueó una ceja.

—Ni siquiera haber cambiado el alma te ha vuelto más listo.

—…

Desde arriba llegó una voz:

—¡Jingxian, has vuelto! ¿Te has hecho daño?

Bai Yunyun bajó las escaleras a toda prisa y se acercó a Lu Jingxian.

—Acabo de ver el vídeo que me enviaron, el que forcejeaba con el pirómano eras tú, ¿verdad?

Lu Jingxian asintió. Ella se mostró preocupada.

—Cuando te encuentres con alguien así, deberías mantenerte lejos, ¿por qué te metiste? ¡Qué peligroso!

Él no lo había hecho por valiente, sino porque lo habían arrastrado. La historia con Xu Shu era larga de contar, así que Lu Jingxian se limitó a asentir.

—La próxima vez no lo haré.

—Pero tienes mucha habilidad, lo redujiste en un abrir y cerrar de ojos. ¡Qué impresionante! —Bai Yunyun lo tomó del brazo con cariño y miró hacia un lado—. Xiao Cui, Juncai te llama al despacho.

—¿Xiao Cui?

—Sí, es el jefe del equipo de secretarios de Juncai. Cui Yu —Bai Yunyun estaba extrañada—. Por lo que veo, estaban conversando tranquilamente, ¿aún no se han presentado?

Cui Yu intervino para explicarse:

—El señor Lu no me conocía, se ha producido un pequeño malentendido.

Lu Jingxian puso los ojos en blanco.

—Tampoco te molestaste en aclararlo. Te sentaste allí como si estuvieras…

—Repartiendo los pagos a los empleados de la casa —los ojos de Cui Yu reflejaron una burla evidente.

Subió las escaleras con paso ligero. Lu Jingxian se llevó el dedo índice a la frente, ese día no se había topado con nadie que fuera trigo limpio. Si un subordinado de confianza era tan insolente, se podía imaginar la actitud que Xu Juncai tendría hacia él.

Al anochecer, el chef había preparado una mesa llena de manjares y el verdadero Xu Juncai por fin se dejó ver.

Con un hermano como Xu Lingzong, los genes no podían ser malos, Xu Juncai se parecía más a su madre, sus ojos eran idénticos a los de Bai Yunyun. Como su nombre indicaba, era bastante apuesto. Tal belleza, unida a una estatura justo en la media, le daba un aspecto más joven del que realmente tenía. Aunque llevaba una camisa y unos pantalones de lo más formales, parecía un estudiante recién salido de la universidad.

No era de extrañar que Lu Jingxian los hubiera confundido. Bajaron las escaleras uno detrás del otro, Cui Yu delante, Xu Juncai detrás. La escena era la de un director general y su pequeño asistente. ¿Quién iba a distinguirlos?

—Juncai, ven rápido, hoy tenemos la sopa de espárragos que tanto te gusta.

Xu Juncai se acercó a la mesa. Solo entonces, al tenerlo cerca, Lu Jingxian notó que, aunque su rostro era apacible, en sus ojos se acumulaba una profunda oscuridad que mantenía a los demás a distancia.

Cui Yu, en cambio, bajó la mirada con sumisión, le acercó la silla, le puso la servilleta, y finalmente le tendió los cuencos y los palillos. Parecía un sirviente atendiendo a su señor. Al ver que Xu Juncai empezaba a comer, se dispuso a sentarse, cuando escuchó una pregunta casual.

—¿Te he dicho que te sentaras?

—No —respondió Cui Yu, poniéndose firme de inmediato.

—¿Qué pasa? ¿No estaban bien esta tarde? —dijo Bai Yunyun con un tono de fingido reproche—. ¿Cómo se puede maltratar a la gente a la hora de comer? Eso no se hace.

Xu Juncai no quiso añadir nada más. Como él no habló, Cui Yu permaneció de pie y le sirvió un cuenco de sopa.

Bai Yunyun suspiró. Uno daba y el otro recibía, nadie más podía meterse en ese asunto. Cogió a Lu Jingxian y se lo presentó solemnemente a Xu Juncai, diciéndole que, a partir de entonces, eran de la familia y debían ayudarse mutuamente.

Solo en ese momento, Xu Juncai le dirigió una mirada a Lu Jingxian, pero no fue más que un vistazo superficial, casi sin molestarse en cruzar la mirada. Era evidente que sentía un desdén absoluto hacia él.

—Han cambiado a un inútil por otro, no hacía falta que me lo dijeras —Xu Juncai tomó la servilleta y se secó ligeramente las comisuras de los labios—. Si tú quieres mantenerlo, que se quede. A mí no me importa.

Amo y sirviente, tal para cual.

Lu Jingxian volvió a esbozar su sonrisa fingida.

—Señor «hermano Xu», ¿verdad? No se preocupe, pronto me iré de casa.

Xu Juncai esbozó una sonrisa desdeñosa, se levantó y le ordenó a Cui Yu:

—En quince minutos, termina de comer y ven al despacho.

—Sí.

Lu Jingxian vio cómo la figura de Xu Juncai desaparecía al final de la escalera. Sintió un profundo malestar, no es que fuera difícil de tratar, es que directamente no quería tratar con él.

¿No debería dejar claro de antemano que no codiciaba la herencia ni podía amenazar su derecho a la sucesión? Así quizá dejaría de pinchar como un erizo.

Cui Yu pareció leerle el pensamiento. Cuando Bai Yunyun se alejó, dijo con calma:

—Guárdate tus pensamientos mezquinos e infantiles, Juncai no es tan superficial. Sencillamente, no te considera digno de su atención.

—Pues mejor aún. Yo tampoco pienso tener nada que ver con él.

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